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More Letters of Charles Darwin

by Charles Darwin · in Spanish

MÁS CARTAS DE CHARLES DARWIN

Por Charles Darwin

UN REGISTRO DE SU LABOR EN UNA SERIE DE CARTAS HASTA AHORA INÉDITAS

EDITADO POR FRANCIS DARWIN, MIEMBRO DEL CHRIST'S COLLEGE, Y A.C. SEWARD, MIEMBRO DEL EMMANUEL COLLEGE, CAMBRIDGE

EN DOS VOLÚMENES

Notas del transcriptor:

Todas las notas biográficas al pie aparecen al final del Volumen II.

Todas las demás notas de los editores de Charles Darwin aparecen en el texto, entre paréntesis () con un número de Capítulo/Nota o de Carta/Nota.

VOLUMEN I.

DEDICADO CON AFECTO Y RESPETO A

SIR JOSEPH HOOKER

EN RECUERDO DE SU AMISTAD DE TODA LA VIDA CON CHARLES DARWIN

"Nunca sabrás cuánto te debo por tu constante bondad y estímulo"

CHARLES DARWIN A SIR JOSEPH HOOKER, 14 DE SEPTIEMBRE DE 1862

PREFACIO

La "Vida y cartas de Charles Darwin" se publicó en 1887. Desde esa fecha, gracias a la amabilidad de diversos corresponsales, se han recibido cartas adicionales; entre ellas cabe mencionar las escritas por el Sr. Darwin al Sr. Belt, Lady Derby, Hugh Falconer, el Sr. Francis Galton, Huxley, Lyell, el Sr. John Morley, Max Muller, Owen, Lord Playfair, John Scott, Thwaites, Sir William Turner y John Jenner Weir. Pero el material para nuestra obra consistía en gran parte en una masa de cartas que, por falta de espacio o por otras razones, no se imprimieron en la "Vida y cartas". Quisiéramos llamar la atención especialmente sobre la correspondencia con Sir Joseph Hooker. A él le escribía el Sr. Darwin con completa libertad, y esto ha dado cierto encanto personal a las más técnicas de sus cartas. También hay mucha correspondencia, apenas inferior en interés biográfico, con Sir Charles Lyell, Fritz Muller, el Sr. Huxley y el Sr. Wallace. A partir de este material no utilizado, hemos podido recopilar un registro casi completo del trabajo del Sr. Darwin en una serie de cartas que se publican ahora por primera vez. Sin embargo, hemos repetido en algunos casos párrafos, o en uno o dos casos cartas completas, de la "Vida y cartas", cuando tal repetición parecía necesaria en aras de la claridad o la continuidad.

Nuestros dos volúmenes contienen prácticamente todo el material que ahora parece deseable publicar. Pero en algún momento futuro otros podrán hallar datos interesantes en lo que queda sin imprimir; esto es ciertamente cierto respecto a una breve serie de cartas que tratan sobre los cirrípedos, las cuales se omiten únicamente por falta de espacio. (Prefacio/1. Aquellas dirigidas al difunto Albany Hancock ya han aparecido en las "Transactions of the Tyneside Nat. Field Club", VIII, página 250.)

Somos afortunados al habérsenos permitido, por parte de Sir Joseph Hooker y del Sr. Wallace, publicar ciertas cartas de ellos al Sr. Darwin. También hemos podido incluir unas pocas cartas de Sir Charles Lyell, Hugh Falconer, Edward Forbes, el Dr. Asa Gray, el profesor Hyatt, Fritz Muller, el Sr. Francis Galton y Sir T. Lauder Brunton. A los dos últimos mencionados, así como a la Sra. Lyell (biógrafa de Sir Charles), la Sra. Asa Gray y la Sra. Hyatt, deseamos expresar nuestro agradecimiento.

Los presentes volúmenes se han preparado de modo que ofrezcan una idea tan completa como sea posible del curso de la obra del Sr. Darwin. Por tanto, los volúmenes contienen necesariamente muchas cartas de carácter sumamente técnico, pero esperamos que ninguna que no sea esencialmente interesante. Con el fin de ahorrar espacio, nos hemos limitado a aclarar las cartas mediante anotaciones completas y, por la misma razón —aunque con cierto pesar—, hemos omitido en la mayoría de los casos los comienzos y finales de las cartas. Para los hechos principales de la vida del Sr. Darwin, remitimos a nuestros lectores al resumen de su diario privado, incluido en el presente volumen.

El Sr. Darwin solía escribir sus cartas cuando estaba cansado o apresurado, y esto a menudo llevaba a la omisión de palabras. Hemos insertado habitualmente los artículos, y ello sin indicación alguna de su ausencia en los originales. Cuando parecía existir alguna posibilidad de producir una alteración del significado (y en muchos casos donde no existe tal posibilidad), hemos colocado las palabras introducidas entre corchetes. Podemos decir de una vez por todas que, a lo largo del libro, los corchetes indican palabras que no se encuentran en los originales. (Prefacio/2. Excepto en algunos lugares donde se utilizan corchetes para indicar pasajes publicados previamente. En todos esos casos se explica el significado del símbolo.) Los puntos indican omisiones, pero muchas omisiones se realizan sin ser indicadas de tal forma.

La selección y disposición de las cartas no han sido fáciles. Nuestro plan ha consistido en clasificar las cartas según su tema —en aquellas que tratan sobre evolución, distribución geográfica, botánica, etc.— y, dentro de cada grupo, colocar las cartas cronológicamente. Pero en varios de los capítulos hemos adoptado encabezamientos seccionales, que creemos serán de ayuda para el lector. La gran dificultad radicaba en decidir en cuál de los grupos principales debía colocarse una carta determinada. Si el manuscrito se hubiera dividido en párrafos, no habría existido tal dificultad; pero sentimos firmemente que una carta debería, en la medida de lo posible, tratarse como un todo. De hecho, hemos permitido que este principio interfiera con una clasificación precisa, de modo que el lector hallará, por ejemplo, en los capítulos sobre evolución, cuestiones consideradas que podrían haber encajado igualmente bajo distribución geográfica o geología, o cuestiones en el capítulo sobre el hombre que podrían haberse colocado bajo el encabezamiento de evolución. Del mismo modo, para evitar la mutilación, hemos permitido que las referencias a una rama de la ciencia permanezcan en cartas dedicadas principalmente a otro tema. Por estas irregularidades debemos pedir la paciencia del lector, y rogarle que crea que se ha dedicado cierto esmero a la organización.

El Sr. Darwin, que era cuidadoso en otras cosas, solía omitir la fecha en la correspondencia familiar, y a menudo solo tratando una carta como un detective estudia un crimen podemos estar seguros de su fecha. Afortunadamente, sin embargo, Sir Joseph Hooker y otros de los corresponsales de Darwin estaban acostumbrados a añadir la fecha en la que se recibían las cartas. Esto a veces conduce a una inexactitud que requiere una palabra de explicación. Así, una carta que el Sr. Darwin fechó "miércoles" podría estar encabezada por nosotros como "miércoles [3 de enero de 1867]", siendo la última parte la fecha en la que se recibió la carta; si hubiera sido fechada por el autor, habría sido "miércoles, 2 de enero de 1867".

Al agradecer a aquellos amigos —especialmente a Sir Joseph Hooker y al Sr. Wallace— que han revisado algunas de nuestras pruebas, deseamos aclarar que no son en el más mínimo grado responsables de nuestros errores u omisiones; el peso de nuestras deficiencias recae solo sobre nosotros.

Deseamos expresar nuestra gratitud a quienes nos han suministrado información con tanta disposición, especialmente a Sir Joseph Hooker, al profesor Judd, al profesor Newton, al Dr. Sharp, al Sr. Herbert Spencer y al Sr. Wallace. Y nos es grato mencionar al Sr. H.W. Rutherford, de la Biblioteca Universitaria, a cuyo concienzudo trabajo como copista estamos muy agradecidos.

Finalmente, es un placer expresar nuestra obligación hacia quienes nos han ayudado en lo relativo a las ilustraciones. Los retratos del Dr. Asa Gray, el Sr. Huxley, Sir Charles Lyell y el Sr. Romanes provienen de sus respectivas biografías, y por el permiso para hacer uso de ellos debemos agradecer a la Sra. Gray, al Sr. L. Huxley, a la Sra. Lyell y a la Sra. Romanes, así como a los editores de los libros en cuestión. Por la reproducción del retrato temprano del Sr. Darwin estamos en deuda con la Srta. Wedgwood; por los interesantes retratos de Hugh Falconer y Edward Forbes debemos agradecer al Sr. Irvine Smith, quien obtuvo para nosotros los negativos; al ser estos de papel, y tener casi sesenta años de antigüedad, su reproducción resultó una labor de cierta dificultad. También agradecemos a los señores Elliott & Fry por poner muy amablemente a nuestra disposición un negativo del fino retrato que forma el frontispicio del Volumen II. Por la oportunidad de realizar facsímiles de diagramas en algunas de las cartas, estamos una vez más en deuda con Sir Joseph Hooker, quien ha donado generosamente las cartas originales a la familia del Sr. Darwin.

Cambridge, octubre de 1902.

ÍNDICE.

CONTENIDO DEL VOLUMEN I.

Esquema de la vida de Charles Darwin, etc.

CAPÍTULO 1.I.--Un fragmento autobiográfico y cartas tempranas, 1809-1842.

CAPÍTULO 1.II.--Evolución, 1844-1858.

CAPÍTULO 1.III.--Evolución, 1859-1863.

CAPÍTULO 1.IV.--Evolución, 1864-1869.

CAPÍTULO 1.V.--Evolución, 1870-1882.

CAPÍTULO 1.VI.--Distribución geográfica, 1843-1867.

ILUSTRACIONES EN EL VOLUMEN I.

CHARLES Y CATHERINE DARWIN, 1816. A partir de un dibujo a tiza coloreada de Sharples, en posesión de la Srta. Wedgwood, de Leith Hill Place.

SRA. DARWIN, 1881. A partir de una fotografía de Barraud.

EDWARD FORBES, 1844 (?). A partir de una fotografía de Hill & Adamson.

THOMAS HENRY HUXLEY, 1857. A partir de una fotografía de Maull & Fox. ("Vida" de Huxley, Volumen I.)

PROFESOR HENSLOW. A partir de una fotografía.

HUGH FALCONER, 1844. A partir de una fotografía de Hill & Adamson.

JOSEPH DALTON HOOKER, 1870 (?). A partir de una fotografía de Wallich.

ASA GRAY, 1867. A partir de una fotografía. ("Cartas de Asa Gray", Volumen I.)

VOLUMEN II

CAPÍTULO 2.VII.--Distribución geográfica, 1867-1882.

CAPÍTULO 2.VIII.--El hombre, 1860-1882. 2.VIII.I. Descendencia del hombre, 1860-1882. 2.VIII.II. Selección sexual, 1866-1872. 2.VIII.III. Expresión, 1868-1874.

CAPÍTULO 2.IX.--Geología, 1840-1882. 2.IX.I. Vulcanismo y movimientos terrestres, 1840-1881. 2.IX.II. Acción del hielo, 1841-1882. 2.IX.III. Los caminos paralelos de Glen Roy, 1841-1880. 2.IX.IV. Arrecifes de coral, fósiles y recientes, 1841-1881. 2.IX.V. Clivaje y foliación, 1846-1856. 2.IX.VI. Edad del mundo, 1868-1877. 2.IX.VII. Acción geológica de las lombrices de tierra, 1880-1882. 2.IX.VIII. Miscelánea, 1846-1878.

CAPÍTULO 2.X.--Botánica, 1843-1871. 2.X.I. Miscelánea, 1843-1862. 2.X.II. Melastomatáceas, 1862-1881. 2.X.III. Correspondencia con John Scott, 1862-1871.

CAPÍTULO 2.XI.--Botánica, 1863-1881. 2.XI.I. Miscelánea, 1863-1866. 2.XI.II. Correspondencia con Fritz Muller, 1865-1881. 2.XI.III. Miscelánea, 1868-1881.

CAPÍTULO 2.XII.--Vivisección y temas misceláneos, 1867-1882. 2.XII.I. Vivisección, 1875-1882. 2.XII.II. Temas misceláneos, 1867-1882.

ILUSTRACIONES EN EL VOLUMEN II.

CHARLES DARWIN, 1881. A partir de una fotografía de Elliott & Fry.

ALFRED RUSSEL WALLACE, 1878. A partir de una fotografía de Maull & Fox.

GEORGE J. ROMANES, 1891. A partir de una fotografía de Elliott & Fry. ("Vida" de Romanes.)

CHARLES LYELL. A partir de una fotografía de Maull & Fox. ("Vida" de Lyell, Volumen II.)

CHARLES DARWIN, 1854 (?). A partir de una fotografía de Maull & Fox.

FRITZ MULLER. A partir de una fotografía.

FACSÍMILES DE BOCETOS EN LAS CARTAS.

FIGURA 1. Sección hipotética que ilustra la elevación continental.

FIGURA 2. Diagrama de la unión entre un dique y lava.

FIGURA 3. Contorno de un cráter elíptico.

FIGURA 4. Sección hipotética que muestra la relación de los diques con los respiraderos volcánicos.

FIGURA 5. Mapa que ilustra la disposición lineal de las islas volcánicas en relación con las líneas costeras continentales.

FIGURA 6. Boceto que muestra la forma y distribución del cuarzo en una roca foliada.

FIGURA 7. Boceto que muestra la disposición de feldespato y cuarzo en una serie metamórfica.

FIGURA 8. Diagrama floral de una orquídea.

FIGURA 9. Flor disecada de Habenaria chlorantha.

FIGURA 10. Diagrama de una flor crucífera.

FIGURA 11. Sección longitudinal de una flor crucífera.

FIGURA 12. Sección transversal del ovario de una crucífera.

FIGURA 13. (Contenido/1. No es un facsímil.) Hoja de Trifolium resupinatum. (Dibujada por la Srta. Pertz.)

MÁS CARTAS DE CHARLES DARWIN.

VOLUMEN I.

ESQUEMA DE LA VIDA DE CHARLES DARWIN.

BASADO EN SU DIARIO, FECHADO EN AGOSTO DE 1838.

Las referencias a las revistas en las que se publicaron los artículos del Sr. Darwin se encontrarán en su "Vida y cartas" III, Apéndice II. Estamos muy agradecidos al Sr. C.F. Cox, de Nueva York, por llamar nuestra atención sobre errores en el Apéndice, y aprovechamos esta oportunidad para corregirlos.

Apéndice II, Lista ii.--El Sr. Romanes habló sobre el ensayo del Sr. Darwin sobre el instinto en una reunión de la Sociedad Linneana, el 6 de diciembre de 1883, y se da cuenta de ello en "Nature" de la misma fecha. Pero no fue publicado por la Sociedad Linneana.

Apéndice II, Lista iii.--"Origen de los depósitos salíferos. Lagos salados de la Patagonia y La Plata" (1838). Este es el encabezamiento de un extracto del volumen de Darwin sobre Sudamérica reimpreso en el "Quarterly Journal of the Geological Society", Volumen II, Parte ii, "Miscelánea", páginas 127-8, 1846.

El artículo sobre "Analogía de la estructura de algunas rocas volcánicas, etc." se publicó en 1845, no en 1851.

Un artículo "Sobre la fertilización de las orquídeas británicas por la agencia de insectos", en el "Entomologist's Weekly Intelligencer" viii, y "Gardeners' Chronicle", 9 de junio de 1860, debería insertarse en la bibliografía.

1809. 12 de febrero: Nacido en Shrewsbury.

1817. Muerte de su madre.

1818. Fue a la escuela de Shrewsbury.

1825. Dejó la escuela de Shrewsbury.

1826.

Octubre: Fue a la Universidad de Edimburgo. Leyó dos artículos ante la Sociedad Pliniana de Edimburgo "a finales de 1826 o principios de 1827".

1827. Ingresó en el Christ's College, Cambridge.

1828. Comenzó su residencia en Cambridge.

1831.

Enero: Aprobó su examen de grado (B.A.) y cursó los dos trimestres siguientes.

Agosto: Excursión geológica con Sedgwick.

11 de septiembre: Fue a Plymouth para ver el "Beagle".

2 de octubre: "Me despedí de mi hogar".

27 de diciembre: "Zarpamos de Inglaterra en nuestra circunnavegación".

1832.

16 de enero: "Desembarqué por primera vez en una costa tropical" (Santiago).

1833.

6 de diciembre: "Zarpamos por última vez del Río de la Plata".

1834.

10 de junio: "Zarpamos por última vez de Tierra del Fuego".

1835.

5 de septiembre: "Zarpamos de las costas occidentales de Sudamérica".

16 de noviembre: Cartas al profesor Henslow, leídas en una reunión de la Sociedad Filosófica de Cambridge.

18 de noviembre: Artículo leído ante la Sociedad Geológica sobre notas tomadas durante un reconocimiento de las costas este y oeste de Sudamérica en los años 1832-35.

1836.

31 de mayo: Anclamos en el Cabo de Buena Esperanza.

2 de octubre: Anclamos en Falmouth.

4 de octubre: Llegué a Shrewsbury tras una ausencia de cinco años y dos días.

13 de diciembre: Fui a vivir a Cambridge.

1837.

4 de enero: Artículo sobre la elevación reciente en Chile leído.

13 de marzo: Me establecí en el 36 de Great Marlborough Street.

14 de marzo: Artículo sobre el "Rhea" leído.

Mayo: Leí artículos sobre la formación de coral y sobre las pampas ante la Sociedad Geológica.

Julio: Abrí el primer cuaderno sobre la transmutación de las especies.

13 de marzo a noviembre: Ocupado con su diario.

Octubre y noviembre: Preparando el esquema para la zoología del viaje del "Beagle". Trabajando en la geología de Sudamérica.

1 de noviembre: Leí el artículo sobre las lombrices de tierra ante la Sociedad Geológica.

1838.

Trabajé en la geología de Sudamérica y la zoología del viaje. "Alguna pequeña teoría de las especies".

7 de marzo: Leí un artículo sobre la conexión de ciertos fenómenos volcánicos y sobre la formación de cadenas montañosas ante la Sociedad Geológica.

Mayo: La salud comenzó a deteriorarse.

23 de junio: Partí hacia Glen Roy. El artículo sobre Glen Roy fue escrito en agosto y septiembre.

5 de octubre: Comencé el artículo sobre el coral.

11 de noviembre: Comprometido para casarme con su prima, Emma Wedgwood.

31 de diciembre: "Entré en el 12 de Upper Gower Street".

1839.

29 de enero: Casado en Maer.

Febrero y marzo: Algo de trabajo sobre corales y sobre la teoría de las especies.

Marzo (parte) y abril: Trabajando en el artículo sobre el coral. Artículos sobre una roca vista en un iceberg y sobre los caminos paralelos de Glen Roy. Publiqué "Journal and Remarks", siendo el volumen iii de la "Narrative of the Surveying Voyages of H.M.S. 'Adventure' and 'Beagle', etc." Durante el resto del año, corales y zoología del viaje. Publicación de la "Zoología del viaje del H.M.S. 'Beagle'", Parte II (Mamíferos).

1840.

Trabajé en los corales y la zoología del viaje. Contribuí con la introducción geológica a la Parte I de la "Zoología del viaje" (Mamíferos fósiles por Owen).

1841.

Publicación de la Parte III de la "Zoología del viaje" (Aves). Leí un artículo sobre bloques erráticos y depósitos glaciales de Sudamérica ante la Sociedad Geológica. Publiqué un artículo sobre una notable barra de arenisca frente a Pernambuco, en la costa de Brasil. Publicación de la Parte IV de la "Zoología del viaje" (Peces).

1842.

6 de mayo: Corregida la última prueba del libro sobre el coral.

Junio: Examiné la acción glaciar en Gales. "Escribí un boceto a lápiz de mi teoría de las especies".

Julio: Escribí un artículo sobre los glaciares de Caernarvonshire.

Octubre: Comencé su libro sobre islas volcánicas.

1843.

Trabajando en "Islas volcánicas" y "algún trabajo sobre especies".

1844.

13 de febrero: Terminé "Islas volcánicas".

Julio a septiembre: Escribí una versión ampliada de la teoría de las especies. Artículos sobre Sagitta y sobre Planaria.

27 de julio: Comencé su libro sobre la geología de Sudamérica.

1845.

Artículo sobre la analogía de la estructura de las rocas volcánicas con la de los glaciares. "Proc. R. Soc. Edin."

25 de abril al 25 de agosto: Trabajando en la segunda edición del "Naturalist's Voyage".

1846.

1 de octubre: Terminé la última prueba de "Observaciones geológicas sobre Sudamérica". Artículos sobre el polvo del Atlántico y sobre la geología de las islas Malvinas, comunicados a la Sociedad Geológica. Artículo sobre Arthrobalanus.

1847.

Trabajando en los cirrípedos. Reseña de la "Historia natural de los mamíferos" de Waterhouse.

1848.

20 de marzo: Terminé las instrucciones científicas en geología para el Manual del Almirantazgo. Trabajando en los cirrípedos. Artículo sobre bloques erráticos.

1849.

Salud especialmente mala. Trabajando en los cirrípedos.

Marzo-junio: Cura de agua en Malvern.

1850.

Trabajando en los cirrípedos. Publicación de monografías sobre Lepadidae recientes y fósiles.

1852.

Trabajando en los cirrípedos.

1853.

30 de noviembre: "Medalla Real concedida a mí".

1854.

Publicación de monografías sobre Balanidae y Verrucidae recientes y fósiles.

9 de septiembre: Terminé de empacar todos mis cirrípedos. "Comencé a clasificar notas para la teoría de las especies".

1855.

Marzo-abril: Experimentos sobre el efecto del agua salada en las semillas. Artículos sobre icebergs y sobre la vitalidad de las semillas.

1856.

14 de mayo: "Comencé, por consejo de Lyell, a escribir un esbozo de las especies" (descrito en "Vida y cartas" como el "Libro inacabado").

16 de diciembre: Terminé el Capítulo III. Artículo leído ante la Sociedad Linneana, Sobre el agua de mar y la germinación de las semillas.

1857.

29 de septiembre: Terminé los Capítulos VII y VIII.

30 de septiembre al 29 de diciembre: Trabajando sobre el hibridismo. Artículo sobre la agencia de las abejas en la fertilización de las flores papilionáceas.

1858.

9 de marzo: "Terminé el capítulo sobre el instinto".

18 de junio: Recibí el esbozo del Sr. Wallace de su teoría evolutiva.

1 de julio: Artículo conjunto de Darwin y Wallace leído en la Sociedad Linneana.

20 de julio al 27 de julio: "Comencé el extracto del libro de las especies", es decir, el "Origen de las especies", en Sandown, I.W. Artículo sobre las abejas y la fertilización de las flores.

1859.

25 de mayo: Comencé las pruebas de imprenta del "Origen de las especies".

24 de noviembre: Publicación del "Origen": 1250 ejemplares impresos.

2 de octubre al 9 de diciembre: En el establecimiento de cura de agua, Ilkley, Yorkshire.

1860.

7 de enero: Publicación de la Edición II del "Origen" (3000 ejemplares).

9 de enero: "Revisando el manuscrito sobre la variación". Artículo sobre la fertilización de las orquídeas británicas.

Julio y de nuevo en septiembre: Realicé observaciones sobre Drosera. Artículo sobre polillas y flores. Publicación de "A Naturalist's Voyage".

1861.

Hasta julio trabajando en "Variación bajo domesticación".

30 de abril: Publicación de la Edición III del "Origen" (2000 ejemplares).

Julio a finales de año: Trabajando en orquídeas.

Noviembre: Artículo sobre Primula leído ante la Sociedad Linneana. Artículos sobre Pumilio y sobre la fertilización de Vinca.

1862.

15 de mayo: Publicado el libro sobre orquídeas. Trabajando en la variación. Artículo sobre Catasetum (Sociedad Linneana). Contribución al Capítulo III de la memoria de Henslow de Jenyns.

1863.

Trabajando en "Variación bajo domesticación". Artículos sobre la lluvia amarilla, las pampas y sobre los cirrípedos. Una reseña del artículo de Bates sobre mariposas miméticas. Enfermedad grave hasta finales de año.

1864.

La enfermedad continuó hasta abril. Artículo sobre Linum publicado por la Sociedad Linneana.

25 de mayo: Artículo sobre Lythrum terminado.

13 de septiembre: Artículo sobre plantas trepadoras terminado. Trabajo en "Variación bajo domesticación".

30 de noviembre: Medalla Copley otorgada a él.

1865.

1 de enero: Continué trabajando en la variación hasta el 22 de abril. El trabajo fue interrumpido por la enfermedad hasta finales del otoño.

Febrero: Leí un artículo sobre plantas trepadoras.

25 de diciembre: Comencé de nuevo con la variación.

1866.

Continué el trabajo en "Variación bajo domesticación".

1 de marzo al 10 de mayo: Trabajando en la Edición IV del "Origen". Publicado en junio (1250 ejemplares). Leí un artículo sobre Cytisus scoparius ante la Sociedad Linneana.

22 de diciembre: Comencé el último capítulo de "Variación bajo domesticación".

1867.

15 de noviembre: Terminé las revisiones de "Variación bajo domesticación".

Diciembre: Comencé artículos sobre uniones ilegítimas de plantas dimórficas y trimórficas, y sobre Primula.

1868.

30 de enero: Publicación de "Variación bajo domesticación".

4 de febrero: Comencé el trabajo sobre el hombre.

10 de febrero: Nueva edición de "Variación bajo domesticación". Leí artículos sobre uniones ilegítimas de plantas dimórficas y trimórficas, y sobre Verbascum.

1869.

10 de febrero: "Terminé la quinta edición del 'Origen'; me ha llevado cuarenta y seis días".

Edición V publicada en mayo.

Trabajando en la "Descendencia del hombre". Artículos sobre la fertilización de las orquídeas y sobre la fertilización de las plantas de floración invernal.

1870.

Trabajando en la "Descendencia del hombre". Artículo sobre el pájaro carpintero de las pampas.

1871.

17 de enero: Comencé la "Expresión de las emociones".

24 de febrero: "Descendencia del hombre" publicado (2500 ejemplares).

27 de abril: Terminé el borrador de la "Expresión".

18 de junio: Comencé la Edición VI del "Origen". Artículo sobre la fertilización de Leschenaultia.

1872.

10 de enero: Terminé las pruebas de la Edición VI del "Origen", y "reescribiendo de nuevo la 'Expresión'".

22 de agosto: Terminé las últimas pruebas de la "Expresión".

23 de agosto: Comencé a trabajar en Drosera.

Noviembre: "Expresión" publicado (7000 ejemplares, y 2000 más impresos a finales de año).

8 de noviembre: "En la subasta de Murray se vendieron 5267 ejemplares a los libreros de Londres".

1873.

Enero: Corrigiendo el artículo sobre plantas trepadoras para su publicación como libro.

3 de febrero: Trabajando en "Fertilización cruzada".

Febrero a septiembre: Contribuciones a "Nature".

14 de junio: "Comencé Drosera de nuevo".

20 de noviembre: Comencé "Descendencia del hombre", Edición II.

1874.

"Descendencia del hombre", Edición II, en un volumen, publicado (Prefacio fechado en septiembre). "Arrecifes de coral", Edición II, publicado.

1 de abril: Comencé "Plantas insectívoras".

Febrero a mayo: Contribuí con notas a "Nature".

1875.

2 de julio: "Plantas insectívoras" publicado (3000 ejemplares); 2700 ejemplares vendidos inmediatamente.

6 de julio: "Corrigiendo la 2ª edición de 'Variación bajo domesticación'". Fue publicada en otoño.

1 de septiembre (aproximadamente): Comencé "Fertilización cruzada y autofecundación".

Noviembre: Comisión sobre vivisección.

1876.

5 de mayo: «Terminé el manuscrito, primera revisión, de "La fecundación cruzada y la autofecundación"».

De mayo a junio: Corrección de la «Fecundación de las orquídeas», 2.ª edición. Escribí mi esbozo autobiográfico.

Mayo y noviembre: Contribuciones a «Nature».

19 de agosto: Primeras pruebas de imprenta de «La fecundación cruzada y la autofecundación».

10 de noviembre: Publicación de «La fecundación cruzada y la autofecundación» (1500 ejemplares).

1877.

«Toda la primera parte del verano trabajando en "Diferentes formas de flores"».

Julio: Publicación de «Diferentes formas de flores» (1250 ejemplares). Durante el resto del año, trabajando sobre la pruina en las hojas, los movimientos de las plantas, «y un poco sobre las lombrices».

Noviembre: Doctorado honoris causa en Cambridge. Se publica la segunda edición de la «Fecundación de las orquídeas». Contribuciones a «Nature», «Gardeners' Chronicle» y «Mind».

1878.

Todo el año trabajando en los movimientos de las plantas y en la pruina de las hojas.

Mayo: Contribución a «Nature». Segunda edición de «Diferentes formas de flores». Escribí una carta prefacio para la obra de Kerner «Las flores y sus huéspedes no invitados».

1879.

Todo el año trabajando en los movimientos de las plantas, excepto por «unas seis semanas» en primavera y principios de verano dedicadas a la «Vida de Erasmus Darwin», que se publicó en otoño. Contribuciones a «Nature».

1880. «Toda la primavera terminando el manuscrito de "El poder del movimiento en las plantas" y las pruebas de imprenta». «Comencé en otoño con las lombrices». Nota preliminar escrita para la traducción de Meldola del libro de Weismann.

6 de noviembre: 1500 ejemplares de «El poder del movimiento» vendidos en la subasta de Murray. Contribuciones a «Nature».

1881.

Durante toda la primera parte del año, trabajando en el «Libro sobre las lombrices». Varias contribuciones a «Nature».

10 de octubre: Se publica el libro sobre las «Lombrices de tierra»: 2000 ejemplares vendidos de inmediato.

Noviembre: Trabajando en la acción del carbonato de amonio sobre las plantas.

1882.

Sin entradas en el diario.

Febrero: Trabajando en la corrección de los seis mil ejemplares de las «Lombrices de tierra».

6 y 16 de marzo: Artículos sobre la acción del carbonato de amonio en las raíces, etc., leídos en la Sociedad Linneana.

6 de abril: Nota a «Nature» sobre la dispersión de los bivalvos.

18 de abril: El artículo de Van Dyck sobre los perros sirios, con una nota preliminar de Charles Darwin, leído ante la Sociedad Zoológica.

19 de abril: Charles Darwin murió en Down.

...

CHARLES DARWIN

CAPÍTULO 1.I.—UN FRAGMENTO AUTOBIOGRÁFICO Y CARTAS TEMPRANAS.

1809-1842.

(Capítulo I./1. En el proceso de retirar el resto de los libros y documentos del Sr. Darwin de Down, salieron a la luz las siguientes notas autobiográficas, escritas en 1838. Nos parecen dignas de ser publicadas, tanto por aportar algunos datos nuevos, como por ilustrar el interés que sentía claramente por su propio desarrollo. Muchas palabras han sido omitidas en el manuscrito y algunos nombres están mal escritos; las correcciones que se han hecho no siempre están indicadas.)

Mi recuerdo más antiguo, cuya fecha puedo determinar aproximadamente, y que debe haber sido antes de que yo tuviera cuatro años, fue cuando, sentado en el regazo de Caroline (Caroline Darwin) en el salón, mientras ella cortaba una naranja para mí, una vaca pasó corriendo junto a la ventana, lo que me hizo saltar, por lo que recibí un corte profundo, del cual llevo la cicatriz hasta el día de hoy. De esta escena recuerdo el lugar donde estaba sentado y la causa del susto, pero no el corte en sí, y creo que mi memoria es real y no, como ocurre a menudo en casos similares, [derivada] de oír contar la cosa repetidamente, [cuando] uno obtiene una imagen tan vívida que no puede separarse del recuerdo: porque recuerdo claramente hacia dónde corrió la vaca, lo cual probablemente no me habrían contado. Mi recuerdo aquí es una imagen oscura, en la que, al no recordar ningún dolor, apenas soy consciente de su referencia a mí mismo.

1813.

Cuando tenía cuatro años y medio fui al mar y permanecí allí algunas semanas. Recuerdo muchas cosas, pero, con la excepción de las criadas (y estas no están individualizadas), no recuerdo a ninguno de mis miembros de la familia que estuvieran allí. Recuerdo que o yo o Catherine hacíamos travesuras, nos encerraban en una habitación e intentábamos romper las ventanas. Tengo una imagen borrosa de una casa ante mis ojos y de una pequeña tienda vecina, donde el dueño me dio un higo, pero que para mi gran alegría resultaron ser dos: este higo me lo dieron para que el hombre pudiera besar a la criada. Recuerdo un camino común hacia una especie de pozo, en cuya ruta había una cabaña sombreada por árboles de damascena (Capítulo I./2. Damson deriva de Damascene; la fruta se conocía antiguamente como "ciruela de Damasco."), habitada por un anciano, llamado ermitaño, de pelo blanco, que solía darnos damascenas. No sé si las damascenas o la reverencia y el miedo vago a este anciano produjeron el mayor efecto en mi memoria. Recuerdo que al ir allí crucé en el carruaje un vado ancho, y el miedo y el asombro ante el agua blanca y espumosa dejaron una impresión vívida. Creo que la memoria de los acontecimientos comienza abruptamente; es decir, recuerdo estas cosas más tempranas tan claramente como otras mucho más tardías en la vida, que me impresionaron por igual. Algunos recuerdos muy tempranos están relacionados con el miedo en Parkfield y con la pobre Betty Harvey. Recuerdo con horror su historia sobre personas que eran empujadas al canal por la cuerda de remolque, por ir por el lado equivocado del caballo. Sentía el mayor horror por esta historia: un instinto agudo contra la muerte. Otros recuerdos son los de vanidad, a saber, pensar que la gente me admiraba, en un caso por mi perseverancia y en otro por mi audacia al trepar a un árbol bajo, y lo que es más extraño, una conciencia, como instintiva, de que era vanidoso, y desprecio por mí mismo. Mi supuesto admirador era el viejo Peter Haile, el albañil, y el árbol, el serbal de los cazadores en el césped. Todos mis recuerdos parecen estar conectados más estrechamente conmigo mismo; ahora Catherine (Catherine Darwin) parece recordar escenas donde otros eran los actores principales. Cuando mi madre murió, yo tenía 8 años y medio, y [Catherine] un año menos, sin embargo ella recuerda todos los pormenores y acontecimientos de cada día, mientras que yo apenas recuerdo nada (y así ocurre con muchos otros casos) excepto que me llamaron, el recuerdo de entrar en su habitación, mi padre encontrándose conmigo y llorando después. Recuerdo el vestido de mi madre y apenas nada de su apariencia, salvo uno o dos paseos con ella. No tengo un recuerdo claro de ninguna conversación, y solo de aquellas de naturaleza muy trivial. Recuerdo que ella decía: «si ella me pidió que hiciera algo», lo cual yo dije que había hecho, «era únicamente por mi bien».

Catherine recuerda a mi madre llorando cuando se enteró de la muerte de mi abuela. También, cuando estábamos en Parkfield, cómo la tía Sarah y la tía Kitty solían recibirla. Susan, al igual que yo, solo recuerda asuntos personales. Es suficientemente extraña esta [diferencia] en los temas recordados. Catherine dice que no recuerda la impresión que le causaron las cosas externas, como el paisaje, pero que para las cosas que lee tiene una memoria excelente, es decir, para las ideas. Ahora bien, siendo su simpatía ideal, es parte de su carácter y muestra con qué facilidad se grabó su tipo de memoria: un pensamiento vívido se repite, una impresión vívida se olvida.

Recuerdo vagamente la iluminación tras la batalla de Waterloo y a la milicia ejercitándose en ese período, en el campo frente a nuestra casa.

1817.

A los 8 años y medio fui a la escuela del Sr. Case. (Capítulo I./3. Una escuela diurna en Shrewsbury dirigida por el reverendo G. Case, ministro de la capilla unitaria ("Life and Letters", Volumen I, página 27 y ss.).) Recuerdo cuánto miedo tenía de encontrarme con los perros en Barker Street y cómo en la escuela no lograba reunir el valor para pelear. Era muy tímido por naturaleza. Recuerdo que en la escuela sentía un gran deleite pescando tritones en la cantera. Había formado así, siendo joven, un fuerte gusto por coleccionar, principalmente sellos, franqueos, etc., pero también guijarros y minerales; uno que me dio un chico decidió este gusto. Creo que poco después de esto, o antes, había hecho mis pinitos en la botánica, y ciertamente, cuando estaba en la escuela del Sr. Case, era muy aficionado a la jardinería e inventé algunas grandes mentiras sobre ser capaz de colorear los azafranes como yo quisiera. (Capítulo I./4. La historia se cuenta en la "Life and Letters", I., página 28, siendo los detalles ligeramente diferentes.) En esta época sentía una gran amistad por algunos chicos. Fue poco después de empezar a coleccionar piedras, es decir, cuando tenía 9 o 10 años, que recuerdo claramente el deseo que tenía de ser capaz de saber algo sobre cada guijarro frente a la puerta del vestíbulo; fue mi más temprana y única aspiración geológica en aquel momento. Yo era en aquellos días un gran mentiroso, por el puro placer de excitar la atención y la sorpresa. Robaba fruta y la escondía por estos mismos motivos, y dañaba árboles quitándoles la corteza con fines similares. Casi nunca salía a pasear sin decir que había visto un faisán o algún pájaro extraño (gusto por la historia natural); estas mentiras, cuando no eran descubiertas, supongo que excitaban mi atención, ya que las recuerdo vívidamente, no conectadas con la vergüenza, aunque algunas sí lo están, sino como algo que, al haber producido un gran efecto en mi mente, me daba placer como una tragedia. Recuerdo cuando estaba en la escuela del Sr. Case inventar toda una trama para mostrar lo mucho que me gustaba decir la VERDAD. Mi invención sigue siendo tan vívida en mi mente que casi podría imaginar que era cierta, si la memoria de la antigua vergüenza no me dijera que era falsa. No tengo recuerdos particularmente felices o infelices de esta época o de períodos anteriores de mi vida. Recuerdo bien un paseo que di con un chico llamado Ford a través de unos campos hasta una granja en el camino de Church Stretton. No recuerdo ninguna ocupación mental, excepto las de coleccionar piedras, etc., la jardinería y, por aquella época, ir a menudo con mi padre en su carruaje, contándole mis lecciones y viendo piezas de caza y otras aves silvestres, lo cual era un gran deleite para mí. Nací naturalista.

Cuando tenía 9 años y medio (julio de 1818) fui con Erasmus a ver Liverpool: no ha dejado impresiones en mi mente, excepto las más triviales: el miedo a que el carruaje volcara, una buena cena y un recuerdo extremadamente vago de los barcos.

A mediados del verano de este año fui a la escuela del Dr. Butler. (Capítulo I./5. Darwin entró en la escuela del Dr. Butler en Shrewsbury en el verano de 1818 y permaneció allí hasta 1825 ("Life and Letters", I., página 30).) Recuerdo bien la primera vez que fui allí, lo cual, curiosamente, no recuerdo de la escuela del Sr. Case, la primera escuela de todas. Recuerdo bien el año 1818, no por haber ido por primera vez a una escuela pública, sino por escribir esas cifras en mi libro escolar, acompañadas de pensamientos oscuros, ahora cumplidos, sobre si recordaría en la vida futura aquel año.

En septiembre (1818) enfermé de fiebre escarlatina. Recuerdo bien la sensación miserable de estar delirando.

1819, julio (10 años y medio).

Fui al mar a Plas Edwards y permanecí allí tres semanas, lo que ahora me parece como tres meses. (Capítulo I./6. Plas Edwards, en Towyn, en la costa galesa.) Recuerdo un cierto camino verde y sombreado (donde vi una serpiente) y una cascada, con un grado de placer que debe estar conectado con el placer que produce el paisaje, aunque no reconocido directamente como tal. La llanura arenosa ante la casa ha dejado una fuerte impresión, que está oscuramente conectada con un recuerdo indistinto de insectos curiosos, probablemente un Cimex moteado de rojo y una Zygaena, la polilla gitana. Yo era en aquel entonces muy apasionado (cuando juraba como un soldado) y pendenciero. La primera pasión creo que ha muerto casi totalmente, aunque lentamente. Cuando viajaba allí en diligencia, recuerdo a un oficial de reclutamiento (creo que conocería su cara hasta el día de hoy) a la hora del té, pidiendo a la criada pan y mantequilla tostados. Me convulsioné de risa y pensé que era el discurso más pintoresco e ingenioso que jamás había salido de la boca de un hombre. Tal es el ingenio a los 10 años y medio. La memoria me trae ahora el placer que sentía por la tarde en un día ventoso, caminando por la playa solo y viendo a las gaviotas y cormoranes abrirse camino a casa en un curso salvaje e irregular. Tales placeres poéticos, sentidos tan profundamente en años posteriores, no los habría esperado tan temprano en la vida.

1820, julio.

Hice un viaje a caballo (en el viejo Dobbin) con Erasmus a Pistyll Rhiadr (Capítulo I./7. Pistyll Rhiadr procede de Llyn Pen Rhiadr bajando por el Llyfnant hasta el Dovey.); de esto recuerdo poco, una imagen indistinta de la caída, pero recuerdo bien mi asombro al oír que los peces podían saltar por ella.

(Capítulo I./8. El fragmento autobiográfico termina aquí. Las siguientes cartas dan cuenta de Darwin como estudiante en Edimburgo. Ha descrito ("Life and Letters", I., páginas 35-45) su falta de interés en la enseñanza oficial de la Universidad, su horror en el quirófano y su creciente aversión al estudio de la medicina, lo que finalmente determinó que dejara Edimburgo y entrara en Cambridge con el fin de ordenarse.)

CARTA 1. A R.W. DARWIN. Domingo por la mañana [Edimburgo, octubre de 1825].

Mi querido padre:

Como supongo que Erasmus (Erasmus Darwin) habrá dado todos los pormenores del viaje, no diré más sobre ello, excepto que en total me ha costado 7 libras. Llegamos a nuestro alojamiento ayer por la tarde, que es muy cómodo y está cerca de la Universidad. Nuestra casera, llamada Sra. Mackay, es una señora mayor, agradable y limpia, extremadamente amable y atenta. Vive en el «n.º 11, Lothian Street, Edimburgo» (1/1. En una carta publicada en el «Edinburgh Evening Despatch» del 22 de mayo de 1888, el autor sugirió que se colocara una placa en la casa, el n.º 11 de Lothian Street. Esta sugerencia fue llevada a cabo en 1888 por el Sr. Ralph Richardson (secretario del Tribunal del Comisario, Edimburgo), quien obtuvo permiso de los propietarios para colocar una placa en la casa, indicando que Charles Darwin residió allí como estudiante de la Universidad de Edimburgo. Estamos en deuda con el Sr. W.K. Dickson por obtener esta información para nosotros, y con el Sr. Ralph Richardson por facilitarnos amablemente los pormenores. Véase el discurso inaugural del Sr. Richardson, «Trans. Edinb. Geol. Soc.» 1894-95; también «Memorable Edinburgh Houses», por Wilmot Harrison, 1898.), y solo a cuatro tramos de escalera de la planta baja, lo cual es muy moderado en comparación con otros alojamientos que casi tomamos. Los términos son 1 libra y 6 chelines por dos dormitorios muy agradables y LUMINOSOS y una sala de estar; por cierto, los dormitorios luminosos son artículos muy escasos en Edimburgo, ya que la mayoría de ellos son pequeños agujeros en los que no hay ni aire ni luz. Visitamos al Dr. Hanley la primera mañana, a quien creo que nunca habríamos encontrado si no hubiera sido por un doctor en Teología de buen carácter que nos llevó a su biblioteca, nos mostró un mapa y nos dio instrucciones sobre cómo encontrarlo. De hecho, todos los escoceses son tan civiles y atentos que es suficiente para hacer que un inglés se avergüence de sí mismo. ¡Debería pensar si el Dr. Butler o cualquier otro gordo clérigo inglés llevaría a dos completos desconocidos a su biblioteca y les mostraría el camino! Cuando por fin encontramos al doctor y, tras haber hecho todos los discursos adecuados por ambas partes, los tres salimos y caminamos por toda la ciudad, la cual admiramos excesivamente; de hecho, Bridge Street es la cosa más extraordinaria que jamás he visto, y cuando miramos por primera vez por los lados, apenas podíamos creer lo que veían nuestros ojos cuando, en lugar de un hermoso río, vimos una corriente de gente. Pasamos todas nuestras mañanas paseando por la ciudad, que conocemos bastante bien, y por las noches vamos al teatro a escuchar a la Srta. Stephens (probablemente Catherine Stephens), lo cual es absolutamente encantador; ella es muy popular aquí, siendo tan aclamada por el público que apenas puede continuar con la obra. El lunes vamos a ver «Der F» (no sé cómo se escribe el resto de la palabra). (1/2. «Der F» es sin duda «Der Freischütz», que apareció en 1820, y del cual se dio una selección en Londres, bajo la dirección de Weber, en 1825. La última de las composiciones de Weber, «From Chindara's warbling fount», fue escrita para la Srta. Stephens, quien la cantó con su acompañamiento «la última vez que sus dedos tocaron el teclado». (Véase «Dict. of Music», «Stephens» y «Weber»)). Antes de instalarnos en nuestro alojamiento, nos alojamos en el Star Hotel en Princes St., donde, para mi sorpresa, me encontré con un antiguo compañero de escuela, a quien aprecio mucho; acaba de regresar de un viaje a pie por Suiza y ahora va a estudiar para su [¿título?]. Las lecciones introductorias comienzan el próximo miércoles, y nos matriculamos para ellas el sábado; pagamos 10 chelines y escribimos nuestros nombres en un libro, y la ceremonia termina; pero la biblioteca no está abierta para nosotros hasta que consigamos un ticket de un profesor. Acabamos de ir a la iglesia y escuchamos un sermón de solo 20 minutos. Esperaba, según el relato de Sir Walter Scott, un discurso capaz de cortar el alma de 2 horas y media.

Sigo siendo su afectuoso hijo, C. DARWIN.

CARTA 2. A CAROLINE DARWIN. 6 de enero de 1826. Edimburgo.

Muchas gracias por tu carta tan entretenida, que fue un gran alivio después de escuchar una larga y estúpida lección de Duncan sobre Materia Médica, pero como no sabes nada ni de las clases ni de los profesores, te haré un breve relato de ellos. El Dr. Duncan es tan instruido que su sabiduría no ha dejado lugar para su sentido común, y da clases, como ya he dicho, sobre Materia Médica, lo que no puede traducirse en ninguna palabra lo suficientemente expresiva de su estupidez. Estas últimas mañanas, sin embargo, ha mostrado signos de mejora, y espero que «siga tan bien como se pueda esperar». Sus clases comienzan a las ocho de la mañana. El Dr. Hope comienza a las diez, y tanto él como sus clases me gustan MUCHO (después de lo cual Erasmus va al «Sr. Sizars sobre Anatomía», quien es un profesor encantador). A las 12, el hospital, tras lo cual asisto a Monro sobre Anatomía. Me desagrada tanto él como sus clases que no puedo hablar con decencia sobre ellos. Tres veces por semana tenemos lo que se llama lecciones clínicas, que significan lecciones sobre los enfermos en el hospital; estas me gustan mucho. Dije que este relato sería breve, pero me temo que ha sido demasiado largo, como las propias clases.

Seré un buen chico y contaré algo sobre Johnson de nuevo (no es que me sorprenda mucho que papá se olvide tanto de sí mismo como para llamarme, un colegial en la Universidad de Edimburgo, un chico). Ha cambiado de alojamiento por tercera vez; ha conseguido uno muy barato, pero me temo que no resultará, pues deben compensarlo engañando. Espero que te gusten las noticias oficiales de Erasmus, él tiene la intención de empezar cada carta así. Mencionaste en tu carta que Emma se quedaba con vosotros: si no se ha ido, pídele que le diga a Jos que no he tenido éxito en conseguir nada de titanio, pero que volveré a intentarlo... Quiero saber cuántos años cumpliré el próximo cumpleaños; creo que 17, y si es así, me veré obligado a ir al extranjero durante un año, ya que es necesario que haya cumplido mi 21.º año antes de obtener mi título. Ahora no tienes por qué fruncir el ceño y desconcertarte con esta carta, porque no prometí escribirte con buena letra.

CARTA 3. A J.S. HENSLOW.

(3/1. Extractos de las cartas de Darwin a Henslow fueron leídos ante la Sociedad Filosófica de Cambridge el 16 de noviembre de 1835. Algunas de las cartas fueron posteriormente impresas en un folleto en 8.º de 31 páginas, fechado el 1 de diciembre de 1835, para distribución privada entre los miembros de la Sociedad. Una traducción al alemán de W. Preyer apareció en la «Deutsche Rundschau», junio de 1891.)

[15 de agosto de 1832. Montevideo.]

Actualmente estamos remontando el Río de la Plata y aprovecho la oportunidad para comenzar una carta para usted. No envié los especímenes desde Río de Janeiro, pues me resistía a dedicar el tiempo que requeriría empaquetarlos. Ahora ya están listos para ser enviados y lo más probable es que vayan en este paquete. Si es así, irán a Falmouth (donde Fitz-Roy ha hecho los arreglos) y, por tanto, no molestarán al agente de su hermano en Londres. Cuando dejé Inglaterra no era plenamente consciente de la esencial bondad que me ofreció al comprometerse a recibir mis cajas. No sé qué haría sin tales cuarteles generales. Y ahora, una prosa apologética sobre mi colección: me temo que usted dirá que es muy pequeña, pero no he estado ocioso, y debe recordar lo poco que lucen cientos de especies. La caja contiene una buena cantidad de especímenes geológicos; soy muy consciente de que la mayoría son demasiado pequeños. Pero sostengo que nadie tiene derecho a acusarme hasta que haya intentado cargar rocas bajo un sol tropical. He hecho un esfuerzo por obtener especímenes de cada variedad de roca y he escrito notas sobre todos ellos. Si cree que vale la pena examinar alguno, estaré muy complacido de recibir información mineralógica, especialmente sobre cualquier número entre el 1 y el 254, que incluyen rocas de Santiago. Por mi catálogo sabré a cuáles puede referirse. En cuanto a mis plantas, "pudet pigetque mihi". Todo lo que puedo decir es que cuando hay objetos presentes que puedo observar y especificar, no logro reunir la resolución necesaria para recolectar cuando no sé nada.

Resulta positivamente angustiante caminar por el glorioso bosque en medio de tales tesoros y sentir que todos se desperdician en uno. Mi colección de los Abrolhos es interesante, pues sospecho que casi contiene la totalidad de la vegetación con flores; y, de hecho, debido a su extrema esterilidad, casi puede decirse lo mismo de Santiago. He enviado a casa cuatro botellas con animales en alcohol; tengo tres más, pero no quise enviarlas hasta tener una cuarta. Estaré ansioso por saber cómo llegan. Hice una enorme colección de arácnidos en Río, también una buena cantidad de pequeños escarabajos en cajas de pastillas, pero no es la mejor época del año para estos últimos. Entre los animales inferiores, nada me ha interesado tanto como encontrar dos especies de Planaria de colores elegantes habitando en el bosque húmedo. La falsa relación que guardan con los caracoles es lo más extraordinario de su clase que he visto jamás. En el mismo género (o más propiamente familia) algunas de las especies marinas poseen una organización tan maravillosa que apenas puedo dar crédito a mi vista. Todo el mundo ha oído hablar de las franjas de agua descolorida en las regiones ecuatoriales. Una que examiné se debía a la presencia de Oscillariae tan diminutas que en cada pulgada cuadrada de superficie debía haber al menos cien mil presentes. Después de esto, será mejor que guarde silencio, pues me tomará por un Barón Munchausen entre los naturalistas. Ciertamente podría recolectar un número mucho mayor de especímenes de animales invertebrados si dedicara menos tiempo a cada uno; pero he llegado a la conclusión de que dos animales con su color y forma originales anotados serán más valiosos para los naturalistas que seis con solo fechas y lugares. Espero que me envíe sus críticas sobre mi colección; y será mi empeño que nada de lo que diga caiga en saco roto. Enviaría a casa mis escritos junto con mis especímenes, pero descubro que tengo tan repetidamente la ocasión de consultarlos que sería una pérdida grave para mí. No puedo concluir sobre mi colección sin añadir que confío implícitamente en que usted llevará una cuenta exacta de todos los gastos de cajas, etcétera. En este preciso instante estamos anclados en la desembocadura del río, y qué escena tan extraña es. Todo está en llamas: el cielo con relámpagos, el agua con partículas luminosas, e incluso los mismísimos mástiles están coronados con una llama azul. Espero gran interés en explorar las llanuras de Montevideo, sin embargo, recuerdo con pesar los trópicos, ese señuelo mágico para todo naturalista. El deleite de sentarse en un tronco en descomposición en medio de la tranquila penumbra del bosque es inefable y nunca será olvidado. Cuántas veces he deseado entonces que estuviera conmigo. Cuando veo un plátano, recuerdo bien haberlos admirado con usted en Cambridge; poco pensaba entonces en lo pronto que comería de su fruto.

15 de agosto. Dentro de unos días la caja partirá en el paquete "Emulous" (Capitán Cooke) hacia Falmouth y le será enviada. Esta carta va por la misma vía, así que, si en el transcurso del tiempo debido no recibe la caja, ¿sería tan amable de escribir a Falmouth? Hemos estado aquí (Montevideo) por algún tiempo; pero debido al mal tiempo y a los continuos combates en tierra, apenas hemos podido caminar por el campo. Durante el último mes no he recolectado nada, pero hoy he salido y he regresado como el Arca de Noé con animales de todo tipo. Hoy, para mi asombro, he encontrado dos Planariae viviendo bajo piedras secas: pregunte a L. Jenyns si alguna vez ha oído hablar de este hecho. También encontré un caracol de lo más curioso, y arañas, escarabajos, serpientes, escorpiones ad libitum, y para concluir, disparé a un Cavia que pesaba un quintal. El viernes zarpamos hacia el Río Negro, y entonces comenzará nuestro verdadero trabajo salvaje. Miro con temor las húmedas y tormentosas regiones del sur, pero después de tanto placer debo resignarme a algo de mareo y miseria.

CARTA 4. A J.S. HENSLOW. Montevideo, 24 de noviembre de 1832.

Llegamos aquí el 24 de octubre, después de nuestra primera travesía por la costa de la Patagonia. Al norte del Río Negro nos encontramos con algunas pequeñas goletas dedicadas a la caza de focas; para evitar la pérdida de tiempo en inspeccionar la intrincada masa de bancos, el capitán Fitz-Roy ha alquilado dos de ellas y ha puesto oficiales al mando. Nos llevó casi un mes equiparlas; tan pronto como esto terminó, regresamos aquí y ahora nos preparamos para una larga travesía hacia el sur. Espero encontrar muy interesante el salvaje y montañoso país de Tierra del Fuego, y después de la costa de la Patagonia lo disfrutaré plenamente. Había esperado, por el crédito de la Madre Naturaleza, que no existiera tal país como este último; en la triste realidad, navegamos a lo largo de 240 millas de dunas de arena; nunca antes supe lo horrible y feo que es un montículo de arena. El famoso país del Río de la Plata, en mi opinión, no es mucho mejor: un enorme río salobre, limitado por una interminable llanura verde, es suficiente para hacer gemir a cualquier naturalista. Así que, hurra por el Cabo de Hornos y la Tierra de las Tormentas. Ahora que me he desahogado, lo cual es un privilegio que los marineros toman en todas las ocasiones, cambiaré las tornas y daré cuenta de lo que he hecho en Historia Natural. Debo quejarme una vez más: por mala suerte, el gobierno francés ha enviado a uno de sus recolectores al Río Negro, donde ha estado trabajando durante los últimos seis meses, y ahora ha doblado el Cabo de Hornos. Por lo que, muy egoístamente, temo que se lleve la crema de todas las cosas buenas antes que yo. Como no tengo a nadie con quien hablar de mi suerte y mi mala suerte recolectando, estoy decidido a desahogarme con usted. He tenido mucha suerte con huesos fósiles; tengo fragmentos de al menos 6 animales distintos: como muchos de ellos son dientes, confío en que, destrozados y rodados como están, serán reconocidos. He prestado toda la atención de la que soy capaz a su emplazamiento geológico; pero, por supuesto, es una historia demasiado larga para aquí. 1º, tengo los tarsos y metatarsos muy perfectos de un Cavia; 2º, la mandíbula superior y la cabeza de algún animal muy grande con cuatro molares cuadrados y huecos, y la cabeza muy protuberante por delante. Al principio pensé que pertenecía al Megalonyx o al Megatherium. El animal puede haber sido probablemente Grypotherium Darwini, Ow. Las placas óseas mencionadas a continuación deben haber pertenecido a uno de los Glyptodontidae, y no al Megatherium. Estamos en deuda con el Sr. Kerr por llamar nuestra atención sobre un pasaje en el "Tratado de Bridgewater" de Buckland (Volumen II, página 20, nota), donde se atribuye una armadura ósea al Megatherium; en confirmación de esto, en la misma formación encontré una gran superficie de las placas poligonales óseas que, según "observaciones recientes" (¿cuáles son?), pertenecen al Megatherium. Tan pronto como vi esto, pensé que debían pertenecer a un armadillo enorme, cuyas especies vivas de este género son tan abundantes aquí. 3º, la mandíbula inferior de algún animal grande que, por los dientes molares, pensaría que pertenecía a los Edentata; 4º, algunos dientes molares grandes que en ciertos aspectos parecerían pertenecer a un roedor enorme; 5º, también algunos dientes más pequeños pertenecientes al mismo orden. Si le interesa lo suficiente como para desempaquetarlos, tendré mucha curiosidad por escuchar algo sobre ellos. Se debe tener cuidado en este caso de no confundir las etiquetas. Están mezclados con conchas marinas que me parecen idénticas a las que existen actualmente. Pero desde que fueron depositados en sus lechos, se han producido varios cambios geológicos en el país. Tanto para los muertos, y ahora para los vivos: hay un pobre espécimen de ave que a mis ojos poco ornitológicos parece ser una feliz mezcla de alondra, paloma y agachadiza (Nº 710). El mismo Sr. MacLeay nunca imaginó tal criatura inosculante: supongo que resultará ser algún pájaro bien conocido, aunque me ha dejado totalmente desconcertado. He tomado algunos anfibios interesantes; un nuevo Trigonocephalus que conecta bellamente en sus hábitos al Crotalus y a los Viperidae, y muchos saurios nuevos (en la medida de lo que alcanza mi conocimiento). En cuanto a un pequeño sapo, espero que sea nuevo, para que pueda ser bautizado como "diabolicus". Milton debe aludir a este mismo individuo cuando habla de "agachado como un sapo". Sus colores son, según Werner, negro tinta, rojo bermellón y naranja ante. Ha sido una travesía espléndida para mí en Historia Natural. Entre los crustáceos pelágicos, algunos géneros nuevos y curiosos. En los zoófitos, algunos animales interesantes. En cuanto a una Flustra, si no tuviera el espécimen para respaldarme, nadie creería en su estructura tan anómala. Pero en cuanto a novedad, todo esto no es nada comparado con una familia de animales pelágicos que a primera vista parecen Medusae, pero que en realidad están altamente organizados. Los he examinado repetidamente y, ciertamente, por su estructura, sería imposible colocarlos en cualquier orden existente. Tal vez la Salpa sea el animal más cercano, aunque la transparencia del cuerpo es casi el único carácter que tienen en común. Creo que las plantas secas contienen casi todo lo que florecía entonces (Bahía Blanca). Todos los especímenes serán empacados en barriles. Creo que habrá tres (antes de enviar esta carta especificaré fechas, etcétera). Me temo que usted gemirá, o mejor dicho, el suelo del salón de conferencias lo hará cuando lleguen los barriles. Sin usted, estaría totalmente perdido. El barril pequeño contiene peces: ¿podría abrirlo para ver cómo ha resistido el alcohol la evaporación de los trópicos? A bordo del barco todo va tan bien como es posible; el único inconveniente es la temible longitud de tiempo entre este momento y el día de nuestro regreso. No veo límites para ello. Casi se ha completado un año y el segundo lo estará antes de que siquiera abandonemos la costa este de Sudamérica. Y entonces se podrá decir que nuestro viaje realmente ha comenzado. No sé cómo seré capaz de soportarlo. La frecuencia con la que pienso en todas las horas felices que he pasado en Shrewsbury y Cambridge es más bien premonitoria; confío todo al tiempo y al destino e iré tanteando el camino a medida que avance.

24 de noviembre.—Hemos estado en Buenos Aires durante una semana; es una ciudad grande y hermosa, pero qué país, todo es barro, no puedes ir a ninguna parte, no puedes hacer nada por culpa del barro. En la ciudad obtuve mucha información sobre las riberas del Uruguay; oigo hablar de piedra caliza con conchas y lechos de conchas en todas direcciones. Espero que cuando pasemos el invierno en el Plata pueda realizar una excursión geológica de lo más interesante en ese país: compré fragmentos (Nº 837-8) de algunos huesos enormes, ¡¡que me aseguraron pertenecían a los antiguos gigantes!! También conseguí algunas semillas; no sé si vale la pena que las acepte; si cree que sí, conseguiré algunas más. Están en la caja. He enviado a usted por el paquete "Duke of York", comandado por el teniente Snell, a Falmouth, dos grandes barriles que contienen huesos fósiles, un pequeño barril con peces y una caja que contiene pieles, una botella con alcohol, etcétera, y cajas de pastillas con escarabajos. ¿Sería tan amable de abrir estas últimas, ya que tienden a enmohecerse? Con la excepción de los huesos, el resto de mi colección parece muy escasa. Recuerde cuánto tiempo se pasa en el mar. Siempre estoy ansioso por saber en qué estado llegan las cosas y cualquier crítica sobre la cantidad o el tipo de especímenes. En el barril más pequeño hay parte de una cabeza grande, cuyas porciones anteriores están en el otro barril grande. El paquete ha llegado y estoy en un gran ajetreo. No tendrá noticias mías durante algunos meses.

Acaba de llegar una caja en la que venían dos de sus cartas más amables y cariñosas. No sabe cuánto me han alegrado. ¡Una está fechada el 15 de diciembre de 1833, la otra el 15 de enero del mismo año! Por qué fatalidad no llegó antes, no podría conjeturarlo; lo lamento mucho, pues contiene la información que más deseaba, sobre la manera de embalar, etcétera, etcétera: raíces con especímenes de plantas, etcétera, etcétera. Supongo que esto fue escrito después de la recepción de mi primer cargamento de especímenes. Al no haber tenido noticias suyas hasta marzo de este año, realmente comencé a pensar que mis colecciones eran tan pobres que usted estaba desconcertado sobre qué decir; el caso es ahora totalmente opuesto, pues usted es culpable de excitar todos mis sentimientos de vanidad hasta un punto de lo más cómodo; si el trabajo duro compensa estos pensamientos, juro que no será escatimado. Es bastante tarde, pero aludiré a algunas observaciones de la carta de enero; usted me aconseja enviar a casa duplicados de mis notas; he sido consciente de la ventaja de hacerlo, pero en el mar, hasta el día de hoy, estoy invariablemente enfermo, excepto en los días más despejados, momentos en los que, con animales pelágicos a mi alrededor, nunca pude obligarme a la tarea; en tierra, la persona más prudente difícilmente podría esperar tal sacrificio de tiempo. Mis notas se están volviendo voluminosas. Tengo unas 600 páginas pequeñas en cuarto llenas; cerca de la mitad es geología, la otra, descripciones imperfectas de animales; con estas últimas, me impongo la regla de describir solo aquellas partes o hechos que no pueden verse en los especímenes en alcohol. Mantengo mi diario privado separado de lo anterior. (Nota: esta carta es de lo más desordenada, pero mi mente está desordenada de alegría; es culpa suya, así que debe asumir las consecuencias). Con respecto a las Planariae terrestres, incuestionablemente no son animales moluscos. Leí sus cartas anoche, esta mañana di un pequeño paseo; por una curiosa coincidencia, encontré una nueva especie blanca de Planaria y un Vaginulus (tercera especie que encuentro en Sudamérica) de Cuvier, nuevo para mí. Entre los moluscos marinos he visto un buen número de géneros, y en Río encontré uno completamente nuevo. Con respecto a la carta de diciembre, me alegra mucho saber que los cuatro barriles llegaron a salvo; desde entonces usted ha recibido otro cargamento, con las pieles de aves sobre las cuales no me entendió. ¿Alguna de las semillas de Buenos Aires ha producido plantas? De las Malvinas acusé recibo de una caja y una carta suyas; con la carta venían unas pocas semillas de la Patagonia. Actualmente tengo especímenes suficientes para hacer un cargamento pesado, pero esperaré tanto como sea posible, porque las oportunidades no son ahora tan buenas como antes. Acabo de detectar el rastro de algunos huesos fósiles de un MAMUT; qué puedan ser no lo sé, pero si el oro o el galope pueden conseguirlos, serán míos. Me dice que le gusta oír cómo voy y qué hago, y bien puede imaginar cuánto disfruto hablando con alguien sobre temas en los que siempre estoy pensando, pero de los que nunca tengo a nadie con quien hablar. Tras dejar las Malvinas procedimos al río Santa Cruz, remontando el río hasta quedar a veinte millas de las Cordilleras. Desafortunadamente, la falta de provisiones nos obligó a regresar. Esta expedición fue importantísima para mí, ya que fue una sección transversal de la gran formación patagónica. Conjeturo (un examen preciso de los fósiles posiblemente pueda determinar el punto) que el lecho principal está en algún lugar alrededor del período Mioceno (usando la expresión del Sr. Lyell); juzgo por lo que he visto de las conchas actuales de la Patagonia. Este lecho contiene un ENORME campo de lava. Esto es de cierto interés, al ser una aproximación rudimentaria a la edad de la parte volcánica de la gran cadena de los Andes. Mucho antes de esto, existía como una línea de colinas de pizarra y pórfido. He recopilado una cantidad tolerable de información respecto al período y formas de elevación de estas llanuras. Creo que serán interesantes para el Sr. Lyell; había pospuesto la lectura de su tercer volumen hasta mi regreso: puede adivinar cuánto placer me dio; algunos de sus grabados encajaron tan exactamente que solo tengo que remitirme a ellos en lugar de volver a dibujar otros similares. Tenía mi barómetro conmigo, solo desearía haberlo usado más en estas llanuras. El valle de Santa Cruz me parece muy curioso; al principio me desconcertó por completo. Creo que puedo exponer buenas razones para suponer que fue en otro tiempo un estrecho septentrional similar al de Magallanes. Cuando regrese a Inglaterra, tendrá que hacer un arduo trabajo cribando mi geología; lo poco que sé lo he aprendido de una manera tan curiosa que a menudo me siento muy dudoso sobre el número de granos [de valor]. Sea cual sea el número que resulten ser, he disfrutado de un placer extremo recogiéndolos. En Tierra del Fuego recolecté y examiné algunas coralinas; he observado un hecho que me sobresaltó bastante: es que en el género Sertularia (tomado en su forma más restringida como [usado] por Lamoureux) y en dos especies que, excluyendo expresiones comparativas, encontraría mucha dificultad en describir como diferentes, los pólipos diferían completa y esencialmente en todas sus partes estructurales más importantes y evidentes. Ya he visto lo suficiente para estar convencido de que las familias actuales de coralinas, tal como las clasifican Lamarck, Cuvier, etcétera, son altamente artificiales. Parece que están en el mismo estado [en] que las conchas estaban cuando Linneo las dejó para que Cuvier las reclasificara. Desearía tanto ser más hábil diseccionando, encuentro que puedo hacer muy poco en las partes minuciosas de la estructura; me veo obligado a tomar un examen muy tosco como tipo para diferentes clases de estructura. Es de lo más extraordinario que no pueda ver en ninguna parte de mis libros una sola descripción del pólipo de ninguna coralina, excepto el Alcyonium Lobularia de Savigny. Encontré una curiosa pequeña Cellaria pétrea (un género nuevo) con cada celda provista de una cerda larga y dentada; estas son capaces de movimientos diversos y rápidos. Este movimiento es a menudo simultáneo y puede producirse por irritación. Este hecho, hasta donde alcanzo a ver, está completamente aislado en la historia de los zoófitos (exceptuando la Flustra con un órgano como la cabeza de un buitre); señala una relación mucho más íntima entre los pólipos de lo que Lamarck está dispuesto a admitir. Olvidé si mencioné haber visto algo de la manera de propagación en esa familia tan ambigua, las coralinas; me siento bastante convencido de que si no son plantas, no son zoófitos. La "gémula" de una Halimeda contenía varias articulaciones unidas, listas para romper su envoltura y quedar adheridas a alguna base. Creo que en los zoófitos, universalmente, la gémula produce un solo pólipo, que después o al mismo tiempo crece con su celda o articulación única.

El "Beagle" dejó el estrecho de Magallanes en pleno invierno; encontró su camino de salida por un canal salvaje y poco frecuentado; bien pudo Sir J. Narborough llamar a la costa oeste Desolación del Sur, "porque es una tierra tan desolada de contemplar". Fuimos arrastrados a Chiloé por un tiempo muy malo. Un inglés me dio tres especímenes de ese insecto lucanoide tan fino que está descrito en las "Trans. de la Soc. Fil. de Cambridge", dos machos y una hembra. Encuentro que Chiloé está compuesto de lava y depósitos recientes. Las lavas son curiosas por abundar en, o más bien estar en partes compuestas de, piedra pez. Si vamos a Chiloé en verano, cosecharé una cosecha entomológica. Supongo que la botánica tanto allí como en Chile es bien conocida.

Olvidé declarar que en los cuatro cargamentos de especímenes se han enviado tres cajas cuadradas, conteniendo cada una cuatro botellas de vidrio. Menciono esto en caso de que sean estibadas debajo de especímenes geológicos y así escapen a su atención; quizás haga falta algo de alcohol en ellas. Si llega una caja de Buenos Aires con una cabeza de Megatherium y los otros especímenes sin numerar, sea tan amable de decírmelo, pues tengo fuertes temores por su seguridad. Llegamos aquí anteayer; las vistas de las montañas lejanas son de lo más sublimes y el clima delicioso; después de nuestro largo crucero por los climas húmedos y sombríos del sur, respirar un aire claro y seco, sentir el sol cálido y honesto y comer buena carne de vaca fresca asada debe ser el summum bonum de la vida humana. No me gusta el aspecto de las rocas ni la mitad de lo que la carne; hay demasiado de esos ingredientes bastante insípidos: mica, cuarzo y feldespato. Nuestros planes son actualmente indecisos; hay una buena cantidad de trabajo al sur de Valparaíso y al norte una cantidad indefinida. Espero cada parte con interés. Le he enviado en esta carta una triste dosis de egoísmo, pero recuerde que le miro como a mi padre en Historia Natural, y un hijo puede hablar de sí mismo a su padre. En su capacidad paternal como pro-rector, ¡qué cantidad de problemas parece haber tenido! Qué turbulenta se ha vuelto Cambridge. Para cuando esto llegue, habrá recuperado su tranquilidad. Tengo un deseo de lo más colegial de estar allí, disfrutando de mis vacaciones. Es una reflexión de lo más cómoda para mí que un barco, al estar hecho de madera y hierro, no pueda durar para siempre y, por lo tanto, este viaje debe tener un fin.

28 de octubre. Esta carta ha estado guardada en mi portafolio desde julio; no la envié porque no creí que valiera el franqueo; ahora irá con una caja de especímenes. Poco después de llegar aquí, emprendí una excursión geológica y tuve un paseo muy agradable por la base de los Andes. Todo el país parece compuesto de brechas (y, imagino, pizarras) que universalmente han sido modificadas y a menudo completamente alteradas por la acción del fuego. Las variedades de pórfido así producidas son infinitas, pero en ninguna parte he encontrado aún rocas que hayan fluido en una corriente; los diques de piedra verde son muy numerosos. La acción volcánica moderna está totalmente confinada a las partes más centrales (a las que no se puede llegar ahora por la nieve) de las Cordilleras. En el sur del río Maipo examiné las llanuras terciarias, ya parcialmente descritas por el Sr. Gay. Las conchas fósiles me parecen mucho más diferentes de las recientes que en la gran formación patagónica; será curioso si pudiera probarse que un Eoceno y un Mioceno (recientes hay abundancia) existen en Sudamérica tanto como en Europa. Me ha interesado mucho encontrar abundancia de conchas recientes a una elevación de 1.300 pies; el país en muchos lugares está sembrado de conchas, pero todas son litorales. Así que supongo que la elevación de 1.300 pies debe deberse a una sucesión de pequeñas elevaciones como la de 1822. Con estas pruebas seguras de la residencia reciente del océano sobre todas las partes bajas de Chile, el contorno de cada vista y la forma de cada valle posee un gran interés. ¿La acción del agua corriente o el mar formó este barranco profundo? era una pregunta que a menudo surgía en mi mente y generalmente era respondida encontrando un lecho de conchas recientes en el fondo. No tengo argumentos suficientes, pero no creo que más que una pequeña fracción de la altura de los Andes se haya formado dentro del período terciario. El final de mi excursión fue muy desafortunado; me indispuse y apenas pude llegar a este lugar. He estado en cama durante el último mes, pero ahora me estoy recuperando rápidamente. Había esperado durante este tiempo haber hecho una buena colección de insectos, pero ha sido imposible: lo lamento menos porque Chiloé está repleto de recolectores; hay más naturalistas en el país que carpinteros o zapateros o cualquier otro oficio honesto.

En mi carta desde las islas Malvinas dije que tenía temores sobre una caja con un Megatherium. He sabido desde Buenos Aires que fue a Liverpool por el bergantín "Basingwaithe". Si usted no la ha recibido, creo que vale la pena tomarse alguna molestia. En octubre se enviaron dos barriles y una jarra por el H.M.S. "Samarang" vía Portsmouth. No tengo duda de que los ha recibido. Con esta carta envío un buen número de pieles de aves; en la misma caja con ellas hay un paquete de papel que contiene cajitas de píldoras con insectos. Las otras cajas de píldoras no requieren ningún cuidado especial. Verá en dos de estas cajas algunas Planariae secas (terrestres), el único método que he encontrado para preservarlas (son sumamente quebradizas). Al examinar la especie blanca comprendo un poco de la estructura interna. Hay dos pequeños paquetes de semillas. Hay algunas plantas que espero le interesen, o al menos las de la Patagonia, donde recolecté cada una en flor. Hay una botella, toscamente pero creo que seguramente tapada, que contiene agua y gas de los baños termales de Cauquenes, situados al pie de los Andes y celebrados durante mucho tiempo por sus propiedades medicinales. Me esforcé al llenar y asegurar tanto el agua como el gas. Si puede encontrar a alguien a quien le guste analizarlos, creo que valdría la pena la molestia. No tengo tiempo en este momento para copiar mis pocas observaciones sobre la localidad, etcétera, etcétera, de estos manantiales. Dígame cómo parecen estar preservados los Arachnidae que he enviado a casa, por ejemplo los de Río. Tengo dudas de si vale la pena recolectarlos.

Zarpamos pasado mañana: nuestros planes están al fin limitados y definidos; estoy encantado de decir que hemos dado un eterno adiós a Tierra del Fuego. El "Beagle" no procederá más al sur que el cabo Tres Montes, desde cuyo punto haremos el reconocimiento hacia el norte. El archipiélago de los Chonos es deliciosamente desconocido: profundas y hermosas ensenadas que se adentran en las Cordilleras, donde podemos navegar a la luz de un volcán. No sé qué parte del viaje ofrece ahora más atracciones. Esta es una carta vergonzosamente desordenada, pero debe perdonarme.

CARTA 6. AL SR. J.S. HENSLOW. 18 de abril de 1835. Valparaíso.

Acabo de regresar de Mendoza, habiendo cruzado las Cordilleras por dos pasos. Este viaje ha añadido mucho a mi conocimiento de la geología del país. Algunos de los hechos, de cuya verdad me siento plenamente convencido en mi propia mente, le parecerán a usted bastante absurdos e increíbles. Daré un esquema muy breve de la estructura de estas enormes montañas. En el paso del Portillo (el más meridional), los viajeros han descrito que las Cordilleras consisten en una doble cadena de altitud casi igual, separada por un intervalo considerable. Este es el caso; y la misma estructura se extiende hacia el norte hasta Uspallata; la poca elevación de la línea oriental (aquí no más de 6.000-7.000 pies) ha causado que casi sea pasada por alto. Para empezar con la cadena occidental y principal, tenemos, donde las secciones se ven mejor, una enorme masa de conglomerado porfídico descansando sobre granito. Esta última roca parece formar el núcleo de toda la masa, y se ve en los valles laterales profundos, inyectada entre los estratos suprayacentes, levantándolos y volcándolos de la manera más extraordinaria. La estratificación en todas las montañas es hermosamente distinta y, por una variedad en el color, puede verse a grandes distancias. No puedo imaginar ninguna parte del mundo que presente una escena más extraordinaria de la ruptura de la corteza del globo que las partes muy centrales de los Andes. El levantamiento ha tenido lugar por un gran número de líneas (casi) norte y sur; que en la mayoría de los casos han formado tantos barrancos anticlinales y sinclinales; los estratos en los pináculos más altos están casi universalmente inclinados en un ángulo de 70 a 80 grados. No puedo decirle cuánto disfruté algunas de estas vistas; vale la pena venir desde Inglaterra, una vez, para sentir tal deleite intenso; a una elevación de 10 a 12.000 pies hay una transparencia en el aire, una confusión de distancias y una suerte de quietud que da la sensación de estar en otro mundo, y cuando a esto se une el cuadro tan claramente dibujado de las grandes épocas de violencia, provoca en la mente un conjunto de ideas de lo más extraño.

La formación que llamo Conglomerados Porfídicos es la más importante y desarrollada de Chile: a partir de un gran número de secciones, descubro que es un verdadero conglomerado grueso o brecha, el cual, paso a paso y en una lenta gradación, se convierte en un pórfido de piedra arcillosa fina; los guijarros y el cemento se vuelven porfídicos hasta que, finalmente, todo se mezcla en una sola roca compacta. Los pórfidos son excesivamente abundantes en esta cadena. Estoy seguro de que al menos cuatro quintas partes de ellos han sido producidos de este modo a partir de lechos sedimentarios in situ. Hay pórfidos que han sido inyectados desde abajo entre estratos, y otros eyectados, que han fluido en corrientes; es notable, y podría mostrar especímenes de esta roca producidos por estos tres métodos, que no pueden distinguirse. Es un gran error considerar que las Cordilleras aquí están compuestas por rocas que han fluido en corrientes. En esta cadena no vi en ninguna parte un fragmento que crea que se haya originado así, aunque el camino pasa a poca distancia de los volcanes activos. Los pórfidos, el conglomerado, la arenisca y la arenisca cuarzosa y las calizas se alternan y se transforman unos en otros muchas veces, superponiéndose (donde no han sido fracturados por el granito) a la arcillita. En las partes superiores, la arenisca comienza a alternar con yeso, hasta que al final tenemos esta sustancia de un espesor asombroso. Realmente creo que la formación tiene en algunos lugares (varía mucho) casi 2.000 pies de espesor; ocurre a menudo con una arenisca silícea verde (¿epidota?) y mármol blanco como la nieve; se parece al que se encuentra en los Alpes al contener grandes concreciones de un mármol cristalino de color gris negruzco. Los lechos superiores, que forman algunos de los pináculos más altos, consisten en capas de yeso blanco como la nieve y arenisca roja compacta, desde el espesor de un papel hasta unos pocos pies, alternándose en un ciclo interminable. La roca tiene un aspecto curiosamente pintado. En el paso de los Peuquenes, dentro de esta formación, donde sin embargo una roca negra como la arcillita, sin muchas láminas, que aparece con una caliza pálida, ha reemplazado a la arenisca roja, encontré abundantes impresiones de conchas. La elevación debe estar entre los 12 y los 13.000 pies. Una concha que creo es la Gryphaea es la más abundante; una Ostrea, Turritella, Ammonites, pequeños bivalvos, Terebratulae (?). Quizás algún buen conquiliólogo (6/1. Algunos de estos géneros son mencionados por Darwin ("Geol. Obs." página 181) como habiendo sido nombrados para él por M. D'Orbigny.) sea capaz de dar una conjetura sobre a qué gran división de las formaciones de Europa se parecen más estos restos orgánicos. Son sumamente imperfectos y escasos. Era tarde en la temporada y la situación particularmente peligrosa por las tormentas de nieve. No me atreví a retrasarme; de lo contrario, se habría podido cosechar una gran recompensa. Tanto por la línea occidental; en el paso del Portillo, avanzando hacia el este, encontramos una inmensa masa de conglomerado, con inclinación hacia el oeste de 45 grados, que descansa sobre arenisca micácea, etc., etc., levantada y convertida en roca de cuarzo, penetrada por diques provenientes de la gran masa de protogine (grandes cristales de cuarzo, feldespato rojo y ocasionalmente un poco de clorita). Ahora bien, este conglomerado que reposa sobre la protogine y se inclina desde ella a 45 grados, consiste en las rocas peculiares de la primera cadena descrita, guijarros de la roca negra con conchas, arenisca verde, etc., etc. Es, por lo tanto, manifiesto que el levantamiento (y la deposición al menos de una parte) de la gran cadena oriental es enteramente posterior a la occidental. Al norte, en el paso de Uspallata, también tenemos un hecho de la misma clase. Tenga esto presente: le ayudará a creer lo que sigue. He dicho que la sierra de Uspallata es geológicamente, aunque solo tiene 6.000-7.000 pies, una continuación de la gran cadena oriental. Tiene su núcleo de granito, consiste en grandes lechos de diversas rocas cristalinas, que no me cabe duda de que son lavas subacuáticas que se alternan con areniscas, conglomerados y lechos aluminosos blancos (como feldespato descompuesto) con muchas otras curiosas variedades de depósitos sedimentarios. Estas lavas y areniscas se alternan muchísimas veces, y son perfectamente conformes una con la otra. Durante dos días de cuidadoso examen, me dije al menos cincuenta veces: qué exactamente iguales (solo que un poco más duras) son estos lechos a los de los estratos Terciarios superiores de Patagonia, Chiloé y Concepción, sin que la posible identidad se me hubiera ocurrido jamás. Al final, no hubo forma de resistirse a la conclusión. No podía esperar conchas, pues nunca aparecen en esta formación; pero debería encontrarse lignito o pizarra carbonosa. Anteriormente me había dejado sumamente perplejo encontrar en la arenisca capas delgadas (de pocas pulgadas a pies de espesor) de una pechstein brechada. Sospecho fuertemente que el granito subyacente ha alterado tales lechos hasta convertirlos en esta pechstein. La madera silicificada (particularmente característica) estaba aún ausente. La convicción de que me encontraba sobre estratos Terciarios era ya tan fuerte en mi mente, que al tercer día, en medio de lavas y [? masas] de granito, comencé mi aparentemente desesperada búsqueda. ¿Cómo cree que tuve éxito? En un escarpado de arenisca verdosa compacta, encontré un pequeño bosque de árboles petrificados en posición vertical, o más bien, los estratos estaban inclinados unos 20-30 grados hacia un punto y los árboles 70 grados hacia el opuesto. Es decir, antes de la inclinación estaban verdaderamente verticales. La arenisca consiste en muchas capas, y está marcada por las líneas concéntricas de la corteza (tengo especímenes); 11 están perfectamente silicificados y se parecen a la madera dicotiledónea que he encontrado en Chiloé y Concepción (6/2. "Geol. Obs." página 202. Los especímenes de madera silicificada fueron examinados por Robert Brown y determinados por él como coníferos, "participando de los caracteres de la tribu de las araucarias, con algunos puntos curiosos de afinidad con el tejo."); los otros (30-40) solo sé que son árboles por la analogía de forma y posición; consisten en columnas blanco nieve (como la mujer de Lot) de carbonato de cal cristalino grueso. El tronco más grande tiene 7 pies. Todos están muy juntos, dentro de un radio de 100 yardas, y aproximadamente al mismo nivel: en ninguna otra parte pude encontrar ninguno. No puede dudarse que las capas de arenisca fina se han depositado tranquilamente entre un grupo de árboles que estaban fijados por sus raíces. La arenisca descansa sobre lava, está cubierta por un gran lecho, aparentemente de unos 1.000 pies de espesor, de lava augítica negra, y sobre esto hay al menos 5 grandes alternancias de tales rocas y depósitos sedimentarios acuosos, que suman en espesor varios miles de pies. Me da bastante miedo la única conclusión que puedo extraer de este hecho, a saber, que debe haber habido una depresión en la superficie de la tierra de esa magnitud. Pero dejando de lado esta consideración, fue un apoyo sumamente satisfactorio para mi presunción de la edad Terciaria (entiendo por Terciario que las conchas del periodo estaban estrechamente relacionadas, o algunas eran idénticas, a las que ahora viven, como en los lechos inferiores de Patagonia) de esta cadena oriental. Gran parte de la prueba debe descansar sobre mi ipse dixit de una semejanza mineralógica con aquellos lechos cuya edad es conocida, y el carácter de cuya semejanza está sujeto a una variación infinita, pasando de una variedad a otra mediante una estructura concrecionaria. Difícilmente espero que me crea, cuando es consecuencia de esta visión que el granito, que forma picos de una altura probablemente de 14.000 pies, haya estado fluido en el periodo Terciario; que los estratos de ese periodo sean alterados por su calor, y estén atravesados por diques de la masa. Que estos estratos también probablemente hayan sufrido una inmensa depresión, que ahora estén inclinados en ángulos altos y formen líneas anticlinales regulares o complicadas. Para completar el clímax y sellar su incredulidad, estos mismos estratos sedimentarios y lavas están atravesados por MUCHÍSIMAS y verdaderas vetas metálicas de hierro, cobre, arsénico, plata y oro, y estas pueden rastrearse hasta el granito subyacente. Se ha trabajado una mina de oro cerca del grupo de árboles silicificados. Si cuando vea mis especímenes, secciones y relato, piensa que hay pruebas presuntivas bastante sólidas de los hechos anteriores, parece muy importante; pues la estructura y el tamaño de esta cadena soportarán comparación con cualquiera en el mundo, y que todo esto haya sido producido en un periodo tan reciente es realmente maravilloso. En mi propia mente estoy completamente convencido de la realidad de esto. De cualquier modo, puedo decir muy concienzudamente que ninguna conjetura formada previamente deformó mi juicio. Como he descrito, así observé realmente los hechos. Pero tendré algo de piedad y terminaré este larguísimo relato de mi viaje geológico.

En algunos de los grandes parches de nieve perpetua, encontré la famosa nieve roja de los países árticos; envío con esta carta mis observaciones y un trozo de papel en el que intenté secar algunos especímenes. Si el hecho es nuevo y considera que vale la pena, examínelos usted mismo o envíelos a quienquiera que haya descrito los especímenes del norte y publique una noticia en cualquiera de las publicaciones periódicas. También envío una botella pequeña con dos lagartijas, una de ellas es vivípara como verá en la nota adjunta. Un Sr. Gay —un naturalista francés— ya ha publicado en uno de los periódicos de este país una declaración similar y probablemente ha enviado a París algún informe; como el hecho parece singular, ¿no valdría la pena entregar los especímenes a algún buen lagartijólogo y anatomista comparado para que publique un informe sobre su estructura interna? Haga lo que crea conveniente.

Esta carta irá con un cargamento de especímenes desde Coquimbo. Le escribiré para avisarle cuando sean enviados. En la caja hay dos bolsas de semillas, una [de los] valles de las Cordilleras de 5.000 a 10.000 pies de altura, el suelo y el clima sumamente secos, el suelo muy ligero y pedregoso, extremos en temperatura; la otra principalmente de la seca y arenosa Travesía de Mendoza, a 3.000 pies más o menos. Si algunos de los arbustos crecieran pero no estuvieran sanos, pruebe con un ligero espolvoreo de sal y salitre. La llanura es salífera. Todas las flores en las Cordilleras parecen ser de floración otoñal; estaban todas en flor y semilla, muchas de ellas muy bonitas. Las recogí mientras cabalgaba por las laderas de las colinas. Si tan solo deciden brotar, no me cabe duda de que muchas serían grandes rarezas. En la bolsa de Mendoza hay semillas o bayas de lo que parece ser una pequeña planta de patata con una flor blanquecina. Crecen a muchas leguas de donde podría haber existido alguna habitación debido a la ausencia de agua. Entre las plantas secas de los Chonos, verá un fino espécimen de la patata silvestre, que crece bajo un clima sumamente opuesto, e indudablemente es una verdadera patata silvestre. Debe ser una especie distinta a la de las Cordilleras Inferiores. Quizás, como ocurre con el plátano, las especies distintas ahora no pueden distinguirse en sus variedades producidas por el cultivo. No puedo copiar las pocas observaciones sobre la patata de los Chonos. Con los especímenes hay un paquete de papeles viejos y cuadernos. ¿Cuidará de ellos?; en caso de que pierda mis notas, estas podrían ser útiles. No envío a casa ningún insecto porque deben ser una molestia para usted, y ahora que falta tan poco del viaje por terminar, puedo encargarme bien de ellos. En dos o tres días parto hacia Coquimbo por tierra; el "Beagle" pasa por mí a principios de junio. Así que tengo seis semanas más para disfrutar geologizando sobre estas curiosas montañas de Chile. Hay en este momento una sangrienta revolución en Perú. El Comodoro ha ido allí, y en el apuro se ha llevado nuestras cartas con él; quizás entre ellas haya una suya. Desearía tener al viejo Comodoro aquí, le sacudiría un poco de consideración por los demás en su viejo cuerpo. Desde Coquimbo volverá a saber de mí.

CARTA 7. A J.S. HENSLOW. Lima, 12 de julio de 1835.

Esta es la última carta que escribiré jamás desde las costas de América, y por esta razón la envío. En pocos días el "Beagle" zarpará hacia las Islas Galápagos. Espero esto con alegría e interés, tanto por estar algo más cerca de Inglaterra como por el placer de observar bien un volcán activo. Aunque hemos visto lava en abundancia, nunca he contemplado el cráter. Envié por el H.M.S. "Conway" dos grandes cajas de especímenes. El "Conway" zarpó a finales de junio. Con ellas iban cartas para usted; desde ese momento he viajado por tierra desde Valparaíso a Copiapó y he visto algo más de las Cordilleras. Algunas de mis visiones geológicas han cambiado después de la última carta. Creo que la masa superior de estratos no es tan moderna como supuse. Este último viaje me ha explicado mucho de la historia antigua de las Cordilleras. Estoy seguro de que antiguamente consistían en una cadena de volcanes desde los cuales enormes corrientes de lava fueron vertidas al fondo del mar. Estas se alternan con lechos sedimentarios de un espesor vasto; en un periodo posterior estos volcanes deben haber formado islas, a partir de las cuales se han producido estratos de varios miles de pies de espesor de conglomerado grueso. (7/1. Ver "Geological Observations on South America" (Londres, 1846), Capítulo VII: "Chile central; estructura de la Cordillera".) Estas islas estaban cubiertas de hermosos árboles; en el conglomerado, encontré uno de 15 pies de circunferencia perfectamente silicificado hasta el mismo centro. Las alternancias de rocas cristalinas compactas (no puedo dudar que son lavas subacuáticas) y lechos sedimentarios, ahora levantados, fracturados y endurecidos, forman la cadena principal de los Andes. La formación fue producida en el tiempo en que vivían los ammonites, grifitas, ostras, Pecten, Mytilus, etc., etc. En las partes centrales de Chile, la estructura de los lechos inferiores se vuelve muy oscura por la acción metamórfica que ha vuelto porfídicos incluso a los conglomerados más gruesos. Las Cordilleras de los Andes, tan dignas de admiración por la grandeza de sus dimensiones, se elevan en dignidad cuando se considera que, desde el periodo de los ammonites, han formado un rasgo marcado en la geografía del globo. La geología de estas montañas me complació en un aspecto; al leer a Lyell, siempre me había impactado que si la corteza del mundo sigue cambiando en un círculo, debería haber algún lugar donde se encuentren formaciones que, teniendo la edad de los grandes lechos secundarios europeos, posean la estructura de rocas terciarias o aquellas formadas en medio de islas y en cuencas limitadas. Ahora bien, las alternancias de lava y sedimento grueso que forman las partes superiores de los Andes corresponden exactamente a lo que se acumularía bajo tales circunstancias. Como consecuencia de esto, solo puedo separar de manera muy burda en tres divisiones los estratos variables (quizás de 8.000 pies de espesor) que componen estas montañas. Me temo que usted me dirá que aprenda mi abecedario para distinguir el cuarzo del feldespato antes de que me entregue a tales especulaciones. Hace poco conseguí un informe sobre los trabajos de M. Dessalines D'Orbigny en S. América (7/2. "Voyage dans l'Amerique Meridionale, etc." (A. Dessalines D'Orbigny).); experimenté un grado de fastidio bastante humillante al encontrar que él ha descrito la geología de las Pampas, y que he cabalgado duro para nada; sin embargo, fue gratificante que mis conclusiones sean las mismas, hasta donde puedo recopilar, que sus resultados. También es excelente que la totalidad de Bolivia sea descrita. Espero poder conectar su geología de ese país con la mía de Chile. Tras dejar Copiapó, tocamos en Iquique. Visité pero no comprendo del todo la posición de los lechos de nitrato de soda. Aquí en Perú, por el estado de anarquía, no puedo realizar ninguna expedición.

Oigo desde casa que mi hermano va a enviarme una caja con libros y una carta suya. Es muy desafortunado que no pueda recibir esto antes de llegar a Sídney, incluso si llega a salvo tan lejos. No tendré otra oportunidad en muchos meses de escribirle de nuevo. ¿Tendrá la caridad de enviarme una carta más (tan pronto como esta le llegue) dirigida al C. de Buena Esperanza? Sus cartas, además de proporcionarme el mayor deleite, siempre me dan un nuevo estímulo para el esfuerzo. Disculpe esta prosaica carta geológica, y adiós hasta que sepa de mí en Sídney y me vea en el otoño de 1836.

CARTA 8. A JOSIAH WEDGWOOD. [Shrewsbury, 5 de octubre de 1836.]

Mi querido tío

El "Beagle" llegó a Falmouth el domingo por la tarde, y llegué a casa tarde anoche. Mi cabeza está bastante confundida por tanto deleite, pero no puedo permitir que mis hermanas le digan primero lo feliz que soy de ver a todos mis queridos amigos de nuevo. Estoy obligado a regresar en tres o cuatro días a Londres, donde se pagará al "Beagle", y luego haré una visita más larga a Shrewsbury. Estoy muy ansioso por ver una vez más Maer, y a todos sus habitantes, por lo que en el transcurso de dos o tres semanas, espero agradecerle personalmente, como mi primer Lord del Almirantazgo. (8/1.) ... Estoy tan muy feliz que apenas sé lo que estoy escribiendo. Créame, su sobrino más afectuoso,

CHAS. DARWIN.

CARTA 9. A C. LYELL. Shrewsbury, lunes [12 de noviembre de 1838].

Mi querido Lyell

Supongo que estará en Hart St. (9/1. Sir Charles Lyell vivía en el 16 de Hart Street, Bloomsbury.) mañana [o] el 14. Escribo porque no puedo evitar desear ser la primera persona en decirles a la Sra. Lyell y a usted que he tenido la muy buena, y hasta hace poco [es decir, hasta hace poco] muy inesperada fortuna de que me voy a casar! La dama es mi prima la señorita Emma Wedgwood, la hermana de Hensleigh Wedgwood, y del hermano mayor que se casó con mi hermana, así que estamos conectados por múltiples lazos, además, por mi parte, por el amor más sincero y la gratitud cordial hacia ella por aceptar a alguien como yo.

Determiné cuando estuve la última vez en Maer probar mi suerte, pero apenas esperaba que tal buena fortuna surgiera para mí. Estaré en la ciudad a mediados o finales de la semana siguiente. (9/2. El Sr. Darwin se casó el 29 de enero de 1839...). Temo que dirá que bien podría haber dejado mi historia sin contar hasta que nos viéramos. Pero siento profundamente su bondad y amistad hacia mí, lo cual, en verdad, puedo decir, ha sido una fuente principal de felicidad para mí desde mi regreso a Inglaterra: así que debe disculparme. Estoy muy seguro de que la Sra. Lyell, que tiene simpatía por todos los que la rodean, me dará sus cordiales felicitaciones.

Créame, mi querido Lyell, su más sinceramente agradecido CHAS. DARWIN.

CARTA 10. A EMMA WEDGWOOD. Domingo por la noche. Athenaeum. [20 de enero de 1839.]

...No puedo expresarle cuánto disfruté mi visita a Maer; sentí en anticipación mi futura vida tranquila: cuánto espero que usted pueda ser tan feliz como sé que yo lo seré; pero me asusta, tan a menudo como pienso en la familia de la que usted ha sido parte. Pensaba esta mañana cómo sucedió que yo, que soy aficionado a hablar y casi nunca estoy de mal humor, debiera basar tan completamente mis nociones de felicidad en la quietud y en una buena dosis de soledad: pero creo que la explicación es muy sencilla y la menciono porque le dará esperanzas de que gradualmente seré menos bruto; es que durante los cinco años de mi viaje (y en verdad puedo añadir estos dos últimos), los cuales, por la manera activa en que se han pasado, pueden decirse que son el comienzo de mi verdadera vida, todo mi placer se derivaba de lo que pasaba por mi mente mientras admiraba vistas por mi cuenta, viajando a través de desiertos salvajes o bosques gloriosos o paseando por la cubierta del pequeño y pobre "Beagle" por la noche. Disculpe tanto egoísmo; se lo confieso porque creo que usted me humanizará y pronto me enseñará que hay una felicidad mayor que la de construir teorías y acumular hechos en silencio y soledad. Mi propia y queridísima Emma, rezo fervientemente para que nunca se arrepienta del gran, y añadiré que muy buen, acto que va a realizar el martes: mi propia y querida futura esposa, que Dios la bendiga... Los Lyell me visitaron hoy después de la iglesia; como Lyell estaba tan lleno de geología, se vio obligado a descargar, y ceno allí el martes para una confidencia especial. Me sentí bastante avergonzado de mí mismo hoy, pues hablamos durante media hora de geología pura y dura, con la pobre Sra. Lyell sentada al lado, un monumento a la paciencia. Necesito práctica en el maltrato al sexo femenino; no observé que Lyell tuviera remordimientos; espero endurecer mi conciencia con el tiempo: pocos maridos parecen encontrar difícil lograr esto. Desde mi regreso he echado varias miradas, como bien podrá creer, al salón; supongo que mi gusto por los colores armoniosos ya se ha deteriorado, pues declaro que la habitación empieza a parecer menos fea. Siento tanto placer en la casa (10/1. El n.º 12 de Upper Gower Street es ahora el n.º 110 de Gower Street y forma parte de un bloque habitado por los empleados de los señores Shoolbred. Debemos esta información al Sr. Wheatley, de la Society of Arts), que declaro que soy justo como un niño grande y crecido con un juguete nuevo; pero entonces, a diferencia de un niño de verdad, anhelo tener una copartícipe y poseedora.

(10/2. El siguiente pasaje está tomado de la copia manuscrita de la "Autobiografía"; no fue publicado en la "Vida y cartas" que apareció durante la vida de la Sra. Darwin:--)

Todos ustedes conocen a su madre y qué buena madre ha sido siempre para todos ustedes. Ella ha sido mi mayor bendición y puedo declarar que en toda mi vida nunca la he oído pronunciar una sola palabra que hubiera preferido que no se dijera. Nunca ha dejado de mostrarme la más amable simpatía y ha soportado con la mayor paciencia mis frecuentes quejas de mala salud y malestar. No creo que haya dejado pasar una oportunidad de hacer una acción amable a cualquiera que estuviera cerca de ella. Me maravillo de mi buena fortuna de que ella, tan infinitamente superior a mí en cada una de las cualidades morales, consintiera en ser mi esposa. Ella ha sido mi sabia consejera y alegre consoladora a lo largo de la vida, la cual, sin ella, habría sido durante un período muy largo una vida miserable debido a mi mala salud. Ella se ha ganado el amor de cada alma que la rodea.

CARTA 11. C. LYELL A C. DARWIN. [¿Julio?, ¿1841?].

(11/1. Lyell comenzó su primer viaje a los Estados Unidos en julio de 1841 y estuvo ausente trece meses. Darwin regresó a Londres el 23 de julio de 1841, después de una prolongada ausencia; por lo tanto, puede que haya perdido la oportunidad de ver a Lyell. Suponiendo que la fecha de 1841 sea correcta, parecería que el plan de vivir en el campo se formó un año antes de que realmente se llevara a cabo.)

No tengo duda de que su padre hizo lo correcto al persuadirle para que se quedara [en Shrewsbury], pero nos decepcionó mucho no verle antes de nuestra partida para un año de ausencia. No puedo decirle cuántas veces desde su larga enfermedad he echado de menos el trato amistoso que tuvimos con tanta frecuencia antes, y en el que construí más que nunca después de su boda. No sucederá fácilmente que dos veces en la vida, incluso en el gran mundo de Londres, un alma afín tan ocupada precisamente en las mismas actividades y con una independencia que le permita ejercerlas se cruce tan cerca de mi camino, y el que me haya sido arrebatada con la perspectiva de su residencia algo lejos es una privación que siento como muy grande. Espero que usted no, como Herschell, se aleje mucho de una línea de ferrocarril.

CARTA 12. A CATHERINE DARWIN.

(12/1. La siguiente carta fue escrita a su hermana Catherine unos dos meses antes de que Charles Darwin se estableciera en Down:--)

Domingo [julio de 1842].

Debe haberse sorprendido al no haber tenido noticias antes sobre la casa. Emma y yo solo regresamos ayer por la tarde de dormir allí. Le daré en detalle, como a mi padre le gustaría, MI opinión sobre ella; la de Emma difiere ligeramente. Posición: a cerca de 1/4 de milla del pequeño pueblo de Down en Kent, a 16 millas de St. Paul's, a 8 1/2 millas de la estación (con muchos trenes), cuya estación está a solo 10 de Londres. Esto es malo, ya que el viaje debido a las colinas es largo. Calculo que tardamos dos horas en ir desde London Bridge. El pueblo tiene unas cuarenta casas con viejos nogales en el medio, donde se alza una antigua iglesia de pedernal y se encuentran los callejones. Los habitantes son muy respetables, hay una escuela infantil, los adultos son grandes músicos, todos se tocan el sombrero como en Gales y se sientan en sus puertas abiertas al atardecer; ningún camino principal atraviesa el pueblo. La pequeña taberna donde dormimos es una tienda de comestibles, y el tabernero es el carpintero, así que puede adivinar el estilo del pueblo. Hay carnicero, panadero y oficina de correos. Un transportista va semanalmente a Londres, recoge cualquier cosa en cualquier lugar de Londres y lleva cualquier cosa a cualquier parte. En el camino [desde Londres] al pueblo, en un día despejado, el paisaje es absolutamente hermoso: desde cerca de nuestra casa la vista es muy lejana y bastante hermosa, pero la casa, al estar situada en una meseta bastante alta, tiene un aire algo desolado. Hay una granja antigua hermosísima, con grandes graneros de paja y viejos troncos de roble, como la de Skelton, a un campo de distancia. El encanto del lugar para mí es que casi cada campo está cruzado (como desgraciadamente el nuestro) por uno o más senderos. Nunca vi tantos paseos en ningún otro condado. El campo es extraordinariamente rural y tranquilo, con callejones estrechos, setos altos y casi sin baches. Es realmente sorprendente pensar que Londres está a solo 16 millas de distancia. La casa está muy mal situada, cerca de un pequeño callejón y cerca del campo de otro hombre. Nuestro campo tiene 15 acres y es plano, dando a valles de fondo plano a ambos lados, pero no hay vista desde el salón, que mira directamente al sur, excepto hacia nuestro campo plano y partes de un horizonte lejano bastante feo. Justo enfrente hay algunos cerezos viejos (muy productivos), nogales, tejos, castaños de Indias, perales, un alerce viejo, abetos escoceses y abetos plateados y viejas moreras, [que] forman un grupo bastante bonito. Le dan al terreno un aspecto antiguo, pero al no florecer mucho también le dan un aspecto algo desolado. Hay membrillos, nísperos y ciruelas con mucha fruta, y guindas; pero pocas manzanas. La magnolia morada florece contra la casa. Hay una haya realmente hermosa a la vista en nuestro seto. El huerto es una franja detestable y el suelo parece miserable por la cantidad de pedernal de tiza, pero realmente creo que es productivo. Los setos crecen bien alrededor de nuestro campo, y es un terreno de heno muy conocido. Este año la cosecha fue mala, pero se compró, tal como estaba, por 2 libras por acre, es decir, 30 libras; el comprador se encargó de recogerlo. El año pasado se vendió por 45 libras; no se añadió abono en el intervalo. ¿No suena bien? Pregúntele a mi padre. ¿La morera y la magnolia demuestran que no hace mucho frío en invierno, lo cual temo que sea el caso? Dígale a Susan que está a 9 millas de Knole Park y a 6 de Westerham, lugares donde he oído que el paisaje es hermoso. Hay muchas vistas muy extrañas alrededor de nuestra casa; valles profundos de fondo plano y granjas agradables, pero campos grandes, blancos, feos y en barbecho; se cultiva mucho trigo aquí. La casa es fea, no parece ni vieja ni nueva; paredes de dos pies de espesor, ventanas algo pequeñas, piso inferior algo bajo. Estudio capital de 18 x 18. Comedor de 21 x 18. Al salón se le puede añadir fácilmente: es de 21 x 15. Tres pisos, abundancia de dormitorios. Podríamos alojar a los Hensleigh, a usted, a Susan y a Erasmus todos juntos. Casa en buen estado. El Sr. Cresy hace unos años gastó 1.500 libras para el propietario e hizo un techo nuevo. Tuberías de agua sobre la casa, dos baños, dependencias bastante buenas y un buen patio de establos, etc., y una cabaña. Creo que el precio es de unas 2.200 libras, y no tengo duda de que lo conseguiré por un año de arrendamiento primero para probar, por lo que no haré nada en la casa al principio (el último propietario tenía tres vacas, un caballo y un burro, y vendía algo de heno anualmente de un campo). No tengo duda de que si completamos la compra al menos ahorraré 1.000 libras respecto a Westcroft, o cualquier otra casa que hayamos visto. Emma al principio estaba bastante decepcionada, y con el campo alrededor de la casa; el día estaba sombrío y frío con viento del noreste. A ella le gusta el campo real y la casa más que a mí; la casa está situada justo como a ella le gusta para el retiro, ni muy cerca ni muy lejos de otras casas, pero ella piensa que el campo parece desolado. Creo que todos los países de tiza lo son, pero estoy acostumbrado a Cambridgeshire, que es diez veces peor. Emma está cambiando de opinión rápidamente. Estuvo terriblemente mal con dolor de muelas y dolor de cabeza por la tarde y el viernes, pero al volver ayer estaba tan encantada con el paisaje durante las primeras millas desde Down, que ha provocado un gran cambio en ella. Volveremos allí el primer día despejado que Emma pueda, y entonces decidiremos finalmente qué hacer.

(12/2. La siguiente "Descripción de Down" fragmentaria fue encontrada entre los papeles del Sr. Darwin después de la publicación de la "Vida y cartas". Da la impresión de que pretendía escribir un diario de historia natural al estilo de Gilbert White, pero no hay evidencia de que este fuera realmente el caso.)

1843. 15 de mayo.—La primera peculiaridad que sorprende a un extraño no acostumbrado a un campo de tiza montañoso son los valles, con sus fondos redondeados y empinados, no surcados por el más pequeño arroyo. En el camino a Down desde Keston se ha levantado un montículo a través de un valle considerable, pero incluso contra este montículo no hay rastro de que se haya acumulado ni siquiera un pequeño charco de agua después de las lluvias más fuertes. El agua se filtra toda directamente hacia abajo. Averiguar la profundidad media de los pozos, la inclinación de los estratos y los manantiales. ¿El agua de este país aflora en manantiales en Holmsdale o en el valle del Támesis? Examinar los finos manantiales en Holmsdale.

Los valles en esta plataforma que se inclinan hacia el norte, pero que son extraordinariamente uniformes, generalmente corren de norte a sur; sus lados cerca de las cumbres generalmente se vuelven repentinamente más abruptos y están bordeados por estrechas franjas, o, como se les llama aquí, "shaws" de madera, a veces simplemente por setos asilvestrados. La repentina pendiente generalmente puede percibirse, como justo antes de ascender a Cudham Wood, y en Green Hill, donde uno de los callejones cruza estos valles. Estos valles son, con toda probabilidad, antiguas bahías marinas, y a veces he especulado si este repentino aumento de la pendiente de los lados no marca los bordes de acantilados verticales formados cuando estos valles estaban llenos de agua de mar, como sucedería naturalmente en estratos como la tiza.

En la mayoría de los países, los caminos y senderos ascienden a lo largo del fondo de los valles, pero aquí esto casi nunca es el caso. Todos los pueblos y la mayoría de las casas antiguas están en las plataformas o estrechas franjas de tierra plana entre los valles paralelos. ¿Se debe esto a que las cumbres han existido desde los tiempos más antiguos como colinas abiertas y los valles han sido llenados con maleza? No tengo evidencia de esto, pero es cierto que la mayoría de las granjas en la tierra plana son muy antiguas. Hay una peculiaridad que ayudaría a determinar que los senderos corrieran a lo largo de las cumbres en lugar del fondo de los valles, en que estos últimos en el medio están generalmente cubiertos, incluso mucho más densamente que la superficie general, con pedernales rotos. Este lecho de pedernales, que se adelgaza gradualmente a cada lado, puede verse desde una larga distancia en un campo recién arado o en barbecho como una banda blanquecina. Cada piedra que rueda alguna vez después de una lluvia fuerte o por la coz de un animal, por poco que sea, tiende toda al fondo de los valles; pero si esto es suficiente para explicar su número, a veces he dudado, y me he sentido inclinado a aplicar al caso la teoría de Lyell de la disolución por agua de lluvia, etc., etc.

La tierra de la cumbre plana está cubierta con un lecho de arcilla roja rígida, desde unos pocos pies de espesor hasta tanto como creo que veinte pies: este [lecho], aunque yace inmediatamente sobre la tiza y abunda en grandes pedernales sin rodar de forma irregular, a menudo con el color y la apariencia de huesos enormes, que estaban originalmente incrustados en la tiza, no contiene ni una partícula de carbonato de calcio. Este lecho de arcilla roja yace sobre una superficie muy irregular y a menudo desciende hacia pozos redondos profundos, cuyo origen ha sido explicado por Lyell. En estas cavidades hay parches de arena como arena de mar, y como la arena que alterna con los grandes lechos de pequeños guijarros derivados del desgaste de los pedernales de tiza, que forman Keston, Hayes y Addington Commons. Cerca de Down, un pedernal de tiza redondeado es una rareza, aunque ocurren algunos; y todavía no he visto una piedra de origen distante, lo que marca una diferencia, al menos para los ojos geológicos, en el aspecto mismo del país, en comparación con todos los condados del norte.

Los pedernales de tiza se descomponen externamente, lo cual, según Berzelius ("Edin. New Phil. Journal", número reciente), se debe a que los pedernales contienen una pequeña proporción de álcali; pero, además de esta descomposición externa, todo el cuerpo se ve afectado por la exposición de unos pocos años, de modo que no se romperán con caras limpias para la construcción.

Este lecho de arcilla roja, que hace que el campo sea muy resbaladizo en los meses de invierno de octubre a abril, no cubre los lados de los valles; estos, cuando se aran, muestran la tiza blanca, cuyo tinte se desvanece más abajo en el valle, tan insensiblemente como un color aplicado por el pincel de un pintor.

Casi toda la tierra es arada y a menudo se deja en barbecho, lo que le da al país un aspecto rojo desnudo, o no infrecuentemente blanco, por una capa de tiza aplicada por los agricultores. Nadie parece ser consciente de bajo qué principio la tiza fresca aplicada sobre tierra que abunda en cal hace algún bien. Esto, sin embargo, se dice que ha sido la práctica del campo desde el período de los romanos, y en la actualidad los muchos pozos blancos en las laderas de las colinas, que tan frecuentemente ofrecen un contraste pintoresco con los tejos que sobresalen, son todos extraídos para este propósito.

El número de diferentes tipos de arbustos en los setos, entrelazados por la alegría del viajero y las brionias, es visible en comparación con los setos de los condados del norte.

25 de marzo [¿1844?].—El primer período de vegetación, y las orillas están cubiertas de violetas azul pálido hasta un grado que nunca he visto igualado, y con prímulas. Unos días más tarde, algunas de las espesuras fueron hermosamente animadas por Ranunculus auricomus, anémonas de bosque y una Stellaria blanca. De nuevo, posteriormente, grandes áreas estaban brillantemente azules con campanillas. Las flores son aquí muy hermosas, y el número de flores; [y] la oscuridad del azul de la pequeña Polygala común casi la iguala a una genciana alpina.

Hay grandes extensiones de bosque, [taladas] aproximadamente una vez cada diez años; algunos de estos recintos parecen ser muy antiguos. En el lado sur de Cudham Wood, un seto de hayas ha crecido hasta un tamaño de Brobdignag, con varias de las enormes ramas cruzándose entre sí y firmemente injertadas juntas.

Las alondras abundan aquí, y sus cantos suenan muy agradablemente por todos lados; los ruiseñores son comunes. A juzgar por una nota de arrullo extraña, algo parecido al ronroneo de un gato, las palomas son muy comunes en los bosques.

25 de junio.—Los campos de esparceta son ahora del rosa más hermoso, y por el número de abejas que los frecuentan, el zumbido es bastante extraordinario. Este zumbido es algo más profundo que el zumbido que se oye por encima, que ha sido continuo y fuerte durante todos estos últimos días calurosos sobre casi cada campo. Los trabajadores aquí dicen que es hecho por "abejas del aire", y un hombre, viendo una abeja silvestre en una flor diferente a la del tipo de colmena, comentó: "Esa, sin duda, es una abeja del aire". Este ruido se considera una señal de buen tiempo estable.

(Capítulo II./1. Desde la publicación de la "Life and Letters", ha aparecido la nota necrológica de Charles Darwin escrita por el Sr. Huxley. (Capítulo II./2. "Proc. R. Soc." volumen 44, 1888, y "Collected Essays (Darwiniana)", página 253, 1899). Este magistral artículo es, en nuestra opinión, el mejor de la gran serie de ensayos darwinianos que debemos al Sr. Huxley. Nos aventuraríamos a recomendarlo a nuestros lectores como la mejor introducción posible a estas páginas. Existe, sin embargo, un pequeño punto en el que diferimos del Sr. Huxley. Al discutir el crecimiento de las opiniones evolucionistas del Sr. Darwin, el Sr. Huxley cita de la autobiografía (Capítulo II./3. "Life and Letters", I., página 82. En una carta a Jenyns (Blomefield) se ofrece algún relato sobre el origen de sus opiniones evolucionistas, "Life and Letters", II., página 34) un pasaje en el que el autor describe la profunda impresión causada en su mente por ciertos grupos de hechos observados en América del Sur. El Sr. Huxley continúa: "Los hechos a los que aquí se hace referencia estaban, sin duda, eminentemente adaptados para atraer la atención de un pensador filosófico; pero, hasta que las relaciones de las especies existentes con las extintas, y de las especies de las diferentes áreas geográficas entre sí, fueron determinadas con cierta exactitud, no ofrecieron más que un fundamento inseguro para la especulación. No era posible que esta determinación se hubiera efectuado antes del regreso del "Beagle" a Inglaterra; y así, la fecha (Capítulo II./4. La fecha en cuestión es julio de 1837, cuando "abrió su primer cuaderno sobre la Transmutación de las Especies") que Darwin (escribiendo en 1837) asigna al amanecer de la nueva luz que surgía en su mente, se vuelve inteligible". Esto nos parece inconsistente con la propia declaración de Darwin de que fue especialmente el carácter de las "especies del Archipiélago de las Galápagos" lo que le había impresionado. (Capítulo II./5. Véase "Life and Letters", I., página 276). Esto debe referirse a los especímenes zoológicos: sin duda estaba pensando en las aves, pero estas las había recolectado él mismo en 1835 (Capítulo II./6. Escribió en su "Diario", página 394: "Mi atención fue despertada plenamente al comparar los numerosos especímenes disparados por mí mismo y por otros grupos a bordo", etc.), y no era necesaria una determinación precisa de las formas para impresionarle con las notables especies características de las diferentes islas. Estamos de acuerdo con el Sr. Huxley en que 1837 es la fecha de la "nueva luz que surgía en su mente". Que el amanecer no llegara antes nos parece justificado por la necesidad de tiempo para producir una revolución tan grande en sus concepciones. No vemos que la suposición del Sr. Huxley sobre el efecto de la determinación de las especies, etc., tenga mucho peso. El Sr. Huxley cita una carta de Darwin a Zacharias: "Pero no me convencí de que las especies fueran mutables hasta que, creo, transcurrieron dos o tres años [después de 1837]" (véase la Carta 278). Este pasaje, que debe recordarse fue escrito en 1877, es casi irreconciliable con la evidencia directa del cuaderno de notas de 1837. En "Life and Letters", Volumen II., páginas 5 y siguientes, se cita una serie de pasajes del mismo, y es imposible leerlos sin sentir que estaba convencido de la inmutabilidad. Todavía no había llegado a una idea clara de la Selección Natural, y por tanto sus opiniones quizás no tenían, ni siquiera para él mismo, el poder de convicción irresistible que ganaron después; pero no podemos dudar de que, en el sentido ordinario de la palabra, estaba convencido de la verdad de la doctrina de la evolución. Pensaba que era "casi inútil" tratar de probar la verdad de la evolución hasta que se descubriera la causa del cambio. Y es natural que en su vida posterior se sintiera falto de convicción hasta que esa causa fue aclarada. (Capítulo II./7. Véase "Charles Darwin, his Life told, etc." 1892, página 165). Para los propósitos del presente capítulo, el punto no es muy material. Sabemos que en 1842 escribió el primer esbozo de su teoría, y que fue ampliamente ampliado en 1844. De modo que, en la fecha de las primeras cartas de este capítulo, sabemos que tenía una hipótesis de trabajo sobre la evolución que no difería en lo esencial de la expuesta en el "Origen de las Especies".

Para darse cuenta de la cantidad de trabajo que estaba en progreso durante el período cubierto por el Capítulo II, debe recordarse que durante parte del tiempo —a saber, de 1846 a 1854— estuvo ocupado en gran medida con su trabajo sobre los Cirripedos. (Capítulo II./8. "Life and Letters", I., página 346). Esta investigación habría ocupado completamente a un trabajador menos metódico, e incluso para quienes le veían trabajar, parecía su ocupación exclusiva. Así (por citar una historia de Lord Avebury), se dice que uno de los hijos del Sr. Darwin preguntó, refiriéndose a un vecino: "¿Entonces dónde hace él sus percebes?", como si no solo su padre, sino todos los demás hombres, debieran estar ocupados con ese grupo.

Sir Joseph Hooker, a quien va dirigida la primera carta de este capítulo, tuvo la amabilidad de proporcionar una nota sobre el origen de su intimidad con el Sr. Darwin, y esta se publica en la "Life and Letters". (Capítulo II./9. Ibid., II., página 19. Véase también "Nature", 1899, 22 de junio, página 187, donde se publican algunas reminiscencias que formaron parte del discurso de Sir Joseph en la inauguración de la estatua de Darwin en el Museo de Oxford). El estrecho trato que surgió entre ellos se llevó a cabo en gran medida por correspondencia, y las cartas del Sr. Darwin a Sir Joseph han proporcionado material biográfico de gran valor. Pero no debe olvidarse que, aparte de esto, la ciencia debe mucho a esta memorable amistad, ya que sin la ayuda de Hooker el gran trabajo de Darwin difícilmente se habría llevado a cabo en el aspecto botánico. Y Sir Joseph hizo mucho más que suministrar conocimiento y guía en asuntos técnicos: Darwin le debió una camaradería simpática e inspiradora que le animó y refrescó hasta el fin de sus días.

Una frase de una carta a Hooker escrita en 1845 muestra, tan bien como pronunciamientos más serios, cuán rápidamente el conocimiento se convirtió en amistad.

"¡Adiós! ¡Qué buena cosa es la comunidad de gustos! Siento como si le conociera desde hace cincuenta años. Adios". Y como ilustración de la permanencia del vínculo simpático entre ellos, citamos una carta de 1881 escrita cuarenta y dos años después del primer encuentro con Sir Joseph en Trafalgar Square (véase "Life and Letters", II., página 19). El Sr. Darwin escribió: "Su carta me ha animado, y el mundo no parece ni una cuarta parte tan negro esta mañana como cuando escribí antes. Sus palabras amistosas valen su peso en oro".

CARTA 13. A J.D. HOOKER. Down, jueves [11 de enero de 1844].

Mi querido señor:

Debo escribir para agradecerle su última carta y decirle cuánto me interesan todas sus opiniones y hechos. Debo permitirme interpretar a mi manera lo que dice de "no ser un buen organizador de visiones extensas" —lo cual es que usted no se entrega a las especulaciones vagas tan fácilmente iniciadas por cada aficionado y coleccionista errante. Considero que una fuerte tendencia a generalizar es un mal absoluto.

Lo que dice del Sr. Brown es humillante; lo había sospechado, pero no quería permitirme creer en tal herejía. Fitz-Roy le dio un rapapolvo en su prefacio (13/1. En el prefacio de los "Surveying Voyages of the 'Adventure' and the 'Beagle'", 1826-30, que forma el Volumen I de la obra, el cual incluye el viaje posterior del "Beagle", el capitán Fitz-Roy escribió (marzo de 1839): "El capitán King se tomó grandes molestias en formar y conservar una colección botánica, ayudado por una persona embarcada exclusivamente para ese propósito. Colocó esta colección en el Museo Británico y fue llevado a esperar que un botánico de primera clase la examinara y describiera; pero ha quedado decepcionado". Una referencia a la morosidad de Robert Brown respecto a la colección de King aparece en la "Life and Letters", I., página 274, nota), y le indignó mucho, pero parece que una reprimenda mucho más dura no se habría desperdiciado. Mi colección criptogámica fue enviada a Berkeley; no era grande. No creo que haya publicado aún un relato, pero me escribió hace algún año que había descrito [los especímenes] y extraviado todas sus descripciones. ¿No sería bueno que usted se pusiera en comunicación con él, pues de lo contrario, tal vez algo sea trabajado dos veces? Mi mejor (aunque pobre) colección de criptógamas fue de las islas Chonos.

¿Tendría la amabilidad de observar un pequeño hecho para mí: si alguna especie de planta, peculiar de alguna isla, como Galápagos, Santa Elena o Nueva Zelanda, donde no hay grandes cuadrúpedos, tiene semillas con garfios —tales garfios que, si se observaran aquí, se pensaría con justicia que están adaptados para engancharse en la lana de los animales?

¿Me obligaría aún más en algún momento informándome (aunque olvido que esto aparecerá ciertamente en su "Flora Antarctica") si en islas como Santa Elena, Galápagos y Nueva Zelanda, el número de familias y géneros es grande en comparación con el número de especies, como sucede en las islas de coral, y como creo que ocurre en la tierra ártica extrema? Ciertamente este es el caso con las conchas marinas en los mares árticos extremos. ¿Supone usted que la escasez de especies en proporción al número de grandes grupos en los islotes de coral se debe a la posibilidad de que semillas de todos los órdenes sean arrastradas a tales lugares nuevos, como he supuesto? ¿Recolectó usted conchas marinas en la tierra de Kerguelen? Me gustaría conocer su carácter.

Sus interesantes cartas me tientan a ser muy irrazonable al hacerle preguntas; pero no debe tomarse ninguna molestia con ellas, pues sé cuán plena y dignamente está empleado. (13/2. El resto de la carta ha sido publicado anteriormente en "Life and Letters", II., página 23).

Además de un interés general por las tierras del sur, he estado desde mi regreso ocupado en una obra muy presuntuosa, y no conozco a ningún individuo que no diría que es una obra muy insensata. Quedé tan impresionado con la distribución de los organismos de las Galápagos, etc., y con el carácter de los mamíferos fósiles americanos, etc., que decidí recolectar a ciegas todo tipo de hechos que pudieran influir de alguna manera en lo que son las especies. He leído montones de libros de agricultura y horticultura, y nunca he dejado de recolectar hechos. Por fin han venido destellos de luz, y estoy casi convencido (totalmente contrario a la opinión con la que empecé) de que las especies no son (es como confesar un asesinato) inmutables. ¡Que el Cielo me libre de la tontería de Lamarck sobre una "tendencia a la progresión", "adaptaciones por el lento deseo de los animales", etc.! Pero las conclusiones a las que llego no son muy diferentes de las suyas; aunque los medios de cambio sí lo son totalmente. Creo haber descubierto (¡he aquí la presunción!) la forma sencilla por la cual las especies se adaptan exquisitamente a diversos fines. Ahora usted gemirá y pensará para sí mismo: "¿en qué hombre he estado malgastando mi tiempo y escribiendo?". Yo, hace cinco años, lo habría pensado... (13/3. Sobre las cuestiones aquí tratadas, véase la interesante carta a Jenyns en la "Life and Letters", II., página 34).

CARTA 14. A J.D. HOOKER. [Noviembre] 1844.

...¡Qué curioso y maravilloso caso es el del Lycopodium! (14/1. Sir J.D. Hooker escribió el 8 de noviembre de 1844: "Estoy firmemente convencido (pero no lo suficiente como para imprimirlo) de que L. Selago varía en la Tierra de Van Diemen hacia L. varium. No se pueden concebir dos ESPECIES más diferentes (como se ha pensado hasta ahora), per se, pero en ninguna otra parte varían una hacia la otra, ni Selago varía en absoluto en Inglaterra")... Supongo que difícilmente habría esperado usted que fueran más variables que una planta fanerógama. Confío en que usted resolverá el caso y, aun sin apoyo, lo publicará, pues seguramente puede hacerlo con la debida cautela. He oído hablar de algunos hechos análogos, aunque a pequeña escala, en ciertos insectos que son más variables en un distrito que en otro, y creo que lo mismo ocurre con algunas conchas terrestres. Por extraño azar, había anotado pedirle en esta carta una pregunta análoga, con respecto a los géneros, en lugar de especies individuales; es decir, si conoce usted algún caso de un género con la mayoría de sus especies variables (digamos Rubus) en un continente, que tenga otro conjunto de especies en otro continente no variables, o no de manera tan marcada. El Sr. Herbert (14/2. Sin duda el deán Herbert, el horticultor. Véase "Life and Letters", I., página 343) mencionó incidentalmente en una carta que las brezas en el Cabo de Buena Esperanza eran muy variables, mientras que en Europa (?) no lo son; pero entonces las especies aquí son pocas en comparación, de modo que el caso, incluso si fuera cierto, no es bueno. En algunos géneros de insectos la variabilidad parece ser común en partes distantes del mundo. En las conchas, espero obtener más adelante mucha luz sobre esta cuestión a través de los fósiles. Si puede usted ayudarme, se lo agradecería mucho: de hecho, todas sus cartas me son de gran utilidad.

LUNES: Ahora, por su primera carta larga, y para mí tan interesante como larga. Varias cosas son completamente nuevas para mí en ella; a saber, por una, su creencia de que hay más especies extratropicales que intratropicales. Veo que mi argumento de las regiones árticas es falso, y no habría intentado discutir contra usted si no hubiera imaginado que usted pensaba que la uniformidad del clima era la causa directa de la creación de un mayor o menor número de especies. Veo que usted llama a nuestro clima uniforme; yo habría pensado que era lo contrario. De cualquier modo, el término es vago, y en Inglaterra dependerá de si una persona lo compara con Estados Unidos o con Tierra del Fuego. En mi Diario (página 342) veo que declaro que en el sur de Chiloé, a una altura de unos 1.000 pies, los bosques tenían un aspecto fueguino: recuerdo claramente que al nivel del mar en el centro de Chiloé el bosque tenía un aspecto casi tropical. Me gustaría mucho saber, si usted lo averigua, si los límites N. o S. de una planta son los más restringidos; habría esperado que fueran los S., en las regiones templadas, debido a que el número de especies antagonistas es mayor. N.B. Humboldt, cuando estuvo en Londres, me habló de algún río (14/3. El Obi (véase "Flora Antarctica", página 211, nota). Hooker escribe: "Algunos de los árboles más conspicuos alcanzan cualquiera de sus orillas, pero no las cruzan") en el noreste de Europa, en cuyas orillas opuestas la flora era, en el mismo suelo y bajo el mismo clima, ¡ampliamente diferente!

Olvido (14/4. El último párrafo está publicado en "Life and Letters", II., página 29) mi última carta, pero debe haber sido una muy tonta, ya que parece que di mi noción de que el número de especies está en gran medida gobernado por el grado en que el área ha sido a menudo aislada y dividida. Debo haber estado chiflado para haberla escrito, pues no tengo evidencia, a menos que una persona esté dispuesta a admitir todas mis opiniones, y entonces sí se sigue.

(14/5. El resto de la carta anterior se publica en la "Life and Letters", II., página 29. Es interesante por ofrecer sus opiniones sobre la mutabilidad de las especies. Así, escribió: "Con respecto a los libros sobre este tema, no conozco ninguno sistemático, excepto el de Lamarck, que es verdadera basura; pero hay abundancia, como Lyell, Pritchard, etc., sobre el punto de vista de la inmutabilidad". Por "Pritchard" se entiende sin duda James Cowles "Prichard", autor de la "Physical History of Mankind". El Prof. Poulton ha dado en su artículo, "A remarkable Anticipation of Modern Views on Evolution" (14/6. "Science Progress", Volumen I., abril de 1897, página 278), un interesante estudio de la obra de Prichard. Muestra que Prichard estaba adelantado a su tiempo en sus opiniones sobre la no transmisión de caracteres adquiridos. El Prof. Poulton también intenta mostrar que Prichard era evolucionista. Admite que Prichard escribió con vacilación, y que en las últimas ediciones de su libro sus opiniones se debilitaron. Pero, incluso con estas calificaciones, pensamos que Poulton ha exagerado involuntariamente el grado en que Prichard creía en la evolución.

Una de las frases más fuertes de Prichard es citada por Poulton (loc. cit., página 16); ocurre en la "Physical History of Mankind", Ed. 2, Volumen II., página 570:

"¿No es probable que las variedades que surgen dentro de los límites de especies particulares sean adaptaciones adicionales de la estructura a las circunstancias bajo las cuales la tribu está destinada a existir? Las variedades se ramifican de la forma común de una especie, tal como las formas de las especies se desvían del tipo común de un género. ¿Por qué debería una clase de fenómenos estar sin fin o utilidad, un mero efecto de contingencia o azar, más que la otra?"

Si este pasaje, y otros similares, estuvieran solos, podríamos estar de acuerdo con el Prof. Poulton; pero esto es imposible cuando encontramos en el Volumen I. de la misma edición, página 90, la siguiente declaración intransigente de inmutabilidad:

"El significado atribuido al término especie, en la historia natural, es muy simple y obvio. Incluye solo una circunstancia; a saber, una distinción original y transmisión constante de cualquier carácter. Una raza de animales, o plantas, marcada por cualquier peculiaridad de estructura que siempre ha sido constante e invariable, constituye una especie".

En la página 91, al hablar de la idea de que las especies que componen un género pueden haber descendido de una forma común, dice:

"Debe, de hecho, haber algún principio sobre el cual los fenómenos de semejanza, así como los de diversidad, puedan explicarse; y la referencia de varias formas a un tipo común parece calculada para sugerir la idea de alguna afinidad original; pero, como esto es meramente una conjetura, debe mantenerse fuera de la vista cuando nuestras investigaciones se refieren solo a materias de hecho".

Esta opinión se da de nuevo en el Volumen II., página 569, donde pregunta si debemos creer que "¿en la primera producción de un género, cuando creció por primera vez en existencia, alguna leve modificación en las causas productivas lo marcó originalmente con todas estas diversidades específicas? ¿O es más probable que la modificación fuera posterior a su origen, y que el género en su primera creación fuera uno y uniforme, y luego se diversificó por la influencia de agentes externos?". Concluye que "la primera de estas suposiciones es la conclusión a la que nos lleva todo lo que puede ser determinado con respecto a los límites de las especies, y la extensión de la variación bajo la influencia de causas que actualmente existen y operan".

A pesar del hecho de que Prichard no llevó sus ideas a su conclusión lógica, puede quizás causar sorpresa que el Sr. Darwin hablara de él como absolutamente del lado de la inmutabilidad.

Creemos que se explica en parte (como sugiere Poulton) por el hecho de que el Sr. Darwin poseía solo la tercera edición (1836 y 1837) y la cuarta edición (1841-51). (14/7. La edición de 1841-51 consiste en reimpresiones de la tercera edición y tres volúmenes adicionales de varias fechas. Los Volúmenes I. y II. son descritos en la página de título como la cuarta edición; los Volúmenes III. y IV. como la tercera edición, y el Volumen V. no tiene edición marcada en la página de título). En ninguna de estas es el punto de vista evolucionista tan fuerte como en la segunda edición.

Hemos revisado todos los pasajes marcados por el Sr. Darwin para referencia futura en la tercera y cuarta ediciones, y solo hemos podido encontrar el siguiente, que ocurre en la tercera edición (Volumen I., 1836, página 242) (14/8. Hay también (ed. 1837, Volumen II., página 344) una vaga referencia a la Selección Natural, de la cual la última frase está encerrada a lápiz entre comillas, como si el Sr. Darwin hubiera tenido la intención de citarla: "En otras partes de África la variedad xántica [del hombre] a menudo aparece, pero no se multiplica. Los individuos así caracterizados son como semillas que perecen en un suelo no congenial").

«La variedad en la forma, predominante entre todas las producciones organizadas de la naturaleza, se encuentra subsistiendo entre los seres individuales de cualquier especie, incluso cuando son descendientes de los mismos padres. Otra circunstancia igualmente notable es la tendencia que existe en casi todas las tribus, ya sean de animales o de plantas, a transmitir a su descendencia y a perpetuar en su raza todas las peculiaridades individuales que hayan podido surgir de este modo. Estos dos hechos generales en la economía de los seres organizados sientan las bases para la existencia de razas diversificadas, que se originan del mismo tronco primitivo y dentro de los límites de especies idénticas».

En la página siguiente (página 243) un pasaje (no marcado por el Sr. Darwin) enfatiza la limitación que Prichard atribuía a los resultados de la variación y la herencia:--

«Incluso aquellos fisiólogos que defienden lo que se denomina la naturaleza indefinida de las especies admiten que tienen límites en el presente y bajo circunstancias ordinarias. Cualquier diversidad que tenga lugar sucede sin quebrantar el tipo característico de la especie. Este se transmite de generación en generación: las cabras producen cabras, y las ovejas, ovejas».

El pasaje de la página 242 aparece en la reimpresión de la edición de 1836-7 que forma parte de la edición de 1841-51, pero no está marcado allí por el Sr. Darwin. Él anota al final del Volumen I. de la edición de 1836-7: «Marzo de 1857. No he revisado todos estos [es decir, los pasajes marcados], pero he revisado la edición posterior»; y una entrada similar se encuentra en el Volumen II. de la tercera edición. Por tanto, es fácil comprender cómo pasó por alto el pasaje de la página 242 cuando comenzó la exposición más completa de su teoría de las especies, a la que se hace referencia en la "Vida y cartas" como el «libro inacabado». En el bosquejo histórico que precede al «Origen de las especies» se nombra a escritores como precursores cuyas pretensiones son menos sólidas que las de Prichard, y es seguro que el Sr. Darwin habría dado cuenta de él si lo hubiera considerado un evolucionista.

Los dos pasajes siguientes mostrarán que el Sr. Darwin, por su conocimiento de los libros de Prichard, estaba justificado al clasificarlo entre aquellos que no creían en la mutabilidad de las especies:

«Las diversas tribus de seres organizados fueron colocadas originalmente por el Creador en ciertas regiones, para las cuales están peculiarmente adaptadas por su naturaleza. Cada especie tuvo solo un comienzo en un único tronco: probablemente un solo par, como supuso Linneo, fue llamado primero a existir en algún lugar particular, y a la progenie se le permitió dispersarse a tanta distancia del centro original de su existencia como las facultades locomotoras que se les otorgaron, o su capacidad para soportar los cambios de clima y otros agentes físicos, les haya permitido vagar». (14/9. Prichard, tercera edición, 1836-7, Volumen I., página 96.)

El segundo pasaje está anotado por el Sr. Darwin con una lluvia de signos de exclamación:

«El significado atribuido al término ESPECIE en historia natural es muy definido e inteligible. Incluye solo las siguientes condiciones, a saber: origen separado y distinción de raza, evidenciada por la transmisión constante de alguna peculiaridad característica de organización. Una raza de animales o de plantas marcada por cualquier carácter peculiar que siempre ha sido constante e invariable constituye una especie; y dos razas se consideran específicamente diferentes si se distinguen entre sí por alguna característica que no se puede suponer que una haya adquirido, o que la otra haya perdido, a través de cualquier operación conocida de causas físicas; pues nos vemos inducidos a concluir que las tribus así distinguidas no han descendido del mismo tronco original». (14/10. Prichard, ed. 1836-7, Volumen I., página 106. Este pasaje es casi idéntico al citado de la segunda edición, Volumen I., página 90. La última parte, desde "y dos razas...", aparece en la segunda edición, aunque no está citada arriba.)

Como era su costumbre, el Sr. Darwin prendió al final del primer volumen de la edición de 1841-51 un trozo de papel que contenía una lista de las páginas donde aparecen pasajes marcados. Este papel lleva escrito a lápiz: «¡Qué parecido será todo esto a mi libro!». Las palabras parecen referirse a la discusión de Prichard sobre la dispersión de animales y plantas; ciertamente no se refieren a las opiniones evolucionistas que se encuentran en el libro.

CARTA 15. A J.D. HOOKER. Down [1844].

Le agradezco enormemente su larga carta y, en verdad, me avergüenzo del tiempo y la molestia que se ha tomado por mí; pero algún día debo escribirle de nuevo sobre el tema de su carta. Solo observaré ahora que usted ha extendido mi observación sobre el rango de las especies de conchas al rango de géneros o grupos. La analogía de las conchas solo llegaría hasta el punto de que, si dos o tres especies... se encontraran abarcando desde América hasta la India, se encontraría que se extienden a través de un espesor inusual de estratos (digamos desde el Cretácico superior hasta su lecho más bajo, o el Neocomiano). O puede invertirlo y decir que aquellas especies que abarcan todo el Cretácico tendrán rangos amplios: a saber, desde América a través de Europa hasta la India (este es un caso real con conchas en el período Cretácico).

CARTA 16. A J.D. HOOKER. Down [1845].

Debería haber escrito antes para decir que estoy muy dispuesto a suscribirme con 1 libra y 1 chelín para el hombre africano (aunque sea un asesinato a pequeña escala), y le enviaré un giro postal pagadero en Kew, si usted es tan amable de hacerse cargo de él. Gracias por su información sobre la Zoología Antártica; recibí mis números cuando estaba en la ciudad el jueves: ¿sería pedirle a su editor demasiada molestia enviar su Botánica ["Flora Antártica", por J.D. Hooker, 1844] al Athenaeum Club? podría enviar dos o tres números juntos. Me avergüenza realmente pensar que me haya dado una obra tan valiosa; todo lo que puedo decir es que aprecio su regalo de dos maneras: como su presente, y por su gran utilidad para mi trabajo sobre las especies. Me alegra mucho saber que tiene la intención de abordar este tema algún día. Me pregunto si alguna vez seremos combatientes públicos; de todos modos, me felicito por una ventaja muy injusta que le llevo, a saber, la de haber extraído más hechos y opiniones de usted que de cualquier otra persona. Me atrevo a decir que su explicación del polimorfismo en las islas volcánicas puede ser la correcta; la razón por la que siento curiosidad al respecto es el hecho de que las aves en las Galápagos son, en varios casos, especies muy refinadas, es decir, al compararlas, no tanto unas con otras, como con sus análogas del continente. De alguna manera he sentido, como usted, que una forma alpina de una planta no es una verdadera variedad; y sin embargo, no puedo admitir que el simple hecho de que la causa sea asignable deba impedir que se la llame variedad; toda variación debe tener alguna causa, por lo que la diferencia radicaría en nuestro conocimiento al ser capaces o no de asignar la causa. ¿Considera usted que una verdadera variedad debería ser producida por causas que actúan a través del progenitor? Pero incluso tomando esta definición, ¿está seguro de que las formas alpinas no se heredan de una, dos o tres generaciones? Ahora bien, ¿no sería este un experimento curioso y valioso (16/1. Para una descripción del trabajo de este tipo, véanse los artículos de G. Bonnier en la "Revue Générale", Volumen II., 1890; "Ann. Sc. Nat." Volumen XX.; "Revue Générale", Volumen VII.), a saber, conseguir semillas de alguna planta alpina, un poco más vellosa, etc., etc., que su compañera de tierras bajas, y cultivar plántulas en Kew: si esto no se ha hecho, ¿no podría usted conseguir que se haga? ¿Tiene a alguien en Escocia de quien pudiera obtener las semillas?

Me han interesado sus observaciones sobre Senecia y Gnaphalium: ¿no valdría la pena (tendría mucha curiosidad por escuchar el resultado) hacer una lista corta de los géneros generalmente considerados variables o polimórficos, como Rosa, Salix, Rubus, etc., etc., y reflexionar si tales géneros son generalmente mundanos, y más especialmente si tienen especies distintas o idénticas (o estrechamente relacionadas) en sus hábitats diferentes y distantes?

No se olvide de mí, si alguna vez tropieza con casos de la misma especie siendo MÁS o MENOS variable en diferentes países.

Con respecto a la palabra "estéril" tal como se usa para flores masculinas o poliníferas, siempre ha ofendido mis oídos terriblemente; bajo el mismo principio que ofendería oír a un semental, carnero o toro potente ser llamado estéril, porque no parían, además de engendrar, crías.

Con respecto a su sugerencia del mapa geológico, desearía con todo mi corazón poder seguirla; pero reflexione solo sobre el número de mediciones necesarias; vaya, en la actualidad no se podría hacer ni siquiera en Inglaterra, incluso con la suposición de que la tierra simplemente se ha elevado un número exacto de pies. Pero la subsidencia en la mayoría de los casos ha complicado irremediablemente el problema: vea lo que dice Jordanhill-Smith (16/2. James Smith, de Jordan Hill, autor de un artículo "Sobre la geología de Gibraltar" ("Quart. Journ. Geol. Soc." Volumen II., página 41, 1846).) de la danza de arriba abajo, muchas veces, que Gibraltar ha tenido todo dentro del período reciente. Mapas como los que Lyell (16/3. "Principios de geología", 1875, Volumen I., Placa I, página 254.) ha publicado del mar y la tierra a principios del período Terciario deben ser excesivamente inexactos: asume que cada parte en la que no se han depositado lechos terciarios, debe haber sido entonces tierra seca; una suposición muy dudosa.

Me he divertido con Chambers contra Hooker sobre la col de Kerguelen. Veo en las "Explicaciones" (cuyo espíritu, aunque no los hechos, debería avergonzar a Sedgwick) que los "Vestigios" consideran que todos los animales y plantas terrestres han pasado de formas marinas; así que Chambers está totalmente de acuerdo. ¿Oyó a Forbes, cuando estuvo aquí, dar la evidencia bastante curiosa (por una similitud en el error) de que Chambers debe ser el autor de los "Vestigios": su caso me parece una confirmación. He escrito una carta irrazonablemente larga y aburrida, así que adiós. (16/4. "Explicaciones: Una secuela de los Vestigios de la historia natural de la creación" fue publicado en 1845, después de la aparición de la cuarta edición de los "Vestigios", a modo de respuesta a las críticas sobre el libro original. La "col de K." a la que se refiere al principio del párrafo es la *Pringlea antiscorbutica*, la "col de Kerguelen" descrita por Sir J.D. Hooker en su "Flora Antártica". Lo que Chambers escribió sobre este tema no lo hemos descubierto. La mención de Sedgwick es una referencia a su severa reseña de los "Vestigios" en la "Edinburgh Review", 1845, volumen 82, página 1. Darwin la describió como impregnada "del dogmatismo del púlpito" ("Vida y cartas", I., página 344). La edición del Sr. Ireland de los "Vestigios" (1844), en la que Robert Chambers fue anunciado por primera vez auténticamente como el autor, contiene (página xxix) un extracto de una carta escrita por Chambers en 1860, en la que ocurre el siguiente pasaje: "El número de abril de la 'Edinburgh Review'" (1860) hace casi una enmienda directa por el abuso que vertió sobre mi trabajo hace varios años". Esta es la bien conocida reseña de Owen, a la que se hace referencia en la "Vida y cartas", II., página 300. La enmienda a los "Vestigios" no es tan completa como el autor sintió que era; pero estaba claramente fuera de lugar en un artículo destinado a menospreciar el "Origen"; también le dio al crítico (página 511) una oportunidad para un ataque a Sedgwick y su reseña de 1845.)

CARTA 17. A L. BLOMEFIELD [JENYNS]. Down. 14 de febrero [1845].

Me he tomado mi tiempo para agradecerle su última carta y discusión, para mí muy interesante, sobre el aumento de las especies. Desde su carta, me he encontrado con una opinión muy similar en Richardson, quien afirma que los jóvenes son expulsados por los viejos a distritos desfavorables, y allí en su mayoría perecen. Cuando uno se encuentra con estadísticas tan inesperadas sobre el aumento y la disminución y la proporción de muertes y nacimientos entre la humanidad, y en este nuestro bien conocido país, uno no debería sorprenderse en absoluto de su ignorancia, cuando, dónde y cómo se controla el aumento interminable de nuestros petirrojos y gorriones.

Gracias por sus sugerencias sobre los términos de "mutación", etc.; tenía algunas sospechas de que no era del todo correcto, y sin embargo no veo cómo llegar a mejores términos. Pasarán años antes de que publique, así que tendré mucho tiempo para pensar en mejores palabras. Desarrollo quizás serviría, solo que se aplica a los cambios de un individuo durante su crecimiento. Sin embargo, me alegro mucho de su comentario y reflexionaré sobre él.

Todos estamos bien, esposa y tres hijos, y tan florecientes como este tiempo horrible, tempestuoso y de encierro doméstico permite.

CARTA 18. A J.D. HOOKER. Down [1845].

Espero que le vaya bien con sus conferencias y que haya disfrutado de algunos paseos agradables durante el reciente tiempo encantador. Le escribo para decirle (ya que quizás podría haber tenido temores sobre el tema) que sus libros han llegado a salvo. Le estoy sumamente agradecido por ellos y los cuidaré mucho; me llevará algún tiempo leerlos con atención.

Envío hoy el manuscrito corregido del primer número de mi "Diario" (18/1. En 1842 le había escrito a su hermana: "Hablando de dinero, coseché el otro día todas las ganancias que obtendré jamás de mi "Diario" ["Diario de investigaciones, etc."] que consistió en pagar al Sr. Colburn 21 libras y 10 chelines por las copias que presenté a diferentes personas; se han vendido 1.337 copias. Este es un arreglo cómodo, ¿no es así?". Demostró estar equivocado en su lúgubre profecía, ya que la segunda edición fue publicada por el Sr. Murray en 1845.) en la Biblioteca Colonial, así que si por casualidad sabe de algún error grave en las primeras 214 páginas (si tiene mi "Diario"), le agradecería que me lo dijera.

No responda a esto por formalidad; pues debe estar muy ocupado. Acabamos de tener a los Lyell aquí, y debería tener una esposa que le impida trabajar demasiado, como la Sra. Lyell impide perentoriamente a Lyell.

CARTA 19. A J.D. HOOKER.

(19/1. Las cartas de Sir J.D. Hooker al Sr. Darwin parecen fijar la fecha en 1845, mientras que la referencia al artículo de Forbes indica 1846.)

Down [1845-1846].

Estoy particularmente agradecido por sus hechos sobre las islas solitarias que tienen varias especies de géneros peculiares; golpea en la cabeza algunas analogías mías; el punto estúpidamente nunca se me ocurrió preguntar. Me divierten sus anatemas contra la variación y compañía; diga lo que le plazca, nunca estará contento con las especies simples, "tal como son". Le desafío a endurecer su mente ante tecnicismos, como tantos de nuestros hermanos naturalistas. Me complace mucho que pensara en enviarme el artículo de Forbes. (19/2. El célebre artículo de E. Forbes "Memorias del Servicio Geológico de Gran Bretaña", Volumen I., página 336, 1846. En los "Principios" de Lyell, 7ª Edición, 1847, página 676, hace una afirmación templada de prioridad, como ya había hecho en una carta privada del 14 de octubre de 1846, a Forbes ("Vida de Sir Charles Lyell", 1881, Volumen II., página 106) tanto con respecto a la flora siciliana como al efecto de barrera de las cadenas montañosas. Véase la Carta 20 para una nota sobre Forbes.) Confieso que no puedo entender la evidencia de sus nociones de tiempo en la distribución, y no puedo evitar sospechar que son bastante vagas. Lyell precedió a Forbes en un tipo de especulación de este tipo: por ejemplo, al explicar la identidad de la Flora de Sicilia con la del sur de Italia, por haber sido totalmente elevada dentro del período reciente; y, así creo, con cadenas montañosas que separan floras. No recuerdo el hecho de Humboldt sobre las regiones de brezos. Muy curioso el caso de la retama; puedo decirle algo análogo a pequeña escala. Mi padre, cuando construyó su casa, sembró muchas semillas de retama en un banco silvestre, que no brotaron, debido, como se pensó, a que se les había echado mucha tierra encima. Unos treinta y cinco años después, al cortar una terraza, se removió toda esta tierra, y ahora el banco es una masa de retama. Veo que en cierto grado estábamos hablando con propósitos cruzados; cuando dije que [no] creía mucho en la hibridación en gran medida, no pretendía en absoluto excluir el cruce. Ha sido durante mucho tiempo una afición mía ver en cuántas flores es probable tal cruce; fue, creo, la opinión de Knight, originalmente, que toda planta debe cruzarse ocasionalmente. (19/3. Véase un artículo sobre "La ley Knight-Darwin" por Francis Darwin en "Nature", 27 de octubre de 1898, página 630.) Sin embargo, encuentro mucha dificultad para mostrar incluso una vaga probabilidad de esto; especialmente en las Leguminosas, aunque su [estructura?] está inimitably adaptada para favorecer el cruce, nunca he encontrado más que un caso de un MESTIZO NATURAL (¿ni mula?) en esta familia.

Tendré mucha curiosidad por escuchar algún relato de la aparición y origen del Tejo irlandés de Ayrshire. Y ahora, el objeto principal de mi carta: es preguntarle si echaría un vistazo a la prueba de mi capítulo de las Galápagos (19/4. En la segunda edición del "Viaje del naturalista."), donde menciono las plantas, para ver que no he cometido errores, ni deletreado incorrectamente ninguno de los nombres científicos. Como me atrevo a decir que me hará ese favor, ¿me hará saber unos días antes cuándo sale de Edimburgo y cuánto tiempo se queda en Kinnordy, para que mi carta pueda alcanzarle? No me sorprende que mi colección de la Isla James difiera de otras, ya que el húmedo distrito de tierras altas (donde dormí dos noches) está a seis millas de la costa, y probablemente ningún naturalista excepto yo haya ascendido jamás a él. Cuming ni siquiera había oído hablar de ello. Cuming me dice que estuvo en las islas Charles, James y Albemarle, y que no puede recordar por mi descripción la *Scalesia*, pero cree que podría si viera un espécimen. No tengo idea del origen de la distribución de las conchas de las Galápagos, sobre las que pregunta. Presumo (después de las excelentes observaciones de Forbes sobre las facilidades mediante las cuales se transportan las conchas embrionarias) que las conchas del Pacífico han sido llevadas allí por corrientes; pero las corrientes corren todas en la dirección contraria.

(PLACA: EDWARD FORBES 1844? De una fotografía de Hill & Adamson.)

CARTA 20. EDWARD FORBES A C. DARWIN.

(20/1. Edward Forbes estaba trabajando en su célebre artículo en las "Memorias del Servicio Geológico" para 1846. No hemos visto la carta de Darwin a la que esto es una respuesta, ni, de hecho, ninguna de sus cartas a Forbes. La fecha de la carta está fijada por la conferencia de Forbes dada en la Royal Institution el 27 de febrero de 1846 (según las "Memorias" impresas privadamente de L. Horner, II., página 94.))

Miércoles. 3, Southwark Street, Hyde Park. [1846].

Estimado Darwin

Responder a su muy bienvenida carta, lejos de ser una pérdida de tiempo, es una ganancia, pues me obliga a ser claro y comprensible en asuntos que evidentemente he presentado de manera imperfecta y con oscuridad. He dedicado toda esta semana a trabajar y escribir sobre la cuestión de la flora, pues ahora me siento lo suficientemente fuerte para dar mi prometida conferencia vespertina sobre ello en la Royal Institution el viernes, y, además, deseo tenerla en forma imprimible para los Informes de nuestro Servicio. Por lo tanto, en ningún momento puedo recibir o responder a objeciones con más beneficio que ahora. Debido a la prisa y la presión que desafortunadamente acompañan a todos mis movimientos y acciones, rara vez tengo tiempo de sobra, al prepararme para la publicación, para hacer más que dar resúmenes breves e insatisfactorios, que me temo que a menudo son extremadamente oscuros.

Ahora para sus objeciones, que han surgido de mis propias oscuridades.

No argumento en círculo sobre el caso irlandés, sino que trato la evidencia botánica de la conexión y la geológica como distintas. Solo la primera insté en Cambridge; la segunda aún no la he sostenido públicamente.

Mi argumento en Cambridge (20/2. "Sobre la distribución de plantas endémicas", por E. Forbes, "Brit. Assoc. Rep." 1845 (Cambridge), página 67) fue este: Que ninguna corriente conocida, ya sea de agua o de aire, ni medios ordinarios de transporte (20/3. Nota de Darwin sobre el transporte (hallada con la carta de Forbes): "Los argumentos de Forbes, a partir de varias plantas españolas en Irlanda que no han sido transportadas, no son sólidos, porque las corrientes marinas y las del aire, ídem, y la migración de las aves siguen las MISMAS LÍNEAS. He pensado que la falta de transporte es la mayor dificultad. Ahora vemos cuántas semillas requiere cada planta y árbol para propagarse regularmente en su propio país, pues no podemos pensar que el gran número de semillas sea superfluo, y por tanto cuán pequeña es la posibilidad de que aquí y allá se conserve una plántula solitaria en un país bien poblado"), explicaría el pequeño grupo de plantas asturianas —escasas en cuanto a especies, pero que desempeñan un papel destacado en la vegetación— que confieren un carácter botánico peculiar al sur de Irlanda; que, puesto que había aportado pruebas de que las otras floras de nuestras islas, es decir, la germánica, la cretácica y la devónica (términos utilizados topográficamente, no geológicamente), se habían adquirido mediante la migración sobre tierra continua (exceptúo por el momento la flora glacial o alpina, ya que el transporte por hielo podría haber desempeñado un gran papel en su introducción), consideré como lo más probable, y sostuve, que la introducción de esa flora irlandesa también se efectuó por los mismos medios. Sostuve también que el carácter de esta flora era más meridional y más antiguo que el de cualquiera de las otras, y que su estado fragmentario y limitado se debía probablemente a que las plantas que la componen habían sobrevivido (debido a su relativa resistencia: brezales, saxífragas, etc.) a la influencia destructora de la época glacial.

Mi argumento geológico es ahora el siguiente: la mitad de las islas del Mediterráneo, o más, están parcialmente —en algunos casos (como Malta) totalmente— compuestas por el lecho levantado del mar mioceno; también lo está una gran parte del sur de Francia, desde Burdeos hasta Montpellier; también el oeste de Portugal; y encontramos los lechos correspondientes con los mismos fósiles (Pecten latissimus, etc.) en las Azores. Un levantamiento tan general me parece indicar la existencia anterior de una gran tierra postmiocena [en] la región de lo que habitualmente se denomina flora mediterránea. (En todas partes estas islas miocenas, etc., poseen una flora de tipo verdadero). Si esta tierra existió, no se extendía hasta América, pues los fósiles del mioceno de América son representativos y no idénticos. ¿Dónde estaba, entonces, el borde o la línea costera de la misma, hacia el Atlántico? Obsérvese la forma y constancia del gran banco de fucos, y considérese que es un banco de Sargassum, y que el Sargassum allí se encuentra en una condición anormal, y que las especies de este género de fucos son esencialmente de crecimiento en el suelo, y entonces véase la probabilidad de que este banco se haya originado en una línea de costa antigua.

Ahora, habiendo argumentado así de forma independiente, primero sobre mi flora y segundo sobre las evidencias geológicas de tierra en el sector requerido, combino ambas para respaldar mi caso irlandés.

No puedo admitir que el caso del Sargassum sea paralelo al de las Confervae u Oscillatoria.

Creo tener pruebas, a partir de los fósiles de las formaciones de bloques erráticos en Irlanda, de que si tal tierra miocena existió, debe haber estado fragmentada o parcialmente fragmentada en la época del período glacial o de los bloques erráticos.

Toda objeción será recibida con gratitud.

Siempre muy sinceramente,

EDWARD FORBES.

CARTA 21. A L. JENYNS (BLOMEFIELD). Down. [1846].

Le quedo muy agradecido por su nota y por el amable regalo que tiene la intención de hacerme de su volumen. (21/1. Sin duda, las "Observations in Natural History" del difunto Sr. Blomefield. Véase "Life and Letters", II, página 31). Estoy seguro de que me gustará, pues todas las discusiones y observaciones sobre lo que el mundo llamaría puntos triviales de la Historia Natural siempre me parecen muy interesantes. En las publicaciones periódicas extranjeras que he visto no hay artículos como los que habrían escrito White, Waterton o algunos otros naturalistas en el Journal de Loudon y Charlesworth; y siempre me ha parecido una gran pérdida. Me habría gustado mucho encontrarme con usted en Londres, pero no puedo dejar mi hogar, ya que mi esposa se está recuperando de un ataque de fiebre bastante fuerte, y yo mismo estoy trabajando como un esclavo para terminar mi Geología de Sudamérica (21/2. "Geological Observations in South America" (Londres), 1846), de la cual, gracias a todos los poderes plutónicos, dos tercios ya están en imprenta, y entonces me sentiré un hombre comparativamente libre. ¿Tiene alguna idea de ir a Southampton? (21/3. La Asociación Británica se reunió en Southampton en 1846). Tengo la vaga idea de ir allí, y disfrutaría mucho encontrándome con usted.

CARTA 22. A J.D. HOOKER. Shrewsbury [finales de febrero de 1846].

Vine aquí debido a la salud de mi padre, que ha estado fallando lamentablemente últimamente, pero para mi gran alegría ha mejorado sorprendentemente... No me había enterado de su nombramiento botánico (22/1. Sir Joseph fue nombrado botánico del Servicio Geológico en 1846), y me alegro mucho por ello, especialmente porque le hará viajar y le dará un cambio de trabajo y relajación. ¿Tendrá que examinar alguna vez la creta y su unión con la arcilla de Londres y la arenisca verde? Si es así, nuestra casa sería un buen lugar central y mi caballo estaría a su disposición. ¿No podría alargar una semana este examen? En verdad nos deleitaría, y podría traer sus papeles (como Lyell) y trabajar en los ratos libres. Forbes me ha estado escribiendo sobre sus doctrinas de subsidencia; ojalá hubiera escuchado todos sus detalles, pero le he expresado en mi ignorancia mis objeciones, que descansan meramente en su excesiva base hipotética; tendré curiosidad, cuando le vea, por escuchar lo que dice. También especula sobre el sargazo. Confieso que no puedo apreciar su razonamiento sobre su continente mioceno, pero supongo que es por falta de conocimiento.

Usted alude a que la flora de Sicilia no es peculiar, y que esto es causado por su elevación reciente (bien establecida) en la mayor parte: encontrará que Lyell ha expuesto esto de forma muy clara y correcta. Los Apeninos (sobre los cuales estuve leyendo algo recientemente) parecen un caso muy curioso.

Creo que Forbes debería aludir un poco al trabajo de Lyell (22/2. Véase la carta 19) sobre casi el mismo tema que sus especulaciones; no quiero decir que Forbes desee quitarle el más mínimo crédito a él ni a ningún hombre vivo; ningún hombre, hasta donde veo, gusta tanto de dar crédito a los demás, o se eleva más por encima del mezquino ansia de celebridad personal.

Si llega a alguna conclusión más sobre el polimorfismo, me alegraría mucho conocer el resultado: es encantador tener muchos puntos fermentando en el cerebro de uno, y sus cartas y conclusiones siempre le dan a uno abundante fermentación. Ojalá pudiera siquiera corresponder a todos sus hechos, opiniones y sugerencias.

CARTA 23. A J.D. HOOKER.

(23/1. El siguiente extracto proporciona el germen de lo que se convirtió en una interesante discusión en el "Origen" (Edición I, página 147). Darwin escribió: "Sospecho también que algunos casos de compensación que han sido propuestos y asimismo algunos otros hechos, pueden ser subsumidos bajo un principio más general: a saber, que la selección natural está tratando continuamente de economizar en cada parte del organismo". Habla de la creencia general de los botánicos en la compensación, pero no cita casos).

[Septiembre de 1846].

¿Ha pensado alguna vez en la "loi de balancement" de G. St. Hilaire (23/2. Según Darwin ("Variation of Animals and Plants", 2ª edición, II, página 335), la ley del equilibrio fue propuesta por Goethe y Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) casi al mismo tiempo, pero no da referencia a las obras de estos autores. Parece, sin embargo, por la "Vie, Travaux etc., d'Etienne Geoffroy Saint-Hilaire", de su hijo Isidore, París 1847, página 214, que la ley fue dada en su "Philosophie Anatomique", de la cual la primera parte se publicó en 1818. Darwin (ibíd.) da algunos casos de la ley cumpliéndose en plantas), aplicada a las plantas? Soy consciente de que algunos zoólogos la rechazan completamente, pero ciertamente me parece que a menudo es válida en los animales. Sin duda usted conoce el tipo de hechos a los que me refiero, tales como el gran desarrollo de los caninos en los carnívoros, que aparentemente causa una disminución —una compensación o equilibrio— en el pequeño tamaño de los premolares, etc. He notado incidentalmente algunos comentarios análogos sobre plantas, pero nunca he visto que los botánicos lo discutan. ¿Puede pensar en casos en alguna especie de género, o género de familia, con ciertas partes desarrolladas extra y algunas partes contiguas reducidas? En variedades de la misma especie, las flores dobles y los frutos grandes parecen ser algo de esto: la falta de polen y de semillas equilibrándose con el número aumentado de pétalos y el desarrollo del fruto. Espero que le veamos aquí este otoño.

(24/1. En este año (1847) Darwin escribió una breve reseña de la "Natural History of the Mammalia" de Waterhouse, cuyo primer volumen había aparecido. Fue publicada en "The Annals and Magazine of Natural History", Volumen XIX, página 53. La siguiente frase es la única que muestra incluso un rastro de evolución: "tanto si vemos la clasificación como un mero artificio para transmitir mucha información en una sola palabra, o como algo más que una memoria technica, y como conectado con las leyes de la creación, no podemos dudar de que donde tales diferencias importantes en los sistemas generativo y cerebral, como las que distinguen a los Marsupiata de los Placentata, recorren dos series de animales, deberían ser dispuestos bajo rúbricas de igual valor".

Un comentario característico ocurre en referencia a la Distribución Geográfica, "ese noble tema del que todavía solo vislumbramos vagamente todo su alcance".

La siguiente carta parece ser de suficiente interés para ser publicada a pesar de las oscuridades causadas por la falta de fecha. Parece haber sido escrita después de 1847, año en el que una disputa que involucraba al Dr. King y varios "caballeros árticos" se llevó a cabo en el "Athenaeum". El Sr. Darwin habla de "Instrucciones de Historia Natural para la presente expedición". Esto posiblemente se refiera al "Admiralty Manual of Scientific Enquiry" (1849), pues queda claro, por el memorando preliminar de los Lores del Almirantazgo, que creían que el manual sería de utilidad en las próximas expediciones en busca de Sir John Franklin).

CARTA 24. A E. CRESY.

(24/2. Creemos que el Sr. Cresy era arquitecto: su amistad con el Sr. Darwin data de la instalación en Down).

Down [después de 1847].

Aunque nunca he prestado atención particular a los puntos en disputa entre el Dr. (Richard) King y los otros caballeros árticos, he leído cuidadosamente todos los artículos en el "Athenaeum", y tomé de ellos casi la misma impresión que usted transmite en su carta, por la cual le doy las gracias. Creo que ese viejo pecador, Sir J. Barrow (24/3. Sir John Barrow, (1764-1848): Secretario del Almirantazgo), ha estado en el fondo de todo el dinero desperdiciado en las expediciones navales. He sentido tan fuertemente sobre este tema que, cuando fui nombrado miembro de un comité para las instrucciones de Hist. Nat. para la presente expedición, de haber podido asistir, había resuelto expresar mi opinión sobre la poca ventaja, comparada con el gasto, obtenida por ellas. Ha habido, creo, desde el principio dieciocho expediciones; esto me parece monstruoso, considerando lo poco que se sabe, por ejemplo, sobre el interior de Australia. El país ha pagado caro el pasatiempo de Sir John. Tengo muy pocas dudas de que el Dr. King tiene toda la razón en cuanto a la ventaja de las expediciones terrestres en lo que se refiere a la geografía; y ese es ahora el objetivo principal. (24/4. Esta frase implicaría que Darwin pensaba que era inútil rescatar la expedición de Sir J. Franklin. Si es así, la carta debe ser, al menos, tan tardía como 1850. Si las dieciocho expediciones mencionadas arriba son "expediciones de búsqueda", esto también llevaría la fecha de la carta a 1850).

CARTA 25. A RICHARD OWEN. Down [26 de marzo de 1848].

Mi querido Owen

No sé si sus instrucciones manuscritas han sido entregadas; pero incluso si no lo han sido, imagino que lo que voy a escribir será absolutamente superfluo (25/1. Los resultados de la experiencia del Sr. Darwin dados en la carta anterior fueron incorporados por el Prof. Owen en la sección "On the Use of the Microscope on Board Ship", que forma parte del artículo "Zoology" en el "Manual of Scientific Enquiry, Prepared for the Use of Her Majesty's Navy" (Londres, 1849)), pero he derivado una ventaja infinitamente grande de mi nuevo microscopio simple, en comparación con el que utilicé a bordo del "Beagle", y que me recomendó R. Brown ("Life and Letters", I, página 145), que no puedo renunciar a la simple posibilidad de ventaja de insistir en esto ante usted. El punto principal de diferencia consiste simplemente en tener la platina para los platillos muy grande y fija. El mío sostiene un platillo de tres pulgadas de diámetro interior. Nunca he visto un microscopio como el mío, aunque el de Chevalier (de cuyo plano se toman muchos puntos del mío), de París, se le acerca bastante. Aprecio plenamente la absoluta ABSURDIDAD de darle consejos sobre los medios de disección; pero he apreciado yo mismo la enorme desventaja de haber trabajado con un mal instrumento, aunque hace unos años lo pensara el mejor. Por favor, observe que, a menos que llame especialmente la atención sobre este punto, los ignorantes en Historia Natural seguramente conseguirán uno de los instrumentos de juguete que se venden en las tiendas. Si le pareciera adecuado, señalaría las diferencias que, por mi experiencia, hacen un microscopio útil para el tipo de disección de los invertebrados que una persona podría intentar a bordo de un buque. Pero le ruego que crea de nuevo que siento la absurdidad de esta carta, y escribo meramente por la posibilidad de que usted, poseyendo gran habilidad y habiendo trabajado con buenos instrumentos, [no sea] posiblemente consciente de la asombrosa diferencia que el tipo de microscopio supone para aquellos que no han sido entrenados en habilidad para la disección bajo el agua. Cuando vuelva a la ciudad (la última vez me lo impidió la enfermedad) debo visitarle, e informarle, para mi propia satisfacción, de un punto realmente (creo) curioso que he descubierto en mis amados percebes. No puede imaginar cuánto disfruté nuestra charla aquí.

Siempre, mi querido Owen, Suyo sinceramente, C. DARWIN.

P.D.--Si no tengo noticias, entenderé que mi carta es superflua. Smith y Beck quedaron tan complacidos con el microscopio simple que hicieron para mí, que han hecho otro como modelo. Si es consultado por algún joven naturalista, recomiéndeles que vean esto. Realmente siento una gratitud personal hacia esta forma de microscopio, y un odio absoluto hacia el mío antiguo.

CARTA 26. A J.S. HENSLOW. Down [1 de abril de 1848].

Gracias por su nota y por darme la oportunidad de verle en la ciudad; pero estaba fuera de mi poder aprovecharla, pues había planeado previamente ir a Londres el lunes. Me habría gustado mucho verle. Gracias también por su discurso (26/1. Una conferencia introductoria pronunciada en marzo de 1848 en la primera reunión de una Sociedad "para dar instrucción a las clases trabajadoras en Ipswich en varias ramas de la ciencia, y especialmente en historia natural" ("Memoir of the Rev. J.S. Henslow", por Leonard Jenyns, página 150), que me gusta mucho. La anécdota sobre Whewell y las mareas la había olvidado por completo; creo que se ajusta bastante a la verdad. Disiento un poco de una de sus frases, a saber: "Por muy encantadora que sea cualquier búsqueda científica, si no tiene una aplicación total, no es más útil que construir castillos en el aire". ¿No deducirían sus oyentes de esto que el uso práctico de cada descubrimiento científico debería ser inmediato y obvio para hacerlo digno de admiración? ¡Qué hermoso ejemplo es el cloroformo de un descubrimiento realizado a partir de investigaciones puramente científicas, que después llegó casi por casualidad al uso práctico! Por mi parte, sin embargo, tomaría una posición más elevada, pues creo que existe, y lo siento dentro de mí, un instinto por la verdad, o el conocimiento, o el descubrimiento, de algo de la misma naturaleza que el instinto de la virtud, y que el hecho de que tengamos tal instinto es razón suficiente para las investigaciones científicas sin que se deriven de ellas resultados prácticos. Se preguntará qué me hace divagar tanto, pero he estado trabajando muy duro durante los últimos dieciocho meses en la anatomía, etc., de los Cirripedia (sobre los cuales publicaré una monografía), y algunos de mis amigos se ríen de mí, y me temo que el estudio de los Cirripedia siempre permanecerá "totalmente sin aplicación", y sin embargo siento que tal estudio es mejor que construir castillos en el aire.

CARTA 27. A J.D. HOOKER, en casa del Dr. Falconer, Jardín Botánico, Calcuta. Down, 10 de mayo de 1848.

Ciertamente me alegró ver su letra; pero sentí casi pesar al contemplar lo larga que era la carta que había escrito. Sé que usted es indomable en el trabajo, pero recuerde cuán precioso es su tiempo y no lo malgaste en sus amigos, por mucho placer que pueda brindarles. Una carta así me habría costado medio día de trabajo. ¡Qué magníficamente parece ir todo! Le envidio la visión de toda esa gloriosa vegetación. Me complace y sorprende mucho que haya sido capaz de observar tanto en el mundo animal. Sin duda lleva un diario, y será excelente, estoy seguro, cuando se publique. Todos estos datos sobre los animales lucirán magníficamente en él. Puedo comprender perfectamente la dificultad que menciona sobre no saber qué es lo que se conoce zoológicamente en la India; pero los hechos observados, tal como usted los observará, no empeoran por reiterarse. ¿Vio al Sr. Blyth en Calcuta? Sería un hombre excelente para decirle qué se sabe sobre la zoología india, al menos en lo que respecta a los vertebrados. Es un tipo muy listo, extraño y salvaje, que nunca hará lo que podría hacer por no ceñirse a un solo tema. Por cierto, si lo ve en algún momento, trate de no olvidar darles mis recuerdos muy afectuosos; me gustó todo lo que vi de él. Su carta fue justo la que me cautivó, con todos sus hechos para mi libro sobre las especies, y estoy verdaderamente agradecido por un recuerdo tan amable de mi persona. No olvide indagar sobre el origen, aunque solo se conozca por tradición, de cualquier variedad de cuadrúpedos domésticos, aves, gusanos de seda, etc. ¿Existen abejas domésticas? Si es así, las colmenas deberían traerse a casa. De todos los hechos que menciona, el de que el [ilegible] salvaje, al cruzarse con el doméstico, produzca descendencia algo estéril, es el más sorprendente: seguramente deben ser especies diferentes. La mayoría de los zoólogos dudaría absolutamente de tal afirmación y consideraría el resultado como una prueba de que son especies distintas. Yo no llego tan lejos, pero el caso parece altamente improbable. Blyth ha estudiado los rumiantes de la India. Me ha impresionado mucho lo que dice sobre las plantas de las tierras bajas que ascienden a las montañas, pero las alpinas que no descienden. Cómo deseo que suba algunas montañas en Borneo; ¡qué curioso será el resultado! Por cierto, nunca supe por usted qué afinidad tiene la flora de las Maldivas, lo cual es cruel, ya que me tentó haciéndome adivinar. A veces me lamento por su viaje a la India cuando pienso en todas sus riquezas encerradas. ¿Cuándo veré una memoria sobre las floras insulares y las del Pacífico? ¡Qué gran tema sería el de las floras alpinas del mundo (27/1. El Sr. William Botting Hemsley, F.R.S., de los Jardines Reales de Kew, está ahora ocupado en una monografía de las plantas alpinas de gran altitud del mundo.), hasta donde se conoce; y además nunca ha echado un coup d'oeil sobre la similitud y disimilitud de las floras ártica y antártica. Bueno, gracias a los cielos, cuando vuelva usted será, nolens volens, una pieza fija. Me alegra especialmente que haya estado en el carbón; a menudo, desde que se fue, he estado divagando sobre el tema, y nunca descansaré tranquilo en el cementerio de Down sin que el problema sea resuelto por alguien antes de que yo muera. Hablando de morir, le diré que mi maldito estómago sigue igual; de hecho, últimamente ha estado algo peor, pero durante el último año, creo, he sido capaz de hacer más trabajo. No he hecho nada más que los percebes, excepto, en efecto, un pequeño artículo teórico sobre bloques erráticos (27/2. "Sobre el transporte de bloques erráticos de un nivel inferior a uno superior" ("Quart. Journ. Geol. Soc." Volumen IV, páginas 315-23. 1848). En este artículo Darwin favorece la opinión de que el transporte de bloques fue efectuado por hielo costero. Un artículo anterior titulado "Notas sobre los efectos producidos por los antiguos glaciares de Caernarvonshire, y sobre los bloques transportados por hielo flotante" ("Phil. Mag." 1842, página 352) es calificado por Sir Archibald Geikie como situado "casi en la cima de la larga lista de contribuciones inglesas a la historia de la Edad de Hielo" ("Charles Darwin," Serie "Nature", página 23).), y las Instrucciones Geológicas Científicas para el Volumen del Almirantazgo (27/3. "Un manual de investigación científica, preparado para el uso de la Marina de Su Majestad, y adaptado para viajeros en general." Editado por Sir John F.W. Herschel, Bart. Sección VI.--Geología--por Charles Darwin. Londres, 1849. Véase "Life and Letters", páginas 328-9.), que me costaron cierto esfuerzo. Este trabajo, editado por Sir J. Herschel, es una muy buena labor, en la medida en que los capitanes de los barcos de guerra verán ahora que el Almirantazgo se preocupa por la ciencia, y así favorecerán a los naturalistas a bordo. En cuanto a un hombre que no es científico por naturaleza, no creo que las instrucciones le sirvan de nada; y si es científico y sirve para algo, las instrucciones serán superfluas. No sé quién se encarga de la botánica; Owen se encarga de la zoología, y le he enviado un relato de mi nuevo microscopio simple, que considero perfecto, incluso mejor que el suyo de Chevalier. N.B. He conseguido un objetivo de 1/8 de pulgada, y es magnífico. He avanzado bien con mis queridos Cirripedia, y me vuelvo más hábil en la disección. He resuelto bastante bien el sistema nervioso en varios géneros, y he descubierto sus oídos y fosas nasales (27/4. Para los sacos olfativos, véase la "Monografía de los Cirripedia" de Darwin, 1851, página 52.), que eran totalmente desconocidos. Últimamente he conseguido un cirrípedo bisexual, siendo el macho microscópicamente pequeño y parásito dentro del saco de la hembra. Le cuento esto para presumir de mi teoría de las especies, pues el género más estrechamente aliado a él es, como de costumbre, hermafrodita, pero yo había observado algunos parásitos diminutos adheridos a él, y estos parásitos ahora puedo demostrar que son machos complementarios, siendo los órganos masculinos en el hermafrodita inusualmente pequeños, aunque perfectos y que contienen espermatozoides: así que tenemos casi un animal polígamo, faltando solo las hembras simples. Nunca habría descubierto esto si mi teoría de las especies no me hubiera convencido de que una especie hermafrodita debe pasar a una especie bisexual por etapas insensiblemente pequeñas; y aquí lo tenemos, pues los órganos masculinos en el hermafrodita están empezando a fallar, y hay machos independientes ya formados. Pero apenas puedo explicar lo que quiero decir, y quizás desee enviar mis percebes y mi teoría de las especies al diavolo juntos. Pero no me importa lo que diga, mi teoría de las especies es todo un evangelio. Solo hemos tenido una reunión aquí: a saber, la de los Lyell, Forbes, Owen y Ramsay, y ambos le echamos mucho de menos a usted y a Falconer... Sé más de su historia de lo que supondrá, pues la señorita Henslow tuvo la gran amabilidad de enviarme un paquete con sus cartas, y me escribió una nota tan bonita que me hizo sentirme muy orgulloso. No he oído nada en el ámbito científico que pueda interesarle. Sir H. De la Beche (27/5. El discurso presidencial pronunciado por De la Beche ante la Sociedad Geológica en 1848 ("Quart. Journ. Geol. Soc." Volumen IV, "Proceedings", página xxi, 1848).) dio un discurso muy largo y bastante aburrido; la parte más interesante fue la de Sir J. Ross. El Sr. Beete Jukes figuró en él de forma muy destacada: es realmente una cualidad muy agradable en Sir Henry la forma en que impulsa a sus subordinados. Jukes ha leído desde entonces lo que se consideró un artículo muy valioso. El hombre, no contento con el bigote, ahora luce una barba entera, y estoy seguro de que se cree como Júpiter tonans. Hace poco hubo una discusión no muy loable en una reunión de la Royal Society, donde Owen arremetió contra Mantell con furia y desprecio sobre los belemnites. ¡Qué miserables acciones provienen de la orden de la fama; el amor a la verdad por sí solo nunca haría que un hombre atacara a otro con amargura. Mi papel está lleno, así que debo desearle con todo mi corazón adiós. Que el cielo conceda que su salud se mantenga bien.

CARTA 28. A J.S. HENSLOW. The Lodge, Malvern, 6 de mayo de 1849.

Su amable nota me ha sido remitida aquí. Le sorprenderá saber que todos nosotros —niños, criados y todos— hemos estado aquí durante casi dos meses. Todo el otoño e invierno pasados mi salud fue empeorando cada vez más: náuseas incesantes, manos temblorosas y vértigos. Pensé que iba por el camino de toda carne. Habiendo oído hablar de mucho éxito en algunos casos con la cura de agua fría, decidí abandonar todos los intentos de hacer cualquier cosa y venir aquí para ponerme bajo el Dr. Gully. Ha respondido en una medida considerable: mis náuseas están muy controladas y he ganado una fuerza considerable. El Dr. G., además (y oigo que rara vez habla con confianza), me dice que tiene pocas dudas de que pueda curarme con el paso del tiempo; sin embargo, tomará tiempo. He experimentado lo suficiente como para sentirme seguro de que la cura de agua fría es un agente grande y poderoso, y un trastorno de todos los hábitos constitucionales. Hablando de hábitos, el cruel desgraciado me ha hecho dejar el rapé, ese consuelo principal de la vida. Le agradecemos sinceramente su pronta y temprana invitación a Hitcham para la Asociación Británica de 1850 (28/1. La invitación probablemente no fue para 1850, sino para 1851, cuando la Asociación se reunió en Ipswich.): si me pongo bien y fuerte, la aceptaré con mucho gusto; pero tal como he estado hasta ahora, un paseo diario de media docena de millas sería más de lo que podría soportar asistiendo a cualquiera de las secciones. Tengo la intención de ir a Birmingham (28/2. La Asociación se reunió en Birmingham en 1849.) si puedo; de hecho, estoy obligado a intentarlo, pues me siento honrado más allá de toda medida al ser uno de los vicepresidentes. Me alegra extraordinariamente que usted esté allí; me temo, sin embargo, que no tendremos viajes tan encantadores como los de Nuneham y Dropmore (28/3. En una carta a Hooker (12 de octubre de 1849) Darwin habla de "ese día celestial en Dropmore"). Nos quedaremos aquí al menos hasta el 1 de junio, quizás hasta el 1 de julio; y tendré que continuar con el tratamiento acuoso en casa durante varios meses más. Un efecto más singular del tratamiento es que induce en la mayoría de la gente, y eminentemente en mi caso, el estancamiento más completo de la mente. ¡He dejado de pensar incluso en los percebes! Hace algún tiempo tuve noticias de Hooker... ¡Qué magníficamente parece haber tenido éxito en todas sus empresas! Debe usted estar muy ocupado ahora. Casualmente estuve pensando el otro día en el viaje a Gamlingay a por los lirios de los valles (28/4. El lirio de los valles (Convallaria majalis) está registrado en Gamlingay por el profesor Babington en su "Flora of Cambridgeshire", página 234. (Londres, 1860.)): ah, aquellos fueron días encantadores en los que uno no tenía un órgano como el estómago, solo una boca y los apéndices masticatorios. Me sorprende mucho lo que dice, que los hombres están empezando a trabajar en serio [en] botánica. ¡Qué pérdida será para la Historia Natural que usted haya dejado de residir todo el año en Cambridge!

CARTA 29. A J.F. ROYLE. Down, 1 de septiembre [¿184-?].

Le devuelvo con muchísimas gracias su valiosa obra. Estoy seguro de que no he perdido ninguna hoja ni desordenado los números sueltos. Me he interesado al hojear los volúmenes, aunque no he encontrado tanto como había pensado posible sobre las variedades de los animales y plantas domésticos de la India, y los intentos de introducción han sido demasiado recientes para que los efectos (si los hubiera) del clima se hayan desarrollado. Sin embargo, me he quedado asombrado y encantado con la evidencia de los enérgicos intentos de hacer el bien por parte de tal número de personas, y la mayoría de ellos evidentemente no personalmente interesados en el resultado. Que prospere largo tiempo nuestro gobierno en la India. Declaro que todo el trabajo mostrado en estas transacciones es suficiente por sí mismo para hacer que uno se sienta orgulloso de sus compatriotas...

CARTA 30. A HUGH STRICKLAND.

(30/1. El primer párrafo de esta carta se publica en la "Life and Letters", I., página 372, como parte de una serie de cartas a Strickland, comenzando en la página 365, donde también se da una nota biográfica del profesor Newton. El profesor Newton escribió: "En 1841 llevó el tema de la nomenclatura de la Historia Natural ante la Asociación Británica, y preparó el código de reglas para la Nomenclatura Zoológica, ahora conocido por su nombre; cuyos principios son muy aceptados generalmente". Las razones del Sr. Darwin contra la adición del nombre del descriptor al de la especie se dan en "Life and Letters", página 366. La presente carta es de interés por dar detalles adicionales con respecto a las dificultades de Darwin.)

Down, 10 de febrero [1849].

Debo agradecerle de nuevo cordialmente su carta. Sus observaciones fructificarán hasta cierto punto, y trataré de ser más fiel a la virtud rígida y a la prioridad; pero en cuanto a llamar a Balanus "Lepas" (lo cual no se me ocurrió) no puedo hacerlo, mi pluma no lo escribirá; es imposible. Tengo grandes esperanzas de que algunas de mis dificultades desaparezcan, debido a fechas erróneas en Agassiz y a tener que fusionar varios géneros en uno; pues hasta ahora he acudido, en pocos casos, a fuentes originales. Con respecto a adoptar mis propias nociones en mi libro sobre los Cirripedia, no me gustaría hacerlo sin encontrar que otros lo aprueban, y de alguna manera pública; ni tampoco está bien adaptado, ya que nunca puedo reconocer una especie sin tener el espécimen original, lo cual afortunadamente tengo en muchos casos en el Museo Británico. Hasta aquí pretendo adoptar mi noción, en no poner nunca mihi o Darwin después de mis propias especies, y en el texto anatómico no dar nombres de autores en absoluto, ya que la parte sistemática servirá para aquellos que quieran conocer la historia de la especie tanto como yo pueda elaborarla imperfectamente.

He recibido una nota de W. Thompson (30/2. El Sr. Thompson es descrito en el prefacio de Lepadidae como "el distinguido historiador natural de Irlanda") esta mañana, y me dice que Ogleby tiene algún esquema casi idéntico al mío. Me siento bastante seguro de que hay una aversión general creciente a añadir el nombre del autor, excepto en los casos en que sea necesario. Ahora, en este momento, he visto especímenes etiquetados con un nombre específico y sin referencia; tales son desesperadamente inconvenientes; pero declaro que preferiría (como ahorro de tiempo) tener una referencia a algún segundo trabajo sistemático que al autor original, pues tengo casos de esto que apenas me ayudan, porque no sé dónde buscar entre un sinfín de papeles extranjeros periódicos. Por otro lado, uno puede hacerse con la mayoría de las obras sistemáticas y así seguir el rastro, y una especie no permanece mucho tiempo enterrada exclusivamente en un papel.

Le agradezco sinceramente su amable oferta de asistirme ocasionalmente con su opinión, y no le molestaré mucho. Tengo un caso, pero [es uno] sobre el que estoy casi seguro; así que para ahorrarle escribir, si concluyo correctamente, por favor no responda, y entenderé el silencio como asentimiento.

Olfers en 1814 convirtió a Lepas aurita Linn. en el género Conchoderma; [Oken] en 1815 dio el nombre Branta a Lepas aurita y vittata, y al hacerlo altera esencialmente la definición genérica de Olfers. Oken tenía razón (como resulta), y Lepas aurita y vittata deben formar juntas un género. (30/3. En la "Monografía sobre los Cirripedia" (Lepadidae) los nombres usados son Conchoderma aurita y virgata.) (Dejo fuera de cuestión una multitud de sinónimos posteriores.) Ahora supongo que debo retener Conchoderma de Olfers. No puedo encontrar una regla precisa en el "Informe de la Asociación Británica" para esto. Cuando un género se divide en dos, veo que el nombre antiguo se retiene para una parte y se altera para ella; así que supongo que la definición puede ampliarse para recibir otra especie, aunque los casos son algo diferentes. No habría tenido dudas si Lepas aurita y vittata se hubieran convertido en dos géneros, pues entonces, al unirse, se habría conservado el más antiguo de los dos. Ciertamente, poner Conchoderma Olfers no es del todo correcto cuando se aplica a las dos especies, pues tal no era la definición y opinión de Olfers. Si no tengo noticias, retendré Conchoderma para las dos especies...

P.D.—¿Dará usted por el silencio su consentimiento a lo siguiente?

Linneo no da tipo a su género Lepas, aunque L. balanus va primero. Varios autores algo antiguos han usado Lepas exclusivamente para la división pedunculada, y el nombre se ha dado a la familia y compuesto en nombres subgenéricos. Ahora, esto muestra que los viejos autores atribuían el nombre Lepas más particularmente a la división pedunculada. Ahora, si yo usara Lepas para Anatifera (30/4. Anatifera y Anatifa se usaban como nombres genéricos para lo que Linneo y Darwin llamaban Lepas anatifera.) me libraría de la dificultad de la segunda edición de Hill y de la dificultad de Anatifera vel Anatifa. La descripción genérica de Linneo es igualmente aplicable a Anatifera y Balanus, aunque este último va primero. ¿Debe la mera precedencia superar rigurosamente la aparente opinión de muchos naturalistas antiguos? En cuanto a usar Lepas en lugar de Balanus, no puedo. Todo el mundo entenderá lo que se quiere decir con Lepas Anatifera, de modo que la conveniencia se vería maravillosamente satisfecha así. Si no tengo noticias, entenderé que tengo su consentimiento.

CARTA 31. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN.

(31/1. En la "Life and Letters", I., página 392, hay una carta a Sir J.D. Hooker del Sr. Darwin, a quien el primero había dedicado sus "Diarios del Himalaya". El Sr. Darwin escribió allí: "Su carta, recibida esta mañana, me ha interesado extremadamente, y le agradezco sinceramente que me cuente sus viejos pensamientos y aspiraciones". Lo siguiente es la carta referida, que a petición nuestra Sir Joseph nos ha permitido publicar.)

Kew, 1 de marzo de 1854.

Ahora que mi libro (31/2. "Diarios del Himalaya", 2 volúmenes. Londres, 1854.) ha sido reconocido públicamente como de cierto valor, me siento audaz para escribirle; pues, a decir verdad, nunca he dejado de tener el recelo de que la dedicatoria pudiera resultar un cumplido muy malo, por muy amablemente que sabía que usted lo recibiría. La idea de la dedicatoria ha estado presente en mí desde una fecha muy temprana: se formó durante el viaje antártico, por amor a su propio "Diario", y nunca me ha abandonado desde entonces; ni lo habría hecho, creo, si nunca hubiera sabido más de usted que por referencias y como autor del dicho "Diario del Naturalista". Aparte de la gratificación que sentí al publicar el libro, no conozco otra mayor que su amable y cordial aceptación de la dedicatoria; y, si los críticos me hubieran ahorcado, la dedicatoria me habría causado por sí sola un dolor real. No tengo deseo de asumir una indiferencia estoica ante la opinión pública, pues estoy muy vivo ante ella, y los críticos podrían haberme irritado dolorosamente, pero nunca habrían podido causarme el pesar que la asociación de su nombre con un mal libro mío habría hecho.

Se reirá cuando le diga que, publicado mi libro, ¡me siento más allá del meridiano de la vida! Pero no sabe cómo desde mi más tierna infancia alimenté y acaricié el deseo de hacer un viaje meritorio en un país nuevo, y escribir una cuenta tan respetable de sus rasgos naturales que me diera un nicho entre los exploradores científicos del globo que habito, y transmitiera mi nombre como un colaborador útil de material original. Una combinación de ventajas muy raras me ha permitido obtener tanto de mi objetivo como me satisface, pues nunca deseé ser el más grande entre ustedes, ni la rivalidad entró jamás en mis pensamientos. Ningún objetivo ulterior ha estado presente jamás en mí en esta búsqueda. Mi ambición está plenamente gratificada por la finalización satisfactoria de mi tarea, y ahora estoy feliz de seguir al trote en botánica hasta el fin de mis días; cuesta abajo, en cierto sentido, todo el camino. Nunca volveré a tener otro objeto por el que trabajar, ni sentiré la falta de él... Tal como es, el anhelo de treinta años está satisfecho, y ahora miro hacia atrás a la vida de una manera que nunca pude anteriormente. Nunca hubo un pasado hasta ahora para mí. El fantasma siempre estuvo a la vista; tal vez sea solo un "ridiculus mus" después de todo, pero es lo suficientemente grande para mí...

(LÁMINA: T.H. HUXLEY, 1857. Fotografía de Maull & Polyblank, fotograbado de Walker & Cockerell.)

(32/1. La historia de la vida de Huxley ha sido narrada exhaustivamente en la interesante biografía editada por el Sr. Leonard Huxley. (32/2. "Life and Letters of Thomas Henry Huxley." Londres 1900.) Los lectores de este libro y de la "Life and Letters of Charles Darwin" obtienen una visión de la relación entre este par de amigos a la que poco pueden añadir nuestras palabras. Darwin comprendió plenamente la fuerza esencial de la naturaleza del Sr. Huxley; conocía, como ahora sabe el mundo entero, el delicado sentido del honor de su amigo, y siempre estuvo inclinado a apoyarse en su guía en asuntos prácticos, como en un hermano mayor. De la habilidad dialéctica y literaria del Sr. Huxley era un admirador entusiasta, y nunca olvidó lo que sus teorías debían a las dotes de combate de su "agente general". (32/3. Ibíd., I., página 171.) La estimación de Huxley sobre Darwin es muy interesante: lo valoraba sobremanera por lo que era tan sorprendentemente característico de sí mismo: el amor a la verdad. Hablaba de encontrar en él "algo más grande que la humanidad ordinaria: una sencillez y franqueza de propósito inigualables, un desinterés sublime". (32/4. Ibíd., II., página 94. Huxley habla de la muerte de Gordon y continúa: "De todas las personas que he conocido en mi vida, él y Darwin son los dos en quienes he encontrado", etc.) El mismo punto de vista aparece en la estimación de Huxley sobre el poder mental de Darwin. (32/5. Ibíd., II., página 39.) "Tenía una inteligencia clara y rápida, una gran memoria, una imaginación vívida, y lo que constituía su grandeza era la estricta subordinación de todo ello a su amor por la verdad". Esto, como análisis del equipo mental de Darwin, nos parece incompleto, aunque no pretendemos enmendarlo. No creemos que sea posible diseccionar y etiquetar las complejas cualidades que conforman lo que todos reconocemos como genio. Pero, si nos atrevemos a criticar, diríamos que las palabras del Sr. Huxley no parecen abarcar ese poder supremo de ver y pensar lo que el resto del mundo había pasado por alto, que era una de las características más llamativas de Darwin. Como arroja luz sobre la calidad de su amistad, presentamos a continuación una carta que ya ha aparecido en la "Life and Letters of T.H. Huxley", I., página 366. El Sr. L. Huxley da cuenta del colapso de salud que convenció a los amigos de Huxley de que debía encontrar descanso y alivio de la ansiedad. El Sr. L. Huxley señala acertadamente sobre la carta: "Es difícil decir si hace más honor a quien la envió o a quien la recibió". (32/6. "Life" de Huxley, I., página 366. El Sr. Darwin dejó al Sr. Huxley un legado de 1.000 libras, "como un leve recuerdo de mi afecto y respeto de toda la vida por él".)

CARTA 32. A T.H. HUXLEY. Down, 23 de abril de 1873.

Mi querido Huxley

Algunos de tus amigos (dieciocho en número) me han pedido que te informe de que han ingresado, a través de Robarts, Lubbock & Co., la suma de 2.100 libras en tu cuenta en tu banco. Hemos hecho esto para permitirte obtener el descanso completo que puedas necesitar para el restablecimiento de tu salud; y al hacerlo estamos convencidos de que actuamos por el interés público, así como de acuerdo con nuestros deseos más fervientes. Déjame asegurarte que todos somos tus cálidos amigos personales y que no hay entre nosotros ningún extraño ni mero conocido. Si pudieras haber oído lo que se dijo, o pudieras haber leído lo que, según creo, eran nuestros pensamientos más íntimos, sabrías que todos sentimos hacia ti lo que sentiríamos hacia un hermano honrado y muy amado. Estoy seguro de que corresponderás a este sentimiento y, por lo tanto, te alegrará darnos la oportunidad de ayudarte en alguna medida, ya que esto será una felicidad para nosotros hasta el último día de nuestras vidas. Permíteme añadir que nuestro plan se le ocurrió a varios de tus amigos casi al mismo tiempo y con total independencia unos de otros.

Mi querido Huxley, Tu afectuoso amigo, CHARLES DARWIN.

CARTA 33. A T.H. HUXLEY.

(33/1. La siguiente carta es una de las primeras de la larga serie dirigida al Sr. Huxley.)

Down, 23 de abril [1854].

Mi querido señor

He sacado todos los especímenes que pensé que podrían ser de alguna utilidad para usted; pero no los he mirado y no sé en qué estado se encuentran, aunque me complacería mucho si fueran de la más mínima utilidad para usted. Adjunto un catálogo de hábitats: pensé que mis notas habrían resultado de mayor utilidad. He copiado los pocos puntos que tal vez no serían evidentes en los especímenes conservados. La botella irá al Sr. Gray el próximo jueves por nuestro transportista semanal.

Estoy muy agradecido por su trabajo sobre los Mollusca (33/2. El trabajo de Huxley es "On the Morphology of the Cephalous Mollusca, etc." ("Phil. Trans. R. Soc." Volumen 143, Parte I., 1853, página 29.)); lo he leído todo con mucho interés: pero sería ridículo por mi parte hacer comentarios sobre un tema en el que soy tan completamente ignorante; pero puedo ver su gran importancia. El descubrimiento del tipo o "idea" (33/3. Huxley define su uso de la palabra "arquetipo" en la página 50: "Todo lo que quiero decir es la concepción de una forma que encarna las proposiciones más generales que pueden afirmarse respecto a los Mollusca Cephalous, situándose en la misma relación con ellos que el diagrama con un teorema geométrico, y como él, a la vez, imaginario y verdadero") (en su sentido, pues detesto la palabra tal como la usan Owen, Agassiz & Co.) de cada gran clase, no puedo dudarlo, es uno de los fines más elevados de la Historia Natural; y ciertamente muy interesante para quien lo desarrolla. Varios de sus comentarios me han interesado: sin embargo, me sorprende lo que dice contra la "anamorfosis" (33/4. El pasaje al que se hace referencia está en la página 63: "Si, sin embargo, todos los Mollusca Cephalous... fueran solo modificaciones por exceso o defecto de las partes de un arquetipo definido, entonces, creo, se sigue como consecuencia necesaria, que no tiene lugar ninguna anamorfosis en este grupo. No hay progresión de un tipo inferior a uno superior, sino simplemente una evolución más o menos completa de un tipo". Huxley parece usar el término anamorfosis en un sentido diferente al de algunos escritores. Así, en el "Dictionnaire des Termes Usites dans les Sciences Naturelles" de Jourdan, 1834, se define como la producción de una forma atípica ya sea por detención o exceso de desarrollo), yo habría pensado que el arquetipo en la imaginación era siempre en algún grado embrionario, y por lo tanto capaz [de] y generalmente sometido a un mayor desarrollo.

¿No es un hecho extraordinario la gran diferencia en la posición del corazón en diferentes especies de Cleodora? (33/5. Un género de pterópodos.) Soy partidario de que cuando cualquier parte, generalmente constante, difiere considerablemente en diferentes especies aliadas, se encontrará en algún grado variable dentro de los límites de la misma especie. Por lo tanto, esperaría que si se hubiera examinado un gran número de especímenes de algunas de las especies de Cleodora con este objetivo en mente, la posición del corazón en algunas de las especies se habría encontrado variable. ¿Puede ayudarme con algún hecho análogo?

Me complace mucho saber que no ha abandonado la idea de mencionar mi volumen sobre los cirrípedos. Todo lo que he visto desde entonces confirma todo lo de importancia declarado en ese volumen; más especialmente he podido confirmar rigurosamente en una especie anómala, mediante la evidencia más clara, que el contenido celular real de los tubos ováricos, por la acción glandular de una parte modificada del tubo continuo, pasa al material cementante: ¡de hecho, los cirrípedos hacen pegamento a partir de sus propios huevos no formados! (33/6. Sobre el error de Darwin en este punto, véase "Life and Letters", III., página 2.)

Por favor, créame, suyo sinceramente, C. DARWIN.

Le conté el caso anterior a Milne Edwards, y vi que no le dio el más mínimo crédito.

CARTA 34. A T.H. HUXLEY. Down, 2 de septiembre [1854].

Mi segundo volumen sobre los eternos percebes por fin se ha publicado (34/1. "A Monograph of the Sub-class Cirripedia. II. The Balanidae, the Verrucidae." Ray Society, 1854.), y me tomaré el placer de enviarle una copia a Jermyn Street el próximo jueves, ya que tengo que enviar otro libro entonces al Sr. Baily.

Y ahora quiero pedirle un favor: a saber, que responda a dos preguntas mías. Como usted está tan perfectamente familiarizado con los quehaceres, etc., de todos los naturalistas continentales, quiero que me dé algunos nombres de aquellos que cree que estarían interesados en mi volumen. No me refiero con el fin de hacer publicidad de mi libro, sino que no quiero enviar copias a quienes, por otros estudios, edad, etc., lo considerarían papel mojado. Por la asistencia que me han prestado, me considero obligado a enviar copias a: (1) Bosquet de Maastricht, (2) Milne Edwards, (3) Dana, (4) Agassiz, (5) Muller, (6) W. Dunker de Hesse Cassel. Ahora tengo cinco o seis copias más para distribuir, ¿sería usted tan amable de ayudarme? Había pensado en Von Siebold, Loven, d'Orbigny, Kolliker, Sars, Kroyer, etc., pero apenas sé nada sobre ninguno de ellos.

Mi segunda pregunta, es simplemente una cuestión de azar si puede responderla: es si puedo enviar estos libros o alguno de ellos (en algunos casos acompañados de especímenes) a través de la Royal Society: tengo alguna idea vaga de haber oído que la Royal Society a veces ayudaba así a sus miembros.

Acabo de leer su reseña de los "Vestiges" (34/2. En su capítulo sobre la "Recepción del Origen de las Especies" ("Life and Letters", II., páginas 188-9), el Sr. Huxley escribió: "y la única reseña sobre la que tengo remordimientos de conciencia, por el motivo de una innecesaria salvajería, es una que escribí sobre los 'Vestiges'". El artículo está en la "British and Foreign Medico-chirurgical Review", XIII., 1854, página 425. El "gran hombre" al que se hace referencia a continuación es Owen: véase la reseña de Huxley, página 439, y la "Life" de Huxley, I., página 94.), y la forma en que maneja a un gran profesor es realmente exquisita e inimitable. Me han interesado mucho otras partes, y en mi opinión es incomparablemente la mejor reseña que he leído sobre los "Vestiges"; pero no puedo dejar de pensar que es usted bastante duro con el pobre autor. Debo pensar que tal libro, si no hace ningún otro bien, extiende el gusto por la Ciencia Natural.

Pero tal vez no sea un juez imparcial, pues soy casi tan poco ortodoxo respecto a las especies como los propios "Vestiges", aunque espero que no tan poco filosófico. Qué magníficamente analiza su noción sobre la ley. No sé cuándo he leído una reseña que me interesara tanto. ¡Por los cielos, cómo debe haber brotado la sangre hacia los capilares cuando cierto gran hombre (al que con todos sus defectos no puedo evitar apreciar) la leyó!

Lamento bastante que no piense más en las etapas embriológicas de Agassiz (34/3. Véase "Origin", Edición VI., página 310: también Carta 40, Nota.), pues aunque vi cuán extremadamente débil era la evidencia, me llevó a albergar esperanzas en su veracidad.

CARTA 35. A J.D. HOOKER. Down [1854].

Con respecto a "superioridad" e "inferioridad", mis ideas son solo eclécticas y no muy claras. Me parece que un deseo inevitable de comparar a todos los animales con los hombres, como supremos, causa cierta confusión; y creo que nada más allá de tal vaga comparación se pretende, o tal vez sea incluso posible, cuando la cuestión es si dos reinos como los Articulata o Mollusca son los más altos. Dentro del mismo reino, me inclino a pensar que "más alto" suele significar aquella forma que ha experimentado más "diferenciación morfológica" a partir del embrión común o arquetipo de la clase; pero entonces, de vez en cuando, uno se siente molesto (como ha señalado Milne Edwards) por el "desarrollo retrógrado", es decir, el animal maduro que tiene menos órganos y menos importantes que su propio embrión. La especialización de las partes para diferentes funciones, o "la división fisiológica del trabajo" (35/1. Un lapsus por "división fisiológica del trabajo") de Milne Edwards concuerda exactamente (y en mi opinión es la mejor definición, cuando se puede aplicar) con lo que usted afirma que es su idea respecto a las plantas. No creo que los zoólogos estén de acuerdo en ninguna idea definida sobre este tema; y mis ideas no son más claras que las de mis hermanos.

CARTA 36. A J.D. HOOKER. Down, 2 de julio [1854].

He tenido la casa llena de visitas, y cuando hablo no puedo hacer absolutamente nada más; y desde entonces me he sentido bastante mal, de lo contrario habría respondido a su carta mucho antes de esto, pues disfruto extremadamente discutiendo puntos como los de su última nota. Pero qué villano es usted al colmar de insultos gratuitos mi teoría ELÁSTICA: bien podría llamar elástica a la virtud de una dama, como a la virtud de una teoría acomodaticia en sus favores. Diga lo que diga, siento que mi teoría me da algunas ventajas al discutir estos puntos. Pero al grano: guardo mis notas de tal manera, es decir, a granel, que no puedo poner la mano sobre ninguna referencia; ni en lo que respecta al reino vegetal recuerdo claramente haber leído ninguna discusión sobre la superioridad o inferioridad general, excepto Schleiden (imagino) sobre que las Compositae son las más altas. Ad. de Jussieu (36/1. "Monographie de la Famille des Malpighiacees", por Adrien de Jussieu, "Arch. du Museum". Volumen III., página 1, 1843.), en "Arch. du Museum", Tomo 3, discute el valor de los caracteres de las flores degradadas en las Malpighiaceae, pero dudo que esto le concierna en absoluto. Mirbel en algún lugar ha discutido alguna cuestión similar.

Las plantas se encuentran en una desventaja enorme respecto a tales discusiones al no pasar por etapas larvales. No sé si usted puede distinguir una planta inferior por no desarrollo de una inferior por degradación, que teóricamente, al menos, son muy distintas. Debo estar de acuerdo con Forbes en que un molusco puede ser más alto que un animal articulado y más bajo que otro; si a uno le preguntaran cuál es el más alto como un todo, el Reino de los Moluscos o el de los Articulados, yo buscaría y compararía el más alto en cada uno, y no compararía sus arquetipos (suponiendo que fueran conocidos, lo cual no lo son).

Pero hay, en mi opinión, casos más difíciles que cualquiera a los que hemos aludido, a saber, el de los peces; pero mis ideas no son lo suficientemente claras, y no supongo que a usted le importaría escuchar lo que pienso oscuramente sobre este tema. En lo que respecta a mi teoría elástica, todo lo que me importa es que los organismos muy antiguos (cuando son diferentes de los existentes) tiendan a parecerse a las etapas larvales o embriológicas de los existentes.

Me alegra escuchar lo que dice sobre el paralelismo: soy un total incrédulo de cualquier paralelismo que no sea una mera coincidencia. Es muy extraño, pero creo que Forbes es a menudo bastante fantasioso; su "Polaridad" (36/2. Véase Carta 41, Nota.) me enferma; es como el "magnetismo" moviendo una mesa.

Si puedo pensar en alguien propenso a aceptar sus "Illustrations" (36/3. "Illustrations of Himalayan Plants from Drawings made by J.F. Cathcart." Folio, 1855.), enviaré el anuncio. Si usted quiere completar algún número definido para ir a imprenta, pondré mi nombre con PLACER (y espero y creo que usted confiará en mí al decir esto), aunque no me suscribiría en el curso natural a ninguna obra hortícola: actúe por mí.

CARTA 37. A J.D. HOOKER. Down, [mayo] 29, 1854.

Siento verdaderamente mucho escuchar sobre su [salud]. Le ruego que escriba su propio caso (síntomas y hábitos de vida) y luego considere su caso como el de un extraño; y le pregunto si el sentido común no le ordenaría hacer ejercicio más regularmente y trabajar menos su cerebro. (N.B. Tome un baño frío y camine antes del desayuno). Estoy seguro de que a la larga no perdería tiempo. Hasta que no tenga un estómago completamente malo, no conocerá el mal realmente grande que es, moral, física y en todos los sentidos. Reflexione y actúe resueltamente. Recuerde que su problemática acción cardíaca le dijo anteriormente claramente cómo estaba probada su constitución. Pero no diré más, excepto que un hombre está loco si arriesga su salud, de la cual depende todo, incluida la salud heredada de sus hijos. No me odie por esta lección. Realmente no me sorprende que tenga algo de dolor de cabeza después de la noche del jueves, pues no debió de ser poco esfuerzo hacer un resumen de todo lo que se dijo después de la cena. Que usted estuviera tan ocupado fue un fastidio, pues había varias cosas que me habría gustado haber discutido con usted. Ciertamente fue una cena de primera clase, y la disfruté extremadamente, mucho más de lo que esperaba. Muy lejos de sentarme mal, mis visitas a Londres últimamente han comenzado a sentarle admirablemente a mi estómago; empiezo a pensar que la disipación, la vida de alto nivel, con mucho clarete, es lo que necesito, y lo que tuve durante la última visita. Vamos a actuar según este mismo principio, y de una manera muy libertina acabamos de tomar un par de abonos de temporada para ver a la Reina inaugurar el Crystal Palace. (37/1. La reina Victoria inauguró el Crystal Palace en Sydenham el 10 de junio de 1854.) ¡Cómo desearía que hubiera alguna posibilidad de que usted estuviera allí! La última gran cosa en la que estuvimos juntos respondió, estoy seguro, muy bien, y fue el funeral del Duque.

¿Ha visto la conferencia introductoria de Forbes (37/2. Edward Forbes fue nombrado profesor en Edimburgo en mayo de 1854.) en el "Scotsman" (que me prestó Horner)? está realmente ADMIRABLEMENTE hecha, aunque sin nada, tal vez, muy original, lo cual apenas podría esperarse: me ha dado una opinión incluso más alta de la que antes tenía de la variedad y pulimento de su intelecto. Es, de hecho, una pérdida irreparable para la sociedad de historia natural de Londres. Desearía, sin embargo, que no elogiara tanto a ese viejo palo seco y marrón, Jameson. En conjunto, para mi gusto, es con mucho la mejor conferencia introductoria que he leído jamás. Oigo que su discurso de aniversario es muy bueno.

Adiós, mi querido Hooker; sea sabio y bueno, y tenga cuidado con su estómago, dentro del cual, como sé muy bien, yacen el intelecto, la conciencia, el temperamento y los afectos.

CARTA 38. A J.D. HOOKER. Down, 2 de diciembre [1854].

Es usted un buen tipo para hablar de miedo a dar las gracias en la cena por la medalla. (38/1. La medalla Real fue otorgada a Sir Joseph en 1854.) Escuché que fue decididamente el mejor discurso de la velada, dado "con perfecta fluidez, distinción y dominio del lenguaje", y que mostró gran serenidad: ¿era esto último el valor desesperadamente proverbial de un cobarde? Pero es usted un buen tipo para estar tan desesperadamente asustado y luego hacer el discurso estrella. ¡Que muchas pruebas así tenga que pasar! No sé si Sir William [Hooker] estaría contento con el discurso de Lord Rosse (38/2. Presidente de la Royal Society 1848-54.) al entregarle la medalla; pero a mí me complace mucho, y realmente la relación de lo que usted ha hecho fue, creo, espléndida. Qué gran lástima que la echara a perder a medias por no haberse tomado la molestia de leerla antes. El pobre Hofmann (38/3. August Wilhelm Hofmann, el otro medallista de 1854.) salió en este aspecto incluso peor. Es realmente casi una insolencia arrogante contra todos los que no son astrónomos.

A la mañana siguiente estuve en una fiesta de desayuno muy agradable en casa de Sir R. Inglis. (38/4. Sir Robert Inglis, Presidente de la Asociación Británica en 1847. Aparentemente Darwin estuvo presente en la reunión de la tarde, pero no en la cena.) He recibido, con muchísimas gracias, los géneros aberrantes; pero no he tenido tiempo de considerarlos, ni sus comentarios sobre la geografía botánica australiana.

CARTA 39. A T.H. HUXLEY.

(39/1. La siguiente carta muestra el interés de Darwin en la adjudicación de las medallas reales. El año 1855 fue el último durante el cual sirvió en el Consejo de la Sociedad. Había servido previamente en 1849-50.)

Down, 31 de marzo de 1855.

He pensado y preguntado mucho acerca de Westwood, y realmente creo que merece sobradamente la medalla de oro. Pero si usted piensa en alguien con mayores méritos, estoy totalmente dispuesto a renunciar. De hecho, supongo que, a menos que consiga a alguien que lo secunde, no podré proponerlo.

¿Sería tan amable de leer lo adjunto y devolvérmelo? ¿Debería enviárselo a Bell? Es decir, a menos que usted objete o me convenza de lo contrario. Había pensado en Hancock, un trabajador de mayor categoría; pero, hasta donde puedo valorar, no ha hecho aún tanto como Westwood. Debo declarar que leí toda la "Clasificación" (39/2. Posiblemente la "Introducción a la clasificación moderna de los insectos" de Westwood (1839).) antes de estar en el Consejo, y siempre he reflexionado sobre el tema de las medallas. Temo que mis observaciones sean algo extensas, pero para hacerle justicia no he podido acortarlas bien. Le ruego que me diga con franqueza si lo adjunto es el tipo de escrito adecuado, pues aunque estuve una vez en el Consejo de la Royal, nunca asistí a ninguna reunión debido a mi mala salud.

Con respecto a la medalla Copley (39/3. La medalla Copley se entregó a Lyell en 1858.), tengo la firme convicción de que Lyell tiene un gran derecho a ella, pero como ya ha recibido la Medalla Real, supongo que se consideraría censurable proponerlo; y como tengo la intención (si usted no se opone y me hace cambiar de opinión) de proponer a W. para la Real, parecería, por supuesto, intolerablemente presuntuoso proponerlo también para la Copley.

CARTA 40. A T.H. HUXLEY. Down, 10 de junio de 1855.

¿Asistirá usted al Consejo de la Royal Society el próximo jueves? No he estado muy bien últimamente y dudo que pueda asistir; y si pudiera hacer algo (le ruego que oculte este escandaloso hecho), quiero ir al Crystal Palace para reunirme con los Horner, los Lyell y un grupo. Así que quiero saber si hablará usted por mí con la mayor firmeza a favor de Barrande. Usted sabe mejor que yo sus admirables trabajos sobre el desarrollo de los trilobites y su importantísima obra sobre su Zona Inferior o Primordial. Adjunto una antigua nota de Lyell para mostrar lo que él piensa. Con respecto a Dana, a quien también propuse, usted conoce bien sus méritos. Puedo hablar muy elogiosamente de su labor clasificatoria sobre los crustáceos y su Distribución Geográfica. Su Geología Volcánica es admirable y ha realizado muchos trabajos buenos sobre los arrecifes de coral.

Si asiste, no responda a esto; pero si no puede estar en el Consejo, por favor infórmeme, y supongo que tendré que asistir, si puedo.

Gracias por el resumen de su conferencia en la Royal Institution, que me interesó mucho y me entristeció un poco, pues tenía la esperanza de que las cosas hubieran sido en menor grado de otra manera. (40/1. "Sobre ciertos argumentos zoológicos comúnmente aducidos a favor de la hipótesis del Desarrollo Progresivo de la Vida Animal", Discurso, viernes 20 de abril de 1855: "Proceedings R.I." (1855). Publicado también en las "Memorias Científicas de Huxley". El conferenciante se centró principalmente en el argumento de Agassiz, que resume de la siguiente manera: "Los peces homocercos tienen en su estado embrionario colas heterocercas; por lo tanto, la heterocercalia es, en este sentido, una marca de un estado embrionario en comparación con la homocercalia, y los peces heterocercos más tempranos son embrionarios en comparación con los homocercos posteriores". Demuestra que los hechos no apoyan este punto de vista, y concluye en general "que no existe un paralelismo real entre las formas sucesivas asumidas en el desarrollo de la vida del individuo en la actualidad y las que han aparecido en diferentes épocas en el pasado"). Hace algún tiempo escuché que pronto podría felicitarle por convertirse en un hombre casado. (40/2. El Sr. Huxley se casó el 21 de julio de 1855.) Por mi propia experiencia de unos quince años, estoy muy seguro de que no hay nada en este ancho mundo que merezca más felicitaciones, y le felicito sincera y calurosamente, deseándole muchos años de tanta felicidad como este mundo pueda ofrecer.

CARTA 41. A J.D. HOOKER.

(41/1. La siguiente carta ilustra el trabajo de Darwin sobre los géneros aberrantes. En el "Origen", Edición I, página 429, escribió: "Cuanto más aberrante es una forma, mayor debe ser el número de formas de conexión que, según mi teoría, han sido exterminadas y totalmente perdidas. Y tenemos algunas pruebas de que las formas aberrantes han sufrido gravemente la extinción, pues generalmente están representadas por poquísimas especies; y las especies que existen suelen ser muy distintas entre sí, lo que implica de nuevo la extinción").

Down, 15 de noviembre [¿1855?].

En el Catálogo de Curculionidae de Schoenherr (41/2. "Genera et Species Curculionidum." (C.J. Schoenherr: París, 1833-38.)), las 6717 especies tienen un promedio de 10,17 por género. Waterhouse (que conoce bien el grupo y que ha publicado sobre la escasez de especies en géneros aberrantes) me ha dado una lista de 62 géneros aberrantes, y estos tienen un promedio de 7,6 especies; y si se elimina un solo género (que todavía no puedo creer que deba considerarse aberrante), entonces los 61 géneros aberrantes tendrían solo 4,91 especies de media. Comprobé estos resultados de otra manera. Encontré en Schoenherr 9 familias, incluyendo solo 11 géneros, y estos géneros (9 de los cuales estaban en la lista de Waterhouse) incluían solo 3,36 especies de media.

Este último resultado me llevó al "Reino Vegetal" de Lindley, en el que encontré (excluyendo talófitos y acrófitos) que los géneros incluyen cada uno 10,46 especies (¡qué cerca por azar de los Curculionidae!), y encuentro 21 órdenes que incluyen géneros únicos, y estos 21 géneros tienen una media de 7,95 especies; pero si Lindley tiene razón en que Erythroxylon (con sus 75 especies) debería estar entre las Malpighiaceae, entonces el promedio sería de solo 4,6 por género.

Pero aquí viene, según me parece, algo extraño (espero no agotarle del todo). Hay otros 29 órdenes, cada uno con 2 géneros, y estos 58 géneros tienen una media de 15,07 especies: este gran número se debe a los 10 géneros en las Smilaceae, Salicaceae (con 220 especies), Begoniaceae, Balsaminaceae, Grossulariaceae, sin los cuales los 48 géneros restantes tienen una media de solo 5,91 especies.

Este caso de los órdenes con solo 2 géneros, teniendo los géneros 15,07 especies cada uno, me parece muy desconcertante y casi desbarata la conclusión deducible de los órdenes con géneros únicos.

He ido más arriba y he probado las alianzas con 1, 2 y 3 órdenes; y en estos casos encuentro tanto pocos géneros en cada alianza como las especies, menos que el promedio de todo el reino, en cada género.

Todo esto me ha divertido, pero supongo que usted se burlará de mí y me dirá que me ciña a mis percebes. Por cierto, usted está de acuerdo conmigo en que a veces uno se siente desanimado; por ejemplo, cuando la teoría y los hechos no armonizan; pero lo que me parece aún peor, y me hace desesperar, es cuando veo que, a partir de la misma gran clase de hechos, hombres como Barrande deducen conclusiones como sus "Colonias" (41/3. Lyell se refiere brevemente al trabajo de Barrande sobre Bohemia en una carta (31 de agosto de 1856) a Fleming ("Vida de Sir Charles Lyell", II, página 225): "Me explicó in situ su notable descubrimiento de una 'colonia' de fósiles del Silúrico Superior, a 3400 pies de profundidad, en medio del grupo del Silúrico Inferior. Esto ha hecho mucho ruido, pero creo que puedo explicar la supuesta anomalía mediante, etc." (Véase Carta 40, Nota).) y su acuerdo con las líneas de Elevación de E. de Beaumont, o hombres como Forbes con su Polaridad (41/4. Edward Forbes "Sobre la manifestación de la polaridad en la distribución de los seres organizados en el tiempo" ("Edinburgh New Phil. Journal", Volumen LVII, 1854, página 332). El autor señala que "el máximo desarrollo de los tipos genéricos durante el período paleozoico fue durante sus épocas más tempranas; que durante el período neozoico fue hacia sus períodos posteriores". Así, los dos períodos de actividad se conciben como si estuvieran en los dos polos opuestos de una esfera que de alguna manera representa para él el sistema de la Naturaleza.); no me cabe duda de que antes de que pasen muchos meses estaré deseando las especies más deshonestas por ser más honestas que las teorías más honestas. Una observación más. Si siente algún interés, o puede conseguir que alguien más sienta algún interés en la cuestión de los géneros aberrantes, creo que la forma más interesante sería tomar los géneros aberrantes en cualquier gran familia natural y comprobar el número promedio de especies por género en esa familia.

¡Cómo desearía que viviéramos cerca! Me gustaría mucho hablar con usted sobre la distribución geográfica, tomada en sus rasgos más generales. He estado intentando, a partir de las producciones terrestres, tener una visión muy general del mundo, y me gustaría mucho ver hasta qué punto coincide con las plantas.

CARTA 42. A LA SRA. LYELL.

(42/1. La Sra. Lyell es hija del difunto Sr. Leonard Horner y viuda del teniente coronel Lyell, hermano de Sir Charles.)

Down, 26 de enero [1856].

Estaré muy contento de serle de alguna utilidad en lo que respecta a los escarabajos. Pero primero permítame agradecerle su amable nota y su ofrecimiento de especímenes para mis hijos. Mis hijos son todos cazadores de mariposas; y todos los jóvenes y ardientes lepidopterólogos desprecian, desde el fondo de sus almas, a los coleopterólogos.

El plan más sencillo para su fin y para el bien de la entomología, creo yo, sería ofrecer la colección al Dr. J.E. Gray para el Museo Británico con la condición de que se hiciera un juego completo para usted. Si la colección fuera valiosa en absoluto, creo que estaría muy contento de hacerlo. Si valdría la pena hacer un tercer juego dependería del valor de la colección. No supongo que usted espere que los insectos estén clasificados, pues eso sería una labor muy seria. Si no aprueba este plan, creo muy probable que el Sr. Waterhouse considere que vale la pena preparar una serie para usted, guardando duplicados para sí mismo; pero digo esto solo como una suposición. Podría confiar implícitamente en el Sr. Waterhouse, lo cual me temo, tal como van las cosas [ilegible], es más de lo que se puede decir de todos los entomólogos. Supongo que, si pensara en cualquiera de los dos planes, Sir Charles Lyell podría ver fácilmente a los caballeros y arreglarlo; pero, si no, yo podría hacerlo la próxima vez que vaya a la ciudad, lo cual, sin embargo, no será hasta dentro de tres o cuatro semanas.

Con respecto a dar a sus hijos un gusto por la Historia Natural, me aventuraré a hacer una observación: que darles especímenes, en mi opinión, tendería a destruir tal gusto. Los jóvenes deben ser coleccionistas ellos mismos para adquirir un gusto; y si yo tuviera una colección de lepidópteros ingleses, sería sistemáticamente de lo más avaro y no daría a mis hijos ni media docena de mariposas al año. Su hijo mayor tiene la frente de un observador, si hay la menor verdad en la frenología. Todos estamos mejor, pero últimamente hemos sido un hogar pobre.

CARTA 43. A J.D. HOOKER. Down [1855].

Tendría menos reparos en molestarle si tuviera alguna confianza en lo que resultaría mi trabajo. A veces pienso que será bueno, otras veces realmente siento tanta vergüenza de mí mismo como el autor de los "Vestigios" debería sentir de sí mismo. Sé bien que su bondad y amistad le harían hacer mucho por mí, pero esa no es razón para que yo sea irrazonable. No puedo ni debo olvidar que todo su tiempo está empleado en un trabajo que con seguridad será valioso. Es superfluo decir que disfruto enormemente escribiéndole y que sus respuestas me son de la mayor utilidad posible. Devuelvo con muchas gracias la prueba sobre Aquilegia (43/1. Esto parece referirse a la discusión sobre el género Aquilegia en la "Flora Indica" de Hooker y Thomson, 1855, Volumen I, Parte Sistemática, página 44. La conclusión de los autores es que "todas las formas europeas y muchas de las siberianas generalmente reconocidas pertenecen a una sola especie muy variable". Con respecto a los cirrípedos, el Sr. Darwin habló de "ciertas diferencias apenas perceptibles que se mezclan y constituyen variedades y no especies" ("Vida y Cartas", I, página 379).): me ha interesado mucho. Es exactamente como mis percebes; pero para mi propósito particular, muy desgraciadamente, tanto Kolreuter como Gartner han trabajado principalmente en A. vulgaris, canadensis y atro-purpurea, y estas son justo las especies que usted parece no haber estudiado. N.B. ¿Por qué no me deja comprar la Flora de la India? Usted es demasiado magnífico.

Ahora, un corto paseo en mi caballo de batalla (por el momento), es decir, los géneros aberrantes. Lo que usted dice bajo sus observaciones sobre Lepidodendron parece justo el caso que quiero, para dar algún tipo de prueba de lo que ambos creemos, a saber: cómo llegaron los grupos a ser anómalos o aberrantes; y creo que se requiere algún tipo de prueba, pues no creo que muchos naturalistas admitan en absoluto nuestro punto de vista.

Gracias por la advertencia sobre los grandes géneros anómalos que llaman la atención primero. No estoy del todo de acuerdo con su "grave objeción a todo el proceso", que es "que si multiplica las especies anómalas por 100 y divide las normales por lo mismo, invertirá entonces los nombres...". Pues, por tomar un ejemplo, Ornithorhynchus y Echidna no serían menos aberrantes si cada uno tuviera una docena (no digo 100, porque no tenemos tales casos en el reino animal) de especies en lugar de una. Lo que realmente haría que estos dos géneros fueran menos anómalos sería la creación de muchos géneros y subfamilias alrededor y radiando de ellos por todos lados. Así, si Australia fuera destruida, Didelphys en Sudamérica sería maravillosamente anómalo (este es su caso con las Proteaceae), mientras que ahora hay tantos géneros y pequeñas subfamilias de Marsupiata que el grupo no puede llamarse aberrante o anómalo. Sagitta (y la tijereta) es uno de los animales más anómalos del mundo, y no un ápice menos porque haya una docena de especies. Ahora bien, mi punto (que, creo, es un punto de vista ligeramente nuevo) es que, si es la extinción lo que ha hecho que el género sea anómalo, como regla general las mismas causas de extinción permitirían la existencia de solo unas pocas especies en tales géneros. Cuando nos veamos (lo que será el día 23 [en el] Club) me gustaría mucho saber si esto le parece sólido. Me siento todo el tiempo al borde de un círculo de perogrulladas. Por supuesto, no podría pensar en tal petición, pero usted podría posiblemente: si Bentham no piensa que todo el tema es basura, pídale alguna vez que elija la docena de géneros más anómalos en las Leguminosae, o cualquier gran orden del cual haya una monografía por la cual yo pudiera calcular el porcentaje ordinario de especies por género. Estoy más ansioso, ya que cuanto más pregunto, menos son los casos en los que se puede hacer. No se puede hacer en las aves, o, me temo, en los mamíferos. Dudo mucho que en cualquier otra clase de insectos [aparte de los Curculionidae].

Vi su agradable nota sobre el pobre Forbes en el "Gardeners' Chronicle", y veo en el "Athenaeum" un anuncio de la reunión del sábado pasado de sus amigos. Por supuesto, desearé suscribirme tan pronto como sea posible a cualquier memorial...

Acabo de comprobar prácticamente lo que hace el desuso en la reducción de las partes. He hecho [esqueletos] de pato salvaje y doméstico (¡oh, el olor del pato hervido y pasado!), y encuentro que el pato doméstico debería, de acuerdo con la escala del prototipo salvaje, tener sus dos alas de 360 granos de peso; pero tiene solo 317, o 43 granos de menos, o 1/7 de sus propias dos alas de menos en peso. Esto me parece bastante interesante. (43/2. Sobre las conclusiones extraídas de estas investigaciones, véase el Sr. Platt Ball, "Los efectos del uso y desuso" (Serie Naturaleza), 1890, página 55. Con respecto a sus palomas, Darwin escribió, en noviembre de 1855: "Las amo hasta tal punto que no soporto matarlas y esqueletizarlas").

P.D.--No sé si pensará que esto merece la pena leerlo. Lo he trabajado desde que escribí mi carta y tabularé todo.

21 órdenes con 1 género, teniendo 7,95 especies (¿o 4,6?).

29 órdenes con 2 géneros, teniendo 15,05 especies de media.

23 órdenes cada uno con 3 géneros, y estos géneros incluyen una media de 8,2 especies.

20 órdenes cada uno con 4 géneros, y estos géneros incluyen una media de 12,2 especies.

27 órdenes cada uno con más de 50 géneros (en total 4716 géneros), y estos géneros tienen una media de 9,97 especies.

De esto concluyo que, ya haya muchos o pocos géneros en un orden, el número de especies en un género no se ve muy afectado; pero quizás cuando [hay] solo un género en un orden sí se verá afectado, y esto dependerá de si el [género] Erythroxylon se convierte en una familia.

CARTA 44. A J.D. HOOKER. Down, 8 de abril [1856].

Me ha alegrado particularmente recibir su espléndido elogio de Lindley. Su nombre había pasado últimamente por mi cabeza, y había esperado que Miers lo hubiera propuesto para la medalla Real. Estoy totalmente de acuerdo en que la Copley (44/1. El difunto profesor Lindley nunca alcanzó el honor de la medalla Copley. La medalla Real le fue otorgada en 1857.) es más apropiada, y me atrevo a decir que no habría valorado la Real. De hojear muchos libros botánicos, y de consultar a menudo el "Reino Vegetal", me había formado (ignorante como soy) la más alta opinión de sus méritos como botánico. Si Sharpey se mantiene firme a su favor, tendríamos alguna oportunidad; pero las ciencias naturales están muy débilmente representadas en el Consejo. Sir P. Egerton, me atrevo a decir, sería firme a su favor. Usted sabe que Bell está fuera. Ahora, mi única duda es, y espero que usted considere esto, que al ser las ciencias naturales débiles en el Consejo, y (me imagino) el hombre más poderoso en el Consejo, el Coronel S[abine], estando fuertemente en contra de Lindley, si tendríamos alguna posibilidad de éxito. Sería tan fácil nombrar a algún hombre eminente cuyo nombre fuera bien conocido por todos los físicos. ¿Se enteraría Lindley y le desagradaría ser propuesto para la Copley y no tener éxito? ¿No sería mejor desde este punto de vista proponerlo para la Real? Piense en esto. Además, si Lindley no es propuesto para la Real, temo que ambas medallas Reales irían [a] físicos; pues yo, por mi parte, no quisiera proponer a otro zoólogo, aunque Hancock sería un hombre muy bueno, y me imagino que habría un sentimiento en contra de las medallas para dos botánicos. Pero para lo que sea que Lindley sea propuesto, haré lo mejor que pueda. Hablaremos de esto aquí.

CARTA 45. A J.D. HOOKER. Down, 9 de mayo [1856].

...Con respecto a Huxley, estaba a punto de hablar con Crawford y Strezlecki (que estarán en el Comité del Athenaeum) cuando me acordé de cómo se vería Owen y qué diría. ¿No puede imaginárselo, con voz lenta y suave, preguntando: "¿Podrá decirme el Sr. Crawford qué ha hecho el Sr. Huxley para merecer este honor? Solo sé que difiere de, y disputa la autoridad de Cuvier, Ehrenberg y Agassiz como si no tuviera ningún peso". Y cuando empecé a decirle al Sr. Crawford qué decir, me sentí confundido y solo pude remitirlo a algunos excelentes artículos en las "Phil. Trans." por los cuales se había concedido la medalla. Pero dudo, con una facción opuesta, si esto se consideraría suficiente, pues creo que el verdadero mérito científico no se considera suficiente sin que la persona sea generalmente conocida. Ahora quiero escuchar lo que usted piensa deliberadamente sobre este punto: sería malo conseguir que fuera propuesto y luego rechazado; y Owen es muy poderoso.

He recibido las Conferencias y las he leído. (46/1. La referencia es, presumiblemente, a las conferencias de la Royal Institution impartidas entre 1854 y 1856. Aquellas que hemos visto —a saber, las reimpresas en los "Scientific Memoirs", Volumen I.—, "On the Common Plan of Animal Form", página 281; "On certain Zoological Arguments, etc.", página 300; "On Natural History as Knowledge, Discipline, and Power", página 305, no nos parecen contener nada que pueda ofender; pero el ataque de Falconer en el "Ann. and Mag. of Nat. Hist." de junio de 1856, sobre la última conferencia mencionada, muestra un fuerte sentimiento. Una respuesta del Sr. Huxley apareció en el número de julio de la misma revista. La discusión más herética desde un punto de vista moderno se encuentra en la página 311, donde se pregunta cómo es concebible que los colores brillantes de las mariposas y las conchas o las formas elegantes de los foraminíferos puedan ser de alguna utilidad para sus poseedores; y esto es lo que especialmente impresionó a Darwin, a juzgar por las notas a lápiz en su ejemplar de la conferencia.) Aunque creo, hasta donde llega mi conocimiento, que Huxley tiene razón, pienso que su tono es demasiado vehemente, y me he aventurado a decírselo en una nota a Huxley. No había pensado en estas conferencias en relación con el Athenaeum (46/2. El Sr. Huxley fue elegido en 1858 para el Athenaeum Club bajo la Regla 2, que estipula la elección anual de "un cierto número de personas de distinguida eminencia en la ciencia, la literatura o las artes, o por servicios públicos."), pero me inclino a estar totalmente de acuerdo con usted, y en que será mejor que hagamos una pausa antes de que se diga nada... (N.B. Encontré a Falconer muy indignado por la manera en que Huxley trató a Cuvier en sus conferencias de la Royal Institution; y se lo he dicho suavemente a Huxley.) Creo que será mejor no hacer nada: intentar seriamente llevar a un gran naturalista al Athenaeum y fracasar es mucho peor que no hacer nada.

Qué extraño, divertido y vergonzoso que casi todos (Faraday y Sir J. Herschel, al menos, son excepciones) nuestros grandes hombres estén en riñas en parejas; nunca me había dado cuenta antes...

CARTA 47. C. LYELL A CHARLES DARWIN.

(47/1. En la "Life and Letters", II., página 72, se da una carta (16 de junio de 1856) a Lyell, en la que Darwin exhala su indignación sobre los "expansionistas" que creaban continentes ad libitum para satisfacer la conveniencia de sus teorías. En la página 74 se ofrece una declaración más completa de sus puntos de vista en una carta fechada el 25 de junio. No hemos visto la respuesta de Lyell a esto, pero su respuesta a la carta de Darwin del 16 de junio existe, y se imprime aquí por primera vez.)

53, Harley Street, Londres, 17 de junio de 1856.

Me sorprende que no mencionara también el artículo de D. Sharpe (47/2. "On the Last Elevation of the Alps, etc." ("Quart. Journ. Geol. Soc." Volumen XII., 1856, página 102.), recién publicado, por el cual los Alpes fueron sumergidos hasta 9.000 pies de su elevación actual sobre el mar en el período glacial y luego elevados de nuevo desde entonces. Sin admitir esto, probablemente transportaría los bloques erráticos alpinos al Jura mediante corrientes marinas, y si es así, haría de los Alpes y el Jura islas en el mar glacial. ¿Y no sumergiría la teoría glacial, tal como se entiende ahora de forma muy general, tanto de Europa como hice yo en mi mapa original de Europa, cuando simplemente expresé toda el área que en algún momento u otro había estado bajo el agua desde el comienzo del período Eoceno? Casi sospecho que la sumersión glacial lo excedería.

Pero, ¿no sería esta una medida del movimiento en cualquier otra área, septentrional (ártica), antártica o tropical, durante un período igual, oceánico o continental? Pues la conversión de mar en tierra siempre igualaría la transformación de mucha tierra en mar.

Pero todo esto se haría en una fracción del período Plioceno; las conchas glaciares apenas tienen un 1 por ciento de especies extintas. Multiplique esto por las épocas del Plioceno anterior y el Mioceno.

También olvida a un autor que, mediante atolones, se las arregló para sumergir archipiélagos (¿o continentes?), cuyas montañas debieron diferir originalmente entre sí en altura 8.000 (¿o 10.000?) pies, de modo que todas apenas surgían a la superficie a un mismo nivel, o sus sitios están marcados por boyas de coral. Nunca pude estar seguro de si pretendía que esta tremenda catástrofe, provocada por lo que Sedgwick llamó "las operaciones mezquinas de Lyell", se hubiera efectuado durante la era de las especies de corales existentes. Quizás pueda decírmelo, pues tengo mucha curiosidad por saberlo... (47/3. El autor al que se hace referencia es, por supuesto, Darwin.)

Ahora bien, aunque no hay nada en mis obras que justifique la construcción de continentes en el Atlántico y el Pacífico ni siquiera desde el período Eoceno, sin embargo, como algunas de las rocas en los Alpes centrales son en parte Eocenas, empiezo a pensar que todos los continentes y océanos pueden ser principalmente, si no todos, post-Eocenos, y el "Océano Atlántico" del Silúrico Inferior de Dana es infantil (véase el Anniversary Address, 1856). (47/4. Probablemente el Anniversary Address de Dana a la "American Association for the Advancement of Science", publicado en los "Proceedings" de 1856.) Pero hasta qué punto tiene usted libertad para invocar continentes de "las profundidades vastas" tan a menudo como necesite para transportar una Helix de los Estados Unidos a Europa en los períodos Mioceno o Plioceno es una cuestión; pues el océano se está volviendo más profundo últimamente, ¡y Haughton dice que la profundidad media es de once millas! por su reciente artículo sobre las mareas. (47/5. "On the Depth of the Sea deducible from Tidal Observations" ("Proc. Irish Acad." Volumen VI., página 354, 1853-54).) Me sorprenderá si esto resulta ser cierto mediante sondeos.

Pensé que su mente se estaba expandiendo tanto con respecto al tiempo que habría estado avanzando en relación con la posibilidad de que se crearan cadenas montañosas en una fracción del período requerido para convertir un cisne en un ganso, o viceversa. Nueve pies ganó en altura la cadena Rimutaka de Nueva Zelanda en enero de 1855, y un gran terremoto ha ocurrido en Nueva Zelanda cada siete años durante casi medio siglo. La "Washingtonia" (conífera californiana) (47/6. Washingtonia, o Wellingtonia, más conocida como Sequoia. Asa Gray, escribiendo en 1872, afirma su creencia de que "ninguna Sequoia viva puede anteceder sensiblemente la era cristiana" ("Scientific Papers", II., página 144).) exhibida recientemente tenía cuatro mil años de antigüedad, de modo que un individuo podría ver surgir una cadena de colinas, y elevarse con ella, mucho [más] una especie; y esas islas que J. Hooker describe como cubiertas con plantas de Nueva Zelanda a trescientas (?) millas al noreste (?) de Nueva Zelanda pueden haber sido separadas del continente hace dos, tres o cuatro generaciones de Washingtonia.

Si la identidad de las caracolas terrestres de todos los cientos de islas británicas se debe a que han estado unidas desde el período glacial, y la discordancia, casi total, de las conchas de Porto Santo y Madeira se debe a que han estado separadas [durante] todos los períodos Pliocenos más recientes y posiblemente anteriores, entonces nos da una concepción del tiempo que le ayudará mucho en su conversión de especies, si la inmensidad del tiempo hará todo lo que usted requiere; pues el período glacial se muestra así, como podríamos haber anticipado, despreciable en duración o en distancia de nosotros, en comparación con el Plioceno anterior, por no hablar del Mioceno, cuando nuestras especies contemporáneas estaban, aunque en minoría, empezando ya a florecer.

Las conchas litorales, según MacAndrew, implican que Madeira y las Canarias estuvieron una vez unidas al continente de Europa o África, pero que esas islas fueron separadas hace tanto tiempo que la mayoría de las especies llegaron después. En resumen, las conchas marinas cuentan la misma historia que las conchas terrestres. ¿Por qué coinciden tanto las plantas de Porto Santo y Madeira? ¿Y por qué las conchas que son iguales a las especies europeas o africanas permanecen completamente inalteradas, como las especies del Crag, que regresaron sin cambios a los mares británicos después de ser expulsadas de ellos por el frío glacial, cuando habían transcurrido dos millones (?) de años, y después de tal migración a mares más templados? Sea tan amable de explicar todo esto en su próxima carta.

CARTA 48. A J.D. HOOKER. Down, 5 de julio [1856].

Escribo esta mañana en gran tribulación sobre Tristan d'Acunha. (48/1. Véase "Flora Antarctica", página 216. Aunque Tristan d'Acunha está "a solo 1.000 millas de distancia del Cabo de Buena Esperanza, y a 3.000 del Estrecho de Magallanes, la botánica de esta isla está mucho más íntimamente aliada a la de Fuegia que a la de África.") Cuanto más reflexiono sobre su flora antártica más me quedo atónito. Usted da todos los hechos de forma tan clara y completa que es imposible no especular sobre el tema; pero me lleva a la desesperación, pues no puedo tragarme su continente; y el no ser capaz de hacerlo da, a mis ojos, un terrible triunfo a los creacionistas múltiples. Es un caso maravilloso, y qué extraño que A. De Candolle lo haya ignorado; lo cual ciertamente ha hecho, según me parece. Escribí a Lyell una larga carta geológica (48/2. "Life and Letters", II., página 74.) sobre continentes, y he tenido una respuesta muy larga e interesante; pero no puedo deducir en absoluto su opinión sobre todos sus expansionistas continentales; y he escrito de nuevo implorando un veredicto. (48/3. En la décima edición de los "Principles", 1872, Lyell añadió un capítulo (Capítulo XLI., página 406) sobre floras y faunas insulares en relación con el origen de las especies; aquí (página 410) da sus razones contra Forbes como expansionista.) Le pedí que le enviara mi carta, pues al estar bien copiada no sería molesto de leer; pero si merece la pena leerla, realmente no lo sé; en ella he expuesto las razones que me hacen estar fuertemente opuesto a las extensiones continentales.

Me alegré mucho de recibir su nota hace unos días: desearía que pensara que vale la pena, ya que pretende que se traduzca el caso del Laburnum, escribir a "Viena" (ese lugar desconocido) (48/4. Existe la tradición de que Darwin preguntó una vez a Hooker dónde estaba "este lugar, Viena, donde publican tantos libros."), y averiguar cómo se ha estado comportando el Laburnum: realmente debería saberse.

La Entada es una bestia. (48/5. Las grandes semillas de Entada scandens son ocasionalmente arrastradas por el Atlántico y arrojadas a las costas de Europa.); nunca he diferido de usted sobre que el crecimiento de una planta en una isla nueva sea una prueba MUCHO más dura que el transporte, aunque ciertamente eso parece lo suficientemente duro. De hecho, sospecho que voy incluso más lejos que usted en este aspecto; pero es una historia demasiado larga.

Gracias por los casos de Aristolochia y Viscum: ¿qué especies eran? Pregunto, porque curiosamente he visto estos dos géneros propuestos como ejemplos (olvido por quién en este momento, pero por buenos hombres) en los que la agencia de los insectos era absolutamente necesaria para la impregnación. En nuestro Viscum dioico británico supongo que debe ser necesario. ¿Había algo que mostrara que el estigma estaba listo para el polen en estos dos casos? porque parece que hay muchos casos en los que el polen se desprende mucho antes de que el estigma esté listo. Como en nuestro Viscum, los insectos llevan, con la suficiente regularidad para la impregnación, polen de flor en flor, debería pensar que debe haber cruces ocasionales incluso en un Viscum hermafrodita. Nunca he oído hablar de abejas y mariposas, solo de polillas, que produzcan huevos fértiles sin cópula.

Con respecto a la Ray Society, me beneficié tanto enormemente de que publicaran mis Cirripedia, que no puedo estar del todo de acuerdo con usted en limitarla a traducciones; no sé de qué otra manera podría haber publicado.

Acabo de enviar mi nombre por 20 libras a la Linnaean Society, pero debo confesar que lo he hecho con fuertes gemidos, mientras que supongo que usted dio sus 20 libras como un caballero de corazón ligero...

P.D. Wollaston habla con firmeza sobre que el grado intermedio entre dos variedades en insectos y moluscos es a menudo más raro que las dos variedades en sí mismas. Esto es obviamente muy importante para mí, y no es fácil de explicar. Creo que he tenido casos suyos. Pero, si usted cree en esto, desearía que me diera una frase para citarle en este sentido. Debe haber, creo, mucho de verdad en ello; de lo contrario difícilmente podría haber variedades casi distintas bajo ninguna especie, pues tendríamos en su lugar una serie de mezcla, como en las zarzas y los sauces.

CARTA 49. A J.D. HOOKER. 13 de julio de 1856.

¡Qué libro podría escribir el capellán de un demonio sobre las obras torpes, derrochadoras, chapuceras, bajas y horriblemente crueles de la naturaleza! Con respecto al cruce, por una frase en su carta creo que me malinterpreta. Estoy muy lejos de creer en los híbridos: solo en el cruce de la misma especie o de variedades cercanas. Estos dos o tres últimos días he estado observando el trigo, y me he convencido de que L. Deslongchamps está en error sobre que la impregnación tiene lugar en flores cerradas; es decir, por supuesto, solo puedo juzgar por las apariencias externas. A propósito, R. Brown me dijo una vez que se desconocía el uso del cepillo en el estigma de las gramíneas. ¿Conoce usted su uso?...

Dice usted muy acertadamente sobre las creaciones múltiples y mis nociones. Si se pudiera probar cualquier caso, yo sería aplastado; pero como estoy escribiendo mi libro, trato de tomarme tantas molestias como sea posible para dar los casos más fuertes opuestos a mí, y a menudo tales conjeturas como se me ocurren. He estado trabajando con sus libros como la mina más rica (y más vil) contra mí; ¡y qué duro trabajo me ha costado aprender su Flora de Nueva Zelanda! Como tengo que citarle tan a menudo, me gustaría hacer referencia al caso de Müller de los Alpes australianos. ¿Dónde está publicado? ¿Es un libro? Una referencia correcta sería suficiente para mí, aunque es erróneo incluso citar sin mirar uno mismo. Me gustaría mucho ver las hojas de Forbes, a las que usted se refiere; pero debo confesar (apenas sé por qué) que he llegado a desconfiar del pobre querido Forbes.

Hay una maravillosa mala lógica en su famoso y admirable artículo sobre la distribución, tal como me parece, ahora que lo he estudiado para dar los puntos principales en una página. Créame, mi dicho es verdadero, a saber: que un compilador es un gran hombre, y un hombre original un hombre común. Cualquier tonto puede generalizar y especular; pero, cielos, conseguir de segunda mano una Flora de Nueva Zelanda, eso es trabajo...

Y ahora voy a pedir un favor casi tan grande como un hombre puede pedir a otro: y lo pido unas cinco o seis semanas antes de que quiera que se haga el favor, para que parezca menos horrible. Es leer, pero bien copiado, mis páginas (¡¡unas cuarenta!!) sobre floras y faunas alpinas, floras y faunas árticas y antárticas, y el supuesto período mundano frío. Sería realmente una ventaja enorme para mí, ya que estoy seguro de que de otro modo cometeré errores botánicos. Especificaría los pocos puntos en los que más quiero su consejo. Pero es muy probable que usted se oponga sobre la base de que podría estar publicando antes que yo (espero publicar en un año a más tardar), por lo que le obstaculizaría y molestaría; y en segundo lugar, podría oponerse a la pérdida de tiempo, pues me atrevo a decir que tomaría una hora y media de lectura. Ciertamente sería de inmensa ventaja para mí; pero, por supuesto, no debe pensar en hacerlo si interfiriera con su propio trabajo.

No considero esta solicitud in futuro como una ruptura de mi promesa de no dar más problemas durante algún tiempo.

Por las cartas de Lyell, está cambiando de opinión a la velocidad del ferrocarril sobre la mutabilidad de las especies, y me autoriza a poner algunas frases en este sentido en mi prefacio.

Me reuniré con Lyell el miércoles en casa de Lord Stanhope, y le pediré que le envíe mi carta; aunque, como mis argumentos no le han impresionado, no pueden tener fuerza, y mi cabeza debe ser un tanto extravagante en el tema; pero las extravagancias permanecen firmemente allí. He dado su opinión sobre la tierra continua, veo, con demasiada fuerza.

CARTA 50. A S.P. WOODWARD. Down, 18 de julio [1856].

Muchísimas gracias por su amabilidad al escribirme con tanta extensión, y me alegra decir por su bien que no veo que tenga que pedir más favores. ¡Qué rango y qué variabilidad en la Cyrena! (50/1. Un género de lamelibranquios que va desde el Lias hasta la actualidad.) Su lista de los rangos de las conchas terrestres y de agua dulce ciertamente es de lo más llamativa y curiosa, y especialmente porque la antigüedad de cuatro de ellas se muestra tan claramente.

Tengo el libro sobre la costa de Harvey, y me gustó; no me impresionó particularmente, pero volveré a leer el primer y último capítulo.

Me estoy volviendo tan malo como el peor respecto a las especies, y apenas me queda un vestigio de creencia en la permanencia de las especies; y esta confesión le hará tener muy poco concepto de mí, pero no puedo evitarlo. Tal ha llegado a ser mi honesta convicción, aunque las dificultades y argumentos contra tal herejía son ciertamente de lo más importantes.

CARTA 51. A C. LYELL. 10 de noviembre [1856].

Sé que le gustan todos los casos en los que se refuta la evidencia geológica negativa. Imaginaba que era un creyente muy reacio en la evidencia negativa; pero aun así esa evidencia negativa me parecía tan fuerte que en mi "Fossil Lepadidae" he declarado, dando razones, que no creía que pudieran haber existido cirrípedos sésiles durante las eras secundarias. ¡Ahora, el otro día Bosquet de Maestricht me envía un dibujo perfecto de un Chthamalus (un género reciente) de la tiza! (51/1. Chthamalus, un género de Cirripedia. ("A Monograph on the Sub-class Cirripedia", por Charles Darwin, página 447. Londres, 1854.) Una especie fósil de este género de la edad cretácica superior fue nombrada por Bosquet Chthamalus Darwini. Véase "Origin", Edición VI., página 284; también Zittel, "Traité de Paléontologie", Traduit par Dr. C. Barrois, Volumen II., página 540, figura 748. París, 1887.) De hecho, es forzar un poco las cosas hacerla específicamente distinta de nuestra especie británica viva. Es un género no encontrado hasta ahora en ningún lecho terciario.

CARTA 52. A T.H. HUXLEY. Down, 9 de julio de 1857.

Le estoy extremadamente agradecido por haber entrado tan completamente en mi punto. Sabía que estaba en terreno inseguro, pero resulta mucho más inseguro de lo que había pensado. Había pensado que Brulle (52/1. Esto sin duda se refiere al artículo de A. Brulle en los "Comptes rendus" de 1844, del cual se da una traducción en los "Annals and Mag. of Natural History", 1844, página 484. Al hablar del desarrollo de los Articulata, el autor dice "que los apéndices se manifiestan en un período anterior de la existencia de un animal articulado cuanto más complejo es su grado de organización, y viceversa, que aparecen más tarde cuanto menor es el número de transformaciones que tiene que experimentar.") tenía una base más amplia para su generalización, pues hice el extracto hace varios años, y supongo (lo declaro como una excusa para mí) que lo dudé, pues, a diferencia de mi hábito general, no he extraído sus fundamentos. Fue encontrar el artículo de Barneoud lo que me hizo pensar que podría haber verdad en la doctrina. (52/2. Aparentemente Barneoud "On the Organogeny of Irregular Corollas", de los "Comptes rendus", 1847, tal como se da en "Annals and Mag. of Natural History", 1847, página 440. El artículo trata principalmente del hecho de que en su condición más temprana las flores irregulares son regulares. La visión atribuida a Barneoud no parece estar tan definida en este artículo como en uno anterior ("Ann. Sc. Nat." Bot., Tom. VI., página 268.) Su ejemplo del corazón y el cerebro de los peces me parece muy bueno. Fue un error muy estúpido por mi parte no pensar en la parte posterior del tiempo de desarrollo. Por supuesto, no aludiré a este tema, por lo que me aflige un poco, ya que deseaba que fuera verdad; pero, ¡ay!, un hombre científico no debería tener deseos, ni afectos; un mero corazón de piedra.

Solo hay un punto en su carta en el que, por el momento, no puedo seguirle del todo: suponiendo que las observaciones de Barneoud (no digo las de Brulle) fueran ciertas y universales, es decir, que los pétalos que deben someterse a la mayor cantidad de desarrollo y modificación comienzan a cambiar antes que la forma embrionaria simple y común del pétalo; si esto fuera una ley verdadera, entonces no puedo dejar de pensar que arrojaría luz sobre la proposición de Milne Edwards de que cuanto más alejadas están las clases de animales, antes divergen del plan embrionario común, el cual puede compararse con los pétalos similares en el capullo temprano, comparándose los diversos pétalos de una flor con los embriones distintos pero similares de las diferentes clases. Deseo mucho que tenga esto presente, de modo que cada vez que nos reunamos pueda escuchar hasta qué punto discrepa o coincide conmigo. Siempre he considerado la proposición de Barneoud y Brulle solo como algo análoga en cierto grado.

P.D. Veo en mi resumen del artículo de Milne Edwards que habla de "los órganos más perfectos e importantes" como los primeros en desarrollarse, y yo habría pensado que esto era usualmente sinónimo de los más desarrollados o modificados.

CARTA 53. A J.D. HOOKER.

(53/1. La siguiente carta es principalmente de interés por mostrar la cantidad y el tipo de trabajo requerido para las conclusiones de Darwin sobre "los grandes géneros que varían", los cuales ocupan no más de dos o tres páginas en el "Origen" (Edición I, página 55). Alguna correspondencia sobre el tema se da en la "Vida y cartas", II, páginas 102-5.)

Down, 22 de agosto [1857].

Su caligrafía siempre alegra las entrañas de mi corazón; aunque usted no tiene razón para estar "abrumado por la vergüenza", pues yo no esperaba noticias.

Le escribo ahora principalmente para saber si puede decirme cómo escribir a Hermann Schlagenheit (¿está bien escrito así?) (53/2. Schlagintweit.), pues creo que ha regresado a Inglaterra, y tiene pieles de aves de corral para mí de parte de W. Elliot de Madrás.

Me alegra mucho saber que ha estado tabulando algunas floras sobre variedades. ¿Podría decirme a grandes rasgos el resultado? ¿No le parece que lleva mucho tiempo? Estoy empleando a un maestro de escuela laboriosamente cuidadoso, que hace la tabulación y la división en dos grandes cohortes, más cuidadosamente de lo que yo podría. Siendo así, me alegraría mucho algún día tener a Koch, las Canarias de Webb, y Ledebour y Grisebach, pero no sé ni dónde está Rumelia. Trabajaré la flora británica con tres floras separadas; e intento dividir las variedades en dos clases, tal como Asa Gray y Henslow proporcionan los materiales, y, además, A. Gray y H.C. Watson han marcado para mí las formas que consideran especies reales, pero que aun así están muy cerca de otras; y será curioso comparar los resultados. Si todo esto se mantiene, es muy importante para mí; pues explica, según creo, toda la clasificación, es decir, la cuasiramificación y subramificación de las formas, como si vinieran de una sola raíz, los grandes géneros aumentando y escindiéndose, etc., como usted percibirá. Pero entonces entra también lo que llamo un principio de divergencia, que creo que puedo explicar, pero que es demasiado largo, y quizás a usted no le interesaría oír. Como usted ha estado en este tema, podría gustarle saber lo poco que está completo (pues mi maestro de escuela ha tenido tres semanas de vacaciones); solo tres casos hasta ahora, veo.

BABINGTON--Flora británica.

593 especies en géneros de 5 y 593 (azar impar igual) en más tienen en mil géneros de 3 y menos tienen especies que presentan vars. en mil que presentan vars. 134/1000.* 37/1000.

(*53/3. Esta frase puede interpretarse de la siguiente manera: El número de especies que presentan variedades es de 134 por mil en géneros de 5 especies en adelante. El resultado se obtiene de la tabulación de 593 especies.)

HOOKER--Nueva Zelanda.

Géneros con 4 especies y Con 3 especies y en adelante, 150/1000. menos, 114/1000.

GODRON--Francia Central.

Con 5 especies y en adelante Con 3 especies y menos 160/1000. 105/1000.

No entro en detalles al omitir plantas introducidas y géneros muy variables, como Rubus, Salix, Rosa, etc., que harían el resultado más favorable.

Disfruté muchísimo viendo a Henslow, aunque yo estaba bastante lejos de estar bien en aquel momento. Adiós, mi querido Hooker: no olvide su visita aquí algún día.

CARTA 54. A J.D. HOOKER. Down, 14 de noviembre [1857].

El martes enviaré desde Londres, adonde voy ese día, los tres volúmenes restantes de Ledebour, Grisebach y Cybele, es decir, todo lo que tengo, y le estoy muy sinceramente agradecido por ellos. Encuentro que la regla, hasta ahora, de que las especies varían más en los grandes géneros es universal, excepto en la lista muy breve y, por tanto, imperfecta de Miquel sobre la flora de Holanda, lo que me hace sentir muy ansioso por tabular una flora más completa de Holanda. Permaneceré en Londres hasta el viernes por la mañana, y si le resulta cómodo enviarme dos volúmenes del Prodromus de D.C., podría llevármelos a casa y tabularlos. Pensaría que un volumen con una gran familia natural bien conocida, y un volumen con varias familias pequeñas fragmentadas sería lo mejor, suponiendo siempre que las variedades estén marcadamente señaladas en ambos. ¿Tiene el volumen publicado por Lowe sobre Madeira? Si es así, y si hay alguna variedad marcada, me gustaría mucho verlo, para ver si puedo averiguar algo sobre los hábitats de las vars. en un área tan pequeña, un punto sobre el cual me he vuelto muy curioso. Temo que no hay posibilidad de que usted posea "British Shells" de Forbes y Hancock, una gran obra, que deseo mucho tabular.

Muchísimas gracias por la semilla de Adlumia cirrhosa, la cual observaré cuidadosamente. Mi aviso en el G. Ch. sobre las judías (54.1 "Sobre la acción de las abejas en la fertilización de las flores papilionáceas" ("Gardeners' Chronicle", 1857, página 725).) me ha traído una curiosa carta de un jardinero inteligente, con un lote muy notable de judías, cruzadas de una manera maravillosa EN LA PRIMERA GENERACIÓN, como los guisantes enviados a usted por Berkeley y como aquellos con los que experimentaron Gärtner y Wiegmann. Es un caso muy extraño; sembraré estas semillas y veré qué sale. ¡Qué extraño que el polen de una forma pueda afectar las cubiertas exteriores y el tamaño de la judía producida por especies puras!...

CARTA 55. A J.D. HOOKER. Down [¿1857?].

Usted sabe cómo trabajo los temas: a saber, si tropiezo con alguna observación general, y si la encuentro confirmada en cualquier otra clase muy distinta, entonces trato de averiguar si es cierta, si tiene alguna relevancia en mi trabajo. Lo siguiente, quizás, pueda ser importante para mí. El Dr. Wight observa que Cucurbitaceae (55/1. Wight, "Observaciones sobre el fruto del orden natural Cucurbitaceae" ("Ann. Mag. Nat. Hist." VIII., página 261). R. Wight, F.R.S. (1796-1872) fue Superintendente del Jardín Botánico de Madrás.) es una familia muy aislada, y tiene afinidades muy divergentes. Encuentro, fuertemente expuesta e ilustrada, la misma observación en los géneros de himenópteros. Ahora bien, no me resulta evidente al principio por qué un grupo muy distinto y aislado debería ser propenso a tener afinidades más divergentes que un grupo menos aislado. Soy consciente de que la mayoría de los géneros tienen más afinidades que de dos formas, siendo esto último, quizás, el caso más común. Veo cuán infinitamente vago es todo esto; pero me gustaría mucho saber qué piensan usted y el Sr. Bentham (si quiere leer esto), quienes han atendido tanto a los principios de la clasificación, sobre esto. Quizás la mejor manera sería pensar en media docena de los grupos de plantas más aislados, y luego considerar si las afinidades apuntan en un número inusual de direcciones. Muy probablemente usted pueda pensar que toda la cuestión es demasiado vaga para merecer consideración.

CARTA 56. A J.D. HOOKER. Down, 8 de abril [1857].

Ahora quiero pedir su opinión y datos sobre un punto; y como a menudo querré hacer esto durante el próximo año o dos, permítame decir, de una vez por todas, que no debe tomarse molestias por mera bondad (de la cual hacia mí tiene una provisión muy abundante), sino que debe considerar, con respecto a la molestia que cualquier pregunta pueda tomar, si cree que vale la pena, ya que toda pérdida de tiempo disminuye en la misma medida su trabajo original, darme datos para ser citados bajo su autoridad en mi obra. No crea que me sentiré decepcionado si no puede dedicar tiempo; pues ya me he beneficiado enormemente de su juicio y conocimiento. Le ruego encarecidamente que actúe como sugiero, y que no se tome molestias solo por bondad.

Mi punto es el siguiente: Harvey da el caso de Fucus variando notablemente, y sin embargo de la misma manera bajo condiciones muy diferentes. D. Don hace la misma observación con respecto a Juncus bufonius en Inglaterra y la India. Polygala vulgaris tiene flores blancas, rojas y azules en Feroe, Inglaterra, y creo que Herbert dice que en Zante. Ahora bien, tales casos me parecen muy llamativos, al mostrar cuán poca relación tienen algunas variaciones con las condiciones climáticas.

¿Cree que hay muchos casos así? ¿Presenta Oxalis corniculata exactamente las mismas variedades bajo climas muy diferentes?

¿Cómo es con cualquier otra planta británica en Nueva Zelanda, o al pie del Himalaya? ¿Pensará en esto y me dejará saber el resultado?

Una pregunta más: ¿recuerda si el Sonchus introducido en Nueva Zelanda era menos, igual o más común que la población aborigen de la misma especie, donde ambos ocurrían juntos? Olvido si hay algún otro caso paralelo con este curioso caso del Sonchus...

He estado haciendo un buen progreso, aunque lento, con mi libro, pues los hechos han ido cayendo agradablemente en grupos, iluminándose unos a otros.

CARTA 57. A T.H. HUXLEY. Moor Park, Farnham, Surrey [¿1857?].

Su carta me ha sido enviada aquí, donde estoy aprovechando unas pocas semanas de descanso e hidroterapia. Su carta me ha interesado y divertido mucho. Me alegra enormemente que haya abordado la cuestión de Aphis (57/1. El artículo del profesor Huxley sobre la reproducción orgánica de Aphis está en los "Trans. Linn. Soc." XXII. (1858), página 193. El profesor Owen había tratado el tema en su conferencia introductoria hunteriana "Sobre la partenogénesis" (1849). Su teoría no puede darse completamente aquí. Brevemente, él sostiene que la partenogénesis se debe a la herencia de un "remanente de virtud espermática": cuando la "fuerza" o "virtud espermática" se agota, ocurre una nueva impregnación. Huxley critica severamente tanto los hechos de Owen como su teoría.) pero, por el amor de Dios, no se haga el hindú amable (sea lo que sea eso) con Owen; su padre confesor tiembla por usted. Imagino que Owen piensa mucho en esta doctrina suya; yo nunca desde el principio la creí, y no puedo dejar de pensar que la misma potencia está involucrada en producir áfidos sin fertilización, y produciendo, por ejemplo, uñas en el muñón amputado de los dedos de un hombre, o la nueva cola de una lagartija. Por cierto, vi en alguna parte durante la última semana o así una declaración de un hombre criando del mismo grupo de huevos áfidos alados y sin alas, lo cual me pareció nuevo. ¿No dice algún yanqui que los áfidos vivíparos americanos son alados? Me alegra particularmente que esté rumiando sobre el acto de fertilización: me ha parecido durante mucho tiempo el más maravilloso y curioso de los problemas fisiológicos. A menudo y a menudo he especulado por diversión sobre el tema, pero de manera totalmente infructuosa. ¿No cree que la conjugación de las Diatomaceae arrojará luz finalmente sobre el tema? Pero el otro día llegué a la conclusión de que algún día tendremos casos de jóvenes producidos a partir de espermatozoides o polen sin un óvulo. Abordando el tema desde el lado que más me atrae, es decir, la herencia, me he inclinado últimamente a especular, muy cruda e indistintamente, que la propagación por verdadera fertilización resultará ser una especie de mezcla, y no una verdadera fusión, de dos individuos distintos, o mejor dicho de innumerables individuos, ya que cada progenitor tiene sus padres y ancestros. No puedo entender bajo ninguna otra visión la forma en que las formas cruzadas vuelven en tan gran medida a las formas ancestrales. Pero todo esto, por supuesto, es infinitamente crudo. Espero estar en Londres en el curso de este mes, y hay dos o tres puntos que, por mi propio bien, quiero discutir brevemente con usted.

CARTA 58. A T.H. HUXLEY. Down, 26 de septiembre [1857].

Gracias por su nota tan agradable. Me divierte ver qué coco me he hecho para usted; cuando habiendo escrito alguna frase muy punzante y buena, debe ser muy desagradable que mi rostro surja como un fantasma feo. (58/1. Esto probablemente se refiere al deseo de Darwin de moderar cierta pugnacidad en Huxley.) Siempre he sospechado de la superficialidad y los miserables poderes de razonamiento de Agassiz; pero creo que tales hombres hacen un bien inmenso a su manera. Vea cómo agitó a toda Europa sobre los glaciares. Por cierto, Lyell ha estado en los glaciares, o mejor dicho, en sus efectos, y parece haber hecho un buen trabajo probando y juzgando lo que otros han hecho...

Con respecto a la clasificación y todas las disputas interminables sobre el "Sistema Natural", que ningún autor define de la misma manera, creo que debería, de acuerdo con mis nociones heterodoxas, ser simplemente genealógico. Pero como no tenemos pedigrís escritos, usted, quizás, dirá que esto no ayudará mucho; pero creo que finalmente lo hará, siempre que la heterodoxia se convierta en ortodoxia, pues despejará una inmensa cantidad de basura sobre el valor de los caracteres, y hará clara la diferencia entre analogía y homología. El tiempo vendrá, creo, aunque no viviré para verlo, cuando tengamos árboles genealógicos bastante verdaderos de cada gran reino de la Naturaleza.

CARTA 59. A T.H. HUXLEY. Down, 16 de diciembre [1857].

En mi opinión, su Catálogo (59/1. Parece por una carta a Sir J.D. Hooker (25 de diciembre de 1857) que la referencia es a las pruebas del "Prefacio explicativo del Catálogo de la Colección Paleontológica en el Museo de Geología Práctica", de T.H. Huxley y R. Etheridge, 1865. El Sr. Huxley añade una nota en la página xlix: "Debe notarse que estas páginas fueron escritas antes de la aparición del libro del Sr. Darwin sobre 'El origen de las especies', una obra que ha efectuado una revolución en la especulación biológica.") es simplemente el mejor resumen, con mucho, sobre toda la ciencia de la Historia Natural que he visto jamás. Realmente no tengo críticas: estoy de acuerdo con cada palabra. Sus metáforas y explicaciones me parecen admirables. En muchas partes es curioso cómo lo que usted ha escrito coincide con lo que yo he estado escribiendo, solo con la melancólica diferencia para mí de que usted pone todo de una manera el doble de llamativa que yo. Adjunto, más por el bien de mostrar que he atendido a todo que por cualquier otro objeto, unas pocas críticas de lo más triviales.

Me divirtió encontrar algunos de los argumentos, que usted avanzó en la charla conmigo, sobre la clasificación; y me agrada [que] mis largas prosas no fueran tan tiradas, ya que le llevaron a traer aquí algunas buenas frases. Pero sobre la clasificación (59/2. Esto probablemente se refiere a la discusión del Sr. Huxley sobre la "Clasificación Natural", un tema apenas susceptible de tratamiento fructífero excepto desde un punto de vista evolutivo.) no estoy muy seguro de que todavía esté completamente de acuerdo con usted, aunque coincido con cada palabra que usted ha dicho aquí. Todo, repito, en mi opinión es admirable y excelente.

CARTA 60. A J.D. HOOKER. Down, 28 de febrero [1858].

Cordial agradecimiento por De Candolle recibido. He puesto los grandes géneros en marcha. También muchas gracias por sus valiosas observaciones sobre las afinidades de las especies en los grandes géneros, que serán de mucha utilidad para mí en mi capítulo sobre la clasificación. Su opinión es lo que yo esperaba por lo poco que sabía, pero necesitaba mucho que se confirmara, y muchas de sus observaciones eran más o menos nuevas para mí y todas de valor.

Usted da un pobre cuadro de la filosofía de la Botánica. Por mi ignorancia, supongo, apenas puedo persuadirme de que las cosas están tan mal como usted las hace; ¡podría haber estado escribiendo observaciones sobre Ornitología! Meditaré mucho sobre sus observaciones, que también resultarán muy útiles cuando escriba y considere mis tablas de grandes y pequeños géneros. Lamento por mí mismo decir que Watson coincide con su visión, pero con muchas dudas. No le di ninguna guía sobre cuál era su opinión. He escrito a A. Gray y a X., quien (es decir, este último) en este punto puede ser visto como el "Foolometer" de S. Smith.

Ahora estoy trabajando varias de las grandes floras locales, omitiendo por completo todos los géneros más pequeños. Cuando haya hecho esto, y vea qué dicen las secciones de los géneros más grandes, y vea cuáles son los resultados del rango y la frecuencia de las especies que varían, debo llegar a alguna conclusión definitiva sobre si renunciar o no por completo al fantasma. Entonces mostraré cómo apunta mi teoría, cómo se presentan los hechos, luego expondré la naturaleza de su grave ataque y cederé por completo o defenderé el caso tanto como pueda honestamente.

Nuevamente le agradezco su inestimable asistencia. No he sentido el golpe [las críticas de Hooker] tanto últimamente, ya que he estado interesado más allá de toda medida en el instinto constructivo de la abeja melífera. Adiós, usted terrible atormentador de pobres teóricos!

CARTA 61. A J.D. HOOKER. Down [¿1858?].

Muchas gracias por Ledebour y aún más por su carta, con su admirable resumen de todas sus objeciones. Es realmente muy amable de su parte tomarse tantas molestias por lo que a usted le parecen, y probablemente son, meros caprichos.

Intentaré seriamente ser cauteloso. Escribiré mis tablas y conclusión, y (cuando estén bien copiadas) espero que sea tan amable de leerlo. Luego lo dejaré de lado y después de unos meses lo miraré con ojos frescos. Incorporaré brevemente todas sus objeciones y las de Watson. Trabajo bajo una gran dificultad al sentirme seguro de que, con el poco trabajo sistemático que he hecho, los pequeños géneros eran más interesantes y por lo tanto atrajeron más mi atención.

Una de sus observaciones no veo el alcance bajo su punto de vista; a saber, que en los géneros monotípicos "la variación y variabilidad" son "mucho más frecuentemente notadas" que en los géneros politípicos. Casi no me gusta preguntar, pero este es el único de sus argumentos del cual no veo el alcance; y ciertamente estaría muy contento de saberlo. Creo que soy el pensador más lento (quizás el peor) de Inglaterra; y por consiguiente, ahora admito plenamente toda la hostilidad de Urticaceae, que pondré en mis tablas.

No haré observaciones sobre sus objeciones, pues espero que lea mi manuscrito, que no le costará muchas molestias cuando esté copiado limpiamente. Por mi propia experiencia, apenas creo que los observadores más sagaces, sin contar, podrían haber predicho si había más o menos variedades registradas en los grandes o pequeños géneros; pues descubrí, cuando estaba realmente haciendo la lista, que nunca podía encontrar un equilibrio en mi mente; muchas variedades ocurriendo juntas, en pequeños o en grandes géneros, siempre me sacaban del equilibrio...

P.D.—Acabo de pensar que su observación sobre la gran variación de los géneros monotípicos era para mostrarme que incluso en estos, los géneros más pequeños, había mucha variabilidad. Si esto es así, entonces no responda; y así lo entenderé.

CARTA 62. A J.D. HOOKER. 23 de febrero [1858].

¿Pensaría usted en algunos de los géneros más grandes con los que está bien familiarizado, y luego suponga que 4/5 de las especies son totalmente destruidas y desconocidas en las secciones (por así decir) tanto como sea posible en el centro de tales grandes géneros? Entonces, ¿sería el 1/5 restante de las especies, formando unas pocas secciones, clasificado como géneros distintos, según la práctica general de los buenos botánicos promedio? Por supuesto, en ese caso serían géneros estrechamente relacionados. La pregunta, de hecho, es: ¿se mantienen todas las especies en un género gigantesco juntas en ese género porque son realmente tan estrechamente similares como para ser inseparables? ¿o es porque no se pueden trazar brechas o límites que separen a las muchas especies? La pregunta podría haberse hecho para los Órdenes.

CARTA 63. A J.D. HOOKER. Down, 9 de febrero [1858].

Le quedaría muy agradecido por su opinión sobre lo adjunto. Quizás recuerde que, en los tres primeros volúmenes tabulados, todos los órdenes resultaron correctos excepto Labiatae. Por cierto, si por alguna casualidad extraordinaria no ha tirado el trozo de papel con los resultados anteriores, desearía que me lo devolviera, pues he perdido mi copia y tendré que hacer toda la división de nuevo; pero NO lo busque, pues, en cualquier caso, habría vuelto a repasar el cálculo.

Ahora he terminado los otros tres volúmenes. Verá que todas las especies de los seis volúmenes juntos salen bien, y asimismo todos los órdenes de los tres últimos volúmenes, excepto Verbenaceae. ¿No está Verbenaceae muy estrechamente emparentada con Labiatae? Si es así, uno pensaría que esta coincidencia no fue mera casualidad. Las especies de Labiatae y Verbenaceae juntas representan entre 1/5 y 1/6 de todas las especies (15.645) que he tabulado ahora.

Ahora bien, teniendo en cuenta las numerosas Floras locales que he tabulado (que abarcan todo el hemisferio norte), y considerando que ellas (y los autores del Prodromus de D.C.) probablemente tendrían distintos grados de rigor al registrar las variedades, y que los géneros serían divididos bajo diferentes principios por diferentes hombres, etc., me sorprende mucho la uniformidad del resultado, y estoy convencido de que debe haber verdad en la regla de que los géneros pequeños varían menos que los grandes. ¿Qué piensa usted? Hipotéticamente, puedo conjeturar cómo podría fallar Labiatae; a saber, si algunas divisiones pequeñas del Orden estuvieran cobrando importancia ahora en el mundo y variando mucho y creando especies. Esto hace que quiera saber si podría dividir las Labiatae en unas pocas grandes divisiones naturales, y entonces yo las tabularía por separado como subórdenes. Veo que Lindley hace tantas divisiones que no habría suficientes en cada una para un promedio. Envío la tabla de Labiatae por si acaso pudiera hacer esto por mí. Podría trazar líneas oblicuas incluyendo y separando tanto los géneros grandes como los pequeños. También he dividido todas las especies en dos masas iguales, y mi regla se mantiene válida para todas las especies en una masa en los seis volúmenes; pero falla en varios (cuatro) grandes Órdenes: a saber, Labiatae, Scrophulariaceae, Acanthaceae y Proteaceae. Pero, claro, cuando las especies se dividen en dos grupos casi exactamente iguales, las divisiones con géneros grandes son muy pocas: por ejemplo, en Solanaceae, Solanum equilibra a todos los demás. En Labiatae, siete géneros gigantescos equilibran a todos los demás (es decir, 113), y en Proteaceae, cinco géneros equilibran a todos los demás. Ahora bien, de acuerdo con mis nociones hipotéticas, estoy lejos de suponer que todos los géneros sigan aumentando para siempre, y por lo tanto no me sorprende este resultado cuando la división se hace de tal manera que solo quedan muy pocos géneros en un lado. Pero, según mis nociones, las secciones o subgéneros de los géneros gigantescos deberían obedecer mi regla (es decir, suponiendo que un género gigantesco hubiera llegado a su máximo, cualquier aumento que siguiera produciéndose debería ocurrir en los subgéneros más grandes). ¿Cree usted que las secciones de los géneros gigantescos en el Prodromus de D.C. son generalmente NATURALES?, es decir, ¿no fundadas en meros caracteres artificiales? Si piensa que generalmente están hechas tan naturales como pueden ser, entonces me gustaría mucho tabular los subgéneros, considerándolos por el momento como buenos géneros. En este caso, y si no considera que sea irrazonable pedirlo, me alegraría mucho que me prestara los volúmenes X, XI, XII y XIV, que incluyen Acanthaceae, Scrophulariaceae, Labiatae y Proteaceae; es decir, los órdenes que, cuando se dividen de forma bastante equitativa, no concuerdan con mi regla, y en los que muy pocos géneros equilibran a todos los demás.

Le he escrito una prosa tremendamente larga.

CARTA 64. A J.D. HOOKER. Down, 8 de junio [1858].

Estoy confinado en el sofá con forúnculos, así que debe dejarme escribir a lápiz. Se reiría si supiera cuánto me complació su nota. Tenía la convicción más firme de que diría que todo mi manuscrito era palabrería, y, gracias a Dios, usted es uno de los pocos hombres que se atreve a decir la verdad. Aunque no me habría importado mucho tirar lo que usted ha visto, me he visto obligado a confesarme a mí mismo que todo era muy parecido, y si usted condenara eso, condenaría todo el trabajo de mi vida, y eso, confieso, me puso un poco abatido; pero podría haberlo soportado, pues tengo la convicción de que he hecho mi mejor esfuerzo honestamente. La discusión aparece al final del largo capítulo sobre la variación en estado de naturaleza, de modo que he discutido, hasta donde soy capaz, qué llamar variedades. Intentaré omitir toda alusión a los géneros que entran y salen en esta parte, hasta que discuta el "Principio de Divergencia", que, junto con la "Selección Natural", es la piedra angular de mi libro; y tengo una grandísima confianza en que es sólido. Haría copiar esta discusión si realmente pudiera pensar que no le aburriría leerla, pues, créame, valoro al máximo cada palabra de crítica suya, y no se puede expresar con palabras la ventaja que he obtenido de usted...

Me alegra saber que el pobre anciano Brown está muriendo tan fácilmente...

Le parecerá mezquino, pero como me pidieron pagar por la impresión del Diploma [de una Sociedad de la que había sido nombrado miembro honorario], no me gustó rechazarlo, así que envío 1 libra. Pero creo que es un proceder cutre. Si un caballero me hiciera algún servicio, aunque no se lo pidiera, y luego exigiera el pago, le pagaría y pensaría que es un perro miserable; y bajo este principio envío mi libra.

(65/1. Las cuatro cartas siguientes se refieren a una investigación iniciada en 1858 por los Fideicomisarios del Museo Británico sobre la disposición de las Colecciones de Historia Natural. La investigación fue uno de los primeros pasos hacia el establecimiento del Museo de Cromwell Road, que se llevó a cabo en 1875.)

CARTA 65. A R.I. MURCHISON. Down, 19 de junio [1858].

Acabo de recibir su nota. Desafortunadamente no puedo asistir al Museo Británico el lunes. No supongo que mi opinión sobre el tema de su nota pueda ser de algún valor, ya que no he considerado mucho el tema, ni he tenido la ventaja de discutirlo con otros naturalistas. Pero mi impresión es que hay mucho peso en lo que dice acerca de no dividir la colección de historia natural del Museo Británico. Creo que una colección nacional debería estar en Londres. Puedo ver, sin embargo, que se podrían aducir algunos argumentos de peso a favor de Kew, debido al inmenso valor de la colección y la biblioteca de Sir W. Hooker; pero estos son propiedad privada, y no me consta que haya certeza de que permanezcan siempre en Kew. Si este hubiera sido el caso, habría pensado que la colección botánica podría haberse trasladado allí sin poner en peligro las otras ramas de las colecciones. Pero creo que sería el mayor mal que podría ocurrirle a la ciencia natural en este país si las otras colecciones se trasladaran alguna vez del Museo Británico y su Biblioteca.

CARTA 66. A T.H. HUXLEY.

(66/1. El memorial mencionado en la siguiente carta fue dirigido el 18 de noviembre al Canciller de Hacienda. Fue firmado por Huxley, Bentham, W.H. Harvey, Henfrey, Henslow, Lindley, Busk, Carpenter y Darwin. El memorial, que es accesible, tal como se publicó en el "Gardeners' Chronicle", 27 de noviembre de 1858, página 861, recomendaba, hablando en términos generales, la consolidación de las colecciones botánicas nacionales en Kew.

En febrero de 1900, los Lores Comisionados del Tesoro nombraron un Comité "para considerar los arreglos actuales bajo los cuales se realiza el trabajo botánico y se mantienen las colecciones por parte de los Fideicomisarios del Museo Británico, y bajo el Primer Comisionado de Obras en Kew, respectivamente; y para informar qué cambios (si los hay) en esos arreglos son necesarios o deseables para evitar la duplicación de trabajo y colecciones en las dos instituciones". El Comité publicó su informe en marzo de 1901, recomendando un acuerdo similar al propuesto en 1858.)

Down, 23 de octubre [1858].

Los nombres que da como apoyo a su memorial me hacen desconfiar bastante de mi propio criterio; pero, como debo decir sí o no, me veo obligado a decir que dudo de la sabiduría del movimiento, y no estoy dispuesto en este momento a firmar. Mis razones, tal vez de muy poco valor, son las siguientes. Las clases gobernantes son totalmente anticientíficas, y los hombres de arte y arqueología tienen mucho más peso ante el Gobierno que nosotros. Si hacemos un movimiento para separarnos del Museo Británico, no puedo dejar de temer que nos vayamos al garete. Creo que debemos nuestra posición en gran parte a los cientos de miles de personas que visitan el Museo Británico, atraídos por la mezcla heterogénea de objetos. Si perdiéramos este apoyo, como creo que lo haríamos —pues una mera colección de animales no parece muy atractiva para las masas (a juzgar por el Museo de la Sociedad Zoológica, antiguamente en Leicester Square)—, entonces no creo que obtuviéramos ni de lejos tanta ayuda del Gobierno. Por lo tanto, me inclinaría a aferrarme a las momias y a los dioses asirios mientras pudiéramos. Si supiéramos que el Gobierno iba a echarnos, entonces, y solo entonces, me inclinaría a hacer un movimiento enérgico. Si nos separáramos, no creo que se nos concedieran fondos para los muchos libros necesarios para consultas ocasionales: cada hombre debe hablar por su propia experiencia. He necesitado ver tan repetidamente viejas Transacciones y viejos Viajes, etc., que lamentaría extremadamente, al trabajar en el Museo Británico, estar separado de toda la biblioteca. Las instalaciones para trabajar en ciertas grandes clases —como aves, grandes fósiles, etc.— son sin duda tan malas como es posible, o mejor dicho imposibles, en los días de puertas abiertas; pero he encontrado las salas de trabajo de los Asistentes muy convenientes para todas las demás clases todos los días.

En cuanto a las colecciones botánicas, soy demasiado ignorante para expresar opinión alguna. El punto parece ser hasta qué punto los botánicos se opondrían a viajar a Kew; pero hay evidentemente muchas grandes ventajas en el transporte.

Si yo tuviera mi voluntad, haría de la colección del Museo Británico solo una típica para exhibición, que sería igual de divertida y mucho más instructiva para la población (y creo que para los naturalistas) que la actual exhibición enorme de aves y mamíferos. Ahorraría el gasto de disecar, y guardaría todas las pieles, excepto unas pocas "típicas", en cajones. Así se ahorraría mucho espacio, y se podría dar un poco más de espacio a los trabajadores reales, que podrían trabajar todo el día. Las salas equipadas con miles de cajones costarían muy poco. Con esto estaría contento. Hasta que no tuviera información bastante segura de que íbamos a ser expulsados, no movería un dedo en el asunto. Con oponentes como los que usted nombra, me atrevo a decir que estoy totalmente equivocado; pero este es mi mejor juicio actual, aunque dudoso...

Me parece peligroso incluso insinuar un nuevo Museo Científico —un Museo popular— y subvencionar los Jardines Zoológicos; creo que asustaría a cualquier Gobierno.

CARTA 67. A J.D. HOOKER. Moor Park, Farnham, Surrey [29 de octubre] [1858].

Como dice que tiene buena información privada de que el Gobierno tiene intención de retirar la colección del Museo Británico, el caso para mí individualmente ha cambiado por completo; y tal como está ahora el memorial, con tal expresión a su cabeza, no tengo inconveniente alguno en firmar. Debo expresar una opinión muy firme de que sería un inmenso mal trasladarse a Kensington, no tanto por los hombres de ciencia sino por las masas en toda la parte oriental y central de Londres. Pienso además que sería un gran mal separar una colección típica (que de ninguna manera puedo considerar solo como popular) de la colección completa. ¿No podría añadirse alguna expresión, incluso más fuerte que las ahora usadas, sobre la exhibición (que es una especie de vanidad en los conservadores) de tal vasto número de aves y mamíferos, con tal pérdida de espacio? Estoy abatido ante la convicción de que el Gobierno nunca dará suficiente dinero para una biblioteca realmente buena.

No quiero ser caprichoso, pero odiaría firmar sin alguna expresión sobre que el sitio sea fácilmente accesible para la población de todo Londres.

Repito, tal como están las cosas ahora, estaré orgulloso de firmar.

CARTA 68. A T.H. HUXLEY. Down, 3 de noviembre [1858].

Suscribo totalmente todo lo que dice en su nota. He tenido alguna correspondencia con Hooker sobre el tema. Como parece seguro que un movimiento en el Museo Británico es generalmente anticipado, mi principal objeción ha quedado totalmente eliminada; y, como le he dicho a Hooker, no tengo inconveniente alguno en firmar un memorial de la naturaleza del que él me envió o del que ahora ha sido devuelto. Ambos me parecen muy buenos. No puedo dejar de temer si el Gobierno concederá alguna vez suficiente dinero para libros. Puedo ver muchas ventajas en no estar bajo el ala poco maternal del arte y la arqueología, y mi único temor era que no fuéramos lo suficientemente fuertes para vivir sin alguna protección, tan profundo, creo, es el desprecio por y la ignorancia de la Ciencia Natural entre la nobleza de Inglaterra. Hooker me dice que me convertiría a favor de Kensington Gore si escuchara todo lo que se puede decir a su favor; pero todavía no puedo evitar pensar que una localidad tan occidental es una gran desgracia. ¿Se ha consultado a Lyell? El suyo sería un nombre poderoso, y tales nombres valen mucho para nuestros ignorantes Gobernantes. Parece que se ha tomado muchas molestias en el asunto, y le honro por ello.

CARTA 69. A J.D. HOOKER. Down, 9 de noviembre [1858].

Estoy encantado de saber lo de la Copley y Lyell. (69/1. La Medalla Copley de la Royal Society fue otorgada a Lyell en 1858.) Me he calentado de indignación muchas veces pensando en cómo se recibió la propuesta el año pasado, según su relato. También me alegra mucho saber lo de Hancock (Albany Hancock recibió una Medalla Real en 1858.); mostrará que los provincianos no son descuidados. En conjunto, las medallas son capitales. Estaré orgulloso y obligado a ayudar de cualquier manera con el elogio, que es un impuesto bastante pesado para los que proponen medallas, como descubrí con Richardson y Westwood; pero el caso de Lyell será veinte veces más difícil. Empezaré esta misma tarde a anotar algunas observaciones sobre Lyell; aunque, sin duda, la mayoría serán superfluas, y varias requerirían una consideración deliberada. De cualquier modo, tales notas pueden ser una ayuda preliminar para usted; se las enviaré en unos días, y haré cualquier otra cosa que usted desee...

P.D.—He recibido una carta de Henslow esta mañana. Viene aquí el [jueves] 25, y estaré encantado de verle; pero eso impide mi asistencia al Club, como había planeado hacer, y ahora supongo que no estaré en Londres hasta el 16 de diciembre, si los cabos sueltos no me obligan a venir antes. Por supuesto, no he dicho ni una palabra a Henslow sobre mi cambio de planes. Había esperado con placer una charla con usted y con otros.

P.D. 2.—Trabajé toda la tarde de ayer pensando, y he escrito el documento enviado por este correo esta mañana. Ni una sola frase serviría, pero es el tipo de boceto aproximado que habría redactado si hubiera tenido que hacerlo. Dios sabe si le servirá de algo. Está miserablemente escrito, con metáforas horriblemente malas, probablemente gramática horriblemente mala. Es mi impresión deliberada, tal como la habría escrito a cualquier amigo que me hubiera preguntado qué pensaba de los méritos de Lyell. Haré cualquier otra cosa que usted desee, o que yo pueda.

CARTA 70. A J.D. HOOKER. Down, 30 de diciembre [1858].

He hecho copiar esto para ahorrarle molestias, ya que estaba vilmente escrito, y ahora está vilmente expresado.

Su carta me ha interesado mucho; pero ¡qué inextricables son los temas que estamos discutiendo! No creo haber dicho que pensara que las producciones de Asia fueran SUPERIORES (70/1. Sobre el uso de los términos "superior" e "inferior", véanse las Cartas 35 y 36.) a las de Australia. Pretendo evitar cuidadosamente esta expresión (70/2. En un papel de notas a lápiz pegado en la copia de Darwin de los "Vestigios" aparecen las palabras: "No usar nunca la palabra (sic) superior e inferior."), pues no creo que nadie tenga una idea definida de lo que significa superior, excepto en clases que pueden compararse vagamente con el hombre. Según nuestra teoría de la Selección Natural, si los organismos de cualquier área pertenecientes a los períodos Eoceno o Secundario se pusieran en competencia con los que existen actualmente en la misma área (o probablemente en cualquier parte del mundo), ellos (es decir, los antiguos) serían derrotados estrepitosamente y exterminados; si la teoría es cierta, esto debe ser así. De la misma manera, creo que un mayor número de las producciones de Asia, el territorio más grande del mundo, vencería a las de Australia, que a la inversa. Así parece ser entre Europa y Norteamérica, pues difícilmente puedo creer que la diferencia en el flujo del comercio cause una diferencia tan grande en las proporciones de inmigrantes. Pero este tipo de superioridad (desearía poder inventar alguna expresión, y debo intentar hacerlo) es diferente de la superioridad en la acepción común de la palabra. Podría estar relacionada con la degradación de la organización: así, la serpiente ciega degradada y parecida a un gusano (Typhlops) podría suplantar a la verdadera lombriz de tierra. Aquí habría entonces degradación en la clase, pero ciertamente aumento en la escala de organización en los habitantes generales del país. Por otro lado, sería igual de fácil creer que las verdaderas lombrices de tierra podrían vencer a la Typhlops. No veo cómo esta "superioridad competitiva" puede ser probada de alguna manera por nosotros. Y esto es un consuelo para mí cuando comparo mentalmente los organismos silúricos y los recientes. No es que dude de que un largo curso de "superioridad competitiva" hará que la organización sea superior en última instancia en todos los sentidos de la palabra; pero parece muy difícil probarlo. Mire el Erigeron canadensis por un lado y Anacharis (70/3. Anacharis (Elodea canadensis) y Erigeron canadensis son ambos inmigrantes exitosos de América.) por otro; estas plantas deben tener alguna ventaja sobre las producciones europeas, para extenderse como lo han hecho. Sin embargo, ¿quién podría descubrirla? Los monos pueden coexistir con los perezosos y las zarigüeyas, órdenes en el fondo de la escala; y las zarigüeyas bien podrían ser vencidas por insectívoros placentarios, provenientes de un país donde no había monos, etc. Me entristecería abandonar la visión de que un territorio antiguo, muy grande y continuo, produciría generalmente organismos superiores en el sentido competitivo que un territorio más pequeño. Puedo, por supuesto, estar muy equivocado acerca de las plantas de Australia (y sus hechos son, por supuesto, totalmente nuevos para mí respecto a su superioridad), pero cuando leo los relatos de la inmensa propagación de plantas europeas en Australia, y pienso en la lana y el maíz traídos de allí a Europa, y ni una sola planta naturalizada, difícilmente puedo evitar la sospecha de que Europa vence a Australia en sus producciones. Si muchas (es decir, más de una o dos) plantas australianas están VERDADERAMENTE naturalizadas en la India (N.B. La naturalización en las montañas de la India apenas es justa, ya que las montañas son pequeñas islas en la tierra) debo arriar mis banderas. Me alegraría saber si lo que he escrito muy oscuramente sobre este punto produce ALGÚN efecto en usted; pues quiero aclarar mi mente, ya que quizás debería poner una o dos frases en mi resumen sobre este tema. (70/4. Resumen era el nombre de Darwin para el "Origen" durante partes de 1858 y 1859.)

Siempre he estado dispuesto a arriar mis banderas ante anteriores extensiones inmensas de tierra en los océanos, si algún caso lo requiriera en un grado eminente. Quizás el suyo pueda ser un caso, pero por el momento prefiero en gran medida la tierra en las regiones antárticas, donde ahora solo hay hielo y nieve, pero que antes del periodo glacial bien podría haber estado cubierta de vegetación. Usted tiene así que inventar mucha menos tierra, y más central; y se obtiene ayuda del hielo flotante para transportar semillas.

Espero no cansarle garabateando mis nociones con esta extensión. Después de escribirle la última vez comencé a pensar que la Tierra Malaya podría haber existido a través de parte de la época glacial. Por lo que dudé al principio fue por la diferencia de mamíferos existentes en diferentes islas; pero muchos son muy cercanos, y algunos idénticos en las islas, y me engaño constantemente al pensar en el pequeño cambio que las conchas y las plantas, mientras coexistían todas en su propio hemisferio norte, han experimentado desde la época glacial; pero estoy convencido de que este es un razonamiento muy falso, pues las relaciones de un organismo con nuevos organismos, cuando son arrojados juntos, son con mucho las más importantes.

Cuando usted habla de que las plantas han experimentado más cambios desde los periodos geológicos antiguos que los animales, ¿no está usted comparando más bien las plantas con los animales superiores? Piense cuán poco han cambiado algunos, de hecho muchos, moluscos. Recuerde el Nautilus silúrico, la Lingula y otros braquiópodos, y la Nucula, y entre los equinodermos, la Asterias silúrica, etc.

Lo que dice sobre la escasez de las plantas de aguas salobres me interesa. Recuerdo que tienden a ser sociales (es decir, muchos individuos en comparación con formas específicas), y me sentiría tentado a ver esto como un caso de un área muy pequeña, y por consiguiente de muy pocos individuos en comparación con aquellos en la tierra o en agua dulce pura; y de ahí menos desarrollo (¡palabra odiosa!) que en tierra o en agua dulce. ¡Pero aquí entra su espada de doble filo! Me gustaría mucho ver cualquier artículo sobre las plantas de agua salobre o de la orilla del mar; pero supongo que nunca se ha publicado ninguno.

Gracias por lo del Nelumbium, pues creo que esta era precisamente la planta que por el tamaño de la semilla me asombró, y que A. De Candolle adujo como un caso maravilloso de transporte casi imposible. Ahora descubro con sorpresa que las garzas a veces se alimentan de frutos [ilegible]; y los somormujos de semillas de Compuestas.

Muchas gracias por el ofrecimiento de ayuda sobre una subvención para el Resumen; pero espero que se venda lo suficiente para pagar los gastos.

Estoy leyendo su carta y garabateando mientras sigo adelante.

Su caso del roble y el castaño parece muy curioso; ¿no es más curioso aún dado que las hayas han ido al sur, o venido de él? Pero protesto vehementemente contra que usted o cualquier otro convierta tales casos en maravillas especiales, a menos que esté preparado para decir por qué cada especie en cualquier flora es dos o tres veces, etc., más rara que cada otra especie que crece en el mismo suelo. Cuanto más pienso, más evidente me resulta cuán absolutamente ignorantes somos de las mil contingencias de las que dependen el rango, la frecuencia y la extinción de cada especie.

A veces he pensado, a partir de los Edentata (70/5. Sin duda un desliz de la pluma por Monotremata.) y los Marsupialia, que Australia conserva un remanente del estado anterior y antiguo de la fauna del mundo, y supongo que usted está llegando a alguna conclusión similar para las plantas; pero ¿no es la relación entre el Cabo y Australia demasiado especial para tales puntos de vista? Deduzco de sus escritos que la relación es demasiado especial entre Fuegia y Australia para permitirnos considerar las semejanzas en ciertas plantas como reliquias de semejanzas mundanas. Por otro lado, ¿no tienen las Islas Sandwich en el Hemisferio Norte algunas relaciones extrañas con Australia? Cuando hayamos muerto y desaparecido, ¡qué tema tan noble será la Distribución Geográfica!

Puede decir lo que quiera, pero nunca me convencerá de que no le debo diez veces más de lo que usted puede deberme. Adiós, mi querido Hooker. Siento oír que ambos están indispuestos con gripe. No se moleste en responder a nada de esto, excepto a su impresión general sobre la batalla entre el N. y el S.

CAPÍTULO 1.III.--EVOLUCIÓN, 1859-1863.

CARTA 71. A A.R. WALLACE. Down, 6 de abril de 1859.

Esta mañana recibí su agradable y amistosa nota del 30 de noviembre. La primera parte de mi manuscrito está en manos de Murray para ver si le gusta publicarlo. No hay prefacio, sino una breve introducción, que debe ser leída por todo aquel que lea mi libro. El segundo párrafo de la introducción (71/1. "Origen de las especies", Edición I., 1859, páginas 1 y 2.) lo he hecho copiar textualmente de mi borrador, y usted, espero, pensará que he mencionado justamente su artículo en el "Linn. Journal." (71/2. "Sobre la tendencia de las especies a formar variedades, y sobre la perpetuación de variedades y especies por medios naturales de selección." Por Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Comunicado por Sir Charles Lyell y J.D. Hooker. "Journ. Linn. Soc." Volumen III., página 45, 1859. (Leído el 1 de julio de 1858.)) Debe recordar que ahora estoy publicando solo un resumen, y no doy referencias. Aludiré, por supuesto, a su artículo sobre distribución (71/3. "Sobre la ley que ha regulado la introducción de nuevas especies" (A.R. Wallace). "Ann. Mag. Nat. Hist." Volumen XVI., página 184, 1855. La ley a la que se alude es enunciada así por Wallace: "Cada especie ha llegado a existir coincidiendo tanto en el espacio como en el tiempo con una especie preexistente estrechamente aliada" (loc. cit., página 186).); y he añadido que sé por correspondencia que su explicación de su ley es la misma que la que yo ofrezco. Tiene razón, llegué a la conclusión de que la selección era el principio del cambio a partir del estudio de las producciones domesticadas; y entonces, leyendo a Malthus, vi de inmediato cómo aplicar este principio. La distribución geográfica y las relaciones geológicas de los habitantes extintos con los recientes de América del Sur me llevaron primero al tema: especialmente el caso de las Islas Galápagos. Espero entrar en prensa a principios del próximo mes. Será un pequeño volumen de unas quinientas páginas más o menos. Por supuesto le enviaré una copia. Olvido si le dije que Hooker, quien es nuestro mejor botánico británico y quizás el mejor del mundo, es un converso total, y va a publicar inmediatamente su confesión de fe; y espero ver a diario las pruebas de imprenta. (71/4. "La flora de Australia, etc., un ensayo introductorio a la flora de Tasmania." Londres 1859.) Huxley ha cambiado, y cree en la mutación de las especies: si es un converso a nuestra causa, no lo sé del todo. Viviremos para ver a todos los hombres más jóvenes convertidos. Mi vecino y excelente naturalista, J. Lubbock, es un converso entusiasta. Veo que usted está haciendo un gran trabajo en el Archipiélago; y de todo corazón simpatizo con usted. Por el amor de Dios cuide su salud. Ha habido pocos trabajadores tan nobles en la causa de la Ciencia Natural como usted.

P.D. No sabe cuánto admiro su espíritu, en la forma en que ha tomado todo lo que se hizo sobre la publicación de todos nuestros artículos. Yo había escrito realmente una carta para usted, declarando que no publicaría nada antes de que usted lo hubiera hecho. No había enviado esa carta al correo cuando recibí una de Lyell y Hooker, instándome a enviarles algún manuscrito, y permitirles actuar como pensaran justo y honestamente para ambos; y así lo hice.

(71/5. El siguiente es el pasaje de la Introducción al "Origen de las especies", al que se hace referencia en el primer párrafo de la carta anterior.)

"Mi obra está ahora casi terminada; pero como me llevará dos o tres años más completarla, y como mi salud está lejos de ser fuerte, se me ha instado a publicar este Resumen. Me he sentido inducido a hacer esto más especialmente, ya que el Sr. Wallace, quien ahora está estudiando la Historia Natural del Archipiélago Malayo, ha llegado a conclusiones generales casi exactamente iguales a las mías sobre el origen de las especies. El año pasado me envió una memoria sobre este tema, con la petición de que la enviara a Sir Charles Lyell, quien la envió a la Sociedad Linneana, y está publicada en el tercer volumen del Journal de esa Sociedad. Sir C. Lyell y el Dr. Hooker, quienes conocían mi trabajo —el último habiendo leído mi esquema de 1844—, me honraron pensando que era aconsejable publicar, junto con la excelente memoria del Sr. Wallace, algunos breves extractos de mis manuscritos."

CARTA 72. A J.D. HOOKER. Down, 3 de mayo de 1859.

Con respecto a la reversión, he estado rebuscando vagos recuerdos de vagos hechos; y la impresión en mi mente es más bien a favor de la reversión de lo que era cuando usted estuvo aquí.

En mi resumen (72/1. "El origen de las especies.") solo doy un párrafo sobre el caso general de reversión, aunque entro en detalle en algunos casos de reversión de carácter especial. Aún no he puesto todos mis hechos sobre este tema en masa, así que no puedo llegar a ninguna conclusión definitiva. Pero como los caracteres individuales pueden revertir, debo decir que no veo ninguna improbabilidad en que varios lo hagan. Como no creo que se conozcan experimentos o hechos bien fundamentados, cada uno debe formar su opinión a partir de generalidades vagas. Creo que usted confunde dos consideraciones bastante distintas; una variación surge de cualquier causa, y la reversión no se opone a esto, sino únicamente a su herencia. No es que crea que lo que quizás debamos llamar una docena de leyes distintas están todas luchando entre sí en cada variación que surge. Para dar mi impresión, si me viera obligado a apostar si después de cien generaciones de crecimiento en un suelo arenoso pobre, una coliflor y una col roja revertirían o no a la misma forma, debo decir que preferiría apostar mi dinero a que lo harían. Pero en tal caso las condiciones de vida cambian (y aquí viene la cuestión de la influencia directa de la condición), y no ha de haber selección, los efectos comparativamente repentinos de la selección del hombre se dejan al libre juego de la reversión.

En resumen, no me atrevo a llegar a ninguna conclusión sin comparar todos los hechos que he recopilado, y no creo que haya muchos.

Por favor, no le diga a nadie que pensé que mi libro sobre especies sería bastante popular y tendría una venta bastante remunerativa (lo cual era el colmo de mi ambición), pues si resulta un fracaso total me haría aún más ridículo.

CARTA 73. A W.H. MILLER. Down, 5 de junio [1859].

Le agradezco mucho su carta. Si hubiera visto el interés de mi observación habría hecho muchas más mediciones, aunque hice varias. Expuse los hechos simplemente para dar al lector general una idea del grosor de las paredes. (73/1. Las paredes de las celdas de las abejas: véase Carta 173.)

Especialmente si hubiera visto que el hecho tenía alguna importancia general, habría declarado que, hasta donde pude medir, las paredes no son en absoluto perfectamente del mismo grosor. También habría declarado que la principal diferencia es cuando se contrasta el grosor de las paredes de la parte superior del hexágono y de las placas basales piramidales. ¿Me obligará mirando con una lupa fuerte el trozo de panal, cepillando con un cuchillo los bordes superiores engrosados, y luego comparando, solo a ojo, el grosor de las paredes allí con el grosor de las placas basales, como se ve en cualquier sección transversal? Me gustaría mucho saber si, incluso de esta manera, la diferencia no es perceptible. Generalmente es así perceptible comparando el grosor de las paredes del hexágono (si no se toman muy cerca del ángulo) cerca de las placas basales, donde la comparación a ojo es, por supuesto, más fácil. Su carta realmente me puso enfermo de pánico; al no ver ninguna gran importancia [en el] hecho, hasta que miré mis notas, no recordaba que hice varias mediciones. Ahora he repetido las mismas mediciones, aproximadamente con los mismos resultados generales, pero la diferencia, creo, apenas es el doble.

No habría mencionado el grosor de las placas basales en absoluto, si no hubiera pensado que daría una noción injusta del grosor de las paredes declarar solo las mediciones menores.

CARTA 74. A W.H. MILLER. [1859]

No tuve intención de que usted midiera el grosor de las paredes de las celdas; pero si lo hace, y me permite dar sus mediciones, será una ventaja inmensa. Como no es molestia, envío más especímenes. Si mide, por favor observe que medí el grosor de las paredes de los prismas hexagonales no muy cerca de la base; pero por sus observaciones tan interesantes la parte inferior de las paredes debería ser medida.

Gracias por la sugerencia sobre cómo las abejas juzgan los ángulos y las distancias. Lo tendré en mente. Es una perplejidad completa para mí, y sin embargo ciertamente los insectos pueden juzgar toscamente de alguna manera la distancia. Hay dificultades especiales debido a la gradación de tamaño entre las celdas de las obreras y las celdas más grandes de los zánganos. Estoy intentando probar el caso prácticamente obteniendo panales de diferentes especies, y de nuestra propia abeja de diferentes climas. Últimamente he tenido algunos de las Indias Occidentales de nuestra abeja común, pero las celdas PARECEN ciertamente ser más grandes; pero aún no han sido medidas cuidadosamente. Tendré en mente su sugerencia cuando vuelva a los experimentos con abejas vivas; pero eso no será pronto.

Como usted ha estado considerando mi pequeña discusión en relación con Lord Brougham (74/1. Artículo de Lord Brougham sobre "La estructura matemática de las celdas de las abejas", leído ante el Instituto Nacional de Francia en mayo de 1858.), y como he sido más vituperado por esta parte que por casi cualquier otra, me gustaría contarle cómo creo que está el caso. La discusión vista por sí misma vale poco más que el papel en el que está impresa, excepto en la medida en que contiene tres o cuatro hechos ciertamente nuevos. Pero para aquellos que están inclinados a creer en la verdad general de la conclusión de que las especies y sus instintos son lentamente modificados por lo que llamo Selección Natural, creo que mi discusión elimina casi una dificultad muy grande. Creo en su verdad principalmente por la existencia de la Melipona, que hace un panal tan intermedio en estructura entre el de la abeja común y la de la miel, y especialmente por el nuevo y curioso hecho de que las abejas hacen copas o platillos lisos cuando excavaban en un trozo grueso de cera, los cuales estaban tan cerca que se construyeron hexágonos en sus bordes que se intersectan. Y, por último, porque cuando excavaban en una tira delgada de cera, la excavación en ambos lados de cuencas lisas similares se detenía, y quedaban planos entre las cuencas casi opuestas. Si mi punto de vista fuera totalmente falso, estos casos, creo, nunca habrían ocurrido. Sedgwick y compañía pueden abusar de mí cuanto quieran, pero seguiré pensando que la mía es una explicación racional (hasta donde llega) de su método de trabajo.

CARTA 75. A W.H. MILLER.

Down, 1 de diciembre [1859].

Hace algunos meses fue usted tan amable de decir que mediría el grosor de las paredes de las placas basales y laterales de la celda de la abeja. ¿Podría encontrar tiempo para hacerlo pronto? Por lo que lo quiero pronto es porque últimamente he sabido por Murray que vendió en su liquidación muchos más ejemplares de los que tiene del "Origen de las especies", y que debo preparar inmediatamente una nueva edición, que estoy corrigiendo ahora. Por cierto, oigo de Murray que todos los ataques acumulados sobre mi libro no parecen haber perjudicado en absoluto la venta, lo que hará gruñir al pobre y querido viejo Sedgwick. Si las placas basales y las paredes difieren considerablemente en grosor, como ciertamente lo hacían en la una o dos celdas que medí sin cuidado particular (pues nunca pensé que el punto tuviera importancia), ¿me dirá el alcance del hecho tan simplemente como pueda, por si acaso alguien tan estúpido como yo en geometría fuera capaz de entenderlo?

¿Sería el mayor grosor de las placas basales y del borde de los hexágonos una buena adaptación para soportar el peso vertical de las celdas llenas de miel y que soportan racimos de abejas vivas?

¿Se esforzará por sacar tiempo y concederme este favor?

P.D. Si el resultado de su medición del grosor de las paredes resulta ser en algo lo que he afirmado, ¿no valdría la pena escribir un pequeño artículo sobre el tema de su nota anterior; y "desplumar" a las abejas si merecen esta degradación? Muchos matemáticos parecen haber considerado el tema digno de atención. Cuando las celdas están llenas de miel y cuelgan verticalmente tienen que soportar un gran peso. ¿Pueden ser las placas basales más gruesas un artificio para dar fuerza a todo el panal, con menos consumo de cera, que si todos los lados de los hexágonos fueran engrosados?

Esta noción cruda cruzó por mi mente anteriormente; pero por supuesto está fuera de mi alcance incluso conjeturar cómo sería el caso.

Un matemático, el Sr. Wright, ha estado escribiendo sobre la geometría de las celdas de las abejas en los Estados Unidos a consecuencia de mi libro; pero apenas puedo entender su artículo. (75/1. Chauncey Wright, "Observaciones sobre la arquitectura de las abejas" ("Amer. Acad. Proc." IV., 1857-60, página 432.)

CARTA 76. A T.H. HUXLEY.

(76/1. La fecha de esta carta es lamentablemente dudosa, de lo contrario probaría que en una fecha temprana estaba familiarizado con las opiniones de Erasmus Darwin sobre la evolución, un hecho que no siempre ha sido reconocido. Difícilmente podemos dudar de que fue escrita en 1859, pues en este momento el Sr. Huxley estaba recopilando hechos sobre la cría para su conferencia dada en la Royal Institution el 10 de febrero de 1860, sobre "Especies y razas y su origen". Véase "Life and Letters", II., página 281.)

Down [¿junio?] 9 [¿1859?].

Si el día 11 tiene media hora libre, podría gustarle ver una muy buena exposición de palomas, y la tarjeta adjunta le dará entrada.

La historia del error es bastante poco importante, pero es curioso observar cuán exacta y precisamente mi abuelo (en "Zoonomia", Volumen I., página 504, 1794) da la teoría de Lamarck. Citaré una frase. Hablando de los picos de las aves, dice: "Todos los cuales parecen haber sido producidos gradualmente durante muchas generaciones por el esfuerzo perpetuo de las criaturas para suplir la falta de alimento, y haber sido entregados a su posteridad con constante mejora de los mismos para los propósitos requeridos". Lamarck publicó "Hist. Zoolog." en 1809. La "Zoonomia" fue traducida a muchos idiomas.

CARTA 77. A C. LYELL. Down, 28 [junio 1859].

No vale la pena molestarle, pero mi conciencia está inquieta por haber olvidado agradecerle su "Etna" (77/1. "Sobre la estructura de las lavas que han sido consolidadas en pendientes pronunciadas, con observaciones sobre el modo de origen del Monte Etna, y sobre la teoría de 'Cráteres de elevación'" ("Phil. Trans. R. Soc." Volumen CXLVIII., 1858, página 703).), que me parece una magnífica contribución a la geología volcánica, y debería pensar que ahora podría descansar en sus laureles en este departamento.

Tan pronto como pueda tener listo un ejemplar de mi libro (77/2. "El origen de las especies", Londres, 1859.), en unas seis semanas o dos meses, le será enviado; y si lo aprueba, aunque sea en una medida moderada, será la mayor satisfacción que recibiré jamás por una cantidad de trabajo que nadie apreciará nunca.

CARTA 78. A J.D. HOOKER.

(78/1. La referencia en la siguiente carta es a las pruebas de la "Flora australiana" de Hooker.)

Down, 28 [julio 1859].

El pliego devuelto es principalmente aquel que recibí en MS. Algunas partes me parecen (aunque quizá sea por falta de memoria) mucho mejores, y mantengo mi impresión anterior de que toda la discusión sobre la flora australiana es admirablemente buena y original. Sé que entenderá y no pondrá reparos a que exprese mi opinión (pues uno debe formársela) tan presuntuosamente. No tengo críticas, salvo quizá que me gustaría que en alguna parte dijera, cuando se refiera a mí, que se refiere solo a la nota en el "Linnean Journal"; no es que, bajo mi palabra de honor, espere que piense más favorablemente del conjunto que de la sugerencia en el "Journal". Estoy mucho más que satisfecho con lo que dice de mi trabajo; sin embargo, sería bueno evitar la apariencia de que sus observaciones son una crítica a mi obra más extensa.

Lamento mucho saber que tiene tanto exceso de trabajo. Yo también avanzo muy lentamente, y apenas he terminado aún la mitad de mi volumen... Regresé el martes pasado de una semana de hidroterapia.

Tome ejemplo de mí y no trabaje demasiado. Por amor de Dios, piense en esto.

Es un trabajo terriblemente arduo para mí terminar mi maldito volumen.

Le deseo que salga bien de todas sus labores. Adiós.

CARTA 79. A ASA GRAY. Down, 29 de noviembre [1859].

Esta será una nota tan extraordinaria como ninguna que haya recibido de mí, pues no contendrá ni una sola pregunta ni petición. Le agradezco su impresión sobre mis puntos de vista. Toda crítica de un hombre de bien es valiosa para mí. Lo que usted insinúa en general es muy, muy cierto: que mi trabajo será gravemente hipotético, y grandes partes de ninguna manera dignas de llamarse inducción, siendo mi error más común probablemente la inducción a partir de muy pocos hechos. No había pensado en su objeción de que utilizo el término "selección natural" como un agente. Lo uso más o menos como un geólogo utiliza la palabra denudación: para un agente, que expresa el resultado de varias acciones combinadas. Me ocuparé de explicar, no meramente por inferencia, lo que quiero decir con el término; pues debo usarlo, de lo contrario tendría que expandirlo incesantemente en alguna fórmula (aquí expresada miserablemente) como la siguiente: "La tendencia a la preservación (debido a la severa lucha por la vida a la que todos los seres orgánicos están expuestos en algún momento o generación) de cualquier variación, por mínima que sea, en cualquier parte, que sea de la más mínima utilidad o favorable para la vida del individuo que así ha variado; junto con la tendencia a su herencia". Cualquier variación que no fuera de utilidad alguna para el individuo, no sería preservada por este proceso de "selección natural". Pero no le cansaré continuando, ya que no supongo que podría hacer más claro mi significado sin una gran expansión. Solo añadiré una frase más: varias variedades de ovejas han sido soltadas juntas en las montañas de Cumberland, y se descubre que una raza particular tiene tanto éxito que supera a todas las demás que prácticamente las hace morir de hambre. Aquí diría que la selección natural elige esta raza, y tendería a mejorarla, o a haberla formado originalmente...

Usted habla de que las especies no tienen ninguna base material sobre la cual descansar, pero ¿es esto una dificultad mayor que decidir qué merece ser llamado variedad, y ser designado por una letra griega? Cuando trabajaba en sistemática, sé que anhelaba no tener otra dificultad (ya bastante grande) que decidir si la forma era lo suficientemente distinta para merecer un nombre, y no ser atormentado por preguntas indefinidas e irresolubles sobre si era una verdadera especie. ¡Qué salto es de una variedad bien marcada, producida por una causa natural, a una especie producida por el acto separado de la mano de Dios! Pero estoy divagando tontamente. A propósito, el otro día me encontré con Phillips, el paleontólogo, y me preguntó: "¿Cómo define usted una especie?". Respondí: "No puedo". Ante lo cual dijo: "¡por fin he encontrado la única definición verdadera: cualquier forma que haya tenido alguna vez un nombre específico!".

CARTA 80. A C. LYELL. Ilkley, 31 de octubre [1859].

Para que no malinterprete hasta dónde llego con Pallas y sus muchos discípulos, quisiera añadir que, aunque creo que nuestros perros domésticos han descendido de varias formas salvajes, y aunque debo pensar que la esterilidad, que probablemente habrían mostrado si se hubieran cruzado antes de ser domesticados, ha sido eliminada, sin embargo, voy solo un poco más allá con Pallas y Cía. en su creencia en la importancia del cruce y la mezcla de los linajes aborígenes. (80/1. "Con nuestros animales domesticados, las diversas razas cuando se cruzan son bastante fértiles; sin embargo, en muchos casos descienden de dos o más especies salvajes. De este hecho debemos concluir que las especies parentales aborígenes produjeron al principio híbridos perfectamente fértiles, o que los híbridos criados posteriormente bajo domesticación se volvieron bastante fértiles. Esta última alternativa, que fue propuesta por primera vez por Pallas, parece ser con mucho la más probable, y, de hecho, difícilmente puede ser puesta en duda" ("El origen de las especies", edición VI, página 240).) Verá esto expuesto brevemente en el primer capítulo. En general, con respecto al cruce, los efectos pueden ser diametralmente opuestos. Si cruza dos razas muy distintas, puede hacer (no es que crea que tal cosa se haya hecho a menudo) una tercera y nueva raza intermedia; pero si cruza dos razas sumamente cercanas, o dos individuos ligeramente diferentes de la misma raza, entonces, de hecho, anula y borra la diferencia. En este último sentido, creo que el cruce es sumamente importante, y desde hace veinte años trabajo con flores e insectos bajo este punto de vista. No me gustan los términos de Hooker, centripeto y centrífugo (80/2. "Ensayo introductorio a la flora de Tasmania" de Hooker, páginas viii y ix): me recuerdan al mal término de Polaridad de Forbes. (80/3. Forbes, "Sobre la manifestación de la polaridad en la distribución de los seres organizados en el tiempo".--"Proc. de la R. Institución" I, 1851-54.)

Me atrevo a decir que la selección por parte del hombre generalmente funcionaría más rápido que la Selección Natural; pero la distinción importante entre ellas es que el hombre difícilmente puede seleccionar sino caracteres externos y visibles, y en segundo lugar, selecciona para su propio beneficio; mientras que en la naturaleza, los caracteres de todo tipo son seleccionados exclusivamente para el propio beneficio de cada criatura, y son bien ejercitados; pero encontrará todo esto en el Capítulo IV.

Aunque el sabueso, el galgo y el bulldog puedan haber descendido posiblemente de tres linajes distintos, estoy convencido de que su gran cantidad actual de diferencia se debe principalmente a las mismas causas que han hecho que las razas de palomas sean tan diferentes entre sí, aunque estas razas de palomas hayan descendido todas de un solo linaje salvaje; de modo que considero la doctrina pallasiana como de importancia secundaria.

En mi libro más grande he explicado mi significado completamente; si lo he hecho en el Resumen, no puedo recordarlo.

CARTA 81. A C. LYELL. [5 de diciembre de 1859.]

Olvido si usted recibe el "Times"; por si acaso no lo hace, le envío la rica carta adjunta. (81/1. Véase el "Times", 1 y 5 de diciembre de 1859: dos cartas firmadas por "Senex", que tratan sobre "Obras de arte en el sedimento".) Estoy seguro de que es de Fitz-Roy... Es una lástima que no añadiera su teoría de la extinción del Mastodonte, etc., a causa de que la puerta del Arca se hizo demasiado pequeña. (81/2. Un posdata a esta carta, aquí omitido, está publicado en la "Vida y cartas", II, página 240.)

CARTA 82. FRANCIS GALTON A CHARLES DARWIN. 42, Rutland Gate, Londres, S.W., 9 de diciembre de 1859.

Permítame añadir una palabra de felicitación por la finalización de su maravilloso volumen, a aquellas que estoy seguro habrá recibido de todas partes. Lo he dejado con el pleno disfrute de una sensación que rara vez se experimenta después de los días de juventud, la de haber sido iniciado en un territorio de conocimiento completamente nuevo, que, sin embargo, se conecta con otras cosas de mil maneras. He oído que está trabajando en una segunda edición. Hay un error trivial en la página 68, sobre los rinocerontes (82/1. Down (loc. cit.) dice que ni el elefante ni el rinoceronte son destruidos por las bestias de presa. El Sr. Galton escribió que los perros salvajes cazan al rinoceronte joven y "los agotan hasta la muerte; los persiguen todo el día, desgarrándoles las orejas, la única parte donde sus dientes pueden aferrarse". La referencia al rinoceronte se omite en las ediciones posteriores del "Origen".), que pensé que sería mejor señalar, y he aprovechado la misma oportunidad para garabatear media docena de otras notas, que pueden o no serle útiles.

(83/1. Las tres cartas siguientes se refieren a la conferencia de Huxley sobre la Evolución, impartida en la Royal Institution el 10 de febrero de 1860, cuya peroración se da en "Vida y cartas", II, página 282, junto con algunas cartas sobre el tema.)

CARTA 83. A T.H. HUXLEY. 25 de noviembre [1859].

Me alegro más allá de toda medida por la conferencia. Estaré en casa en quince días, cuando podría enviarle espléndidos dibujos en folio coloreados de palomas. ¿Llegarían a tiempo? Si no, creo que podría escribir a mis sirvientes y hacer que se los envíen. Si NO tengo noticias, entenderé que unos quince o dieciséis días estarán a tiempo.

He recibido una carta amable pero mordaz contra mí del pobre y querido viejo Sedgwick, "que se ha reído hasta que le dolió el costado con mi libro".

Phillips es cauteloso, pero decididamente, me temo, hostil. ¡Hurra por la Conferencia, es grandiosa!

CARTA 84. A T.H. HUXLEY. Down, 13 de diciembre [1859].

Tengo buenos dibujos grandes (84/1. Para la conferencia de R.I. del Sr. Huxley.) del Pouter, Carrier y Tumbler; solo tengo dibujos en libros de Fantails, Barbs y Scanderoon Runts. Si los tuviera, tendría una gran muestra de extremos de diversidad. ¿Pagarán en la Royal Institution por copiar en gran tamaño los dibujos de estas aves? Podría prestar cráneos de un Carrier y un Tumbler (para mostrar la gran diferencia) con el mismo propósito, pero probablemente no valdría la pena.

He estado mirando mi MS. Lo que usted quiere, creo, es sobre el hibridismo y la cría. El capítulo sobre hibridismo está en un estado bastante bueno, unas 150 páginas en folio con notas y referencias al dorso. Mi primer capítulo sobre la cría está en un estado demasiado malo e imperfecto para enviarlo; pero mi discusión sobre las palomas (en unas 100 páginas en folio) está en un estado bastante bueno. Estoy perfectamente convencido de que nunca tendría paciencia para leer tales volúmenes de MS. Hablo ahora en el palacio de la verdad, y le ruego que usted también lo haga: si cree que los leería, los enviaré voluntariamente con mi sirviente, o los llevaré yo mismo la próxima semana. Pero no tengo copia, y nunca podría reemplazarlos; y si no pensara realmente que los usaría, preferiría no arriesgarlos. Pero repito que los llevaré gustosamente, si cree que tendría la vasta paciencia para usarlos. Por favor, hágamelo saber sobre este tema, y si debo enviar el libro con pequeños dibujos de otras tres razas o cráneos. He oído el rumor de que Busk está de nuestro lado con respecto a las especies. ¿Es así? Sería muy bueno.

CARTA 85. A T.H. HUXLEY. Down, 16 de diciembre [1859].

Le agradezco su nota y invitación a cenar, muy agradables y divertidas, que lamento decir que no puedo aceptar. Subiré (si el estómago lo permite) el jueves para la cena del Phil. Club, y regresaré el sábado, y estoy comprometido con mi hermano para el viernes. Pero me gustaría mucho pasar por el Museo el viernes o el sábado por la mañana y verle. ¿Me dejaría una línea, ya sea aquí o en 57, Queen Anne Street, para decirme a qué hora suele venir al Museo, y si probablemente estará allí el viernes o el sábado? Incluso si está en el Club, será pura casualidad si nos sentamos cerca el uno del otro.

Llevaré los artículos el jueves por la tarde y los dejaré al cuidado del portero en el Museo. Consistirán en grandes dibujos de un Pouter, un Carrier, y dibujos algo más pequeños de algunas subvariedades (que se reproducen casi puras) de Tumblers de cara corta. También un pequeño dibujo de Scanderoon, una especie de Runt, y una raza muy notable. También un libro con dibujos medianamente buenos de Fantail y Barb, pero dudo mucho que valga la pena el esfuerzo de agrandarlos.

También una caja (¡por el cielo, tenga cuidado!) con un cráneo de Carrier y de Tumbler de cara corta; también mandíbulas inferiores (tamaño más grande) de Runt, tamaño mediano de Paloma de roca, y la ancha de Barb. La forma de la rama de la mandíbula difiere curiosamente en estas mandíbulas.

También el MS. de hibridismo y palomas, que simplemente le cansará hasta la muerte. Iré yo mismo o enviaré a un sirviente por el MS. y los huesos cuando haya terminado con ellos; pero no se apresure.

Usted ha dado en el plan exacto que, por consejo de Lyell, Murray, etc., pretendo seguir, a saber: sacar volúmenes separados en detalle, y empezaré con las producciones domésticas; pero estoy decidido a intentar [trabajar] muy lentamente, para que, si es posible, pueda mantener un estado de salud algo mejor. No había pensado en las ilustraciones; ese es un consejo capital. ¡Adiós, mi buen y admirable agente para la promulgación de herejías condenables!

CARTA 86. A L. HORNER. Down, 23 de diciembre [1859].

Debo tener el placer de agradecerle su carta extremadamente amable. Me complace mucho que apruebe mi libro y que vaya a hacerme el extraordinario cumplido de leerlo dos veces. Me temo que es una lectura dura, pero está más allá de mis capacidades hacer el tema más claro. Lyell lo habría hecho admirablemente.

Usted debe disfrutar de ser un caballero a sus anchas, y he oído que ha regresado con ardor a trabajar en la Sociedad Geológica. Esperamos en el transcurso del invierno persuadir a la Sra. Horner, a usted y a sus hijas para que nos hagan una visita. Ilkley me hizo un bien extraordinario durante la última parte de mi estancia y durante mi primera semana en casa; pero he vuelto últimamente a mis malos hábitos, y temo que nunca estaré decentemente bien y fuerte.

P.D. Cuando alguno de su grupo escriba a Mildenhall, le agradecería mucho que le dijera a Bunbury que espero que no olvide, cuando lea mi libro, su promesa de hacerme saber qué piensa de él; pues su conocimiento es tan grande y preciso que todos deben valorar mucho sus opiniones. Me sentiré bastante contento si su creencia en la inmutabilidad de las especies se tambalea en absoluto.

CARTA 87. A C. LYELL.

(87/1. En "El origen de las especies" una sección del Capítulo X está dedicada a "La sucesión de los mismos tipos dentro de las mismas áreas, durante el período Terciario tardío" (Edición I, página 339). El Sr. Darwin escribió lo siguiente: "El Sr. Clift demostró hace muchos años que los mamíferos fósiles de las cuevas australianas estaban estrechamente aliados a los marsupiales vivos de ese continente". Después de citar otros casos que ilustran la misma concordancia entre tipos fósiles y recientes, el Sr. Darwin continúa: "Quedé tan impresionado con estos hechos que insistí fuertemente, en 1839 y 1845, en esta 'ley de sucesión de tipos', en 'esta maravillosa relación en el mismo continente entre los muertos y los vivos'. El profesor Owen ha extendido posteriormente la misma generalización a los mamíferos del Viejo Mundo".)

Down, 27 de [diciembre] [1859].

Owen me escribió para pedirme la referencia a Clift. Como mis propias notas para los últimos capítulos están todas en el caos, pensé en quién era el hombre más confiable de todos para buscar referencias, y me respondí: "Por supuesto, Lyell". En los ["Principios de geología"], edición de 1833, Volumen III, capítulo xi, página 144, encontrará la referencia a Clift en el "Edinburgh New Phil Journal", No. XX, página 394. (87/2. La referencia correcta al "Informe" de Clift sobre huesos fósiles de Nueva Holanda es "Edinburgh New Phil. Journal", 1831, página 394.) También encontrará que usted quedó muy impresionado con el hecho en sí (87/3. Esto se refiere al descubrimiento de especies de animales recientes y fósiles en una brecha de cueva australiana. Se cita al Sr. Clift como habiendo identificado uno de los huesos, que era mucho más grande que el resto, como el de un hipopótamo.), que yo había olvidado por completo. Copié el pasaje y se lo envié a Owen. La razón por la que di con cierto detalle referencias a mi propio trabajo es que Owen (no es la primera ocasión con respecto a mí mismo y a otros) ignora tranquilamente que yo haya generalizado alguna vez sobre el tema, y hace un gran alboroto en más de una ocasión por haber descubierto la ley de sucesión. De hecho, esta ley, con la distribución de las Galápagos, dirigió primero mi mente hacia el origen de las especies. Mis propias referencias son [al "Viaje de un naturalista"]:

Gran 8vo, Murray, Edición 1839 Edición 1845

Página 210 Página 173 Sobre la sucesión.

Página 153 Páginas 131-32 Sobre la división de antiguas provincias geográficas.

Mucho antes de que Owen publicara, yo había trabajado en MS. la sucesión de tipos en el Viejo Mundo (como recuerdo haberle dicho a Sedgwick, quien por supuesto no lo creyó).

Desde que recibí su última carta sobre Hooker, he leído su introducción hasta la página xxiv (87/4. "Sobre la flora de Australia, etc.; siendo un Ensayo introductorio a la flora de Tasmania": Londres, 1859.), donde comienza la flora australiana, y esta última parte fue la que más me gustó en las pruebas. Es un ensayo magnífico. Dudo ligeramente sobre algunas afirmaciones, o más bien me habría gustado tener más hechos, como, por ejemplo, con respecto a que las especies varían más en los confines de su área de distribución. Naturalmente, dudo un poco de sus observaciones sobre la divergencia (87/5. "La variación se efectúa por cambios graduados; y la tendencia de las variedades, tanto en la naturaleza como bajo cultivo, cuando varían más, es más bien a apartarse más y más ampliamente del tipo original que a revertir a él". En el margen Darwin escribió: "Sin selección dudoso" (loc. cit., página viii).), y sobre que las razas domésticas se produzcan en la naturaleza sin selección. Haría falta mucho para convencerme de que una paloma Pouter, o un Carrier, etc., podrían haber sido producidos por las simples leyes de la variación sin una selección prolongada, aunque cada pequeña ampliación del buche y del pico se deba a la variación. Objeciono mucho a su comparación de los productos de las islas que se hunden y las que se elevan (87/6. "Me aventuro a anticipar que un estudio de la vegetación de las islas con referencia a las peculiaridades de los tipos genéricos por un lado, y de las condiciones geológicas (ya sea como elevándose o hundiéndose) por el otro, puede, en el estado actual de nuestro conocimiento, avanzar considerablemente otros temas de distribución y variación" (loc. cit., página xv).); en el Océano Índico compara exclusivamente muchas islas volcánicas que se elevan y atolones de coral que se hunden. Estas últimas tienen un suelo muy peculiar, son excesivamente pequeñas en área, y están habitadas por muy pocas especies; además, tales islas de coral bajas probablemente han sido a menudo, durante su subsidencia, completamente sumergidas, y repobladas por plantas de otras islas. En el Océano Pacífico, las floras de todos los mejores casos son desconocidas. La comparación debería haber sido exclusivamente entre islas volcánicas que se elevan y con arrecifes costeros, e islas volcánicas que se hunden y con arrecifes de barrera. He leído a Naudin (87/7. Naudin, "Revue Horticole", 1852?), y Hooker está de acuerdo en que ni siquiera toca mis puntos de vista.

He tenido otra conversación con Bentham, quien se encuentra muy agitado por su libro: es evidente que su intelecto severo y agudo ha sido despertado, y descubre que es demasiado tarde para vacilar entre dos opiniones. Veremos cómo resulta. Estoy sumamente interesado en a qué conclusión llegaremos, y nunca saco el tema a colación con él. Terminé ayer los capítulos sobre la evidencia geológica; son muy buenos y muy llamativos, pero no puedo ver que sean objeciones tan contundentes como usted todavía sostiene que son. Yo diría que, en el fondo de su alma, usted sigue subestimando la imperfección del Registro Geológico, aunque no puede haber lenguaje más fuerte ni argumentos más justos y sólidos contra ella. Por supuesto, estoy influenciado por la Botánica, y por la convicción de que no poseemos en estado fosilizado ni una fracción de las plantas que han existido, y que ni siquiera una fracción de las que tenemos son reconocibles específicamente. Nunca vi tan claramente expresado el hecho de que no son los intermedios entre las especies existentes lo que necesitamos, sino entre estas y el desconocido tertium quid.

Sin duda usted hace de la Selección Natural un pasatiempo, y probablemente lo monta con demasiada fuerza; esa es una necesidad de su caso. Si es concebible mejorar la doctrina de la creación por variación, será descargando su teoría de la Selección Natural, la cual a primera vista parece exagerada; es decir, que pretende explicar demasiado. Pienso, además, que algunas de sus dificultades, que usted supera mediante la Selección Natural, podrían ceder ante otras explicaciones. Pero, ¡Dios mío!, qué poco sabemos y cuánto hemos aprendido al ser impulsados en nuestro conocimiento por una sola teoría. Si nos creíamos perros sabios antes de que usted revelara la Selección Natural, qué perros tan malditos e ignorantes debemos ser ahora que sí conocemos esa ley.

He oído que podría estar en el Club el jueves. Espero que así sea. Huxley no estará allí, así que no venga por ese motivo.

CARTA 89. A T.H. HUXLEY. 1 de enero [1860].

Escribo una sola línea meramente para agradecerle su agradable nota, y para decirle que guardaré su secreto. Sacudiré la cabeza tan misteriosamente como Lord Burleigh. Varias personas me han preguntado quién escribió ese "artículo tan notable" en el "Times". Como un gato puede mirar a un rey, así he dicho que sospechaba fuertemente de usted. X fue tan perspicaz que la primera frase reveló la autoría. ¡Los Z (que Dios nos ampare) pensaron que era de Owen! Puede estar seguro de que ha causado una impresión profunda, y me alegro sinceramente de que el tema y yo le debamos esta nueva obligación. Pero por el amor de Dios, cuide su salud; recuerde que el cerebro tarda años en descansar, mientras que los músculos solo tardan horas. Ahí tiene al pobre Dana, a quien solía predicar por carta, que me escribe diciendo que mis profecías se han cumplido: está en Florencia completamente agotado, no puede leer nada ni escribir nada, y no puede hablar durante media hora. Noté la "frase traviesa" sobre Owen, aunque mi mujer vio su alcance antes. ¡Adiós, el mejor y el peor de los hombres!

Esa frase sobre las cenas de pájaros y peces nos encantó. Lyell me escribió; con un estilo como el suyo.

¿Ha visto el artículo mordaz del 26 de diciembre en el "Daily News" sobre que robé a mi "maestro", el autor de los "Vestigios"?

CARTA 90. A J.L.A. DE QUATREFAGES. [Sin fecha]

Cuánto me gustaría saber si Milne Edwards ha leído la copia que le envié, y si piensa que he presentado un caso bastante bueno de nuestro lado de la cuestión. No hay naturalista en el mundo por cuya opinión sienta un respeto tan profundo. Por supuesto, no soy tan tonto como para esperar cambiar su opinión.

CARTA 91. A C. LYELL.

[¿Diciembre?] 9 [1859].

Envío la carta de Sedgwick; es terriblemente confusa, y realmente la primera página parece casi infantil.

Estoy tristemente sobrecargado de trabajo, así que no le escribiré. He incorporado varias de sus invaluables correcciones; de hecho, todas las que el tiempo permite. Deduzco de una carta de Huxley que Ramsay es un converso, y estoy extremadamente contento de conseguir geólogos puros, ya que serán muy pocos. Muchas gracias por su nota tan agradable. Qué placer me ha dado. Creo que habría sido un miserable si no fuera por usted y algunos otros, pues oigo amenazas de ataques que me temo serán lo suficientemente severos. Pero estoy seguro de que ahora puedo soportarlos.

CARTA 92. A T.H. HUXLEY.

Down, 11 de enero [1860?].

Concuerdo plenamente en que la dificultad es grande, y podría ser muy explotada por un simple abogado. ¿Me obligaría leyendo de nuevo lentamente desde la página 267 a la 272? Puedo añadir a lo que allí se dice que me parece completamente inútil intentar explicar por qué las variedades no son estériles, hasta que conozcamos la causa precisa de la esterilidad en las especies.

Reflexione por un momento sobre cuán pequeñas y sobre qué causas muy peculiares debe depender la reciprocidad desigual de la fertilidad en las mismas dos especies. Reflexione sobre el caso curioso de especies más fértiles con polen ajeno que con el propio. Reflexione sobre muchos casos que podrían darse, y que se darán en mi libro más grande (independientemente de la hibridez), de cambios muy leves de condiciones que causan que una especie sea completamente estéril y no afecten a una especie cercanamente aliada. ¡Cuán profundamente ignorantes somos sobre la relación íntima entre las condiciones de vida y la fertilidad disminuida en las especies puras!

El único punto que podría añadir a mi breve discusión sobre este tema es que creo probable que la falta de adaptación a condiciones de vida uniformes en nuestras variedades domésticas haya desempeñado un papel importante en impedir que adquieran esterilidad al cruzarse. Pues la falta de uniformidad, y los cambios en las condiciones de vida, parecen ser la única causa de la eliminación de la esterilidad (al cruzarse) bajo domesticación. Esta eliminación, aunque admitida por muchos autores, descansa sobre pruebas muy leves, aunque creo que es muy probablemente cierta, como puede inferirse del caso de los perros. En la naturaleza parece improbable que las diferencias en la constitución reproductiva, de las cuales depende la esterilidad de cualesquiera dos especies al cruzarse, puedan ser adquiridas directamente por la Selección Natural; pues no supone ninguna ventaja para la especie. Tales diferencias en la constitución reproductiva deben estar en correlación con algunas otras diferencias; ¡pero qué imposible es conjeturar cuáles son estas! Reflexione sobre el caso de las variaciones de Verbascum, que no difieren en ningún otro aspecto que no sea el elemento fluctuante del color de la flor, y aun así es imposible resistirse a la evidencia de Gärtner de que esta diferencia en el color sí afecta a la fertilidad mutua de las variedades.

Todo el caso me parece demasiado misterioso para servir de base a un ataque válido contra la teoría de la modificación de las especies, aunque, como usted dice, ofrece un terreno excelente para un simple abogado.

Me sorprende, considerando cuán ignorantes somos sobre muchísimos puntos, [que] no se me hayan señalado ya más puntos débiles en mi libro. Sin duda muchos lo serán. H.C. Watson basa su objeción en un manuscrito en que no hay límite a la diversificación infinita de las especies: he respondido a esto, creo, satisfactoriamente, y he enviado el ataque y la respuesta a Lyell y Hooker. Si esto le parece una buena objeción, le enviaría los papeles. Andrew Murray "despacha" toda la teoría mediante una ingeniosa dificultad a partir de la distribución de insectos ciegos de cueva; pero puede, creo, ser respondida justamente.

CARTA 93. A T.H. HUXLEY. Down, [febrero] 2 [1860].

He tenido esta mañana una carta del viejo Bronn (quien, para mi asombro, parece ligeramente tambaleado por la Selección Natural), y dice que un editor en Stuttgart está dispuesto a publicar una traducción, y que él, Bronn, supervisará hasta cierto punto. ¿Ha escrito a Kölliker? si no, tal vez sea mejor que acepte esta propuesta; ¿qué piensa usted? Si ha escrito, debo esperar, y en este caso, ¿sería tan amable de hacérmelo saber tan pronto como tenga noticias de Kölliker?

Mi pobre y querido amigo, maldecirá el día en que tomó la línea de "agencia general"; pero realmente después de esto no le daré más molestias.

No olvide las tres entradas para nosotros para su conferencia, y la entrada para Baily, el pollero.

El viejo Bronn ha publicado en el "Anuario de Mineralogía" un aviso sobre el "Origen"; ¡y dice que él mismo ha publicado en otra parte un presentimiento de la teoría!

CARTA 94. A J.D. HOOKER. Down, 14 de febrero [1860].

Logré persuadirme durante veinticuatro horas de que la conferencia de Huxley fue un éxito. Algunas partes fueron elocuentes y buenas, y todo muy audaz; y escuché a desconocidos decir: "¡Qué buena conferencia!". Se lo dije a Huxley; pero objeté mucho el tiempo perdido en comentarios introductorios, especialmente en su forma de hacer parecer que la esterilidad era una distinción clara y manifiesta de las especies, y por no haber aludido siquiera a las partes más importantes del tema. Dijo que tenía mucho más escrito, pero que el tiempo falló. Tras conversar con otros y reflexionar más, debo confesar que, como exposición de la doctrina, la conferencia me parece un fracaso total. Doy gracias a Dios por no haberlo pensado así cuando vi a Huxley; pues habló tan amable y magníficamente de mí, que difícilmente podría haber soportado decir lo que ahora pienso. No dio una idea justa de la Selección Natural. Siempre he visto la doctrina de la Selección Natural como una hipótesis que, si explicara varias grandes clases de hechos, merecería ser clasificada como una teoría digna de aceptación; y esta, por supuesto, es mi propia opinión. Pero, como Huxley nunca aludió a mi explicación de la clasificación, morfología, embriología, etcétera, pensé que estaba completamente insatisfecho con toda esta parte de mi libro. Pero para mi alegría encuentro que no es así, y que él está de acuerdo con mi manera de ver el tema; solo que él valora más que yo la necesidad de que la Selección Natural sea demostrada como una vera causa siempre en acción. Me dice que está escribiendo una larga reseña en el "Westminster". Fue realmente provocador cómo desperdició el tiempo sobre la idea de especie ejemplificada en el caballo, y sobre el viejo experimento de Sir J. Hall sobre el mármol. Murchison fue muy amable conmigo respecto a mi libro después de la conferencia, en la cual quedó decepcionado. Me he resignado completamente a un ataque salvaje; pero con Lyell, usted y Huxley, me siento confiado en que tenemos razón y, a largo plazo, prevaleceremos. No creo que Asa Gray le haya hecho completa justicia al principio de su reseña sobre mí. La reseña me pareció muy buena, pero la leí muy a toda prisa.

CARTA 95. A C. LYELL. Down, [febrero] 18 [1860].

Envío por este correo a Asa Gray, que me parece muy bueno, con el sello de la originalidad. También el "Jahrbuch für Mineralogie" de Bronn.

El intelecto unido de mi familia ha intentado en vano descifrarlo. Nunca intenté un alemán tan condenadamente difícil; ni parece valer el esfuerzo. Se aferra a la Materia Verde de Priestley, y parece pensar que hasta que se pueda mostrar cómo surge la vida no sirve de nada mostrar cómo surgen las formas de vida. Esto me parece tan lógico (comparando cosas muy grandes con pequeñas) como decir que no servía de nada que Newton mostrara las leyes de atracción de la gravedad y el movimiento consecuente de los planetas, porque no podía mostrar qué es la atracción de la gravedad.

La expresión "Wahl der Lebens-Weise" me hace dudar de si B. entiende lo que quiero decir con Selección Natural, como le he dicho. Él dice (si le entiendo bien) que usted debería estar del mismo lado que yo.

PD. Domingo por la tarde.— He retenido esto para agradecerle su carta, con muchas noticias, recibida esta mañana. Mi conciencia está inquieta por el tiempo que pierde divirtiéndome e interesándome. Tenía mucha curiosidad por saber sobre Phillips. La reseña en los "Annals" es, como estaba convencido, de Wollaston, pues he tenido una carta muy cordial de él esta mañana.

Envío por este correo un ataque en el "Gardeners' Chronicle" de Harvey (un botánico de primer nivel, como probablemente sepa). Me parece bastante extraño; asume la permanencia de los monstruos, mientras que los monstruos son generalmente estériles, y no suelen ser hereditarios. Pero concedamos su caso, se llega a [esto], que he sido demasiado cauteloso al no admitir variaciones grandes y repentinas. Aquí vuelve a aparecer el perjuicio de mi resumen. En un manuscrito más completo he discutido el caso paralelo de un pez normal como un pez dorado monstruoso.

Termino mi discusión dudando, porque todos los casos de monstruosidades que se asemejan a estructuras normales que pude encontrar no estaban en grupos aliados. Árboles como Aspicarpa, con flores de dos tipos (en el "Origen"), me llevaron también a especular sobre el mismo tema; pero solo pude encontrar un caso dudosamente análogo de especies que tienen flores como las flores degradadas o monstruosas. Harvey no ve que si solo unos pocos (como él supone) de los plantones heredaran ser monstruosidades, la Selección Natural sería necesaria para seleccionarlos y preservarlos. Será mejor que devuelva el "Gardeners' Chronicle", etc., a lo de mi hermano. El caso de Begonia en sí mismo es muy curioso; estoy tentado a responder al aviso, pero me abstendré, pues no habría fin a las respuestas.

Respecto a su objeción de una multitud de formas simples todavía vivas, no la he discutido en ninguna parte en el "Origen", aunque a menudo he pensado en ello. Con lo que dice sobre que el progreso es solo ocasional y la regresión no es infrecuente, estoy de acuerdo; solo que en el reino animal dudo mucho de que la regresión sea común. Siempre me he planteado: ¿Qué ventaja podemos ver en que un animal infusorio, o un gusano intestinal, o un pólipo de coral, o una lombriz de tierra estén altamente desarrollados? Si no hay ventaja, no estarían altamente desarrollados: no es que todos estos animales no tengan estructuras muy complejas (excepto los infusorios), y bien pueden ser superiores a los animales que ocupaban lugares similares en la economía de la naturaleza antes de la época silúrica. Hay una serpiente ciega con las apariencias y, en algunos aspectos, los hábitos de las lombrices de tierra; pero esta serpiente ciega no tiende, hasta donde podemos ver, a reemplazar y expulsar a los gusanos. Creo que debo discutir en una futura edición algunos puntos más como estos, e introduciré esto y la objeción de H.C. Watson sobre el número infinito de especies y el aumento general en la organización. Pero hay una objeción directamente opuesta a la suya que es muy difícil de responder; a saber, cómo en el primer inicio de la vida, cuando solo había los organismos más simples, ¿cómo les benefició alguna complicación de la organización? Solo puedo responder que no tenemos suficientes hechos para guiar ninguna especulación sobre el tema.

Con respecto a Lepidosiren, peces Ganoides, quizás Ornithorhynchus, sospecho, como se indica en el "Origen", que han sido preservados al habitar agua dulce y partes aisladas del mundo, en las cuales ha habido menos competencia y un progreso menos rápido en la Selección Natural, debido a la escasez de individuos que pueden habitar áreas pequeñas; y donde hay pocos individuos la variación debe ser, como mucho, más lenta. Hay varias alusiones a esta noción en el "Origen", como bajo Amblyopsis, el pez ciego de cueva, y bajo Heer sobre las plantas de Madeira que se asemejan a las plantas fósiles y extintas de Europa.

CARTA 96. A JAMES LAMONT. Down, 5 de marzo [1860?].

Le estoy muy agradecido por su larga e interesante carta. Tiene usted, ciertamente, buen derecho a hablar con confianza sobre los hábitos de las aves y animales salvajes; pues creo que nadie, aparte de usted, ha cazado nunca en Spitzbergen y en África del Sur. Es muy curioso e interesante que haya llegado a la conclusión de que la denominada "Selección Natural" ha sido eficaz a la hora de proporcionar sus colores peculiares a nuestro urogallo. Probablemente usaré su autoridad sobre los hábitos similares de nuestro urogallo y la especie noruega.

Le estoy particularmente agradecido por su hecho tan curioso sobre el efecto

el urogallo en su vecindad. Es un ejemplo muy llamativo de lo que el cruce puede hacer al afectar el carácter de una raza. ¿Ha visto usted alguna vez mencionado en alguna obra de caza que la caza se haya vuelto más salvaje en este país? Desearía poder obtener cualquier tipo de prueba de este hecho, pues su explicación me parece igual de ingeniosa que probable. Yo mismo he presenciado en América del Sur un [caso] casi paralelo al que usted menciona con respecto al reno en Spitzbergen, con el Cervus campestris del Río de la Plata. No temía al hombre ni al sonido del disparo de un rifle, pero se aterrorizaba ante la visión de un hombre a caballo; ya que todo el mundo en ese país monta siempre. Como usted es un gran deportista, quizá tenga la amabilidad de atender a un punto muy trivial para mí, ya que mis vecinos aquí lo consideran demasiado absurdo como para notarlo: a saber, si las patas de las aves están sucias, si unos pocos granos de suciedad no se adhieren ocasionalmente a sus patas. Especialmente quiero saber cómo ocurre esto en el caso de aves como las garzas y las aves zancudas, que acechan en el barro. Usted adivinará que esto se refiere a la dispersión de semillas, que es una de mis mayores dificultades. Mi salud es muy indiferente y raramente puedo asistir a las reuniones científicas, pero espero sinceramente poder tener alguna vez el placer de conocerle.

Le ruego acepte mi cordial agradecimiento por su muy amable carta.

CARTA 97. A G.H.K. THWAITES. Down, 21 de marzo [1860].

Le agradezco sinceramente su carta y me complace mucho que me acompañe un poco en mi camino. Pensará usted que es presuntuoso, pero estoy bien convencido, por mi propia experiencia mental, de que si mantiene el tema en absoluto ante su mente, llegará finalmente más lejos. El presente volumen es un mero resumen y existen grandes omisiones. Una principal, que he rectificado en las ediciones extranjeras, es una explicación (que ha satisfecho a Lyell, quien planteó la misma objeción que usted) de por qué muchas formas no progresan o avanzan (y estoy totalmente de acuerdo en cuanto a que algunas retroceden). También tengo una discusión en manuscrito sobre la belleza; pero, ¿supone usted realmente que, por ejemplo, las Diatomaceae fueron creadas hermosas para que el hombre, tras millones de generaciones, las admire a través del microscopio? (97/1. Thwaites (1811-82) publicó varios trabajos sobre las Diatomaceae ("On Conjugation in the Diatomaceae," "Ann. and Mag. Nat. Hist." Volumen XX., 1847, páginas 9-11, 343-4; "Further Observations on the Diatomaceae," loc. cit., 1848, página 161). Véase "Life and Letters" II., página 292.) Yo atribuiría la mayoría de tales estructuras a leyes de crecimiento totalmente desconocidas; y la mera repetición de partes es, a nuestros ojos, un elemento principal de la belleza. Cuando cualquier estructura es de utilidad (y puedo mostrar qué detalles curiosamente minuciosos son a menudo de la mayor utilidad), no veo, con mis ojos prejuiciosos, límite alguno a la perfección de las coadaptaciones que podrían ser efectuadas por la Selección Natural. Dudo un poco de si usted ve hasta qué punto, tal como me parece a mí, puede llevarse el argumento de la homología y la embriología. No considero esto como una mera analogía. Preferiría creer que las conchas fósiles eran meras burlas de conchas reales antes que creer que los mismos huesos en la pata de un perro y el ala de un murciélago, o el embrión similar de mamífero y ave, no tenían una significación directa, y que la significación no puede ser otra que la unidad de descendencia o nada. Pero me atrevo a repetir cuánto me complace que me acompañe un poco en mi camino. Encuentro que un número de naturalistas hacen lo mismo, y como sus lugares de parada son varios, y debo pensar que arbitrarios, creo que todos irán más lejos. En cuanto a cambiar de opinión de inmediato, no valoraría la opinión de un hombre que pudiera hacerlo; debe ser un proceso lento. (97/2. Darwin escribió a Woodward con respecto al "Origen": "Puede ser algo vano y tonto de decir, pero creo que mi libro debe ser leído dos veces cuidadosamente para ser plenamente comprendido. Quizá piense usted que no merece en absoluto el trabajo".) Gracias por contarme sobre la Lantana (97/3. Una especie exótica de Lantana (Verbenaceae) crece vigorosamente en Ceilán y se describe como que aparece frecuentemente tras la quema de los bosques de las tierras bajas (véase H.H.W. Pearson, "The Botany of the Ceylon Patanas," "Journal Linn. Soc." Volumen XXXIV., página 317, 1899). Sin duda la carta de Thwaites a Darwin se refería a la expansión de la Lantana introducida, comparable a la del cardo en el Río de la Plata y otras plantas mencionadas por Darwin en el "Origen de las Especies" (Edición VI., página 51).), y le estaría agradecido en cualquier momento por cualquier información que crea que sería de utilidad para mí. Espero que publique una lista de todas las plantas naturalizadas en Ceilán, hasta donde se conozcan, distinguiendo cuidadosamente aquellas confinadas únicamente a suelos cultivados. Siento seguridad de que este tema tan importante ha sido enormemente subestimado.

CARTA 98. A T.H. HUXLEY.

(98/1. La referencia aquí es a la reseña sobre el "Origen de las Especies" que generalmente se cree que es del difunto Sir R. Owen, y publicada en el número de abril de la "Edinburgh Review", 1860. El biógrafo de Owen guarda silencio sobre el tema e imprime, sin comentarios, el siguiente pasaje en una carta sin fecha de Sedgwick a Owen: "¿Sabe usted quién fue el autor del artículo en la "Edinburgh" sobre el tema de la teoría de Darwin? En conjunto, creo que es muy bueno. Sospeché una vez que usted debía haber tenido mano en ello, y entonces abandoné ese pensamiento. No lo he leído con cuidado alguno" (Owen's "Life", Volumen II., página 96).

9 de abril [1860].

Nunca vi tal cantidad de tergiversación. En la página 530 (98/2. "Conclusiones duraderas y fructíferas han sido, de hecho, basadas hasta ahora solo en la posesión de conocimiento; ahora se nos pide aceptar una hipótesis bajo el pretexto de falta de conocimiento. ¡El registro geológico, se asevera, es tan imperfecto!"--"Edinburgh Review," CXI., 1860, página 530.) dice que se nos pide aceptar la hipótesis bajo el pretexto de ignorancia, mientras que creo que no podría haberlo dejado más claro que admito la imperfección del Registro Geológico como una gran dificultad.

La cita (98/3. "Se nos apela, o al menos 'a los jóvenes y prometedores naturalistas con mentes plásticas*' [On the Nature of the Limbs, página 482] se les conjura." Se verá que la comilla invertida después de "naturalistas" se omite; el asterisco refiriéndose, en una nota al pie (aquí colocada entre corchetes), a la página 482 del "Origen", parece haber sido asumido incorrectamente por el Sr. Darwin como el final de la cita.--Ibid., página 512.) en la página 512 de la "Review" sobre "jóvenes y prometedores naturalistas con mentes plásticas", atribuida a "nature of limbs", es una cita falsa, ya que no utilizo las palabras "mentes plásticas".

En la página 501 (98/4. El pasaje ("Origen", Edición I., página 483) comienza, "¿Pero creen ellos realmente...?", y muestra claramente que el autor considera tal creencia casi imposible.) la cita está truncada, pues solo pregunto si los naturalistas creen acerca de átomos elementales destellando, etc., y él lo cambia por que yo afirmo que ellos sí lo creen.

En la página 500 (98/5. "Todos los que han llevado la especulación de la transmutación a la prueba de hechos observados y poderes constatados en la vida orgánica, y han publicado los resultados, usualmente adversos a tales especulaciones, son clasificados por el Sr. Darwin como 'ilustrando curiosamente la ceguera de la opinión preconcebida'." El pasaje en el "Origen", página 482, comienza expresando sorpresa ante el punto de vista de algunos naturalistas: "Admiten que una multitud de formas, que hasta hace poco ellos mismos pensaban que eran creaciones especiales,...han sido producidas por variación, pero rehúsan extender la misma visión a otras formas muy ligeramente diferentes...Admiten la variación como una vera causa en un caso, la rechazan arbitrariamente en otro, sin asignar distinción alguna en los dos casos. Llegará el día en que esto se dé como una curiosa ilustración de la ceguera de la opinión preconcebida.") es muy falso decir que implico por "ceguera de la opinión preconcebida" la simple creencia en la creación. Y así sucesivamente en otros casos. Pero pido perdón por molestarle. Lamento profundamente que en sus esfuerzos desinteresados por difundir lo que usted cree que es la verdad, haya incurrido en un ataque tan brutal. (98/6. El crítico de la "Edinburgh", refiriéndose a la conferencia de Huxley en la Royal Institution dada el 10 de febrero de 1860, "On Species and Races and their Origin", dice (página 521), "Observamos con asombro la audacia del dispensador del entretenimiento intelectual de la hora, quien, aprovechándose de la ignorancia técnica de la mayoría de sus auditores, buscó cegarlos en cuanto a los frágiles cimientos de la 'selección natural' mediante ilustraciones como la siguiente": Y luego sigue una crítica de la comparación del conferenciante de la supuesta descendencia del caballo del Palaeothere con la de varios tipos de palomas domésticas de la paloma bravía.) Y ahora no pensaré más en este ataque falso y maligno.

CARTA 99. A MAXWELL MASTERS. Down, 13 de abril [1860].

Le agradezco sinceramente sus dos amables notas. La próxima vez que escriba a su padre, le ruego que le dé de mi parte mis mejores agradecimientos, pero lamento que haya tenido la molestia de escribir estando enfermo. Me han interesado mucho los hechos proporcionados por él. Si cree que le interesaría en lo más mínimo escuchar el resultado de un cruce artificial de dos guisantes de olor, puede enviar lo adjunto; si solo le causará problemas, rómpalo. Parece haber tanto paralelismo en el tipo de variación de mi experimento, que ciertamente fue un cruce, y lo que el Sr. Masters ha observado, que no puedo evitar sospechar que sus guisantes fueron cruzados por abejas, las cuales he visto bien espolvoreadas con el polen del guisante de olor; pero entonces deseo esto, ¡y qué difícil es evitar que los deseos de uno sesguen el juicio de uno!

Me llamó la atención su observación sobre las Compositae, etc. No veo que pese mucho contra mí, y si lo hace o no, es, por supuesto, de la menor importancia. Aunque estoy totalmente de acuerdo en que no puede trazarse ninguna definición entre monstruosidades y variaciones ligeras (tales como las que mi teoría requiere), sospecho que hay alguna distinción. Algunos hechos me llevan a pensar que las monstruosidades sobrevienen generalmente a una edad temprana; y tras atender al tema, tengo grandes dudas de si las especies en estado de naturaleza llegan alguna vez a modificarse mediante saltos tan repentinos como los que resultarían de la Selección Natural de monstruosidades. No puede hacerme mayor servicio que señalando errores. Espero sinceramente que su trabajo sobre monstruosidades (99/1. "Vegetable Teratology", Londres, 1869 (Ray Soc.).) aparezca pronto, pues estoy seguro de que será altamente instructivo.

Ahora, por sus notas, por las cuales permítame agradecerle de nuevo.

1. Su conclusión sobre partes desarrolladas (99/2. Véase "Origen de las Especies", Edición I., página 153, sobre la variabilidad de partes "desarrolladas de una manera extraordinaria en cualquier especie, comparadas con las otras especies del mismo género." Véase "Life and Letters", II., páginas 97, 98, también Carta 33.) no siendo extra variables coincide con la de Hooker. Verá que he declarado que la regla aparentemente no se sostiene con las plantas, aunque debería, si fuera cierta, sostenerse con ellas.

2. No puedo recordar ahora en qué obra vi la declaración sobre la Peloria afectando al eje, pero sé que fue una que pensé que podría ser de confianza. Consulté también al Dr. Falconer, y creo que estuvo de acuerdo con la veracidad de ella; pero ahora no puedo decir dónde buscar mis notas. Me había impresionado mucho encontrar un árbol de laburno con las flores terminales únicamente en cada racimo pelóricas, aunque no perfectamente regulares. El caso del Pelargonium en el "Origen" parece apuntar en la misma dirección. (99/3. "Origen de las Especies", Edición I., página 145.)

3. Gracias por la corrección sobre el aulaga: encontré las plántulas apenas brotando, y me sorprendió tanto su apariencia que las envié a Hooker; pero nunca me pregunté claramente si eran cotiledones o primeras hojas. (99/4. Las hojas trifoliadas de las plántulas de aulaga no son cotiledones, sino hojas tempranas: véase "Seedlings" de Lubbock, I., página 410.)

4. Ese es un hecho curioso sobre las semillas del aulaga, más curioso cuanto que encontré con Leguminosae que la inmersión en agua fría simple durante muy pocos días mataba a algunos tipos.

Si en algún momento ocurriera algo que ilustrara u opusiera a mis nociones, y tiene tiempo para informarme, estaría verdaderamente agradecido, pues puedo ver claramente que usted tiene una riqueza de conocimiento.

Con respecto al avance o retroceso en la organización en monstruosidades de las Compositae, etc., ¿no le resulta muy difícil definir cuál es cuál?

De cualquier modo, la mayoría de los botánicos parecen diferir tan ampliamente como es posible en este punto.

CARTA 100. A J.S. HENSLOW. Down, 8 de mayo [1860].

Muchísimas gracias por lo de Elodea, caso que me interesa mucho. Escribí al Sr. Marshall (100/1. W. Marshall fue el autor de "Anacharis alsinastrum, a new water-weed": cuatro cartas al "Cambridge Independent Press", reimpresas como panfleto, 1852.) en Ely, y a su debido tiempo dice que me enviará cualquier información que pueda obtener.

Owen es, ciertamente, muy rencoroso. (100/2. Se creía que Owen era el autor del artículo en la "Edinburgh Review", abril de 1860. Véase Carta 98.) Tergiversa y altera lo que digo de manera muy injusta. Pero creo que su conducta hacia Hooker es muy poco generosa: a saber, aludir a su ensayo (Australian Flora), y no notar los magníficos resultados sobre la distribución geográfica. Los londinenses dicen que está loco de envidia porque mi libro ha sido comentado; ¡qué hombre tan extraño para sentir envidia de un naturalista como yo, inmensamente inferior a él! Por una conversación con él, realmente sospecho que en el fondo de su alma oculta llega tan lejos como yo.

Me pregunto si Sedgwick notó en la "Edinburgh Review" sobre los "difamadores sacerdotales",--así que los difamadores se están haciendo pedazos unos a otros. Supongo que Sedgwick será muy feroz contra mí en la Sociedad Filosófica. (100/3. La reunión de la "Cambridge Phil. Soc." se celebró el 7 de mayo de 1860, e informada plenamente en el "Cambridge Chronicle", 19 de mayo. Se informa que Sedgwick dijo que "la teoría de Darwin no es inductiva--no está basada en una serie de hechos reconocidos, que lleven a una conclusión general evolucionada, lógicamente de los hechos...Los únicos hechos que pretende aducir, como verdaderos elementos de prueba, son las variedades producidas por domesticación y los artificios de la cría cruzada." Sedgwick continuó hablando de la vejatoria multiplicación de especies supuestas, y añade: "En este respecto la teoría de Darwin puede ayudar a simplificar nuestras clasificaciones, y de ese modo hacer un buen servicio a la ciencia moderna. Pero no ha socavado ninguna gran verdad en la constancia de las leyes naturales, y la continuidad de las especies verdaderas.") A juzgar por su aviso en el "Spectator" (100/4. 24 de marzo de 1860; véase "Life and Letters", II., página 297.), me tergiversará, pero ciertamente se hará de manera involuntaria. En una carta a mí, y en el aviso anterior, habla mucho sobre mi alejamiento del espíritu de la filosofía inductiva. Desearía, si alguna vez habla sobre el tema con él, que le preguntara si no era permisible (y un gran paso) inventar la teoría ondulatoria de la luz, es decir, ondulaciones hipotéticas, en una sustancia hipotética, el éter. Y si esto es así, ¿por qué no puedo inventar la hipótesis de la Selección Natural (que por la analogía de las producciones domésticas, y por lo que sabemos de la lucha por la existencia y de la variabilidad de los seres orgánicos, es, en algún grado muy ligero, en sí misma probable) e intentar si esta hipótesis de la Selección Natural no explica (como creo que hace) un gran número de hechos en distribución geográfica--sucesión geológica, clasificación, morfología, embriología, etc. Realmente me gustaría mucho saber por qué puede inventarse una hipótesis tal como la ondulación del éter, y por qué no puedo inventar (no es que yo la inventara, pues fui llevado a ella estudiando variedades domésticas) cualquier hipótesis, tal como la Selección Natural.

Por favor, perdóneme a mí y a mi pluma por escaparse conmigo, y garabatear a tal longitud.

Puedo comprender perfectamente a Sedgwick (100/5. Véase "Life and Letters", II., página 247; la carta allí está fechada el 24 de diciembre, pero pensamos que debe haber sido escrita en noviembre a más tardar.) o a cualquiera diciendo que la Selección Natural no explica grandes clases de hechos; pero eso es muy diferente de decir que me alejo de los principios correctos de la investigación científica.

CARTA 101. A J.S. HENSLOW. Down, 14 de mayo [1860].

Me ha interesado enormemente su carta a Hooker, y debo agradecerle desde el corazón por defenderme tan generosamente, hasta donde pudo, contra mis poderosos atacantes. Nada de lo que dicen las personas me hiere por mucho tiempo, pues tengo una convicción completa de que no he sido influenciado por malos sentimientos en las conclusiones a las que he llegado. Tampoco he publicado mis conclusiones sin larga deliberación, y fueron alcanzadas tras mucho más estudio del que el público jamás sabrá, o creerá. Estoy seguro de haber errado en muchos puntos, pero no creo que tanto como Sedgwick y Cía. piensan.

¿Hay algún Resumen o Actas de la Sociedad Filosófica de Cambridge publicado? (101/1. Las observaciones de Henslow no se dan en el informe arriba mencionado en el "Cambridge Chronicle".) Si es así, y pudiera conseguirme una copia, me gustaría tener una.

Créame, mi querido Henslow, me siento agradecido con usted en esta ocasión, y por la multitud de amabilidades que ha tenido conmigo desde mis primeros días en Cambridge.

CARTA 102. A C. LYELL. Down, 22 de mayo [1860].

Hooker me ha enviado una carta de Thwaites (102/1. Véase Carta 97.), de Ceilán, quien hace exactamente las mismas objeciones que usted hizo al principio sobre la necesidad de que todas las formas avancen, y por tanto la dificultad de que sigan existiendo formas simples. No hubo peor omisión que esta en mi libro, y tenía la discusión toda lista.

Estoy extremadamente contento de escuchar que usted intenta añadir nuevos argumentos sobre la imperfección del Registro Geológico. Siempre siento esto agudamente, y me sorprende que hombres como Ramsay y Jukes no lo sientan más.

Estoy totalmente de acuerdo en la evidencia insuficiente sobre el trigo de momia. (102/2. Véase notas adjuntas a una carta a Lyell, septiembre de 1843 (Botánica).

Cuando pueda prescindir de él, me gustaría (pero por mera curiosidad) ver a Binney sobre los pantanos marinos de carbón.

Una vez hice a Hooker muy salvaje al decir que creía que las plantas de carbón crecían en el mar, como los manglares. (102/3. Véase "Life and Letters", I., página 356.)

CARTA 103. A J.D. HOOKER.

(103/1. Esta carta es de interés por contener una expresión fuerte sobre la importancia abrumadora de la selección.)

Down [1860].

Muchas gracias por la carta de Harvey (103/2. W.H. Harvey había estado correspondiendo con Sir J.D. Hooker sobre el "Origen de las Especies".), la cual mantendré un poco más y luego devolveré. Le escribiré e intentaré dejar claro por la analogía de las producciones domésticas el papel que creo que ha desempeñado la selección. He estado reelaborando mis palomas y otros animales domésticos, y estoy seguro de que cualquiera tiene razón al decir que la selección es la causa eficiente, aunque, como usted verdaderamente dice, la variación es la base de todo. Por qué no creo tanto como usted en las agencias físicas es porque veo en casi todo organismo (aunque mucho más claramente en animales que en plantas) adaptación, y esto, excepto en raros casos, debe, debería pensar, deberse a la selección.

No olvide la Pyrola cuando esté en flor. (103/3. En una carta a Hooker, el 22 de mayo de 1860, Darwin escribió: "¿Tiene usted Pyrola en Kew? Si es así, por el amor de Dios, observe la curvatura del pistilo hacia el pasillo del nectario". El hecho de que el estigma en las flores visitadas por insectos esté colocado de tal manera que el visitante deba tocarlo en su camino hacia el néctar, fue un punto que atrajo tempranamente la atención de Darwin y le impresionó profundamente). Mi pequeña y bendita Scaevola ha comenzado a florecer, y probaré la fertilización artificial en ella.

He echado un vistazo a la carta de Harvey y he asumido (espero que acertadamente) que él no podría objetar el saber que usted me la había enviado.

CARTA 104. A ASA GRAY. Down, 8 de junio [1860].

Tengo que agradecerle dos notas, una a través de Hooker y otra con algunas cartas para ser enviadas por correo, lo cual se hizo. Me anticipé a su petición haciendo algunos comentarios sobre la reseña de Owen. (104/1. "The Edinburgh Review", abril de 1860). Hooker está tan cansado de las reseñas que no creo que obtenga ninguna sugerencia de él. Últimamente he recibido más "patadas que peniques". Una reseña en la última "Nat. Hist. Review" de Dublín es lo más injusto que ha aparecido, una masa de tergiversaciones. Es evidentemente de Haughton, el geólogo, químico y matemático. Muestra una presunción inmensurable y desprecio por todos los que no son matemáticos. Discute las celdillas de las abejas y presenta una serie a la que nunca he aludido, e ignora totalmente el panal intermedio de Melipona, que fue lo único que me condujo a mis nociones. El artículo es una curiosidad de injusticia y arrogancia; pero, como se burla de Malthus, estoy satisfecho, pues está claro que no puede razonar. Es amigo de Harvey, con quien he mantenido cierta correspondencia. Su artículo ha influido claramente en él, como admite. Él admite hasta cierto punto la Selección Natural, sin embargo, estoy seguro de que no me comprende. Es extraño que muy pocos lo hagan, y me he convencido totalmente de que debo ser un explicador extremadamente malo. Para volver por un momento a Owen: él tergiversa groseramente y es muy injusto con Huxley. Usted dice que piensa que el artículo debe ser obra de un alumno de Owen; pero ningún hecho habla tan fuertemente en contra de Owen, considerando su antigua posición en el Colegio de Cirujanos, como que nunca ha formado a un solo alumno o seguidor. En el número recién salido de "Fraser's Magazine" (104/2. Véase "Life and Letters", II, página 314) hay un artículo o reseña sobre Lamarck y sobre mí por W. Hopkins, el matemático, quien, al igual que Haughton, desprecia el poder de razonamiento de todos los naturalistas. Personalmente, es extremadamente amable conmigo; pero evidentemente en el número siguiente tiene la intención de hacerme volar en átomos. No aprecia en lo más mínimo la diferencia entre mis puntos de vista y los de Lamarck, al explicar la adaptación, el principio de divergencia, el aumento de los grupos dominantes y la casi necesaria extinción de los grupos menos dominantes y más pequeños, etcétera.

CARTA 105. A C. LYELL. Down, 17 de junio [1860].

Una palabra más sobre la Deificación (105/1. "Si confundimos la 'Variación' o la 'Selección Natural' con tales leyes creacionales, deificamos las causas secundarias o exageramos inmensurablemente su influencia" (Lyell, "The Geological Evidences of the Antiquity of Man, with Remarks on Theories on the Origin of Species by Variation", página 469, Londres, 1863). Véase la Carta 131) de la Selección Natural: atribuirle tanto peso no excluye leyes aún más generales, es decir, el ordenamiento de todo el universo. He dicho que la Selección Natural es para la estructura de los seres organizados lo que el arquitecto humano es para un edificio. La propia existencia del arquitecto humano muestra la existencia de leyes más generales; pero nadie, al atribuir el mérito de un edificio al arquitecto humano, piensa que sea necesario referirse a las leyes mediante las cuales ha aparecido el hombre.

Ningún astrónomo, al mostrar cómo los movimientos de los planetas se deben a la gravedad, piensa que sea necesario decir que la ley de la gravedad fue diseñada para que los planetas sigan los cursos que siguen. No puedo creer que haya ni un ápice más de interferencia por parte del Creador en la construcción de cada especie que en el curso de los planetas. Es solo debido a Paley y Cía., creo, que se piensa que esta interferencia más especial es necesaria en los cuerpos vivos. Pero nunca estaremos de acuerdo, así que no se tome la molestia de responder.

Me parece que sus observaciones fueron muy justas respecto a que los matemáticos no están mejor capacitados para juzgar las probabilidades que otros hombres de sentido común.

Acabo de recibir más informes sobre la gestación de los sabuesos. El período difiere al menos de sesenta y un a setenta y cuatro días, tal como esperaba.

Estaba pensando en enviarle el "Gardeners' Chronicle", debido a un artículo mío sobre la fertilización de las orquídeas por parte de insectos (105/2. "Fertilisation of British Orchids by Insect Agency". Este artículo en el "Gardeners' Chronicle" del 9 de junio de 1860, página 528, comienza con una solicitud de que se realicen observaciones sobre el modo de fertilización en la orquídea abeja y en la orquídea mosca), ya que implica un punto curioso, y como usted se interesó por mi artículo sobre las judías; pero como usted está tan ocupado, no lo haré.

CARTA 106. A C. LYELL. Down [¿junio?] 20 [1860].

Le envío a Blyth (106/1. Véase la Carta 27); tiene una letra espantosa; el pasaje está en la página 4. En una nota anterior me dijo que temía que apenas hubiera oportunidad de obtener dinero para la expedición china, y habló de su amabilidad.

Muchas gracias por su larga e interesante carta. Me maravillo, admiro y le agradezco su paciencia al escribir tanto. Pongo reparos a que el Deinosaurus no tenga "libre albedrío", ya que seguramente nosotros lo tenemos. Pongo reparos también a que usted ponga la "fuerza y materia" de Huxley en la misma categoría que la Selección Natural. Esta última puede, por supuesto, ser una visión completamente falsa; pero seguramente no es ir más allá de nuestra profundidad hacia las causas primeras.

Es verdaderamente muy notable que la gestación de los sabuesos (106/2. En una carta escrita a Lyell el 25 de junio de 1860, aparece el siguiente párrafo: "No necesita creer ni una palabra de lo que dije sobre la gestación de los perros. Desde que le escribí he tenido más correspondencia con el maestro de sabuesos, y veo que su [registro] no vale nada. Puede, por supuesto, ser correcto, pero no es de fiar. También encuentro diferentes declaraciones sobre el lobo: de hecho, estoy perdido") varíe tanto, mientras que la del hombre no. Puede deberse a un origen múltiple. Los huevos del pato almizclero y del pato común toman un período intermedio en la eclosión; pero preferiría verlo como uno de los diez mil casos que no podemos explicar, a saber, cuando una parte o función varía en una especie y no en otra.

Hooker no me ha dicho nada sobre su explicación de las pocas formas árticas; ya conocía el hecho antes. Había especulado sobre lo que presumo, por lo que usted dice, es su explicación (106/3. "Outlines of the Distribution of Arctic Plants", J.D. Hooker, "Trans. Linn. Soc." Volumen XXIII, página 251, 1862. [leído el 21 de junio de 1860]. En este documento, Hooker llama la atención sobre el carácter excepcional de la flora de Groenlandia; pero en cuanto a la escasez de sus especies y a su mayor semejanza con las floras del Ártico europeo que con las del Ártico americano, considera difícil dar cuenta de estos hechos, "a menos que admitamos las hipótesis del Sr. Darwin" (véase "Origin", Edición VI, 1872, Capítulo XII, página 330) de una migración hacia el sur debido al frío del período glacial y el posterior retorno de los tipos septentrionales durante el período más cálido siguiente. Muchas de las especies de Groenlandia, al estar confinadas a la península, "serían, por así decirlo, conducidas al mar, es decir, exterminadas" (Hooker, op. cit., páginas 253-4)); pero debe haber habido en todo momento una región ártica. Descubrí que la especulación se volvió demasiado compleja, según me pareció, como para valer la pena seguirla.

He estado haciendo un trabajo más interesante con orquídeas. Hablando de adaptación en los pájaros carpinteros (106/4. "¿Puede darse un ejemplo de adaptación más llamativo que el de un pájaro carpintero para trepar a los árboles y capturar insectos en las grietas de la corteza?" ("Origin of Species", Edición I, página 141)), algunas de las orquídeas lo superan.

Le mostré el caso a Elizabeth Wedgwood, y su comentario fue: "Ahora has arruinado tu propio libro, porque no me convencerás de que esto podría ser efectuado por la Selección Natural".

CARTA 107. A T.H. HUXLEY. 20 de julio [1860].

Muchas gracias por su agradable carta. Estoy de acuerdo con cada palabra que dice sobre "Fraser" y la "Quarterly". (107/1. La reseña del obispo Wilberforce sobre el "Origin" en la "Quarterly Review", julio de 1860, fue republicada en sus "Collected Essays", 1874. Véase "Life and Letters", II, página 182, y II, página 324, donde se dan algunas citas de la reseña. Para la reseña de Hopkins en "Fraser's Magazine", junio de 1860, véase "Life and Letters", II, 314). He tenido algunas cartas realmente admirables de Hopkins. No supongo que él se haya preocupado nunca por la distribución geográfica, la clasificación, las morfologías, etc., y solo aquellos que lo han hecho sentirán algún alivio al tener algún tipo de explicación racional de tales hechos. ¿No es grandiosa la forma en que el obispo afirma que todos esos hechos se explican por ideas en la mente de Dios? La "Quarterly" es extraordinariamente inteligente; y me reí mucho con la forma en que mi abuelo y yo somos puestos en ridículo. Pude ver aquí y allá la mano de Owen. Por cierto, ¿cómo es que no fue atacado? ¿Empieza Owen a encontrar más prudente dejarle en paz? Daría cinco chelines por saber qué tremendo error cometió el obispo; pues veo que se ha cancelado una página y se ha pegado una nueva.

Estoy, de hecho, totalmente contento con el progreso de la opinión. Por todo lo que escucho de varios sectores, parece que Oxford le hizo mucho bien al tema. (107/2. Se da una relación de la reunión de la Asociación Británica en Oxford en 1860 en "Life and Letters", II, página 320, y una relación más completa en el volumen único "Life of Charles Darwin", 1892, página 236. Véase también "Life and Letters of T.H. Huxley", Volumen I, página 179, y la divertida relación de la reunión en "Reminiscences of Oxford" del Sr. Tuckwell, Londres, 1900, página 50). Es de enorme importancia mostrar al mundo que unos pocos hombres de primera categoría no tienen miedo de expresar su opinión. Veo a diario más y más claramente que mi libro sin ayuda no habría hecho absolutamente nada. Asa Gray está luchando admirablemente en los Estados Unidos. Él es un completo maestro del tema, lo que de ninguna manera puede decirse de hombres como Hopkins.

He estado pensando en lo que usted alude sobre una reseña de historia natural. (107/3. En "Life and Letters of T.H. Huxley", Volumen I, página 209, se da cuenta de la fundación de la "Natural History Review" en una carta a Sir J.D. Hooker del 17 de julio de 1860. El 2 de agosto, el Sr. Huxley añadió: "Darwin me escribió una amable amonestación al respecto, diciéndome que no debería desperdiciarme en otros trabajos que no fueran originales. En respuesta, sin embargo, le aseguré que DEBÍA desperdiciarme, quiéralo o no, y que la 'Review' era solo un salvavidas"). Supongo que se refiere realmente a una RESEÑA y no a una revista para comunicaciones originales en Historia Natural. De esto último hay ahora superabundancia. Con respecto a una buena reseña, no puede haber duda de su valor y utilidad; no obstante, si no es demasiado tarde, espero que considere deliberadamente antes de decidir. Recuerde la cantidad de trabajo que tiene sobre sus hombros, y aunque puede hacer mucho, existe un límite incluso para la capacidad de trabajo del trabajador más esforzado. Lamentaría profundamente verle sacrificando mucho tiempo que podría dedicarse a la investigación original. Temo que, para alguien que puede reseñar tan bien como usted, habría la misma tentación de desperdiciar el tiempo, como es notorio que ocurre con aquellos que pueden hablar bien.

Una reseña es solo temporal; su trabajo debería ser perenne. Sé bien que usted puede decir que, a menos que hombres buenos reseñen, no habrá buenas reseñas. Y esto es cierto. ¿No haría más bien con una reseña ocasional en alguna publicación bien establecida, que dedicando mucho tiempo a la edición, o ayudando grandemente, si no editando, una reseña que, al limitarse a un solo tema, no tendría una circulación muy grande? Pero debo volver a la idea principal que me golpea: a saber, que disminuiría la cantidad de trabajo original y perenne que usted podría hacer. Reflexione sobre cuán pocos hombres hay en Inglaterra que puedan hacer un trabajo original en las diversas líneas en las que usted está excelentemente dotado. Lyell, recuerdo, por razones análogas hace muchos años resolvió que no escribiría más reseñas. Soy un viejo lento, y su esquema me hace temblar. Dios sabe que en cierto sentido soy casi el último hombre en Inglaterra que debería echar agua fría sobre cualquier reseña en la que usted estuviera involucrado, ya que me he beneficiado inmensamente de sus labores en esta línea.

Con respecto a reseñar yo mismo, nunca lo intenté: cualquier trabajo de ese tipo me impide hacer cualquier otra cosa, ya que no puedo trabajar en los ratos libres. Tengo, además, un odio insano a detener mi corriente regular de trabajo. Ahora tengo materiales para uno o dos artículos pequeños, pero sé que nunca los trabajaré. Así que no prometo ayudar; aunque no ayudar, si pudiera, me haría sentir muy desagradecido con usted. No tiene idea de durante cuánto tiempo diario soy capaz de trabajar. Si tuviera deberes regulares, como usted y Hooker, no haría absolutamente nada en la ciencia.

Me alegra sinceramente saber que está mejor; pero cómo una labor como la de soldado voluntario (todo honor para usted) no le mata, no lo puedo comprender.

Por el amor de Dios, recuerde que su campo de trabajo es la investigación original en las ramas más altas y difíciles de la Historia Natural. No es que desee menospreciar la importancia de las reseñas inteligentes y sólidas.

CARTA 108. A T.H. HUXLEY. Sudbrook Park, Richmond, jueves [julio de 1860].

Debo enviarle unas líneas para decirle qué buen tipo es al enviarme un relato tan largo de los acontecimientos de Oxford. Lo he leído dos veces, y se lo he enviado a mi esposa, y cuando llegue a casa lo volveré a leer: me ha interesado tanto. Pero, ¿cómo se atreve a atacar a un obispo vivo de esa manera? ¡Me avergüenzo totalmente de usted! ¿No tiene ninguna reverencia por las finas mangas de césped? Por Júpiter, parece haberlo hecho bien. Si alguien ridiculizara alguna creencia del obispo, ¿no se encogería blandamente de hombros y se sentiría inexpresablemente conmocionado? Siento mucho, mucho, oír que no se encuentra bien; pero no me sorprende después de toda su labor autoimpuesta. Espero que pronto tenga una salida, y que eso le haga un bien real.

Me alegra saber de J. Lubbock, a quien espero ver pronto, y le diré lo que usted ha dicho. ¿Ha leído a Hopkins en el último "Fraser"? Bien expuesto, con buen espíritu, excepto que la discusión sobre el alma es mala, como ya le he dicho; nada realmente nuevo, toma solo los puntos débiles y deja fuera todas las demás consideraciones.

Tuve noticias de Asa Gray ayer; sigue luchando como un troyano.

¡Dios le bendiga! Póngase bien, sea ocioso y reverencie siempre a un obispo.

CARTA 109. A J.D. DANA. Down, 30 de julio [1860].

Recibí hace varias semanas su nota diciéndome que no podía visitar Inglaterra, lo cual lamenté sinceramente, ya que me hubiera gustado de todo corazón hacer su relación personal. Me dio un relato mejorado, pero no muy bueno, de su salud. En algún momento estaría agradecido por una línea para decirme cómo se encuentra. Hemos tenido un verano miserable, debido a una enfermedad terriblemente larga y grave de mi hija mayor, quien mejora ligeramente pero sigue en una condición precaria. No he podido hacer nada en la ciencia últimamente. Mi amable amigo Asa Gray me escribe a menudo y me habla de las acaloradas discusiones sobre el "Origin of Species" en los Estados Unidos. Siempre que esté lo suficientemente fuerte para leerlo, sé que estará totalmente en mi contra, pero sé igualmente bien que su oposición será liberal y filosófica. Y esto es mucho más de lo que puedo decir de todos mis oponentes en este país. Aún no he visto el ataque de Agassiz (109/1. "Silliman's Journal", julio de 1860. Un pasaje de la reseña de Agassiz es dado por el Sr. Huxley en "Life and Letters" de Darwin, II, página 184), pero espero encontrarlo en casa cuando regrese en unos pocos días, pues he estado fuera de casa durante varias semanas por cuenta de mi hija. El Prof. Silliman me envió un mensaje extremadamente amable a través de Asa Gray de que su Journal estaría abierto a una respuesta mía. No puedo decidir hasta que lo vea, pero por principio me he resuelto a evitar responder a nada, ya que consume mucho tiempo, a menudo el temperamento, y ya he dicho lo que tenía que decir en el "Origin". Ninguna persona comprende mis puntos de vista y los ha defendido tan bien como A. Gray, aunque de ninguna manera llega hasta el final conmigo. Hubo mucha discusión sobre el tema en la Asociación Británica en Oxford, y tuve muchos defensores, y mi lado parece (pues no estuve allí) haber salido casi victorioso de la batalla. Su corresponsal y mi vecino, J. Lubbock, continúa trabajando en el tiempo libre que tiene. Esta es una nota egoísta, pero no he visto a un naturalista en meses. Con la mayor sinceridad y profundidad espero que esta nota le encuentre casi recuperado.

CARTA 110. A W.H. HARVEY.

(110/1. Véase la Carta 95, nota. Esta carta fue escrita en respuesta a una larga de W.H. Harvey, fechada el 24 de agosto de 1860. Harvey ya había publicado una sátira serio-cómica y una reseña, a las cuales se hacen referencias en "Life and Letters", II, páginas 314 y 375; pero aparentemente no había completado antes de este momento la lectura del "Origin").

[Agosto de 1860.]

He leído su larga carta con mucho interés y le agradezco su gran liberalidad al enviármela. Pero, tras reflexionar, no deseo intentar responder a ninguna parte, excepto a usted en privado. Cualquier cosa que yo dijera en defensa propia no tendría peso; es mejor ser defendido por otros, o no serlo en absoluto. Partes de su carta me parecen, si se me permite decirlo, muy agudas y originales, y considero un gran cumplido que haya dedicado tanto tiempo a mi libro. Pero, en conjunto, estoy decepcionado; no porque usted no esté de acuerdo conmigo, pues nunca esperé tal cosa, y, de hecho, en sus observaciones sobre los capítulos XII y XIII, usted llega mucho más lejos conmigo (aunque sea un poco) de lo que jamás anticipé, y estoy muy complacido con el resultado. Pero, en general, estoy decepcionado porque me parece que no entiende lo que quiero decir con Selección Natural, como se muestra en la página 11 (110/2. Harvey habla de la perpetuación o selección de lo útil, presuponiendo "un agente vigilante e inteligente", lo cual es muy parecido a decir que se necesita un agente inteligente para ver que las piedras pequeñas pasan a través de las mallas de un tamiz y las grandes se quedan atrás) de su carta y por varias de sus observaciones. Como mi libro no ha logrado explicar mi significado, sería inútil intentarlo en una carta. Usted habla en la primera parte de su carta, y en la página 9, como si yo hubiera dicho que la Selección Natural era el único agente de modificación, mientras que yo he dicho una y otra vez, hasta la saciedad, directamente, e implícitamente por orden de precedencia (lo que me parece obvio), que la selección no puede hacer nada sin una variabilidad previa (véanse las páginas 80, 108, 127, 468, 469, etc.), "nada puede efectuarse a menos que ocurran variaciones favorables".

Considero que la Selección Natural es de tan alta importancia porque acumula variaciones sucesivas en cualquier dirección provechosa, y así adapta a cada nuevo ser a sus complejas condiciones de vida. El término "selección", veo, engaña a muchas personas, aunque no veo más razón por la cual debería hacerlo que la afinidad electiva, tal como la usaban los antiguos químicos. Si tuviera que volver a escribir mi libro, usaría "preservación natural" o "naturalmente preservado". Pensaría que usted preferiría tomar un emético antes que volver a leer cualquier parte de mi libro; pero si lo hiciera, y borrara selección y seleccionado, e insertara preservación y preservado, posiblemente el tema sería más claro. Como usted no es el único que malinterpreta mi libro, hace mucho tiempo habría llegado a la conclusión de que mis sesos estaban en una neblina de no haber descubierto por las reseñas publicadas, y especialmente por la correspondencia, que Lyell, Hooker, Asa Gray, H.C. Watson, Huxley y Carpenter, y muchos otros, comprenden perfectamente lo que quiero decir. El resultado de sus observaciones en la página 11 es que mi explicación, etc., y toda la doctrina de la Selección Natural, son meras palabras vacías que significan el "orden de la naturaleza". Como los hombres de mente clara mencionados anteriormente, que sí comprenden mis puntos de vista, todos llegan hasta cierto punto conmigo, y ciertamente no piensan que todo sea una tontería, me aventuraría a sugerir un poco más de reflexión por su parte. No quiero decir con esto que la opinión de estos hombres valga mucho como prueba de que tengo razón, sino simplemente como cierta evidencia de que tengo ideas más claras de lo que usted piensa, de lo contrario estos mismos hombres deben estar aún más confundidos que yo; pues no tienen tentación de engañarse a sí mismos. En el próximo número de septiembre (110/3. "American Journal of Science and Arts", septiembre de 1860, "Design versus Necessity", reimpreso en "Darwiniana" de Asa Gray, 1876, página 62) del "American Journal of Science" hay un artículo teológico interesante y breve (de Asa Gray), que da incidentalmente con admirable claridad la teoría de la Selección Natural, y por lo tanto podría valer la pena que lo leyera. Creo que la parte teológica le interesaría.

Usted objeta todas mis ilustraciones. Todas son necesariamente conjeturales y pueden ser todas falsas; pero fueron las mejores que pude dar. El caso del oso (110/4. "Origin of Species", Edición I, página 184. Véase la Carta 120) ha sido bien ridiculizado y distorsionado deshonestamente por algunos al decir que un oso podría convertirse en una ballena. Como ofendió a las personas, lo eliminé en la segunda edición; pero sigo sosteniendo que no hay dificultad especial en que la boca de un oso se ensanche hasta cualquier grado útil para sus hábitos cambiantes... ninguna dificultad mayor que la que el hombre ha encontrado en aumentar el buche de la paloma, mediante selección continua, hasta que es literalmente tan grande como todo el resto del cuerpo. Si esto no se hubiera conocido, ¡qué absurdo habría parecido decir que el buche de un ave podría aumentarse hasta que fuera como un globo!

Con respecto al avestruz, creo que las alas se han reducido y no están en proceso de desarrollo, porque toda la estructura de un ave está esencialmente formada para el vuelo; y el avestruz es esencialmente un ave. Usted verá en la página 182 del "Origin" una discusión algo análoga. En la página 450 de la segunda edición he señalado la distinción esencial entre un órgano naciente y uno rudimentario. Si usted prefiere la visión más compleja de que el progenitor del avestruz perdió sus alas y que el avestruz actual las está recuperando, no tengo nada que decir en contra.

Con respecto a los árboles en las islas, recolecté algunos casos, pero tomé los hechos principales de Alph. De Candolle y pensé que se podía confiar en ellos. Mi explicación puede ser gravemente errónea; pero no estoy convencido de que lo sea, y no veo toda la fuerza de su argumento de que ciertos órdenes herbáceos se hayan desarrollado en árboles en ciertos casos raros en los continentes. El caso me parece girar totalmente en torno a la cuestión de si, por lo general, los órdenes herbáceos proporcionan con más frecuencia árboles y arbustos en las islas que en los continentes, en relación con sus áreas. (110/5. En el "Origin", Edición I, página 392, el autor señala que ante la presencia de árboles competidores una planta herbácea tendría pocas posibilidades de volverse arborescente; pero en una isla, solo con otras plantas herbáceas como competidoras, podría obtener una ventaja superando a sus compañeras y volverse arbórea. Harvey escribe: "Lo que usted dice (página 392) de los árboles insulares pertenecientes a órdenes que en otras partes incluyen solo especies herbáceas me parece no estar respaldado por suficiente evidencia. Usted no cita árboles particulares, y por lo tanto podría estar equivocado al adivinar que los órdenes a los que alude son Scrophularineae y Compositae; y los árboles insulares las Veronicas antárticas y las Compositae arborescentes de Santa Elena, Tasmania, etc. Pero en Sudáfrica la Halleria (Scrophularineae) es a menudo tan grande y leñosa como un manzano; y hay varias Compositae arborescentes sudafricanas (Senecio y Oldenburgia). Además, en Tasmania al menos, las compuestas arborescentes no se encuentran compitiendo solo con plantas herbáceas, y creciendo más y más al superarlas...; pues la más arborescente de todas ellas (Eurybia argophylla, el árbol almizclero) crece... en bosques de eucaliptos. Y lo mismo ocurre con la Halleria sudafricana, que es un árbol entre árboles. Cuáles puedan ser las condiciones de los Gerania arborescentes de las islas Sandwich soy incapaz de decirlo... No puedo recordar otros ejemplos, ni puedo aceptar su explicación en ninguno de los otros casos que he citado").

En la página 4 de su carta usted dice que renuncia a muchas especies de libro como creaciones separadas: yo renuncio a todas, y usted infiere que nuestra diferencia es solo de grado y no de especie. Disiento de esto; pues doy una razón clara de hasta dónde llego al renunciar a las especies. Considero a todas las formas, que se parecen entre sí homológica o embriológicamente, como ciertamente descendientes de la misma especie.

Usted me golpea fuerte y justamente (110/6. Harvey escribe: "Usted pregunta: ¿fueron creados todos los infinitamente numerosos tipos de animales y plantas como huevos o semillas, o como adultos? A esto es suficiente responder, ¿fue su organismo primordial, o fueron sus cuatro o cinco progenitores creados como huevo, semilla o adultos? Ninguna teoría intenta resolver este acertijo, ni tampoco el acertijo del Ónfalo". El último punto, que el Sr. Darwin se niega a abandonar, está en la página 483 del "Origin", "y, en el caso de los mamíferos, ¿fueron creados con las falsas marcas de nutrición del vientre materno?". En la tercera edición del "Origin", 1861, página 517, el autor añade, después del pasaje citado: "Indudablemente, estas mismas preguntas no pueden ser respondidas por aquellos que, bajo el estado actual de la ciencia, creen en la creación de unas pocas formas aborígenes, o de alguna forma única de vida". En la sexta edición, probablemente con vistas al ombligo, escribe (página 423): "Indudablemente, algunas de estas mismas preguntas", etc., etc. A partir de notas en la copia del Sr. Darwin de la segunda edición, queda claro que el cambio en la tercera edición se debió principalmente a la carta de Harvey. Véase la Carta 115) sobre mi pregunta (página 483, "Origin") acerca de la creación de huevos o jóvenes, etc. (pero no sobre los mamíferos con la marca del cordón umbilical), sin embargo, todavía tengo una sensación ilógica de que hay menos dificultad en imaginar la creación de una célula asexual, que aumenta por simple división.

Página 5 de su carta: Estoy de acuerdo con cada palabra sobre la antigüedad del mundo, y nunca vi el caso expuesto por nadie con más fuerza o más habilidad. No me causa, sin embargo, más impresión como objeción que cuando el astrónomo añade unos cientos de millones de millas a la distancia de las estrellas fijas. Para comparar cosas muy pequeñas con grandes, la Lingula, etc., permaneciendo casi inalterada desde la época silúrica hasta el día de hoy, es como las palomas de palomar que siguen siendo idénticas a las palomas bravías salvajes, mientras que su descendencia de "fantasía" ha sido inmensamente modificada, y sigue siendo modificada, por medio de la selección artificial.

Usted expone la dificultad de la primera modificación del primer protozoo admirablemente. Le aseguro que inmediatamente después de que se publicó la primera edición esto se me ocurrió, y pensé en insertarlo en la segunda edición. No lo hice, porque no sabemos en absoluto cuál fue el primer germen de vida, ni tenemos ningún hecho que nos guíe en nuestras especulaciones sobre el tipo de cambio que experimentó su descendencia. Disiento completamente de lo que usted dice de los miles de años que llevaría poblar el mundo con tal protozoo imaginado. ¡En qué poco tiempo calculó Ehrenberg que un solo infusorio podría hacer un cubo de roca! Un solo cubo en progresión geométrica haría el globo sólido en (supongo) menos de un siglo. Por lo poco que sé, no puedo evitar pensar que usted subestima los efectos de las condiciones físicas de la vida en estos organismos inferiores. Pero admito plenamente que no puedo dar ningún tipo de respuesta a sus objeciones; sin embargo, debo añadir que sería maravilloso si alguien pudiera hacerlo alguna vez, asumiendo por el momento que mi teoría es cierta. Usted da por sentado el asunto, creo, al decir que el Protococcus estaría condenado a la similitud eterna. Ni puede usted saber que el primer germen se parecía a un Protococcus o a cualquier otra forma que viva hoy.

Página 12 de su carta: No hay nada en mi teoría que necesite en cada caso una progresión de la organización, aunque la Selección Natural tiende en esta línea, y generalmente ha actuado así. Un animal, si se ajusta mediante la selección para vivir la vida, por ejemplo, de un parásito, generalmente se degradará. He lamentado mucho no haber hecho esta parte del tema más clara. Dejé fuera este y muchos otros temas, que ahora veo deberían haberse introducido. He insertado una discusión sobre este tema en las ediciones extranjeras. (110/7. En la tercera edición se añade una discusión sobre este punto en el Capítulo IV). En ningún caso ningún ser orgánico tenderá a retroceder, a menos que tal retrogradación sea una ventaja para su descendencia variable; y es difícil ver cómo volver a la estructura del supuesto protozoo original desconocido podría ser alguna vez una ventaja.

Página 13 de su carta: Me he alegrado más de leer su discusión sobre las formas "dominantes" que cualquier otra parte de su carta. (110/8. Harvey escribe: "Viendo la naturaleza orgánica en su aspecto más amplio, creo que es incuestionable que las razas verdaderamente dominantes no son las de alta, sino las de baja organización"; y continúa citando la enfermedad de la patata, etc. En la tercera edición del "Origin", página 56, se introduce una discusión definiendo el uso que hace el autor del término "dominante"). Ahora puedo ver que no he sido lo suficientemente cauteloso al limitar mi definición y significado. No puedo decir que usted haya alterado mis puntos de vista. Si el Botrytis [Phytophthora] hubiera exterminado la patata silvestre, una forma inferior habría conquistado a una superior; pero no puedo recordar haber dicho nunca (estoy seguro de que nunca lo pensé) que una forma inferior nunca conquistaría a una superior. Me he referido expresamente a parásitos que exterminan a medias animales de caza, y a que la lucha por la vida es a veces entre formas lo más diferentes posible: por ejemplo, entre saltamontes y cuadrúpedos herbívoros. Bajo las muchas condiciones de vida que este mundo ofrece, cualquier grupo que sea numeroso en individuos y especies y esté ampliamente distribuido, puede llamarse propiamente dominante. Nunca soñé con considerar que cualquier grupo único, bajo todas las condiciones y en todo el mundo, sería predominante. ¿Cómo podrían ser los vertebrados predominantes bajo las condiciones de vida en las que viven los gusanos parásitos? ¿De qué servirían sus sentidos perfeccionados y su intelecto bajo tales condiciones? Cuando he hablado de formas dominantes, ha sido en relación con la multiplicación de nuevas formas específicas, y la dominancia de cualquier especie ha sido relativa generalmente a otros miembros del mismo grupo, o al menos a seres expuestos a condiciones similares y que entran en competencia. Pero me atrevo a decir que no me he hecho entender en el "Origin", y el espacio ha hecho imposible hacerlo. Pero le agradezco sinceramente sus valiosas observaciones, aunque no esté de acuerdo con ellas.

Sobre los saltos repentinos: no tengo ninguna objeción a ellos; me ayudarían en algunos casos. Todo lo que puedo decir es que investigué el tema y no encontré ninguna evidencia que me hiciera creer en saltos; y sí mucho que apunta en la otra dirección. Le resultará difícil (página 14 de su carta) trazar una línea marcada de separación entre cruces fértiles e infértiles. No veo cómo el cambio aparentemente repentino (pues la repentinidad del cambio en una crisálida es, por supuesto, en gran medida solo aparente) en las larvas durante su desarrollo arroja alguna luz sobre el tema.

Ojalá hubiera podido hacer esta carta más digna de ser enviada a usted. La he hecho copiar para ahorrarle al menos la intolerable molestia de leer mi mala letra. De nuevo le agradezco su gran liberalidad y amabilidad al enviarme sus críticas, y deseo de corazón que estuviéramos un poco más de acuerdo; pero debemos permanecer contentos con estar tan separados como los polos, pero sin, gracias a Dios, ninguna malicia u otro sentimiento negativo.

CARTA 111. A T.H. HUXLEY.

(111/1. Los artículos del Dr. Asa Gray en el "Atlantic Monthly", julio, agosto y octubre de 1860, fueron publicados en Inglaterra como un folleto, y forman el Capítulo III en su "Darwiniana" (1876). Véase "Life and Letters", II, página 338. El artículo mencionado en la presente carta es el del número de agosto).

Down, 10 de septiembre [1860].

Envío por este correo una reseña de Asa Gray, tan buena que me gustaría que la viera; debo rogarle su devolución. Quiero pedirle, también, su opinión sobre conseguir que se reimprima en Inglaterra. Pensé en enviarla al Editor de los "Annals and Mag. of Nat. Hist.", en los cuales han aparecido dos reseñas hostiles (aunque supongo que los "Annals" tienen una circulación muy pobre), y pedirles en espíritu de juego limpio que impriman esto, con el nombre de Asa Gray, que asumiré la responsabilidad de añadir. Además, como es larga, ofrecería pagar los gastos.

Es muy buena, además, al incluir a Pictet tan ampliamente. (111/2. Pictet (1809-72) escribió una reseña "perfectamente justa" opuesta al "Origin". Véase "Life and Letters", II, página 297). Dígame brevemente qué piensa.

¡Qué expedición tan asombrosa es esta de Hooker a Siria! Dios sabe si es prudente.

¿Cómo están usted y los suyos? Espero que no esté trabajando demasiado. Por el amor de Dios, piense que podría convertirse en una bestia como yo. ¿Cómo va el "Nat. Hist. Review?" Hablando de reseñas, condené con gracia la reseña en el "Athenaeum" (111/3. Reseña de "The Glaciers of the Alps" ("Athenaeum", 1 de septiembre de 1860, página 280)) sobre Tyndall con una alusión mezquina y ruin hacia usted. Es vergonzoso lo de Tyndall; de hecho, dudando de su veracidad.

Estoy muy cansado y odio casi todo el mundo. Así que buenas noches, y cuide su digestión, lo cual significa cerebro.

CARTA 112. A C. LYELL. 15, Marine Parade, Eastbourne, 26 [septiembre 1860].

Acaba de ocurrírseme que no hice caso a sus preguntas sobre la extinción en Santa Elena. Estoy casi seguro de que Hooker tiene información sobre la extinción de las plantas (112/1. "Principles of Geology", Volumen II (Edición X, 1868), página 453. Se citan hechos de Hooker que ilustran la exterminación de plantas en Santa Elena), pero no puedo recordar dónde la he visto. Uno puede asumir con confianza que muchos insectos fueron exterminados.

Por cierto, supe hace poco de Wollaston, quien me dijo que acababa de recibir formas de insectos eminentes de Madeira y las Islas Canarias desde el Cabo de Buena Esperanza, ¡a cuya distancia insignificante, si es lógico, tendrá que extender su Atlántida! Acabo de recibir su carta, y estoy muy complacido de que apruebe. Pero estoy totalmente disgustado y avergonzado por lo del dingo. No puedo pensar en cómo pude haber malinterpretado el documento tan gravemente. Espero no haber cometido un error similar en su coexistencia con especies extintas: ¡qué horrible error! Me entristece saber que usted piensa que debo trabajar en las notas en el texto; pero usted es mucho mejor juez así que obedeceré. Siento que tuviera la molestia de devolver el manuscrito del perro, que supongo recibiré mañana.

Tengo la intención de dar buenos grabados en madera de todas las principales razas de palomas. (112/2. "The Variation of Animals and Plants under Domestication", 1868).

Excepto la C. oenas (112/3. La Columba oenas de Europa se posa en árboles y construye su nido en agujeros, ya sea en árboles o en el suelo ("Var. of Animals", Volumen I, página 183)) (que es en parte, de hecho casi enteramente, una paloma torcaz), no hay otra paloma bravía con la que nuestra paloma doméstica se cruce; es decir, si varias razas geográficas excesivamente cercanas de C. livia, que casi ningún ornitólogo considera especies verdaderas, se agrupan todas bajo C. livia. (112/4. Columba livia, la paloma bravía. "Podemos concluir con confianza que todas las razas domésticas, a pesar de su gran cantidad de diferencia, descienden de la Columba livia, incluyendo bajo este nombre ciertas razas salvajes" (op. cit., Volumen I, página 223)).

Estoy escribiendo de cualquier manera, mientras releo su carta. Pensé que mi carta había sido mucho más salvaje que la suya. Siento bastante el consuelo de escribir cuando uno puede "alterar sus especulaciones al día siguiente". Está más allá de mi conocimiento sopesar rangos de aves y monotremas; en el sistema respiratorio y circulatorio y en la energía muscular creo que las aves están por delante de todos los mamíferos.

Sabía que usted debía saber sobre Nueva Guinea; pero al escribirle, ¡nunca me hago cortés!

Después de tratar a media docena o una docena de animales domésticos de la misma manera que trato a los perros, tenía la intención de tener un capítulo de conclusiones. Pero Dios sabe cuándo terminaré: avanzo muy lentamente. Se sorprendería de cuánto tiempo me tomó elegir lo que parecía útil sobre los perros de entre multitudes de detalles.

Comprendo la fuerza de su observación sobre las razas humanas más aisladas en tiempos antiguos, y por tanto más numerosas. Me parece difícil sopesar las probabilidades. Quizá sea así, si se refiere a diferencias muy leves entre las razas: para producir grandes diferencias se requeriría mucho tiempo, y entonces, incluso en el período más temprano, habría esperado que una raza se hubiera extendido, conquistado y exterminado a las otras.

Respecto a la serie de elefantes de Falconer (112/5. En 1837 el Dr. Falconer y Sir Proby Cautley recolectaron un gran número de restos fósiles en las colinas Siwalik. Falconer y Cautley, "Fauna Antiqua Sivalensis", 1845-49.), creo que el caso podría responderse mejor de lo que he hecho en el "Origen", página 334. (112/6. "Origen de las especies", edición I, página 334. "No es una objeción real a la verdad de la afirmación de que la fauna de cada período, en su conjunto, es casi intermedia en carácter entre la fauna precedente y la sucesiva, que ciertos géneros ofrezcan excepciones a la regla. Por ejemplo, los mastodontes y los elefantes, cuando son dispuestos por el Dr. Falconer en dos series, primero según sus afinidades mutuas y luego según sus períodos de existencia, no coinciden en la disposición. Las especies extremas en carácter no son las más antiguas, ni las más recientes; ni las que son intermedias en carácter son intermedias en edad. Pero suponiendo por un instante, en este y otros casos similares, que el registro de la primera aparición y desaparición de las especies fuera perfecto, no tenemos razones para creer que las formas producidas sucesivamente perduren necesariamente por lapsos de tiempo correspondientes. Una forma muy antigua podría ocasionalmente durar mucho más que una forma producida posteriormente en otro lugar, especialmente en el caso de producciones terrestres que habitan distritos separados" (páginas 334-5). Las mismas palabras aparecen en la edición posterior del "Origen" (Edición VI, página 306.) Todos estos nuevos descubrimientos muestran cuán imperfecta es la serie descubierta, que Falconer pensaba hace años que era casi perfecta.

Enviaré hoy o mañana dos artículos de Asa Gray. El más largo (actualmente no corregido de forma definitiva) saldrá en el "Atlantic Monthly" de octubre, y pueden conseguirse en Trubner's. Muchas gracias por toda su amabilidad.

No se apresure con Asa Gray. Me parece uno de los mejores razonadores y escritores que he leído jamás. Conoce mi libro tan bien como yo mismo.

CARTA 113. A C. LYELL. 15, Marine Parade, Eastbourne, 3 de octubre [1860].

Su última carta me ha interesado mucho en muchos sentidos.

Adjunto una carta de Wyman que toca el tema de los cerebros. Wyman se equivoca al suponer que yo no sabía que la rata de cueva era una forma americana; hice averiguaciones especiales. Él no sabe que el ojo del tuco-tuco fue cuidadosamente diseccionado.

Respecto a las reseñas de A. Gray. Pensé en enviar el Diálogo a la "Saturday Review" dentro de una semana más o menos, ya que recientemente han discutido el Diseño. (113/1. "Discusión entre dos lectores del tratado de Darwin sobre el Origen de las Especies, sobre su Teología Natural" ("Amer. Journ. Sci." Volumen XXX, página 226, 1860). Reimpreso en "Darwiniana", 1876, página 62. El artículo comienza con la siguiente pregunta: "Primer lector--¿Es la teoría de Darwin atea o panteísta? ¿O tiende al ateísmo o al panteísmo?" La discusión es cerrada por el Segundo Lector, quien resume así sus puntos de vista: "Por lo tanto, podemos insistir en que, por todo lo que aparece hasta ahora, el argumento a favor del diseño, tal como lo presentan los teólogos naturales, es tan bueno ahora, si aceptamos la teoría de Darwin, como lo era antes de que la teoría fuera promulgada; y que el jurado escéptico, que estaba a punto de unirse a los otros once en un veredicto unánime a favor del diseño, no encuentra ninguna buena excusa para hacer esperar más tiempo al Tribunal.") He enviado el segundo artículo, el de agosto, del "Atlantic" a los "Annals and Mag. of Nat. History". (113/2. "Annals and Mag. Nat. Hist." Volumen VI, páginas 373-86, 1860. (Del "Atlantic Monthly", agosto de 1860.)) La copia que usted tiene quiero enviársela a Pictet, como le dije a A. Gray que haría, pensando por lo que él dijo que le gustaría que esto se hiciera. Dudo que fuera posible conseguir que el número de octubre se reimprima en este país; así que no tengo ninguna prisa por ello.

Tuve una carta hace unas semanas de Symonds sobre la imperfección del Registro Geológico, menos clara y contundente de lo que esperaba. Le respondí extensamente y muy cortésmente, aunque apenas pude entender a qué se refería. Habló sobre usted de una manera que me hizo bien leer.

Estoy extremadamente contento de que le gusten las reseñas de A. Gray. ¡Qué generoso y desinteresado ha sido en todo su trabajo! ¿No le llaman la atención sus metáforas y símiles? Le he dicho que es un poeta y no un abogado.

Dudaría totalmente de que las tortugas se conviertan en tortugas terrestres en una sola isla. Recuerde cuán estrechamente similares son las tortugas en todos los continentes, así como en las islas; todas deben haber descendido de un antiguo progenitor, incluida la tortuga gigante del Himalaya.

Creo que debe ser cauteloso en no llevar demasiado lejos la conveniente doctrina de que solo una especie de entre muchas varía alguna vez. Reflexione sobre casos como la fauna y la flora de Europa, América del Norte y Japón, que son tan similares, y sin embargo tienen una gran mayoría de sus especies o bien específicamente distintas, o formando razas bien marcadas. Debemos, en tales casos, inclinarnos a la creencia de que una multitud de especies fueron alguna vez idénticamente las mismas en los tres países cuando estaban bajo un clima más cálido y más en conexión; y han variado en los tres países. Me inclino a creer que casi toda especie (como vemos con casi todas nuestras producciones domésticas) varía lo suficiente para que la Selección Natural elija y acumule nuevas diferencias específicas, bajo nuevas condiciones orgánicas e inorgánicas de vida, siempre que haya un lugar abierto en la política de la naturaleza. Pero mirando hacia un largo lapso de tiempo y al mundo entero, o a grandes partes del mundo, creo que solo una o unas pocas especies de cada gran género se vuelven finalmente victoriosas y dejan descendientes modificados. Para dar un ejemplo imaginario: el arrendajo ha sido modificado en los tres países en (creo) tres o cuatro especies; pero el género arrendajo no es, aparentemente, un grupo tan dominante como los cuervos; y a la larga probablemente todos los arrendajos serán exterminados y reemplazados quizá por algunos cuervos modificados.

Simplemente doy esta ilustración para mostrar lo que me parece probable.

¡Pero oh! ¡qué trabajo queda por delante antes de que entendamos la genealogía de los seres orgánicos!

Respecto al Apteryx, no sé lo suficiente de anatomía; pero pregunte al Dr. F. si la clavícula, etc., no sirven de inserción para algunos de los músculos de la respiración. Si mis puntos de vista son algo correctos, el ala del Apteryx (113/3. "Origen de las especies", Edición VI, página 140.) no puede ser (página 452 del "Origen") un órgano naciente, ya que estas alas son inútiles. No me atrevo a confiar en la memoria, pero sé que encontré que todo el esternón siempre estaba reducido en tamaño en todas las palomas ornamentales y confinadas en relación con los mismos huesos en la paloma bravía salvaje: la quilla generalmente estaba aún más reducida en relación con la longitud reducida del esternón; pero en algunas razas era, de una manera muy anómala, más prominente. Tengo un montón de hechos sobre la reducción de los órganos de vuelo en la paloma, que me llevó semanas elaborar, y que Huxley consideró curiosos.

Estoy totalmente avergonzado, y gimo sobre mi letra. Era "Natural Preservation" (Preservación Natural). Persecución natural es lo que el autor debería sufrir. Me alegra que usted no se oponga al término. Hooker hizo la misma observación de que debería haber sido "Variación y Selección Natural". Sin embargo, con las producciones domésticas, cuando se habla de selección, la variación siempre está implícita. Pero estoy totalmente de acuerdo con su observación y la de Hooker.

¿Ha comenzado regularmente a escribir su libro sobre la antigüedad del hombre? (113/4. Publicado en 1863.)

NO estoy de acuerdo con su observación de que hago que la Selección Natural haga demasiado trabajo. Usted quizá responderá que cada hombre cabalga su caballo de batalla hasta la muerte; y que yo estoy en el estado de galope.

CARTA 114. A C. LYELL. 15, Marine Parade, Eastbourne, viernes 5 [de octubre de 1860].

Tengo dos notas que agradecerle, y devuelvo a Wollaston. Siempre me ha parecido bastante extraño que Forbes, Wollaston y Cía. argumenten, a partir de la presencia de especies aliadas, y no idénticas, en las islas, a favor de la antigua continuidad de la tierra.

Argumentan, supongo, a partir de que las especies están aliadas en diferentes regiones del mismo continente, aunque específicamente distintas. Pero creo que uno podría, bajo la doctrina de la creación, argumentar con igual fuerza de una manera directamente inversa, y decir que, como las especies son tan a menudo marcadamente distintas, aunque aliadas, en las islas, todos nuestros continentes existieron primero como islas, y sus habitantes fueron creados primero en estas islas, y desde entonces se mezclaron, de modo que no sean tan distintos como generalmente lo son ahora en las islas.

CARTA 115. A H.G. BRONN. Down, 5 de octubre [1860].

Debería disculparme por molestarle, pero finalmente he leído con atención sus excelentes críticas sobre mi libro. (115/1. Bronn añadió observaciones críticas a su traducción alemana del "Origen": ver "Life and Letters", II, página 279.) Estoy de acuerdo con gran parte de ellas, y totalmente con su frase final. Las objeciones y dificultades que pueden esgrimirse contra mi punto de vista son ciertamente lo suficientemente pesadas como para casi romperme la espalda, ¡pero aún no está rota! Usted plantea muy bien y de manera muy justa que no puedo en ningún caso explicar el curso de la modificación en ninguna instancia particular. Podría dar algún tipo de respuesta a su caso de las dos ratas; ¿y no podría yo darme la vuelta y preguntarle a quien cree en la creación separada de cada especie, por qué una rata tiene una cola más larga o orejas más cortas que otra? Supongo que la mayoría de la gente diría que estos caracteres eran de alguna utilidad, o estaban en alguna conexión con otras partes; y si es así, la Selección Natural actuaría sobre ellos. Pero tal como usted plantea el caso, cuenta bien en mi contra. Usted argumenta con toda justicia contra mi pregunta, sobre si las muchas especies fueron creadas como huevos (115/2. Ver Carta 110.) o como maduras, etc. Ciertamente no tenía derecho a hacer esa pregunta. Estoy totalmente de acuerdo en que podría haber habido cien mil creaciones tan bien como ocho o diez, o solo una. Pero entonces, bajo la visión de ocho o diez creaciones (es decir, tantas como tipos distintos de estructura hay), podemos, desde mi punto de vista, entender la semejanza homológica y embriológica de todos los organismos de cada tipo, y solo por esta razón casi no creo en los innumerables actos de creación. Solo hay dos puntos en los que creo que me ha malinterpretado. Me refiero solo a un período Glacial como afectando la distribución de los seres orgánicos; no deseaba ni siquiera aludir a la dudosa evidencia de la acción glacial en los períodos Pérmico y Carbonífero. En segundo lugar, no creo que el proceso de desarrollo siempre se haya llevado a cabo al mismo ritmo en todas las diferentes partes del mundo. Australia se opone a tal creencia. El desarrollo igual casi contemporáneo en períodos pasados lo atribuyo a la lenta migración de las formas superiores y más dominantes por todo el mundo, y no a actos independientes de desarrollo en diferentes partes. Por último, permítame añadir que no puedo ver la fuerza de su objeción, de que nada se logra hasta que se explica el origen de la vida: seguramente vale la pena intentar seguir la acción de la electricidad, aunque no sepamos qué es la electricidad.

Si en algún momento me hace el favor de escribirme, le estaría muy agradecido si me informara si usted mismo ha examinado las subespecies de aves de Brehm; porque he revisado algunos de sus escritos, pero nunca he conocido a un ornitólogo que creyera en su [ilegible]. ¿Son estas subespecies realmente características de ciertas regiones diferentes de Alemania?

Si escribe, me gustaría mucho saber cómo se vende la edición alemana.

CARTA 116. A J.S. HENSLOW. 26 de octubre [1860].

Muchas gracias por su nota y por todas las molestias con las semillas, que me serán muy útiles la próxima primavera. A mi regreso a casa enviaré los chelines. (116/1. Chelines para las niñas de la parroquia de Henslow que recolectaron semillas para Darwin.) Llegué a la conclusión de que el Dr. Bree había cometido un error sobre los celtas. No me importa su aburrido e invariable abuso hacia mí, y su singular tergiversación. Pero en la página 244 de hecho duda de mi palabra deliberada, y ese es el acto de un hombre que no tiene el alma de un caballero en él. Kingsley es "el célebre autor y clérigo" (116/2. "Species not Transmutable", por C.R. Bree. Después de citar del "Origen", Edición II, página 481, las palabras en las que un célebre autor y clérigo confiesa que "ha aprendido gradualmente a ver que es una concepción tan noble de la Deidad creer que Él creó unas pocas formas originales, etc.", el Dr. Bree continúa: "Creo que deberíamos haber tenido el nombre de este clérigo dado con esta notable declaración. Confieso que todavía no me he formado una opinión completa de que algún clérigo pudiera haber escrito líneas tan fatales para las verdades que está llamado a enseñar.") cuya impactante frase doy en la segunda edición con su permiso. No elegí pedirle que me dejara usar su nombre, y como él no se ofreció voluntariamente, por supuesto no tuve otra opción. (116/3. Estamos en deuda con el Sr. G.W. Prothero por llamar nuestra atención sobre el siguiente pasaje impactante de las obras de un clérigo de este período:--"Un escepticismo similar ha sido manifestado por casi todos los primeros fisiólogos del día, quienes se han unido para rechazar las teorías de desarrollo de Lamarck y los 'Vestigios'... Sin embargo, ahora se reconoce bajo la alta sanción del nombre de Owen que 'creación' es solo otro nombre para nuestra ignorancia del modo de producción... mientras que ahora ha aparecido una obra de un naturalista de la autoridad más reconocida, el magistral volumen del Sr. Darwin sobre el 'Origen de las especies', por la ley de la 'selección natural', que ahora fundamenta sobre bases innegables el principio mismo denunciado durante tanto tiempo por los primeros naturalistas--la originación de nuevas especies por causas naturales: una obra que pronto debe provocar una revolución completa de opinión a favor del gran principio de los poderes autoevolutivos de la naturaleza."--Prof. Baden Powell, "Study of the Evidences of Christianity", "Essays and Reviews", 7ª edición, 1861 (páginas 138, 139).)

El Dr. Freke me ha enviado su artículo, que está mucho más allá de mi alcance--algo así como el excelente cuestionario en el "Anti-Jacobin" sobre mi abuelo, que fue citado en la "Quarterly Review".

CARTA 117. A D.T. ANSTED.

(117/1. La siguiente carta fue publicada en el discurso presidencial del profesor Meldola ante la Sociedad Entomológica, 1897, y a él le debemos una copia.)

15, Marine Parade, Eastbourne, 27 de octubre [1860].

Como estoy lejos de casa debido a la salud de mi hija, no sé su dirección, y envío esto al azar, y es de muy poca importancia si nunca le llega.

Acabo de leer la mayor parte de su "Geological Gossip", y he encontrado una parte muy interesante; pero quiero expresar mi admiración por la manera clara y correcta en que ha dado un esbozo de la Selección Natural. Usted pensará que esto es un elogio muy leve; pero declaro que la mayoría de los lectores parecen totalmente incapaces de comprender mi largo argumento. Algunos de los críticos, que se han ceñido servilmente a mis ilustraciones y casi a mis palabras, han sido correctos, pero extraordinariamente pocos otros han tenido éxito. Puedo ver claramente, por sus nuevas ilustraciones y manera y orden de presentar el caso, que usted comprende perfectamente el tema. Le aseguro que esto es muy gratificante para mí, y es la única manera en que el público puede ser adoctrinado. A menudo estoy en la desesperación al hacer que la generalidad de los NATURALISTAS incluso me comprendan. Los hombres inteligentes que no son naturalistas y no tienen una idea fanática del término especie, muestran más claridad de mente. Creo que usted ha prestado un verdadero servicio al tema, y se lo agradezco sinceramente. Sin duda se encontrará mucho error en mi libro, pero tengo gran confianza en que la visión principal será, con el tiempo, considerada correcta; pues encuentro, sin excepción, que aquellos naturalistas que fueron al principio una pulgada conmigo, ahora van un pie o una yarda conmigo.

Esta nota obviamente no requiere respuesta.

CARTA 118. A H.W. BATES. Down, 22 de noviembre [1860].

Le agradezco sinceramente por escribirme y por su carta tan interesante. Su nombre me ha sido familiar durante mucho tiempo, y he oído hablar de sus fervientes esfuerzos en la causa de la Historia Natural. Pero no sabía que había trabajado con altas cuestiones filosóficas en su mente. Tengo la vieja creencia de que un buen observador significa realmente un buen teórico (118/1. Para una opinión opuesta, ver Carta 13.), y espero plenamente encontrar sus observaciones más valiosas. Lamento mucho saber que su salud está destrozada; pero confío en que bajo un clima saludable pueda ser restaurada. Puedo simpatizar con usted plenamente en este sentido, pues he tenido mala salud durante muchos años, y temo que siempre seguiré siendo un inválido confirmado. Estoy encantado de saber que usted, con todo su gran conocimiento práctico de Historia Natural, se me adelantó en muchos aspectos y concuerda conmigo. Como usted dice, he sido atacado y vilipendiado a fondo (especialmente por los entomólogos--Westwood, Wollaston y A. Murray me han reseñado y despreciado a su gusto), pero no me importa nada sus ataques; varios jueces realmente buenos van un largo camino conmigo, y observo que todos aquellos que van un poco de camino tienden a ir un poco más lejos. ¡Qué mente tan filosófica tiene su amigo el Sr. Wallace, y ha actuado, en relación conmigo, como un verdadero hombre con un espíritu noble! Veo por su carta que se ha enfrentado a varios de los problemas más difíciles, según me parece, en Historia Natural--tales como las distinciones entre los diferentes tipos de variedades, especies representativas, etc. Quizá encuentre algunos hechos en su artículo sobre variedades intermedias en regiones intermedias, sobre cuyo tema he encontrado notablemente poca información. No puedo decirle lo contento que estoy de saber que ha prestado atención al curioso punto de la refrigeración ecuatorial. Estoy totalmente de acuerdo en que debe haber sido pequeña; sin embargo, cuanto más profundizo en esa cuestión, más convencido me siento de que hubo durante el período Glacial alguna migración de norte a sur. El esbozo en el "Origen" da una cuenta muy exigua de mi ensayo en MS. más completo sobre este tema.

Le estaré particularmente agradecido por una copia de su artículo cuando se publique (118/2. Probablemente un artículo de Bates titulado "Contribuciones a una fauna de insectos del Valle del Amazonas" ("Trans. Entomol. Soc." Volumen V, página 335, 1858-61).); y si se me ocurre alguna sugerencia (no que usted necesite ninguna) o pregunta, escribiré y se la haré.

Tengo que preparar inmediatamente una nueva edición del "Origen", (118/3. Tercera edición, marzo de 1861.), y me tomaré el placer de enviarle una copia; pero solo estará muy ligeramente alterada.

Los casos de hormigas neutras, divididas en castas, con gradaciones intermedias (que imagino que son raras) me interesan mucho. Vea el "Origen" sobre la hormiga conductora, página 241 (por favor mire el pasaje.)

CARTA 119. A T.H. HUXLEY.

(119/1. Esto se refiere al primer número de la nueva serie de la "Natural History Review", 1861, un periódico que Huxley fue en gran parte instrumental en fundar, y del cual fue editor (ver Carta 107). La primera serie se publicó en Dublín, y llegó a siete volúmenes entre 1854 y 1860. La nueva serie llegó a su fin en 1865.)

Down, 3 de enero [1861].

Acabo de terminar el N.º 1 de la "Natural History Review" y debo felicitarle, como principal responsable, por su excelencia. El conjunto me parece admirable; tan admirable que es imposible que los otros números sean tan buenos, pero sería una necedad esperarlo. Soy algo agorero y temo que el mérito de los artículos supere al del lector y suscriptor común. Me ha interesado mucho su artículo sobre el cerebro. (119/2. El "artículo sobre el cerebro" de Huxley llevaba por título "Sobre las relaciones zoológicas del hombre con los animales inferiores", y apareció en el N.º 1, enero de 1861, página 67. Fue la vindicación del Sr. Huxley ante la contradicción rotunda que él mismo profirió en la reunión de Oxford de la Asociación Británica contra las afirmaciones del profesor Owen acerca de la diferencia entre los cerebros del hombre y los simios superiores. La frase omitida por Owen en su conferencia ante la Universidad de Cambridge era una nota al pie sobre la estrecha semejanza estructural entre Homo y Pithecus, que aparece en su artículo sobre los caracteres de la clase Mammalia en el "Linn. Soc. Journal", volumen II, 1857, página 20. Según Huxley, la conferencia, o "Ensayo sobre la clasificación de los mamíferos", era, con esta omisión, una reimpresión del artículo linneano. En "El lugar del hombre en la naturaleza", página 110, nota, Huxley comenta: "Ciertamente es un poco singular que el 'anatomista', que encuentra 'difícil' 'determinar la diferencia' entre Homo y Pithecus, deba clasificarlos, sin embargo, por razones anatómicas, en subclases distintas"). ¡Qué golpe tan completo y terrible (y ejecutado como un "ángel con mantequilla") es para Owen! ¡Qué farsante es al haber omitido esa frase en la conferencia ante los ortodoxos doctores de Cambridge! Me gusta mucho el artículo de Lubbock: qué bien escribe. (119/3. El artículo de Sir John Lubbock era una reseña de Leydig sobre los Daphniidae. El de M'Donnell trataba "Sobre las homologías del órgano eléctrico del torpedo", utilizado posteriormente en el "Origen" (véase la Edición VI, página 150)). M'Donnell, por supuesto, me complace enormemente. Pero tengo mucha curiosidad por saber quién escribió el artículo sobre los Protozoa: me enteraré, si no es un secreto, por Lubbock. Me parece muy bueno y, ¡por Júpiter!, cómo queda expuesto Owen, "¡este gran y sensato razonador!". A propósito, esto me recuerda un pasaje que acabo de observar en el discurso de Owen en Leeds, que un crítico inteligente podría convertir en una buena burla. Define (página xc) y más adelante amplía su definición de que la creación significa "un proceso que él no sabe cuál es". Y en una frase anterior dice que los hechos hacen tambalear su confianza en que el Apteryx de Nueva Zelanda y el urogallo de Inglaterra sean "creaciones distintas". ¡De modo que no tiene confianza en que esas aves fueran producidas por "procesos que él no sabe cuáles son"! ¡A qué miserables inconsistencias y sandeces conduce a este gran generalizador este servilismo ante opiniones opuestas! (119/4. En el "Bosquejo histórico", que forma parte de las últimas ediciones del "Origen", el Sr. Darwin hizo uso del discurso de Leeds de Owen de la manera esbozada anteriormente. Véase "Origen", Edición VI, página xvii).

Adiós: me regocijo sinceramente por el claro mérito de este número. Espero que la Sra. Huxley siga bien. Etty sigue casi igual, pero no ha llegado al mismo nivel que cuando usted estuvo aquí. Adiós.

CARTA 120. A JAMES LAMONT. Down, 25 de febrero [1861].

Estoy sumamente agradecido por su amable regalo de su hermosa obra, "Seasons with the Sea-Horses"; y no me cabe duda de que encontraré mucho interés en un observador tan cuidadoso y agudo como usted. (120/1. "Seasons with the Sea-Horses; or, Sporting Adventures in the Northern Seas". Londres, 1861. El Sr. Lamont (loc. cit., página 273) escribe: "El oso polar me parece no ser más que una variedad de los osos que habitan el norte de Europa, Asia y América; y seguramente no requiere un gran esfuerzo de la imaginación suponer que esta variedad fue creada originalmente, no como lo vemos ahora, sino por individuos de Ursus arctos en Siberia, quienes, al ver que sus medios de subsistencia escaseaban y presionados por el hambre, se aventuraron en el hielo y atraparon algunas focas. Estos individuos descubrirían que podían subsistir de esta manera, y establecerían su residencia en la costa y poco a poco se adaptarían a una vida en el hielo... Entonces es lógico pensar que aquellos individuos que por casualidad fueran de color más claro tendrían las mejores posibilidades de tener éxito al sorprender a las focas... El proceso de Selección Natural haría el resto, y el Ursus arctos, en el transcurso de unos pocos miles o unos pocos millones de años, se transformaría en la variedad conocida actualmente como Ursus maritimus". El autor añade la siguiente nota al pie (op. cit., página 275): "Será obvio para cualquiera que sigo al Sr. Darwin en estas observaciones; y, aunque el contenido de este capítulo fue escrito en Spitzbergen, antes de que se publicara "El origen de las especies", no reclamo originalidad alguna para mis opiniones; y también reconozco alegremente que, de no haber sido por la publicación de esa obra en relación con el nombre de un naturalista tan distinguido, nunca me habría aventurado a dar al mundo mis propias humildes opiniones sobre el tema").

P.D. Acabo de cortar las páginas de su libro y me ha complacido y sorprendido mucho su nota sobre lo que escribió en Spitzbergen. Como lo pensó de forma independiente, no es de extrañar que entienda tan claramente la Selección Natural, algo que muy pocos de mis críticos hacen o pretenden no hacer.

Nunca esperé ver a alguien tan heroicamente audaz como para defender mi ilustración del oso. (120/2. "En Norteamérica, Hearne vio al oso negro nadando durante horas con la boca ampliamente abierta, atrapando así, casi como una ballena, insectos en el agua".-"Origen", Edición VI, página 141. Véase la Carta 110). ¡Pero un hombre que ha hecho todo lo que usted ha hecho debe ser audaz! Es risible lo a menudo que he sido atacado y tergiversado a causa de este oso. Estoy muy complacido con sus observaciones y le agradezco cordialmente que haya venido al rescate.

CARTA 121. A W.B. TEGETMEIER.

(121/1. Las cartas del Sr. Darwin al Sr. Tegetmeier, tomadas en su conjunto, ofrecen una imagen sorprendente de la cantidad de asistencia que Darwin recibió de él durante muchos años. Algunas citas de estas cartas, expuestas en "Life and Letters", II, páginas 52, 53, muestran cuán libre y generosamente el Sr. Tegetmeier prestó su ayuda, y cuánto se valoró su cooperación.

La siguiente carta se presenta como ejemplo de las cuestiones sobre las que Darwin buscaba la opinión y orientación del Sr. Tegetmeier).

Down, 22 de marzo [1861].

Debería haber respondido a su última nota antes, pero he estado muy ocupado. ¡Qué maravillosamente exitoso ha sido usted en la cría de palomas buchonas! Tiene buen derecho a estar orgulloso de su precisión de ojo y juicio. Estoy inmerso en las aves de corral, habiendo apenas comenzado, y le estaré verdaderamente agradecido por los cráneos, si puede enviarlos por cualquier medio al Nag's Head el próximo jueves.

Pregunta sobre la cera de bermellón: positivamente no estaba en estado de panal, sino en trozos sólidos y pasteles, que fueron arrojados con otros desperdicios no lejos de mis colmenas. Puede hacer el uso que quiera de este hecho. Los panales podrían colorearse concéntrica y diversamente y registrarse fechas dando durante unos días cera oscurecida con bermellón e índigo, y me atrevo a decir que con otras sustancias. Pregunta sobre mis aves cruzadas, y esto me lleva a hacerle una propuesta que espero que no pueda resultarle ofensiva. Confío en que me conoce lo suficiente como para pensar que propondría algo objetable a mi mejor juicio. El caso es este: para mi objetivo de tratar las aves de corral debo hacer un bosquejo de varias razas, con observaciones sobre diversos puntos. No me siento fuerte en el tema. Ahora, cuando mi manuscrito esté debidamente copiado con una caligrafía excelente, ¿lo leería usted, lo cual le llevaría a lo sumo una o dos horas, y haría comentarios a lápiz sobre él, aceptando, como un abogado, unos honorarios, digamos, de un par de guineas? Esto sería una gran ayuda para mí, especialmente si me permitiera poner una nota indicando que usted, un distinguido juez y criador, lo había leído. Yo declararía que usted dudaba o coincidía, según fuera el caso, tachando por supuesto lo que usted tuviera la certeza de que era incorrecto. Habría poco nuevo en mi manuscrito para usted; pero si por casualidad utilizara alguno de mis hechos o conclusiones antes de que yo los publique, desearía que indicara que fueron bajo mi autoridad; de lo contrario, se me acusará de robarle. Habrá poco nuevo, excepto que quizá he consultado algunos libros poco comunes y he mantenido correspondencia con algunas buenas autoridades. Dígame francamente qué piensa de esto; pero a menos que me obligue aceptando una remuneración, no puedo ni quiero darle tal molestia. No tengo muchas dudas de que surgirán varios puntos que requerirán investigación, ya que me interesan muchos aspectos ignorados por los criadores; y, según el tiempo que dedique a ello, confío en que me permita remunerarle. Espero que me conceda este favor. Hay una ayuda que ahora me aventuraré a rogarle: conseguirme, si puede, otro espécimen de conejo de Angora blanco viejo. Lo quiero muerto para el esqueleto; y no golpeado en la cabeza. En segundo lugar, veo en el "Cottage Gardener" (19 de marzo, página 375) que hay medio-lops impuros con una oreja completamente erguida y más corta que la otra oreja caída. Necesito mucho uno muerto. Baker no puede conseguirlo. Baily está buscando; pero necesito dos especímenes. ¿Puede ayudarme si se encuentra con algún criador de conejos? He tenido conejos con una oreja más caída que la otra; pero quiero uno con una oreja completamente erguida y más corta, y la otra completamente larga y caída.

CARTA 122. A H.W. BATES. Down, 26 de marzo [1861].

He leído sus artículos con extremo interés, y he leído cuidadosamente cada palabra de ellos. (122/1. "Contributions to an Insect Fauna of the Amazon Valley". (Leído el 5 de marzo y el 24 de noviembre de 1860). "Entomological Soc. Trans." V, páginas 223 y 335). Me parecen mucho más ricos en hechos de variación, y especialmente en la distribución de variedades y subespecies, que cualquier cosa que haya leído. En el futuro los volveré a leer y espero aprovecharme de ellos y hacer uso de ellos en mi futuro trabajo. La cantidad de variación me ha sorprendido mucho. La variación análoga de especies distintas en las mismas regiones me parece particularmente curiosa. La mayor variabilidad del sexo femenino es nueva para mí. Su caso de Guayana parece ser en cierto grado análogo, en lo que a plantas respecta, con las modernas llanuras de La Plata, que parecen haber sido colonizadas desde el norte, pero las especies apenas se han modificado. (122/2. El Sr. Bates (página 349) da razones para creer que la región de Guayana debería considerarse "una provincia perfectamente independiente" y que ha formado un centro "desde donde irradiaron las especies que ahora pueblan las tierras bajas en sus fronteras").

¿Sería tan amable de responder a dos o tres preguntas si está en su mano? Cuando la especie A se modifica en otra región hacia una forma C bien marcada, pero está conectada con ella por una (o más) formas graduales B que habitan en una región intermedia; ¿esta forma B generalmente existe en igual número que A y C, O HABITA UNA ÁREA IGUALMENTE GRANDE? La probabilidad es que usted no pueda responder a esta pregunta, aunque uno de sus casos parece estar relacionado con ella...

Creo que se alegrará al saber que ahora a menudo oigo hablar de naturalistas que aceptan mis puntos de vista más o menos plenamente; pero algunos son curiosamente cautelosos a la hora de correr el riesgo de cualquier pequeño oprobio al expresar su creencia.

CARTA 123. A H.W. BATES. Down, 4 de abril [1861].

He estado indispuesto, por lo que he retrasado agradecerle su admirable carta. Espero que no piense que soy presuntuoso al decir cuánto me ha impresionado su variado conocimiento y la forma decisiva en que lo aplica a cada punto, una cualidad rara y muy elevada, según mi experiencia. Espero sinceramente que encuentre tiempo para publicar extensamente: ante la Sociedad Linneana podría exponer audazmente sus puntos de vista sobre las especies. ¿Ha pensado alguna vez en publicar sus viajes y elaborar en ellos las partes menos abstrusas de su Historia Natural? Creo que se vendería y sería una contribución muy valiosa a la Historia Natural. También debe haber visto mucho de los nativos. Sé muy bien que sería totalmente irrazonable pedirle más información; pero solo mencionaré que ahora estoy, y estaré por mucho tiempo, escribiendo sobre variedades domésticas de todos los animales. Cualquier dato sería útil, especialmente cualquier hecho que muestre que los salvajes tienen algún cuidado en la cría de sus animales, o en rechazar a los malos y preservar a los buenos; o cualquier fantasía que puedan tener de que un perro de cierto color o marca, etc., es mejor que otro. Ya he recopilado mucho sobre este tema, pero soy codicioso de hechos. Verá de inmediato su relación con la variación bajo la domesticación.

Casi nada en su carta me ha complacido más que lo referente a la selección sexual. En mi manuscrito más extenso (y de hecho en el "Origen" con respecto al mechón de pelos en el pecho del pavo macho) me he guardado de ir demasiado lejos; pero no sabía en absoluto que los machos y las hembras de las mariposas frecuentaban sitios bastante diferentes. Si tuviera que criticarme a mí mismo en una reseña, habría [¿molestado?] y cuestionado la selección sexual; por lo tanto, aunque estoy plenamente convencido de que es en gran medida cierta, puede imaginar lo complacido que estoy con lo que dice sobre su creencia. Esta parte de su carta es una quintaesencia de riqueza. El hecho sobre las mariposas atraídas por sépalos de colores es otro buen hecho, que vale su peso en oro. Habría deleitado el corazón del viejo Christian C. Sprengel, que ya lleva muchos años en su tumba.

Me alegra saber que ha prestado especial atención a las analogías "miméticas", un tema muy curioso; espero que publique sobre ello. Hace mucho tiempo que deseo saber si es cierto lo que afirma el Dr. Collingwood: que los casos más llamativos generalmente ocurren entre insectos que habitan el mismo país.

CARTA 124. A F.W. HUTTON. Down, 20 de abril [1861].

Espero que me permita agradecerle el envío de una copia de su artículo en "The Geologist" (124/1. En una carta a Hooker (¿23 de abril?, 1861) Darwin se refiere a la reseña de Hutton como "muy original" y añade que Hutton es "uno de los pocos que ve que el cambio de especie no puede probarse directamente..." ("Life and Letters", II, página 362). La reseña apareció en "The Geologist" (conocida posteriormente como "The Geological Magazine") en 1861, páginas 132-6 y 183-8. Una carta sobre "Dificultades del darwinismo" se publica en el mismo volumen de "The Geologist", página 286.), y al mismo tiempo expresar mi opinión de que ha prestado un verdadero servicio al tema por la forma altamente original, llamativa y condensada con la que ha expuesto el caso. Estoy realmente cansado de decir a la gente que no pretendo aducir pruebas directas de que una especie cambie a otra, sino que creo que este punto de vista es fundamentalmente correcto porque muchos fenómenos pueden agruparse y explicarse así. Pero generalmente no sirve de nada; no consigo que las personas vean esto. Por lo general les echo en cara la teoría universalmente admitida de la ondulación de la luz; ni la ondulación ni la existencia misma del éter están probadas, y sin embargo se admite porque el punto de vista explica muchas cosas. Usted es uno de los pocos que ha visto esto y lo ha expuesto de la manera más contundente y clara. Me complace mucho ver cuán cuidadosamente ha leído mi libro y, lo que es mucho más importante, reflexionado sobre tantos puntos con un espíritu independiente. Como estoy profundamente interesado en el tema (y espero que no exclusivamente desde un punto de vista personal), no pude resistirme a aventurarme a agradecerle el buen servicio que ha hecho.

No hace falta decir que esta nota no requiere respuesta.

CARTA 125. A J.D. HOOKER.

(125/1. Partes de esta carta están publicadas en "Life and Letters", II, página 362).

Down, [23 de] abril [1861].

Me ha interesado mucho el artículo de Bentham en la "Natural History Review", pero, por supuesto, por familiaridad, no le impresionaría a usted como a mí. (125/2. Esto se refiere al artículo de Bentham "On the Species and Genera of Plants, etc.", "Nat. Hist. Review", abril de 1861, página 133, que se basa en, o es un extracto de, un artículo leído ante la Linn. Soc. el 15 de noviembre de 1858. Originalmente estaba previsto para ser leído el 1 de julio de 1858, pero cedió su lugar a los artículos de Darwin y Wallace. El Sr. Bentham ha descrito ("Life and Letters", II, página 294) cómo canceló a regañadientes las partes en las que insistía en la "fijeza original" del tipo específico, y el resto parece no haber sido publicado, excepto en el artículo citado anteriormente en la "Nat. Hist. Review"). Me gustó el conjunto: todos los hechos sobre la naturaleza de las especies cercanas y variables. ¡Dios santo! ¡Pensar que los botánicos británicos arrugan la nariz diciendo que él no sabe nada de las plantas británicas! También me agradaron sus observaciones sobre la clasificación, porque me demostraron que escribí con veracidad sobre este tema en el "Origen". Vi a Bentham en la Sociedad Linneana y conversé con él, con Lubbock y Edgeworth, Wallich y varios otros. Le pedí a Bentham que nos diera sus ideas sobre las especies; ya fuera parcialmente con nosotros o totalmente en contra, escribiría material excelente. No respondió, pero su actitud me hizo pensar que podría hacerlo si se le insistiera; así que atáquelo usted. Todos hablaban con afecto y ansiedad de Henslow. Cené con Bell en el Club Linneano y me gustó mi cena... cenar fuera es tal novedad para mí que lo disfruté. Bell tiene un corazón realmente bueno. Me gustó el artículo de Rolleston, pero nunca he leído nada tan oscuro y poco evidente como sus "cánones". (125/3. Véase "Nat. Hist. Review", 1861, página 206. El artículo es "On the Brain of the Orang Utang" y forma parte de la amarga controversia de este período a la que se hace referencia en las cartas a Huxley y en otras partes de estos volúmenes. El trabajo de Rolleston es citado por Huxley ("Man's Place in Nature", página 117) como parte de la aplastante refutación de la posición de Owen. La carta del Sr. Huxley mencionada anteriormente es, sin duda, la del "Athenaeum", 13 de abril de 1861, página 498; es ciertamente severa, pero para quienes conocen la "Historia sucinta de la controversia", etc., del Sr. Huxley ("Man's Place in Nature", página 113), no parecerá demasiado severa). Tenía una vaga percepción de la verdad de su profunda observación: que escribió con miedo y temblor "de Dios, el hombre y los monos", pero yo la cambiaría por "Dios, el hombre, Owen y los monos". La carta de Huxley fue truculenta, y veo que todos piensan que es demasiado truculenta; pero en puridad de verdad me he vuelto bastante demoníaco respecto a Owen, peor que Huxley; y le dije a Huxley que debería ponerme bajo su cuidado para que me volviera más amable. Pero tengo la intención de tratar de ser más angelical en mis sentimientos; sin embargo, nunca olvidaré su cordial apretón de manos, cuando escribía tan rencorosamente como podía contra mí. Pero siempre he pensado que usted tiene más motivos que yo para estar demoníacamente inclinado hacia él. Bell me dijo que Owen afirma que el editor mutiló su artículo en la "Edinburgh Review" (125/4. Este es el único caso, que sepamos, de que Owen reconozca la autoría del artículo de la "Edinburgh Review"), y Bell parecía pensar que el editor lo hizo más rencoroso; quizás el punto de vista opuesto sea tan probable. ¡Oh, Dios! ¡Esto no parece un camino hacia un temperamento más angelical!

Tuve una espléndida y larga charla con Lyell (puede adivinar lo espléndida que fue, pues estuvo muchas veces de rodillas, con los codos sobre el sofá) (125/5. El Sr. Darwin a menudo hablaba de la tendencia de Sir Charles Lyell a adoptar posturas curiosas cuando estaba excitado) sobre su trabajo en Francia: parece haber hecho un trabajo excelente al determinar la edad de los lechos que contienen celtas, pero el caso se vuelve cada vez más complicado. Todo, sin embargo, tiende a una mayor y mayor antigüedad del hombre. Los lechos de guijarros parecen ser depósitos estuarinos. Visité a R. Chambers en su muy bonita casa en St. John's Wood, y tuvimos una charla muy agradable de media hora; es realmente un tipo excelente. Hizo un comentario acertado y se rió entre dientes al respecto: que los laicos habían tratado universalmente la controversia sobre "Essays and Reviews" como un tema puramente profesional, y que no se habían unido a ella, sino que la habían dejado al clero. Estaré ansioso por recibir su próxima carta sobre Henslow. Adiós, con sincera simpatía, mi viejo amigo.

P.D.—Estamos muy agradecidos por el "London Review". Nos gusta leer gran parte de él, y la ciencia es incomparablemente mejor que en el "Athenaeum". No deberá seguir enviándolo por mucho tiempo, ya que se arruinará con los centavos y las molestias; pero estoy bajo un horrible hechizo con el "Athenaeum" y el "Gardeners' Chronicle", ambos intolerablemente aburridos, pero los he recibido durante tantos años que no puedo abandonarlos. El "Cottage Gardener", para mis propósitos, es ahora mucho mejor que el "Gardeners' Chronicle".

CARTA 126. A J.L.A. DE QUATREFAGES. Down, 25 de abril [1861].

Recibí esta mañana su "Unite de l'Espece Humaine" [publicado en 1861], y le agradezco muy sinceramente este obsequio tan amable. Había oído hablar de sus artículos y me habían recomendado leerlos, pero, al no saber que estaban publicados por separado, no sabía cómo conseguirlos. Así que su obsequio es de lo más aceptable, y estoy muy ansioso por ver sus puntos de vista sobre todo el tema de las especies y la variación; y sin duda obtendré mucho provecho de su trabajo. Al cortar las páginas observo que ha mencionado mi trabajo muy amablemente varias veces. Mis puntos de vista se difunden lentamente en Inglaterra y Estados Unidos; y me sorprende mucho encontrar que son aceptados más comúnmente por los geólogos, después por los botánicos, y menos por los zoólogos. Me complace mucho que los geólogos jóvenes y de mediana edad estén cambiando de opinión, pues los argumentos de la geología siempre me han parecido los más fuertes en mi contra. Ninguno de los geólogos más viejos (excepto Lyell) se ha visto siquiera sacudido en sus puntos de vista sobre la eterna inmutabilidad de las especies. Pero tantos hombres jóvenes están cambiando con celo que miro hacia el futuro con cierta confianza. Ahora estoy trabajando en "Variation under Domestication", pero avanzo lentamente; es un trabajo tan tedioso comparar esqueletos.

Con muy sincero agradecimiento por la amable simpatía que siempre me ha mostrado, y con mucho respeto...

P.D.—He leído recientemente el artículo del Sr. Naudin (126/1. El artículo de Naudin ("Revue Horticole", 1852) se menciona en el "Esbozo histórico" que encabeza las ediciones posteriores del "Origen" (Edición VI, página xix). Naudin insistió en que las especies se forman de una manera análoga a la producción de variedades por parte de los cultivadores, es decir, por selección, "pero no muestra cómo actúa la selección en la naturaleza". En "Life and Letters", II, página 246, Darwin, al hablar del trabajo de Naudin, dice: "Decaisne parece pensar que él da toda mi teoría"), pero no me parece que se me adelante, ya que no muestra cómo podría aplicarse la selección en la naturaleza; pero un escritor oscuro (126/2. El escritor oscuro es Patrick Matthew (véase el "Esbozo histórico" en el "Origen")) sobre árboles forestales, en 1830, en Escocia, anticipó mis puntos de vista de manera más expresa y clara, aunque expuso el caso tan brevemente que nadie notó nunca los pasajes dispersos en su libro.

CARTA 127. A L. HINDMARSH.

(127/1. La siguiente carta fue en respuesta a una del Sr. Hindmarsh, a quien el Sr. Darwin había escrito pidiendo información sobre el número promedio de animales muertos cada año en la manada de Chillingham. El objetivo de la solicitud era obtener información que pudiera arrojar luz sobre la tasa de aumento del ganado en relación con los de las pampas de América del Sur. El Sr. Hindmarsh había contribuido con un artículo "On the Wild Cattle of Chillingham Park" al "Annals and Mag. Nat. Hist.", volumen II, página 274, 1839.)

Down, 12 de mayo [1861].

Le agradezco sinceramente su pronta y gran amabilidad, y le devuelvo la carta, la cual he tenido mucho gusto en ver y he hecho copiar. El aumento es más rápido de lo que anticipé, pero parece algo conjetural; esperaba que en un caso tan interesante se hubiera llevado un registro exacto. El número de nacimientos, o de terneros criados hasta que siguieron a sus madres, habría sido quizás el mejor dato. De la carta del Sr. Hardy infiero que deben nacer diez anualmente para compensar las muertes por diversas causas. En Paraguay, Azara afirma que en una manada de 4.000, se crían de 1.000 a 1.300; pero entonces, aunque no matan a los terneros, sino que castran a los toros jóvenes, sin duda los bueyes serían sacrificados antes que las vacas, de modo que la manada contendría probablemente más sexo femenino que la manada de Chillingham. Aparentemente no hay registro de si se matan más toros jóvenes que vacas. Me sorprende que Lord Tankerville no haga llevar un registro exacto de muertes, sexos y nacimientos: después de una docena de años sería un registro estadístico interesante para el naturalista y el agricultor.

(LÁMINA: PROFESOR HENSLOW.)

CARTA 128. A J.D. HOOKER.

(128/1. La muerte del profesor Henslow (quien era el suegro de Sir J.D. Hooker) ocurrió el 16 de mayo de 1861.)

Down, 24 de mayo [1861].

Gracias por sus dos notas. Me alegra que el entierro haya pasado, y simpatizo sinceramente y puedo entender perfectamente sus sentimientos ante su pérdida.

Me entristece pensar lo poco que vi a Henslow durante muchos años. Con respecto a una biografía de Henslow, no puedo evitar sentirme más bien dudoso, bajo el principio de que una biografía no podría hacerle justicia. Sus cartas estaban generalmente escritas con prisa, y me temo que no llevó ningún diario o agenda. Si hubiera materiales vívidos para describir su vida como párroco, y su manera de manejar a los pobres, sería muy bueno.

Nunca soy muy optimista sobre los proyectos literarios. No puedo evitar temer que su Vida pudiera resultar sosa. Difícilmente puede haber incidentes marcados que describir. Espero sinceramente tener una visión equivocada y sombría, pero no puedo evitar temerlo; preferiría no ver ninguna Vida que una que interesara a muy pocos. Será un placer y un deber para mí considerar lo que pueda recordar; pero en este momento no puedo pensar en casi nada. La ecuanimidad y perfección de todo el carácter de Henslow, pensaría yo, harían muy difícil que alguien lo retratara. He estado pensando mucho en Henslow todo el día, pero cuanto más pienso menos puedo pensar en qué escribir. Es un estilo completamente nuevo para mí ponerme a ello, pero seguiré pensando qué podría decir para dar alguna noción, por imperfecta que sea, de él en los viejos tiempos de Cambridge.

Por favor, dé mis más amables recuerdos a L. Jenyns (128/2. El reverendo Leonard Jenyns (más tarde Blomefield) emprendió la "Vida" de Henslow, a la que Darwin contribuyó con un bosquejo característico y encantador. Véase la Carta 17), quien a menudo está asociado con mi recuerdo de aquellos viejos tiempos felices.

CARTA 129. HENRY FAWCETT A CHARLES DARWIN.

(129/1. Fue en respuesta a la siguiente carta que Darwin escribió a Fawcett: "No podría haberme dicho nada que me hubiera dado más satisfacción que lo que usted dice sobre la opinión del Sr. Mill. Hasta que apareció su reseña empecé a pensar que quizás no entendía en absoluto cómo razonar científicamente". ("Life of Henry Fawcett", por Leslie Stephen, 1885, página 100).)

Bodenham, Salisbury, 16 de julio [1861].

Siento que no debería haber retrasado tanto la escritura para agradecerle su carta tan amable sobre mi artículo acerca de su libro en "Macmillan's Magazine".

Estaba particularmente ansioso por señalar que el método de investigación seguido era en todos los aspectos filosóficamente correcto. Pasé una velada la semana pasada con mi amigo el Sr. John Stuart Mill, y estoy seguro de que le complacerá saber de tal autoridad que considera que su razonamiento en todo momento está en la más exacta conformidad con los estrictos principios de la lógica. También dice que el método de investigación que ha seguido es el único adecuado para tal tema.

Es fácil para un crítico antagónico, cuando le resulta difícil responder a sus argumentos, intentar deshacerse de todo el asunto pronunciando algún lugar común como "Esta no es una inducción baconiana".

Espero pasar pronto unos días en su vecindario, y si no fuera una intrusión para usted, consideraría un gran favor que me permitiera visitarlo y tener media hora de conversación con usted.

En lo que a mí respecta personalmente, estoy seguro de que debería estarle agradecido, pues desde mi accidente nada me ha dado tanto placer como la lectura de su libro. Tales estudios son ahora un gran recurso para mí.

CARTA 130. A C. LYELL. 2, Hesketh Terrace, Torquay [2 de agosto de 1861].

Declaro que usted lee las reseñas sobre el "Origen" más cuidadosamente que yo. Estoy de acuerdo con todas sus observaciones. El punto sobre la correlación me pareció bien expuesto, así como el de las variedades que crecen juntas; pero ya he comenzado a poner cosas en marcha para obtener información sobre este último punto, en el que Bronn también se explaya. Con respecto a la sexualidad, a menudo he especulado sobre ella, y siempre he llegado a la conclusión de que somos demasiado ignorantes para especular: ningún fisiólogo puede conjeturar por qué los dos elementos se unen para formar un nuevo ser, y, más que eso, por qué la naturaleza se esfuerza por unir los dos elementos de dos individuos. Lo que estoy trabajando ahora en mis orquídeas es una ilustración admirable de la ley. Ciertamente concluiría que toda la sexualidad ha descendido de un prototipo. ¿No subestima usted el grado de bajeza de organización en el que ocurre la sexualidad (es decir, en Hydra, y aún más bajo en algunas de las confervas libres unicelulares que "conjugan", lo cual buenos jueces (Thwaites) creen que es la forma más simple de verdadera generación sexual)? (130/1. Véase la Carta 97). Pero todo el caso es un misterio.

Hay otro punto sobre el que ocasionalmente he deseado decir unas pocas palabras. Creo que usted piensa con Asa Gray que no he dejado suficiente margen para que el flujo de la variación haya sido guiado por un poder superior. He tenido últimamente una buena correspondencia sobre este tema. Herschel, en su "Physical Geography" (130/2. "Physical Geography of the Globe", por Sir John F.W. Herschel, Edimburgo, 1861. En la página 12 Herschel escribe sobre las revelaciones de la geología que apuntan a sucesivas sumersiones y reconstrucciones de los continentes y nuevas razas de animales y plantas. Se refiere a una "gran ley de cambio" que no ha operado ni por una variación gradualmente progresiva de las especies, ni por una abolición repentina y total de una raza... La siguiente nota al pie en la página 12 de la "Physical Geography" se añadió en enero de 1861: "Esto fue escrito antes de la publicación del trabajo del Sr. Darwin sobre el "Origen de las especies", un trabajo que, independientemente de su mérito o ingenio, no podemos, sin embargo, considerar que haya refutado el punto de vista adoptado en el texto. No podemos aceptar el principio de variación arbitraria y casual y selección natural como una explicación suficiente, per se, del mundo orgánico pasado y presente, más de lo que podemos aceptar el método laputiano de componer libros (llevado a su extremo) como suficiente para Shakespeare y los "Principia". Igualmente, en cualquier caso, una inteligencia, guiada por un propósito, debe estar continuamente en acción para sesgar las direcciones de los pasos de cambio, para regular su cantidad, para limitar su divergencia y para continuarlos en un curso definido. No creemos que el Sr. Darwin quiera negar la necesidad de tal dirección inteligente. Pero no entra, hasta donde podemos ver, en la fórmula de esta ley, y sin ella no podemos concebir hasta qué punto la ley puede haber conducido a los resultados. Por otro lado, no queremos negar que tal inteligencia pueda actuar de acuerdo con una ley (es decir, según un plan preconcebido y definido). Tal ley, expresada en palabras, no sería otra que la ley observada de sucesión orgánica; una más general, que toma esa forma cuando se aplica a nuestro propio planeta, e incluyendo todos los eslabones de la cadena que han desaparecido. PERO LA LEY ÚNICA ES UN SUPLEMENTO NECESARIO A LA OTRA, Y DEBERÍA, EN TODA PROPIEDAD LÓGICA, FORMAR PARTE DE SU ENUNCIADO. Concediendo esto, y con cierto reparo en cuanto a la génesis del hombre, estamos lejos de estar dispuestos a repudiar el punto de vista adoptado sobre este tema misterioso en el libro del Sr. Darwin". La oración en cursiva es sin duda a la que se refiere en la carta a Lyell. Véase la Carta 243), tiene una oración con respecto al "Origen", algo así como que la ley superior del Arreglo Providencial siempre debe ser declarada. Pero los astrónomos no declaran que Dios dirige el curso de cada cometa y planeta. El punto de vista de que cada variación ha sido providencialmente arreglada me parece que hace que la Selección Natural sea totalmente superflua, y de hecho saca todo el caso de la aparición de nuevas especies fuera del rango de la ciencia. Pero lo que me hace objetar más el punto de vista de Asa Gray es el estudio de la extrema variabilidad de los animales domésticos. Aquel que no suponga que cada variación en la paloma fue causada providencialmente, acumulando cuyas variaciones el hombre hizo un abanico, no puede, creo, argumentar lógicamente que la cola del pájaro carpintero fue formada por variaciones ordenadas providencialmente. Me parece que las variaciones en las condiciones domésticas y salvajes se deben a causas desconocidas, y son sin propósito, y en la medida en que son accidentales; y que solo se vuelven intencionadas cuando son seleccionadas por el hombre para su placer, o por lo que llamamos Selección Natural en la lucha por la vida, y bajo condiciones cambiantes. No deseo decir que Dios no previó todo lo que sucedería; pero aquí surge casi el mismo tipo de miserable embrollo que entre el libre albedrío y la necesidad preordenada. Dudo si he dejado claro lo que pienso; pero ciertamente la noción de A. Gray de que los cursos de la variación han sido conducidos como una corriente de agua por la gravedad, me parece que destroza todo el asunto. Me recuerda a un español a quien le conté que estaba intentando averiguar cómo se formó la Cordillera; y me respondió que era inútil, porque "Dios las hizo". Se podría decir que Dios previó cómo se harían. Me pregunto si Herschel diría que siempre deberías dar la ley providencial superior, y declarar que Dios había ordenado todos los cambios de nivel, que ciertas montañas deberían surgir. Debo pensar que tales puntos de vista de Asa Gray y Herschel solo muestran que el tema en sus mentes está en la etapa teológica de la ciencia de Comte...

Por supuesto, no quiero ninguna respuesta a mi discusión cuasi-teológica, sino solo que usted piense en mis nociones, si las entiende.

Espero al Cielo que sus largos y grandes trabajos en su nueva edición estén llegando a su fin.

CARTA 131. A C. LYELL. Torquay, [13 de agosto de 1861].

Muchísimas gracias por las orquídeas, que me han resultado extremadamente útiles de dos maneras que no anticipé, pero eran demasiado monstruosas (aunque de alguna utilidad) para mi propósito especial.

Cuando llegue a la "Deificación" (131/1. Véase la Carta 105, nota), pregúntese honestamente si lo que está pensando se aplica a las infinitas variaciones de las producciones domésticas, que el hombre acumula por su mero capricho o uso. Sin duda, todas estas son causadas por alguna ley desconocida, pero no puedo creer que fueran ordenadas para ningún propósito, y si no fueron ordenadas así bajo la domesticidad, no veo ninguna razón para creer que fueron ordenadas en un estado de naturaleza. Por supuesto, se puede decir, cuando pateas una piedra, o una hoja cae de un árbol, que fue ordenado, antes de que se pusieran los cimientos del mundo, exactamente dónde debería yacer esa piedra u hoja. En este sentido, el tema no tiene interés para mí.

Una vez más, muchas gracias por las orquídeas; debe dejarme devolverle lo que pagó al recolector.

CARTA 132. A C. LYELL.

(132/1. El primer párrafo probablemente se refiere a las pruebas de imprenta de "Antiquity of Man" de Lyell, pero el pasaje referido parece no ocurrir en el libro.)

Torquay, 21 de agosto [1861].

...Realmente no tengo críticas, excepto una insignificante a lápiz cerca del final, que he insertado debido a que las especies dominantes e importantes generalmente varían más. Usted habla de "sus puntos de vista" casi como si estuviera a mil millas de tales desgraciados, pero su párrafo final muestra que usted es uno de los desgraciados.

Me complace que apruebe la reseña de Hutton. (132/2. "Some Remarks on Mr. Darwin's Theory", por F.W. Hutton. "Geologist", volumen IV, página 132 (1861). Véase la Carta 124). Me pareció que adoptaba un punto de vista más filosófico sobre la manera de juzgar la cuestión que cualquier otra reseña. La frase que cita de ella parece muy cierta, pero no estoy de acuerdo con la conclusión teológica. Creo que cita a Asa Gray, ciertamente no a mí; pero no tengo ni a A. Gray ni al "Origen" conmigo. De hecho, he dicho una y otra vez en el "Origen" que la Selección Natural no hace nada sin variabilidad; he dedicado un capítulo entero a las leyes, y he usado el lenguaje más fuerte sobre lo ignorantes que somos respecto a estas leyes. Pero estoy de acuerdo en que de alguna manera (Hooker dice que se debe a mi título) no he dejado lo suficientemente clara la gran y manifiesta importancia de la variabilidad previa. Los criadores hablan constantemente de la Selección como el único gran medio de mejora; pero por supuesto implican diferencias individuales, y esto habría pensado que sería obvio para todos en la Selección Natural; pero no ha sido así.

Acabo de decir que no puedo estar de acuerdo con "cuyas variaciones son los efectos de una ley desconocida, ordenada y guiada sin duda por una causa inteligente sobre un plan preconcebido y definido". ¿Me dirá honestamente (y se lo agradecería mucho) si cree que la forma de mi nariz (¡eheu!) fue ordenada y "guiada por una causa inteligente?" (132/3. Debe recordarse que la forma de su nariz casi determinó que Fitz-Roy rechazara a Darwin como naturalista para el H.M.S. "Beagle" ("Life and Letters", I, página 60)). Mediante la selección de diferencias análogas y menores, los criadores hacen diferencias casi genéricas en sus palomas; ¿y puede ver alguna buena razón por la que la Selección Natural de diferencias individuales análogas no debería hacer nuevas especies? Si usted dice que Dios ordenó que en algún momento y lugar surgieran una docena de ligeras variaciones, y que solo una de ellas fuera preservada en la lucha por la vida y las otras once perecieran en la primera o pocas primeras generaciones, entonces el dicho me parece mera verborrea. Llega a decir simplemente que todo lo que existe, está ordenado.

Permítame añadir otra frase. ¿Por qué deberíamos usted o yo hablar de la variación como algo ordenado y guiado, más que un astrónomo al discutir la caída de una piedra meteórica? Él simplemente diría que fue atraída hacia nuestra tierra por la fuerza de gravedad, tras haber sido desplazada de su curso por la acción de leyes totalmente desconocidas. ¿Querría usted que dijera que su caída en un lugar y momento determinados fue "ordenada y guiada sin duda por una causa inteligente bajo un plan preconcebido y definido"? ¿No llamaría a esto pedantería o exhibicionismo teológico? Creo que no es pedantería en el caso de las especies, simplemente porque su formación se ha considerado hasta ahora más allá de toda ley; de hecho, esta rama de la ciencia se encuentra todavía, para la mayoría de las personas, en su fase teológica de desarrollo. La conclusión a la que siempre llego tras pensar en tales cuestiones es que están más allá del intelecto humano; y cuanto menos se piense en ellas, mejor. Usted puede decir: "Entonces, ¿por qué molestarme?". Pero me gustaría mucho saber con claridad qué piensa usted.

CARTA 133. A HENRY FAWCETT.

(133/1. La siguiente carta fue publicada en la "Life" del Sr. Fawcett (1885); estamos en deuda con la Sra. Fawcett y los señores Smith & Elder por el permiso para reimprimirla. Véase la Carta 129.)

18 de septiembre [1861].

Me preguntaba quién me habría enviado tan amablemente el periódico (133/2. El periódico enviado fue el "Manchester Examiner" del 9 de septiembre de 1861, que contenía un informe del discurso del Sr. Fawcett ante la Sección D de la Asociación Británica, "Sobre el método del Sr. Darwin en su tratado sobre el origen de las especies", en el que el orador demostraba que el "método de investigación seguido por el Sr. Darwin en su tratado sobre el origen de las especies está en estricta conformidad con los principios de la lógica". La "A" de la carta (tal como se publicó en la biografía de Fawcett) es el difunto profesor Williamson, de quien se dice que afirmó que "aunque no diría que el libro del Sr. Darwin le hubiera causado una pérdida de reputación, estaba seguro de que no le había reportado ninguna ganancia". La referencia a "B" se explica por el informe del discurso del difunto Dr. Lankester, en el que dijo: "Los hechos presentados en apoyo de la hipótesis tenían un valor muy distinto al de la hipótesis... Un gran naturalista, que seguía siendo amigo del Sr. Darwin, le dijo una vez a él (Dr. Lankester): 'El error es que Darwin ha tratado el origen. ¿Por qué no nos expuso sus hechos y dejó que se sostuvieran por sí solos?'". Otro orador, el Muy Honorable J.R. Napier, señaló: "Voy a hablar ceñido a la cuestión. Si la hipótesis se presenta para contradecir los hechos, y las afirmaciones son contrarias a la Palabra de Dios, digo que no es un argumento lógico". En este punto, el presidente, profesor Babington, intervino sabiamente, argumentando que la reunión era de carácter científico.), el cual me alegró mucho ver; y ahora debo agradecerle sinceramente que me haya permitido leer su manuscrito. Me parece muy bueno y sólido; aunque ciertamente no soy un juez imparcial. Usted habrá prestado un buen servicio al llamar la atención de los hombres de ciencia sobre los medios y las leyes de filosofar. Por lo que pude juzgar por los periódicos, sus oponentes fueron indignos de usted. ¡Qué miserablemente habló A de mi reputación, como si eso tuviera algo que ver con el asunto!... ¡Qué profundamente ignorante debe ser B de la esencia misma de la observación! Hace unos treinta años se decía mucho que los geólogos debían limitarse a observar y no a teorizar; y recuerdo perfectamente que alguien dijo que, a este paso, uno bien podría ir a una gravera, contar los guijarros y describir sus colores. ¡Qué extraño es que alguien no vea que toda observación debe estar a favor o en contra de alguna visión si ha de servir de algo!

He regresado hace poco de una visita de dos meses a Torquay, que hizo bien a mi salud en aquel momento; pero soy una de esas criaturas miserables que nunca están cómodas durante veinticuatro horas; y me queda claro que deberían exterminarme. He estado algo ocioso últimamente, o, hablando con mayor propiedad, trabajando en algunos artículos misceláneos, los cuales, sin embargo, tienen cierta relación directa con el tema de las especies; aunque me siento culpable por haber descuidado mi libro más extenso. Pero, para mí, observar es un pasatiempo mucho mejor que escribir. Temo haberle cansado con esta larga nota.

Le ruego crea que me siento sinceramente agradecido de que haya tomado las armas en defensa de la línea argumental del "Origen"; usted habrá beneficiado al tema.

Muchos tienen tanto miedo de expresarse. Un naturalista alemán vino aquí el otro día; y me cuenta que hay muchos en Alemania de nuestro lado, pero que todos parecen temerosos de hablar abiertamente, esperando a que alguien lo haga, y entonces muchos seguirán. Los naturalistas parecen tan tímidos como deberían ser las jovencitas respecto a su reputación científica. Hay mucha discusión sobre el tema en el continente, incluso en la tranquila Holanda; y el otro día recibí un folleto de Moscú de un hombre que defiende famosamente la imperfección del "Registro Geológico", ¡pero se queja de que he subestimado tristemente la variabilidad de los antiguos animales fosilizados! Pero no debo seguir divagando.

CARTA 134. A H.W. BATES. Down, 25 de septiembre [1861].

Ahora, unas palabras sobre ciencia. Muchas gracias por los datos sobre los neutros. No puede imaginarse cuánto me alegra que no piense que lo que he dicho sobre el tema sea absurdo. Solo dos personas me lo han mencionado siquiera: el amargo desprecio de Owen en la "Edinburgh Review" (134/1. "Edinburgh Review", abril de 1860, página 525) y mi buen amigo y partidario, Sir C. Lyell, quien solo pudo reunir el valor para decir: "Bueno, usted ha afrontado la dificultad con valentía".

Qué caso tan maravilloso el de Volucella, del cual nunca había oído hablar. (134/2. Volucella es una mosca —uno de los sírfidos—, supuestamente un caso de mimetismo; este era sin duda el punto de interés para Bates. El Dr. Sharp dice ["Insects", Parte II (en la serie Camb. Nat. Hist.), 1899, página 500]: "Antiguamente se suponía que las larvas de Volucella vivían de las larvas de las abejas, y que las moscas progenitoras estaban providencialmente dotadas de un aspecto de abeja para que pudieran entrar en los nidos de las abejas sin ser detectadas". El Dr. Sharp añade que lo poco que se sabe sobre el tema apoya la creencia de que "la presencia de la Volucella en los nidos es ventajosa tanto para la mosca como para la abeja".) No tenía idea de que tal caso ocurriera en la naturaleza; debo conseguir ver especímenes en el Museo Británico. Espero y supongo que incluirá una buena cantidad de Historia Natural en sus Viajes; a todo el mundo le interesan las hormigas; en el "Origen" se ha prestado más atención a las hormigas esclavistas que a cualquier otro pasaje.

Espero plenamente disfrutar de sus Viajes. Mantenga un estilo sencillo, como en sus excelentes cartas; pero le pido perdón, estoy dando consejos de nuevo.

¡Qué artículo tan magnífico será el suyo sobre las semejanzas miméticas! Hará de él un tema completamente nuevo. Yo había pensado en casos así como una dificultad; y una vez, al cartearme con el Dr. Collingwood, pensé en su explicación; pero la aparté de mi mente, pues sentí que no tenía el conocimiento necesario para juzgar en uno u otro sentido. Creo que el Dr. C. afirma que las formas miméticas habitan el mismo país, pero no sabía si creerle. ¡Qué casos tan maravillosos parecen ser los suyos! ¿No podría incluir unos cuantos grabados en sus Viajes para ilustrar esto? Estoy cansado tras un duro día de trabajo, así que no más, salvo darle mis sinceras gracias y mis cordiales deseos por el éxito de sus Viajes.

CARTA 135. A J.D. HOOKER. Down, 18 de marzo [1862].

Su carta trata muchos temas interesantes, y me alegra mucho que haya pedido su carta a Bates. (135/1. Publicada en la memoria del Sr. Clodd sobre Bates en el "Naturalist on the Amazons", 1892, página l.) ¿A qué se refiere con "plantas individuales"? (135/2. En una carta al Sr. Darwin fechada el 17 de marzo de 1862, Sir J.D. Hooker había discutido una supuesta diferencia entre animales y plantas, "en cuanto a que el animal individual cambia ciertamente de forma material por las condiciones externas, mientras que este último (creo) nunca lo hace, excepto de una manera burda como atrofia o crecimiento; por ejemplo, ningún aumento del frío en el lugar, o cambio de planta individual de calor a frío, inducirá a dicha planta individual a obtener una cubierta más lanosa; pero supongo que una serie de estaciones frías provocaría tal cambio en un cuadrúpedo individual, tal como el remo endurecerá las manos, etc.") Imaginaba que un brote vivía solo un año, y apenas se podría esperar ningún cambio en ese tiempo; pero si llama a un árbol o planta un individuo, tiene brotes que varían. Quizás quiera decir que el árbol entero no cambia. Los tulipanes, al "romperse", cambian. La fruta parece verse ciertamente afectada por el patrón. Creo que he (135/3. Véase nota, Carta 16.) obtenido casos de ligero cambio en plantas alpinas trasplantadas. Todos estos temas se me han ido un poco de la cabeza debido a las orquídeas, pero pronto tendré que entrar en ellos seriamente cuando vuelva a mi volumen sobre la variación bajo domesticación.

...En la vida de un animal, creo que le resultaría muy difícil demostrar efectos de la condición externa en los animales más allá de los que la sombra y la luz, o el suelo bueno o malo, producen en una planta.

¡Usted habla de "una tendencia inherente a variar totalmente independiente de las condiciones físicas"! Esta es una forma muy sencilla de plantear el caso (como también lo hace el Dr. Prosper Lucas) (135/4. Prosper Lucas, autor de "Traité philosophique et physiologique de l'hérédité naturelle dans les états de santé et de maladie du système nerveux": 2 volúmenes, París, 1847-50.): pero dos grandes clases de hechos me hacen pensar que toda variabilidad se debe a cambios en las condiciones de vida: en primer lugar, que hay más variabilidad y más monstruosidades (y estas se gradúan entre sí) bajo condiciones domésticas antinaturales que en la naturaleza; y, en segundo lugar, que las condiciones cambiadas afectan de manera especial a los órganos reproductores, aquellos órganos que deben producir un nuevo ser. Pero por qué una plántula entre miles presenta algún carácter nuevo trasciende los más salvajes poderes de la conjetura. Fue en este sentido que hablé de "clima", etc., que posiblemente producen sin selección una semilla con gancho, o cualquier variación no muy grande. (135/5. Esta afirmación probablemente ocurre en una carta, y no en las obras publicadas de Darwin.)

He estado años y años luchando conmigo mismo para no atribuir demasiado a la Selección Natural, para atribuir algo a la acción directa de las condiciones; y quizá he vencido demasiado mi tendencia a no dar apenas importancia a las condiciones de vida.

No me siento sacudido respecto a los "saltus" (135/6. Sir Joseph había escrito, el 17 de marzo de 1862: "Huxley está más bien dispuesto a pensar que usted ha pasado por alto los saltus, pero no estoy seguro de que tenga razón; el saltus respecto a los individuos no es saltus respecto a las especies, como señalé en el caso de la Begonia, aunque tal vez eso fue más bien una defensa especial en el estado actual de la ciencia". Para el caso de la Begonia, véase "Life and Letters", II, página 275, también carta 110, página 166.), no escribí sin examinar con bastante cuidado todos los casos de estructura normal en animales que se asemejan a monstruosidades que aparecen per saltus.

CARTA 136. A J.D. HOOKER. 26 [de marzo de 1862].

Gracias también por la suya (136/1. Véase nota en la Carta 135.) y la carta de Bates que ahora devuelvo. Ambas son excelentes; usted ha dicho, creo, todo lo que puede decirse contra los efectos directos de las condiciones, y de forma magistral. Pero sigo aferrándome a mi postura y a la de Bates. No obstante, me complace atribuir poco a las condiciones, y desearía haber hecho lo que usted sugiere: empezar con el principio fundamental de que la variación es un principio innato, y después hacer algunas observaciones mostrando que en el futuro, tal vez, este principio sería explicable. Cuando se publique mi libro sobre aves de corral, palomas, patos y conejos, con todas las mediciones y pesajes de huesos, creo que verá que el "uso y desuso" al menos tienen algún efecto. No creo en la reversión perfecta. Me opongo un poco a su doctrina de la "variación centrífuga". (136/2. La "doctrina de la variación centrífuga" se da en el "Introductory Essay to the Flora of Tasmania" de Sir J.D. Hooker (Parte III de la Botánica de la Expedición Antártica), 1859, página viii. En el párrafo 10, el autor escribe: "La tendencia de las variedades, tanto en la naturaleza como bajo cultivo... es más bien a alejarse cada vez más del tipo original que a revertir a él". En la carta de Sir Joseph a Bates (loc. cit., página lii) escribió: "Darwin también cree en alguna reversión al tipo, lo cual se opone a mi visión de la variación". Puede notarse en este sentido que el Sr. Galton ha mostrado razones para creer en una tendencia centrípeta en la variación (por usar la fraseología de Hooker) que no es idéntica a la reversión de las plantas cultivadas a sus ancestros, el caso al que Hooker se refiere aparentemente. Véase "Natural Inheritance", de F. Galton, 1889.) Supongo que usted no está de acuerdo o no recuerda mi doctrina sobre el beneficio de la diversificación (136/3. Darwin solía usar la palabra "divergencia" en este contexto.); esto me parece que explica sobradamente que la variación sea centrífuga; si la olvida, mire esta discusión (página 117 de la 3.ª edición), fue el mejor punto que, según mis nociones, establecí, y siempre me ha complacido. Es realmente curiosamente satisfactorio para mí ver a un hombre tan capaz como Bates (y usted mismo) creyendo más plenamente en la Selección Natural de lo que creo que yo mismo hago. (136/4. Esto se refiere a un pasaje muy interesante en la carta de Hooker a Bates (loc. cit., página liii): "Estoy seguro de que para usted, como para mí, cuanto más piense, menos ocasión verá para otra cosa que no sea el tiempo y la selección natural para efectuar el cambio; y que esta visión sea la más sencilla y clara en el estado actual de la ciencia es una ventaja, al menos. De hecho, creo que es, en el estado actual de la investigación, la posición legítima a adoptar; ya habrá tiempo de molestarnos la cabeza con la causa secundaria cuando haya alguna evidencia de ella o alguna demanda de ella; por ahora no veo ni una cosa ni la otra, así que me siento inclinado a renunciar a cualquier otra por el momento".) Por cierto, siempre presumo ante usted, y por eso creo que Owen se equivoca al decir que mi libro será olvidado en diez años, pues una edición francesa está ahora pasando por la imprenta y se requiere una segunda edición alemana. Su larga carta a Bates ha puesto mi cabeza a trabajar, y me hace arrepentirme de los nueve meses pasados en las orquídeas; aunque no sé por qué no debería haberme divertido con ellas tanto como esclavizándome con huesos de patos y palomas, etc. Las orquídeas han sido un pasatiempo espléndido, aunque en este momento estoy terriblemente harto de ellas.

Adjunto una copia desechada del grabado de Mormodes ignea; desearía que tuviera una planta en Kew, pues estoy seguro de que su maravilloso mecanismo y estructura le divertirían. ¿No es curioso el modo en que el labelo se asienta sobre la parte superior de la columna? Aquí se posan los insectos y son disparados hermosamente, cuando tocan un cierto punto sensible, por los polinios.

¡Qué amablemente me ha ayudado en mi trabajo! Adiós, mi querido viejo amigo.

CARTA 137. A H.W. BATES. Down, 4 de mayo [1862].

Saludos cordiales por su interesantísima carta y tres valiosísimos extractos. Me alegra mucho que haya estado observando los insectos del sur templado. Desearía que los materiales en el Museo Británico hubieran sido más ricos; pero pensaría que el caso de los Carabi sudamericanos, apoyado por algún otro caso, valdría un artículo. Para nosotros, los que teorizamos, estoy seguro de que el caso es muy importante. ¿Difieren los Carabi sudamericanos más de las otras especies que, por ejemplo, los siberianos, europeos, norteamericanos y del Himalaya (si el género existe allí)? Si lo hacen, estoy totalmente de acuerdo con usted en que la diferencia sería demasiado grande para explicarla por el reciente período Glacial. Estoy de acuerdo, también, con usted en rechazar por completo un origen independiente para estos Carabi. Existe una dificultad, hasta donde yo sé, en nuestra ignorancia sobre si los insectos cambian rápidamente en el tiempo; usted podría juzgar esto sabiendo hasta qué punto los coleópteros estrechamente aliados tienen generalmente rangos muy restringidos, pues esto casi implica un cambio rápido. ¡Qué caso tan curioso ofrecen los caracoles terrestres, que se modifican en cada subdistrito, y sin embargo han conservado la misma estructura general desde períodos geológicos muy remotos! Cuando trabajaba en el período Glacial, recuerdo haberme sentido muy sorprendido de cuántos pocos pájaros, ningún mamífero, y muy pocos moluscos marinos parecían haber cruzado, o entrado profundamente, en las regiones intertropicales durante el período frío. Los insectos, por todo lo que usted dice, parecen entrar en la misma categoría. Las plantas parecen migrar más fácilmente que los animales. No subestime la duración del período Glacial: Forbes solía argumentar que era equivalente a todo el período Pleistoceno en las latitudes más cálidas. Creo, con usted, que seremos conducidos a un período Glacial más antiguo.

Siento mucho lo que dice sobre el Museo Británico; sería inútil luchar contra alguien apoyado por Owen. Quizás otra oportunidad pueda ocurrir antes de mucho tiempo. ¿Qué tal si habla con Owen tan pronto como haya tomado una decisión? Por lo que he oído, tras hablar con usted, me temo que es indispensable el interés personal más fuerte con un Ministro para una pensión.

Adiós, y que el éxito acompañe al acerrimo pro-pugnatori.

P.D. Desearía profundamente que pudiera encontrar alguna situación en la que pudiera dedicar su tiempo a la ciencia; sería una gran cosa para la ciencia y para usted mismo.

CARTA 138. A J.L.A. DE QUATREFAGES. Down, 11 de julio [1862].

Le agradezco cordialmente el haber respondido tan amable y rápidamente a mis preguntas. Citaré algunas de sus observaciones. El caso me parece de cierta importancia con referencia a mis nociones heréticas, pues muestra cómo podrían modificarse las larvas. No publicaré, me atrevo a decir, hasta dentro de un año, pues mucho tiempo se consume en experimentos. Si dentro de este tiempo usted adquiriera alguna información nueva sobre la similitud de las polillas de razas distintas, y me permitiera citar algún hecho bajo su autoridad, se lo agradecería profundamente.

Le agradezco su gran amabilidad con respecto a la traducción del "Origen"; es muy generoso por su parte, ya que diferimos en un grado considerable. He sido atrozmente abusado por mis religiosos compatriotas; pero como llevo una vida independiente en el campo, no me hiere en lo más mínimo de ninguna manera, excepto, de hecho, cuando el abuso proviene de un viejo amigo como el profesor Owen, quien me insulta y luego promueve la doctrina de que todas las aves probablemente descienden de un ancestro común.

Desearía que la traductora (138/1. Mdlle. Royer, quien tradujo la primera edición francesa del "Origen".) hubiera sabido más de Historia Natural; debe ser una dama inteligente pero singular, pero nunca oí hablar de ella hasta que propuso traducir mi libro.

CARTA 139. A ASA GRAY. Down, 23 de julio [1862].

Recibí hace varios días dos paquetes grandes, pero hasta ahora solo he leído su carta; pues hemos estado en una angustia terrible y no he podido atender nada. Nuestro pobre niño tuvo el caso raro de una segunda erupción y dolor de garganta...; y, como si esto fuera poco, un ataque gravísimo de erisipela con síntomas tifoideos. Desesperé de su vida; pero esta tarde ha comido un bocado y creo que ha superado la crisis. Se ha alimentado de vino de oporto cada tres cuartos de hora, día y noche. Esta tarde, para nuestro asombro, preguntó si sus sellos estaban a salvo, y le hablé de uno enviado por usted, y que podría verlo mañana. Respondió: "Me gustaría muchísimo verlo ahora"; así que, con dificultad, abrió los párpados y le echó un vistazo y, con un suspiro de satisfacción, dijo: "Todo bien". Los hijos son la mayor felicidad de uno, pero a menudo también una miseria aún mayor. Un hombre de ciencia no debería tener ninguno; quizá ni siquiera esposa, pues entonces no habría nada en este ancho mundo por lo que valiera la pena preocuparse, y un hombre podría (si pudiera es otra cuestión) trabajar como un troyano. Espero en unos días poner mis sesos en orden, y entonces elegiré todas sus cartas sobre orquídeas y se las devolveré con la esperanza de que les saque provecho...

De todos los carpinteros para dar en el clavo, usted es el mejor; nadie más ha percibido que mi principal interés en mi libro sobre las orquídeas ha sido que era un "movimiento de flanco" contra el enemigo. Vivo en tal soledad que no oigo nada, y no tengo idea de a qué alude usted sobre Bentham, las orquídeas y las especies. Pero debo preguntar.

A propósito, uno de mis principales enemigos (el único que me ha molestado), a saber, Owen, he oído que ha estado dando conferencias sobre aves; y admite que todas han descendido de una sola, y propone como idea propia que las aves oceánicas no voladoras han perdido sus alas por el desuso gradual. Nunca alude a mí, o solo con amargas burlas, y vinculado con Buffon y los "Vestigios".

Bueno, ha sido un entretenimiento para mí esta primera tarde, garabateando tan egoístamente como de costumbre sobre mí mismo y mis asuntos; así que debe perdonarme, como bien sé que hará su bondadoso corazón. He logrado hojear el periódico, pero no tuve valor para leer todos los detalles sangrientos. ¡Dios mío! ¿Cuál será el final? Quizás somos demasiado pesimistas aquí; pero debo pensar que usted es demasiado optimista al otro lado del océano. Nunca creí los "bulos" de que el ejército del Potomac hubiera capitulado. Mi buena y querida esposa y yo hemos llegado a desear la paz a cualquier precio. Buenas noches, mi buen amigo. No garabatearé más.

Una palabra más. Me gustaría saber qué piensa sobre lo que digo en el último capítulo del libro de las orquídeas sobre el significado y la causa de la infinita diversidad de medios para el mismo propósito general. Incide en el diseño, esa cuestión interminable. ¡Buenas noches, buenas noches!

CARTA 140. A C. LYELL. 1, Carlton Terrace, Southampton, 22 de agosto [1862].

Usted dice que el Obispo y Owen se le echarán encima (140/1. Esto se refiere a la "Antigüedad del hombre", que fue publicada en 1863.): lo segundo difícilmente puede ser, pues me aseguraron que Owen, en sus conferencias de esta primavera, presentó como idea nueva que las aves no voladoras habían perdido sus alas por desuso. (140/2. El primer párrafo de esta carta fue publicado en "Vida y Cartas", II, páginas 387, 388.) También que las urracas robaban cucharas, etc., por un remanente de algún instinto como el del ave del paraíso, que adorna su pasaje de juego con plumas bonitas. De hecho, me dicen que insinuó claramente que todas las aves descienden de una sola. ¡Qué hombre tan descarado debe ser para dar conferencias así después de insultarme tanto, y nunca haber retractado abiertamente, ni aludido a mi libro!

CARTA 141. A JOHN LUBBOCK (LORD AVEBURY). Cliff Cottage, Bournemouth, 5 de septiembre [1862].

Muchas gracias por su agradable nota en respuesta a todas mis estúpidas molestias. No aprecié del todo su caso de insecto buceador (141/1. "Sobre dos himenópteros acuáticos, uno de los cuales usa sus alas para nadar". Por John Lubbock. "Trans. Linn. Soc." Volumen XXIV, 1864, páginas 135-42.) [Leído el 7 de mayo de 1863.] En este artículo, Lubbock describe una nueva especie de Polynema--P. natans--que nada mediante sus alas, y es capaz de vivir bajo el agua durante varias horas; la otra especie, referida a un nuevo género, Prestwichia, vive bajo el agua, mantiene sus alas inmóviles y usa sus patas como remos.) antes de su última nota, ni tenía idea de que el hecho fuera nuevo, aunque sí nuevo para mí. Es realmente muy interesante. Por supuesto, usted publicará un relato de ello. Dirá entonces si el insecto puede volar bien por el aire. (141/2. Al describir los hábitos de Polynema, Lubbock escribe: "Desafortunadamente fui incapaz de determinar si podían volar" (loc. cit., página 137).) Mi esposa preguntó: "¿Cómo descubrió que permaneció cuatro horas bajo el agua sin respirar?". Respondí de inmediato: "La señora Lubbock estuvo sentada cuatro horas observando". Me pregunto si tengo razón.

Anhelo estar en casa y trabajando con constancia, y espero que podamos estarlo en otro mes. Temo que sea inútil que vaya a verle, pues estoy más blando que nunca, pero espero que dos duchas al día me den un poco de fuerza, para que usted, eso espero, venga a vernos. Hace una eternidad que no le veo a usted ni a ningún amigo científico.

Tuve noticias de Lyell el otro día en la Isla de Wight, y de Hooker en Escocia. Sobre Huxley no sé nada, pero espero que su libro progrese, pues tendré mucha curiosidad por verlo. (141/3. "El lugar del hombre en la naturaleza". Londres, 1863.)

No hago nada aquí excepto mirar ocasionalmente unas pocas flores, y hay muy pocas aquí, pues el campo es maravillosamente estéril.

Vea lo que es estar bien entrenado. Horace me dijo ayer: "Si todo el mundo matara víboras, vendrían a picar menos". Respondí: "Por supuesto que sí, porque habría menos". Él respondió indignado: "No me refería a eso; sino que las víboras tímidas que huyen se salvarían, y con el tiempo no picarían nunca". ¡Selección natural de cobardes!

CARTA 142. H. FALCONER A CHARLES DARWIN.

(142/1. Esto se refiere al manuscrito del artículo de Falconer "Sobre el elefante fósil americano de las regiones fronterizas con el Golfo de México (E. Columbi, Falc.)", publicado en la "Natural History Review", enero de 1863, página 43. La sección que trata sobre la incidencia de sus hechos en las opiniones de Darwin está en la página 77. Insiste firmemente (página 78) en la "persistencia y uniformidad de los caracteres de los dientes molares en el mamut más antiguo conocido y su sucesor más moderno". No obstante, añade que las "inferencias que saco de estos hechos no se oponen a una de las proposiciones principales de la teoría de Darwin". Estas admisiones fueron tanto más satisfactorias ya que, como señala Falconer (página 77), "he sido incluido por él en la categoría de quienes han mantenido vehementemente la persistencia de los caracteres específicos".)

21, Park Crescent, Portland Place, N.W., 24 de septiembre [1862].

No se asuste por el anexo. Deseo aclararme con usted antes de ir a imprenta. Estoy sacando una pesada memoria sobre los elefantes, un asunto de omnium gatherum, con observaciones sobre las especies fósiles y recientes. Una sección está dedicada a la persistencia en el tiempo de los caracteres específicos del mamut. Lo rastreo desde antes del período Glacial, a través de él y después de él, inmutable e inalterado en lo que respecta a los órganos de digestión (dientes) y locomoción. Ahora bien, el período Glacial no fue ninguna broma: habría hecho estragos en sus queridos palomos y palomas.

Con todas mis deficiencias, siento un respeto tan sincero y afectuoso por usted y tal admiración por su trabajo, que me dolería descubrir que he expresado mis convicciones honestas de una manera que pudiera ser objeto de alguna objeción por su parte. El razonamiento puede ser muy estúpido, pero creo que la observación es sólida. ¿Quiere, por lo tanto, echar un vistazo a las pocas páginas que he enviado, y decirme si encuentra algún fallo, o si piensa que debería cambiar la forma de expresión? Usted ha sido tratado de manera tan poco elegante y tan poco cándida por un amigo suyo y mío que me apenaría encontrarme en la posición de oponente suyo, y más particularmente con la posibilidad de quedar como un tonto.

Encontré a su hermano ayer, quien me dice que usted viene a la ciudad. Espero que me dé un toque. Anhelo una charla con usted, y tengo mucho de qué hablarle.

Habrá visto el eclaircissement sobre los monos del Eoceno de Inglaterra. Por un toque de la varita mágica han sido metamorfoseados, a la Darwin, en cerdos Hyracotherium. (142/2. "Sobre el carácter Hyracotheriano de los molares inferiores del supuesto Macacus de la arena del Eoceno de Kyson, Suffolk". "Ann. Mag. Nat. Hist." Volumen X, 1862, página 240. En esta nota Owen declaró que los dientes que él había nombrado Macacus ("Ann. Mag." 1840, página 191) pertenecían muy probablemente al Hyracotherium cuniculus. Véase "Un catálogo de vertebrados fósiles británicos", A.S. Woodward y C.D. Sherborn, 1890, bajo Hyracotherium, página 356; también "Manual de Paleontología" de Zittel, Abth. I., Bd. IV., Leipzig, 1891-93, página 703.) ¿Lo creería? Incluso esto es un error garrafal. No son cerdos.

CARTA 143. A HUGH FALCONER. Down, 1 de octubre [1862].

A mi regreso a casa ayer encontré su carta y manuscrito, los cuales he leído con sumo interés. Su nota y cada palabra de su artículo están expresadas con el mismo sentimiento amable que he experimentado de usted desde que he tenido la felicidad de conocerle. Valoro el elogio científico, pero valoro incomparablemente más un sentimiento tan amable como el suyo. No hay una sola palabra en su artículo a la que pudiera objetar: sería un loco si lo hiciera; su único defecto es quizás su demasiada amabilidad. Su caso parece el más llamativo que he encontrado de la persistencia de los caracteres específicos. Es mucho más llamativo ya que se refiere a los dientes molares, que difieren tanto en las especies del género, y en los que, por consiguiente, habría esperado variación. Mientras leía, me sentí bastante estupefacto, y pensé para mis adentros que cada vez que llegara a este tema tendría que ser salvaje conmigo mismo; y me preguntaba cuán salvaje sería usted. Temblé un poco. Mi única esperanza era que algo pudiera extraerse de las formas del pantano de América del Norte, que usted clasifica como una raza geográfica; y posiblemente en el futuro de las especies sicilianas. Adivine, entonces, mi satisfacción cuando descubrí que usted mismo dejaba una laguna (143/1. Esto tal vez se refiere a un pasaje ("N.H. Review", 1863, página 79) en el que Falconer permite la existencia de formas intermedias a lo largo de ciertas líneas de descenso posibles. La referencia de Falconer a los elefantes sicilianos está en una nota en la página 78; el elefante de pantano se menciona en la página 79.), que yo nunca, por supuesto, podría haber adivinado; e imagine mi satisfacción aún mayor al expresarse usted como un incrédulo en la inmutabilidad eterna de las especies. Sus comentarios finales sobre mi trabajo son demasiado generosos, pero me han dado no poco placer. En cuanto a las críticas, solo tengo pequeñas. Cuando habla de "rango moderado de variación" no puedo dejar de pensar que debería recordar a sus lectores (aunque supongo que ya lo ha hecho antes) cuál es la cantidad, incluyendo el caso del mamut de pantano americano. Usted habla de estos animales como haber estado expuestos a un vasto rango de cambios climáticos desde antes hasta después del período Glacial. Habría pensado, por analogía con las conchas marinas, que por migración (o extinción local cuando la migración no era posible) estos animales podrían y habrían permanecido bajo casi el mismo clima.

Una consideración algo más importante, tal como me parece, es que todo el grupo proboscídeo puede, presumo, ser visto como tendiendo hacia la extinción: de todos modos, la extinción ha sido completa en lo que a Europa y América se refiere. Numerosas consideraciones y hechos me llevaron en el "Origen" a concluir que son los miembros florecientes o dominantes de cada orden los que generalmente dan lugar a nuevas razas, subespecies y especies; y bajo este punto de vista no me sorprende en absoluto la constancia de sus especies. Esto me lleva a señalar que la frase al final de la página [80] no es aplicable a mis puntos de vista (143/2. Véase Falconer al final de la página 80: es la vieja dificultad, ¿cómo puede coexistir la variabilidad con la persistencia del tipo? En nuestra copia de la carta el pasaje aparece como ocurriendo en la página 60, un lapsus calami por la página 80.), aunque sí aplicable a aquellos que atribuyen la modificación a la acción directa de las condiciones de vida. Un elefante podría ser individualmente más variable que cualquier cuadrúpedo conocido (por los efectos de las condiciones de vida u otras causas innatas desconocidas), pero si estas variaciones no ayudaran al animal a resistir mejor todas las influencias hostiles, y por lo tanto a hacer que aumentara en número, no habría tendencia a la preservación y acumulación de tales variaciones, es decir, a la formación de una nueva raza. Como el grupo proboscídeo parece ser por causas totalmente desconocidas un grupo en declive en muchas partes del mundo, no habría anticipado la formación de nuevas razas.

Usted hace comentarios importantes contra la Selección Natural, y quizás se sorprenda de que yo esté en gran medida de acuerdo con usted. Podría mostrarle muchos pasajes, escritos con tanta fuerza como pude en el "Origen", declarando que la Selección Natural no puede hacer nada sin variabilidad previa; y he intentado poner igualmente fuerte que la variabilidad está gobernada por muchas leyes, en su mayoría totalmente desconocidas. Mi título engaña a la gente, y desearía haberlo hecho bastante diferente. Su filotaxis (143/3. Falconer, página 80: "La ley de la Filotaxis... es casi tan constante en su manifestación como cualquiera de las leyes físicas relacionadas con el mundo material.") servirá de ejemplo, pues estoy totalmente de acuerdo en que la disposición espiral de un cierto número de verticilos de hojas (independientemente de cómo haya surgido primordialmente, y si es tan invariable como usted afirma), gobierna los límites de la variabilidad, y por lo tanto gobierna lo que la Selección Natural puede hacer. Permítame explicar cómo surgió que puse tanto énfasis en la Selección Natural, y todavía creo que justamente. Llegué a pensar por la distribución geográfica, etc., etc., que las especies probablemente cambian; pero durante años me detuve en seco por mi absoluta incapacidad de ver cómo cada parte de cada criatura (un pájaro carpintero o una golondrina, por ejemplo) se había adaptado a sus condiciones de vida. Esto me parecía, y todavía me parece, el problema a resolver; y creo que la Selección Natural lo resuelve, como la selección artificial resuelve la adaptación de las razas domésticas para el uso del hombre. Pero sospecho que usted quiere decir algo más, que existe alguna ley desconocida de evolución por la cual las especies cambian necesariamente; y si esto es así, no puedo estar de acuerdo. Esto, sin embargo, es una pregunta demasiado grande incluso para una carta tan irrazonablemente larga como esta. Sin embargo, solo para explicar con conjeturas sin valor cómo imagino que cambian los dientes de sus elefantes, vería el cambio como resultante indirectamente de cambios en la forma de las mandíbulas, o del desarrollo de los colmillos, o en el caso del primigenius incluso de la correlación con la cubierta lanosa; en todos los casos la Selección Natural comprobando la variación. Si, de hecho, un elefante tuviera más éxito alimentándose de algunos nuevos tipos de comida, entonces cualquier variación de cualquier tipo en los dientes que favoreciera su poder de trituración sería preservada. Ahora, puedo imaginarlo levantando las manos y gritando ¡qué tontería! Para volver a su oración final: lejos de sorprenderme, lo veo como absolutamente cierto que mucho en el "Origen" resultará ser basura; pero espero y deseo que el marco se mantenga en pie. (143/4. Falconer, página 80: "Él [Darwin] ha sentado las bases de un gran edificio: pero no necesita sorprenderse si, en el progreso de la erección, la superestructura es alterada por sus sucesores...")

Tenía la esperanza de haberle llamado el lunes por la tarde, pero estaba completamente agotado. Vi a Lyell ayer por la mañana. Tenía mucha curiosidad por sus puntos de vista, y como tuve que escribirle esta mañana no pude evitar contarle unas pocas palabras sobre sus opiniones. Supongo que está cansado del "Origen", y nunca lo volverá a leer; de lo contrario me gustaría que tuviera la tercera edición, y con gusto se la enviaría antes de que mirara la primera o la segunda edición. Con cordiales gracias por su generosa amabilidad.

CARTA 144. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Royal Gardens, Kew, 7 de noviembre de 1862.

Estoy muy aliviado por su carta de esta mañana sobre mi ensayo ártico, pues me había estado imaginando algún error atroz (como las llanuras graníticas de la Patagonia). Ciertamente, después de lo que me ha dicho sobre Dawson, no le gustará la carta que le escribí hace días, en la que le decía que era imposible mantener una opinión firme contra la hipótesis darwiniana sin que ello diera lugar a una torcedura mental al ver asuntos en los que esa hipótesis estaba o podría estar involucrada. Le dije que sentía que esto era así conmigo cuando me oponía a usted, y que todas las mentes están sujetas a tales oblicuidades. ¡El Señor me ayude, y esto a un LL.D. y Rector de un Colegio! Procedí a discutir su Geología con la desfachatez de un novato; y, gracias a Dios, insistí en el argumento mismo de su carta sobre la evidencia de subsidencia, a saber, no todo sumergido a la vez, y la acción glacial siendo subaérea y no oceánica. Su carta, por tanto, fue un alivio, pues sentí que apenas era lo suficientemente fuerte como para haberme lanzado como lo hice ante un geólogo profesional.

(144/1. [Sobre el tema de la carta anterior, véase una de fecha anterior de Sir J.D. Hooker (2 de noviembre de 1862) dada en el presente trabajo (Carta 354) con la respuesta de Darwin (Carta 355).])

CARTA 145. A HUGH FALCONER. Down, 14 de noviembre [1862].

He leído su artículo (145/1. «Sobre la supuesta afinidad del género de mamíferos Plagiaulax, de los estratos de Purbeck». — «Quart. Journ. Geol. Soc.», volumen XVIII, página 348, 1862) con extremo interés, y le agradezco que me lo haya enviado, aunque ciertamente habría leído con atención este o cualquier otro trabajo suyo en el Journal. Me parece una obra maestra de razonamiento riguroso: aunque, por supuesto, no soy juez en tales materias, no puedo albergar duda alguna de que es concluyente. ¿Le responderá Owen? Sospecho que, dada la visión arrogante que tiene de su propia posición, no responderá. Su artículo es terriblemente severo con él, pero perfectamente cortés y pulido como la daga más fina. Qué amable es usted conmigo: su primera frase (145/2. «Uno de los observadores más precisos y pensadores originales de nuestro tiempo ha disertado con enfática elocuencia sobre la imperfección del registro geológico») me ha complacido más de lo que quizás debería, si tuviera algo de modestia en mi carácter. Por cierto, tras leer el primer párrafo completo, lo volví a leer, no por el contenido, sino por el estilo; y entonces se me ocurrió de repente que cierto hombre me dijo una vez, cuando le insté a publicar parte de su miscelánea riqueza de conocimientos: «Oh, él no sabía escribir; lo odiaba», etcétera. Hombre falso, no me diga eso nunca más. Su comentario incidental sobre la notable especialización del Plagiaulax (145/3. «Si el Plagiaulax se contempla bajo el prisma de la visión defendida con tanto poder por Darwin, ¡por cuántas formas intermedias no debe haber pasado el género antes de alcanzar la condición especializada en la que se nos presentan los fósiles!») (que se me ha quedado atravesado en la garganta desde que leí su primer artículo) como factor relacionado con el número de formas precedentes, es totalmente nuevo para mí y, por supuesto, según mis nociones, es un argumento de lo más impresionante. También me alegró que me recordara los dientes de camello y los huesos del tarso. (145/4. Op. cit. página 353. Una referencia al ejemplo de Cuvier «sobre la relación secreta entre los incisivos superiores en forma de canino del camello y los huesos del tarso»). ¿Descendencia de una forma intermedia? ¡Ejem!

Bueno, todo lo que puedo decir es que hace mucho tiempo que un artículo no me interesaba tanto como el suyo. Me produce una risita demoníaca pensar en el semblante placentero de Owen cuando lo lea.

No he estado en Londres desde finales de septiembre; cuando vaya, visitaré sus aposentos si me es posible; pero no sé qué me ha pasado. Estoy peor que nunca para soportar cualquier tipo de excitación. Incluso hablar una tarde durante menos de dos horas me ha provocado recientemente, en dos ocasiones, vómitos y temblores tan violentos que temo ir a Londres. Me han dicho que usted se lució en Cambridge (145/5. El profesor Owen, en una comunicación a la Asociación Británica en Cambridge (1862) «Sobre un diente de Mastodonte de las margas terciarias, cerca de Shanghái», presentó el caso del Mastodonte australiano como prueba de la notable distribución geográfica de los Proboscidea. En una discusión posterior lo abandonó francamente, a consecuencia de las dudas planteadas entonces sobre su autenticidad. (Véase la nota a pie de página, página 101, en el artículo de Falconer «Sobre el elefante fósil americano», «Nat. Hist. Review», 1863)), y me alegra de corazón que atacara al Mastodonte australiano. Nunca pude ni quise creer en él. Desearía que leyera mi pequeño artículo sobre Primula en el «Linnean Journal», volumen VI, Botánica (N.º 22), página 77 (no tengo ninguna copia que pueda prescindir), pues creo que hay muchas posibilidades de que haya observado casos similares. Este es mi verdadero tema favorito actualmente. He vuelto a comprobar este verano la diferencia funcional de las dos formas en Primula, y encuentro que todo es estrictamente exacto. Si conoce algún caso análogo, le ruego que me informe. Adiós, mi buen y amable amigo.

CARTA 146. A J.D. HOOKER.

(146/1. La siguiente carta es interesante en relación con una misiva dirigida a Sir J.D. Hooker, el 26 de marzo de 1862, N.º 136, donde el valor de la Selección Natural es expuesto con mayor fuerza por Sir Joseph que por Darwin. Es una lástima que no se haya encontrado la carta de Sir Joseph a la que esta responde.)

Down, 20 de noviembre [1862].

Su última carta me ha interesado en un grado extraordinario, y su consejo verdaderamente parroquial, «alguna otra persona sabia y discreta», etcétera, nos divirtió no poco. Le plantearé un caso concreto para mostrar lo que creo que A. Gray opina sobre el cruce y lo que opino yo. Si se criaran 1.000 palomas juntas en una jaula durante 10.000 años, sin permitir que su número aumentara mediante una matanza aleatoria, entonces, debido al entrecruzamiento mutuo, no surgiría ninguna variedad; pero, si cada paloma fuera un hermafrodita autofecundable, surgiría una multitud de variedades. Este, creo, es el efecto común del cruce, a saber, la obliteración de las variedades incipientes. No niego que, cuando se han producido dos variedades marcadas, su cruce producirá una tercera o más variedades intermedias. Posiblemente, o probablemente, con las variedades domésticas, con una fuerte tendencia a variar, el acto de cruzar tiende a dar lugar a nuevos caracteres; y así, una tercera raza o más, no estrictamente intermedia, podría producirse. Pero existen pruebas contundentes en contra de que surjan nuevos caracteres al cruzar formas silvestres; solo se producen entonces razas intermedias. Ahora bien, ¿está de acuerdo hasta aquí? Si no, no tiene sentido discutir; debemos pasar a los juramentos, y estoy convencido de que puedo jurar más fuerte que usted, por lo tanto, tengo razón. Q.E.D.

Si se evitara que el número de 1.000 palomas aumentara, no mediante matanzas aleatorias, sino, digamos, matando a todas las aves de pico más corto, entonces TODO el grupo llegaría a tener picos más largos. ¿Está de acuerdo?

En tercer lugar, si se mantuvieran 1.000 palomas en un país cálido y otras 1.000 en un país frío, y se alimentaran con comida diferente, se confinaran en aviarios de distinto tamaño y se mantuvieran constantes en número mediante matanzas aleatorias, entonces esperaría como bastante probable que, tras 10.000 años, los dos grupos difirieran ligeramente en tamaño, color y quizás otros caracteres insignificantes; a esto lo llamaría la acción directa de las condiciones físicas. Con esta acción quiero implicar que las fuerzas vitales innatas son conducidas de algún modo a actuar de manera algo diferente en los dos casos, tal como el calor permitirá o causará que dos elementos se combinen, los cuales de otro modo no se habrían combinado. Le estaría especialmente agradecido si me dijera qué piensa al respecto.

Pero la parte de su carta que me dejó realmente atónito es aquella en la que afirma que cada una de las diferencias que vemos podría haber ocurrido sin ninguna selección. Estoy y siempre he estado totalmente de acuerdo; pero usted ha dado la vuelta completa al tema y lo ha visto desde un lado totalmente opuesto y nuevo, y cuando me llevó allí quedé pasmado. Cuando digo que estoy de acuerdo, debo poner la salvedad de que, bajo su punto de vista, como ahora, cada forma permanece durante mucho tiempo adaptada a ciertas condiciones fijas, y que las condiciones de vida son, a la larga, cambiantes; y segundo, lo que es más importante, que cada forma individual es un hermafrodita autofecundable, de modo que cada variación infinitesimal no se pierde por el entrecruzamiento. Su forma de exponer el caso sería aún más impactante de lo que es si la mente pudiera abarcar tales números —es abarcar la eternidad—, piense en cada una de mil semillas produciendo su planta, y luego cada una otras mil. Un globo que se extendiera hasta la estrella fija más lejana se cubriría muy pronto. Ni siquiera puedo captar la idea, ni siquiera con razas de perros, ganado, palomas o aves de corral; y aquí todos admiten y ven la estricta precisión de su ilustración.

Que hombres como usted y Lyell piensen que considero a la Selección Natural como un Deus es un argumento concluyente en mi contra. Sin embargo, apenas sé cómo podría haber insertado, en todas las partes de mi libro, frases más fuertes. El título, como usted señaló una vez, podría haber sido mejor. Nadie objeta nunca que los agricultores utilicen el lenguaje más fuerte sobre su selección, sin embargo, todo criador sabe que él no produce la modificación que selecciona. Mi enorme dificultad durante años fue entender la adaptación, y esto me hizo, no puedo dejar de pensar que acertadamente, insistir tanto en la Selección Natural. Dios me perdone por escribir con tanta extensión; pero no puede imaginar cuánto me ha interesado su carta y lo importante que es para mí, con mi actual libro entre manos, intentar obtener ideas claras. Piense un poco en lo que significa la acción directa de las condiciones físicas. No me refiero a si actúan; mis hechos arrojarán algo de luz sobre esto. Estoy recopilando todos los casos de variaciones de yemas, en contraposición a las variaciones de semillas (¿le gusta este término para lo que algunos jardineros llaman «deportes»?); estas eliminan todos los efectos del cruce. Le ruego recuerde cuánto valoro su opinión, como la más clara y original que recibo jamás.

Veo claramente que la Welwitschia (146/2. El gran artículo de Sir Joseph sobre Welwitschia mirabilis fue publicado en el «Linn. Soc. Trans.» 1863) será un caso de percebes.

Tengo otra planta que pedir, pero escribiré en un papel aparte, ya que es más conveniente para que usted lo guarde. Quise haber dicho antes, como excusa por pedir tanto a Kew, que he perdido ya DOS temporadas, porque unos malditos viveristas no tenían las plantas correctas y me enviaron las equivocadas en lugar de decir que no las poseían.

CARTA 147. A J.D. HOOKER. Down, 24 de [noviembre de 1862].

Acabo de recibir lo adjunto para usted, y he pensado que le gustaría leer la segunda mitad de la carta de A. Gray para mí, ya que es política y casi tan loca como siempre a nuestros ojos ingleses. Verá cómo la pérdida del poder de intimidar es, de hecho, la dolorosa pérdida para los hombres del Norte debido a la desunión.

Devuelvo con agradecimiento la carta de Bates, la cual me alegró ver. Fue muy bueno de su parte escribirle, pues es evidentemente un hombre que necesita ánimo. Ya he terminado su artículo (pero no he leído nada más en el volumen); me parece admirable. Para mi mente, el acto de segregación de las variedades en especies nunca se había expuesto tan claramente, y hay montones de magníficas observaciones misceláneas.

Apenas sé por qué siento un poco de pena, pero mi trabajo actual me está llevando a creer un poco más en la acción directa de las condiciones físicas. Supongo que me arrepiento porque disminuye la gloria de la Selección Natural y es tan condenadamente dudoso. Quizás cambie de nuevo cuando reúna todos mis hechos bajo un mismo punto de vista, y este será un trabajo bastante duro. (147/1. Este párrafo fue publicado en «Life and Letters», II, página 390. No está claro por qué la creencia en la «acción directa» debería disminuir la gloria de la Selección Natural, dado que los cambios así producidos deben, como cualquier otra variación, pasar por la ordalía de la supervivencia del más apto. Sobre la cuestión general de la acción directa, véase el «Discurso presidencial a la Sección Zoológica de la Asociación Británica» de Adam Sedgwick, 1899.)

CARTA 148. A H.W. BATES. Down, 25 de noviembre [1862?].

Yo diría que no es necesario obtener un acuerdo por escrito. (148/1. El libro del Sr. Bates, «El naturalista en el Amazonas», fue publicado en 1863.) Nunca he tenido uno de Murray. Supongo que usted tiene una carta con los términos; si no, creo que sería mejor que pidiera una para evitar malentendidos. Creo que Sir C. Lyell me dijo que no tenía acuerdos formales. Me alegra mucho saber que su libro avanza. ¿Podría encontrarme algún lugar, incluso una nota a pie de página (aunque estas son, en nueve de cada diez casos, censurables), donde pudiera exponer, tan detalladamente como sus materiales permitan, todos los hechos sobre el apareamiento de variedades similares? ¿A ojo, cuántas capturó y cuántas hay ahora en su colección? Considero este hecho como muy importante; si no está en su libro, póngalo en algún otro sitio, o facilíteme los casos.

Estoy totalmente de acuerdo con usted en la enorme ventaja de estudiar a fondo un solo grupo.

Realmente no tengo ninguna crítica que hacer. (148/2. El artículo del Sr. Bates sobre mariposas miméticas fue leído ante la Sociedad Linneana, el 21 de noviembre de 1861, y publicado en el «Linn. Soc. Trans.» XXIII, 1862, página 495, bajo el título de «Contribuciones a la fauna de insectos del Valle del Amazonas».) El estilo me parece muy bueno y claro; pero lamento mucho que en el título o en el pasaje inicial no haya hecho sonar una trompeta fuerte sobre lo que iba a demostrar. Quizás el artículo habría sido mejor más dividido en secciones con encabezados. Tal vez podría haber dado en algún lugar un resumen algo mayor sobre el progreso de la segregación de variedades, y no remitir a sus lectores a la parte descriptiva, exceptuando a aquellos lectores que quisieran detalles minuciosos. Pero estas son pequeñeces: considero su artículo como una producción de lo más admirable en todos los sentidos. Cuando llegue a la variación en condiciones naturales (mi cabeza ha estado ocupada exclusivamente durante meses con variedades domésticas), tendré que estudiar y volver a estudiar su artículo, y sin duda tendré entonces que molestarle con preguntas. Me alegra mucho saber que está bien. Me he visto obligado a escribir deprisa; así que discúlpeme.

CARTA 149. A T.H. HUXLEY. Down, 7 de diciembre [1862].

Estaba a punto de añadir a un pedido a Williams & Norgate sus Conferencias (149/1. «Un curso de seis conferencias para trabajadores», publicadas en seis folletos por Hardwicke, y más tarde como libro. Véase la Carta 156.) cuando llegaron, y se lo agradezco mucho. Las he leído con interés, y me parecen muy buenas para este propósito y magníficamente escritas, como todo lo que usted escribe. Supongo que todo libro hoy en día requiere algo de promoción, así que si usted no desea que estas conferencias se difundan ampliamente, supongo que no ocurrirá; de lo contrario, creo que harían bien y extenderían el gusto por las ciencias naturales. De cualquier modo, me han gustado; pero cada vez más, me temo, me importa nada más que la Historia Natural; y principalmente, como usted dijo una vez, por la simple cuestión de las especies. Creo que la N.º III es la que más me gustó de todas. A menudo he dicho y pensado que el proceso de descubrimiento científico era idéntico al pensamiento cotidiano, solo que con más cuidado; pero nunca logré plantearme el caso con una décima parte de la claridad con la que usted lo ha hecho. Creo que su segunda sección geológica desconcertará a sus lectores no científicos; de cualquier modo, me ha desconcertado a mí, y con la línea media gruesa, que debe representar una línea de estratificación o algún gran cambio mineralógico, no alcanzo a concebir cómo puede sostenerse su afirmación.

Me alegra mucho oír hablar de su vigor de «tres años» [?]; pero me temo que, con todo su trabajo multifacético, su libro sobre el Hombre se retrasará necesariamente. Hombre malo; no dice ni una palabra sobre la Sra. Huxley, de quien mi esposa y yo estamos siempre verdaderamente ansiosos por saber.

P.D. Veo en el «Cornhill Magazine» un aviso de una obra de Cohn, que al parecer es importante, sobre el tejido contráctil de las plantas. (149/2. «Ueber contractile Gewebe im Pflanzenreiche». «Abhand. der Schlesischen Gesellschaft fur vaterlandische Cultur», Heft I, 1861.) Debería reseñarla. La he pedido y debo intentar entender, si puedo, algo del maldito alemán, pues me interesa mucho el tema, y experimenté un poco en él este verano, llegando a la conclusión de que las plantas deben contener alguna sustancia muy estrechamente análoga a la supuesta materia nerviosa difusa en los animales inferiores; o como, supongo, sería más preciso decir con Cohn, que tienen tejido contráctil.

Conferencia VI, página 151, línea 7 desde arriba: ¿mojarse los PIES o los cuerpos? (Crítica de la Srta. Henrietta Darwin.) (149/3. Conferencia VI, página 151: Lamarck «dijo, por ejemplo, que las aves de patas cortas, que viven de peces, se habían convertido en aves zancudas de patas largas al desear conseguir los peces sin mojarse los pies». Sus críticas sobre las Conferencias IV y VI están en una hoja de papel separada sin fecha, y deben pertenecer a una carta de fecha posterior; solo se habían publicado tres conferencias para el 7 de diciembre de 1862.)

Conferencia IV, página 89: Atavismo.

Usted usa aquí y allá atavismo = herencia. Duchesne, quien, creo, inventó la palabra, en su libro sobre la fresa la limitó, como todos han hecho desde entonces, a la semejanza con el abuelo o un antepasado más remoto, en contraposición a la semejanza con los padres.

CARTA 150. A JOHN SCOTT.

(150/1. La siguiente es la primera de una serie de cartas dirigidas al difunto John Scott, de las cuales la mayor parte se da en nuestros capítulos botánicos. Nos hemos visto tentados a dar esta correspondencia completa no solo por su interés científico intrínseco, sino también porque son casi las únicas cartas que muestran a Darwin en relación personal con un hombre más joven dedicado a la investigación bajo su supervisión.)

[¿1862?]

A mi mejor juicio, ningún tema es tan importante en relación con la ciencia natural teórica, en varios aspectos, y que asimismo merezca investigación por sí mismo, como los efectos de las condiciones cambiadas o antinaturales, o de la estructura cambiada en el sistema reproductivo. Bajo este punto de vista, la relación de variedades bien marcadas pero indudables al fertilizarse entre sí requiere muchos más experimentos de los que se han intentado. Véase en el «Origen» el breve resumen de Gartner sobre Verbascum y Zea. El Sr. W. Crocker, recientemente capataz en Kew y muy buen observador, va a trabajar, por sugerencia mía, con variedades de malvarrosa. (150/2. Especie Altheae. Estos experimentos parecen no haberse llevado a cabo.) El clima sería demasiado frío, supongo, para variedades de tabaco. Empecé con las coles, pero me detuve inmediatamente porque el desprendimiento temprano de su polen causaba demasiados problemas. Su conocimiento sugeriría algunas [plantas]. Sobre el mismo principio sería bueno probar flores pelóricas con su propio polen, y con polen de flores regulares, y probar el polen de pelóricas en flores regulares, contando las semillas en cada caso. Ahora tengo una plántula de muchos cruces de un Pelargonium pelórico mediante polen pelórico; tengo dos o tres plántulas de una flor pelórica mediante polen de flor regular. He pedido un Antirrhinum pelórico (150/3. Véase «Variación de animales y plantas», edición I, volumen II, página 70) y la Gloxinia pelórica, pero mucho me temo que nunca tendré tiempo para probarlas. Los casos de Passiflora son verdaderamente maravillosos, como los casos de Crinum (véase el «Origen»). (150/4. «Origen», edición VI, página 238.) He leído en un artículo alemán que algunas variedades de patatas (sin nombre) no pueden ser fertilizadas por [su] propio polen, pero sí por el polen de otras variedades: vale mucho la pena probarlo. De nuevo, la fertilidad de cualquier flor monstruosa, que se produce con bastante regularidad; tengo la maravillosa Begonia frigida (150/5. La especie sobre la que escribió Sir J.D. Hooker en el «Gardeners' Chronicle», 25 de febrero de 1860. Véase «Life and Letters», II, página 275) de Kew, pero dudo que tenga el calor necesario para que sus semillas cuajen. Si se pudiera obtener una Celosia no modificada, sería bueno probarla con la cresta de gallo modificada. Hay una variación de aguileña [Aquilegia] con pétalos simples sin nectarios, etcétera, etcétera. Nunca supe qué probar; pero si uno pudiera hacerse con una planta cultivada durante mucho tiempo que se cruzara con una especie distinta y produjera un número muy pequeño de semillas, entonces sería sumamente bueno probar comparativamente la forma progenitora silvestre y sus descendientes variables con esta tercera especie: por ejemplo, si un primavera pudiera cruzarse con alguna especie de Primula, entonces probar una prímula silvestre con ella. Creo que apenas se han cruzado primulas. Si conociéramos y pudiéramos obtener el progenitor del clavel (150/6. Dianthus caryophyllus, variedad de jardín), sería muy bueno para este fin. Cualquier miembro de las Lythraceae criado a partir de semillas debería ser bien vigilado en busca de dimorfismo. Tengo hechos maravillosos, resultado de la experimentación, sobre Lythrum salicaria.

CARTA 151. A JOHN SCOTT. Down, 11 de diciembre [1862].

He leído su artículo con mucho interés. (151/1. «Sobre la naturaleza y peculiaridades de la espora del helecho». «Bot. Soc. Edin.». Leído el 12 de junio de 1862). Usted pide observaciones sobre el asunto, que es lo único realmente importante. ¿Le pareceré impertinente (le aseguro que no es mi intención) si me aventuro a hacer un comentario sobre el estilo, que es de mayor importancia de lo que algunos piensan? En mi opinión (valga o no mucho), su artículo habría sido mucho mejor si estuviera escrito de forma más sencilla y menos elaborada, más parecido a sus cartas. Es una regla de oro utilizar siempre, si es posible, una palabra sajona corta y antigua. Una frase como «tan puramente dependiente es la planta incipiente de la tendencia morfológica específica» no suena a mis oídos como un buen inglés materno; necesita traducción. Aquí y allá, creo que podría haber condensado algunas oraciones. Sigo el plan de considerar cada palabra que pueda omitirse sin pérdida real de sentido como una ganancia decidida. Ahora quizá me tome por un intruso entrometido: de cualquier modo, es el consejo de un viejo escritor curtido que sinceramente le desea lo mejor. Su observación sobre los dos sexos que contrarrestan la variabilidad en el producto de uno de ellos es nueva para mí. (151/2. Scott (op. cit., página 214): «Los órganos reproductores de las fanerógamas, como es bien sabido, son siempre productos de dos órganos morfológicamente distintos, los estambres que producen el polen, los carpelos que producen los óvulos... Siendo el embrión en este caso el resultante modificado de dos órganos originalmente distintos, existirá necesariamente una mayor tendencia a borrar cualquier peculiaridad individual de estos que la que habría existido si el embrión hubiera sido el producto de un solo órgano». Una idea diferente parece habérsele ocurrido al Sr. Darwin, pues en una carta sin fecha a Scott escribió: «Apenas sé qué decir sobre su punto de vista de los órganos masculinos y femeninos y la variabilidad. Debo pensarlo más. Pero me divirtió encontrar el otro día en mi cartera dedicada a la variación de yemas un trozo de papel fechado en junio de 1860, con unas palabras como estas: '¿No podría deberse la permanencia de las yemas injertadas a que no han entrado en juego los dos elementos sexuales derivados de partes diferentes?'. Había olvidado por completo, cuando leí su artículo, que alguna noción análoga hubiera pasado por mi mente, ni puedo recordarlo ahora, pero el papel me muestra que así fue». Es interesante que Huxley también llegara a una conclusión diferente a la de Scott; y, curiosamente, Darwin confundió ambos puntos de vista, pues escribió a Scott (19 de diciembre): «Por un extraño azar, leyendo anoche unas breves conferencias recién publicadas por el Prof. Huxley, encuentro su observación, a la que él llegó independientemente, sobre la confluencia de los dos sexos causando variabilidad». Las observaciones del profesor Huxley se encuentran en sus «Lecturas para los trabajadores sobre nuestro conocimiento, etc.», n.º 4, página 90: «Y, de hecho, creo que una cierta cantidad de variación respecto a la cepa primitiva es el resultado necesario del método de propagación sexual en sí mismo; pues dado que la cosa propagada procede de dos organismos de sexos diferentes y de diferentes constituciones y temperamentos, y, como la descendencia ha de ser de un sexo o del otro, está bastante claro que no puede ser una diagonal exacta de los dos, o no sería de ningún sexo en absoluto; no puede ser una forma intermedia exacta entre la de cada uno de sus progenitores: debe desviarse hacia un lado o hacia el otro»). Pero no puedo evitar pensar que hay algo desconocido y más profundo en la generación seminal. Reflexione sobre la larga sucesión de cambios embriológicos en cada animal. ¿Produce alguna vez una yema cotiledones o hojas embrionarias? Me ha interesado mucho su comentario sobre la herencia a edades correspondientes; espero que, como dice, siga prestando atención a esto. ¿Es cierto que las plantas femeninas de Primula producen siempre hembras por partenogénesis? (151/3. Parece probable que Darwin se refiera aquí a la reproducción vegetativa). Si puede responder a esto, me alegraría; tiene relación con mi trabajo sobre Primula. Pensé en el tema, pero dejé de investigar lo que se había observado, porque la abeja hembra por partenogénesis produce solo machos. Su artículo me ha enseñado mucho que, en mi ignorancia, era totalmente nuevo para mí. Gracias por lo de P. scotica. Si se hacen críticas importantes sobre la Primula a la Sociedad Botánica, me alegraría conocerlas. Si lo considera oportuno, puede mencionar que repetí los experimentos de cruce en P. sinensis y prímula esta primavera con el mismo resultado que el año pasado; de hecho, con una diferencia de fertilidad bastante más marcada en los dos cruces. De hecho, si hubiera probado entonces el caso de Linum, no habría perdido el tiempo en la repetición. Estoy decidido a publicar inmediatamente sobre Linum...

Tenía razón al ser cauteloso al suponer que usted estaba equivocado sobre Siphocampylus (no se incluyeron flores). Espero que averigüe si el pistilo presenta dos longitudes definidas; me quedaré pasmado si lo hace. No entiendo del todo sus objeciones a la Selección Natural; si lo hago, supongo que se aplicarían con toda su fuerza a, por ejemplo, las aves. Reflexione sobre la modificación del caballo árabe-turco en nuestro caballo de carreras inglés. He tenido la satisfacción de decir a mi editor que envíe mi «Diario» y mi «Origen» a su dirección. Sospecho que, con su mente fértil, le resultará mucho mejor experimentar según su propia elección; pero si, tras reflexionar, desea probar algunos que me interesan, estaría verdaderamente encantado, y en este caso escribiría con cierto detalle. Si tiene los medios para repetir los experimentos de Gärtner sobre las variaciones de Verbascum o sobre el maíz (véase el «Origen»), tales experimentos serían eminentemente importantes. Nunca pude conseguir variaciones de Verbascum. Podría sugerir un experimento sobre las patatas análogo al caso de Passiflora; incluso el caso de Passiflora, por mucho que se haya repetido, podría repetirse con ventaja. He trabajado como un esclavo (habiendo contado unas nueve mil semillas) sobre Melastoma, sobre el significado de los dos grupos de estambres tan diferentes, y hasta ahora he sido vergonzosamente derrotado, y ahora pido ayuda. Podría sugerir lo que creo que es un esquema muy bueno (al menos, el Dr. Hooker lo pensó así) para la degeneración sistemática de las plantas culinarias, y así averiguar su origen; pero esto sería laborioso y obra de años.

CARTA 152. A J.D. HOOKER. Down, 12 [de diciembre de 1862].

Mi buen viejo amigo:

¡Qué amable ha sido al dedicarme tanto de su tiempo! Su carta es de verdadera utilidad, y ha sido y será bien considerada. Me complace mucho comprobar que no diferimos tanto como temía. Comienzo mi libro diciendo que mi objetivo principal es mostrar la escala desmesurada de la variación; he estudiado especialmente todo tipo de variaciones del individuo. Sobre el cruce no puedo cambiar; cuanto más pienso, más razón tengo para creer que mi conclusión sería aceptada por todos los criadores experimentados. También dudo mucho de que la variabilidad y la domesticación sean necesariamente correlativas, pero he tocado este punto en el «Origen». El hecho de que las plantas sean idénticas en condiciones muy diferentes siempre me ha parecido un argumento muy contundente contra lo que llamo acción directa. Creo que tal vez tomaré el caso de los 1.000 palomos (152/1. Véase la carta 146) para resumir mi volumen; no discutiré otros puntos, pero, como he dicho, volveré a su carta. Pero debo decir solo que si se permite que la esterilidad entre en juego, si los de pico largo son en el más mínimo grado estériles con los de pico corto, todo mi caso cambia. Por cierto, mis nociones sobre la hibridación están cambiando considerablemente con mi trabajo sobre el dimorfismo. Ahora me inclino firmemente a creer que la esterilidad es al principio una cualidad seleccionada para mantener distintas las especies incipientes. Si ha observado Lythrum, verá cómo el polen puede modificarse simplemente para favorecer el cruce; con la misma facilidad podría modificarse para impedir el cruce.

Esto es lo que me hace interesarme tanto por el dimorfismo, etc. (152/2. Esto da una impresión estrecha del interés de Darwin por el dimorfismo. La importancia de su trabajo fue (expresado brevemente) la prueba de que la esterilidad no tiene conexión necesaria con la diferencia específica, sino que depende de la diferenciación sexual independiente de las diferencias raciales. Véase «Life and Letters», III, página 296. Su punto de vista de que la esterilidad es una cualidad seleccionada se expone de nuevo en una carta a Huxley («Life and Letters», II, página 384), pero no fue mantenido en sus escritos posteriores (véase «El origen de las especies», edición VI, página 245). La idea de que la esterilidad sea una cualidad seleccionada es interesante en relación con la teoría de Romanes de la selección fisiológica. (Véanse las cartas 209-214)).

Una palabra más. Cuando me tiró cabeza abajo con su nueva forma de ver el reverso de la variación, recibí seguridad y fuerza al considerar los monstruos, debidos a la ley: horriblemente extraños como son, los monstruos estaban vivos al menos cuando nacieron. Difieren al menos tanto del progenitor como cualquier mamífero de otro.

Acabo de terminar un largo y tedioso capítulo sobre hechos simples de la variación de las plantas cultivadas, y ahora me estoy refrescando con un artículo sobre Linum para la Sociedad Linneana.

CARTA 153. A W.B. TEGETMEIER.

(153/1. La siguiente carta también trata la cuestión de la producción artificial de esterilidad).

Down, 27 [de diciembre de 1862].

El plan actual es probar si alguna raza existente ha adquirido accidentalmente algún grado de esterilidad; pero sobre esto más adelante. El manuscrito adjunto mostrará lo que he hecho y sé sobre el tema. Por favor, devuélvame cuidadosamente el manuscrito en algún momento futuro. Si fuera a probar de nuevo, preferiría el Turbit con Carrier o Dragon.

Sugeriré un experimento análogo, que he tenido durante dos años en mi libro experimental con «asegúrese de probar», pero que, a medida que mi salud se debilita cada año más y más y mi otro trabajo aumenta, supongo que nunca probaré. Permítame añadir que si 5 libras cubrieran los gastos del experimento, estaría encantado de darlas, y usted podría publicar el resultado si hubiera alguno. Crucé el gallo español (su ave) y la gallina blanca de seda y obtuve abundancia de huevos y pollitos; pero dos de ellos parecían ser completamente estériles. Yo estaba entonces tristemente sobrecargado de trabajo, pero desde entonces me he reprochado mucho no haber conservado y probado cuidadosamente el poder procreador de estas gallinas. Ahora, si usted está dispuesto a conseguir un gallo español y un par de gallinas blancas de seda, estaré muy agradecido de saber si la descendencia cría bien: probarán, creo, no ser resistentes; si resultaran estériles, lo que apenas puedo creer, de todos modos servirán para la olla. Si prueba esto, ¿qué tal si pone un gallo de seda a su curiosa gallina sedosa Cochin, para obtener una raza de seda grande? Sería curioso si pudiera obtener aves sedosas con colores brillantes. Creo que una gallina de seda cruzada con cualquier otra raza nunca da plumas sedosas. Un cruce de gallo de seda y gallina sedosa Cochin debería dar plumas sedosas y probablemente colores brillantes.

Me he visto llevado últimamente a partir de experimentos (no publicados) sobre el dimorfismo a reflexionar mucho sobre la esterilidad por hibridismo, y a cambiar parcialmente la opinión dada en el «Origen». Tengo ahora cartas enviadas preguntando sobre el siguiente punto, implícito en el experimento, que me parece que bien vale la pena probar, pero demasiado laborioso para ser intentado jamás. Preguntaría a cada criador de palomos y aves si han observado alguna vez, en la misma raza, un gallo A emparejado con una gallina B que no produjera crías. Entonces conseguiría al gallo A y lo emparejaría con una gallina de su sangre más cercana; y la gallina B con su sangre más cercana. Entonces emparejaría a la descendencia de A (a, b, c, d, e) con la descendencia de B (f, g, h, i, j), y todos aquellos hijos que fueran fértiles entre sí serían destruidos hasta encontrar uno, digamos a, que no fuera del todo fértil con, digamos, i. Entonces a e i serían preservados y emparejados con sus padres A y B, para tratar de conseguir dos familias que no se unieran entre sí; pero siendo los miembros DENTRO de cada familia fértiles entre sí. Esto probablemente sería totalmente desesperado; pero quien pudiera lograr esto, creo, resolvería el problema de la esterilidad por hibridismo. Si alguna vez supiera de aves o palomos individuales que sean estériles entre sí, le estaría muy agradecido de conocer el caso. Es un caso paralelo a los registrados de un hombre no impotente que vive mucho tiempo con una mujer que permaneció sin hijos; el marido murió, y la mujer se volvió a casar y tuvo muchos hijos. Aparentemente (de ninguna manera con seguridad) este primer hombre y mujer eran diferentes en su organización sexual. Concibo posible que su descendencia (si ambos se hubieran vuelto a casar y ambos hubieran tenido hijos) fuera sexualmente diferente, como sus padres, o estériles entre sí. Por favor, perdone mi terrible escritura; he estado muy indispuesto todo el día, y no tengo fuerzas para reescribir este garabato. Estoy trabajando lentamente, y supongo que en tres o cuatro meses estaré listo.

Estoy seguro de que no sé si algún ser humano podría entender o leer este vergonzoso garabato.

CARTA 154. A T.H. HUXLEY. Down, 28 de diciembre [1862].

Devuelvo lo adjunto: si escribe, agradezca al Sr. Kingsley por haber pensado en dejarme ver el buen sentido de un potentado oriental. (154/1. La carta de Kingsley a Huxley, fechada el 20 de diciembre de 1862, contiene una historia o parábola de un Khan pagano en Tartaria que fue visitado por un par de Moollahs proselitistas. El primer Moollah dijo: «¡Oh! Khan, adora a mi Dios. Es tan sabio que hizo todas las cosas». Pero el Moollah n.º 2 ganó la partida al señalar que su Dios es «tan sabio que hace que todas las cosas se hagan a sí mismas»). Todo lo que dije sobre el pequeño libro (154/2. Las seis «Lecturas para los trabajadores», publicadas en seis folletos y en forma de libro en 1863. El Sr. Huxley consideró que el argumento del Sr. Darwin requería la producción por selección humana de razas que fueran mutuamente infértiles, y que por tanto se parecieran a especies distintas tanto fisiológica como morfológicamente) es estrictamente mi opinión; es excelente en todos los sentidos, y no puede dejar de hacer bien cuanto más se difunda. Si vale la pena que usted dedique tiempo a ello es otra cuestión que solo usted debe decidir; que hará bien al tema está fuera de toda duda. No creo que exista ningún tonto que no pueda entenderlo, y eso es decir mucho después del grado en que he sido malinterpretado. No entendí lo que requería sobre la esterilidad: ciertamente los hechos expuestos no llegan ni de lejos tan lejos. Diferimos tanto que no sirve de nada discutir. Conseguir el grado de esterilidad que usted espera en variedades formadas recientemente me parece simplemente desesperanzador. Me parece casi como esos naturalistas que declaran que nunca creerán que una especie se convierte en otra hasta que vean cada etapa del proceso.

He tenido noticias de Tegetmeier, y le he dado el resultado de mis cruces de las aves que él propone probar, y le he dicho cómo creo que solo podría intentarse el experimento con la más mínima esperanza de éxito: a saber, conseguir, si es posible, un caso de dos aves que al ser emparejadas fueran improductivas, pero ninguna de ellas impotente. Por ejemplo, tuve esta mañana una carta con un caso de una novilla Hereford, que parecía ser, tras repetidos intentos, estéril con un toro en particular y lejos de ser impotente, pero no con otro toro. Pero es una historia muy larga: es intentar hacer dos cepas, ambas fértiles, y sin embargo estériles cuando uno de una cepa se cruza con uno de la otra cepa. Pero la dificultad... estaría más allá de todo cálculo. Por lo que veo, el plan de Tegetmeier simplemente probaría si dos razas existentes son ahora en algún ligero grado estériles; lo cual ya ha sido ampliamente probado: no es que yo discuta el bien de volver a probar.

CARTA 155. A HUGH FALCONER.

(155/1. La carta original está fechada el «10 de diciembre», pero esto debe ser, pensamos, un error de pluma por el 10 de enero. Contiene una referencia al n.º VI de las «Lecturas para los trabajadores» que, como el Sr. Leonard Huxley tiene la amabilidad de informarnos, no se impartió hasta el 15 de diciembre, y por tanto no pudo haber sido visto por el Sr. Darwin el 10 de diciembre. El cambio de fecha hace comprensible la referencia al artículo de Falconer «Sobre el elefante fósil americano de las regiones fronterizas del Golfo de México (E. Columbi, Falc.)», que apareció en el número de enero de la «Natural History Review». Es cierto que había visto pruebas avanzadas del artículo de Falconer («Life and Letters», II, página 389), pero la referencia aquí es al artículo completo.

En el presente volumen hemos pensado que es correcto dar alguna expresión a la actitud de Darwin hacia Owen. El biógrafo del profesor Owen ha sentido claramente la dificultad de hacer una declaración sobre la actitud de Owen hacia el darwinismo, y se ha visto obligado («Life of Sir Richard Owen», volumen II, página 92) a adoptar la severa acusación contenida en «El origen de las especies», edición VI, página xviii. Darwin no estaba en absoluto solo en su desconfianza hacia Owen; y omitir por completo una referencia a la conducta que condujo al aislamiento de Owen entre sus antiguos amigos y colegas sería omitir una parte de la historia de la ciencia de la época. Y dado que no podemos dejar de notar el punto de vista de Darwin, parece correcto dar los hechos de un caso típico que ilustre el sentimiento con el que consideraba a Owen. Esto es tanto más necesario cuanto que la biografía recientemente publicada de Sir R. Owen no da ninguna pista, hasta donde sabemos, de ni siquiera una diferencia de opinión con otros hombres de ciencia.

El relato que Falconer da en el mencionado artículo de la «Nat. Hist. Review» (enero de 1863) sería divertido si el asunto fuera menos serio. En 1857 Falconer describió («Quart. Journ. Geol. Soc.» XIII) una nueva especie de elefante fósil de América, a la que dio el nombre de Elephas Columbi, una designación que fue reconocida y adoptada por escritores continentales. En 1858 (Brit. Assoc. Leeds) Owen hizo uso del nombre «Elephas texianus, Blake» para la especie que Falconer había nombrado previamente E. Columbi, pero sin referirse a la determinación de Falconer; no dio ninguna autoridad, «produciéndolo así, por el uso establecido en zoología, como propio». En 1861 Owen en su Paleontología, 2ª edición, 1861, describe al elefante como E. texianus, Blake. Al nombre del Sr. Blake se añade un asterisco que remite a una nota a pie de página de las «Antigüedades de S. América» de Bollaert, 2ª edición. Según Falconer (página 46) no había aparecido ninguna segunda edición de Bollaert en el momento de escribir esto (agosto de 1862), y en la primera edición (1860) él fue «incapaz de detectar la aparición del nombre incluso, de E. texianus, en cualquier parte del volumen»; aunque Bollaert menciona el hecho de que había depositado, en el Museo Británico, el diente de un elefante fósil de Texas.

En noviembre de 1861, Blake escribió un artículo en el «Geologist» en el que el nuevo elefante ya no lleva su propio nombre como autoridad, sino que se describe como «Elephas texianus, Owen, E. Columbi, Falconer». Finalmente, en otro artículo se abandona el nombre de Owen y el elefante es una vez más suyo. Como señala Falconer, «el uso de la ciencia no permite tales arreglos complacientes, cuando el resultado es perjudicar un derecho anterior».

Se puede decir, sin duda, que la cuestión de quién describió primero una especie dada es insignificante; pero este punto de vista tiene doble filo, y se aplica con más fuerza a aquellos que descuidan las justas reclamaciones de sus predecesores).

Down, 5 de enero [1863].

Terminé anoche su trabajo sobre el Elefante, y debe permitirme expresar mi admiración por él. (155/2. «Sobre el elefante fósil americano de las regiones fronterizas con el golfo de México (E. Columbi, Falc.), etc.» «Nat. Hist. Rev.» 1863, página 81. (Cf. Carta a Lyell. «Life and Letters», II, página 389; también «Origin», edición VI, página 306.) Véase la Carta 143.) Todos los puntos me parecen admirablemente elaborados y muchísimos resultan de lo más interesantes. Me llamó particularmente la atención sus observaciones sobre el carácter de la antigua fauna de mamíferos de Norteamérica (155/3. Falconer, página 62. Este pasaje está marcado en el ejemplar de Darwin.); coincide con todo lo que yo imaginaba que era el caso, a saber, una irrupción temporal de formas sudamericanas en Norteamérica y viceversa; me reí un poco con el espécimen de M. Andium «vacilando» entre los dos grupos. (155/4. Al hablar de los caracteres del Mastodon Andium, Falconer se refiere a un trabajo anterior suyo («Quart. Journ. Geol. Soc.», volumen XIII, 1857, página 313), en el que llamó la atención «sobre el carácter excepcional de ciertos especímenes de M. Andium, como si vacilaran entre [los grupos] Tetralophodon y Trilophodon» (ibíd., página 100).) El Sr. Wallace me ha asegurado que se han encontrado abundantes restos de mastodonte en Timor, y eso está bastante cerca de Australia. Me alegra que haya hecho pedazos ese caso. (155/5. En el artículo de la «Nat. Hist. Review» (loc. cit.) Falconer escribe: «Parece más probable que algún error involuntario se haya mezclado con la historia de este notable fósil; y hasta que no se aporten más pruebas confirmatorias de carácter irreprochable, no se puede depositar fe en la realidad del pretendido mastodonte australiano» (página 101).) Es, en efecto, un trabajo grandioso. No diré nada más sobre sus alusiones a mi persona, excepto que me han complacido tanto impresas como en manuscrito. Debe haber trabajado muy duro; el esfuerzo debió ser extremo, pero espero de veras que tenga la salud y la fuerza para seguir adelante. Se reiría si pudiera ver lo indignado que me puso toda la ruin conducta de Owen respecto al E. Columbi. (155/6. Véase la Carta 157.) No pude dormir hasta pasadas las 3. Qué bien le azota usted, firme y severamente, con un temperamento imperturbable, como si cumpliera con un simple deber. El asunto ha llegado a tal extremo que creo que todo hombre de ciencia está obligado a mostrar sus sentimientos mediante algún acto manifiesto, y estaré atento a una oportunidad adecuada.

P.D.—He retenido durante un día lo adjunto debido a la llegada de su interesantísima carta. Sabía que era una mera casualidad que pudiera informarme sobre los puntos requeridos; pero ninguna otra persona ha respondido tan a menudo a mis variadas consultas. Creo que ahora tengo en mi invernadero L. trigynum (155/7. Linum trigynum.), que brotó de semillas compradas como L. flavum, del cual es totalmente diferente en el follaje. Acabo de enviar un trabajo sobre el dimorfismo del Linum a la Sociedad Linneana (155/8. «Sobre la existencia de las formas y sobre su relación sexual recíproca en varias especies del género Linum».—«Journ. Linn. Soc.», volumen VII, página 69, 1864.), así que no dudo que su memoria sea correcta respecto al L. trigynum: la diferencia funcional en las dos formas de Linum es realmente maravillosa. Le aseguro que anhelo verle a usted y a algunos otros en Londres; no es tanto el eccema, que se ha llevado la epidermis una docena de veces por completo, sino que últimamente me he agotado con una facilidad extraordinaria, y no sé cuándo podré ir. Deseo especialmente saber sobre el maravilloso pájaro: el caso me ha encantado, porque ningún grupo está tan aislado como las aves. Deseo mucho saber, cuando nos reunamos, qué dedos están desarrollados; cuando examinaba aves hace dos o tres años, recuerdo claramente haberle escrito a Lyell que algún día se encontraría un ave fósil con el extremo del ala hendido, es decir, el álula y la otra parte, ambos bien desarrollados. Gracias por Von Martius, devuelto por este correo, que me alegró ver. El pobre viejo Wagner (Probablemente Johann Andreas Wagner, autor de «Zur Feststellung des Artbegriffes, mit besonderer Bezugnahme auf die Ansichten von Nathusius, Darwin, Is. Geoffroy and Agassiz», «Munchen Sitzungsb.» (1861), página 301, y de numerosos artículos sobre temas zoológicos y paleontológicos.) siempre me atacó con el espíritu adecuado, y me envió dos o tres pequeños folletos, y le agradecí cordialmente. Los alemanes parecen muy agitados sobre el tema. Recibí por el mismo correo casi un pequeño volumen sobre el «Origin».

No puedo trabajar más de un par de horas al día, y esto me arruina.

P.D. 2ª.—He trabajado como un esclavo y me he visto frustrado como un esclavo al intentar comprender el significado de dos conjuntos muy diferentes de estambres en algunas Melastomaceae. (155/9. Varias cartas sobre las Melastomaceae aparecen en nuestra sección botánica.) Debo contarle un hecho. Conté 9.000 semillas, una por una, de mis vainas fertilizadas artificialmente. Hay algo muy extraño, pero por ahora estoy vencido. ¡Las plantas de dos polenes crecen a ritmos diferentes! Ahora, lo que quiero saber es si, en individuos de la misma especie que crecen juntos, ¿ha notado alguna diferencia en la posición del pistilo o en el tamaño y color de los estambres?

CARTA 156. A T.H. HUXLEY. Down, 18 de diciembre [1862].

He leído los números IV y V. (156/1. «Sobre nuestro conocimiento de las causas de los fenómenos de la naturaleza orgánica», seis conferencias para trabajadores pronunciadas en el Museo de Geología Práctica por el Prof. Huxley, 1863. Estas conferencias, que se impartieron una vez a la semana a partir del 10 de noviembre de 1862, se imprimieron a partir de las notas del Sr. J.A. Mays, un taquígrafo que pidió permiso para publicarlas por su cuenta; el Sr. Huxley declaró en un «Aviso» preliminar que no tuvo tiempo para revisar las conferencias.) Son sencillamente perfectos. Deberían ser ampliamente publicitados; pero es muy bueno por mi parte decir esto, ya que arrojé el número IV con esta reflexión: «¿De qué sirve escribir un libro estruendosamente grande, cuando todo está en este librito verde, tan despreciable por su tamaño?». En nombre de todo lo bueno y lo malo, más me valdría cerrar el chiringuito por completo. Usted expone de manera excelente, y de la forma más sencilla y clara, la relación de los animales y las plantas entre sí en la página 122.

Tenga cuidado con los Fantails: las plumas de su cola están fijas en una posición radiante, pero pueden deprimirlas y elevarlas. ¡Recuerdo haber visto en un libro sobre palomas un desprecio marchito expresado hacia algún naturalista por no saber este importante punto! La página 111 (156/2. La referencia es a los pequeños libros de papel verde originales en los que aparecieron por primera vez las conferencias; la paginación en el volumen encuadernado con fecha de 1863 es ligeramente diferente. El pasaje aquí es: «...Si usted empareja un híbrido macho y hembra... el resultado es que en noventa y nueve de cada cien casos no obtendrá ninguna descendencia en absoluto». Darwin sostiene en otra parte que Huxley, por no conocer la evidencia botánica, dio demasiada importancia a este punto. Véase «Life and Letters», II, página 384.) parece un poco demasiado fuerte, a saber, noventa y nueve de cada cien, a menos que exceptúe las plantas.

Página 118: Usted dice que la respuesta a si las variedades cuando se cruzan son estériles es «absolutamente negativa». (156/3. Huxley, página 112: «¿Podemos encontrar alguna aproximación a esto [la esterilidad de los híbridos] en las diferentes razas conocidas por ser producidas mediante cría selectiva a partir de un tronco común? Hasta el momento, la respuesta a esa pregunta es absolutamente negativa».) ¿Quiere decir que Gartner mintió, tras cientos de experimentos (y siendo él un testigo hostil), cuando demostró que este era el caso con Verbascum y con el maíz (y aquí usted tiene razas seleccionadas): acaso Kolreuter miente cuando habla de las variedades de tabaco? Dios mío, ¿no es el caso ya lo suficientemente difícil como para, además, hacerlo falsamente más difícil, como debo pensar? Creo que es culpa mía, mi maldita franqueza: debería haber hecho diez veces más ruido sobre estos experimentos tan cuidadosos. Sí lo puse más fuerte en la tercera edición del «Origin». Si tiene una nueva edición, considere su segunda sección geológica: no disputo la veracidad de su afirmación; pero sostengo que en casi todos los casos la grava se graduaría hacia el lodo; que no habría una línea dura y recta entre la masa de grava y el lodo; que la grava, al avanzar hacia el interior, estaría separada de los lechos subyacentes por líneas oblicuas de estratificación. ¡Una bonita idea de la dificultad de la Geología le daría su sección a un trabajador! Muestre su sección a Ramsay y dígale lo que digo; y si él piensa que es una sección justa para un principiante, me callo y «mantendré mi lengua quieta para siempre». Buenas noches.

CARTA 157. A T.H. HUXLEY. Down, 10 de [enero] [1863].

Estará cansado de las notas mías sobre su librito. Es una suerte para mí haber expresado mi opinión sobre su absoluta excelencia antes de leer el número VI (157/1. «Conferencias para trabajadores», nº VI, es un examen crítico de la posición del «Origen de las especies» en relación con la teoría completa de las «causas de los fenómenos de la naturaleza orgánica».), y sobre el hecho de que merecía una amplia distribución y corrección (no es que vea dónde podría mejorar), si usted pensaba que merecía su valioso tiempo. Si hubiera leído el número VI, incluso un rudimento de modestia me habría, o debería haberme, impedido decir tanto. Aunque he sido bien insultado, he recibido tantos elogios que me he vuelto un glotón, tanto en capacidad como en gusto; y realmente no creí que mortal alguno pudiera haberme hecho cosquillas en el paladar de la manera exquisita con la que usted ha hecho el trabajo. Así que soy un viejo asno, y no hay nada más que decir al respecto. Estoy totalmente de acuerdo con todas sus reservas sobre la aceptación de la doctrina, y podría haber ido más lejos con mayor seguridad y verdad. Por supuesto, no estoy totalmente de acuerdo con la esterilidad. Odio más que nada encontrarme en desacuerdo con cualquier juez capaz cuando las premisas son las mismas; y, sin embargo, esto sucederá ocasionalmente. Pensando en mi anterior carta a usted, imaginé (aunque ahora dudo) que había encontrado en parte la causa de nuestro desacuerdo, y la atribuí a que usted piensa naturalmente más en los animales, en los que la esterilidad de los híbridos es mucho más notable que la menor fertilidad del primer cruce. De hecho, esto difícilmente podría determinarse en mamíferos, excepto comparando los productos de toda su vida; y, hasta donde yo sé, esto solo se ha determinado en el caso del caballo y el asno, que producen menos descendencia en su vida que en la cría pura. En las plantas, la prueba del primer cruce parece tan justa como la prueba de la esterilidad de los híbridos. Y esta última prueba se aplica, sostendré hasta la muerte, al cruce de variedades de Verbascum, y variedades, variedades seleccionadas, de Zea. (157/2. Véase la Carta 156.) Usted dirá: Váyase al diablo y mantenga su lengua quieta. No, no mantendré mi lengua quieta; pues debo añadir que, después de repasar para mi libro actual todos los animales domésticos, he llegado a la conclusión de que hay casi con certeza varios casos de dos o tres o más especies mezcladas y ahora perfectamente fértiles entre sí. Por lo tanto, concluyo que debe haber algo en la domesticación —quizás las condiciones menos estables, la misma causa que induce tanta variabilidad— que elimina la esterilidad natural de las especies cuando se cruzan. Si es así, podemos ver lo improbable que es que la esterilidad surja entre razas domésticas. Ahora mantendré mi lengua quieta. Página 143: ¿no debería «sánscrito» ser «ario»? ¡Qué número tan excelente es el último «Natural History Review»! Ese es un gran trabajo de Falconer. No puedo decir lo indignado que me ha puesto la conducta de Owen sobre el E. Columbi. Creo que le odio más que usted, quizás incluso más que el buen y viejo Falconer. Pero me he desahogado con uno o dos corresponsales sobre este punto, y no diré nada más. He enviado a Lubbock una pequeña reseña del trabajo de Bates en «Linn. Transact.» (157/3. La reseña sin firma del trabajo del Sr. Bates sobre las mariposas miméticas apareció en la «Nat. Hist. Review» (1863), página 219.) que L. parece pensar que servirá para su «Review». Inaugure una gran mejora y haga que las páginas vengan cortadas, como hacen los yanquis; colmaré de bendiciones su cabeza. No pierda su tiempo respondiendo a esto.

CARTA 158. A JOHN LUBBOCK [LORD AVEBURY]. Down, 23 de enero [1863].

No tengo críticas, salvo una frase que no es perfectamente fluida. Creo que sus observaciones introductorias son muy llamativas, interesantes y novedosas. (158/1. «Sobre el desarrollo de Chloeon (Ephemera) dimidiatum, Parte I. Por John Lubbock. «Trans. Linn. Soc.» Volumen XXIV, páginas 61-78, 1864 [Leído el 15 de enero de 1863].) Me interesaron más porque los pensamientos más vagos del mismo tipo habían pasado por mi cabeza; pero no tenía idea de que pudieran ser tan bien desarrollados, ni conocía las excepciones. Sitaris y Meloe (158/2. Sitaris y Meloe, dos géneros de insectos coleópteros, son referidos por Lubbock (op. cit., páginas 63-64) como «quizás... los casos más notables... entre los Coleoptera» de metamorfosis curiosas y complicadas.) parecen muy buenos. Usted ha puesto todo el caso de la metamorfosis bajo una nueva luz; me atrevo a decir que lo que usted comenta sobre la pobreza del agua dulce es muy cierto. (158/3. «No podemos dejar de sorprendernos por la pobreza de la fauna de agua dulce en comparación con la del océano» (op. cit., página 64).) Creo que podría escribir una memoria sobre las producciones de agua dulce. Sugiero que la nota clave es que las producciones terrestres son superiores y tienen ventaja en general sobre las marinas; y, por consiguiente, las producciones terrestres generalmente se han modificado en producciones de agua dulce, en lugar de que las producciones marinas se hayan transformado directamente en producciones de agua dulce, como a primera vista parece más probable, ya que la posibilidad de inmigración está siempre abierta desde el mar hasta los ríos y estanques.

Mi charla con usted me hizo mucho bien, y la disfruté mucho.

CARTA 159. A J.D. HOOKER. Down, 13 de enero [1863].

Envío una respuesta muy imperfecta a su pregunta, que he escrito en papel extranjero para ahorrarle que la copie, y puede enviarla cuando escriba a Thomson en Calcuta. En el futuro podré responder mejor a su pregunta sobre si las cualidades inducidas en los individuos son heredadas; la gota en el hombre; la pérdida de lana en las ovejas (que comienza en la primera generación y tarda dos o tres en completarse); probablemente la obesidad (pues es rara entre los pobres); probablemente la obesidad y la madurez temprana en el ganado vacuno de cuernos cortos, etc., etc.

CARTA 160. A A. DE CANDOLLE. Down, 14 de enero [1863].

Le agradezco sinceramente el envío de su Memoria. (160/1. Etude sur l'Espece a l'occasion d'une revision de la Famille des Cupuliferes. «Biblioth. Univ. (Arch. des Sc. Phys. et Nat.)», noviembre de 1862.) La he leído con el mayor interés, como es natural para mí; pero usted tiene el arte de hacer que temas, que podrían ser áridos, fluyan fácilmente. Me he quedado francamente asombrado por la cantidad de variabilidad individual en los robles. Nunca antes había visto este tema en ninguna rama de la naturaleza trabajado con tanto cuidado. ¡Qué trabajo debe haberle costado! Usted habló en una carta de los años que avanzan; pero estoy muy seguro de que nadie habría sospechado que usted sintiera esto. Me he interesado por cada parte; aunque soy tan desafortunado como para diferir de la mayoría de mis contemporáneos al pensar que las vastas extensiones continentales (160/2. Véanse las Cartas 47, 48.) de Forbes, Heer y otros no solo se presentan sin pruebas suficientes, sino que se oponen a mucha evidencia de peso. Usted se refiere a mi trabajo con el espíritu más amable y generoso. Estoy totalmente satisfecho con el grado de creencia al que usted llega, y en absoluto sorprendido por las prudentes reservas que usted hace. Recuerdo bien cuántos años me costó dejar atrás viejas creencias. Es alentador para mí observar que todo aquel que ha avanzado un centímetro conmigo, después de un tiempo avanza algunos centímetros más o incluso metros. Pero el gran punto, según me parece, es abandonar la inmutabilidad de las formas específicas; mientras se piensen inmutables, no puede haber un progreso real en la «Epiontología». (160/3. Véase De Candolle, loc. cit., página 67: define «Epiontologie» como el estudio de la distribución y sucesión de los seres organizados desde su origen hasta el presente. Actualmente la Epiontología se divide en geografía y paleontología, «mais cette division trop inegale et a limites bien vagues disparaitra probablement».) Poco importa a nadie, excepto a mí mismo, si estoy un poco más o menos equivocado en este o aquel punto; de hecho, estoy seguro de que se demostrará que me equivoco en muchos puntos. Pero el tema tendrá, estoy convencido, un gran futuro. Teniendo en cuenta que las aves son el grupo más aislado del reino animal, ¡qué espléndido caso es esta criatura ave de Solenhofen con su larga cola y dedos en sus alas! Últimamente he estado usando y citando diaria y constantemente su «Botánica Geográfica» en mi libro sobre «La variación bajo la domesticación».

CARTA 161. A HORACE DOBELL. Down, 16 de febrero [1863].

La ausencia de casa y la consecuente ociosidad son las causas por las que no le he agradecido antes su muy amable presente de sus conferencias. (161/1. «On the Germs and Vestiges of Disease» (Londres), 1861.) Su razonamiento parece bastante satisfactorio (aunque el tema está algo fuera de mi límite de pensamiento y conocimiento) sobre que la V.M.F. no sea «una cantidad dada». (161/2. «Ha sido demasiado común considerar la fuerza exhibida en las operaciones de la vida (la V.M.F.) como una cantidad dada, a la que no se pueden hacer adiciones, pero que se distribuye a cada ser vivo en cantidad suficiente para sus necesidades, de acuerdo con alguna ley oculta» (op. cit., página 41).) Y puedo ver que las condiciones de vida deben desempeñar un papel muy importante al permitir que esta cantidad aumente, como en la brotación de un árbol, etc. Hasta qué punto estas condiciones actúan sobre «las formas de la vida orgánica» (página 46) no lo veo claramente. De hecho, ninguna parte de mi tema me ha dejado tan completamente perplejo como determinar qué efecto atribuir a (lo que llamo vagamente) la acción directa de las condiciones de vida. Pronto llegaré a este tema, y debo esforzarme por llegar a alguna conclusión cuando tenga la masa de hechos recopilados en algún orden en mi mente. Mi impresión actual es que he subestimado esta acción en el «Origin». No dudo que cuando revise su volumen encontraré otros puntos de interés y valor para mí. Ya he tropezado con un caso (sobre el cual quiero consultar al Sr. Paget), a saber, sobre el recrecimiento de dedos supernumerarios. (161/3. Véanse las Cartas 178, 270.) Usted se refiere a «White on Regeneration, etc., 1785». He estado en las bibliotecas de las Sociedades Real y Linneana, y en el Museo Británico, donde los bibliotecarios sacaron su volumen e hicieron una búsqueda especial, y no pudieron descubrir rastro de tal libro. ¿Me concederá el favor de darme alguna pista sobre dónde podría ver el libro? ¿Lo tiene usted? Si es así, y el caso se presenta brevemente, ¿tendría la gran amabilidad de copiarlo? Deseo mucho conocer todos los detalles. Me han dado un caso, pero apenas con los detalles suficientes, de un dedo meñique supernumerario que ya ha sido cortado dos veces, y ahora la operación pronto tendrá que hacerse por tercera vez. Estoy sumamente agradecido por el cuadro genealógico; el hecho de que los dos primos no transmitan, por lo que parece hasta ahora, la peculiaridad es extraordinario, y debo incluirlo.

CARTA 162. A C. LYELL. [17 de febrero de 1863.]

El mismo correo que trajo el adjunto trajo el panfleto de Dana sobre el mismo tema. (162/1. El panfleto al que se hace referencia fue publicado en el "Silliman's Journal", Volumen XXV, 1863, páginas 65 y 71, también en los "Annals and Magazine of Natural History", Volumen XI, páginas 207-14, 1863: "On the Higher Subdivisions in the Classification of Mammals" [Sobre las subdivisiones superiores en la clasificación de los mamíferos]. En este artículo, Dana sostiene la opinión de que "el derecho del hombre a una posición por sí mismo, separado de los otros mamíferos en la clasificación, parece estar fijado tanto por motivos estructurales como físicos" (página 210). Su descripción es la siguiente:--

I. ARCHONTIA (vel DIPODA) Hombre (solo).

II. MEGASTHENA. III. MICROSTHENA. Quadrumana. Cheiroptera. Carnivora. Insectivora. Herbivora. Rodentia. Mutilata. Bruta (Edentata).

IV. OOTICOIDEA. Marsupialia. Monotremata.)

El conjunto me parece una locura absoluta. Si no hubiera existido el deseo preconcebido de separar a los hombres, no puedo creer que Dana o alguien más se hubiera basado en una distinción tan pequeña como la de que el hombre adulto no usa sus extremidades anteriores para la locomoción, viendo que los monos usan sus extremidades en todos los demás aspectos para el mismo propósito que el hombre. Llevar adelante principios análogos (pues no son idénticos; en los crustáceos las extremidades cefálicas están situadas cerca de la boca) desde los crustáceos hasta la clasificación de los mamíferos me parece una locura. ¿Quién soñaría con hacer una distinción fundamental en las aves, basándose en que las extremidades anteriores no se usan en absoluto en [algunas] aves, o se usan como aletas en el pingüino, y para el vuelo en otras aves?

Avanzo lentamente con su gran obra, pues estoy abrumado con asuntos varios y cartas.

CARTA 163. A J.D. HOOKER.

(163/1. El siguiente extracto se refiere al artículo de Owen en el "Linn. Soc. Journal", junio de 1857, en el que se propuso la clasificación de los Mammalia por caracteres cerebrales. A pesar del hecho de que los hombres y los simios están colocados en subclases distintas, Owen habla (en la nota al pie de página que Huxley aprovechó tan eficazmente) de la determinación de la diferencia entre Homo y Pithecus como la dificultad del anatomista. (Véase la Carta 119.))

5 de julio de 1857.

¡Qué excelente número del "Linnean Journal"! El de Owen es un gran artículo; pero no puedo tragarme que el hombre forme una división tan distinta de un chimpancé como un Ornithorhynchus de un caballo; me pregunto qué diría un chimpancé ante esto. (163/2. Según Owen, la subclase Archencephala contiene solo el género Homo: la Gyrencephala contiene tanto al chimpancé como al caballo, la Lyencephala contiene al Ornithorhynchus.)

CARTA 164. A T.H. HUXLEY. Down [¿febrero?] 26, 1863.

Acabo de terminar con gran interés "Man's Place". (164/1. "Evidence as to Man's Place in Nature" [Evidencia sobre el lugar del hombre en la naturaleza], 1863 (prefacio fechado en enero de 1863).) Nunca dejo de admirar la claridad y el vigor condensado de su estilo, como suele decirse, pero en realidad de su pensamiento. No tengo críticas; ni es probable que pudiera tenerlas. Pero creo que podría haber añadido algún material interesante sobre el carácter o la disposición de los orangutanes jóvenes que han sido mantenidos en Francia e Inglaterra. Hubiera pensado que podría haber ampliado un poco los cambios embriológicos posteriores en el hombre y su estructura rudimentaria, la cola en comparación con la cola de los monos superiores, el hueso intermaxilar, las costillas falsas, y me atrevo a decir que otros puntos, como los músculos de las orejas, etc., etc. Me quedé muy impresionado con admiración ante las primeras páginas de la Parte II. (¡y oh!, qué deliciosa burla, tan buena como un postre, en la página 106) (164/2. Huxley, op. cit., página 106. Después de decir que "no hay más que una hipótesis respecto al origen de las especies de animales en general que tenga existencia científica: la propuesta por el Sr. Darwin", y después de unas pocas palabras sobre Lamarck, continúa: "Y aunque he oído hablar del anuncio de una fórmula relativa al 'devenir continuo ordenado de las formas orgánicas', es obvio que el primer deber de una hipótesis es ser inteligible, y que una proposición equívoca de este tipo, que puede leerse hacia atrás o hacia adelante, o de lado, con exactamente la misma cantidad de significado, no existe realmente, aunque pueda parecerlo". La "fórmula" en cuestión es la de Owen.): pero mi admiración es ilimitada en las páginas 109 a 112. Declaro que nunca en mi vida leí nada más grandioso. El propio Bacon no podría haber cargado unos pocos párrafos con un sentido más condensado y cortante que el que usted ha hecho. Es verdaderamente grandioso. Lamento profundamente que no pudiera, o no quisiera, terminar su libro (no que quiera decir una palabra en contra de la Historia Geológica) con estas páginas. Con un libro, como con un día hermoso, a uno le gusta que termine con una gloriosa puesta de sol. Lo felicito por su publicación; pero no se decepcione si no se vende mucho: partes son altamente científicas, y a menudo he observado que los mejores libros frecuentemente no son apreciados pronto: ciertamente, una gran venta no es prueba del mayor mérito. Pero espero que pueda ser ampliamente distribuido; y me regocijo al ver en su nota a la Srta. Rhadamanthus (164/3. Esto se refiere a la hija del Sr. Darwin (ahora Sra. Litchfield), de quien el Sr. Huxley solía reírse por la severidad de sus críticas.) que se ha solicitado un segundo millar del pequeño libro. Qué carta es esa de Owen en el "Athenaeum" (164/4. Una carta de Owen en el "Athenaeum", 21 de febrero de 1863, respondiendo a las críticas sobre su tratamiento de la cuestión cerebral, que habían aparecido en "Antiquity of Man" de Lyell.); qué hábilmente confundirá y desconcertará por completo al público. De hecho, me confundió bastante, hasta que leí de nuevo su "concise statement" [declaración concisa] (164/5. Esto se refiere a una sección (páginas 113-18) en "Man's Place in Nature", titulada "A succinct History of the Controversy respecting the Cerebral Structure of Man and the Apes" [Una historia sucinta de la controversia respecto a la estructura cerebral del hombre y los simios]. Huxley sigue la cuestión desde el intento de Owen de clasificar los mamíferos por caracteres cerebrales, publicado por la "Linn. Soc." en 1857, hasta su reactivación del tema en la reunión de Cambridge de la Asociación Británica en 1862. Es una acusación tremenda contra Owen, y nos parece que concluye no inadecuadamente con una cita del artículo de Huxley en el "Medical Times", 11 de octubre de 1862. Huxley aquí señala que se han realizado investigaciones especiales sobre la cuestión en disputa "durante los últimos dos años" por Allen Thomson, Rolleston, Marshall, Flower, Schroeder van der Kolk y Vrolik, y que "todos estos observadores capaces y concienzudos" han testificado la exactitud de sus declaraciones, "mientras que ni un solo anatomista, grande o pequeño, ha apoyado al Profesor Owen". Resume el caso una vez más y concluye: "La cuestión se ha convertido así en una de veracidad personal. Por mi parte, no aceptaré otra conclusión que esta, grave como es, para la presente controversia.") (que es capitalmente clara), y entonces vi que mi sospecha era cierta, que él ha cambiado por completo su terreno al tamaño del cerebro. ¡Qué cándido se muestra al haber tomado el cerebro deslizado! (164/6. Owen en el "Athenaeum", 21 de febrero de 1863, admite que en el cerebro que utilizó en la ilustración de sus declaraciones "los hemisferios cerebrales se habían deslizado hacia adelante y separado por detrás de modo que dejaban expuesta una porción del cerebelo.") Tengo una curiosidad inmensa por ver si Lyell responderá. (164/7. La respuesta de Lyell estuvo en el "Athenaeum" el 7 de marzo de 1863.) Lyell ha sido, me temo, bastante imprudente al entrar en un tema sobre el que, por supuesto, no sabe nada por sí mismo. Por los cielos, Owen se sacudirá cuando vea qué antagonista se ha creado en usted. Con gran admiración, adiós.

Estoy terriblemente decepcionado por la excesiva cautela de Lyell (164/8. En "Antiquity of Man": véase "Life and Letters", III, página 8.) al expresar cualquier juicio sobre las Especies o [sobre el] origen del Hombre.

CARTA 165. A JOHN SCOTT. Down, 6 de marzo de 1863.

Le agradezco sus críticas sobre el "Origin", y las cuales no tengo tiempo de discutir; pero no puedo evitar dudar, a partir de su expresión de un "PRINCIPIO... selectivo INNATO", si comprende completamente lo que se entiende por Selección Natural. Ciertamente, cuando habla de formas más débiles (es decir, menos bien adaptadas) cruzándose con las más fuertes, usted toma una visión ampliamente diferente de la que yo tengo sobre la lucha por la existencia; pues tales formas más débiles no podrían existir excepto por la más rara casualidad. Con respecto a la utilidad, reflexione que las 99/100 partes de la estructura de cada ser se deben a la herencia de estructuras anteriormente útiles. Por favor, lea lo que he dicho sobre la "correlación". Las orquídeas deberían mostrarnos cuán ignorantes somos de lo que es útil. Sin duda, se podrían aducir cientos de casos de los cuales no se podría ofrecer ninguna explicación; pero debo detenerme. Su carta me ha interesado mucho. Estoy muy lejos de estar fuerte, y tengo gran temor de que deba detener todo trabajo durante un par de meses para un descanso total, y salir de casa. Será la ruina de todo mi trabajo.

CARTA 166. A J.D. HOOKER. Down, 23 de abril [1863].

Cuanto más pienso en la carta de Falconer (166/1. Publicada en el "Athenaeum" el 4 de abril de 1863, página 459. El autor afirma que Lyell no dejó claro que cierto material utilizado en "Antiquity of Man" fue suministrado por el trabajo original del Sr. Prestwich y él mismo. (Véase "Life and Letters", III, página 19.)) más apenado me siento; él y Prestwich (este último al menos debe mucho a los "Principles") asumen una posición absurdamente injustificable con respecto a Lyell. Es demasiado malo tratar así a un viejo héroe de la ciencia. Puedo ver por una nota de Falconer (sobre un maravilloso fósil de mamífero brasileño, bien llamado Meso- o Typo-therium) que no espera ninguna simpatía de mi parte. Terminará, espero, arrepintiéndose. Lyell se deja abierto a una bofetada al decir que vendría a mostrar sus observaciones originales, y luego no hacerlo claramente; hubiera sido mejor que solo hubiera reclamado, sobre este único punto del hombre, la verificación y compilación.

En conjunto, me gusta mucho la carta de Lyell. Pero todas estas disputas hundirán mucho a los hombres de ciencia. Ya he visto una burla en el "Times".

CARTA 167. A H.W. BATES. En casa del Rev. C. Langton, Hartfield, Tunbridge Wells, 30 de abril [1863].

Habrá recibido antes de esto la nota que dirigí a Leicester, después de terminar el Volumen I, y habrá recibido copias de mi pequeña reseña (167/1. "Nat. Hist. Review", 1863, página 219. Una reseña del artículo de Bates sobre las mariposas miméticas.) de su artículo... Ahora he terminado el Volumen II, y mi opinión sigue siendo la misma: que ha escrito una obra verdaderamente admirable (167/2. "The Naturalist on the Amazons", 1863.), con excelentes observaciones originales, descripciones de primera categoría, y todo ello en un estilo que no podría ser mejorado. Mi familia está leyendo ahora el libro, y lo admiran extremadamente; y, como observa mi esposa, tiene un aire tan fuerte de veracidad. Tuve una carta de una persona el otro día, desconocida para usted, llena de elogios hacia el libro. Espero de verdad que se oiga hablar mucho de él y se circule; pero hasta cierto punto esto, creo, siempre depende del azar.

¿Supongo que el sonido de chasquido de sorpresa hecho por el indio es el que hace la punta de la lengua, aplicada al paladar de la boca y repentinamente retirada?

No he escrito desde que recibí su nota del 20 de abril, en la que me confió y me contó sus perspectivas. De todo corazón deseo que fueran mejores, y especialmente más seguras; pero con sus habilidades y poderes de escritura será extraño si no puede añadir lo poco que necesita para sus ingresos. Me alegra que haya conseguido una situación retirada y semirrural. ¡Qué final tan grandioso le da a su libro, contrastando la civilización y la vida salvaje! Lamento bastante haberlo terminado: cada tarde era un verdadero placer para mí tener mi media hora en el gran bosque amazónico, y representarme sus vívidas descripciones. Hay montones de hechos de valor para mí desde un punto de vista de historia natural. Fue una gran desgracia que se le impidiera dar la discusión sobre las especies. Pero usted, espero, será capaz de dar sus puntos de vista y hechos en algún otro lugar.

CARTA 168. A J.D. HOOKER. Down, 15 de mayo [1863].

Su carta recibida esta mañana me interesó más que incluso la mayoría de sus cartas, y eso es decir mucho. Debo garabatear un poco sobre varios puntos. Sobre Lyell y las especies: creo, de verdad, que usted resume todo el caso cuando dice que es "de corazón tibio y de cabeza completa". (168/1. La decepción de Darwin con el punto de vista cauteloso adoptado por Lyell en "Antiquity of Man" se ilustra en "Life and Letters", III, páginas 11, 13. Véase también la Carta 164, página 239.) Le escribí a A. Gray que, cuando veía a hombres como Lyell y él negarse a juzgar, me ponía en desesperación, y que a veces pensaba que preferiría que Lyell hubiera juzgado en contra de la modificación de las especies antes que profesar incapacidad para decidir; y le dejé a él aplicar esto a sí mismo. Me alegra de todo corazón oír que usted intenta reunir de nuevo a L. y F. (168/2. Falconer afirmó que Lyell no había "hecho justicia a la parte que él tomó en resucitar la cuestión de las cuevas". Véase "Life and Letters", III, página 14.); pero, ¿no sería mejor esperar hasta que se hayan enfriado un poco? Usted hará a la Ciencia un servicio realmente bueno. Falconer nunca perdonó a Lyell por quitarle los huesos de Purbeck y entregárselos a Owen.

Con respecto a las floras insulares, si entiendo correctamente, diferimos casi únicamente en cómo llegaron allí las plantas por primera vez. Supongo que a intervalos largos, desde tan atrás como los últimos períodos Terciarios hasta el presente, las plantas llegaron ocasionalmente (en algunos casos, quizás, ayudadas por corrientes diferentes de las corrientes existentes y por antiguas islas), y que estas antiguas llegadas han sobrevivido poco modificadas en las islas, pero se han modificado enormemente o se han extinguido en el continente. Si entiendo bien, usted cree que todas las islas estaban anteriormente unidas a los continentes, y entonces recibieron todas sus plantas y ninguna desde entonces; y que en las islas han sufrido menos extinción y modificación que en el continente. El número de formas animales en las islas, muy estrechamente aliadas a las de los continentes, con unas pocas extremadamente distintas y anómalas, no me parece que armonice bien con su supuesta visión de que todas habían llegado anteriormente o más bien habían sido dejadas juntas en la isla.

CARTA 169. A ASA GRAY. Down, 31 de mayo [¿1863?].

Me alegró mucho recibir su reseña (169/1. La reseña sobre la obra de De Candolle sobre los robles (A. Gray's "Scientific Papers", I, página 130).) de De Candolle hace una semana. Me parece excelente, y usted habla, creo, más claramente a favor de la derivación de las especies que hasta ahora, aunque dudoso sobre la Selección Natural. Conceda la primera, y estaré tranquilo sobre la segunda. ¿No considera tales casos como todas las orquídeas algo casi cercano a una demostración contra la visión de Heer de que las especies surgen repentinamente por monstruosidades? Es imposible imaginar tantas coadaptaciones formándose todas por un golpe de azar. Por supuesto, los creacionistas cortarían el enigma.

CARTA 170. A T.H. HUXLEY. 27 de junio [¿1863?].

¿Qué está haciendo ahora? Nunca he conseguido el "Edinburgh Review", en el que oigo que usted es bien maltratado. Por cierto, oí hace poco de Asa Gray que Wyman estaba encantado con "Man's Place". (170/1. "Evidence as to Man's Place in Nature", por T.H. Huxley, 1863.) Me pregunto quién es el que lanza críticas débiles, pero virulentas contra usted, en la "Anthropological Review". ¡Qué callado parece Owen! Empiezo al fin a creer que terminará por caer en la estimación pública. ¡Qué sinsentido escribió en el "Athenaeum" (170/2. "Athenaeum", 28 de marzo de 1863. Véase "Life and Letters", III, página 17.) sobre la Heterogenia! Vi en su artículo (creo) sobre el Aye-Aye (170/3. Véase Owen en "Trans. Zool. Soc.", Volumen V. La frase a la que se hace referencia parece ser la siguiente (página 95): "No conocemos cambios en progreso en la Isla de Madagascar, que necesiten una búsqueda especial de larvas que perforan madera por pequeños cuadrúpedos de los tipos de organización Lemurina o Sciurina".) que se burla de la manera en que él supone que deberíamos explicar la estructura de sus extremidades; y pregunta cómo sabemos que ciertos insectos habían aumentado en los bosques de Madagascar. ¿No sería una buena réplica preguntarle cómo sabe él que había árboles en absoluto en las llanuras desnudas de La Plata para que sus Mylodons los derribaran? Pero debo detenerme, pues si empiezo una vez sobre [él] no habrá fin. Quedé decepcionado con la parte sobre las especies en Lyell. (170/4. Lyell's "Antiquity of Man". Véase "Life and Letters", III, página 11.) Usted y Hooker son los únicos dos hombres audaces. He tenido una mala primavera y verano, casi constantemente muy indispuesto; pero me estoy arrastrando en mi libro sobre "Variation under Domestication" [Variación bajo domesticación].)

CARTA 171. A C. LYELL. Down, 14 de agosto [1863].

¿Ha visto las observaciones de Bentham sobre las especies en su discurso a la Sociedad Linneana? (171/1. Discurso presidencial ante la Sociedad Linneana por G. Bentham ("Journ. Proc. Linn. Soc." Volumen VII, página xi, 1864).) me han complacido más que cualquier cosa que haya leído en algún tiempo. No tengo noticias, pues no he visto a nadie en meses, y he tenido una mala primavera y verano, pero he logrado hacer una buena cantidad de trabajo. Emma me está amenazando con llevarme a Malvern, y quizás me veré obligado, pero es una pérdida de tiempo horrible; usted debe haber disfrutado el Norte de Gales, debería pensar, es para mí un país de lo más glorioso...

Si no ha leído el libro de Bates (171/2. Henry Walter Bates, "The Naturalist on the River Amazons", 2 volúmenes, Londres, 1863. En una carta a Bates, 18 de abril de 1863, Darwin escribe: "Es la mejor obra de viajes de historia natural jamás publicada en Inglaterra" ("Life and Letters", II, página 381.), creo que le interesaría. Él es solo superado por Humboldt en la descripción de un bosque tropical. (171/3. Citado en "Life and Letters", II, página 381.). Hablando de lectura, nunca he conseguido el "Edinburgh" (171/4. "Geological Evidence of the Antiquity of Man", por Sir Charles Lyell, y obras de otros autores reseñadas en el "Edinburgh Review". Volumen CXVIII, julio de 1863. El autor resume su crítica de la siguiente manera: "Al echar un vistazo a la obra de Sir Charles Lyell en su conjunto, deja la impresión en nuestras mentes de que hemos estado leyendo una ingeniosa tesis académica, en lugar de una obra de demostración por un autor original... No hay argumento en ella, y solo unos pocos hechos que no hayan sido expuestos en otra parte por el mismo Sir C. Lyell o por otros" (loc. cit., página 294).), en el que, supongo, usted es destrozado.

CARTA 172. A H. FALCONER. 26 de diciembre [1863].

Gracias por contarme sobre el mamífero del Plioceno, que es muy notable; ¿pero no ha declarado Owen que el tejón del Plioceno es idéntico al reciente? Tal caso muestra de hecho muy bien la duración estupenda de la misma forma. No he oído hablar del panfleto de Suess (172/1. Probablemente el artículo de Suess "Ueber die Verschiedenheit und die Aufeinanderfolge der tertiaren Land-faunen in der Niederung von Wien". "Sitz.-Ber. Wien Akad." XLVII, página 306, 1863.), y me gustaría mucho saber el título, si se puede conseguir; pero estoy en diferentes temas justo en este momento. Me gustaría bastante ver que se hace altamente probable que el proceso de formación de una nueva especie fuera corto comparado con su duración; es decir, si se permitiera que el proceso fuera lento y largo; la idea es nueva para mí. La visión de Heer de que las especies nuevas se forman repentinamente como monstruos, siento una convicción por muchas razones de que es falsa.

CAPÍTULO 1.IV.--EVOLUCIÓN, 1864-1869.

CARTA 173. A A.R. WALLACE. Down, 1 de enero de 1864.

Todavía me es imposible escribir de otro modo que no sea dictando. En una carta recibida hace dos o tres semanas de Asa Gray, él escribe: "He leído últimamente con gusto la exposición de Wallace sobre el artículo del hombre de Dublín sobre las celdillas de las abejas, etc." (173/1. "Observaciones sobre el artículo del reverendo S. Haughton sobre la celdilla de la abeja y sobre el origen de las especies" ("Ann. and Mag. Nat. Hist." XII., 1863, página 303). El artículo del profesor Haughton fue leído ante la Sociedad de Historia Natural de Dublín, el 21 de noviembre de 1862, y reimpreso en el "Ann. and Mag. Nat. Hist." XI., 1863, página 415. Véanse las cartas 73, 74, 75.) Ahora bien, aunque no puedo leer en este momento, deseo mucho saber dónde está publicado esto, para poder conseguir una copia. Más adelante, Asa Gray dice (después de hablar sobre el artículo de Agassiz sobre los glaciares en el "Atlantic Magazine" y su reciente libro titulado "Method of Study"): "Le ruego que ponga a Wallace a trabajar sobre estos artículos". Así pues, Asa Gray parece tener en gran estima sus capacidades como crítico, y menciono esto pues es, sin duda, laudari a laudato. Espero que esté trabajando arduamente, y si se siente inclinado a decírmelo, me gustaría mucho saber qué está haciendo. Temo que pasarán muchos meses antes de que yo haga nada.

CARTA 174. A J.L.A. DE QUATREFAGES. Down, 27 de marzo [¿1864?].

Había oído que su obra iba a ser traducida, y lo escuché con placer; pero no puedo atribuirme ningún mérito, pues no soy un miembro activo, solo honorario, de la Sociedad. Desde que escribí, he terminado con extremo interés hasta el final su admirable obra sobre la metamorfosis. (174/1. Probablemente "Metamorfosis del hombre y de los animales inferiores". Traducido por H. Lawson, 1864.) ¡Qué bien conoce usted las obras de los naturalistas ingleses, y con cuánta generosidad les otorga honores! El Sr. Lubbock es mi vecino, y lo conozco desde que era un niño pequeño; es en todos los sentidos un hombre completamente bueno; al igual que mi amigo Huxley. Me produjo un placer real verle reconocer sus trabajos como lo ha hecho.

CARTA 175. A T.H. HUXLEY. Down, 11 de abril [1864].

Estoy muy agradecido por el regalo de su "Anatomía comparada". (175/1. "Lecciones sobre los elementos de anatomía comparada", 1864.) Cuando esté lo suficientemente fuerte, estoy seguro de que la leeré con el mayor interés. No pude resistirme al último capítulo, del cual he leído una parte, y me he interesado mucho por el "idiota inspirado". (175/2. En referencia a Oken (op. cit., página 282), Huxley dice: "Debo confesar que nunca leo sus obras sin pensar en el epíteto de 'idiota inspirado' aplicado a nuestro propio Goldsmith"). Si Owen escribió el artículo "Oken" (175/3. El artículo sobre Oken en la octava edición de la "Encyclopaedia Britannica" está firmado "R.O.": Huxley escribió a Darwin (18 de abril de 1864): "No hay la menor duda de que Owen escribió tanto el artículo 'Oken' como el libro 'Archetype'" (Huxley's "Life", I., página 250). Las declaraciones del Sr. Huxley equivalen a esto: (1) El profesor Owen acusa a Goethe de haber apropiado en 1820 la teoría del cráneo de Oken, y de haber dado una versión apócrifa de cómo le ocurrió la idea a él mismo en 1790. (2) en el mismo artículo, página 502, Owen afirmó que era cuestionable si el descubridor de la verdadera teoría de la constitución segmentaria del cráneo (es decir, él mismo) fue estimulado a sus trabajos, o "influenciado de alguna manera por las suposiciones a priori de Oken". Sobre esto Huxley escribe, página 288: "Pero si él mismo no fue influenciado de ninguna manera por Oken, y si el 'Programm' [de Oken] es una mera masa de 'suposiciones a priori', ¿cómo es posible que solo tres años antes el Sr. Owen pudiera escribir así? 'Oken, ce génie profond et pénétrant, fut le premier qui entrevit la vérité, guidé par l'heureuse idée de l'arrangement des os crâniens en segments, comme ceux du rachis, appelés vertèbres...'" Más adelante Owen escribió: "Cela servira pour exemple d'une examen scrupuleux des faits, d'une appréciation philosophique de leurs relations et analogies, etc." (De "Principes d'Ostéologie comparée, ou Recherches sur l'Archetype", etc., páginas 155, 1855). (3) Finalmente Huxley dice, página 289, claramente: "El hecho es que, lejos de no haber sido 'influenciado de ninguna manera' por Oken, las propias contribuciones del profesor Owen a esta cuestión son el más puro Okenismo, remanié.") y la obra francesa sobre el Arquetipo (puntos que usted no deja del todo claros), nunca cometió un acto más vil... Usted es tan buen cristiano que difícilmente comprenderá cómo me río de esta pizca de vileza. Espero que se mantenga bien y con ánimo; honro su sabiduría al dejar de lado por el momento la Sociedad por la Ciencia. Pero, por otro lado, siento en mí la posibilidad de llegar a preocuparme demasiado por la Ciencia Natural y demasiado poco por otras cosas. Estoy mejorando, casi me atrevo a esperar que de forma permanente; pues mi enfermedad es decididamente menor: durante veintisiete días consecutivos estuve enfermo muchas veces al día, y últimamente estuve cinco días libre. Anhelo volver a hacer un poco de trabajo. El magnífico (de lejos el más magnífico, y demasiado magnífico) cumplido que me dedicó al final de su "Origen de las especies" (175/4. Un título aplicado a las "Lecciones para los trabajadores", ese "pequeño libro verde" al que se hace referencia en la carta 156. Hablando de la obra del Sr. Darwin, dice (página 156): "Creo que si la despojas de su parte teórica, sigue siendo una de las mayores enciclopedias de doctrina biológica que jamás haya producido un hombre; y creo que, si la tomas como la encarnación de una hipótesis, está destinada a ser la guía de la especulación biológica y psicológica para las próximas tres o cuatro generaciones.") me lo he encontrado reimpreso de usted dos o tres veces últimamente.

CARTA 175A. A ERASMUS DARWIN. Down, 30 de junio de 1864.

(175A.1. La carta anterior contiene una referencia al prolongado período de mala salud que Darwin sufrió en 1863 y 1864, y en este sentido la presente carta es de interés.

La Medalla Copley le fue otorgada en 1864.)

No había oído ni una palabra sobre la Medalla Copley. Por favor, dé a Falconer mis cordiales gracias por su interés en mí. Adjunto la lista de todo lo publicado por mí, excepto unos pocos artículos sin importancia. Pídale a Falconer que no mencione que envié la lista, ya que alguien podría decir que he estado haciendo campaña, lo cual es una imputación odiosa. El origen del viaje en el "Beagle" fue que Fitz-Roy ofreció generosamente ceder la mitad de su camarote a cualquiera que se ofreciera como voluntario para ir como naturalista. Beaufort escribió a Cambridge, y yo me ofrecí. Fitz-Roy nunca me convenció de abandonar el viaje a causa de la enfermedad, ni pensé nunca en hacerlo, aunque sufrí considerablemente; pero no creo que fuera la causa de mi mala salud posterior, que me ha hecho perder tantos años, y por lo tanto no creo que el mareo valiera la pena mencionarlo. Le ahorraría molestias si reenvía esto con mis más amables recuerdos a Falconer.

(176/1. La siguiente carta fue el comienzo de una correspondencia con el Sr. B.D. Walsh, a quien C.V. Riley describe como "uno de los entomólogos más capaces y completos de nuestro tiempo".)

CARTA 176. B.D. WALSH A CHARLES DARWIN. Rock Island, Illinois, EE. UU., 29 de abril de 1864.

(176/2. Las palabras entre corchetes son restauraciones de partes arrancadas de la carta original.)

Hace más de treinta años fui presentado a usted en sus habitaciones en Christ's College por A.W. Grisebach, y tuve el placer de ver su noble colección de coleópteros británicos. Algunos años después me hice miembro de Trinity, y finalmente renuncié a mi beca antes que tomar las órdenes, y vine a este país. Durante los últimos cinco o seis años he prestado una atención considerable a la fauna de insectos de los EE. UU., algunos de cuyos frutos verá en los folletos adjuntos. Permítame aprovechar esta oportunidad para agradecerle la publicación de su "Origen de las especies", que leí hace tres años por consejo de un amigo botánico, aunque tenía un fuerte prejuicio contra lo que entonces suponía que eran sus opiniones. La primera lectura me dejó pasmado, la segunda me convenció, y cuanto más la leo, más convencido estoy de la solidez general de su teoría.

Como usted ha pedido a los naturalistas que creen en sus puntos de vista que den testimonio público de sus convicciones, he dirigido su atención en el exterior de uno o dos de mis folletos a los pasajes particulares en los que [he] hecho tal cosa. Le ruego que acepte estos documentos de mi parte en señal de mi respeto y admiración.

Como podrá ver en el último de estos artículos, [he] hecho recientemente el notable descubrimiento de que [existen los] llamados "tres sexos" no solo en los insectos sociales sino [también en el] género estrictamente solitario Cynips.

¿Cuándo aparecerá su gran obra? [Me gustaría] mucho recibir unas líneas de usted.

CARTA 177. A B.D. WALSH. Down, 21 de octubre [1864].

La mala salud me ha impedido agradecerle antes su carta tan amable y sus varios memorandos.

Me ha complacido mucho ver con qué audacia y claridad habla usted sobre la modificación de las especies. Le agradezco que me haya dado las páginas de referencia; pero eran superfluas, pues encontré tantos comentarios originales y profundos que he examinado cuidadosamente todos los artículos. Espero que su descubrimiento sobre la Cynips (177/1. "Sobre el dimorfismo en el género himenóptero Cynips", "Proc. Entom. Soc. Philadelphia", marzo de 1864. La opinión del Sr. Walsh es que Cynips quercus aciculata es una forma dimórfica de Cynips q. spongifica, y ocurre solo como hembra. Cynips q. spongifica también produce hembras y machos spongifica a partir de otras agallas en una época diferente del año.) se mantenga, pues es notable, y yo, por mi parte, a menudo me he preguntado cuál podría ser el significado del caso. Prestaré su artículo a mi vecino, el Sr. Lubbock, quien sé que está muy interesado en el tema. Incidentalmente, me aprovecharé de sus comentarios sobre las agallas. Si tiene tiempo, creo que valdría la pena intentar un experimento bastante desesperado; de cualquier modo, yo lo habría intentado si mi salud me lo hubiera permitido. Se trata de insertar un grano diminuto de alguna sustancia orgánica, junto con el veneno de abejas, avispas areneras, icneumónidos, víboras e incluso venenos alcaloides en los tejidos de plantas apropiadas, por la posibilidad de que se produzcan crecimientos monstruosos. (177/2. Véase "Life and Letters", III., página 346, para un relato de los experimentos intentados en esta dirección por el Sr. Darwin en 1880. Sobre los efectos de dañar los tejidos vegetales, véase Massart, "La Cicatrisation, etc." en el Tomo LVII. de las "Mémoires Couronnées" de la Academia de Bruselas.)

Mi salud ha sido pobre durante mucho tiempo, y últimamente he sufrido una larga enfermedad que ha interrumpido todo el trabajo, pero ahora estoy recomenzando un volumen en relación con el "Origen".

P.D.--Si escribe de nuevo, me gustaría mucho saber cómo es su vida en su nuevo país.

¿Cuál puede ser el significado o la utilidad de la gran diversidad de los órganos generativos externos en sus casos, en Bombus, y en los coleópteros fitófagos?

¿Qué puede haber en el acto de la cópula que requiera un aparato tan complejo y diversificado?

CARTA 178. A W.H. FLOWER. Down, 11 de julio de 1864.

Estoy verdaderamente agradecido por todas las molestias que se ha tomado por mí, y por su nota tan interesante. Solo había oído decir vagamente que las ranas tenían un rudimento de un sexto dedo; si hubiera sabido que hombres tan grandes se habían fijado en el punto, no habría soñado con mirar yo mismo. El rudimento que le envié era de una rana adulta; de modo que si estos huesos son los dos cuneiformes, deben, creo yo, ser considerados en una condición rudimentaria. Esta tarde mi jardinero trajo algunos renacuajos con las patas traseras únicamente desarrolladas, y miré el rudimento. A esta edad ciertamente parece extremadamente como un dígito, pues la extremidad está agrandada como la del dedo real contiguo, y la articulación transversal parece similar. Lamento que el caso sea dudoso, pues si estos batracios tuvieran seis dedos, ciertamente creo que habría arrojado luz sobre la fuerza verdaderamente extraordinaria de la herencia en la polidactilia en tantos animales, y especialmente sobre el poder de regeneración en los dedos supernumerarios amputados. (178/1. En la primera edición de "La variación de los animales y plantas bajo domesticación", se sostiene la opinión aquí dada, pero en la segunda edición (Volumen I., página 459) Darwin retiró su creencia de que el desarrollo de dedos supernumerarios en el hombre es "un caso de reversión a un progenitor de organización baja provisto de más de cinco dedos". Véanse las cartas 161, 270.)

CARTA 179. A J.D. HOOKER. Down [22 de octubre de 1864].

Los Lyell han estado aquí, y fueron extremadamente agradables, pero solo los vi ocasionalmente durante diez minutos, y cuando se fueron tuve un día terrible [de enfermedad]; pero ahora estoy recuperándome lentamente hasta mi estándar anterior. Pronto estaré confinado a una tumba viviente, y es un mal terrible.

Supongo que ha leído a Tyndall. (179/1. Probablemente Tyndall "Sobre la conformación de los Alpes" ("Phil. Mag." 1864, página 255).) He vuelto de nuevo a la opinión de Ramsay (179/2. "Phil. Mag." 1864, página 293.), por tercera o cuarta vez; pero Lyell dice que cuando lea su discusión en los "Elements", me retractaré por quinta vez. (179/3. Esto se refiere a una discusión sobre la "Conexión de la predominancia de los lagos con la acción glacial" ("Elements", Edición VI., páginas 168-74). Lyell se adhiere a las opiniones expresadas en la "Antigüedad del hombre" (1863) contra la teoría de Ramsay sobre el origen de las cuencas lacustres por la acción del hielo.) ¡Qué escritor tan excelente es Tyndall!

En su última nota pregunta qué es la prímula elatior (Bardfield oxlip). Es P. elatior de Jacq., que ciertamente parece, cuando crece, a los ojos comunes diferente del oxlip común. Lucharé contra usted hasta la muerte en que, como la prímula y la primavera son diferentes en apariencia (por no mencionar el olor, el hábitat y el rango), y como ahora puedo demostrar que, cuando se cruzan, la descendencia intermedia es estéril como los híbridos ordinarios, deben ser llamadas especies tan buenas como un hombre y un gorila.

Estoy de acuerdo en que si la primavera roja de Scott creciera silvestre o se extendiera y no variara [hacia] la primavera común (y no tenemos absolutamente ninguna prueba de que la prímula o la primavera varíen entre sí), y como no se cruzará con la primavera, sería una especie perfectamente buena. El poder de permanecer constante durante un buen período de tiempo lo considero como la esencia de una especie, combinado con una cantidad apreciable de diferencia; y nadie puede decir que no existe esta cantidad de diferencia entre la prímula y la oxlip.

(LÁMINA: HUGH FALCONER, 1844. De una fotografía de Hill & Adamson.)

CARTA 180. HUGH FALCONER A W. SHARPEY.

(180/1. Falconer había propuesto a Darwin para la Medalla Copley de la Royal Society (que le fue otorgada en 1864), pero al estar detenido en el extranjero, dio sus razones para apoyar a Darwin para este honor en una carta a Sharpey, el Secretario de la Royal Society. Una copia de la carta aquí impresa parece haber sido entregada a Erasmus Darwin, y por él mostrada a su hermano Charles.)

Montauban, 25 de octubre de 1864.

Busk y yo hemos hecho todo lo posible por estar de vuelta en Londres para el día 27, pero hemos sido perseguidos por percances (a través de averías de trenes, diligencias, etc.), de modo que nos hemos visto tristemente alterados en nuestros planes, y hemos perdido algunos de los objetivos principales que nos trajeron por esta parte de Francia, ninguno de los cuales era ocioso ni sin importancia.

Busk salió ayer hacia París desde Bruniquel, para asegurarse de estar presente en la reunión del Consejo Real el jueves. Le dirá que hubo razones de peso para que yo me quedara atrás. Pero como secundé la propuesta del Sr. Darwin para la Medalla Copley, en ausencia mía en la primera reunión, le ruego que exprese mis grandes lamentos al Presidente y al Consejo por no estar allí, y que estoy muy renuentemente detenido. Ciertamente estaré en Londres (D.V.) para la segunda reunión el día 3 próximo. Mientras tanto, solicito el favor de ser escuchado, a través de usted, con respecto a los motivos por los cuales secundé la nominación del Sr. Darwin para la Medalla Copley.

Refiriéndome a la lista clasificada que elaboré de los trabajos científicos del Sr. Darwin, que abarcan el amplio campo de (1) Geología, (2) Geografía física, (3) Zoología, (4) Botánica fisiológica, (5) Biología genética, y al poder con el que ha investigado cualquier tema que ha emprendido (Nullum quod tetigit non ornavit), soy de la opinión de que el Sr. Darwin no solo es uno de los naturalistas más eminentes de su tiempo, sino que en el futuro será considerado como uno de los grandes naturalistas de todos los países y de todos los tiempos. Su temprano trabajo sobre la estructura y distribución de los arrecifes de coral constituye una era en la investigación del tema. Como trabajo monográfico, puede compararse con el "Ensayo sobre el rocío" del Dr. Wells, como original, exhaustivo y completo, conteniendo la observación más minuciosa con generalizaciones grandes e importantes.

Entre los zoólogos, sus monografías sobre los Balanidae y Lepadidae, fósiles y recientes, en las publicaciones de las Sociedades Palaeontographical y Ray, se consideran modelos de su clase.

En Botánica fisiológica, sus recientes investigaciones sobre el dimorfismo de los órganos genitales en ciertas plantas, incorporadas en sus artículos en el "Linnean Journal", sobre Primula, Linum y Lythrum, son del más alto orden de importancia. Abren una nueva mina de observación sobre un campo que apenas había sido tocado antes. La misma observación se aplica a sus investigaciones sobre la estructura y diversas adaptaciones de la flor de las orquídeas a un objeto definido relacionado con la impregnación de las plantas a través de la agencia de insectos con polen extraño. Aún no ha habido tiempo para que su debida influencia sea sentida en el avance de la ciencia. Pero en cualquiera de los dos temas constituyen un avance per saltum. No necesito insistir en el valor de sus investigaciones geológicas, que le valieron uno de los primeros premios de la Medalla Wollaston de la Sociedad Geológica, el mejor de los jueces en la materia.

Y finalmente, el gran ensayo del Sr. Darwin sobre el "Origen de las especies" por Selección Natural. Este solemne y misterioso tema había sido tratado de manera tan ligera o tan grotesca antes, que apenas era considerado dentro de los límites de una investigación filosófica legítima. El Sr. Darwin, después de veinte años de estudio e investigación minuciosos, publicó sus puntos de vista, y basta decir que fijaron instantáneamente la atención de la humanidad en todo el mundo civilizado. Que los esfuerzos de una sola mente hayan llegado al éxito en un tema de tan vasto alcance, y rodeado de tales dificultades, era más de lo que razonablemente se podría haber esperado, y estoy lejos de pensar que Charles Darwin ha probado todo su caso. Pero lo ha tratado con tal poder y en un espíritu tan filosófico y buscador de la verdad, e ilustrado con tal cantidad de observaciones originales y cotejadas que ha llevado justamente el tema dentro de los límites de la investigación científica racional. Considero que este gran ensayo sobre Biología genética constituye una fuerte pretensión adicional en nombre del Sr. Darwin para la Medalla Copley. (180/2. La siguiente carta (3 de diciembre de 1864), del Sr. Huxley a Sir J.D. Hooker, está reimpresa, con el amable permiso del Sr. L. Huxley, de la "Vida" de su padre, I., página 255. El discurso de Sabine (del "Reader") se da en "Life and Letters", III., página 28. En las "Actas de la Royal Society", la frase ofensiva está ligeramente modificada. Se dice, en la "Vida" de Huxley (loc. cit., nota), que la frase que le sigue fue introducida para mitigar el efecto:--

"Desearía que hubieras estado en la reunión de aniversario y en la cena, porque esta última fue muy agradable, y la primera, para mí, muy desagradable. Mi desconfianza hacia Sabine es, como sabes, crónica; y fui decidido a mantener una estrecha vigilancia sobre su discurso, no fuera que se introdujera alguna frase astuta perjudicial para Darwin. Mis sospechas se vieron justificadas, la única parte del discurso [relativa] a Darwin escrita por el propio Sabine contenía el siguiente pasaje:

"'Hablando en términos generales y colectivos, hemos omitido expresamente esto [la teoría de Darwin] de los motivos de nuestro premio.'

«Por supuesto, esto sería interpretado por todos como el significado de que, tras la debida discusión, el consejo había resuelto formalmente no solo excluir la teoría de Darwin de los motivos del galardón, sino dar aviso público a través del presidente de que así lo habían hecho, y, además, ¡que los amigos de Darwin habían sido lo suficientemente viles como para aceptar un honor para él bajo el entendido de que, al recibirlo, sería públicamente insultado!

»Sentí que esto no podía ser, y por tanto, cuando se presentó la resolución para imprimir el discurso, pronuncié unas palabras, cuidando de mantenerlas perfectamente serenas y moderadas, desautorizando toda intención de interferir con la libertad del presidente para decir lo que le placiera, pero ejerciendo mi derecho constitucional de exigir que se leyeran las actas del consejo que otorgaron el premio, a fin de que la Sociedad pudiera ser informada de si las condiciones implícitas de Sabine habían sido impuestas o no.

»Se leyó la resolución y, por supuesto, nada de eso apareció. A Sabine no le hizo mucha gracia, creo. Tanto Busk como Falconer le recriminaron el pasaje, y espero que sea retirado cuando el discurso se imprima. Si no, habrá un alboroto tremendo, y yo, por mi parte, no mostraré piedad».

Al formar una estimación del valor y el alcance de las investigaciones del Sr. Darwin, debe tenerse en cuenta la debida consideración a las circunstancias bajo las cuales se han llevado a cabo: una presión de enfermedad incesante, que últimamente no le ha dejado más que una o dos horas del día que pudiera llamar suyas.

CARTA 181. A HUGH FALCONER. Down, 4 de noviembre [1864].

¡Qué buen y amable amigo eres! Sé muy bien que esta medalla debe haberte costado una gran cantidad de molestias. Es un honor muy grande para mí, pero declaro que el saber que tú y algunos otros amigos se han interesado en el tema es la verdadera esencia del disfrute para mí; de hecho, vale para mí mucho más que muchas medallas. Así que acepta mis verdaderos y cordiales agradecimientos. Espero que todavía pueda tener fuerzas para hacer un poco más de trabajo en Ciencias Naturales, por muy viejo y tembloroso que sea. Me he reído y triunfado con tu posdata sobre el pobre M. Brulle y sus jóvenes alumnos (181/1. La siguiente es la posdata en una carta de Falconer a Darwin el 3 de noviembre [1864]: «Regresé anoche de España vía Francia. El lunes estuve en Dijon, donde, mientras estaba en el Museo, M. Brulle, profesor de Zoología, me preguntó cuál era mi opinión sincera sobre la doctrina de Charles Darwin. Me dijo con desesperación que no podía conseguir que sus alumnos escucharan nada de él, ¡excepto a la Darwin! Él, pobre hombre, no podía comprenderlo, y aún seguía sin estar convencido, pero que todos los jóvenes franceses no querían escuchar ni creer en otra cosa»). Hace aproximadamente una semana recibí un relato casi similar desde Alemania, y al mismo tiempo supe de algunos espléndidos conversos en hombres como Leuckart, Gegenbauer, etc. Puedes decir lo que quieras sobre ti mismo, pero considero a un hombre que trata la historia natural con el mismo espíritu que tú, exactamente tan bueno, por lo que creo que es la verdad, como un converso.

CARTA 182. A HUGH FALCONER. Down, 8 de noviembre [1864].

Tu observación sobre la relación entre la concesión de la medalla y el presente estallido de intolerancia no se me había ocurrido. Parece muy cierta, y me hace sentirme más gratificado por recibirla. El general Sabine (182/1. Véase "Life and Letters", III., página 28) me escribió y me pidió que asistiera al aniversario, pero le dije que era realmente imposible. Nunca he sido capaz de conjeturar la causa; pero encuentro que en mis días buenos, cuando puedo escribir durante un par de horas, cualquier cosa que me agite, como hablar durante media o incluso un cuarto de hora, generalmente me postra por completo, a veces incluso durante mucho tiempo después. Creo que asistir al aniversario posiblemente me enfermaría gravemente. Disfrutaría asistiendo y estrechando tu mano y la de algunos de mis otros amigos, pero sería una locura, aunque no me desplomara en ese momento. Le dije a Sabine que no sabía quién me había propuesto y apoyado para la medalla, pero que presumía que eras tú, o Hooker o Busk, y que me sentía seguro de que, si asistías, recibirías la medalla por mí; y que si ninguno de ustedes asistía, Lyell o Huxley la recibirían por mí. ¿La recibirás tú, y podría dejarse en casa de mi hermano?

Nuevamente acepta mis cordiales y duraderos agradecimientos por toda tu bondad y simpatía.

CARTA 183. A B.D. WALSH. Down, 4 de diciembre [1864].

Me ha interesado mucho tu relato de tu vida americana. ¡Qué vida tan extraordinaria y autosuficiente has llevado! ¡Y qué vigor mental debes poseer para seguir la ciencia con tanto ardor después de todo lo que has sufrido! Te estoy muy agradecido por tu panfleto sobre Distribución Geográfica, sobre Agassiz, etc. (183/1. El artículo del Sr. Walsh «Sobre ciertas especulaciones entomológicas de la escuela de entomólogos de Nueva Inglaterra» se publicó en los «Proc. Entomolog. Soc. of Philadelphia», septiembre de 1864, página 207). Estoy encantado con la forma en que has desafiado a este león en su propia guarida. Estoy completamente de acuerdo con todo lo que has escrito. Lo que quise decir cuando le escribí a Agassiz para agradecerle por un paquete de sus publicaciones, era exactamente lo que supones (183/2. Es decir, que el Sr. Darwin, habiendo sido insultado como ateo, etc., por otros escritores, probablemente se sintió agradecido con un escritor que estaba dispuesto a concederle «un espíritu tan reverencial como el suyo». («Methods of Study», Prefacio, página iv). Confieso, sin embargo, que no percibí completamente cómo había tergiversado mis puntos de vista; pero solo hojeé su «Methods of Study», y me pareció un libro muy pobre. Estoy tan acostumbrado a ser totalmente tergiversado que apenas despierta mi atención. Pero realmente has dado en el clavo magníficamente. Todos los buenos naturalistas más jóvenes que conozco piensan de Agassiz como tú; pero él hizo un gran servicio con respecto a los glaciares y los peces. Sobre la sucesión de formas, Pictet ha abandonado todos sus puntos de vista, y ningún geólogo está ahora de acuerdo con Agassiz. Me alegra que hayas atacado las nociones descabelladas de Dana; [aunque] tengo un gran respeto por Dana... Si tienes oportunidad, lee en «Trans. Linn. Soc.» a Bates sobre los «Lepidópteros miméticos de las Amazonas». Quedé encantado con su artículo.

He logrado que una nota sobre tus puntos de vista acerca de la Cynips hembra sea insertada en la «Natural History Review» (183/3. «Nat. Hist. Review», enero de 1865, página 139. Una nota de «J.L.» (probablemente Lord Avebury) sobre el artículo de Walsh «Sobre el dimorfismo en el género himenóptero Cynips», en los «Proc. Entomolog. Soc. of Philadelphia», marzo de 1864): si la nota será favorable, no lo sé, pero de cualquier manera llamará la atención sobre tus puntos de vista...

Como aludes en tu artículo a los creyentes en el cambio de especies, te alegrará saber que muchos de los mejores hombres están cambiando de opinión en Alemania. Últimamente he oído hablar de Hackel, Gegenbauer, F. Muller, Leuckart, Claparede, Alex. Braun, Schleiden, etc. Así es, según oigo, con los franceses más jóvenes.

CARTA 184. A J.D. HOOKER. Down, 19 de enero [1865].

Son horas de trabajo, pero estoy tratando de tomarme un día de vacaciones, porque terminé y envié ayer mi artículo sobre las plantas trepadoras. Durante los últimos diez días no he hecho nada más que corregir oraciones refractarias, y aborrezco todo el tema como si fuera emético tártaro. Por cierto, estoy convencido de que necesitas unas vacaciones, y lo pienso porque tomaste el nombre del diablo en vano tantas veces en tu última nota. ¿Puedes venir aquí para el domingo? Sabes cuánto me gustaría, y estarás lo suficientemente tranquilo y aburrido aquí como para descansar mucho. He estado pensando con pesar sobre lo que dijiste en una de tus últimas notas, acerca de haber descuidado tomar notas sobre la gradación de caracteres en tus géneros; pero ¿sería demasiado tarde? Seguramente si revisaras los nombres en serie los hechos volverían, y seguramente podrías escribir un excelente artículo «Sobre la gradación de caracteres importantes en los géneros de plantas». En cuanto a los caracteres sin importancia, he hecho de su perfecta gradación un punto muy destacado con respecto a los medios de trepar, en mi artículo. Empiezo a pensar que uno de los medios más comunes de transición es que la misma planta individual tenga la misma parte en diferentes estados: así, Corydalis claviculata, si miras una hoja, puede llamarse portadora de zarcillos; si miras otra hoja puede llamarse trepadora de hojas. Ahora estoy seguro de recordar algunos casos con plantas en los que partes importantes como la posición del óvulo difieren: diferencias en la espiral de hojas en ramas laterales y terminales, etc.

No hubo mucho en la última «Natural History Review» que me interesara, excepto las floras coloniales (184/1. «Nat. Hist. Review», 1865, página 46. Una reseña de la «Flora of the British West Indian Islands» de Grisebach y la «Enumeratio Plantarum Zeylaniae» de Thwaites. El punto referido se da en la página 57: «Más de la mitad de las plantas con flores pertenecen a once órdenes en el caso de las Indias Occidentales, y a diez en el de Ceilán, mientras que, con una sola excepción, los órdenes de Ceilán son los mismos que los de las Indias Occidentales». El revisor especula sobre el significado del hecho «en relación con la hipótesis de una época fría intertropical, tal como exige el Sr. Darwin para la migración de la flora del Norte al hemisferio Sur») y el informe sobre la sexualidad de las criptógamas. Supongo que el primero fue de Oliver; ¡qué extremadamente curioso es el hecho de la similitud de Órdenes en los Trópicos! Siento la convicción de que de alguna manera está relacionado con la destrucción glacial, pero no puedo «retorcerme» cómodamente en absoluto sobre el tema. Estoy casi seguro de que Dana concluye que la mayor cantidad de formas de crustáceos habitan regiones templadas más cálidas.

He tenido una carta enorme de Leo Lesquereux (después de dudarlo, no creí que valiera la pena enviártela) sobre la Flora del Carbón: escribió algunos artículos excelentes en «Silliman» de nuevo sobre mis puntos de vista del «Origen»; ¡pero dice ahora, después de releer el libro, que es un converso! ¡Pero qué divertidas son las mentes de los hombres! ¡dice que está principalmente convertido porque mis libros hacen que el Nacimiento de Cristo, la Redención por Gracia, etc., sean claros para él!

CARTA 185. A J.D. HOOKER. Down, 9 de febrero [1865].

Estoy totalmente de acuerdo en lo humillante que es el lento progreso del hombre, pero cada uno tiene su propio horror favorito, y este lento progreso o incluso la aniquilación personal se hunde en mi mente en la insignificancia comparado con la idea, o más bien supongo certeza, de que el sol algún día se enfríe y todos nos congelemos. Pensar en el progreso de millones de años, con cada continente lleno de hombres buenos e ilustrados, todo terminando en esto, y probablemente sin un nuevo comienzo hasta que este nuestro sistema planetario haya sido convertido nuevamente en gas al rojo vivo. Sic transit gloria mundi, y con creces...

CARTA 186. A B.D. WALSH. Down, 27 de marzo [1865].

Me ha interesado mucho tu carta. Recibí tu artículo anterior sobre la variedad fitofágica (186/1. Para «Variedades fitofágicas y especies fitofágicas» véase «Proc. Entomolog. Soc. Philadelphia», noviembre de 1864, página 403, también diciembre de 1865. La parte sobre la gradación se resume en las páginas 427, 428. Walsh muestra que existe una gradación completa entre especies que no se ven afectadas en absoluto por el cambio de alimento y casos en los que «la diferencia de alimento va acompañada de diferencias marcadas y constantes, ya sean coloracionales, estructurales, o ambas, en los estados de larva, pupa e imago»), la mayor parte de lo cual era nuevo para mí. Desde entonces he recibido tu artículo sobre las agallas de los sauces; esto ha sido muy oportuno, ya que quería aprender un poco sobre las agallas. Había mucho en este artículo que me ha interesado extremadamente, sobre gradaciones, etc., y sobre tu «unidad de coloración» (186/2. «Unidad de coloración»: esta expresión no parece aparecer en el artículo de noviembre de 1864, pero se discute extensamente en el de diciembre de 1865, página 209). Este último tema es casi nuevo para mí, aunque coleccioné hace muchos años algunos casos similares con aves; pero lo que más me llamó la atención fue que cuando un género de aves habita dos continentes, las dos secciones a veces muestran un tipo de coloración algo diferente. ¿Me gustaría saber si esto no ocurre con géneros de insectos de amplia distribución? Te gustará saber que Wichura (186/3. «Die Bastarde befruchtung im Pflanzenreich, etc.» de Max Wichura: Breslau 1865. Una traducción apareció en la «Bibliotheque Universelle», xxiii., página 129: Ginebra 1865) ha publicado últimamente un libro que me ha convencido por completo de que en Europa hay una multitud de sauces híbridos espontáneos. ¿No sería muy interesante saber cómo se comportan los fabricantes de agallas con respecto a estos híbridos? ¿Crees que es probable que el antepasado de Cecidomyia adquiriera su veneno como los mosquitos (que pican a los hombres) sin ningún propósito especial (al menos no para fabricar agallas)? Tales nociones me hacen desear que alguien intente los experimentos sugeridos en mi carta anterior. ¿No es probable que las moscas huésped fueran aborigenamente fabricantes de agallas, y tengan la misma relación con ellas que Apathus probablemente tiene con Bombus? (186/4. Apathus (= Psithyrus) vive en los nidos de Bombus. Se dice que estos insectos son tan parecidos a los abejorros que «no fueron distinguidos de ellos por los primeros entomólogos»: Dr. Sharp en «Cambridge Nat. Hist. (Insects», Parte II.), página 59). Con respecto al dimorfismo, te gustará saber que el Dr. Hooker me dice que una planta parásita dioica aliada a Rafflesia tiene sus dos sexos parasitando dos especies distintas del mismo género de plantas; así que busca algún caso similar en las dos formas de Cynips. Te he enviado por correo copias de mis artículos sobre dimorfismo. Leersia (186/5. Leersia oryzoides se pensó durante mucho tiempo que producía solo flores cleistógamas y, por lo tanto, autógamas. Véase «Variation of Animals and Plants», Edición II., Volumen II., página 69) se comporta en estado natural de la manera provocativa descrita por mí. Con respecto al curioso descubrimiento de Wagner, mi opinión no vale nada; sin duda es una gran anomalía, pero no me parece casi tan increíble como a ti. Recuerda cómo formas aliadas en los hidrozoos difieren en sus llamadas generaciones alternas; sigo a aquellos naturalistas que consideran todos esos casos como formas de gemación; y una multitud de organismos tienen este poder o rastros de este poder a todas las edades, desde el germen hasta la madurez. Con respecto a los puntos de vista de Agassiz, hubo muchos, y todavía hay no pocos, que creen que la misma especie es creada en muchos lugares. Le escribí a Bates, y te enviará su artículo sobre mimetismo; y me atrevo a decir que otros: es un hombre de primera clase.

Tu caso de los insectos sin alas cerca de las Montañas Rocosas es extremadamente curioso. Estoy seguro de haber oído hablar de algún caso similar en el Viejo Mundo: creo que en el Cáucaso. ¿No se aplicaría quizás mi argumento sobre los insectos insulares sin alas a los insectos verdaderamente alpinos? ¿Pues no sería su destrucción ser arrastrados por el viento lejos de su hogar adecuado? Me gustaría escribir sobre muchos puntos con mayor detalle, pero no tengo fuerzas de sobra.

CARTA 187. A A.R. WALLACE. Down, 22 de septiembre [1865].

Te estoy muy agradecido por tu extracto (187/1. El Sr. Wallace había enviado a Darwin una nota sobre un mirlo macho copetudo, que transmitió el carácter a parte de su descendencia); nunca había oído hablar de tal caso, aunque tal variación es quizás la más probable de todas de ocurrir en estado natural, y de ser heredada, ya que todas las aves domesticadas presentan razas con un penacho o con plumas invertidas en la cabeza. A veces he pensado que el progenitor de toda la clase debe haber sido un animal crestado.

¿Haces algún progreso con tu diario de viajes? Estoy más ansioso de que lo hagas, ya que últimamente he leído con mucho interés algunos artículos tuyos sobre el orangután, etc., en los «Annals», de los cuales he estado leyendo últimamente los últimos volúmenes. Siempre he pensado que los diarios de esta naturaleza hacen un bien considerable al promover el gusto por la Historia Natural: sé que en mi propio caso nada estimuló tanto mi celo como leer la «Narrativa Personal» de Humboldt. Aún no he recibido la última parte de las «Linnean Transactions», pero tu artículo (187/2. Probablemente sobre la variabilidad y distribución de las mariposas de la región malaya: «Linn. Soc. Trans.» XXV., 1866) actualmente estará un poco más allá de mis fuerzas, porque aunque estoy algo mejor, todavía apenas puedo hacer otra cosa que estar acostado en el sofá y que me lean en voz alta. Por cierto, ¿has leído a Tylor y Lecky? (187/3. Tylor, «Early History of Mankind»; «Rationalism» de Lecky). Ambos libros me han interesado mucho. Supongo que has leído a Lubbock. (187/4. Lubbock, «Prehistoric Times», página 479: «...la teoría de la Selección Natural, que con característico desinterés atribuye sin reservas al Sr. Darwin»). En el último capítulo hay una nota sobre ti con la que coincido más cordialmente. Veo que estuviste en la Asociación Británica pero no he oído nada de eso excepto lo que he recogido en el «Reader». He oído el rumor de que el «Reader» se ha vendido a la Sociedad Antropológica. Si no te molesta la molestia de otra nota (porque mi único canal de noticias a través de Hooker está cerrado por su enfermedad) me gustaría mucho saber si el «Reader» ha sido vendido así. Lo lamentaría mucho, ya que el periódico se volvería así de tendencia seccional. Si escribes, dime qué estás haciendo tú mismo. Las únicas noticias que tengo sobre el «Origen» son que Fritz Muller publicó hace unos meses un libro notable (187/5. «Fur Darwin») a su favor, y en segundo lugar que una segunda edición francesa está a punto de salir.

CARTA 188. A F. MULLER. Down, 11 de enero [1866].

Recibí tu interesante carta del 5 de noviembre hace algún tiempo, y envié inmediatamente una copia de mi «Diario de Investigaciones». Temo que me consideres molesto en mi oferta; pero ¿tienes la segunda edición alemana del «Origen»? que es una traducción, con adiciones, de la tercera edición inglesa, y está, creo, considerablemente mejorada en comparación con la primera edición. Tengo algunas copias de repuesto que no me sirven de nada, y sería un placer enviarte una, si te fuera de alguna utilidad. Nunca necesitarías volver a leer el libro, pero podrías querer consultar algún pasaje. Estoy particularmente agradecido por tu fotografía, porque a uno le gusta tener una imagen en la mente de alguien en quien está interesado. He recibido y leído con interés tu artículo sobre la esponja con espículas córneas. (188/1. «Ueber Darwinella aurea, einen Schwamm mit sternformigen Hornnadeln». — «Archiv. Mikrosk. Anat.» I., página 57, 1866). Debido a la mala salud, y a estar ocupado cuando solía estar bien, he descuidado durante algunos años la literatura científica periódica, y últimamente he estado leyendo, y así he leído traducciones de varios de tus artículos; entre los cuales me ha alegrado particularmente leer y ver los dibujos de las metamorfosis de Peneus. (188/2. «Sobre las metamorfosis de los camarones», por el Dr. Fritz Muller. — «Ann. Mag. Nat. Hist.» Volumen XIV., página 104 (con lámina), 1864. Traducido por W.S. Dallas de «Wiegmann's Archiv», 1863 (véase también «Facts and Arguments for Darwin», passim, traducido por W.S. Dallas: Londres, 1869)). Este me parece el descubrimiento más interesante en embriología que se ha hecho en años.

Te estoy muy agradecido por contarme un poco de tus planes para el futuro; ¡qué vida tan extraña, pero para mi gusto interesante, llevarás cuando te retires a tu propiedad en el Itajahy!

Te refieres en tu carta a los hechos que Agassiz está recopilando, contra nuestros puntos de vista, en las Amazonas. Aunque ha hecho tanto por la ciencia, me parece tan descabellado y paradójico en todos sus puntos de vista que no puedo considerar sus opiniones como de valor alguno.

CARTA 189. A A.R. WALLACE. Down, 22 de enero de 1866.

[...] agradable, y la primera, para mí, muy desagradable. Mi desconfianza hacia Sabine es, como sabes, crónica; y fui decidido a mantener una estrecha vigilancia sobre su discurso, no fuera que se introdujera alguna frase astuta perjudicial para Darwin. Mis sospechas se vieron justificadas, la única parte del discurso [relativa] a Darwin escrita por el propio Sabine contenía el siguiente pasaje: «Hablando en términos generales y colectivos, hemos omitido expresamente esto [la teoría de Darwin] de los motivos de nuestro premio».

Le agradezco su artículo sobre las palomas (189/1. "On the Pigeons of the Malay Archipelago" (The "Ibis", octubre de 1865). El Sr. Wallace señala (página 366) que «la superabundancia más llamativa de palomas, así como de loros, se limita a la subregión australomalaya en la que... los mamíferos que habitan en los bosques y que se alimentan de frutas, como los monos y las ardillas, están totalmente ausentes». Señala también que los monos son «extremadamente destructivos con los huevos y los pájaros jóvenes»), el cual me interesó, como todo lo que usted escribe. ¡Quién habría imaginado jamás que los monos influyeran en la distribución de las palomas y los loros! Pero he tenido una satisfacción aún mayor, pues terminé su artículo ayer en las "Linnean Transactions" (189/2. "Linn. Soc. Trans." XXV: un artículo sobre la distribución geográfica y la variabilidad de los Papilionidae malayos). Está hecho admirablemente. No puedo concebir que el más firme creyente en las especies pueda leerlo sin tambalearse. Tales artículos convertirán a muchos más naturalistas que los libros prolijos como los que yo escribiré si tengo fuerzas. Me han impresionado particularmente sus observaciones sobre el dimorfismo; pero no puedo entender bien un punto (página 22) (189/3. El pasaje al que se hace referencia en esta carta como necesitado de mayor explicación es el siguiente: «Los últimos seis casos de mimetismo son especialmente instructivos, porque parecen indicar uno de los procesos mediante los cuales se han producido las formas dimórficas. Cuando, como en estos casos, un sexo difiere mucho del otro, y varía mucho por sí mismo, puede ocurrir que aparezcan variaciones individuales ocasionales que tengan un parecido lejano con grupos que son objeto de mimetismo, y a los cuales, por lo tanto, es ventajoso parecerse. Tal variedad tendrá una mejor oportunidad de preservación; los individuos que la posean se multiplicarán; y su parecido accidental con el grupo favorecido se hará permanente por transmisión hereditaria, y al conservarse cada variación sucesiva que aumente el parecido, y al tener menos probabilidades de preservación todas las variaciones que se aparten del tipo favorecido, resultarán con el tiempo esos casos singulares de dos o más formas aisladas y fijas unidas por esa relación íntima que las constituye en los sexos de una misma especie. La razón por la que las hembras están más sujetas a este tipo de modificación que los machos es, probablemente, que su vuelo más lento, cuando están cargadas de huevos, y su exposición al ataque mientras están en el acto de depositar sus huevos sobre las hojas, hacen que sea especialmente ventajoso para ellas tener alguna protección adicional. Esto lo obtienen de inmediato adquiriendo un parecido con otras especies que, por cualquier causa, gozan de una inmunidad comparativa frente a la persecución». El Sr. Wallace ha tenido la amabilidad de darnos la siguiente nota sobre el pasaje anterior: «La cita anterior trata únicamente de la cuestión de cómo ciertas hembras de las especies polimórficas (Papilio Memnon, P. Pammon y otras) han sido modificadas para imitar a especies de una sección bastante distinta del género; pero no intenta explicar por qué o cómo surgieron los otros tipos de hembras muy variables, y esta era la dificultad de Darwin. Como la carta que escribí en respuesta se ha perdido, y como es bastante difícil explicar el asunto con claridad sin hacer referencia a las figuras coloreadas, debo entrar en algunos detalles, y dar ahora la que probablemente fue la explicación que di en su momento. El macho de Papilio Memnon es una gran mariposa negra con las nervaduras hacia los márgenes de las alas bordeados con puntos de color gris azulado. Es un insecto forestal, y el color muy oscuro lo hace conspicuo; pero es un volador fuerte, y por lo tanto sobrevive. Para la hembra, sin embargo, esta masa conspicua de color sería peligrosa, debido a su vuelo más lento y a la necesidad de descansar continuamente mientras deposita sus huevos en las hojas de la planta alimenticia de la larva. En consecuencia, ella ha adquirido tintes más claros y variados. Las rayas marginales con puntos grises del macho se han vuelto de un color ceniza parduzco y mucho más anchas en las alas anteriores, mientras que el margen de las alas posteriores es amarillento, con un punto más definido cerca del ángulo anal. Esta es la forma más parecida al macho, pero es comparativamente rara, siendo mucho más común la de color mucho más claro, reemplazándose a menudo el gris azulado de las alas posteriores por una banda ancha de blanco amarillento. El ángulo anal es amarillo anaranjado, y hay un punto rojo brillante en la base de las alas anteriores. Entre estos dos extremos existe toda variación posible. Ahora bien, es muy cierto que esta mezcla variable de marrón, negro, blanco, amarillo y rojo es mucho menos conspicua en medio de los tonos siempre cambiantes del bosque, con sus destellos de sol que penetran por todas partes de modo que forman fuertes contrastes y manchas de luz y sombra. Por lo tanto, TODAS las hembras —una en un momento y otra en otro— obtienen ALGUNA protección, y eso es suficiente para permitirles vivir el tiempo suficiente para poner sus huevos, cuando su trabajo ha terminado. Aún así, en malas condiciones apenas lograban sobrevivir, y como la coloración de algunas de estas hembras variables se parecía mucho a la de las mariposas protegidas del grupo P. coon (quizás en un momento en que las colas de estas últimas no estaban completamente desarrolladas), cualquier rudimento de una prolongación del ala en forma de cola añadía parecido protector y, por lo tanto, se conservaba. Los grabados de algunas de estas formas en mi "Malay Archipelago" (i., página 200) permitirán a quienes tengan este libro a mano comprender mejor la explicación anterior»), y le estaría agradecido por una explicación, pues deseo comprenderle plenamente. ¿Cómo puede seleccionarse una forma femenina y desaparecer las formas intermedias sin que la otra forma extrema también desaparezca por no tener las ventajas de la primera forma seleccionada? Pues, según entiendo, ambas formas femeninas ocurren en la misma isla. Estoy totalmente de acuerdo con su distinción entre formas dimórficas y variedades; pero dudo si su criterio de que las formas dimórficas no producen descendencia intermedia será suficiente, pues conozco bastantes variedades que deben llamarse así y que no se mezclarán ni se entrecruzarán, sino que producen descendencia muy parecida a cualquiera de los progenitores.

Me han impresionado particularmente sus observaciones sobre la distribución geográfica en Célebes. Es imposible que algo se haya expresado mejor, y daría un escalofrío a los naturalistas inmutables.

Y ahora voy a hacer una pregunta que no le gustará. ¿Cómo va su revista? Será una lástima si no populariza sus investigaciones.

CARTA 190. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. Hurstpierpoint, Sussex, 2 de julio de 1866.

Me ha impresionado tan repetidamente la absoluta incapacidad de muchas personas inteligentes para ver con claridad, o en absoluto, los efectos automáticos y necesarios de la Selección Natural, que me lleva a concluir que el término en sí, y su modo de ilustrarlo, por muy claro y hermoso que sea para muchos de nosotros, no son los más adaptados para impresionar al público naturalista en general. Los dos últimos casos de malentendido son: (1) el artículo sobre «Darwin y sus enseñanzas» en el último «Quarterly Journal of Science», que, aunque muy bien escrito y en conjunto apreciativo, concluye con una acusación de algo parecido a la ceguera, al no ver usted que la Selección Natural requiere la vigilancia constante de un «selector» inteligente, como la selección del hombre con la que usted la compara tan a menudo; y (2) en la reciente obra de Janet sobre el «Materialismo de la actualidad», reseñada el sábado pasado en el «Reader», mediante un extracto del cual veo que considera que su punto débil es que usted no ve que «el pensamiento y la dirección son esenciales para la acción de la Selección Natural». La misma objeción ha sido hecha una veintena de veces por sus principales oponentes, y yo mismo la he oído declarar tantas veces en conversación. Ahora bien, creo que esto surge casi enteramente de su elección del término «Selección Natural» y de compararlo tan constantemente en sus efectos con la Selección del Hombre, y también de que usted personifica con tanta frecuencia a la naturaleza como «seleccionando», como «prefiriendo», como «buscando solo el bien de la especie», etc., etc. Para unos pocos esto es tan claro como la luz del día, y maravillosamente sugerente, pero para muchos es evidentemente un obstáculo. Deseo, por lo tanto, sugerirle la posibilidad de evitar enteramente esta fuente de malentendido en su gran obra (si no es ya demasiado tarde), y también en cualquier edición futura del «Origen», y creo que puede hacerse sin dificultad y muy eficazmente adoptando el término de Spencer (que él usa generalmente con preferencia a la Selección Natural), a saber, «supervivencia de los más aptos».

Este término es la expresión llana del hecho; la Selección Natural es una expresión metafórica del mismo, y hasta cierto punto indirecta e incorrecta, ya que, incluso personificando a la Naturaleza, ella no selecciona tanto variaciones especiales como extermina a las más desfavorables.

Combinado con los enormes poderes multiplicadores de todos los organismos, y la «lucha por la existencia» que conduce a la destrucción constante de la gran mayoría —hechos que ninguno de sus oponentes, hasta donde yo sé, ha negado o malinterpretado—, «la supervivencia de los más aptos» en lugar de los que eran menos aptos no podría ser negada o malinterpretada. Tampoco sería posible decir que para asegurar la «supervivencia de los más aptos» fuera necesario un selector inteligente; mientras que cuando usted dice que la Selección Natural actúa de manera que elige a los que son más aptos, ES malinterpretado, y aparentemente siempre lo será. Refiriéndome a su libro, encuentro expresiones como «El hombre selecciona solo para su propio bien; la Naturaleza solo para el del ser que ella cuida». Esto, al parecer, siempre será malinterpretado; pero si usted hubiera dicho «El hombre selecciona solo para su propio bien; la Naturaleza, por la inevitable "supervivencia de los más aptos", solo para el del ser que ella cuida», habría sido menos propenso a serlo.

Encuentro que usted usa el término «Selección Natural» en dos sentidos: (1) para la simple preservación de variaciones favorables y el rechazo de las desfavorables, en cuyo caso es equivalente a «supervivencia de los más aptos»; y (2) para el efecto o cambio producido por esta preservación, como cuando dice: «Para resumir las circunstancias favorables o desfavorables para la Selección Natural», y de nuevo: «El aislamiento, también, es un elemento importante en el proceso de Selección Natural». Aquí no se trata simplemente de la «supervivencia de los más aptos», sino del cambio producido por la supervivencia de los más aptos. Al revisar su cuarto capítulo, encuentro que estas alteraciones de términos pueden hacerse en la mayoría de los casos fácilmente, mientras que en algunos casos la adición de «o supervivencia de los más aptos» después de «Selección Natural» sería mejor; y en otros, menos propensos a ser malinterpretados, el término original puede permanecer solo.

No podría aventurarme a proponer a ninguna otra persona una alteración de términos tan grande, pero usted, estoy seguro, le dará una consideración imparcial, y si realmente piensa que el cambio producirá una mejor comprensión de su trabajo, no dudará en adoptarlo.

Es evidentemente necesario también no personificar demasiado a la «Naturaleza» —aunque soy muy propenso a hacerlo yo mismo—, ya que la gente no entenderá que todas esas frases son metáforas. La Selección Natural es, cuando se entiende, un principio tan necesario y evidente por sí mismo, que es una lástima que deba ser oscurecido de alguna manera; y por lo tanto me parece que el uso libre de «supervivencia de los más aptos», que es una definición compacta y precisa de ella, tendería mucho a que fuera más ampliamente aceptada, y evitaría que fuera tan tergiversada y malentendida.

Hay otra objeción hecha por Janet que también es muy común. Es que las posibilidades son casi infinitas en contra de que el tipo particular de variación requerida coincida con cada cambio de las condiciones externas, para permitir que un animal sea modificado por la Selección Natural en armonía con tales condiciones cambiantes; especialmente cuando consideramos que, para haber producido las modificaciones casi infinitas de los seres orgánicos, esta coincidencia debe haber tenido lugar un número casi infinito de veces.

Ahora bien, me parece que usted mismo ha dado lugar a que se haga esta objeción, al exponer a menudo el caso demasiado fuertemente en su contra. Por ejemplo, al comienzo del Capítulo IV pregunta si es «improbable que las variaciones útiles ocurran a veces en el curso de miles de generaciones»; y un poco más adelante dice: «a menos que ocurran variaciones rentables, la Selección Natural no puede hacer nada». Ahora bien, tales expresiones han dado a sus oponentes la ventaja de suponer que las variaciones favorables son accidentes raros, o que incluso durante largos períodos pueden no ocurrir nunca en absoluto, y por lo tanto el argumento de Janet parecería a muchos tener gran fuerza. Creo que sería mejor eliminar todas esas expresiones calificativas, y sostener constantemente (lo que ciertamente creo que es el hecho) que las variaciones de todo tipo están ocurriendo siempre en cada parte de cada especie, y por lo tanto que las variaciones favorables están siempre listas cuando se necesitan. Usted tiene, estoy seguro, abundantes materiales para probar esto; y es, creo, el gran hecho que hace que la modificación y la adaptación a las condiciones sean casi siempre posibles. Yo pondría la carga de la prueba en mis oponentes para mostrar que cualquier órgano, estructura o facultad no varía, incluso durante una generación, entre todos los individuos de una especie; y también para mostrar cualquier modo o forma en la que dicho órgano, etc., no varía. Les pediría que den alguna razón para suponer que cualquier órgano, etc., es absolutamente idéntico en cualquier momento en todos los individuos de una especie, y si no es así, entonces siempre está variando, y siempre hay materiales que, por el simple hecho de que «los más aptos sobreviven», tenderán a la modificación de la raza en armonía con las condiciones cambiantes.

Espero que estas observaciones sean inteligibles para usted, y que tenga la amabilidad de hacerme saber lo que piensa de ellas.

No he sabido desde hace tiempo cómo va usted. Espero que siga mejorando de salud, y que ahora sea capaz de seguir con su gran trabajo, que tantos miles esperan con interés.

CARTA 191. A A.R. WALLACE.

(191/1. De "Life and Letters", III., página 45.)

Down, 5 de julio [1866].

Me ha interesado mucho su carta, que es tan clara como la luz del día. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dice sobre las ventajas de la excelente expresión de H. Spencer de «la supervivencia de los más aptos». Esto, sin embargo, no se me había ocurrido hasta leer su carta. Es, sin embargo, una gran objeción a este término que no pueda ser usado como un sustantivo que rige a un verbo; y que esta es una objeción real lo infiero de que H. Spencer use continuamente las palabras Selección Natural. Antiguamente pensaba, probablemente en un grado exagerado, que era una gran ventaja poner en conexión la selección natural y la artificial; esto de hecho me llevó a usar un término en común, y todavía creo que es alguna ventaja. Ojalá hubiera recibido su carta hace dos meses, pues habría incluido «la supervivencia», etc., a menudo en la nueva edición del «Origen», que ya está casi impresa, y de la cual por supuesto le enviaré un ejemplar. Usaré el término en mi próximo libro sobre animales domésticos, etc., del cual, por cierto, veo claramente que usted espera DEMASIADO. El término Selección Natural ha sido tan ampliamente utilizado en el extranjero y en casa que dudo que pueda abandonarse, y con todos sus defectos me apenaría ver que se hiciera el intento. Si será rechazado debe depender ahora «de la supervivencia de los más aptos». Como con el tiempo el término debe volverse inteligible, las objeciones a su uso se volverán más y más débiles. Dudo que el uso de cualquier término hubiera hecho el tema inteligible para algunas mentes, tan claro como es para otras; pues ¿no vemos incluso hasta el día de hoy a Malthus sobre la Población absurdamente malentendido? Esta reflexión sobre Malthus me ha reconfortado a menudo cuando me he sentido molesto por esta falsa declaración de mis puntos de vista. En cuanto al Sr. Janet, es un metafísico, y tales caballeros son tan agudos que creo que a menudo malinterpretan a la gente común. Su crítica sobre el doble sentido en el que he usado la Selección Natural es nueva para mí e irrefutable; pero mi error no ha hecho daño, pues no creo que nadie, excepto usted, lo haya observado jamás. De nuevo, estoy de acuerdo en que he dicho demasiado sobre «variaciones favorables», pero me inclino a pensar que usted pone el lado opuesto demasiado fuertemente: si cada parte de cada ser variara, no creo que viéramos el mismo fin u objeto logrado por medios tan maravillosamente diversificados.

Espero que esté disfrutando del campo, que goce de buena salud y que trabaje duro en su libro «Malay Archipelago», pues siempre pondré este deseo en cada nota que le escriba, como algunas buenas personas siempre ponen un texto. Mi salud sigue más o menos igual, o más bien mejora, y soy capaz de trabajar algunas horas al día.

CARTA 192. A C. LYELL. Down, 9 de octubre [1866].

Una línea para decir que he recibido su nota y las pruebas a salvo, y que las leeré con el mayor placer; pero estoy seguro de que no seré capaz de enviar ninguna crítica sobre el capítulo astronómico (192/1. "Principles of Geology", por Sir Charles Lyell; Edición X., Londres, 1867. El Capítulo XIII trata de «Las vicisitudes en el clima, hasta qué punto influenciadas por causas astronómicas»), ya que soy tan ignorante como un cerdo en este aspecto. Requeriré algunos días para leer lo que se ha enviado. Acabo de leer el Capítulo IX (192/2. Capítulo IX, «Teoría del desarrollo progresivo de la vida orgánica en períodos geológicos sucesivos»), y me gusta extremadamente; todo me parece muy claro, cauteloso y sagaz. Usted no alude a un punto muy llamativo lo suficiente, o en absoluto, a saber, que las clases han estado antes menos diferenciadas de lo que están ahora; y esta especialización de las clases debe, podemos concluir, ajustarlas para diferentes hábitos generales de vida así como la especialización de órganos particulares.

Página 162 (192/3. En la página 163 Lyell se refiere a la ausencia de Cetacea en las rocas secundarias, y expresa la opinión de que su ausencia «es un hecho negativo de gran importancia, que parece más que cualquier otro hacer muy improbable que encontremos respiradores de aire de la clase más alta en ninguno de los estratos primarios, o en cualquiera de los miembros más antiguos de la serie secundaria») Difiero un poco de su argumento sobre los Cetacea: como son mamíferos tan grandemente modificados, deberían haber aparecido bastante más tarde en la serie. Usted pensará que soy bastante descarado, pero la discusión al final del Capítulo IX sobre el hombre (192/4. Loc. cit., páginas 167-73, «Introducción del Hombre, hasta qué punto un cambio del sistema»), que piensa tanto de su fino ser, me parece demasiado larga, o más bien superflua, y demasiado ortodoxa, excepto para el clero beneficiado.

CARTA 193. A V. CARUS.

(193/1. La siguiente carta se refiere a la 4ª edición del «Origen», 1866, que fue traducida por el profesor Carus, y formó la 3ª edición alemana. Carus continuó traduciendo los libros de Darwin, y se forjó un fuerte vínculo de amistad entre autor y traductor (ver «Life and Letters», III., página 48). El panfleto de Nageli fue notado por primera vez en la 5ª edición inglesa.)

Down, 21 de noviembre de 1866.

...Con respecto a una nota sobre Nageli (193/2. «Entstehung und Begriff der Naturhistorischen Art», un discurso pronunciado ante la Real Academia de Ciencias de Múnich, 28 de marzo de 1865. Ver «Life and Letters», III., página 50, para la carta del Sr. Darwin al difunto Prof. Nageli) encuentro, tras considerarlo, que sería demasiado larga; pues un panfleto tan bueno debería ser discutido con total extensión o no serlo en absoluto. Comete un error al suponer que yo digo que los caracteres útiles son siempre constantes. Su opinión sobre especies distintas que convergen y adquieren la misma estructura idéntica es respondida por implicación en la discusión que he dado sobre la infinita diversidad de medios para ganar el mismo fin.

El punto más importante, tal como me parece, en el panfleto es el relativo a los caracteres morfológicos de las plantas, y encuentro que no podría responder a esto sin entrar en muchos detalles.

La respuesta sería, tal como me parece, que los caracteres morfológicos importantes, tales como la posición de los óvulos y la posición relativa de los estambres con respecto al ovario (hipógino, perígino, etc.), son a veces variables en la misma especie, tal como menciono incidentalmente al tratar de las flores radiales en las Compuestas y Umbelíferas; y no veo cómo Nageli podría sostener que las diferencias en tales caracteres prueban una tendencia inherente hacia la perfección. Veo que he olvidado decir que cuenta usted con mi más pleno consentimiento para añadir cualquier discusión que considere oportuna a la nueva edición. En cuanto a mí, no puedo creer en la generación espontánea, y aunque espero que en algún momento futuro el principio de la vida llegue a ser inteligible, en el presente me parece que se encuentra más allá de los confines de la ciencia.

CARTA 194. A T.H. HUXLEY. Down, 22 de diciembre [¿1866?].

Supongo que habrá recibido el libro de Hackel (194/1. "Generelle Morphologie", 1866.) hace algún tiempo, como yo. Siempre que haya tenido tiempo de leer una parte, lo suficiente como para juzgar, tendré mucha curiosidad por escuchar su opinión. He podido leer una página o dos aquí y allá, y me he sentido interesado e instruido por partes. Pero mi vaga impresión es que se da demasiado espacio a los detalles metódicos, y difícilmente puedo encontrar hechos o puntos de vista nuevos detallados. El número de palabras nuevas, para un hombre como yo, débil en su griego, es algo espantoso. Parece tener pasión por definir, supongo que muy bien, y por acuñar palabras nuevas. Por mis nociones muy vagas sobre el libro, y por su inmenso tamaño, temería que una traducción estuviera fuera de toda cuestión. Veo que a menudo nos cita a ambos con elogios. Estoy seguro de que el libro me gustaría mucho si pudiera leerlo de corrido en lugar de gemir y maldecir en cada frase. Aún no he tenido tiempo de leer su libro de Fisiología (194/2. "Lessons in Elementary Physiology", 1866.), excepto un capítulo; pero acabo de releer su libro sobre "El lugar del hombre, etc.", y creo que lo admiro más en esta segunda vez que en la primera. Dudo si alguna vez tendrá tiempo, pero si alguna vez lo tiene, lea el capítulo sobre el hibridismo en la nueva edición del "Origen" (194/3. Cuarta edición (1866).), pues estoy muy ansioso por hacerle pensar menos seriamente en esa dificultad. Creo que he mejorado bastante el capítulo y he llegado a puntos de vista más definidos. Asa Gray y Fritz Muller (este último especialmente) piensan que los nuevos hechos sobre la descendencia ilegítima de las plantas dimorfas arrojan mucha luz indirecta sobre el tema. Ahora que he trabajado con animales domésticos, estoy convencido de la verdad de la opinión de Pallas (194/4. Véase la Carta 80.) sobre la pérdida de esterilidad bajo la domesticación, y esto me parece que explica mucho. Pero no tenía intención, cuando comencé esta nota, de extenderme tanto sobre el hibridismo; pero usted ha sido el Objecionador General en este aspecto.

CARTA 195. A T. RIVERS.

(195/1. Para otra carta del Sr. Darwin a él, véase "Life and Letters", III, página 57.)

Down, 23 de diciembre [¿1866?].

No sé si perdonará que un extraño se dirija a usted. Es posible que mi nombre le sea conocido. Estoy escribiendo ahora un libro sobre la variación de los animales y las plantas bajo la domesticación; y hay una pequeña información que es más probable que usted pudiera darme que cualquier otro hombre en el mundo, si puede disponer de media hora de sus labores profesionales y está inclinado a ser tan amable. Estoy recopilando todos los relatos de lo que algunos llaman "deportes", es decir, de lo que llamaré "variaciones de yema", p. ej., una rosa musgosa apareciendo repentinamente en una rosa de Provenza, una nectarina en un melocotón, etc. Ahora, lo que quiero saber, y que es poco probable que esté registrado en forma impresa, es si diferencias muy leves, demasiado leves para que valga la pena propagarlas, aparecen así repentinamente por las yemas. Como todo el mundo sabe, al cultivar plántulas se puede tener toda gradación desde individuos idénticos al progenitor, hasta variedades leves, y variedades fuertemente marcadas. Ahora bien, ¿ocurre esto con las yemas o solo aparecen así variedades bastante fuertemente marcadas a raros intervalos de tiempo mediante yemas? (195/2. El Sr. Rivers no pudo dar una respuesta decidida, pero no recordaba haber visto variaciones de yema leves. La cuestión se discute en "Variation under Domestication", edición II, volumen I, página 443.) Le estaría muy agradecido por la información. Puedo añadir que si usted ha observado en su enorme experiencia alguna "variación de yema" notable, y pudiera disponer de tiempo para informarme, y permitirme citarlas bajo su autoridad, sería el mayor favor. Me siento seguro de que estas "variaciones de yema" son de lo más interesantes para cualquiera que se esfuerce por averiguar lo poco que se puede averiguar sobre el oscuro tema de la variación.

CARTA 196. A T. RIVERS. Down, 7 de enero [¿1867?].

Le agradezco mucho su carta y el paquete de brotes. El caso de la ciruela amarilla es un tesoro, y está ahora a salvo registrado bajo su autoridad en su lugar apropiado, en contraste con el caso de A. Knight de la ciruela magnum bonum amarilla transformándose en roja. (196/1. Véase "Variation under Domestication", edición II, volumen I, página 399.) No pude ver ninguna diferencia en los brotes, excepto que los de la amarilla eran más gruesos, y supongo que esto es meramente accidental: como usted no lo menciona, supongo además que no hay más diferencias en las hojas o flores de las dos ciruelas. Me alegra mucho oír sobre el fresno amarillo, y que usted mismo haya visto el caso del jazmín. Debo confesar que apenas lo creía del todo; pero ahora sí, y es muy sorprendente.

En un viejo libro francés, publicado en Ámsterdam en 1786 (creo), hay un relato, aparentemente auténtico y atestiguado por el escritor como testigo ocular, de bulbos de jacinto de dos colores siendo cortados por la mitad e injertados, y enviaron tallos únicos con flores de colores diferentes en los dos lados, y algunas flores parcialmente coloreadas. Una vez pensé en ofrecer 5 libras de recompensa en el "Cottage Gardener" por tal planta; pero tal vez parecería demasiado tonto. No se dan instrucciones sobre cuándo realizar la operación; he intentado dos o tres veces, y he fracasado totalmente. Encuentro que tengo una gran lista de "variaciones de yema", y mañana trabajaré en tales casos como tengo sobre deportes de rosas, que parecen muy numerosos, y que veo que usted afirma que ocurren comparativamente a menudo.

Cuando una persona es muy bondadosa, se la hostiga mucho, un descubrimiento que supongo que usted ha hecho, o de todos modos pronto hará; ¡pues deseo mucho saber si ha sembrado semillas de alguna rosa musgosa, y si las plántulas fueron rosas musgosas! (196/2. Las rosas musgosas pueden ser criadas a partir de semillas ("Variation under Domestication", edición II, volumen I, página 405).) ¿Ha producido una rosa común mediante SEMILLA una rosa musgosa?

Si le llega alguna luz sobre cambios muy leves en las yemas, le ruego tenga la bondad de iluminarme. Tengo casos de siete u ocho variedades de melocotonero que han producido por "variación de yema" nectarinas, y sin embargo solo un único caso (en Francia) de un melocotonero produciendo otro melocotonero estrechamente similar (pero más tardío en la maduración). ¡Qué extraño es que un gran cambio en el melocotonero pueda ocurrir no raramente y cambios más leves aparentemente muy raramente! ¡Qué extraño que no parezca registrado ningún caso de nuevas manzanas o peras o albaricoques por "variación de yema"! ¡Qué ignorantes somos! Pero con los muchos buenos observadores que viven ahora, los hijos de nuestros hijos serán menos ignorantes, y eso es un consuelo.

CARTA 197. A T.H. HUXLEY. Down, 7 de enero [1867].

Muchísimas gracias por su carta, que me ha dicho exactamente lo que quería saber. Abandonaré todos los pensamientos de intentar que el libro (197/1. "Generelle Morphologie" de Hackel, 1866. Véase "Life and Letters", III, páginas 67, 68.) sea traducido, pues estoy bien convencido de que sería inútil sin un desembolso demasiado grande. Lamento esto mucho, pues pensaría que el trabajo sería útil, y estoy seguro de que lo sería para mí, ya que nunca podré avanzar a través de más de aquí y allá una página del original. Para todas las personas no puedo sino pensar que el número de términos nuevos sería un gran mal. Debo escribirle. Supongo que conoce su dirección, pero en caso de que no la conozca, es "al cuidado del Signor Nicolaus Krohn, Madeira". He enviado el manuscrito de mi gran libro (197/2. "The Variation of Animals and Plants under Domestication", 1868.), y horriblemente, asquerosamente grande será, a los impresores, pero no supongo que sea publicado, debido a la idea de Murray sobre las temporadas, hasta el próximo noviembre. Estoy pensando en un capítulo sobre el Hombre, ya que últimamente se ha dicho mucho sobre la Selección Natural en relación con el hombre. No he visto el libro del Duque (¿o Duquecito? ¿cómo puede usted hablar así de un Duque real vivo?), pero debo conseguirlo de Mudie, ya que usted dice que nos ataca. (197/3. "The Reign of Law" (1867), por el difunto Duque de Argyll. Véase "Life and Letters", III, página 65.)

P.D.—La naturaleza nunca hizo especies mutuamente estériles por selección, ni los hombres lo harán.

CARTA 197. A E. HACKEL. Down, 8 de enero [1867].

Recibí hace algunas semanas su gran trabajo (198/1. "Generelle Morphologie", 1866.); he leído varias partes, pero soy un erudito alemán demasiado pobre y el libro es demasiado grande para que yo lo lea todo. No puedo decirle cuánto lamento esto, pues estoy seguro de que casi todo me interesaría grandemente, y ya he encontrado varias partes muy útiles, tales como la discusión sobre las células y sobre las diferentes formas de reproducción. Me siento seguro, después de considerar el tema deliberadamente y después de consultar con Huxley, de que sería inútil esforzarse por conseguir un editor que imprima una traducción al inglés; el trabajo es demasiado profundo y demasiado largo para nuestros compatriotas ingleses. El número de términos nuevos también, estoy seguro, jugaría mucho en contra de su venta; y, de hecho, desearía por mi propio bien que usted hubiera impreso un glosario de todos los términos nuevos que utiliza. Espero plenamente que su libro sea altamente exitoso en Alemania, y la manera en que a menudo se refiere a mí en su texto, y su dedicatoria y el título, lo consideraré siempre como uno de los mayores honores conferidos a mí durante mi vida. (198/2. Con respecto a la dedicatoria y el título, esto parece una expresión fuerte. El título es "Generelle Morphologie der Organismen. Allgemeine Grundzüge der organischen Formen-Wissenschaft mechanisch begründet durch die von Charles Darwin reformirte Descendenz-Theorie". La dedicatoria del segundo volumen es "Den Begründern der Descendenz-Theorie, den denkenden Naturforschern, Charles Darwin, Wolfgang Goethe, Jean Lamarck widmet diese Grundzüge der Allgemeinen Entwickelungsgeschichte in vorzüglicher Verehrung, der Verfasser".)

Espero sinceramente que haya tenido una expedición próspera, y se haya encontrado con muchos animales nuevos e interesantes. Si dispone de tiempo libre, me gustaría mucho oír qué ha estado haciendo y observando. En cuanto a mí, he enviado el manuscrito de mi libro sobre animales domésticos, etc., a los impresores. Resulta ser demasiado grande; no será publicado, supongo, hasta el próximo noviembre. Encuentro que hemos discutido varios de los mismos temas, y creo que estamos de acuerdo en la mayoría de los puntos bastante bien. He tenido noticias varias veces últimamente de Fritz Muller, pero parece que ahora trabaja principalmente en plantas. A menudo pienso en su visita a esta casa, que disfruté extremadamente, y será siempre para mí un verdadero placer recordar nuestro conocimiento. Por lo que oí en Londres, creo que hizo muchos amigos allí. ¿Regresará a través de Inglaterra? Si es así, y puede disponer del tiempo, todos estaremos encantados de verle aquí de nuevo.

CARTA 199. A T. RIVERS. Down, 11 de enero [¿1867?].

¡Qué rica y valiosa carta me ha enviado tan amablemente! El caso de Baronne Prevost (199/1. Véase "Variation under Domestication", edición II, volumen I, página 406. El Sr. Rivers tenía una nueva rosa francesa con un tallo delicado y liso, hojas pálidas glaucas y flores de color carne rayadas; en ramas así caracterizadas apareció "la famosa rosa vieja llamada 'Baronne Prevost'", con su tallo robusto y espinoso y flores dobles de color rico y uniforme.), con sus diferentes brotes, follaje, espinas y flores, será grandioso de citar. Estoy extremadamente contento de oír sobre las rosas musgosas de plántula. Ese caso de una plántula como una rosa escocesa, a menos que esté seguro de que ninguna rosa escocesa creció cerca (y es improbable que pueda recordar), debe, uno pensaría, haber sido un cruce.

Tengo pocos remordimientos por ser tan problemático —no más que los que un gran Inquisidor tiene al torturar a un hereje— pues, ¿no estoy haciendo un verdadero buen servicio público al extraer migajas de conocimiento de su riqueza de información?

P.D. Desde que se escribió lo anterior he leído su artículo en el "Gardeners' Chronicle": es admirable, y sé que será un tesoro para mí. No sabía en absoluto cuán estrictamente se heredaba el carácter de tantas flores.

Bajo mi honor, cuando comencé esta nota no tuve pensamiento de molestarle con una pregunta; pero usted menciona un punto tan interesante, y que he tenido ocasión de notar, que debo suplicar por algunos hechos más para citar bajo su autoridad. Usted dice que tiene uno o dos melocotoneros de plántula (199/2. "On raising Peaches, Nectarines, and other Fruits from Seed". Por Thomas Rivers, Sawbridgeworth.—"Gard. Chron." 1866, página 731.) que se acercan mucho a las almendras de carne gruesa (conozco lo de A. Knight y los casos de híbridos italianos). Ahora, ¿creció alguna almendra cerca de su melocotonero madre? Pero especialmente quiero saber si recuerda qué forma tenía el hueso, si era aplanado como el de una almendra; esto, botánicamente, parece la distinción más importante. Deseo fervientemente citar esto. ¿Era la carne algo dulce?

Perdone si puede.

¿Ha guardado estos melocotoneros de plántula? Si pudiera darme el próximo verano una fruta, quiero tenerla grabada.

CARTA 200. A I. ANDERSON-HENRY. 22 de mayo [1867].

Es usted tan amable de ofrecerme el préstamo del trabajo de Maillet (200/1. Para De Maillet, véase la reseña del Sr. Huxley sobre "The Origin of Species" en la "Westminster Review", 1860, reimpresa en "Lay Sermons", 1870, página 314. Las visiones evolucionistas de De Maillet fueron publicadas después de su muerte en 1748 bajo el nombre de Telliamed (De Maillet escrito al revés).), del cual he oído hablar a menudo, pero nunca he visto. Me gustaría echarle un vistazo, y se lo devolvería en poco tiempo. Estoy obligado a leerlo, ya que mi antiguo amigo y presente enemigo amargo Owen generalmente nos clasifica a mí y a Maillet como un par de tontos iguales.

CARTA 201. A J.D. HOOKER. Down, 4 de abril [1867].

Me ha hecho un gran servicio al enviarme las páginas del "Farmer". No sé si desea que sea devuelto; pero lo guardaré a menos que sepa que usted lo quiere. El viejo I. Anderson-Henry hace un elogio magnífico pero bastante absurdo sobre mí; pero el punto de tal valor extremo ante mis ojos es la afirmación del Sr. Traill (201/1. Los resultados del Sr. Traill se dan en la página 420 de "Animals and Plants", edición II, volumen I. En "Life and Letters of G.J. Romanes", 1896, se publica una interesante correspondencia con el Sr. Darwin sobre este tema. El plan de los experimentos sugerido a Romanes era criar plántulas a partir de híbridos de injerto: si la descendencia seminal de plantas hibridadas por injerto mostrara el carácter híbrido, sería una evidencia sorprendente a favor de la pangénesis. El experimento, sin embargo, no tuvo éxito.) de que hizo un mestizo moteado cortando ojos a través y uniendo dos tipos de patatas. (201/2. Para un relato de experimentos similares ahora en progreso, véase una "Note on some Grafting Experiments" por R. Biffen en los "Annals of Botany", volumen XVI, página 174, 1902.) Le he escrito para obtener información completa, y luego me pondré a trabajar en un ensayo similar. Demostraría, creo, hasta la demostración que la propagación por yemas y por los elementos sexuales son esencialmente el mismo proceso, como la pangénesis, de la manera más solemne, declara que es el caso.

CARTA 202. A T.H. HUXLEY. Down, 12 de junio [¿1867?].

Subiremos el sábado, el 15, por una semana. Deseo mucho verle por un corto tiempo para hablar sobre mi hijo menor y la Escuela de Minas. Sé que es bastante irrazonable, pero debe dejarme ir un poco después de las 10 de la mañana del domingo, el 16. Si de alguna manera fuera inconveniente, envíeme una línea a "6, Queen Anne Street W.,"; pero si no tengo noticias, llamaré (stomachante volente), pero no me quedaré mucho tiempo y estropearé toda su mañana como festivo. ¿Quiere dar dos o tres vueltas en su mente a esta pregunta: lo que llamé "pangénesis" significa que cada célula arroja un átomo de su contenido o una gémula, y que estos agregados forman el verdadero óvulo o yema, etc.? Ahora quiero saber si no podría inventar una palabra mejor. "Citargénesis" (202/1. De kuttaros, una celda de abeja: citogénesis sería una forma natural de la palabra de kutos.) —es decir, génesis celular— es más verdadera y expresiva, pero larga. "Atomogénesis" suena algo mejor, creo, pero un "átomo" es un objeto que no puede ser dividido; y el término podría referirse al origen de átomos de materia inorgánica. Creo que me gusta más "pangénesis", aunque tan indefinida; y aunque mi esposa dice que suena malvada, como el panteísmo; pero estoy tan familiarizado ahora con esta palabra, que no puedo juzgar. Le suplico que me ayude.

CARTA 203. A A.R. WALLACE. Down, 12 y 13 de octubre [1867].

Pedí la revista (203/1. "Quarterly Journal of Science", octubre de 1867, página 472. Una reseña del "Reign of Law" del duque de Argyll) hace mucho tiempo, pero por un descuido la recibí recién ayer, y la leí. Usted pensará que mi elogio no vale la pena, por ser tan indiscriminado; pero si he de decir la verdad, debo decir que admiro cada palabra. Usted ha tocado justamente los puntos que yo deseaba ver tratados en particular.

Me alegra que haya tenido el valor de abordar la Angraecum (203/2. Angraecum sesquipedale, una orquídea de Madagascar con un nectario en forma de látigo de 11 a 12 pulgadas de longitud, que, según Darwin ("Fertilisation of Orchids", edición II, página 163), está adaptada a las visitas de una polilla con una probóscide de longitud correspondiente. Señala que no hay dificultad en creer en la existencia de tal polilla como la que describió F. Muller ("Nature", 1873, página 223), una polilla esfinge brasileña con una trompa de 10 a 11 pulgadas de longitud. Además, Forbes ha presentado pruebas que demuestran que tal insecto existe en Madagascar ("Nature", VIII, 1873, página 121). El caso de la Angraecum fue propuesto por el duque de Argyll como algo necesariamente debido al artificio personal de la Deidad. El Sr. Wallace (página 476) muestra que tanto la probóscide como el nectario podrían aumentar de longitud mediante la Selección Natural. Cabe añadir que Hermann Muller ha mostrado razones fundadas para creer que la especialización mutua de este tipo es beneficiosa tanto para el insecto como para la planta) después del ataque del duque; pues creo que el principio en este caso puede aplicarse ampliamente. Me gusta la figura, pero desearía que el artista hubiera dibujado una mejor esfinge. Con respecto a la belleza, sus observaciones sobre objetos horribles y sobre que las flores no son hechas hermosas salvo cuando son de utilidad práctica para ellas, me parecen muy buenas. En este único punto de la belleza, difícilmente puedo pensar que el duque fuera del todo sincero. He utilizado en el párrafo final de mi presente libro exactamente el mismo argumento que usted, incluyendo incluso al bulldog (203/3. "Variation of Animals and Plants", edición I, volumen II, página 431: "¿Hizo Él que la estructura y las cualidades mentales del perro variaran para que se formara una raza de ferocidad indomable, con mandíbulas adaptadas para sujetar al toro para el deporte brutal del hombre?"), con respecto a que las variaciones no han sido especialmente ordenadas. Su metáfora del río (203/4. Véase Wallace, op. cit., páginas 477-8. Imagina a un observador examinando un gran sistema fluvial y encontrando por todas partes adaptaciones que revelan el diseño del Creador. "Vería una adaptación especial a las necesidades del hombre en ríos anchos, tranquilos y navegables, a través de fértiles llanuras aluviales que sustentarían a una gran población, mientras que los arroyos rocosos y los torrentes de montaña quedaban confinados a aquellas regiones estériles adecuadas solo para una pequeña población de pastores y ganaderos") es nueva para mí, y admirable; pero su otra metáfora, en la que compara la clasificación y las máquinas complejas, no me parece del todo apropiada, aunque no puedo señalar qué es lo que parece deficiente. El punto que me parece sólido es que todos los naturalistas admiten que existe una clasificación natural, y es esto lo que explica el descenso. Desearía que hubiera insistido un poco más contra el crítico de la "North British" (203/5. En la página 485, el Sr. Wallace trata la reseña de Fleeming Jenkin en la "North British Review", 1867. La reseña se esfuerza por demostrar que existen límites estrictos para la variación, dado que la selección más rigurosa y prolongada no aumenta indefinidamente una cualidad como la velocidad de un caballo de carreras. Sobre esto, el Sr. Wallace comenta que "este argumento no aborda la verdadera cuestión", que es, no si el cambio indefinido es posible, "sino si tales diferencias como las que ocurren en la naturaleza podrían haber sido") asumiendo que cada variación que aparece es una fuertemente marcada; aunque por implicación usted ha dejado esto muy claro. Nada en todo su artículo me ha impresionado más que su punto de vista con respecto al límite de velocidad en el caballo de carreras y otros casos similares: trataré de citarlo en este aspecto en las pruebas de mi capítulo final. Pasé por alto esta explicación, aunque en el caso del trigo di con algo análogo. Me alegra que elogie el libro del duque, pues me impresionó mucho. La parte sobre el vuelo me pareció al principio muy buena; pero como el ala está articulada por una unión de rótula, sospecho que al duque le resultaría muy difícil dar alguna razón contra la creencia de que el ala golpea el aire de forma más o menos oblicua. Me ha dado mucho gusto ver su artículo y el dibujo de la mariposa en "Science Gossip". Por cierto, no puedo dejar de pensar que usted lleva demasiado lejos la protección en algunos casos, como con las rayas en el tigre. También he leído esta mañana un excelente resumen en el "Gardeners' Chronicle" de su artículo sobre los nidos (203/6. Un resumen de un artículo sobre "Nidos y plumaje de aves", leído ante la Asociación Británica: véase "Gard. Chron." 1867, página 1047). No estaba de ninguna manera totalmente convencido por su carta, pero creo que ahora sí lo estoy; y espero que se publique en alguna parte in extenso. Me parece una generalización excelente, y me parece incluso más original de lo que me pareció al principio...

He terminado el Volumen I de mi libro ["Variation of Animals and Plants"], y espero que el conjunto salga para finales de noviembre. Si tiene la paciencia de leerlo todo, lo cual es muy dudoso, encontrará, creo, una gran acumulación de hechos que le serán de utilidad en futuros artículos; y no podrían ser puestos a mejor uso, pues ciertamente usted es un maestro en el noble arte de razonar.

CARTA 204. A T.H. HUXLEY. Down, 3 de octubre [sin fecha].

Sé que usted no tiene tiempo para correspondencia especulativa; y no esperaba en absoluto una respuesta a la última mía. Pero me alegra mucho haberla recibido, pues en mi trabajo ecléctico las opiniones de los pocos hombres buenos son de gran valor para mí.

Conocía, por supuesto, el punto de vista cuvieriano sobre la clasificación (204/1. Cuvier demostró que "los animales no pueden organizarse en una sola serie, sino que hay varios planes distintos de organización que se observan entre ellos, ninguno de los cuales, en su modificación más alta y complicada, conduce a ninguno de los otros" (Huxley's "Darwiniana", página 215)); pero creo que la mayoría de los naturalistas buscan algo más, y buscan "el sistema natural", "el plan sobre el cual el Creador ha trabajado", etc., etc. Es este elemento adicional el que creo que es simplemente genealógico.

Pero me alegraría mucho tener su respuesta (ya sea cuando nos reunamos o por nota) al siguiente caso, tomado por sí mismo, y sin permitirse mirar más allá del punto en cuestión. Conceda que todas las razas de hombres descienden de una raza; conceda que toda la estructura de cada raza de hombre fuera perfectamente conocida; conceda que una tabla perfecta del descenso de cada raza fuera perfectamente conocida; conceda todo esto, y entonces ¿no cree que la mayoría preferiría como la mejor clasificación una genealógica, incluso si ocasionalmente pusiera a una raza no tan cerca de otra, como habría estado si se hubiera colocado solo por estructura? En general, podemos presumir con seguridad que la semejanza de las razas y sus pedigríes irían juntos.

Me gustaría escuchar lo que diría sobre este caso puramente teórico.

Podría preguntarse por qué el desarrollo es tan todopoderoso en la clasificación, como admito plenamente que lo es. Creo que es porque depende de, y traiciona mejor, el descenso genealógico; pero este es un punto demasiado amplio para entrar en él.

CARTA 205. A C. LYELL. Down, 7 de diciembre [1867].

Envío por este correo el artículo del Victorian Institute con respecto a la hueva de rana. Si recuerda en su niñez haber intentado alguna vez sacar una pequeña porción del agua, recordará que es sumamente difícil. Creo que todas las aves del mundo podrían posarse todos los días sobre la hueva de los batracios, y nunca transportar un solo óvulo. Con respecto a los jóvenes de los moluscos, indudablemente si el ave a la que estaban adheridos se posara en el mar, morirían instantáneamente; pero un ave terrestre, pensaría yo, nunca se posaría excepto bajo una terrible necesidad por fatiga. Esto, sin embargo, ha sido observado cerca de Heligoland (205/1. Gatke registra ejemplos en su "Heligoland as an Ornithological Observatory" (traducido por Rudolph Rosenstock, Edimburgo, 1895) de aves terrestres, como tordos, escribanos, pinzones, etc., descansando por un corto tiempo sobre la superficie del agua. El autor describe observaciones realizadas por él mismo a unas dos millas al oeste de Heligoland (página 129)); y las aves terrestres, después de descansar un tiempo en el mar tranquilo, han sido vistas elevarse y continuar su vuelo. No puedo darle la referencia sobre Heligoland sin mucha búsqueda. Este posarse en el mar puede ayudarle en su dificultad inesperada de la demasiado fácil difusión de los moluscos terrestres por la agencia de las aves. Disfruté mucho mi charla matutina con usted.

CARTA 206. A F. HILDEBRAND. Down, 5 de enero [1868].

Le agradezco su carta, que me ha deleitado por completo. Le felicito sinceramente por su éxito al hacer un híbrido de injerto (206/1. El artículo del Prof. Hildebrand está en la "Bot. Zeitung", 1868: la sustancia se da en "Variation of Animals and Plants", edición II, volumen I, página 420), pues creo que es una observación muy importante. Confío en que publicará los detalles completos sobre este tema y sobre la acción directa del polen (206/2. Véase Prof. Hildebrand, "Bot. Zeitung", 1868, y "Variation of Animals and Plants", edición II, volumen I, página 430. Se fertilizó un maíz de grano amarillo con polen de uno de grano marrón; el resultado fue que se produjeron mazorcas que llevaban granos tanto amarillos como de color oscuro): espero que sea tan amable de enviarme una copia de su artículo. Si hubiera logrado hacer un híbrido de injerto de la patata, habría tenido la intención de criar plántulas a partir del híbrido de injerto y de las dos formas parentales (excluyendo insectos) y comparar cuidadosamente la descendencia. Esto, sin embargo, sería difícil debido a la esterilidad y variabilidad de la patata. Cuando en el transcurso de unos pocos meses reciba mi segundo volumen (206/3. Esta frase puede parafrasearse: "Cuando reciba mi libro y lea el segundo volumen"), verá por qué considero estos dos temas tan importantes. Me han llevado a formular una hipótesis sobre las diversas formas de reproducción, desarrollo, herencia, etc., la cual creo que, a la larga, será aceptada, aunque cómo será recibida ahora, lo dudo mucho.

Una vez más le felicito por su éxito.

CARTA 207. A J.D. HOOKER. Down, 6 de enero [1868].

Muchas gracias por los nombres de las plantas, sinónimos y flores masculinas; todo lo que quería.

Me ha alegrado ver la carta de Watson, y lamento que sea un renegado sobre la Selección Natural. Es, como usted dice, característico, con el último golpe hacia usted.

Su dificultad sobre la diferencia entre los dos géneros de umbelíferas de Santa Elena es exactamente la misma que la que Nageli ha urgido en un folleto capaz (207/1. "Ueber Entstehung und Begriff der naturhist. Art." "Sitz. der K. Bayer. Akad. Der Wiss. zu Munchen", 1865. Algunos puntos de Nageli se discuten en el "Origin", edición V, página 151), y quien en consecuencia sostiene que existe alguna tendencia innata desconocida al progreso en todos los organismos. Le dije en una carta que, por supuesto, no podía explicar en absoluto tales casos; pero que no me parecían de fuerza abrumadora, mientras seamos totalmente ignorantes del significado de tales estructuras, si son de alguna utilidad para las plantas, o consecuencias inevitables de modificaciones en otras partes.

No puedo entender qué quiere decir Watson con el "contrapeso en la naturaleza" a la variación divergente. Existe el contrapeso del cruce, del cual mi trabajo actual me lleva a ver cada día más y más la eficacia; pero supongo que se refiere a algo muy diferente. Además, creo que la variación es divergente únicamente porque las formas diversificadas pueden subsistir mejor. Pero usted me considerará un pesado.

Adjunto media carta de F. Muller (que por favor devuelva) por la posibilidad de que le guste verla; aunque he dudado mucho sobre enviarla, ya que está tan sobrecargado de trabajo. Imagino que la flor tipo Solanum es curiosa.

Escuché ayer para mi alegría que el Dr. Hildebrand ha estado experimentando sobre la acción directa del polen en la planta madre con éxito. También ha tenido éxito en hacer un verdadero híbrido de injerto entre dos variedades de patatas, en lo cual fallé. Considero esto espléndido para la pangénesis, como una fuerte evidencia de que la reproducción por yemas y la reproducción seminal no difieren esencialmente.

Mi libro está horriblemente retrasado, debido al maldito autor del índice (207/2. Darwin apreciaba profundamente el buen trabajo puesto en el índice de "The Variation of Animals and Plants"). ¡Casi me he olvidado de él!

CARTA 208. A T.H. HUXLEY. Down, 30 de enero [1868].

Mi más sincero agradecimiento por sus amables felicitaciones. Nunca recibí una nota suya en mi vida sin placer; pero si esto será así después de que usted haya leído la pangénesis (208/1. En el Volumen II de "Animals and Plants", 1868), lo dudo mucho. ¡Oh Dios, qué rapapolvo puedo recibir! Le escribo ahora en parte para decir que no debe pensar en mirar mi libro hasta el verano, cuando espero que lea la pangénesis, pues me importa su opinión sobre tal tema más que la de cualquier otro hombre en Europa. ¡Usted es tan terriblemente perspicaz y tan condenadamente honesto! Pero hasta el día de mi muerte siempre mantendré que usted ha sido demasiado perspicaz respecto al hibridismo; y me gustaría que leyera el capítulo sobre el tema en mi libro: no es que, como temo, produzca algún buen efecto, y que le cuelguen a usted.

Me regocija que sus hijos estén todos bastante bien. Entregue a la Sra. Huxley lo adjunto (208/2. Consultas sobre expresión), y pídale que observe cuando uno de sus hijos está luchando y a punto de estallar en llanto. Una querida joven cerca de aquí molestó a un niño muy pequeño por mi causa, hasta que lloró, y vi las cejas por un segundo o dos hermosamente oblicuas, justo antes de que comenzara el torrente de lágrimas.

La simpatía de todos nuestros amigos sobre el éxito de George (es el joven Herald) (208/3. Su hijo George fue Second Wrangler en 1868; de niño era un entusiasta de la heráldica) ha sido un placer maravilloso para nosotros. George no se ha esclavizado, lo que hace que su éxito sea más satisfactorio. Adiós, mi querido Huxley, y no se mate trabajando.

CARTA 209. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. Febrero de 1868.

Las únicas partes con las que hasta ahora me he encontrado donde difiero algo de sus puntos de vista, son en el capítulo sobre las causas de la variabilidad, en el cual creo que varios de sus argumentos no son sólidos: pero este es un tema demasiado largo para entrar en él ahora. Además, no veo su objeción a que la esterilidad entre especies aliadas haya sido ayudada por la Selección Natural. Me parece que, dada una diferenciación de una especie en dos formas, cada una de las cuales estaba adaptada a una esfera especial de existencia, cada ligero grado de esterilidad sería una ventaja positiva, no para los individuos que eran estériles, sino para cada forma. Si usted lo desarrolla, y supone que las dos especies incipientes a...b se dividen en dos grupos, uno de los cuales contiene aquellos que son fértiles cuando se cruzan los dos, siendo el otro ligeramente estéril, encontrará que este último ciertamente suplantará al primero en la lucha por la existencia; recordando que usted ha demostrado que en tal cruce la descendencia sería más vigorosa que la raza pura, y por lo tanto ciertamente pronto los suplantaría, y como estos no estarían tan bien adaptados a ninguna esfera especial de existencia como las especies puras a y b, ciertamente a su vez cederían ante a y b.

CARTA 210. A A.R. WALLACE. 27 de febrero [1868].

Estaré muy contento de escuchar, algún día futuro, sus críticas sobre las "causas de la variabilidad". De hecho, estoy seguro de que tengo razón sobre la esterilidad y la Selección Natural. Dos de mis hijos adultos que son razonadores agudos han intentado dos o tres veces a intervalos probar que estoy equivocado; y cuando llegó su carta tuvieron otro intento, pero terminaron volviendo a mi lado. No entiendo del todo su caso, y pensamos que una palabra o dos están fuera de lugar. Desearía que alguna vez considerara el caso bajo el siguiente punto de vista. Si la esterilidad es causada o acumulada a través de la Selección Natural, entonces, como cada grado existe hasta la esterilidad absoluta, la Selección Natural debe tener el poder de aumentarla. Ahora tome dos especies A y B, y asuma que son (por cualquier medio) semiestériles, es decir, producen la mitad del número completo de descendientes. Ahora intente hacer (por Selección Natural) a A y B absolutamente estériles cuando se cruzan, y encontrará lo difícil que es. Admito, de hecho es cierto, que el grado de esterilidad de los individuos de A y B variará; pero cualesquiera individuos extraestériles de, digamos A, si más tarde se reprodujeran con otros individuos de A, no legarán ninguna ventaja a su progenie, por la cual estas familias tenderán a aumentar en número sobre otras familias de A, que no son más estériles cuando se cruzan con B. Pero no sé si he dejado esto más claro que en el capítulo de mi libro. Es un razonamiento muy difícil, que he repasado una y otra vez en papel con diagramas (210/1. Esta carta apareció en "Life and Letters", III, página 80).

CARTA 211. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. 1 de marzo de 1868.

Me permito adjuntar lo que me parece una demostración, basada en sus propios principios, de que la selección natural podría producir la esterilidad de los híbridos. Si no le convence, agradecería que me señalara dónde reside la falacia. He tomado los dos casos de una ligera esterilidad que supera a una fertilidad perfecta, y de una esterilidad perfecta que supera a una fertilidad parcial; el principio y el fin del proceso. Usted admite que ocurren variaciones en la fertilidad y la esterilidad, y creo que también admitirá que si demuestro que una cantidad considerable de esterilidad sería ventajosa para una variedad, eso es prueba suficiente de que la más mínima variación en esa dirección sería útil también, y seguiría acumulándose.

1. Supongamos una especie que ha variado en dos formas, cada una adaptada a las condiciones existentes (211/1. "Condiciones existentes" significa, por supuesto, nuevas condiciones que han surgido ahora. Y que las "dos", al estar ambas mejor adaptadas que la forma parental, significa que están mejor adaptadas cada una a un entorno especial en la misma área —como una a lugares húmedos, otra a secos; una a bosques, otra a terrenos abiertos, etc., etc., como Darwin ya había explicado. A.R.W. (1899).) mejor que la forma parental, a la cual suplantan.

2. Si estas dos formas, que se supone coexisten en el mismo distrito, no se cruzan, la selección natural acumulará variaciones favorables hasta que estén lo suficientemente bien adaptadas a sus condiciones de vida y formen dos especies aliadas.

3. Pero si estas dos formas se cruzan libremente entre sí y producen híbridos que son también bastante fértiles inter se, entonces la formación de las dos razas o especies distintas se verá retrasada o quizás impedida por completo; pues la descendencia de las uniones cruzadas será más vigorosa debido al cruce, aunque menos adaptada a sus condiciones de vida que cualquiera de las razas puras. (211/2. Después de "razas puras", añádase "porque están menos especializadas". A.R.W. (1899).)

4. Ahora bien, supongamos que surge una esterilidad parcial en algunos individuos de estas dos formas cuando se cruzan; y como esto probablemente se debiera a algunas condiciones especiales de vida, podemos suponer razonablemente que surge en alguna porción definida del área ocupada por las dos formas.

5. El resultado es que en esta área los híbridos no aumentarán tan rápidamente como antes; y como, según los términos del problema, las dos formas puras están mejor adaptadas a las condiciones de vida que los híbridos, tenderán a suplantar a estos últimos por completo cuando la lucha por la existencia se vuelva severa.

6. Podemos suponer razonablemente, también, que tan pronto como aparezca cualquier esterilidad en condiciones naturales, irá acompañada de cierta falta de inclinación a las uniones cruzadas; y esto disminuirá aún más la producción de híbridos.

7. En la otra parte del área, sin embargo, donde el hibridismo ocurre sin trabas, los híbridos de diversos grados pronto superarán en número a la forma parental o pura.

8. El primer resultado, pues, de una esterilidad parcial de los cruces que aparece en una parte del área ocupada por las dos formas, será que la GRAN MAYORÍA de los individuos consistirá allí únicamente en las formas puras, mientras que en el resto del área estas serán una minoría —lo cual es lo mismo que decir que la nueva variedad estéril o fisiológica de las dos formas estará mejor adaptada a las condiciones de existencia que la porción restante que no ha variado fisiológicamente.

9. Pero cuando la lucha por la existencia se vuelve severa, aquella variedad que está mejor adaptada a las condiciones de existencia siempre suplanta a la que está imperfectamente adaptada; por tanto, mediante la selección natural, las variedades estériles de las dos formas se establecerán como las únicas.

10. Ahora bien, supongamos que ocurre una nueva serie de variaciones en el grado de esterilidad y en la falta de inclinación a las uniones cruzadas —también en ciertas partes del área: exactamente el mismo resultado debe ocurrir, y la progenie de esta nueva variedad fisiológica volverá a ocupar con el tiempo toda el área.

11. Hay aún otra consideración que apoya este punto de vista. Parece probable que las variaciones en el grado de esterilidad coincidirían hasta cierto punto con las variaciones estructurales y quizás dependerían de ellas; de modo que, en la misma proporción en que las dos formas divergieran y se adaptaran mejor a las condiciones de existencia, su esterilidad aumentaría. Si este fuera el caso, entonces la selección natural actuaría con doble fuerza, y aquellas variedades que estuvieran mejor adaptadas para sobrevivir tanto estructural como fisiológicamente, ciertamente lo harían. (211/3. Los once párrafos precedentes son sustancial, aunque no verbalmente, idénticos a la exposición del argumento en el libro "Darwinism" del Sr. Wallace, 1889. Páginas 179, 180, nota 1.)

12. Consideremos ahora el caso más difícil de dos especies aliadas A, B, en la misma área, donde la mitad de los individuos de cada una (As, Bs) son absolutamente estériles, y la otra mitad (Af, Bf) es parcialmente fértil: ¿exterminarán finalmente As, Bs a Af, Bf?

13. Para evitar complicaciones, debe concederse que entre As y Bs no tienen lugar uniones cruzadas, mientras que entre Af y Bf las uniones cruzadas son tan frecuentes como las uniones directas, aunque mucho menos fértiles. También debemos dejar fuera de consideración los cruces entre As y Af, Bs y Bf, con sus diversas aproximaciones a la esterilidad, ya que creo que no afectarán el resultado final, aunque complicarán enormemente el problema.

14. En la primera generación resultará: 1º, la progenie pura de As y Bs; 2º, la progenie pura de Af y de Bf; y 3º, la progenie híbrida de Af, Bf.

15. Suponiendo que, en años ordinarios, el mayor vigor constitucional de los híbridos contrarreste exactamente sus adaptaciones imperfectas a las condiciones, habrá en la segunda generación, además de estas tres clases, híbridos de segundo grado entre los primeros híbridos y Af y Bf, respectivamente. En las generaciones sucesivas habrá híbridos de todos los grados, variando entre los primeros híbridos y los tipos casi puros de Af y Bf.

16. Ahora bien, si al principio el número de individuos de As, Bs, Af y Bf fuera igual, y año tras año el número total continuara estacionario, creo que puede demostrarse que, mientras la mitad será la progenie pura de As y Bs, la otra mitad se volverá cada vez más hibridada, hasta que el conjunto sean híbridos de diversos grados.

17. Ahora bien, esta raza híbrida y algo intermedia no puede estar tan bien adaptada a las condiciones de vida como las dos especies puras, que se han formado mediante la adaptación minuciosa a las condiciones a través de la selección natural; por tanto, en una lucha severa por la existencia, los híbridos deben sucumbir, especialmente porque, por hipótesis, su fertilidad no sería tan grande como la de las dos especies puras.

18. Si tomáramos en consideración las uniones de As con Af y Bs con Bf, los resultados se volverían muy complicados, pero aun así debe conducir a que haya un número de formas puras derivadas enteramente de As y Bs, y de formas híbridas derivadas principalmente de Af y Bf; y el resultado de la lucha de estos dos conjuntos de individuos no puede ser dudoso.

19. Si estos argumentos son sólidos, se deduce que la esterilidad puede acumularse y aumentarse, y finalmente completarse mediante la selección natural, ya sea que las variedades estériles se originen juntas en una porción definida del área ocupada por las dos especies, o que ocurran dispersas por toda el área. (211/4. La primera parte de esta discusión debe considerarse por separado, ya que es tanto más simple como más importante. Ahora creo que la utilidad, y por tanto la causa de la esterilidad entre especies, reside durante el proceso de diferenciación. Cuando las especies están plenamente formadas, la aparición ocasional de híbridos es de importancia comparativamente menor, y nunca puede ser un peligro para la existencia de la especie. A.R.W. (1899).)

P.D.—En respuesta a la objeción sobre la esterilidad desigual de los cruces recíprocos ("Variation, etc.", Volumen II, página 186), respondo que, hasta donde llegaba, la esterilidad de un cruce sería ventajosa incluso si el otro cruce fuera fértil: y del mismo modo que los caracteres ahora coordinados pueden haber sido acumulados por separado por la selección natural, los cruces recíprocos pueden haberse vuelto estériles uno a la vez.

CARTA 212. A A.R. WALLACE. 4, Chester Place, 17 de marzo de 1868.

(212/1. El Sr. Darwin ya había escrito una breve nota al Sr. Wallace expresando su desacuerdo general con su punto de vista.)

No siento que vaya a enfrentarme al argumento de la esterilidad hasta mi regreso a casa; lo he intentado una o dos veces, y me ha hecho sentir el estómago como si hubiera sido colocado en un tornillo de banco. Su escrito ha vuelto medio locos a tres de mis hijos; uno se quedó despierto hasta las 12 de la noche con él. Mi segundo hijo, el matemático, piensa que usted ha omitido una deducción casi inevitable que aparentemente modificaría el resultado. Ha escrito lo que piensa, pero no he intentado comprenderlo del todo. Supongo que a usted no le interesa lo suficiente el tema como para querer ver lo que él ha escrito.

CARTA 212A. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. Hurstpierpoint, 24 de marzo [1868].

Le devuelvo los apuntes de su hijo con mis notas sobre ellos. Sin entrar en detalles, ¿no es este un argumento general sólido?

1. Una especie varía ocasionalmente en dos direcciones, pero debido a su libre cruzamiento las variedades nunca aumentan.

2. Ocurre un cambio de condiciones que amenaza la existencia de la especie; pero las dos variedades están adaptadas a las condiciones cambiantes y, si se acumulan, formarán dos nuevas especies adaptadas a las nuevas condiciones.

3. El libre cruzamiento, sin embargo, hace esto imposible, y por tanto la especie está en peligro de extinción.

4. Si se indujera la esterilidad, entonces las razas puras aumentarían más rápidamente y reemplazarían a la antigua especie.

5. Se admite que la esterilidad parcial entre variedades ocurre ocasionalmente. Se admite que el grado de esta esterilidad varía; ¿no es probable que la selección natural pueda acumular estas variaciones y así salvar a la especie? Si la selección natural NO puede hacer esto, ¿cómo surgen las especies alguna vez, excepto cuando una variedad está aislada?

Que especies estrechamente aliadas en países distintos sean estériles no es una dificultad; pues o bien divergieron de un ancestro común en contacto, y la selección natural aumentó la esterilidad, o bien estaban aisladas y han variado desde entonces: en cuyo caso han sido influenciadas durante siglos por condiciones distintas que bien pueden producir esterilidad.

Si la dificultad del injerto fuera tan grande como la dificultad del cruce, y tan regular, admito que sería una objeción muy seria. Pero no lo es. Creo que muchas especies distintas pueden injertarse, mientras que otras menos distintas no pueden. La regularidad con la que las especies naturales son estériles entre sí, incluso cuando son muy parecidas, creo que es un argumento a favor de que la esterilidad ha sido generalmente producida por la selección natural para el bien de la especie.

La otra dificultad, la de la esterilidad desigual de los cruces recíprocos, no me parece ninguna; pues es un paso hacia una esterilidad más completa y, como tal, sería aumentada por la selección.

CARTA 213. A A.R. WALLACE. Down, 6 de abril [1868].

He estado considerando el terrible problema. Permítame decir primero que nadie podría haber deseado con más ahínco el éxito de la selección natural con respecto a la esterilidad que yo; y cuando consideraba una declaración general (como en su última nota) siempre me sentía seguro de que podía resolverse, pero siempre fracasaba en los detalles. La causa es, según creo, que la selección natural no puede efectuar lo que no es bueno para el individuo, incluyendo en este término una comunidad social. Llevaría un volumen discutir todos los puntos, y nada me resulta tan humillante como estar de acuerdo con un hombre como usted (o Hooker) en las premisas y estar en desacuerdo sobre el resultado.

Estoy de acuerdo con el argumento de mi hijo y no con la réplica. La causa de nuestra diferencia, creo, es que considero el número de descendientes como un elemento importante (permaneciendo iguales todas las circunstancias) para mantener el número promedio de individuos dentro de cualquier área. No creo que la cantidad de alimento sea de ninguna manera la única causa determinante del número. Una fertilidad disminuida es equivalente a una nueva fuente de destrucción. Creo que si en un distrito una especie produjera, por cualquier causa, menos crías, la deficiencia se supliría desde los distritos circundantes. Esto se aplica a su párrafo 5. (213/1. Véase la Carta 211.) Si la especie produjera menos crías por cualquier causa en todos los distritos, se extinguiría a menos que su fertilidad fuera aumentada mediante la selección natural (véase H. Spencer).

Presento objeciones a la probabilidad y casi a la posibilidad del párrafo 1., pues usted comienza con dos formas dentro de la misma área, que no son mutuamente estériles, y que sin embargo han suplantado a la forma parental.

(Párrafo 6.) No conozco ni rastro de un hecho que apoye la creencia de que la falta de inclinación al cruce acompaña a la esterilidad. No puede sostenerse con las plantas, o con los animales acuáticos fijos inferiores. Vi claramente qué inmensa ayuda sería esto, pero lo abandoné. La falta de inclinación al cruce parece haber sido adquirida independientemente, probablemente por la selección natural; y no veo por qué no habría bastado con haber simplemente aumentado la falta de inclinación sexual al cruce para haber evitado que las especies incipientes se mezclaran.

(Párrafo 11.) Presento objeciones, hasta cierto punto, a que la cantidad de esterilidad y la desemejanza estructural vayan necesariamente juntas, excepto indirectamente y de ninguna manera estrictamente. Mire las variedades de palomas, aves de corral y coles.

Pasé por alto la ventaja de la semiesterilidad de los cruces recíprocos; sin embargo, quizás por novedad, no me siento inclinado a admitir la probabilidad de que la selección natural haya hecho su trabajo de manera tan extraña.

No discutiré el segundo caso de esterilidad absoluta, pero sus suposiciones en el párrafo 13 me parecen demasiado complicadas. No puedo creer que un atributo tan universal como la esterilidad absoluta entre especies remotas se adquiriera de una manera tan compleja. No estoy de acuerdo con su réplica sobre el injerto: admito plenamente que no está tan estrechamente restringido como el cruce, pero esto no me parece que debilite el caso como una analogía. La incapacidad de injerto es asimismo un atributo invariable de las plantas suficientemente remotas entre sí, y a veces de plantas bastante estrechamente aliadas.

La dificultad de aumentar la esterilidad mediante la selección natural de dos especies ya estériles me parece que se comprende mejor considerando un caso real. La prímula y la primavera son moderadamente estériles, aunque ocasionalmente producen híbridos. Ahora bien, estos híbridos, dos, tres o una docena en toda una parroquia, ocupan un terreno que podría haber sido ocupado por cualquiera de las especies puras, y sin duda estas últimas sufren hasta este pequeño grado. Pero, ¿puede usted concebir que alguna planta individual de primavera y prímula que por casualidad fuera mutuamente un poco más estéril (es decir, que, al cruzarse, rindiera un poco menos de semilla) de lo habitual, se beneficiaría hasta tal punto como para aumentar en número hasta la exclusión final de la primavera y la prímula actuales? Yo no puedo.

Mi hijo, siento decir, no puede ver toda la fuerza de su réplica con respecto al segundo punto de la esterilidad continuamente aumentada. Usted habla en esta réplica, y en el párrafo 5, de que todos los individuos se vuelven en cierto grado estériles en ciertos distritos: si usted admitiera que por la exposición continua a estas mismas condiciones la esterilidad inevitablemente aumentaría, no habría necesidad de selección natural. Pero sospecho que la esterilidad no es causada tanto por condiciones particulares como por la larga habituación a condiciones de cualquier tipo. Hablando según la pangénesis, las gémulas de los híbridos no están dañadas, pues los híbridos se propagan libremente por yemas; pero sus órganos reproductivos están de alguna manera afectados, de modo que no pueden acumular las gémulas adecuadas, casi de la misma manera que los órganos reproductivos de una especie pura se ven afectados cuando se exponen a condiciones no naturales.

Esta es una carta muy mal expresada y mal escrita. No la conteste, a menos que el espíritu le impulse. La vida es demasiado corta para una discusión tan larga. Mucho me temo que nunca estaremos de acuerdo.

CARTA 214. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. Hurstpierpoint, [¿abril?] 8 de 1868.

Lamento que se haya tomado la molestia de responder a mis ideas sobre la esterilidad. Si usted no está convencido, no me cabe duda de que estoy equivocado; y, de hecho, yo mismo solo estaba medio convencido por mis propios argumentos, y ahora pienso que hay aproximadamente un cincuenta por ciento de posibilidades de que la selección natural sea o no capaz de acumular esterilidad. Si mi primera proposición se modifica a la existencia de una especie y una variedad en la misma área, funcionará igual de bien para mi argumento. Ciertamente existen tales casos. Son fértiles entre sí y, sin embargo, cada una se mantiene tolerablemente distinta. ¿Cómo puede ser esto, si no hay falta de inclinación al cruce?

Mi creencia es, ciertamente, que el número de descendientes no es un elemento tan importante para mantener la población de una especie como el suministro de alimento y otras condiciones favorables; porque el número de individuos de una especie varía constantemente en gran medida en diferentes partes de su propia área, mientras que el número promedio de descendientes no es un elemento muy variable.

Sin embargo, no diré más, sino que dejaré el problema como insoluble, solo temiendo que se convierta en un arma formidable en manos de los enemigos de la selección natural.

CARTA 215. A J.D. HOOKER.

(215/1. El siguiente extracto de una carta a Sir Joseph Hooker (fechada el 3 de abril de 1868) se refiere a su discurso presidencial para la próxima reunión de la Asociación Británica en Norwich.

Se da cuenta del éxito de Sir Joseph en "Life and Letters", III, página 100, también en la "Life" de Huxley, Volumen I, página 297, donde Huxley escribe a Darwin:—

"Tuvimos una excelente reunión en Norwich, y el querido viejo Hooker se lució con gran fuerza, como siempre hace en las emergencias. El único defecto fue el terrible 'Darwinismus' que se extendió por la sección y apareció cuando menos lo esperabas, incluso en la conferencia de Fergusson sobre 'Templos budistas'. Tendrás la rara felicidad de ver tus ideas triunfar durante tu vida.

"P.D.—Me voy a la oposición; no puedo soportarlo".)

Down, 3 de abril [1868].

He estado pensando en su discurso presidencial; le aseguro que me sentí bastante incómodo al imaginar que tenía que hacerlo, y sintiéndome completamente estupefacto.

Pero no creo que le resulte tan difícil. Cuando venga a Down tendré mucha curiosidad por saber cuáles son sus ideas sobre el tema.

¿Podría sacar algo en claro de una historia de los grandes pasos en el progreso de la botánica, como representante de toda la historia natural? ¡Que el cielo le proteja! Supongo que habrá hombres para quienes tal trabajo no sería tan terrible como me parece a mí... Si tuviera tiempo, debería leer un artículo de W. Bagehot en el número de abril de la "Fortnightly" (215/2. "Physic and Politics", "Fortnightly Review", Volumen III, página 452, 1868.), aplicando la selección natural a la política temprana o prehistórica, y, de hecho, a la política reciente; esto, ya sabe, es su punto de vista.

CARTA 216. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. 9, St. Mark's Crescent, N.W., 16 de agosto [1868].

Debería haber escrito antes para agradecerle las copias de sus trabajos sobre Primula y sobre "Uniones cruzadas de plantas dimórficas, etc.". Este último es particularmente interesante y su conclusión es de la mayor importancia; pero creo que hace que la dificultad sobre cómo se originaron estas formas, con sus diversos grados de esterilidad, sea mayor que nunca. Si la "selección natural" no pudiera acumular diversos grados de esterilidad para beneficio de la planta, entonces, ¿cómo llegó la esterilidad a asociarse con un cruce de una planta trimórfica en lugar de otro? La dificultad parece aumentar por la consideración de que la ventaja de un cruce con un individuo distinto se obtiene igual de bien mediante uniones ilegítimas que mediante legítimas. ¿Por qué medios, entonces, las uniones ilegítimas llegaron a ser estériles? ¡Parecería una manera mucho más simple que el polen de cada planta hubiera adquirido una prepotencia sobre el estigma de otro individuo frente al del mismo individuo, sin la complicación extraordinaria de tres diferencias de estructura y dieciocho uniones diferentes con grados variables de esterilidad!

Sin embargo, el hecho sigue siendo una excelente respuesta a la afirmación de que la esterilidad de los híbridos demuestra la distinción absoluta de los padres.

He estado leyendo con gran placer el último y admirable discurso del Sr. Bentham (216/1. "Proc. Linn. Soc." 1867-8, página lvii.), en el que responde tan bien a las burdas declaraciones falsas del "Athenaeum"; y también se pronuncia a favor de la pangénesis. Creo que ahora podemos felicitarle por haber conseguido un valioso converso, cuyas opiniones sobre el tema, llegando tan tarde y siendo evidentemente tan bien consideradas, tendrán mucho peso.

El martes iré a Norwich para escuchar al Dr. Hooker, quien espero que promulgue con audacia el «darwinismo» en su discurso. (216/2. Discurso presidencial de Sir Joseph Hooker en la reunión de la Asociación Británica). ¿Tendremos el placer de verle allí?

Estoy ocupado con las negociaciones sobre mi libro.

Espero que esté bien y que avance con sus próximos volúmenes.

(216/3. El Sr. Wallace nos ha permitido añadir la siguiente nota en cuanto a sus puntos de vista más recientes sobre la cuestión de la Selección Natural y la esterilidad:

«Al escribir mi "Darwinismo" y volver a considerar este problema del efecto de la Selección Natural en la acumulación de variaciones en el grado de esterilidad entre variedades o especies incipientes veinte años después, quedé más convencido, de lo que lo estaba cuando debatía con Darwin, de la exactitud sustancial de mi argumento. Recientemente, un corresponsal que es a la vez naturalista y matemático me ha señalado un ligero error en mi cálculo de la página 183 (que, sin embargo, no afecta materialmente al resultado), refutando la "selección fisiológica" del difunto Dr. Romanes, pero no ve ninguna falacia en mi argumento sobre el poder de la Selección Natural para aumentar la esterilidad entre especies incipientes, ni, hasta donde yo sé, nadie ha demostrado que tal falacia exista.

»Sobre los otros puntos en los que diferí del Sr. Darwin en la discusión precedente —el efecto de la alta fertilidad en la población de una especie, etc.—, sigo manteniendo las opiniones que expresé entonces, pero sería inapropiado intentar justificarlas aquí».

A.R.W. (1899).)

CARTA 217. A C. LYELL. Down, 4 de octubre [1867].

Respecto a los puntos de su nota, a veces puedo haberme expresado con ambigüedad. Al final del capítulo XXIII, donde digo que las razas marcadas no suelen (usted omite «suelen») producirse por condiciones cambiantes (217/1. «Por lo tanto, aunque debe admitirse que las nuevas condiciones de vida afectan a veces de manera definida a los seres orgánicos, puede dudarse si se han producido a menudo razas bien marcadas por la acción directa de condiciones cambiantes sin la ayuda de la selección, ya sea por parte del hombre o de la naturaleza». («Animales y plantas», volumen II, página 292, 1868)), mi intención era referirme a la acción directa de tales condiciones en la causación de la variación, y no como algo que conduzca a la preservación o destrucción de ciertas formas. Existe una diferencia tan amplia en estos dos aspectos como entre la selección voluntaria por parte del hombre y las causas que inducen la variabilidad. En alguna parte de mi libro me he referido a la estrecha conexión entre la Selección Natural y la acción de las condiciones externas en el sentido que usted especifica en su nota. Y en este sentido, puede decirse que toda Selección Natural depende de condiciones cambiantes. En el «Origen» creo haber subestimado (y por la causa que usted menciona) los efectos de la acción directa de las condiciones externas en la producción de variedades; pero espero que en el capítulo XXIII haya logrado un equilibrio tan justo como permite nuestro conocimiento.

Es maravilloso para mí que tenga usted la paciencia de leer mis borradores, y no puedo dejar de lamentarlo, ya que son tan imperfectos; creo que deben darle una impresión equivocada, y si me hubiera negado rotundamente, quizá habría pensado mejor de mi libro. Cada borrador está muy alterado, y espero que mejorado.

Respecto al óvulo humano, no puedo encontrar las dimensiones indicadas, aunque a menudo he visto la afirmación. Mi impresión es que sería apenas visible si se colocara sobre un vidrio limpio. Huxley podría responder a su pregunta de inmediato.

No he estado bien últimamente y he avanzado poco, pero creo que mi libro estará terminado a mediados de noviembre.

CARTA 218. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. [Finales de febrero de 1868]

Estoy en el segundo volumen de su libro y me he quedado asombrado por el inmenso número de hechos interesantes que ha reunido. Leí primero el capítulo sobre la pangénesis, pues no podía esperar. Difícilmente puedo decirle cuánto lo admiro. Es un consuelo positivo para mí tener alguna explicación factible de una dificultad que siempre me ha estado atormentando, y nunca podré abandonarla hasta que una mejor ocupe su lugar, y eso creo que es difícilmente posible. Ahora usted ha superado claramente a Spencer en su propio terreno, pues él realmente no ofreció ninguna solución a las dificultades del problema. La incomprensible pequeñez y el vasto número de los gérmenes o átomos fisiológicos (que ellos mismos deben estar compuestos por números de las unidades fisiológicas de Spencer) es la única dificultad; pero eso solo está a la par con las dificultades en todas las concepciones de la materia, el espacio, el movimiento, la fuerza, etc.

Según entendí a Spencer, sus unidades fisiológicas eran idénticas en toda la especie, pero ligeramente diferentes en cada especie distinta; pero no se hizo ningún intento por mostrar cómo la forma idéntica del progenitor o de los ancestros llegó a construirse a partir de tales unidades.

CARTA 219. A A.R. WALLACE. Down, 27 de febrero [1868].

No puede imaginar cuánto me ha complacido lo que dice sobre la pangénesis. Ninguno de mis amigos quiere hablar claro, salvo en cierta medida Sir H. Holland, a quien le resultó una lectura muy difícil, pero admite que habrá que aceptar alguna visión «muy cercana a ella». Hooker, hasta donde le entiendo, lo cual apenas logro en este momento, parece pensar que la hipótesis no es mucho más que decir que los organismos tienen tales o cuales potencialidades. Lo que usted dice expresa exacta y plenamente mis sentimientos, a saber, que es un alivio tener alguna explicación factible de los diversos hechos, que puede abandonarse tan pronto como se encuentre una hipótesis mejor. Ciertamente ha sido un alivio inmenso para mi mente; pues he estado tropezando con el tema durante años, viendo vagamente que existía alguna relación entre las diversas clases de hechos. Ahora escucho de H. Spencer que sus puntos de vista citados en mi nota al pie se refieren a algo bastante distinto, como usted parece haber percibido. (219/1. Esta carta está publicada en «Life and Letters», III, página 79).

CARTA 220. A.R. WALLACE A CHARLES DARWIN. Hurstpierpoint, 1 de marzo de 1868.

...Sir C. Lyell me habló como si hubiera admirado enormemente la pangénesis. Me alegra mucho que H. Spencer reconozca de inmediato que su punto de vista era algo bastante distinto al suyo. Aunque, como usted sabe, soy un gran admirador suyo, siento lo completamente que su punto de vista fracasó en ir a la raíz del asunto, como lo hace el suyo. El suyo no explicaba nada, aunque evidentemente estaba luchando arduamente por encontrar una explicación. El suyo, hasta donde puedo ver, explica todo en el crecimiento y la reproducción, aunque, por supuesto, el misterio de la vida y la conciencia sigue siendo tan grande como siempre.

Algunas partes del capítulo sobre la pangénesis me resultaron de lectura difícil y aún no las he dominado del todo, y también hay a lo largo de las discusiones en el volumen II muchas partes de lectura difícil, sobre puntos minuciosos que nosotros, que no hemos trabajado experimentalmente en el cultivo y el cruce como usted ha hecho, difícilmente podemos ver la importancia de estos, o su relación con la cuestión general.

Si me lo piden, tal vez escriba un artículo sobre el libro para alguna publicación periódica, y, si es así, haré lo que pueda para que la «Pangénesis» sea apreciada...

(220/1. En «Nature», 25 de mayo de 1871, página 69, apareció una carta sobre la pangénesis del Sr. A.C. Ranyard, tratando la dificultad de que los «elementos sexuales producidos sobre el vástago» no han demostrado ser afectados por el patrón. El Sr. Darwin, en una copia anotada de esta carta, discute la exactitud de la afirmación, pero añade: «LA MEJOR OBJECIÓN PLANTEADA HASTA AHORA». Parece no haber usado las observaciones del Sr. Ranyard en la 2.ª edición de la «Variación de animales y plantas», 1875).

CARTA 221. A J.D. HOOKER. Down, 21 de mayo [1868].

Sé que se ha estado sobrecargando de trabajo, y eso le hace pensar que no está haciendo nada en ciencia. Si este es el caso (lo cual no creo), todo su intelecto se ha volcado en la escritura de cartas, pues nunca en toda mi vida recibí una más placentera que la última. Nos divirtió mucho a todos. ¡Qué terriblemente severo es usted con el Duque (221/1. El difunto Duque de Argyll, cuyo «Reign of Law» había estado leyendo Sir J.D. Hooker.): realmente creo que demasiado severo, pero entonces no soy un juez imparcial, pues un Duque, a mis ojos, no es un mortal común, ¡y no debe ser juzgado por las reglas comunes! Le compadezco desde el fondo de mi alma por el discurso (221/2. Sir Joseph fue presidente de la Asociación Británica en Norwich en 1868: véase «Life and Letters», III, página 100. La referencia a las «Floras insulares» es a la conferencia de Sir Joseph en la reunión de Nottingham de la Asociación Británica en 1866: véase «Life and Letters», III, página 47.): me pone la carne de gallina; pero cuando le compadecí ante Huxley, él no quiso unirse en absoluto, y solo dijo que usted hizo y pronunció su conferencia sobre las Floras Insulares tan admirablemente en todos los sentidos que no le dedicaría ninguna lástima. Se sentía seguro de que mantendría la cabeza alta. Sin embargo, quiera Dios que todo haya terminado por su bien. Creo, tras varias largas conversaciones, que Huxley dará una excelente y original conferencia sobre la distribución geográfica de las aves. He estado trabajando muy duro, demasiado duro últimamente, en la Selección Sexual, que resulta ser un tema gigantesco; y casi todos los días surgen nuevos temas que requieren investigación y que conducen a un sinfín de cartas y búsquedas en libros. También estoy molesto con montones de cartas necias sobre todo tipo de temas, pero estoy muy interesado en mi materia, y a veces veo destellos de luz. Todas mis otras cartas me han impedido permitirme el lujo de escribirle; pero ayer encontré la gramínea de la langosta (221/3. Sin duda las plantas cultivadas a partir de semillas tomadas del estiércol de langosta enviado por el Sr. Weale desde Sudáfrica. El caso se menciona en la quinta edición del «Origen», publicada en 1869, página 439) en flor, y tuve que enviarla de inmediato. Supongo que alguno de sus asistentes podrá identificar el género sin gran problema. He hecho poco en experimentación últimamente, pero descubro que la reseda es absolutamente estéril con polen de la misma planta. Cualquiera que viera estambre tras estambre doblándose hacia arriba y soltando polen sobre los estigmas de la misma flor declararía que la estructura es un mecanismo admirable para la autogestión. ¡Qué absolutamente misterioso es que deba haber alguna diferencia en los óvulos y el contenido de los granos de polen (pues los tubos penetran en su propio estigma) que cause la fertilización cuando estos se toman de dos plantas distintas, y que conduzca invariablemente a la impotencia cuando se toman de la misma planta! Por Júpiter, ni siquiera Pan (221/4. Pangénesis) explicará esto. Es un consuelo para mí pensar que seguramente usted será perseguido en su lecho de muerte por no honrar al gran dios Pan. Estoy encantado con lo que dice sobre mi libro y sobre Bentham; al escribirlo, me interesé mucho por algunas partes, pero últimamente pensé tan mal de él como incluso el «Athenaeum». ¡Debería leerse en el extranjero por el bien de los libreros, pues cinco ediciones han salido o están saliendo en el extranjero! Me avergüenza decir que solo he leído la parte orgánica de Lyell, y admiro todo lo que he leído tanto como usted. Es un consuelo saber que posiblemente cuando uno tiene setenta años, el cerebro puede ser bueno para el trabajo. Me vuelve loco, y sé que a usted también, que uno no tenga tiempo para leer nada más allá de lo que debe ser leído: mi habitación está llena de libros sin leer. Estoy de acuerdo sobre la maravillosa inteligencia de Wallace, pero no es lo suficientemente cauteloso en mi opinión. Encuentro que debo (y siempre desconfío de mí mismo cuando difiero de él) separar bastante ampliamente de él todo lo relacionado con los nidos de aves y la protección; está cabalgando ese pasatiempo hasta la muerte. Nunca leí nada tan miserable como la crítica de Andrew Murray a Wallace en el último número de su revista (221/5. Véase «Journal of Travel and Natural History», volumen I, n.º 3, página 137, Londres, 1868, para la «Respuesta a la teoría del Sr. Wallace sobre los nidos de aves» de Andrew Murray, que apareció en el mismo volumen, página 73). Creo que esta revista morirá, y no lloraré: qué contraste con la antigua «Natural History Review».

CARTA 222. A J.D. HOOKER. Freshwater, Isla de Wight, 28 de julio [1868].

Me alegra saber que va (222/1. En su discurso presidencial en Norwich) a tocar la afirmación de que la creencia en la Selección Natural está desapareciendo. No supongo que incluso el «Athenaeum» pretenda que la creencia en el origen común de las especies esté desapareciendo, y este es el punto más importante. Esta creencia ahora casi universal en la evolución (de alguna manera) de las especies, creo que puede atribuirse justamente en gran parte al «Origen». Sería bueno que usted echara un vistazo a la breve Introducción de la «Anat. of Invertebrates» de Owen, y viera cuán plenamente admite el origen de las especies.

Del «Origen», cuatro ediciones inglesas, una o dos estadounidenses, dos francesas, dos alemanas, una holandesa, una italiana y varias (según me dijeron) ediciones rusas. Las traducciones de mi libro sobre la «Variación bajo domesticación» son los resultados del «Origen»; y de estas, dos inglesas, una estadounidense, una alemana, una francesa, una italiana y una rusa han aparecido, o pronto aparecerán. Ernst Haeckel me escribió hace una o dos semanas que nuevas discusiones y reseñas del «Origen» todavía están saliendo continuamente en Alemania, donde el interés sobre el tema ciertamente no disminuye. He visto algunas de estas discusiones, y son buenas. Presumo que el interés sobre el tema no ha muerto en América del Norte, al observar en el libro sobre Brasil del profesor y la Sra. Agassiz cuán extremadamente ansioso está él por destruirme. En cuanto a este país, cada uno puede juzgar por sí mismo, pero usted no diría que el interés se está extinguiendo si echara un vistazo al último número de la «Anthropological Review», en el que se burlan de mí incesantemente. Creo que los «Principios» de Lyell producirán un efecto considerable. Espero haberle dado el tipo de información que usted quiere. Mi cabeza está algo inestable, lo cual hace que mi letra sea peor de lo habitual.

Si usted discute sobre la falta de aceptación de la Selección Natural, me parece un hecho muy sorprendente que la teoría de la gravitación de Newton, que parece a todos ahora tan segura y clara, fuera rechazada por un hombre tan extraordinariamente capaz como Leibniz. La verdad no penetrará en una mente preocupada.

Wallace (222/2. Wallace, «Westminster Review», julio de 1867. El artículo comienza: «No hay prueba más convincente de la verdad de una teoría integral que su poder de absorber y encontrar un lugar para nuevos hechos, y su capacidad para interpretar fenómenos que antes se consideraban anomalías inexplicables...» El Sr. Wallace ilustra su afirmación de que «una teoría falsa nunca resistirá esta prueba», mediante las especulaciones de «polaridad» de Edward Forbes y el «Sistema Circular» y «Quinario» de Macleay publicado en su «Horae Entomologicae», 1821, y desarrollado por Swainson en los volúmenes de historia natural de la «Lardner's Cabinet Cyclopaedia». El Sr. Wallace dice que un «número considerable de naturalistas bien conocidos hablaron con aprobación de él, o defendieron principios similares, y durante bastantes años estuvo decididamente en ascenso... sin embargo, se extinguió por completo en unos pocos años, su propia existencia es ahora una cuestión de historia, y tan rápida fue su caída que... Swainson, tal vez, vivió para ser el último hombre que creyó en él. Tal es el curso de una teoría falsa. El de una verdadera es muy diferente, como bien puede verse por el progreso de la opinión sobre el tema de la Selección Natural». Aquí, (página 3) sigue un pasaje sobre la importancia abrumadora de la Selección Natural, subrayado con aparente aprobación en la copia de la reseña del Sr. Darwin), en la «Westminster Review», en un artículo sobre la Protección, tiene un buen pasaje que contrasta el éxito de la Selección Natural y su crecimiento con la comprensión de nuevas clases de hechos (222/3. Esta frase bastante oscura puede traducirse: «su poder de crecimiento mediante la absorción de nuevos hechos»), con teorías falsas, como la Teoría Quinaria y la de la Polaridad, del pobre Forbes, ambas promulgadas con grandes ventajas y la primera temporalmente aceptada.

CARTA 223. A G.H. LEWES.

(223/1. Lo siguiente está impreso a partir de un borrador de carta inscrito por el Sr. Darwin «Contra que los órganos hayan sido formados por la acción directa del medio en organismos distintos. Principalmente órganos luminosos y eléctricos y espinas». El borrador está escrito descuidadamente y es casi ilegible.)

7 de agosto de 1868.

Si usted quiere decir que en animales distintos, partes u órganos, como por ejemplo los órganos luminosos de los insectos o los órganos eléctricos de los peces, son totalmente el resultado de las condiciones externas e internas a las que los órganos han estado sujetos, de una manera tan directa e inevitable que podrían desarrollarse fueran útiles o no para su poseedor, no puedo admitir [su punto de vista]. Casi tan pronto podría admitir que toda la estructura de, por ejemplo, un pájaro carpintero, se hubiera originado así; y que deba haber una relación tan estrecha entre la estructura y las circunstancias externas que no pueden afectar directamente la estructura me parece [ser] inadmisible. Tales órganos como los especificados anteriormente me parecen demasiado complejos y generalmente demasiado bien coordinados con toda la organización para admitir que resulten de condiciones independientemente de la Selección Natural. La impresión que he tomado, estudiando la naturaleza, es fuerte, que en todos los casos, si pudiéramos recolectar todas las formas que han vivido alguna vez, tendríamos una gradación estrecha desde algún comienzo más simple. Si condiciones similares bastaran, sin la ayuda de la Selección Natural, para dar partes u órganos similares, independientemente del parentesco sanguíneo, dudo mucho que tuviéramos esa armonía sorprendente entre las afinidades, el desarrollo embriológico, la distribución geográfica y la sucesión geológica de todos los organismos aliados. Estaríamos mucho más desconcertados de lo que estamos ahora sobre cómo clasificar, en un método natural, muchas formas. Es bastante desconcertante distinguir entre el parecido debido al origen y a la adaptación; pero (afortunadamente para los naturalistas), debido al fuerte poder de la herencia, y a causas y leyes de variabilidad excesivamente complejas, cuando se ha obtenido el mismo fin u objeto, partes algo diferentes generalmente han sido modificadas, y modificadas de una manera diferente, de modo que los parecidos debidos al origen y a la adaptación pueden distinguirse comúnmente. Solo quisiera añadir, para que podamos entendernos, cómo supongo que los órganos luminosos de los insectos, por ejemplo, se han desarrollado; pero dependo de conjeturas, pues existen tan pocos insectos luminosos que no tenemos forma de juzgar, mediante la preservación hasta el día de hoy de formas ligeramente modificadas, de las gradaciones probables por las que han pasado los órganos. Además, no sabemos de qué utilidad son estos órganos. Vemos que los tejidos de muchos animales, [como] ciertos ciempiés en Inglaterra, son susceptibles, bajo condiciones desconocidas de alimento, temperatura, etc., de volverse ocasionalmente luminosos; al igual que el [ilegible]: siendo tal luminosidad ventajosa para ciertos insectos, los tejidos, supongo, se especializan para este propósito en un grado intensificado; en ciertos insectos en una parte, en otros insectos en otras partes del cuerpo. Por lo tanto, creo que si se pudieran recolectar todas las formas de insectos extintas, tendríamos gradaciones desde los Elateridae, con sus tórax altamente y constantemente luminosos, y desde los Lampyridae, con sus abdómenes altamente luminosos, hasta algunos insectos antiguos ocasionalmente luminosos como el ciempiés.

No lo sé, pero supongo que la estructura microscópica de los órganos luminosos en los insectos más diferentes es casi la misma; y atribuiría a la herencia de un progenitor común la similitud de los tejidos, los cuales, bajo condiciones similares, les permitieron variar de la misma manera y, por lo tanto, mediante la Selección Natural para el mismo propósito general, llegar al mismo resultado. Mutatis mutandis, aplicaría la misma doctrina a los órganos eléctricos de los peces; pero aquí tengo que hacer, en mi propia mente, la violenta suposición de que algún pez antiguo era ligeramente eléctrico sin tener ningún órgano especial para tal fin. Se ha afirmado, sobre pruebas que no son dignas de confianza, que ciertos reptiles son eléctricos. Es, además, posible que los llamados órganos eléctricos, mientras se encontraban en una condición no muy desarrollada, pudieran haber desempeñado alguna función distinta: al menos, creo, Matteucci no pudo detectar electricidad pura en ciertos peces provistos de los órganos adecuados. En una de sus cartas usted aludió a uñas, garras, pezuñas, etc. Debido a su perfecta coadaptación con todo el resto de la organización, no puedo admitir que se hubieran formado por la acción directa de las condiciones de vida. La opinión de H. Spencer de que se desarrollaron primero a partir de piel endurecida, resultado de la presión sobre las extremidades, me parece probable.

Con respecto a las espinas y aguijones, supongo que los procesos atrofiados y endurecidos fueron dejados primordialmente por la abolición de varios apéndices, pero debo creer que su extrema agudeza y dureza es el resultado de la variabilidad fluctuante y la "supervivencia del más apto". Admito libremente que la forma, curvatura y color precisos de las espinas son el resultado de las leyes de crecimiento de cada planta en particular, o de sus condiciones, internas y externas. Sería un hecho asombroso si cualquier planta que varía produjera de repente, sin la ayuda de la reversión o la selección, espinas perfectas. Que la Selección Natural tendería a producir las espinas más formidables será admitido por todo aquel que haya observado la distribución en América del Sur y África (véase Livingstone) de plantas espinosas, pues siempre aparecen donde los arbustos crecen aislados y están expuestos a los ataques de los mamíferos. Incluso en Inglaterra se ha notado que todas las plantas portadoras de espinas y aguijones son apetecibles para los cuadrúpedos cuando las espinas son trituradas. Con respecto a la palmera trepadora malaya, lo que quise expresar es que los admirables ganchos tal vez no se desarrollaron primero para trepar; sino que, habiéndose desarrollado para la protección, fueron posteriormente utilizados, y quizás modificados aún más, para trepar.

CARTA 224. A J.D. HOOKER. Down, 8 de septiembre [1868].

Sobre el "Pall Mall". (224/1. "Pall Mall Gazette", 22 de agosto de 1868. En un artículo titulado "El Dr. Hooker sobre religión y ciencia", y refiriéndose al discurso de la Asociación Británica, el autor objeta cualquier supuesta oposición entre religión y ciencia. "La religión", dice, "es su opinión sobre un conjunto de temas, la ciencia su opinión sobre otro conjunto de temas". Pero olvida que, por un lado, tenemos opiniones asumidas como verdades reveladas; y esta es una condición que resulta en la opinión adicional de que aquellos que presentan hechos irreconciliables son más o menos malvados, o en un cambio de frente en el lado religioso, por el cual la opinión teológica "cambia de terreno para satisfacer las exigencias de cada nuevo hecho que la ciencia establece, y cada viejo error que la ciencia expone" (Dr. Hooker tal como lo cita el "Pall Mall"). Si los teólogos hubieran tenido la costumbre de reconocer que, en palabras del autor del "Pall Mall", "la ciencia es un nombre general para el conocimiento humano en su forma más definida y general, sea cual sea el objeto de ese conocimiento", probablemente los comentarios de Sir Joseph Hooker nunca se habrían hecho.) No estoy de acuerdo con que el artículo fuera del todo correcto; me pareció monstruoso (y respondido en el acto por el "Morning Advertiser") que la religión no atacara a la ciencia. Sin embargo, cuando digo que no es del todo correcto, no estoy seguro de si no sería más sensato que los hombres de ciencia ignoraran por completo el tema de la religión. Goldwin Smith, que ha estado almorzando aquí, viniendo con los Norton (hijo del profesor Norton y amigo de Asa Gray), quienes han alquilado por cuatro meses Keston Rectory, era de la firme opinión de que era un error. Varias personas me han hablado con vehemencia de lo mucho que admiran su discurso. Por si le interesa verse con un traje francés, le envío un periódico; también con un artículo flojo de Agassiz sobre Distribución Geográfica. Berkeley me ha enviado su discurso (224/2. El reverendo M.J. Berkeley fue presidente de la Sección D en Norwich en 1868.), así que he tenido una buena excusa para escribirle. Difiero de usted: apenas podría soportar dar la mano al "Acetato de Plomo" (224/3. "Usted sabe que la Sra. Carlyle dijo que la dulzura de Owen le recordaba al acetato de plomo." (Huxley a Tyndall, 13 de mayo de 1887: "Vida" de Huxley, II, página 167.), lo cual nunca había oído antes: es excelente. Me alegra mucho que vaya a venir aquí con Asa Gray, ya que si yo me siento mal, él no se aburrirá. Invitaremos a los Norton a cenar. El sábado, Wallace (y probablemente la Sra. W.), J. Jenner Weir (un hombre muy bueno) y Blyth, y me temo que Bates no, vendrán a pasar el domingo. El pensamiento me pone algo nervioso; pero lo disfrutaré inmensamente si no me mata. ¡Cómo deseo que fuera posible que usted estuviera aquí!

CARTA 225. A M.J. BERKELEY. Down, 7 de septiembre de 1868.

Le estoy muy agradecido por haberme enviado su discurso (225/1. Discurso a la Sección D de la Asociación Británica. ("Informe de la Asociación Británica", reunión de Norwich, 1868, página 83.))... pues de este modo obtengo una buena excusa para molestarle con esta nota para agradecerle su amabilísima y sumamente honorable mención de mis obras.

Cuando le digo que desde que era estudiante universitario en Cambridge he sentido hacia usted el respeto más sincero, por todo lo que continuamente escuché del pobre y querido Henslow y otros sobre su gran conocimiento e investigaciones originales, me creerá cuando le diga que rara vez en mi vida me he sentido más gratificado que al leer su discurso; aunque siento que usted habla demasiado bien de lo que he hecho. Su mención de la pangénesis (225/3. "Sería imperdonable terminar estas observaciones algo desordenadas sin aludir a uno de los temas más interesantes del día: la doctrina darwiniana de la pangénesis... Como todo lo que sale de la pluma de un escritor a quien no tengo reparos, en lo que a mi juicio respecta, en considerar como el observador más grande de nuestra era, sea lo que sea lo que se piense de sus teorías cuando se llevan a sus resultados extremos, el tema exige una consideración cuidadosa e imparcial." (Berkeley, página 86.)) me ha complacido particularmente, pues ha sido generalmente descuidada o rechazada por mis amigos; sin embargo, espero plenamente que algún día tenga más éxito. Creo estar totalmente de acuerdo con usted en la manera en que los átomos desprendidos o llamados gémulas probablemente actúan (225/4. "Asumiendo la verdad general de la teoría de que las moléculas dotadas de ciertos atributos son desprendidas por las células componentes con tal minuciosidad infinitesimal que son capaces de circular con los fluidos, y al final estar presentes en la célula embrionaria no fecundada y en el espermatozoide... me parece mucho más probable que sean capaces, en circunstancias favorables, de ejercer una influencia análoga a la que ejercen los contenidos del tubo polínico o del espermatozoide sobre el saco embrionario o el óvulo, que el que estas partículas se desarrollen por sí mismas en células" (Berkeley, página 87).): nunca he supuesto que se desarrollaran en células libres, sino que penetraban en otras células nacientes y modificaban su desarrollo posterior. Este proceso lo he comparado en realidad con la fertilización ordinaria. Las células así modificadas, supongo, desprenden a su vez gémulas modificadas, que a su vez se combinan con otras células nacientes, y así sucesivamente. Pero no debo molestarle más.

CARTA 226. A AUGUST WEISMANN. Down, 22 de octubre de 1868.

Le estoy muy agradecido por su amable carta, y he esperado una semana antes de responderla con la esperanza de recibir el "kleine Schrift" (226/1. El "kleine Schrift" es "Ueber die Berechtigung der Darwin'schen Theorie", Leipzig, 1868. El "Anhang" es "Ueber den Einfluss der Wanderung und raumlichen Isolirung auf die Artbilding.") al que usted alude; pero me temo que se ha perdido, lo cual me sorprende mucho, ya que rara vez he dejado de recibir algo enviado por correo.

Como no sé el título y no puedo pedir una copia, le estaría muy agradecido si pudiera prescindir de otra.

Estoy encantado de que usted, con cuyo nombre estoy familiarizado, apruebe mi trabajo. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice sobre que cada especie varía según sus propias leyes peculiares; pero, al mismo tiempo, creo que debe admitirse que las variaciones de la mayoría de las especies han sido extremadamente diversificadas en el transcurso de las eras, pues no veo cómo puede explicarse de otro modo que tantas formas hayan adquirido estructuras análogas para el mismo objeto general, independientemente de la descendencia. Me alegra mucho saber que usted ha estado argumentando contra la ley de perfectibilidad de Nageli, que me parece superflua. Otros sostienen opiniones similares, pero ninguno de ellos define qué es esta "perfección" que no puede alcanzarse gradualmente a través de la Selección Natural. Me pareció muy bueno e interesante el primer panfleto de M. Wagner (226/2. El primer ensayo de Wagner, "Die Darwin'sche Theorie und das Migrationsgesetz", 1868, es un panfleto publicado por separado de 62 páginas. En el prefacio, el autor afirma que es una versión más completa de un artículo leído ante la Real Academia de Ciencias de Múnich en marzo de 1868. No podemos decir a cuál de los escritos de Wagner se hace referencia como el segundo panfleto; su segundo ensayo bien conocido, "Ueber den Einfluss der Geogr. Isolirung", etc., es de fecha posterior, es decir, 1870.) (pues todavía no he tenido tiempo de leer el segundo); pero creo que sobreestima enormemente la necesidad de emigración y aislamiento. Dudo que haya reflexionado sobre lo que debe ocurrir cuando sus formas colonizan un nuevo país, a menos que varíen durante la misma primera generación; ni creo que le dé suficiente peso a los casos de lo que he llamado selección inconsciente por parte del hombre: en estos casos las razas se modifican por la preservación de los mejores y la destrucción de los peores, sin ningún aislamiento.

Me solidarizo con usted más sinceramente por el estado de su vista: es, de hecho, el mal más temible que le puede ocurrir a cualquiera que, como usted, esté fervientemente dedicado a la búsqueda del conocimiento natural.

CARTA 227. A F. MULLER. Down, 18 de marzo [1869].

Desde que escribí hace unos días y envié tres copias de su libro, he leído la traducción inglesa (227/1. "Facts and Arguments for Darwin". Véase "Life and Letters", III, página 37.), y no puedo negarme el placer de expresarle una vez más mi cálida admiración. Podría, pero no lo haré, repetir mis agradecimientos por la manera tan honorable en la que suele mencionar mi nombre; pero puedo decir con sinceridad que considero la publicación de su ensayo como uno de los mayores honores que se me han conferido. Nada puede ser más profundo y sorprendente que sus observaciones sobre el desarrollo y la clasificación. Me alegra mucho que haya añadido su justificación con respecto a las metamorfosis de los insectos; pues su conclusión parece ahora en el más alto grado probable. (227/2. Véase "Facts and Arguments for Darwin", página 119 (nota), donde F. Muller da sus razones para la creencia de que la "metamorfosis completa" de los insectos no fue un carácter de la forma de la cual han surgido los insectos: su argumento depende en gran medida de consideraciones extraídas del estudio de los neurópteros.) He vuelto a leer muchas partes, especialmente la de los cirrípedos, con el mayor interés. Casi había olvidado su discusión sobre el desarrollo retrógrado de los Rhizocephala. ¡Qué ilustración tan admirable ofrece de toda mi doctrina! Un hombre debe ser realmente un fanático a favor de los actos separados de creación si no se queda perplejo después de leer su ensayo; pero me temo que es demasiado profundo para los lectores ingleses, excepto para unos pocos elegidos.

CARTA 228. A A.R. WALLACE. 27 de marzo [1869].

Recientemente (es decir, en la nueva edición del "Origen") (228/1. Quinta edición, 1869, páginas 150-57.) he moderado mi celo, y atribuyendo mucho más a la mera variabilidad inútil. Pensé en enviarle la hoja, pero me atrevo a decir que no le interesará verla, en la que discuto el ensayo de Nageli sobre la Selección Natural que no afecta a caracteres de importancia no funcional, y que sin embargo son de gran importancia clasificatoria. Hooker está bastante satisfecho con lo que he dicho sobre este punto.

CARTA 229. A J.D. HOOKER. Caerdeon, Barmouth, Gales del Norte, 24 de julio [1869].

Estaremos en casa dentro de una semana, tomando dos días para el viaje, y me alegraré mucho. Todo ha sido un fracaso para mí, pero un gran disfrute para los jóvenes... Mi esposa ha estado bastante indispuesta casi todo el tiempo; así que detesto el lugar, a pesar de toda su belleza. Me alegró saber lo que pensaba de F. Muller, y estoy totalmente de acuerdo con usted. Su carta llegó en el momento justo, pues yo estaba escribiendo ese mismo día a Muller, y transmití su aprobación de los Capítulos X y XI. Algún día me gustaría pedir prestadas las "Transactions of the New Zealand Institute", para leer el artículo de Colenso. (229/1. Colenso, "On the Maori Races of New Zealand". "N.Z. Inst. Trans." 1868, Pt. 3.) Debe leer a Huxley contra Comte (229/2. "The Scientific Aspects of Positivism". "Fortnightly Review", 1869, página 652, y "Lay Sermons", 1870, página 162. Esta fue una respuesta al artículo del Sr. Congreve, "Mr. Huxley on M. Comte", publicado en el número de abril del "Fortnightly", página 407, que había sido escrito en crítica del artículo de Huxley en el número de febrero del "Fortnightly", página 128, "On the Physical Basis of Life".); nunca escribió nada tan inteligente antes, y ha destrozado a todo el mundo a diestra y siniestra con gran estilo. Tuve un deseo vago de leer a Comte, al igual que George, pero nos ha curado por completo de tal vano deseo.

Hay otro artículo (229/3. "North British Review", Volumen 50, 1869: "Geological Time", página 406. Los documentos revisados son Sir William Thomson, "Trans. R. Soc. Edin." 1862; "Phil. Mag." 1863; Thomson y Tait, "Natural Philosophy", Volumen I, App. D; Sir W. Thomson, "Proc. R. Soc. Edin." 1865; "Trans. Geol. Soc. Glasgow", 1868 y 1869; "Macmillan's Mag." 1862; Prof. Huxley, Discurso Presidencial, "Geol. Soc. London", febrero de 1869; Dr. Hooker, Discurso Presidencial, "Brit. Assoc." Norwich, 1868. También la reseña sobre el "Origen" en la "North British Review", 1867, por Fleeming Jenkin, y un artículo en la "Pall Mall Gazette", 3 de mayo de 1869. El autor trata al último mencionado con desprecio como el trabajo de un periodista anónimo, aparentemente inconsciente de su propia posición similar.) que acaba de salir en el último "North British", de algún gran matemático, que está hecho admirablemente; le da un severo golpe a usted (229/4. El autor del artículo de la "North British" parece, a la página 408, malinterpretar la parábola de Sir J.D. Hooker sobre el "apuntalamiento". Véase "Life and Letters", III, página 101 (nota). Sir Joseph es atacado con una vehemencia innecesaria en otro punto de la página 413.), pero el artículo está dirigido contra Huxley y a favor de Thomson. Esta reseña me muestra —no que necesitara que me mostraran— qué tipo tan diabólicamente inteligente es Huxley, pues el crítico no puede evitar admirar sus habilidades. Hay algunos buenos ejemplos de arrogancia matemática en la reseña, e incidentalmente muestra cuántas veces los astrónomos han llegado a conclusiones que ahora se consideran erróneas; por lo que los geólogos podrían responder sinceramente que debemos ser lentos al admitir sus conclusiones. Sin embargo, todos los uniformistas harían mejor en gritar "peccavi" de inmediato; no es que no sienta la convicción de que el mundo será considerado algo más antiguo de lo que Thomson lo hace, y mucho más antiguo de lo que el crítico lo hace. Me alegro de haber afrontado y admitido la dificultad en la última edición del "Origen", de la cual supongo que recibió, según el pedido, una copia.

CARTA 230. A J.D. HOOKER. Down, 7 de agosto [1869].

Nunca hubo un hombre tan bueno como usted para contarme cosas que me gusta oír. No me sorprende en absoluto que Hallett haya descubierto que algunas variedades de trigo no podían mejorarse en ciertas cualidades deseables tan rápidamente como al principio. Toda la experiencia muestra esto con los animales; pero creo que sería temerario suponer, a juzgar por la experiencia real, que no se podría obtener un poco más de mejora en el transcurso de un siglo, y teóricamente muy improbable que después de unos pocos miles [de años] de descanso no hubiera un inicio en la misma línea de variación. Lo que me asombra en contra de la experiencia, y lo que no puedo creer, es que las variedades ya mejoradas o modificadas no varíen en otros aspectos. Creo que debe haber generalizado a partir de dos o tres variedades fijadas espontáneamente. Incluso en las plántulas de la misma cápsula algunas varían mucho más que otras; así ocurre con las subvariedades y variedades. (230/1. En una carta del 13 de agosto de 1869, Sir J.D. Hooker escribió corrigiendo la impresión del Sr. Darwin: "No quise implicar que Hallett afirmara que toda variación se detenía; ni mucho menos: sostuvo lo contrario, pero si lo entiendo bien, pronto llega a un punto más allá del cual cualquier acumulación adicional en la dirección buscada es tan pequeña y tan lenta que prácticamente el resultado es una fijeza de tipo (aunque no absoluta fijeza)".

Es un hecho grandioso sobre el Anoplotherium (230/2. Esto quizás se refiere a la existencia de Anoplotherium en la formación del Eoceno de América del Sur: es uno de los puntos en los que la fauna de América del Sur se parece a la de Europa más que a la de América del Norte. (Véase Wallace "Geographical Distribution", I, página 148.)), y muestra cómo incluso los cuadrúpedos terrestres tuvieron tiempo anteriormente para extenderse a regiones muy distintas. En cada época el mundo tiende a poblarse de manera bastante uniforme, lo cual es una bendición para la geología.

El artículo en la "N. British Review" (230/3. Véase la Carta 229.) merece la pena ser leído científicamente; George D. y Erasmus quedaron encantados con él. ¡Cómo golpea el autor! Fue un eufemismo hablar de un golpe a usted: fue una patada. Es muy injusto con Huxley, y lo acusa de "jugar con las palabras", etc.; sin embargo, el autor no puede evitar admirarlo extremadamente. Sé que me sentí muy pequeño cuando terminé el artículo. Le divertirá observar que los geólogos han sido engañados por Playfair, ¡quien fue engañado por dos de los más grandes matemáticos! Y hay otros casos similares; así que podríamos darnos la vuelta y mostrarle a su crítico cuán cautelosos deben ser los geólogos al confiar en los matemáticos.

Hay otro excelente artículo original, estoy seguro de que por McClennan, sobre el Hombre Primitivo, que merece mucho la pena leer.

No estoy del todo de acuerdo sobre Sabine: es diferente a cualquier otro soldado o marinero del que haya oído hablar si no pusiera su segunda pierna en la tumba con más satisfacción como K.C.B. que como un simple hombre. Estoy totalmente de acuerdo en que el Gobierno debería haberlo hecho hace mucho tiempo, pero ¿qué sabe o le importa al Gobierno la ciencia? Hasta aquí su espléndida carta.

CARTA 231. A J.D. HOOKER. Down, 14 de agosto [1869].

Le escribo una línea para decirle que usted es un hombre realmente bueno por proponer venir aquí para un domingo después de Exeter. Mantenga esta buena intención... Estoy seguro de que Exeter y su otra visita le harán bien. A menudo me pregunto cómo soporta todo su trabajo multifacético.

Estoy totalmente de acuerdo sobre la locura de las interminables suscripciones para los hombres muertos; pero Faraday es una excepción, y si usted paga tres guineas por mí, me ahorrará algunos problemas; pero será mejor adjuntar un cheque, que, como verá, debe estar endosado. Si lee la "North British Review", le gustará saber que George me ha convencido, por correspondencia en el estilo y el espíritu, de que el artículo es de Tait, el colaborador de Thomson.

Me sorprendió mucho que las hojas de Drosophyllum estuvieran siempre enrolladas hacia atrás en sus puntas, pero no sabía que era un carácter único.

(LÁMINA: SIR J.D. HOOKER, 1870? A partir de una fotografía de Wallich.)

CARTA 232. A J.D. HOOKER. Down, 13 de noviembre [1869].

Ayer me enteré por un pariente que había visto en un periódico que usted era C.B. Debo escribir unas líneas para decir «hurra», aunque desearía que hubiera sido K.C.B., como sin duda debería haber sido; pero supongo que consideran al K.C.B. antes que al C.B. como a un ducado antes que a un condado.

Pasamos una semana muy exitosa en Londres, me encontré inusualmente bien y vi a bastantes personas, lo cual, cuando uno está bien, es un gran placer para mí. Tuve una charla alegre con Huxley, entre otros. Y ahora estoy en el mismo trabajo que antes, y lo estaré por otros dos meses, a saber, tratando de enderezar oraciones feas; y estoy harto del trabajo, y, como el tema trata todo sobre la selección sexual, estoy cansado de los eternos machos y hembras, gallos y gallinas.

Es una vergüenza molestarle, pero me gustaría saber algo en algún momento sobre el asunto del C.B.

He leído uno o dos folletos interesantes últimamente, a saber: Stirling el hegeliano contra Huxley y el protoplasma; Tylor en el «Journal of Royal Institute» sobre las supervivencias del pensamiento antiguo en la civilización moderna.

Adiós. Estoy tan aburrido como un pato, tanto macho como hembra.

Al Dr. Hooker, C.B., F.R.S.

Dr. Hooker, K.C.B. (Esto suena mejor).

P.D. Recibo buenas noticias del último discurso de Bentham (232/1. Discurso presidencial, principalmente sobre distribución geográfica, pronunciado ante la «Linn. Soc.» el 24 de mayo de 1869), que ahora voy a leer.

Descubro que me he equivocado con respecto al discurso de Bentham. Lyell hablaba de uno que leí hace algunos meses; pero anoche leí la mitad de nuevo, y lo terminaré. Algunos pasajes son nuevos o no los había estudiado lo suficiente antes. Me parece admirable, como me pareció en la primera lectura, aunque discrepo en algunos puntos.

Tal discurso vale su peso en oro, debería pensar, para convertir a otros a nuestros puntos de vista. Lyell me dice que Bunbury ha quedado maravillosamente impresionado con él, y nunca antes había pensado nada de nuestras opiniones sobre la evolución.

P.D. (2). Acabo de leer, y me gusta mucho, su reseña sobre Schimper. (232/2. Una reseña del «Traité de Paléontologie Végétale» de Schimper, cuya primera parte se publicó en 1869. «Nature», 11 de noviembre de 1869, página 48.)

CARTA 233. A J.D. HOOKER. Down, 19 de noviembre [1869].

Muchas gracias por contarme todo sobre el C.B., pues deseaba mucho saberlo. Me complace enormemente que el Gobierno haya hecho esto; y como los K.C.B. tienen un número limitado (lo cual no sabía), lo disculpo. No mencionaré lo que me ha contado a nadie, ya que sería murchisoniano. Pero qué vergüenza usar esta expresión, pues creo plenamente que Murchison se tomaría cualquier molestia para conseguir cualquier muestra de honor para cualquier hombre de ciencia.

Me gustan todas las publicaciones científicas, incluida la pobre «Scientific Opinion», y creo que «Nature» es mejor de lo que usted piensa. Señor, qué rapsodia aquella de Goethe, pero qué bien traducida; me pareció, como le dije a Huxley, como si estuviera escrita por el más loco de los eruditos ingleses. Es poesía, ¿y puedo decir algo más severo? El último número de la «Academy» fue espléndido, y espero que pronto salga quincenalmente. Desearía que «Nature» buscara más cuidadosamente en todas las revistas y actas extranjeras.

Ahora estoy leyendo un grueso panfleto alemán (233/1. «Die Abhangigheit der Pflanzengestalt von Klima und Boden. Ein Beitrag zur Lehre von der Enstehung und Verbreitung der Arten, etc.» Festschrift zur 43 Versammlung Deutscher Naturforscher und Aertze in Innsbruck (Innsbruck, 1869)) de Kerner sobre Tubocytisus; si se topa con él, mire el mapa de la distribución de las dieciocho cuasi-especies, y el árbol genealógico. Si este último, como dice el autor, fue construido únicamente a partir de las afinidades de las formas, entonces la distribución es maravillosamente interesante; podemos ver los pasos mismos de la formación de una especie. Si estudia el árbol genealógico y el mapa, casi entenderá el libro. Los dos viejos eslabones parentales de conexión apenas se mantienen vivos en dos o tres áreas; luego tenemos cuatro especies ampliamente extendidas, sus descendientes; y de ellas pequeños grupos de descendientes más nuevos que habitan áreas bastante pequeñas...

CARTA 234. A CAMILLE DARESTE. Down, 20 de noviembre de 1869.

Estimado señor,

Me alegra que sea candidato a la Cátedra de Fisiología en París. Como sabe por mis obras publicadas, siempre he considerado sus investigaciones sobre la producción de monstruosidades como llenas de interés. Ningún tema es en la actualidad más importante, a mi juicio, que el determinar mediante experimentos hasta qué punto puede modificarse la estructura por la acción directa de condiciones cambiantes; y usted ha arrojado mucha luz sobre este tema.

Observo que varios naturalistas en diversas partes de Europa han sostenido últimamente que es ahora del mayor interés para la ciencia esforzarse por disminuir, en la medida de lo posible, nuestra profunda ignorancia sobre la causa de cada variación individual; y, como Is. Geoffroy St. Hilaire observó hace mucho tiempo, las monstruosidades no pueden separarse mediante ninguna línea distinta de las variaciones más leves.

Con mis mejores deseos para que obtenga la cátedra, y con sincero respeto.

Tengo el honor de permanecer, estimado señor, suyo fielmente, CHARLES DARWIN.

CAPÍTULO 1.V.--EVOLUCIÓN, 1870-1882.

CARTA 235. A J. JENNER WEIR. Down, 17 de marzo [1870].

Es mi opinión decidida que debería enviar un relato a alguna sociedad científica, y creo que a la Royal Society. (235/1. El caso del Sr. Jenner Weir se presenta en «Animals and Plants», Edición II, Volumen I, página 435, y no parece haber sido publicado en otro lugar. Los hechos son brevemente que un caballo, descendiente de una yegua de Lord Mostyn, que previamente había tenido un potro de un quagga, mostró una serie de caracteres parecidos a los del quagga, como rayas, crines de crecimiento bajo y cascos alargados. El pasaje en «Animals and Plants», al que dirige la atención del Sr. Weir en relación con la objeción de Carpenter, está en la Edición I, Volumen I, página 405: «Es una hipótesis muy improbable que la simple sangre de un individuo pueda afectar a los órganos reproductivos de otro individuo de tal manera que modifique a la descendencia posterior. La analogía de la acción directa del polen extraño sobre el ovario y las cubiertas de la semilla de la planta madre apoya fuertemente la creencia de que el elemento masculino actúa directamente sobre los órganos reproductivos de la hembra, por maravillosa que sea esta acción, y no a través de la intervención del embrión cruzado». Para referencias a los experimentos del Sr. Galton sobre la transfusión de sangre, véase la Carta 273.) Yo lo comunicaría si así lo decide. Podría dar como razón preliminar la publicación en las «Transactions» del célebre caso Morton y el caso del cerdo del Sr. Giles. También podría aludir a la evidente importancia fisiológica de tales hechos en relación con la teoría de la generación. Si sería prudente aludir a la despreciada pangénesis no sabría decirlo, pero creo plenamente que la pangénesis tendrá su día de éxito. Por favor, determine cuidadosamente el color de la madre y el padre. Véase sobre los ruanos en mi libro [«Animals and Plants»], Volumen I, página 55. La extensión de la crin y la forma de los cascos son grandes hechos nuevos. ¿El pelo de su caballo es algo rizado? pues [un] caso observado [es] dado por mí (Volumen II, página 325) de Azara sobre la correlación de las formas del casco con los pelos rizados. Véase también en mi libro (Volumen I, página 55; Volumen II, página 41) cuán extremadamente raras son las rayas en las caras de los caballos en Inglaterra. Indique la edad de su caballo.

Usted sabe que el Dr. Carpenter y otros han intentado explicar los efectos de una primera impregnación por la influencia de la sangre del embrión cruzado; pero con los fisiólogos que creen que los elementos reproductivos son formados realmente por las glándulas reproductivas, este punto de vista es inconsistente. Por favor, mire lo que he dicho en «Domestic Animals» (Volumen I, páginas 402-5) contra esta doctrina. Me parece más probable que las gémulas afecten solo a los ovarios. Recuerdo haber especulado anteriormente, como usted, sobre la afirmación de que las esposas se parecen a sus maridos; pero qué imposible es eliminar los efectos de la imitación y las mismas costumbres de vida, etc. Su carta me ha interesado profundamente.

P.D.--Desde la publicación he oído hablar de casos adicionales; uno muy bueno en relación con cerdos de Westfalia cruzados por un verraco inglés, y toda la descendencia posterior afectada, dado en «Illust. Landwirth-Zeitung», 1868, página 143.

He demostrado que las mulas a menudo están rayadas, aunque ninguno de los padres pueda estarlo, debido a la reversión antigua. Ahora, Fritz Muller me escribe desde el sur de Brasil: «Me han asegurado, personas que ciertamente nunca habían oído hablar de la yegua de Lord Morton, que las yeguas que han tenido híbridos de un asno son particularmente propensas a producir después potros asnales rayados». Así pues, una fertilización previa aparentemente da a la descendencia posterior una tendencia a ciertos caracteres, así como caracteres poseídos realmente por el primer macho.

En la reimpresión (no llamada segunda edición) de mis «Domestic Animals» doy un buen caso adicional de la progenie posterior de un perro sin pelo que es peludo debido a los efectos de la primera impregnación.

P.D. 2ª. La sugerencia, sin duda, es superflua, pero debería, creo, medir la extensión de la crin más allá de una línea que una el frente o la parte posterior de las orejas, y comparar con el caballo. También la medida (y dar comparación con el caballo), longitud, anchura y profundidad de los cascos.

CARTA 236. A J.D. HOOKER. Down, 12 de julio [1870].

Su conclusión de que toda especulación sobre la preordenación es un desperdicio inútil de tiempo es la única sabia; ¡pero qué difícil es no especular! Mi teología es un simple embrollo; no puedo ver el universo como el resultado del azar ciego, sin embargo, no puedo ver evidencia de diseño benéfico o, de hecho, de diseño de ningún tipo, en los detalles. En cuanto a que cada variación que haya ocurrido haya sido preordenada para un fin especial, no puedo creerlo más que el hecho de que el lugar en el que cae cada gota de lluvia haya sido especialmente ordenado.

La generación espontánea parece casi un rompecabezas tan grande como la preordenación. No puedo convencerme de que tal multiplicidad de organismos pueda haber sido producida, como cristales, en las soluciones de Bastian (236/1. El 2 de septiembre de 1872, el Sr. Darwin escribió al Sr. Wallace, en relación con la reseña de este último sobre «The Beginnings of Life», de H.C. Bastian (1872), en «Nature», 1872, páginas 284-99: «En este momento preferiría cualquier hipótesis loca, como que cada molécula desintegrada de las formas más simples puede reproducir la forma parental; y que estas moléculas están universalmente distribuidas, y que no pierden su poder vital hasta que se calientan a tal temperatura que se descomponen como partículas orgánicas muertas») del mismo tipo. Me asombra que, hasta ahora, no haya encontrado ninguna alusión a la declaración positiva de Wyman (236/2. «Observations and Experiments on Living Organisms in Heated Water», por Jeffries Wyman, Prof. de Anatomía, Harvard Coll. («Amer. Journ. Sci.» XLIV, 1867, página 152). Soluciones de materia orgánica en frascos herméticamente cerrados fueron sumergidas en agua hirviendo por varios periodos. «No aparecieron infusorios de ningún tipo si la ebullición se prolongaba más allá de un periodo de cinco horas») de que si las soluciones se hierven durante cinco horas no aparecen organismos; sin embargo, si no me falla la memoria, las soluciones cuando se abrían al aire se poblaban inmediatamente. Contra toda evidencia, no puedo evitar sospechar que las partículas orgánicas (¡mis «gémulas» de las células separadas de las criaturas inferiores!) se mantendrán vivas y posteriormente se multiplicarán bajo las condiciones adecuadas.

Qué problema tan interesante es.

CARTA 237. A W.B. TEGETMEIER. Down, 15 de julio [1870].

Hace mucho tiempo que no tengo noticias suyas, y le estoy muy agradecido por su carta. Es una buena noticia que vaya a sacar una nueva edición de su libro sobre Aves de Corral (237/1. «The Poultry Book», 1872), y tiene plena libertad para usar todos mis materiales. Gracias por el curioso caso de la variación del pato salvaje: he oído hablar de otros casos de tendencia a variar en uno de una gran camada o familia. Tengo demasiadas cosas entre manos en este momento para aprovechar su oferta del préstamo del libro estadounidense de Aves de Corral.

Por favor, manténgase firme en su idea de trabajar sobre el tema de las variaciones análogas (237/2. «Con este término me refiero a que caracteres similares aparecen ocasionalmente en las diversas variedades o razas descendientes de la misma especie, y más raramente en la descendencia de especies ampliamente distintas» («Animals and Plants», II, Edición II, página 340)) con palomas; realmente creo que podría hacer así una contribución novedosa y valiosa a la ciencia. Puedo, sin embargo, entender perfectamente cuánto debe estar ocupado su tiempo con los interminables, siempre comenzando, cuidados editoriales.

Me mantengo más o menos igual, y avanzo trabajosamente con mi trabajo.

CARTA 238. A J.D. HOOKER. Down, 27 de septiembre [1870].

La suya fue una carta espléndida, y tenía mucha curiosidad por saber algo sobre la reunión de Liverpool (238/1. El Sr. Huxley fue Presidente de la Asociación Británica en Liverpool en 1870. Su discurso presidencial sobre «Biogénesis y Abiogénesis» está reimpreso en sus ensayos recopilados, VIII, página 229. Alguna cuenta de la reunión se da en «Life and Letters» de Huxley, Volumen I, páginas 332, 336), que deseaba mucho que fuera exitosa por el bien de Huxley. Me sorprende que piense que su discurso no habría sido claro para el público; me pareció tan claro como el agua. La línea general de su argumento podría haber sido respondida por el caso de la combustión espontánea: decenas de miles de casos de cosas que se ha visto que se incendian no serían un argumento verdadero contra nadie que sostuviera que las llamas a veces estallan espontáneamente. Estoy encantado con la apoteosis de Sir Roderick; puedo imaginar qué discursos pulcros y apropiados haría a cada noble mientras entraba por las puertas del cielo. Usted pregunta qué pienso sobre la conferencia de Tyndall (238/2. La conferencia de Tyndall fue «Sobre los usos científicos de la imaginación»): me pareció grandiosa y muy interesante, aunque no pude seguir algunas partes por ignorancia, y deseé decirle cuánto habría mejorado si toda la primera parte se hubiera hecho mucho menos egotista. George llegó independientemente a la misma conclusión, y le gustó mucho toda la última parte. Pensó que la primera parte no solo era egotista, sino más bien sensacionalista.

Qué bien pone Tyndall la manera de filosofar del «como si», y demuestra que es justificable. Algunos de esos malditos franceses me han estado atacando últimamente por usar esta forma de prueba o argumento.

Acabo de leer el discurso de Rolleston en «Nature» (238/3. Discurso presidencial a la Sección Biológica, Asociación Británica, 1870. «Nature», 22 de septiembre de 1870, página 423. Rolleston se refirió a la vitalidad de las semillas en el suelo, un tema sobre el cual Darwin hizo observaciones ocasionales. Véase «Life and Letters», II, página 65): ¡su estilo no tiene comparación! Veo que le cita a usted sobre la semilla, así que ayer fui y observé más cuidadosamente el caso dado en el documento adjunto, que quizás le gustaría leer y quemar.

Qué cierto y bueno es lo que dice sobre Lyell. Él siempre es el mismo; Dohrn estuvo aquí ayer, y comentaba que nadie estaba más alto en la estima pública de Alemania que Lyell.

Estoy verdadera y profundamente contento de que esté pensando en algún trabajo general sobre la Distribución Geográfica, o algo así; espero por Dios que sus incesantes ocupaciones no interrumpan esta intención. En cuanto a mi libro, no habré terminado las malditas pruebas hasta finales de noviembre (238/4. Las pruebas de «Descent of Man» se terminaron el 15 de enero de 1871): buen Dios, qué cabeza tan confusa tengo sobre mis desgraciados viejos hombros.

CARTA 239. A H. SETTEGAST. Down, 29 de septiembre de 1870.

Le estoy muy agradecido por su amable carta y el regalo de su hermoso volumen. (239/1. «Die Thierzucht», 1868.) Su trabajo no es nuevo para mí, porque oí hablar tan bien de él que conseguí una copia de la primera edición. Fue una gran satisfacción para mí encontrar a un hombre que había estudiado durante mucho tiempo con un espíritu filosófico a nuestros animales domesticados, y que era altamente competente para juzgar, estando de acuerdo en gran medida con mis puntos de vista. Lamenté mucho no haber conocido su trabajo cuando publiqué mis últimos volúmenes.

Me sorprende y me complace saber que la ciencia no está del todo olvidada bajo el actual estado emocionante de los asuntos. Todos los que conozco en Inglaterra son entusiastas deseadores del éxito total y completo de Alemania.

P.D. Daré una de mis dos copias de su trabajo a alguna biblioteca científica pública en Londres.

CARTA 240. AL EDITOR DE LA «PALL MALL GAZETTE». Down, 24 de marzo [1871].

El Sr. Darwin presenta sus respetos al editor, y le estaría muy agradecido si quisiera dirigir y enviar la carta adjunta al autor de las dos admirables reseñas de «Descent of Man». (240/1. Las notas sobre «Descent of Man», publicadas en la «Pall Mall Gazette» del 20 y 21 de marzo de 1871, fueron del Sr. John Morley. Estamos en deuda con el editor de la «Pall Mall Gazette» por permitirnos amablemente consultar su archivo del diario.)

CARTA 241. A JOHN MORLEY. Down, 24 de marzo de 1871.

Por el espíritu de su reseña en la «Pall Mall Gazette» de mi último libro, que me ha dado un gran placer, he pensado que quizás podría informarme sobre un punto, reteniendo, si le place, su nombre.

Usted dice que mi fraseología sobre la belleza es «científicamente laxa y, filosóficamente, muy engañosa». (241/1. «La obra del Sr. Darwin es uno de esos raros y capitales logros del intelecto que efectúan una grave modificación en todos los departamentos más elevados del reino de la opinión... Hay en toda la descripción y examen de la Selección Sexual una forma de hablar de la belleza que nos parece altamente antifilosófica, porque asume una cierta teoría de la belleza que los pensadores modernos más competentes están demasiado lejos de aceptar como para permitir que su asunción sea del todo juiciosa... ¿Por qué habríamos de encontrar maravillosa la cualidad estética en las aves solo cuando coincide con la nuestra? En otras palabras, ¿por qué atribuirles en absoluto cualidades estéticas conscientes? No hay una razón más positiva para atribuir conciencia estética al faisán de Argus que para atribuir a las abejas conciencia geométrica de los prismas hexagonales y las placas rómbicas de la colmena que construyen tan maravillosamente. Por tanto, la fraseología que el Sr. Darwin emplea en esta parte del tema, aunque no afecta al grado de probabilidad que pueda pertenecer a esta teoría, nos parece muy laxa científicamente y, filosóficamente, muy engañosa». — «Pall Mall Gazette».) Esto no es en absoluto improbable, ya que ha pasado casi toda una vida desde que me ocupé de la filosofía de la estética, y entonces no pensé que llegaría a hacer uso de mis conclusiones. ¿Podría remitirme a uno o dos libros (pues mi capacidad de lectura no es grande) que me iluminen? ¿O podría explicarme en una o dos frases en qué yerro? Quizás sería mejor que explicara lo que entiendo por sentido de la belleza en su etapa más baja de desarrollo, y que solo puede aplicarse a los animales. Cuando un color intenso, o dos tintes en armonía, o una figura recurrente y simétrica complacen al ojo, o una sola nota dulce complace al oído, llamo a esto sentido de la belleza; y con este significado he hablado (aunque ahora veo que de una manera no suficientemente cautelosa) de que un gusto por lo bello es el mismo en la humanidad (pues todos los salvajes admiran trozos de tela brillante, cuentas, plumas, etc.) y en los animales inferiores. Si el plumaje azul y amarillo de un guacamayo (241/2. «Lo que el hombre considera contrastes horribles de amarillo y azul atrae al guacamayo, mientras que el plumaje de ocelos atrae al faisán de Argus» — «Pall Mall Gazette», 21 de marzo de 1871, pág. 1075.) complace al ojo de esta ave, yo diría que posee un sentido de la belleza, aunque su gusto fuera malo según nuestros estándares. Ahora, ¿tendría la amabilidad de decirme cómo puedo aprender a ver el error de mis caminos? Por supuesto, reconozco, como de hecho he señalado en mi libro, que el sentido de la belleza en el caso del paisaje, los cuadros, etc., es algo infinitamente complejo, que depende de variadas asociaciones y de la cultura de la mente. A partir de una reseña muy interesante en el «Spectator», y de la suya y la de Wallace, percibo que he cometido un gran descuido al no haber dicho lo poco que podía sobre la adquisición del sentido de lo bello por parte del hombre y los animales inferiores. Sería, en efecto, una ventaja inmensa para un autor si pudiera leer críticas como la suya antes de publicar. En la página 11 de su reseña cita erróneamente por accidente mis palabras colocadas por usted entre comillas, de mi Volumen II, página 354: digo que «el hombre no puede soportar ningún gran cambio», y las palabras omitidas «ningún gran» marcan toda la diferencia en la discusión. (241/3. «El Sr. Darwin nos dice, y nos da excelentes razones para pensar, que 'los hombres de cada raza prefieren lo que están acostumbrados a contemplar; no pueden soportar el cambio'. Sin embargo, ¿no hay una inconsistencia entre este hecho y el otro de que una raza difiere de otra precisamente porque se presentaron novedades, que fueron ávidamente aprovechadas y propagadas?».)

Permítame añadir algunas otras observaciones. Creo que su crítica es bastante justa sobre mi deficiente espíritu histórico, pues soy consciente de mi ignorancia en este aspecto. (241/4. «En cuanto al espíritu histórico, sin embargo, debe declararse justamente que el Sr. Darwin es deficiente. Cuando, por ejemplo, habla del 'gran pecado de la esclavitud' como algo que fue general entre las naciones primitivas, olvida que, aunque tener un esclavo sería una degradación pecaminosa para un europeo de hoy, la práctica de convertir a los prisioneros de guerra en esclavos, en lugar de degollarlos, no era en absoluto un pecado, sino que marcaba una mejora decidida en las costumbres humanas».) Por otra parte, si alguna vez se viera llevado a leer de nuevo el Capítulo III, y especialmente el Capítulo V, creo que encontrará que no soy susceptible a todas sus críticas; aunque sentía que caminaba por un sendero desconocido para mí y lleno de trampas; pero tuve la ventaja de discusiones previas de hombres capaces. Intenté decir con el mayor énfasis que un gran filósofo, legislador, etc., hacía mucho más por el progreso de la humanidad mediante sus escritos o su ejemplo que dejando una numerosa descendencia. He intentado mostrar cómo la lucha por la existencia entre tribu y tribu depende de un avance en las cualidades morales e intelectuales de los miembros, y no meramente de su capacidad para obtener alimento. Cuando hablo de la necesidad de una lucha por la existencia para que la humanidad avance aún más en la escala, no me refiero a la MAYORÍA, sino a que «los hombres MÁS altamente dotados» tengan éxito en la batalla por la vida; me refería a mi suposición de que los hombres en cualquier país estuvieran divididos en dos cuerpos iguales —a saber, los más y los menos altamente dotados— y que los primeros, como promedio, fueran los que tuvieran mayor éxito.

Pero tengo mucho motivo para disculparme por la extensión de esta mal expresada carta. Mi única excusa es el extraordinario interés que he sentido por su reseña, y el placer que he experimentado al observar los puntos que han atraído su atención. Debo decir una palabra más. Habiendo mantenido el tema de la selección sexual en mi mente durante muchísimos años, y habiéndome sentido cada vez más satisfecho con él, siento gran confianza en que, tan pronto como la noción resulte familiar a los demás, será aceptada, al menos en una medida mucho mayor que en la actualidad. Con sincero respeto y agradecimiento...

CARTA 242. A JOHN MORLEY. Down, 14 de abril [1871].

Como esta nota no requiere respuesta, no me escatimo en escribir unas líneas para decir cuán fiel y completo es el resumen que ha dado de mis nociones sobre el sentido moral en la «Pall Mall», y para hacer algunas observaciones atenuantes o explicativas. (242/1. «Lo que se llama la cuestión del sentido moral es en realidad dos: cómo se adquiere la facultad moral y cómo se regula. ¿Por qué obedecemos a la conciencia o sentimos dolor al desobedecerla? ¿Y por qué la conciencia prescribe un tipo de acción y condena otro? Para decirlo de manera más técnica, existe la cuestión de la existencia subjetiva de la conciencia, y existe la cuestión de sus prescripciones objetivas. Primero, ¿por qué creo que es obligatorio cumplir con mi deber? Segundo, ¿por qué creo que es mi deber hacer esto y no aquello? Aunque, sin embargo, la segunda cuestión debería tratarse de forma independiente, por razones que sugeriremos en breve, la respuesta histórica a ella, o los diversos fundamentos sobre los cuales los hombres han identificado ciertos tipos de conducta con el deber, en lugar de conductas de tipos opuestos, arroja luz sobre la otra cuestión de las condiciones de crecimiento de la idea del deber como un director soberano e imperial. Al Sr. Darwin nos parece no habérsele reconocido perfectamente la separación lógica entre las dos caras de la cuestión del sentido moral. Por ejemplo, dice (i. 97) que 'los filósofos de la escuela derivativa de la moral asumieron anteriormente que el fundamento de la moralidad residía en una forma de egoísmo; pero, más recientemente, en el principio de la Mayor Felicidad'. Pero el Sr. Mill, a quien el Sr. Darwin se refiere, ha mostrado expresamente que el principio de la Mayor Felicidad es un ESTÁNDAR, y no un FUNDAMENTO, y que su validez como estándar de acción correcta o incorrecta es igual de defendible por alguien que cree que el sentido moral es innato, que por alguien que sostiene que es adquirido. Dice claramente que los sentimientos sociales de la humanidad forman 'la base natural del sentimiento para la moral utilitaria'. Lejos de sostener que el principio de la Mayor Felicidad sea el fundamento de la moralidad, él lo describiría como el principio formativo de la superestructura de la cual los sentimientos sociales de la humanidad son el fundamento. Entre el Sr. Darwin y los utilitaristas, como utilitaristas, no existe tal disputa como la que parecería suponer. El utilitarista más estrecho podría decir poco más de lo que dice el Sr. Darwin (ii. 393): 'Como todos los hombres desean su propia felicidad, la alabanza o la culpa se otorgan a las acciones y motivos según tiendan a este fin; y, como la felicidad es una parte esencial del bien general, el principio de la Mayor Felicidad sirve INDIRECTAMENTE como un estándar CASI seguro de lo correcto y lo incorrecto'. Quizás no sea impertinente sospechar que los adverbios vacilantes que hemos impreso en cursiva no indican más que la reticencia de un converso semiconsciente al utilitarismo puro. En otro lugar (i. 98) admite que 'como todos desean la felicidad, el principio de la Mayor Felicidad se habrá convertido en una guía y un objeto secundarios de suma importancia, sirviendo los instintos sociales, incluida la simpatía, siempre como el impulso y guía primarios'. Esto es exactamente lo que dice el Sr. Mill, solo que en lugar de llamar al principio una guía secundaria, lo llamaría un estándar, para distinguirlo del impulso social, en el cual, tanto como el Sr. Darwin, reconoce la base y el fundamento». — «Pall Mall Gazette», 12 de abril de 1871.) Cómo surgió el error que he cometido al hablar de la mayor felicidad como el fundamento de la moral es totalmente ininteligible para mí: en cualquier momento durante los últimos años me habría reído con desprecio de tal idea. El Sr. Lecky nunca cometió un error mayor, y su amabilidad le ha hecho dejarme escapar demasiado fácilmente. (242/2. En la primera edición de «El origen del hombre», I, página 97, el Sr. Lecky es citado como uno de los que asumieron que el «fundamento de la moralidad residía en una forma de egoísmo; pero, más recientemente, en el principio de la 'mayor felicidad'». El nombre del Sr. Lecky se omite en esta conexión en la segunda edición, página 120. En esta edición el Sr. Darwin hace más claro que otorga la mayor importancia al instinto social como el «impulso y guía primarios».) Con respecto al Sr. Mill, nada me habría complacido más que haberme apoyado en su gran autoridad con respecto a los instintos sociales, pero la frase que cito en [Volumen I] página 71 («si, como es mi propia creencia, los sentimientos morales no son innatos, sino adquiridos, no son por esa razón menos naturales») me parece algo contradictoria con las otras palabras que cito, por lo que no sabía qué pensar; más especialmente porque dice tan poco sobre los instintos sociales. Cuando hablo de la actividad intelectual como la base secundaria de la conciencia, me refería en mi propia mente a secundaria en el periodo de desarrollo; pero nadie podría esperar entender una elipsis tan grande. Con referencia a su última frase, ¿no cree que el hombre podría haber retrogradado en sus instintos parentales, matrimoniales y otros sin haber retrogradado en sus instintos sociales? Y no creo que haya evidencia de que el hombre haya existido alguna vez como un animal no social. Debo añadir que me ha alegrado mucho leer sus observaciones sobre el caso supuesto de la abeja melífera: ofrece un contraste divertido con lo que la Srta. Cobbe ha escrito en el «Theological Review». (242/3. El Sr. Darwin dice («El origen del hombre», edición I, volumen I, página 73; edición II, página 99), «que si los hombres vivieran como las abejas, nuestras hembras solteras considerarían un deber sagrado matar a sus hermanos». La Srta. Cobbe observa sobre esto «que los principios del deber social se invertirían» («Theological Review», abril de 1872). El Sr. Morley, por otro lado, dice de la afirmación de Darwin que es «tan tranquilizadora como el más absoluto de los moralistas podría desear. Pues equivale a decir que los fundamentos de la moralidad, las distinciones entre lo correcto y lo incorrecto, están profundamente asentados en las mismas condiciones de la existencia social; que hay, ante estas condiciones, una diferencia positiva y definida entre lo moral y lo inmoral, lo virtuoso y lo vicioso, lo correcto y lo incorrecto, en las acciones de los individuos que participan de esa existencia social».) Indudablemente, el gran principio de actuar por el bien de todos los miembros de la misma comunidad, y por tanto el bien de la especie, habría seguido ejerciendo un dominio soberano.

CARTA 243. A J.D. HOOKER.

(243/1. Sir Joseph Hooker escribió (5 de agosto de 1871) a Darwin sobre el discurso presidencial de Lord Kelvin en la reunión de Edimburgo de la Asociación Británica: «Me parece muy capaz, de hecho; ¡y qué buena idea da de los gigantescos logros de los matemáticos y físicos! —realmente a uno le entraba vértigo al leer sobre ellos. No creo que Huxley le agradezca su referencia a él como un incrédulo positivo en la generación espontánea; estos matemáticos no me parecen distinguir entre la incredulidad y la falta de creencia. No conozco otro nombre para el estado mental que se produce bajo el término escepticismo. No tenía idea antes de que las matemáticas puras hubieran logrado tales maravillas en la ciencia práctica. La ausencia total de cualquier alusión a los trabajos de Tyndall, incluso cuando los cometas son su tema, me parece extraña».)

Haredene, Albury, Guildford, 6 de agosto [1871].

He leído con el mayor interés el discurso de Thomson; pero usted dice tan EXACTA Y PLENAMENTE todo lo que pienso, que me ha quitado todas las palabras de la boca; incluso sobre Tyndall. Es una ganancia que un hombre tan maravilloso, aunque no sea naturalista, se convierta en un converso a la evolución; Huxley, al parecer, señaló algo similar en su discurso. Me gustaría saber qué quiere decir sobre el diseño; no puedo entenderlo en absoluto, pues supongo que no cree en intervenciones especiales. (243/2. Véase «British Association Report», página cv. Lord Kelvin habla con muchas dudas sobre la evolución. Después de citar el pasaje final del «Origen», continúa: «He omitido dos frases... que describen brevemente la hipótesis del 'origen de las especies por Selección Natural', porque siempre he sentido que esta hipótesis no contiene la verdadera teoría de la evolución, SI EVOLUCIÓN HA HABIDO en biología» (las cursivas no están en el original). Lord Kelvin describe entonces como una «crítica muy valiosa e instructiva» la observación de Sir John Herschel de que la doctrina de la Selección Natural es «demasiado parecida al método laputiano de hacer libros, y que no tenía suficientemente en cuenta una inteligencia guía y controladora continua». Pero debe recordarse que fue en este discurso de Lord Kelvin donde sugirió la posibilidad de «piedras meteóricas portadoras de semillas moviéndose a través del espacio» inoculando la tierra con organismos vivos; y si asume que toda la población del globo debe rastrearse hasta estos «fragmentos cubiertos de musgo de las ruinas de otro mundo», es obvio que cree en una forma de evolución, y en una en la que una inteligencia controladora no es muy obvia, al menos no en la etapa inicial y de suma importancia.) La de Herschel fue una buena burla. Me hizo incluir el símil sobre la Madonna de Rafael, al describir en el «Origen del hombre» la manera de formación de los maravillosos ornamentos de ocelos, y juraré sobre la verdad de este caso. (243/3. Véase «El origen del hombre», II, página 141. Darwin dice que nadie atribuirá el sombreado de los «ojos» en las alas del faisán de Argus al «concurso fortuito de átomos de materia colorante». Prosigue diciendo que el desarrollo del efecto de ocelos mediante la Selección Natural parece al principio tan increíble como que «una de las Madonnas de Rafael hubiera sido formada por la selección de manchas de pintura al azar». La observación de Herschel, citada en «Life and Letters», II, página 241, de que el «Origen» ilustra la «ley del caos», es probablemente una variante coloquial de la comparación laputiana que dio lugar al pasaje en el «Origen del hombre» (véase Carta 130).)

Usted conoce la variedad de hoja de roble de la madreselva común; ¡no pude persuadir a una dama de que esto no fuera el resultado de que la madreselva trepara por un roble joven! ¿No es esto parecido al caso de la Viola?

CARTA 244. A JOHN LUBBOCK (LORD AVEBURY). Haredene, Albury, Guildford, 12 de agosto [1871].

Espero que el hecho de haber enviado las pruebas aquí no le cause molestias. Las he leído con infinita satisfacción, y toda la discusión me parece admirable. No tengo libros aquí, y desearía mucho poder ver una lámina de Campodea. (244/1. «Sobre el origen de los insectos». Por Sir John Lubbock, Bart. «Journ. Linn. Soc. (Zoology)», Volumen XI, 1873, páginas 422-6. (Leído el 2 de noviembre de 1871.) En el párrafo final el autor escribe: «Si estas opiniones son correctas, el género Campodea [un escarabajo] debe considerarse como una forma de interés notable, ya que es el representante vivo de un tipo primigenio del cual no solo los Collembola y Thysanura, sino también los otros grandes órdenes de insectos, han derivado todos su origen». (Véase también «Brit. Assoc. Report», 1872, página 125 — Discurso de Sir John Lubbock; y para una figura de Campodea véase «Nature», Volumen VII, 1873, página 447.)) Nunca reflexioné mucho sobre la dificultad que usted indica, y sobre la cual arroja tanta luz. (244/2. La dificultad aludida se explica en la primera frase del artículo de Lord Avebury. «Las metamorfosis de este grupo (Insectos) siempre me han parecido una de las mayores dificultades de la teoría darwiniana... Siento una gran dificultad para concebir por qué proceso natural un insecto con boca suctoria, como la de un mosquito o una mariposa, podría desarrollarse a partir de un tipo fuertemente mandibulado como los ortópteros, o incluso de los neurópteros... Una pista para la dificultad puede, creo, encontrarse en la distinción entre los cambios evolutivos y los cambios adaptativos a los que llamé la atención de la Sociedad en una memoria anterior».

La distinción entre cambios evolutivos y adaptativos se menciona, pero no se discute, en el artículo «Sobre el origen de los insectos» (loc. cit., página 422); en un artículo anterior, «Sobre el desarrollo de Chloeon (Ephemera) dimidiatum» («Trans. Linn. Soc.» XXV, página 477, 1866), esta cuestión se trata extensamente.) Solo tengo algunas observaciones triviales que hacer. En la página 44 desearía que se hubiera extendido un poco más sobre lo que ha dicho de la distinción entre cambios evolutivos y adaptativos; pues no puedo recordar bien el punto, y otros quizás estarán en la misma situación. Creo que siempre vi que la larva y el adulto podían ser modificados separadamente hasta cualquier punto. Teniendo en cuenta los extraños cambios de función que sufren las partes, con el estado intermedio de uso (244/3. Esta frase ligeramente oscura puede parafrasearse: «siendo las etapas graduales útiles para el organismo»), me parece que usted habla con demasiada audacia sobre la imposibilidad de que un insecto mandibulado sea convertido en un insecto succionador (244/4. «Existen, sin embargo, dificultades peculiares en aquellos casos en los que, como entre los lepidópteros, la misma especie es mandibulada como larva y suctoria como embrión» (Lubbock, «Origin of Insects», página 423).); no es que dude en absoluto del valor de su explicación.

Los cirrípedos que pasan por lo que he llamado un estado pupal (244/5. «Por tanto, la larva en esta, su última etapa, no puede comer; puede llamarse una 'Pupa locomotora'; toda su organización está aparentemente adaptada para el único gran fin de encontrar un sitio adecuado para su fijación y metamorfosis final». («A Monograph on the Sub-Class Cirripedia». Por Charles Darwin. Londres, Ray Soc., 1851.)) en lo que respecta a sus bocas, apoya bastante lo que usted dice en la página 52.

En la página 40 sus observaciones sobre el faisán de Argus (244/6. No hay mención del faisán de Argus en el artículo publicado.) (aunque no tengo la menor objeción a ellas) no me parecen muy apropiadas como relacionadas con las facultades mentales. Si puede prescindir de estas pruebas cuando termine con ellas, se lo agradeceré, pues estaré corrigiendo una nueva edición del «Origen» cuando regrese a casa, aunque este tema es demasiado amplio para que yo entre en él. Le agradezco sinceramente el gran interés que su discusión me ha proporcionado.

(245/1. La siguiente carta se refiere a la «Génesis de las especies» de Mivart.)

Down, 16 de septiembre [1871].

Estoy preparando una nueva y barata edición del «Origen» e introduciré un nuevo capítulo sobre la gradación y sobre los usos de los comienzos iniciales de estructuras útiles; pues esto, observo, es lo que ha producido el mayor efecto en la mayoría de las personas. Cada uno de sus casos [de Mivart], según me parece, puede responderse de una manera bastante satisfactoria. Es muy injusto y nunca dice lo que debe haber sabido que se podía decir a mi favor. Ignora el efecto del uso y lo que he dicho en todos mis libros y ediciones posteriores sobre los efectos directos de las condiciones de vida y la llamada variación espontánea. Le envío por este correo una reseña muy inteligente, aunque mal escrita, desde Norteamérica, de un amigo de Asa Gray, la cual he vuelto a publicar. (245/2. Chauncey Wright en la «North American Review», volumen CXIII, reimpresa por Darwin y publicada como folleto (véase «Life and Letters», III, página 145).)

Me alegra saber lo de Huxley. Usted nunca leyó las cartas tan contundentes que Mivart me escribió sobre el respeto hacia mí, rogándome que le visitara, etcétera, etcétera; sin embargo, en la «Q. Review» (245/3. Véase «Quarterly Review», julio de 1871; también «Life and Letters», III, página 147) muestra el mayor desprecio y animosidad hacia mí y, con una astucia poco común, dice todo lo que resulta más desagradable. Me convierte en la bestia más arrogante y odiosa que jamás haya existido. No puedo entenderlo; supongo que esa maldita intolerancia religiosa es la raíz de todo ello. Por supuesto, él es totalmente libre de despreciarme y odiarme, ¿pero por qué tomarse tantas molestias para expresar algo más que amistad? Me ha mortificado bastante.

CARTA 246. A J.D. HOOKER. Down, 4 de octubre [1871].

Estoy encantado de que usted piense tan bien del artículo de Huxley. (246/1. Una reseña de la «Selección natural» de Wallace, de la «Génesis de las especies» de Mivart y del artículo de la «Quarterly Review» sobre el «Origen del hombre» (julio de 1871), publicada en la «Contemporary Review» (1871) y en los «Collected Essays» de Huxley, II, página 120.) Temía decir todo lo que pensaba al respecto, pues nada es tan probable que haga que algo parezca insípido. Pensé en su anterior afirmación, con la que estoy totalmente de acuerdo, de que Huxley le hace sentir a uno completamente infantil en cuanto a intelecto. Siempre actúa así conmigo. Estoy exactamente de acuerdo con lo que usted dice sobre los diversos puntos del artículo, y acumulé clímax tras clímax de admiración en mi carta para él. No soy tan buen cristiano como usted cree, porque disfruté con mi venganza sobre Mivart. Él (es decir, Mivart) acaba de escribirme tan fresco como una lechuga, esperando que mi salud haya mejorado, etcétera. Mi cabeza, por cierto, me atormenta terriblemente, y la tengo ligera y oscilante durante medio día. Adiós, querido viejo amigo, mi mejor amigo.

CARTA 247. A JOHN FISKE.

(247/1. El Sr. Fiske, que es quizás más conocido en Inglaterra como el autor de «Outlines of Cosmic Philosophy», había enviado al Sr. Darwin algunos informes de las conferencias impartidas en la Universidad de Harvard. El punto al que se refiere la posdata en la carta del Sr. Darwin se explica mediante el siguiente extracto de la obra del Sr. Fiske: «He intentado demostrar que la transición de la animalidad (o bestialidad, despojando a la palabra de sus connotaciones negativas) a la humanidad debe haber estado determinada principalmente por la prolongación de la infancia o inmadurez que es consecuencia de un alto desarrollo de la inteligencia, y que debe haber hecho necesaria la agrupación gradual de los hombres pitecoides en familias más o menos definidas». (Véase «Descent», I, página 13, sobre la infancia prolongada de los simios antropoides.))

Down, 9 de noviembre de 1871.

Le estoy muy agradecido por haberme enviado, a través de mi hijo, sus conferencias, y por la manera tan honrosa en que alude a mis obras. Las conferencias me parecen escritas con mucha fuerza, claridad y originalidad. Usted demuestra además una cantidad verdaderamente extraordinaria de conocimiento de todo lo que se ha publicado sobre el tema. La letra en muchas partes es tan pequeña que, salvo para ojos jóvenes, es muy difícil de leer. Por lo tanto, deseo que reflexione sobre su publicación por separado, aunque se ha publicado tanto sobre el tema que es posible que el público ya haya tenido suficiente. Espero que esta sea su intención, pues no creo haber visto nunca el argumento general planteado de manera más convincente para convertir a los incrédulos.

Me ha sorprendido y complacido ver que usted y otros han detectado la falsedad de gran parte del razonamiento del Sr. Mivart. Ojalá hubiera leído sus conferencias hace uno o dos meses, ya que he estado preparando una nueva edición del «Origen», en la que respondo a algunos puntos específicos, y creo que habría encontrado útiles sus conferencias; pero mi manuscrito está ahora en manos del impresor y no tengo fuerzas ni tiempo para hacer más adiciones.

P.D.—Por una extraña coincidencia, desde que escribí lo anterior he recibido su muy amable carta del 23 de octubre. Me percaté del punto al que se refiere y reflexionaré más sobre él en el futuro. De hecho, estaba a punto de insertar una frase con un efecto similar en la nueva edición del «Origen», en relación con la pregunta: ¿por qué los simios no han avanzado en intelecto tanto como el hombre?, pero la omití debido a la supuesta infancia prolongada del orangután. También tengo algunas dudas sobre la distinción entre gregarismo y sociabilidad.

...Cuando venga a Inglaterra tendré mucho gusto en conocerle; pero mi salud es habitualmente tan débil que tengo muy poca capacidad para conversar con mis amigos tanto como deseo. Permítame agradecerle de nuevo su carta. Creer que he influido en absoluto en las mentes de hombres capaces es la mayor satisfacción que puedo recibir.

CARTA 248. A E. HACKEL. Down, 27 de diciembre de 1871.

Le agradezco su interesantísima carta, que me ha dado mucho placer recibir. Nunca oí nada tan extraño como lo de aquel prior de la Santa Iglesia Católica que cree en nuestros progenitores simiescos. Espero mucho que los jesuitas no le destituyan.

¡Qué hombre tan maravillosamente activo es usted! Y me alegra que haya tenido tanto éxito en su trabajo sobre las esponjas. (248/1. «Die Kalkschwämme: eine Monographie»; 3 volúmenes: Berlín, 1872. H.J. Clark publicó un artículo «On the Spongiae Ciliatae as Infusoria flagellata» en las «Mem. Boston Nat. Hist. Soc.», volumen I, parte iii, 1866. Véase Hackel, op. cit., volumen I, página 24.) Su libro con sesenta láminas será magnífico. Me alegrará saber qué piensa de la opinión de Clark de que las esponjas son infusorios flagelados; algunos observadores en este país creen en él. Me alegra que vaya a considerar plenamente la herencia, que es un tema de suma importancia para nosotros. No sé si alguna vez ha leído mi capítulo sobre la pangénesis. Mis ideas han sido casi universalmente despreciadas y supongo que fui un insensato al publicarlas; sin embargo, debo seguir pensando que hay algo de verdad en ellas. De cualquier modo, me han ayudado mucho a comprender claramente los hechos de la herencia.

He tenido mala salud este último verano, y durante dos meses no pude hacer nada; pero ahora casi he terminado la siguiente edición del «Origen», que Victor Carus está traduciendo. (248/2. Véase «Life and Letters», III, página 49.) No hay mucho nuevo en ella, salvo un capítulo en el que he respondido, espero que satisfactoriamente, a la supuesta dificultad del Sr. Mivart sobre el desarrollo incipiente de estructuras útiles. También he expuesto mis razones para no creer en absoluto en modificaciones grandes y repentinas. Estoy preparando un ensayo sobre la expresión en el hombre y en los animales inferiores. Tiene poca importancia, pero me ha interesado. Dudo que mis fuerzas duren para mucho más trabajo serio. Espero, sin embargo, publicar el próximo verano los resultados de mis largos experimentos sobre las maravillosas ventajas derivadas del cruce. Seguiré trabajando mientras pueda, pero no importa mucho cuándo me detenga, ya que hay muchos hombres buenos tan capaces, quizás más capaces que yo, para llevar adelante nuestro trabajo; y entre ellos usted ocupa el primer lugar.

Con cordiales buenos deseos para su éxito en todo su trabajo y para su felicidad.

CARTA 249. A E. RAY LANKESTER. Down, 15 de abril [1872].

Muchísimas gracias por su amable atención. La correspondencia estaba en el «Athenaeum». Conseguí que algún matemático hiciera el cálculo, pero se equivocó y me causó mucha vergüenza. Envío un recorte de las pruebas de la última edición del «Origen», con el cálculo corregido. ¡Qué gran trabajo hizo usted en Nápoles! Puedo ver claramente que algún día se convertirá en nuestra primera estrella en Historia Natural.

(249/1. Aquí sigue el extracto del «Origen», sexta edición, página 51: «El elefante está considerado como el animal de reproducción más lenta de todos los conocidos, y me he tomado la molestia de estimar su tasa probable mínima de aumento natural. Lo más seguro es suponer que comienza a reproducirse a los treinta años y continúa haciéndolo hasta los noventa, dando a luz a seis crías en el intervalo, y sobreviviendo hasta los cien años; si esto es así, después de un período de 740 a 750 años, habría casi diecinueve millones de elefantes vivos, descendientes de la primera pareja». En la quinta edición, página 75, el pasaje dice: «Si esto es así, al final del quinto siglo, habría vivos quince millones de elefantes, descendientes de la primera pareja» (véase «Athenaeum», 5 de junio, 3, 17 y 24 de julio de 1869).)

CARTA 250. A C. LYELL. Down, 10 de mayo [1872].

Recibí ayer por la mañana su regalo de esa obra a la que yo, por mi parte, así como tantos otros, debo una deuda de gratitud que nunca olvidaré. He leído con el mayor interés todas las adiciones especiales; y deseo con todo mi corazón tener la fuerza y el tiempo para leer de nuevo cada palabra de todo el libro. (250/1. «Principles of Geology», edición XII, 1875.) No estoy de acuerdo con todas sus críticas sobre la Selección Natural, ni supongo que usted esperaría que lo estuviera. Debemos contentarnos con discrepar en varios puntos. Discrepo sobre todo en su dificultad (página 496) (250/2. En el capítulo XLIII, Lyell trata del «Hombre considerado en relación con su origen y distribución geográfica». Critica la opinión de que la Selección Natural es capaz de producir cualquier cantidad de cambios, siempre que se pueda señalar una serie de pasos transicionales minuciosos. «Pero en realidad», escribe, «no se puede decir que obtengamos ninguna visión de la naturaleza de las fuerzas mediante las cuales un grado superior de organización o instinto se desarrolla a partir de uno inferior al familiarizarnos con una serie de formas o estados graduales, cada uno con una afinidad muy estrecha con el otro»... «Es cuando hay un cambio de un ser inferior a uno de grado superior, de un organismo más humilde a uno dotado de nuevos y más elevados atributos, cuando nos sentimos obligados a sentir que, para explicar la dificultad, debemos obtener algún conocimiento de esas leyes de variación de las cuales el Sr. Darwin admite que en la actualidad somos profundamente ignorantes» (op. cit., páginas 496-97).) sobre la evolución de un grado superior de organización a partir de unos inferiores. ¿No es un hombre muy inteligente un grado por encima de uno muy torpe? ¿Y no conduciría la acumulación de un gran número de pequeñas diferencias de este tipo a una gran diferencia en el grado de organización? Y supongo que usted admitirá que la diferencia en el cerebro de un hombre inteligente y uno torpe no es mucho más maravillosa que la diferencia en la longitud de la nariz de dos hombres cualesquiera. Por supuesto, sigue existiendo la imposibilidad de explicar en el presente por qué un hombre tiene la nariz más larga que otro. Pero es una tontería que le moleste con estas observaciones, que probablemente han pasado a menudo por su mente. El final de este capítulo (XLIII) me parece admirable y grandiosamente escrito. Le felicito por haber completado su gigantesca empresa y sigo siendo, mi querido Lyell,

Su siempre fiel y ahora muy viejo alumno, CHARLES DARWIN.

CARTA 251. A J. TRAHERNE MOGGRIDGE. Sevenoaks, 9 de octubre [1872].

Acabo de recibir su nota, remitida desde mi casa. Le agradezco sinceramente su previsto regalo y estoy seguro de que su libro me interesará mucho. Estoy encantado de que haya abordado el tema tan difícil y sumamente interesante de los hábitos de los insectos, sobre el cual los ingleses han hecho tan poco. ¡Cuánto más valiosas son estas investigaciones que la mera descripción de mil especies! Supongo que habrá pensado en experimentar con las facultades mentales de las arañas fijando sus trampillas abiertas de diferentes maneras y en diferentes ángulos, y observando qué hacen.

Hemos estado aquí algunos días y tenemos la intención de quedarnos algunas semanas; pues estaba completamente agotado por el trabajo y no puedo estar ocioso en casa.

Espero sinceramente que su salud no haya empeorado.

CARTA 252. A A. HYATT.

(252/1. La correspondencia con el profesor Hyatt, de Boston, EE. UU., se originó en la referencia a sus teorías y las del profesor Cope sobre la aceleración y la retardo, insertada en la sexta edición del «Origen», página 149.

El Sr. Darwin, al recibir del Sr. Hyatt un ejemplar de sus «Fossil Cephalopods of the Museum of Comparative Zoology. Embryology», del «Bull. Mus. Comp. Zool.» Harvard, volumen III, 1872, escribió lo siguiente (252/2. Parte de esta carta fue publicada en «Life and Letters», III, página 154):--)

10 de octubre de 1872.

Le estoy muy agradecido por su bondad al haberme enviado su valiosa memoria sobre la embriología de los cefalópodos extintos. El trabajo debe haber supuesto un esfuerzo inmenso y los resultados son sumamente interesantes. Permítame aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincero pesar por haber cometido dos graves errores en la última edición de mi «Origen de las especies», en mi alusión a sus opiniones y a las del profesor Cope sobre la aceleración y el retardo del desarrollo. Había pensado que el profesor Cope le había precedido; pero ahora recuerdo bien haber leído anteriormente con vivo interés, y haber marcado, un artículo suyo en algún lugar de mi biblioteca, sobre cefalópodos fósiles, con observaciones sobre el tema. (252/3. El artículo parece ser «On the Parallelism between the Different Stages of Life in the Individual and those in the Entire Group of the Molluscous Order Tetrabranchiata», de las «Boston Soc. Nat. Hist. Mem.» I, 1866-69, página 193. En el reverso del artículo está escrito: «No puedo evitar pensar que este artículo es fantasioso».) Parece también que he tergiversado por completo su visión conjunta; esto me ha molestado mucho. Confieso que nunca he sido capaz de captar plenamente lo que desea mostrar, y supongo que esto debe deberse a cierta torpeza por mi parte... Tal como están las cosas, la ley de aceleración y retardo me parece una declaración simple [?] de hechos; pero la declaración, si se establece plenamente, sería sin duda un paso importante en nuestro conocimiento. Pero será mejor que no diga nada más sobre el tema, de lo contrario quizás vuelva a meter la pata. Le aseguro que lamento mucho haber caído en dos errores tan graves.

CARTA 253. A. HYATT A CHARLES DARWIN.

(253/1. El Sr. Hyatt respondió en una larga carta, de la cual solo se presenta aquí una pequeña parte.

Cannstadt bei Stuttgart, noviembre de 1872.

La carta con la que me ha honrado, con fecha del 10 de octubre, acaba de llegar aquí tras un viaje a América y vuelta.

Hace mucho tiempo que tengo en mente escribirle sobre el tema del que habla, pero me lo ha impedido un sentimiento muy natural de desconfianza en la validez y veracidad de las opiniones que tenía que presentar.

Ciertamente no hay motivo para disculparse por no haber citado mi artículo. La ley de aceleración y retardo del desarrollo se utilizó en él para explicar la aparición de otros fenómenos, y podría, como ocurrió en casi todos los casos, pasar fácilmente desapercibida.

Mis relaciones con el profesor Cope son de carácter muy amistoso; y aunque afortunado por publicar unos meses antes, considero que esto no me da derecho a reclamar nada más allá de tal grado de participación en el descubrimiento, si es que así puede llamarse, al que la minuciosidad y el valor de mi trabajo me den derecho...

Las colecciones que he estudiado, recordará, son fósiles recolectados sin referencia especial a las subdivisiones muy minuciosas, como las subdivisiones del Lias inferior o medio hechas por los autores alemanes, especialmente Quenstedt y Oppel, pero bastante bien definidas para las divisiones mayores en las que las especies también están bien definidas. El estado de las colecciones en cuanto a nombres, etcétera, era caótico; solo las localidades, con algunas excepciones, eran precisas. Para poner orden en esto, primero se dispusieron según sus características adultas. Como esto resultó insatisfactorio, determiné probar a fondo la teoría de la evolución siguiendo la historia del desarrollo de cada especie y situándolas dentro de sus formaciones, Lias medio o superior, oolita o similar, según el grado en que representaran las características de cada una. Así, tomando como punto de partida un adulto de estructura simple al que llamaremos a, otra especie que era a en su estado joven y se convertía en b en el adulto se colocaba por encima de ella en la serie zoológica. Mediante este proceso descubrí pronto que muy a menudo se encontraban a, luego ab y abc, siendo c el estado adulto; pero que, en la práctica, después de pasar estas dos o tres etapas, no solía ocurrir que se encontrara una especie que fuera abc en la juventud y luego se convirtiera en d en la edad adulta. Pero, por otro lado, muy frecuentemente encontraba una que, mientras era a en la juventud, saltaba las etapas b y c y se convertía en d siendo aún muy joven. Luego, a veces, aunque más raramente, se encontraba una especie perteneciente a la misma serie, que sería a en la juventud y con un parecido muy tenue y fugaz a d en una etapa posterior, pasaría inmediatamente mientras aún era muy joven a las características más avanzadas representadas por e, y las mantendría como sus características específicas hasta que la vejez las destruyera. Este salto es la mayor ejemplificación, o mejor dicho, manifestación, de la aceleración en el desarrollo. Al aludir a la historia de las enfermedades y a la herencia de las características, usted en su «Origen de las especies» alude a la manifestación ordinaria de la aceleración, cuando habla de la tendencia de las enfermedades o características a aparecer en períodos más tempranos de la vida del niño que de sus padres. Esto, según mis observaciones, es una ley, o mejor dicho, un modo de desarrollo, que es aplicable a todas las características, y de esta manera es posible explicar por qué los jóvenes de los animales que aparecen más tarde son como los estados adultos de aquellos que les precedieron en el tiempo. Si no me equivoco, usted también ha insinuado algo de este tipo en su primera edición, pero no he podido encontrarlo últimamente. Por supuesto, esta es una condición de los asuntos muy normal cuando se puede seguir una serie de esta manera, empezando por la especie a, luego pasando por la especie ab hasta abc, luego abd o acd, y luego ade o simplemente ae, como a veces sucede. Muy a menudo la aceleración tiene lugar en dos series estrechamente conectadas, de la siguiente manera:

a—ab—abd—ae—ad

en la que una serie continúa muy regularmente, mientras que otro brote lateral de a se convierte en d en el adulto. Este es un caso real que puede mostrarse claramente con los especímenes a mano, y ha sido verificado en las colecciones de aquí. El retardo es enteramente una idea del profesor Cope, pero creo que también es fácilmente rastreable. Es el oponente de la aceleración, por así decirlo, o lo opuesto o negativo de ese modo de desarrollo. Así, pueden ocurrir series en las que, ya sea en tamaño o en características, vuelven a características anteriores; pero encontrará una mejor discusión de este punto en el pequeño tratado que envío por el mismo correo que esta carta, «On Reversions among the Ammonites».

CARTA 254. A A. HYATT. Down, 4 de diciembre de 1872.

Le agradezco sinceramente su interesantísima carta. Se refiere usted con demasiada modestia a su propio conocimiento y criterio, pues está mucho más capacitado que yo para arrojar luz sobre sus propios problemas complejos.

Me ha molestado bastante no comprender con claridad sus puntos de vista y los del profesor Cope (254/1. Los puntos de vista del profesor Cope pueden deducirse de su obra «Origin of the Fittest», 1887; en este libro (pág. 41) se reimprime su «Origin of Genera» aparecido en los «Proc. Philadelph. Acad. Nat. Soc.» de 1868, que fue publicado por separado por el autor en 1869, y que creemos que es su primera publicación sobre el tema. En el prefacio de «Origin of the Fittest», página vi, resume los puntos principales del «Origin of Genera» bajo siete epígrafes, de los cuales los siguientes son los más importantes: «Primero, que el desarrollo de nuevos caracteres se ha logrado mediante una ACELERACIÓN o RETRASO en el crecimiento de las partes modificadas... Segundo, que existe un PARALELISMO EXACTO entre el adulto de un individuo o conjunto de individuos, y una fase transitoria de uno o más individuos. Esta doctrina es distinta de la del paralelismo exacto, que ya había sido establecida por von Baer». Este último punto está expuesto de forma menos definida por Hyatt en su carta del 4 de diciembre de 1872: «De este modo, me veo llevado perpetuamente a considerar una serie de forma muy parecida a un individuo, y creo haber hallado que, en muchos casos, estas presentan cambios paralelos». Véase también «Lamarck the Founder of Evolution», de A.S. Packard: Nueva York, 1901) y creo que la culpa es, en cierta medida, del profesor Cope, que no escribe con mucha claridad. Creo que ahora entiendo los términos «aceleración» y «retraso»; pero ¿le importaría la molestia de decirme, con la ayuda del siguiente ejemplo, si los entiendo correctamente? Cuando un crustáceo decápodo de agua dulce nace con una estructura casi madura y, por lo tanto, no pasa, como otros decápodos, por la fase de Zoea, ¿no es esto un caso de aceleración? Por otra parte, si un decápodo imaginario conservara, al ser adulto, muchos caracteres de Zoea, ¿no sería esto un caso de retraso? Si estos ejemplos son correctos, puedo percibir por qué he sido tan torpe al comprender sus puntos de vista. Buscaba otra cosa, al estar familiarizado con tales casos y clasificarlos en mi propia mente simplemente como debidos a la obliteración de ciertas etapas larvales o embrionarias. Imaginé que esta obliteración resultaba a veces enteramente de esa ley de la herencia a la que usted alude; pero que en muchos casos estaba ayudada por la Selección Natural, como deduje al ocurrir tales casos con tanta frecuencia en los miembros terrestres y de agua dulce de grupos que conservan sus diversas etapas embrionarias en el mar, siempre que existan las condiciones adecuadas.

Otra causa de mi malentendido fue la suposición de que en su serie

a--ab--abd--ae,--------ad

las diferencias entre las especies sucesivas, expresadas por la letra terminal, se debían a la aceleración: ahora bien, si entiendo correctamente, este no es el caso; y tales caracteres deben haber sido adquiridos independientemente por algún medio.

Los dos puntos más nuevos e interesantes de su carta (y, hasta donde creo recordar, de su artículo anterior) me parecen ser los referentes a la aparición de características seniles de una especie en las especies sucesivas durante la madurez; y, en segundo lugar, sobre ciertos caracteres degradados que aparecen en la última especie de una serie. Usted pide mi opinión: solo puedo enviarle las impresiones conjeturales que me han surgido y que no merecen ser escritas. (Debería saberse si el carácter senil aparece antes o después del periodo de reproducción activa). Me inclinaría a atribuir el carácter en ambos casos suyos a las leyes del crecimiento y la descendencia, y secundariamente a la Selección Natural. Ha sido un error por mi parte, y una desgracia para mí, no haber discutido ampliamente lo que entiendo por leyes del crecimiento en una etapa temprana en algunos de mis libros. He dicho algo al respecto en dos nuevos capítulos de la última edición del «Origin». Estaría encantado de enviarle un ejemplar de esta edición si no lo posee y le interesa tenerlo. Un hombre en la vejez extrema difiere mucho de un hombre joven, y supongo que todo el mundo lo explicaría por la disminución de las facultades de crecimiento. Por otra parte, los cráneos de algunos mamíferos siguen alterándose durante la madurez hasta años avanzados; al igual que las astas del ciervo, las plumas de la cola de algunas aves, el tamaño de los peces, etc.; y a todos estos cambios los atribuiría simplemente a las leyes del crecimiento, mientras se conserve el vigor pleno. Creo que otros innumerables cambios de estructura en especies sucesivas pueden explicarse por diversas leyes complejas del crecimiento. Ahora bien, cualquier cambio de carácter inducido de este modo con el paso de los años en el individuo podría heredarse fácilmente a una edad más temprana que aquella en la que apareció por primera vez, convirtiéndose así en característico de la especie madura; o, de nuevo, tales cambios tenderían a seguir a la variación, independientemente de la herencia, bajo las condiciones adecuadas. Por lo tanto, esperaría que caracteres de este tipo aparecieran a menudo en especies formadas posteriormente sin la ayuda de la Selección Natural, o con su ayuda si los caracteres fueran de alguna ventaja. Cuanto más vivo, más me convenzo de lo ignorantes que somos del grado en que todo tipo de estructuras son útiles para cada especie. Pero que los caracteres que aparecen durante la madurez en una especie aparezcan tan regularmente, como usted afirma que es el caso, en las especies sucesivas, me parece muy sorprendente e inexplicable.

Con respecto a la degradación en las especies hacia el final de una serie, no tengo nada que decir, salvo que antes de llegar al final de su carta, se me ocurrió que los ammonites más antiguos y sencillos debían estar bien adaptados a sus condiciones, y que cuando las especies se acercaban a la extinción (debido probablemente a la presencia de competidores más exitosos) volverían a adaptarse naturalmente a condiciones más sencillas. Antes de haber leído sus observaciones finales, pensé también que las condiciones desfavorables podrían causar, a través de la ley del crecimiento, ayudada quizá por la reversión, una degradación del carácter. Sin duda, quedan muchas leyes nuevas por descubrir. Permítame añadir que nunca he sido tan necio como para imaginar que he logrado hacer más que establecer algunos de los grandes rasgos del origen de las especies.

Tras una larga reflexión, no puedo evitar la convicción de que no existe una tendencia innata al desarrollo progresivo, como sostienen ahora tantos naturalistas capaces, y quizá usted mismo. Es curioso lo poco que los escritores definen lo que entienden por desarrollo progresivo; pero este es un punto que he discutido brevemente en el «Origin». Espero fervientemente que visite el famoso yacimiento de Hilgendorf. ¿Ha visto el panfleto de Weismann «Einfluss der Isolirung», Leipzig, 1872? Hace un uso magnífico de las admirables observaciones de Hilgendorf. (254/2. Hilgendorf, «Monatsb. K. Akad.», Berlín, 1866. Para un relato semipopular del trabajo de Hilgendorf y Hyatt sobre este tema, véase «Darwin and after Darwin», de Romanes, I, pág. 201). No tengo fuerzas de sobra, ya que mi salud es muy precaria; de lo contrario, me habría esforzado por hacer que esta carta valiera más la pena. Le deseo sinceramente éxito en sus valiosas y difíciles investigaciones.

He recibido sus tres folletos y se los agradezco. Por lo que puedo juzgar, sus puntos de vista parecen muy probables; pero qué tema tan terriblemente intrincado es este de la sucesión de los ammonites. (254/3. Véanse varios artículos en las publicaciones de la «Boston Soc. Nat. Hist.» y en el «Bulletin of the Harvard Museum of Comp. Zoology»).

CARTA 255. A. HYATT A CHARLES DARWIN. Cannstadt bei Stuttgart, 8 de diciembre de 1872.

La rapidez y seriedad de su respuesta a mi carta me dan el mayor ánimo, y estoy muy encantado con el interés inesperado que muestran sus preguntas y comentarios. Lo que usted dice sobre el estilo del profesor Cope se me ha dicho a menudo, y he observado en sus escritos un tratamiento insatisfactorio de nuestra teoría común. Esto, creo, se debe en gran medida a la completa absorción de su mente en la contemplación de su tema: esto parece llevarle a ser descuidado con los métodos en los que mejor podría explicarse. Tiene, sin embargo, un conocimiento más extenso que el mío, y posee en muchos sentidos una comprensión más poderosa del tema y, precisamente por esa razón, quizás, es propenso a caer en extremos. Usted pregunta sobre la omisión de la fase de Zoea en los decápodos de agua dulce: ¿es esto una ilustración de la aceleración? Indudablemente lo es, si la aceleración significa algo en absoluto. De nuevo, otra ilustración más general sería si, entre los decápodos marinos, se pudiera formar una serie en la que la fase de Zoea se volviera cada vez menos importante en el desarrollo, y fuera relegada a etapas cada vez más tempranas del desarrollo, hasta desaparecer finalmente en las que usted se refiere. Esta es la forma habitual en que se manifiesta el modo acelerado de desarrollo; aunque cerca de las especies más bajas o de aparición más temprana también hay que buscarlo. Quizás este al que usted alude es una ilustración algo similar a la que he mencionado en mi serie,

a--ab--abc--ae--------ad,

que como «a d» proviene de la más temprana de una serie, aunque pensaría, por la omisión completa de la fase de Zoea, que debe ser, como «a e», el resultado de una larga línea de ancestros. De hecho, el punto esencial de nuestra teoría es que las características son heredadas siempre por los jóvenes en períodos más tempranos de lo que son asumidas en el curso normal del crecimiento por los padres, y que esto debe llevar eventualmente a la extinción o a la omisión total de estas características...

Consideraciones como estas, y el hecho de que cerca de las cabezas de las series o cerca de los últimos miembros de las series, y no al principio, se encontraran usualmente los tipos acelerados, que omitían las características más bajas y desarrollaban muy repentinamente un punto de vista más alto y complejo en la estructura, llevaron tanto a Cope como [a mí mismo] a lo que puede ser un gran error. Veo que le ha llevado a usted al menos a la dificultad de la que se queja muy acertadamente, y que, siento ver, le ha costado parte de su valioso tiempo. Presumimos que debido a que las características eran heredadas perpetuamente en etapas más tempranas, esta misma concentración de las características desarrolladas dejaba espacio para la producción de diferencias en los descendientes adultos de cualquier par dado. Además, que en el espacio así creado debían producirse otras características diferentes, y que estas aparecerían necesariamente antes en proporción a cuán más o menos acelerada fuera la especie, y serían mayores o menores en la misma proporción. Finalmente, que en los más acelerados, como «a c» o «a d», la diferencia sería tan grande como para constituir géneros distintos. Cope y yo hemos diferido mucho; mientras él reconocía la acción del modo acumulado de desarrollo solo cuando se producían características genéricas o mayores diferencias, yo veía que el mismo modo de desarrollo era aplicable en todos los casos y a todas las características, incluso a las enfermedades. Hasta aquí los hechos nos respaldaban, pero cuando asumimos que las diferencias adultas eran el resultado del modo acelerado de desarrollo, estábamos quizás en un terreno más bien inseguro. Es evidentemente esta suposición la que le ha llevado a malinterpretar la teoría. Cope basó su creencia, de que las características adultas eran también el resultado de la aceleración, si recuerdo bien, principalmente en la clase de hechos mencionados anteriormente en el hombre, donde un cambio repentino en dos órganos puede producir diferencias totalmente nuevas e inesperadas en toda la organización, y en los cambios que la aceleración parecía producir en el desarrollo de cada especie sucesiva. Su dificultad para comprender la teoría y las observaciones que ha hecho me muestran de inmediato cuáles han sido mis propias dificultades, pero de ellas no hablaré por el momento, ya que mi carta se está alargando hasta una extensión temible.

(255/1. Tras hablar de la comparación de Cope de la aceleración y el retraso en la evolución con la fuerza de la gravedad en asuntos físicos, el Sr. Hyatt continúa:--)

Ahora, a mí [la aceleración] me parece explicar cada vez menos el origen de las características progresivas adultas o simplemente las diferencias, y quizás ahora avanzaré más rápido en mi trabajo.

CARTA 256. A A. HYATT. Down, 14 de diciembre [1872].

(256/1. En respuesta a la carta anterior (255) del Sr. Hyatt.)

A pesar de la amable consideración mostrada en su última frase, debo agradecerle su interesante y claramente expresada carta. He dado instrucciones a mi editor para que le envíe un ejemplar de la última edición del «Origin», y puede usted, si lo desea, pegar el «Del autor» en la página siguiente. En relación con su punto de vista y el del profesor Cope sobre la «aceleración» como causa del desarrollo de nuevos caracteres, creo que sería bueno que comparara los decápodos que pasan y los que no pasan por la fase de Zoea, y el único grupo que sí (según Fritz Müller) pasa a las fases aún más tempranas de Nauplius, y viera si presentan diferencias marcadas. Creo que descubrirá que este no es el caso. Ojalá lo fuera, pues a menudo me ha desconcertado que la omisión de etapas embrionarias, así como la adquisición de etapas peculiares, parezcan no producir ningún resultado especial en la forma madura.

(256/2. Falta el resto de esta carta, y toda la última frase ha sido descifrada con cierta incertidumbre. (Nota del Sr. Hyatt)).

CARTA 257. A A. HYATT. Down, 13 de febrero de 1877.

Le agradezco su muy amable, larga e interesante carta. El caso es tan maravilloso y difícil que no me atrevo a expresar ninguna opinión al respecto. Por supuesto, lamento que se haya demostrado que Hilgendorf estaba muy equivocado (257/1. Esto se refiere a una controversia con Sandberger, quien había atacado a Hilgendorf en el «Verh. der phys.-med. Ges. zu Würzburg», Bd. V., y en el «Jahrb. der Malakol. Ges.» Bd. I., a lo que Hilgendorf respondió en el «Zeitschr. d. Deutschen geolog. Ges.» Jahrb. 1877. El nombre de Hyatt aparece en las páginas de Hilgendorf, pero no encontramos referencia a ningún artículo de esta fecha; su conocido artículo está en la «Boston Soc. Nat. Hist.» 1880. En una carta a Darwin (23 de mayo de 1881) Hyatt lamenta no haber tenido oportunidad de una tercera visita a Steinheim, y continúa: «Habría hecho entonces mayor justicia a Hilgendorf, por quien tengo un respeto tan alto»), pero es un consuelo egoísta para mí que siempre sentí tantas dudas que nunca cité su artículo. (257/2. En la quinta edición del «Origin» (pág. 362), sin embargo, Darwin habla de las formas graduadas de Planorbis multiformis, descritas por Hilgendorf a partir de ciertos estratos en Suiza, por los cuales suponemos que se refería a los estratos de Steinheim en Wurtemberg). La variabilidad de estas conchas es absolutamente asombrosa, y parece superar a la de Rubus o Hieracium entre las plantas. El resultado que más me sorprende es que la misma forma sea desarrollada a partir de progenitores varios y diferentes. Esto parece mostrar cuán potentes son las condiciones de vida, independientemente de que las variaciones sean de algún modo beneficiosas.

La producción de una especie a partir de un caos de formas variables me recuerda la conclusión de Nägeli, deducida del estudio de Hieracium, de que este es el modo común en que surgen las especies. Pero sigo dudando mucho al respecto, y me aferro a la creencia expresada en la primera edición del «Origin», de que las especies proteicas o polimórficas son aquellas que varían ahora de tal manera que las variaciones no son ni ventajosas ni desventajosas. Me alegra oír lo del yacimiento de Brunswick, ya que estoy seguro de que el estudio cuidadoso de tales casos es altamente importante. Espero que la Smithsonian Institution publique su memoria.

CARTA 258. A A. DE CANDOLLE. Down, 18 de enero [1873].

Fue muy amable por su parte dedicar tanto tiempo a escribirme su última e interesante carta. La evidencia parece sólida sobre la docilidad de las mariposas alpinas, y el hecho me parece muy sorprendente, pues cada mariposa difícilmente puede haber adquirido su experiencia durante su propia y corta vida. ¿Sería tan amable de agradecer al Sr. Humbert por su nota, que he leído con gusto? Anteriormente recibí de un hombre, no naturalista, que se alojaba en Cannes un relato similar, pero dudaba de creerlo. El caso, sin embargo, no responde a mi pregunta: ¿si las mariposas se sienten atraídas por los colores brillantes, independientemente de la presencia supuesta de néctar?

Debo confesar que tengo grandes dificultades para creer que cualquier condición temporal de los padres pueda afectar a la descendencia. Si dura lo suficiente como para afectar a la salud o a la estructura de los padres, puedo creer perfectamente que la descendencia se vería modificada. ¡Pero qué misterioso es el tema de la generación! Aunque mi hipótesis de la pangénesis ha sido denostada por todas partes, debo seguir considerando la generación bajo este punto de vista; y me hace muy reacio a creer que una emoción tenga efecto alguno en la descendencia. Permítame añadir una palabra sobre el sonrojo y la timidez: solo pretendía decir que el hábito fue adquirido primordialmente por la atención al rostro, y no que cada hombre tímido ahora prestara atención a su apariencia personal.

CARTA 259. A J.D. HOOKER. Down, 28 de junio de 1873.

Le escribo unas líneas para despedirme, ya que me han dicho que se marcha el miércoles, y para agradecerle la Dionoea, pero no consigo que la pequeña criatura crezca bien. He leído hoy el último discurso de Bentham, y debo expresar mi admiración por él. (259/1. Discurso presidencial ante la Sociedad Linneana, leído el 24 de mayo de 1873). Quizás no debería hacerlo, ya que me aplasta con honores.

Estoy encantado de ver cuán exactamente coincido con él en las afinidades, y especialmente en las formas extintas tal como las ilustra su árbol de copa plana. (259/2. Véase la pág. 15 del ejemplar separado: «Tendríamos entonces las razas actuales representadas por los innumerables ramitos que forman la cima de copa plana» de un árbol genealógico, en el que «todo lo que podemos hacer es trazar la cima como si fuera desde una vista de pájaro, y bajo cada grupo, o grupo de grupos, colocar como tronco común un tipo imaginario de un género, orden o clase según la profundidad a la que queramos llegar»). Mi trabajo reciente me lleva a diferir de él en un punto: la separación de los sexos. (259/3. Sobre la cuestión de la sexualidad, véase la pág. 10 del discurso de Bentham. En el reverso del ejemplar del Sr. Darwin ha escrito: «Mientras los organismos más bajos están libres--sexos separados: tan pronto como se vuelven fijos, para prevenir la esterilidad sexos unidos--separados de nuevo como medio de fertilización, adaptado [?] para organismos distantes [?]--en el caso de los animales mediante sus sentidos y movimientos voluntarios--con las plantas la ayuda de insectos y viento, este último siempre existió, y se conservó durante mucho tiempo». Las dos palabras marcadas [?] son dudosas. La introducción de la libertad o la fijación como factor en el problema también ocurre en «Cross and Self-fertilisation», pág. 462). Sospecho fuertemente que los sexos estaban primordialmente en individuos distintos; luego se unieron comúnmente en el mismo individuo, y luego, en una multitud de animales y algunas pocas plantas, volvieron a separarse. Pídale a Bentham que envíe un ejemplar de su discurso al «Dr. H. Müller, Lippstadt, Prusia», ya que estoy seguro de que le complacerá ENORMEMENTE.

...Cuando esté en Francia, escríbame unas líneas y dígame cómo le va, y cómo está Huxley; pero no lo haga si se siente perezoso y escribir le molesta.

CARTA 260. A R. MELDOLA.

(260/1. Esta carta, junto con otras de Darwin a Meldola, está publicada en «Charles Darwin and the Theory of Natural Selection», por E.B. Poulton, págs. 199 y ss., Londres, 1896.)

Southampton, 13 de agosto de 1873.

Le estoy muy agradecido por su regalo, que sin duda encontraré en Down a mi regreso a casa. Siento decirle que no puedo responder a su pregunta; ni creo que pueda encontrarla respondida en ninguna parte, ni siquiera de forma aproximada. Es muy difícil o imposible definir qué se entiende por una gran variación. Tales variaciones se convierten gradualmente en monstruosidades o son generalmente perjudiciales. Yo mismo no creo que se aprovechen a menudo, o nunca, en la naturaleza. Es un hecho común que las variaciones bruscas y considerables se transmitan en un estado inalterado, o que no se transmitan en absoluto a la descendencia, o a algunos de sus individuos. Así ocurre con los animales sin cola o sin cuernos, y con los cambios repentinos y grandes de color en las flores. Ojalá hubiera podido darle alguna respuesta.

CARTA 261. A E.S. MORSE. [Sin fecha.]

Debo tener el placer de agradecerle su amabilidad al enviarme su ensayo sobre los Braquiópodos. (261/1. "The Brachiopoda, a Division of Annelida", "Amer. Assoc. Proc." Volumen XIX., página 272, 1870, y "Annals and Mag. Nat. Hist." Volumen VI., página 267, 1870.) Lo acabo de leer con el mayor interés, y me parece (aunque no soy un juez competente) que presenta con notable claridad un caso extremadamente sólido. ¡Qué cambio tan maravilloso es para un viejo naturalista tener que considerar estas "conchas" como "gusanos"; pero, como usted dice con razón, en lo que respecta a la apariencia externa, el caso no es más maravilloso que el de los cirrípedos. También me han interesado especialmente sus observaciones sobre el Registro Geológico y sobre las formas inferiores y más antiguas de cada gran clase que probablemente no estaban protegidas por valvas calcáreas o una concha.

P.D.--Su grabado en madera de Lingula está introducido con la mayor habilidad para obligar a ver su parecido con un anélido.

CARTA 262. A H. SPENCER.

(262/1. El libro del Sr. Spencer "The Study of Sociology", 1873, fue publicado en la "Contemporary Review" en entregas entre mayo de 1872 y octubre de 1873.)

31 de octubre [1873].

Me alegra recibir hoy un anuncio de su libro. Me han interesado maravillosamente los artículos en la "Contemporary". Aquellos fueron golpes espléndidos sobre el Príncipe de Gales y Gladstone. (262/2. Véase "The Study of Sociology", página 392. El Sr. Gladstone, en protesta contra algunas palabras del Sr. Spencer, había dicho que la aparición de grandes hombres "en grandes crisis de la historia humana" eran acontecimientos tan llamativos "que los hombres serían propensos a calificarlos de providenciales en una era precientífica". Sobre esto el Sr. Spencer observa que "junto con el antiguo griego, el Sr. Gladstone considera irreligiosa cualquier explicación de la Naturaleza que prescinda de la supervisión divina inmediata". Y como ejemplo de la asociación "entre las ideas de causalidad natural e interferencia providencial", cita un caso donde un príncipe "ganó popularidad al sobrevivir a ciertos cambios anormales en su sangre", y donde "con motivo de su recuperación, la ayuda providencial y la causalidad natural fueron reconocidas unidamente mediante una acción de gracias a Dios y un título de baronet al médico". El pasaje sobre el Toryismo está en la página 395, donde el Sr. Spencer, con su acostumbrada tolerancia, escribe: "Lo deseable es que un crecimiento de ideas y sentimientos que tienda a producir modificaciones se una a una continuidad de ideas y sentimientos que tienda a preservar la estabilidad". Y desde este punto de vista concluye que es muy deseable que "alguien en la posición del Sr. Gladstone piense como él". El asunto se discute más a fondo en las notas del Capítulo XVI, página 423.) Nunca antes leí una buena defensa del Toryismo. En un lugar (pero no puedo recordar por nada del mundo dónde o qué fue exactamente) pensé que usted se habría beneficiado de mi principio (es decir, si usted no lo rechaza) expuesto en mi "Descenso del Hombre", de que los nuevos caracteres que aparecen al final de la vida son aquellos que se transmiten únicamente al mismo sexo. He presentado pruebas bastante sólidas, y el principio es de gran importancia en relación con las semejanzas sexuales secundarias. (262/3. Esto se refiere a la discusión del Sr. Spencer sobre la evolución de los rasgos mentales característicos de las mujeres. En la página 377 señala la importancia de la limitación de la herencia por el sexo en esta relación. Una generalización llamativa sobre esta cuestión se da en el "Descenso del Hombre", Edición I., Volumen II., página 285: que cuando el macho adulto difiere de la hembra adulta, difiere de la misma manera de los jóvenes de ambos sexos. ¿Puede aplicarse esta ley en el caso en que la hembra adulta posee caracteres que no posee el macho: por ejemplo, el alto grado de poder intuitivo de leer los estados mentales de otros y de ocultar los propios —caracteres que el Sr. Spencer demuestra que se explican por las relaciones entre el marido y la mujer en un estado de salvajismo? Si es así, el hombre debería parecerse a "los jóvenes de ambos sexos" en la ausencia de estas cualidades especiales. Este parece ser el caso con algunas características masculinas, y la infantilismo del hombre no deja de ser reconocido entre las mujeres: por ejemplo, por Dolly Winthrop en "Silas Marner", quien se contenta con pan para ella, pero hornea pastel para los niños y los hombres, cuyos "estómagos están hechos de forma tan cómica, que quieren un cambio —lo hacen, lo sé, Dios los ayude".) He aplicado esto al hombre y a la mujer, y posiblemente fue aquí donde pensé que usted se habría beneficiado de la doctrina. Me temo que esta nota será casi ilegible, pero estoy muy cansado.

CARTA 263. G.J. ROMANES A CHARLES DARWIN.

(263/1. Esta es, creemos, la primera carta dirigida por el difunto Sr. Romanes al Sr. Darwin. Fue guardada con otra sobre el mismo tema, e inscrita "Romanes sobre el aborto, con mi respuesta (muy importante)". La respuesta del Sr. Darwin que se da a continuación está impresa a partir de su borrador, que en partes es apenas descifrable. Sobre el tema de estas cartas consúltese a Romanes, "Darwin and after Darwin", Volumen II., página 99, 1895.)

Dunskaith, Parkhill, Ross-shire, 10 de julio de 1874.

Sabiendo que usted no disuade a los más atentos de sus lectores de comunicarle directamente cualquier idea que puedan tener sobre temas relacionados con sus escritos, me tomo la libertad de enviarle la copia adjunta de una carta que he dirigido recientemente al Sr. Herbert Spencer. Percibirá que el tema tratado es el mismo al que se refiere una carta mía en la "Nature" de la semana pasada [2 de julio, página 164], a saber: "El desuso como causa reductora en las especies". Al someter esta exposición más detallada de mis puntos de vista a su consideración, me gustaría declarar de nuevo lo que declaré en "Nature" hace algunas semanas, a saber, que al proponer el cese de la selección como causa reductora, no supongo que estoy sugiriendo algo que no se le haya ocurrido ya a usted. Este principio no solo está incorporado en la teoría expuesta en el artículo sobre los Órganos Rudimentarios ("Nature", Volumen IX.); sino que se insinúa más de una vez en el "Origen", en los pasajes donde se dice que los órganos rudimentarios son más variables que otros, porque ya no están bajo la influencia restrictiva de la Selección Natural. Y aún más claramente se reconoce este principio en la página 120.

Por lo tanto, al enviarle la carta adjunta, no imagino que estoy poniendo bajo su atención ninguna sugerencia novedosa. Como veo que usted ya ha aplicado el principio en cuestión al caso de las estructuras criadas artificialmente, no puedo dejar de inferir que lo ha ponderado en relación con las estructuras criadas naturalmente. Qué objeción, sin embargo, puede haber visto usted a este principio en esta última conexión, soy incapaz de adivinar; y así que creo que el mejor curso para mí es el que adopto, a saber, enviarle mis consideraciones completas.

A falta de información expresa, la inferencia más natural es que la razón por la que usted se niega a considerar el principio en cuestión es porque usted demuestra que la tendencia regresiva de la variabilidad indiscriminada [es] inadecuada para competir con la tendencia conservadora de la larga herencia. Lo contrario de esto se expresa en las palabras: "Que la lucha entre la Selección Natural, por una parte, y la tendencia a la reversión y la variabilidad, por otra parte, cesará en el curso del tiempo; y que los órganos desarrollados de forma más anormal pueden hacerse constantes, no veo razón para dudarlo" ("Origen", página 121). Ciertamente no, si, como no dudo, la palabra "constante" pretende tener una significación relativa; pero decir que la constancia puede llegar a ser absoluta —es decir, que cualquier término de herencia podría asegurar a un órgano una inmunidad total contra la menor cantidad de variabilidad espontánea— decir esto sería injustificable. Supongamos, por ejemplo, que por alguna razón u otra un mayor aumento en el tamaño del ala de un murciélago se volviera ahora de repente altamente beneficioso para ese animal: difícilmente podemos suponer que no surgirían variaciones para que la Selección Natural se aprovechara de ellas (a menos que se haya alcanzado el límite del tamaño posible, lo cual es un asunto totalmente distinto). Y si suponemos que las variaciones diminutas del lado del aumento están ocurriendo incluso ahora de vez en cuando, mucho más probable es que variaciones similares del lado de la disminución estén ocurriendo ahora —es decir, que si la influencia conservadora de la Selección Natural se eliminara durante un largo período de tiempo, se producirían más variaciones por debajo del tamaño actual de las alas de los murciélagos que por encima de él. A esto se puede añadir que, cuando se elimina la influencia de la "selección rápida", parece en sí mismo altamente probable que la estructura se volvería, por esta razón, más variable, pues la única razón por la que alguna vez dejó de ser variable (es decir, después de alcanzar su tamaño máximo) fue debido a la influencia de la selección que destruía constantemente a aquellos individuos en los que ocurría una tendencia a variar. Cuando, por lo tanto, se eliminó esta fuerza antagonista a la variabilidad, parece altamente probable que el último principio comenzaría de nuevo a afirmarse, y esto de una manera acumulativa. Aquellos individuos en los que ocurría una tendencia a variar, al no ser ya eliminados, tendrían tantas probabilidades de dejar descendencia que heredara su disposición fluctuante como las tendrían sus compañeros más inflexibles.

CARTA 264. A G.J. ROMANES. 16 de julio de 1874.

Le estoy muy agradecido por su amable y larga comunicación, que he leído con gran interés, así como sus artículos en "Nature". El tema me parece tan importante e interesante como difícil. No gozo de buena salud y estoy trabajando muy duro en un tema muy diferente, por lo que no puedo dedicar a sus observaciones la atención que merecen. Sin embargo, guardaré su carta para un momento posterior, cuando pueda retomar el tema. Su carta me aclara más que nunca antes cómo una parte u órgano que ya ha comenzado por cualquier causa a disminuir, continuará disminuyendo a través de la llamada variabilidad espontánea, con entrecruzamiento; pues bajo tales circunstancias es muy improbable que haya variación en la dirección del aumento más allá del tamaño promedio, y no hay razón para que no haya variaciones de disminución. Creo que esto expresa su punto de vista. Había planeado este verano someter plantas a condiciones [ilegible] y observar los efectos sobre la variación; pero el trabajo sería muy laborioso, aunque me inclino a pensar que en el futuro valdrá la pena el esfuerzo.

CARTA 265. A T. MEEHAN. Down, 9 de octubre de 1874.

Me alegra que esté prestando atención a los colores de las flores dioicas; pero es bueno recordar que sus colores pueden ser tan poco importantes para ellas como los de una agalla, o, de hecho, como el color de una amatista o un rubí lo es para estas gemas. Hace unos treinta años comencé a investigar las pequeñas flores púrpuras en el centro de las umbelas de la zanahoria. Supongo que mi memoria me falla, pero me dice que estas flores son hembras, y creo que una vez obtuve una semilla de una de ellas; pero mi memoria puede estar totalmente equivocada. Espero que continúe sus interesantes investigaciones.

CARTA 266. A G. JAGER. Down, 3 de febrero de 1875.

Recibí esta mañana un ejemplar de su obra "Contra Wigand", ya sea de usted mismo o de su editor, y le estoy muy agradecido por ello. (266/1. La obra de Jager "In Sachen Darwins insbesondere contra Wigand" (Stuttgart, 1874) está dirigida contra "Der Darwinismus und die Naturforschung Newtons und Cuviers" de A. Wigand (Brunswick, 1874).) Sin embargo, había comprado un ejemplar antes, y he enviado el nuevo a nuestra mejor biblioteca, la de la Royal Society. Como soy un erudito alemán muy pobre, hasta ahora solo he leído unas cuarenta páginas; pero estas me han interesado en el más alto grado. Sus observaciones sobre las especies fijas y variables merecen la mayor atención; pero no estoy convencido por el momento de que existan tales independientemente de las condiciones a las que están sometidas. Creo que ha prestado un gran servicio al principio de la evolución, que ambos apoyamos, al publicar esta obra. Me alegra más leerlo ya que no tuve tiempo de leer el gran y tedioso volumen de Wigand.

CARTA 267. A CHAUNCEY WRIGHT. Down, 13 de marzo de 1875.

Escribo hoy para que no haya retraso esta vez en agradecerle su interesante y larga carta recibida esta mañana. Estoy seguro de que disculpará la brevedad cuando le diga que casi me estoy matando tratando de preparar un libro para la prensa. (267/1. El manuscrito de "Insectivorous Plants" fue preparado para la prensa en marzo de 1875. Darwin parece haber estado más oprimido de lo habitual por el trabajo.) Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice acerca de que las ventajas de diversos grados de importancia son co-seleccionadas (267/2. El Sr. Chauncey Wright escribió (24 de febrero de 1875): "La investigación sobre cuál de los diversos usos reales es aquel a través del cual ha actuado la Selección Natural... me ha parecido durante varios años una cuestión algo menos importante de lo que parecía anteriormente, y todavía parece a la mayoría de los pensadores sobre el tema... Los usos del cascabel de la serpiente de cascabel como protección al advertir a sus enemigos y como llamada sexual no son usos rivales; tampoco lo son los usos de alcanzar alto y ver lejos del cuello de la jirafa 'rivales'."), y ayudadas por los efectos del uso, etc. El tema me parece digno de mayor desarrollo. No creo haber observado en ninguna parte el uso de las cejas, pero hace mucho tiempo que sé que protegían los ojos del sudor. Durante el viaje del "Beagle", uno de los hombres subió a una colina elevada durante un día muy caluroso. Tenía cejas pequeñas y sus ojos se inflamaron terriblemente por el sudor que corría hacia ellos. Los habitantes portugueses estaban familiarizados con este mal. Creo que usted alude a los surcos transversales en la frente como protección contra el sudor; pero recuerde que estos aparecen incesantemente en las frentes de los babuinos.

P.D.--Me han complacido mucho las notas en la "Nation".

CARTA 268. A A. WEISMANN. Down, 1 de mayo de 1875.

No recibí su ensayo hasta algunos días después de su muy amable carta, y leo alemán tan lentamente que acabo de terminarlo. (268/1. "Studien zur Descendenz-Theorie" I. "Ueber den Saison-Dimorphismus", 1875. Anteriormente se sabía que dos formas del género Vanessa que se consideraban especies distintas son solo formas ESTACIONALES de la misma especie —una que aparece en primavera, la otra en verano. Esta notable relación constituye el tema del ensayo.) Su trabajo me ha interesado mucho, y sus conclusiones parecen estar bien establecidas. Hace mucho tiempo que siento mucha curiosidad por el dimorfismo estacional, pero nunca pude formar ninguna teoría sobre el tema. Indudablemente, su punto de vista es muy importante, ya que tiene relación con la cuestión general de la variabilidad. Cuando escribí el "Origen" no pude encontrar ningún hecho que probara la acción directa del clima y otras condiciones externas. Hace mucho tiempo pensé que pronto llegaría el momento en que se discutirían plenamente las causas de la variación, y nadie ha hecho tanto como usted en este importante tema. La evidencia reciente de la diferencia entre aves de la misma especie en el norte y el sur de Estados Unidos muestra bien el poder del clima. Los dos sexos de algunas pocas aves están allí modificados de manera diferente por el clima, y he introducido este hecho en la última edición de mi "Descenso del Hombre". (268/2. "Descenso del Hombre", Edición II. (en un volumen), página 423. Allen demostró que muchas especies de aves están más fuertemente coloreadas en el sur de Estados Unidos, y que a veces un sexo se ve más afectado que el otro. Es este último punto el que guarda relación con las observaciones de Weismann (loc. cit., páginas 44, 45) sobre Pieris napi. Los machos de la forma alpino-boreal bryoniae apenas difieren de los de la forma alemana (var. vernalis), mientras que las hembras son sorprendentemente diferentes. Por tanto, el carácter de las diferencias sexuales secundarias está determinado por el clima.) Estoy, por tanto, totalmente preparado para admitir la justicia de su crítica sobre la selección sexual de los lepidópteros; pero considerando la exhibición de su belleza, no me inclino todavía a pensar que estoy totalmente equivocado.

Lo que usted dice sobre la reversión (268/3. Por ejemplo, el hecho de que la reversión a la forma invernal primaria puede ser producida por el efecto perturbador de la alta temperatura (página 7).) siendo excitada por diversas causas, coincide con lo que concluí con respecto a los efectos notables del cruce de dos razas: a saber, que cualquier cosa que perturbe la constitución conduce a la reversión, o, como planteé el caso bajo mi hipótesis de la pangénesis, da una buena oportunidad para que se desarrollen las gémulas latentes. Su ensayo, en mi opinión, es admirable, y le agradezco el interés que me ha proporcionado.

P.D. Encuentro que hay varios puntos que he olvidado. El Sr. Jenner Weir no ha publicado nada más sobre las orugas, pero le he escrito preguntándole si ha hecho más experimentos, y retendré esta carta hasta que reciba su respuesta. El Sr. Riley de Estados Unidos apoya al Sr. Weir, y encontrará referencias a él y a otros artículos en la página 426 de la nueva y muy corregida edición de mi "Descenso del Hombre". Como tengo un ejemplar duplicado del Volumen I. (creo que el Volumen II. aún no se ha publicado en alemán) se lo envío por este correo. El Sr. Belt, en sus viajes por Nicaragua, da varios casos llamativos de animales conspicuamente coloreados (pero no orugas) que son desagradables para las aves de presa: es un observador excelente, y su libro, "The Naturalist in Nicaragua", es muy interesante.

Le estoy muy agradecido por su fotografía, que me complace especialmente poseer, y le envío la mía a cambio.

Veo que alude a las declaraciones de Hilgendorf, que lamenté ver disputadas por algún buen observador alemán. El Sr. Hyatt, un excelente paleontólogo de Estados Unidos, visitó el lugar, y también me aseguró que Hilgendorf estaba muy equivocado. (268/4. Véanse las cartas 252-7.)

Me entristece saber que su vista sigue siendo mala, pero de cualquier modo ha forzado su excelente trabajo en su último ensayo.

4 de mayo. Aquí está lo que dice el Sr. Weir:--

"En respuesta a su consulta del sábado, lamento tener poco que añadir a mis dos comunicaciones a las 'Transactions of the Entomological Society'.

"Repetí los experimentos con orugas llamativas durante años, y siempre con los mismos resultados: ni en una sola ocasión encontré larvas de colores ricos y llamativos comidas por las aves. Fue más notable observar que las aves no prestaron la más mínima atención a las orugas llamativas, ni siquiera cuando estaban en movimiento; los experimentos satisficieron tan plenamente mi mente que ahora he dejado de hacerlos".

CARTA 269. A LAWSON TAIT.

(269/1. El difunto Sr. Lawson Tait escribió al Sr. Darwin (2 de junio de 1875): "Estoy observando a un grupo de mis ratones a los que les quité la cola al nacer, y estoy llegando a la conclusión de que el uso esencial de la cola allí es como órgano de registro; es decir, registran en su memoria las esquinas que doblan y la altura de los agujeros por los que pasan al tocarlos con la cola". El Sr. Darwin estaba interesado en la idea porque "algún alemán se burló de la Selección Natural y citó las colas de los ratones".)

11 de junio de 1875.

Acabo de recordar que debo consultar el "Origen de las especies" (Edición VI, página 170), y es seguro que Bronn, en el capítulo adjunto a su traducción de mi libro al alemán, presentó las orejas y la cola de varias especies de ratones como una dificultad opuesta a la Selección Natural. Respondí con respecto a las orejas aludiendo al curioso artículo de Schobl (olvido cuándo se publicó) (269/2. J. Schobl, "Das aussere Ohr der Mause als wichtiges Tastorgan." "Archiv. Mik. Anat." VII., 1871, página 260.) sobre los pelos de las orejas, que son sensibles y están provistos de nervios. Supongo que hizo cortes finos: si usted está acostumbrado a tal trabajo histológico, ¿no valdría la pena examinar los pelos de la cola de los ratones? En la página 189 cito a Henslow (confirmado por Gunther) sobre el Mus messorius (¿y otras especies?) usando la cola como órgano prensil.

El Dr. Kane, en su relato de la segunda Expedición Grinnell, dice que los esquimales, en clima severo, llevan una cola de zorro atada al cuello, la cual usan como respirador sosteniendo la punta de la cola entre los dientes. (269/3. El hecho se indica en el Volumen II, página 24, de "Arctic Explorations: The Second Grinnell Expedition in Search of Sir John Franklin", de E.K. Kane. Filadelfia, 1856.)

Dice también que encontró un zorro congelado acurrucado con la nariz enterrada en su cola.

N.B. Es posible que este último hecho lo mencione M'Clintock, no el Dr. Kane.

(269/4. El pasaje final es una posdata del Sr. W.E. Darwin referente a la idea del Sr. Lawson Tait sobre la función respiratoria de la cola del zorro.)

CARTA 270. A G.J. ROMANES. Down, 12 de julio de 1875.

Estoy corrigiendo una segunda edición de "La variación de los animales y las plantas bajo domesticación", y descubro que debo hacerlo de forma bastante exhaustiva. Por ello, incluyo un breve resumen de los híbridos de injerto en patatas, y quiero saber si no le envié a usted una referencia sobre la remolacha. ¿Ha consultado esto y puede decirme algo al respecto?

Espero de todo corazón que esté progresando bastante bien con sus experimentos.

Me he visto llevado a pensar mucho sobre el tema, y estoy convencido de su gran importancia, aunque harán falta años de insistencia antes de que los fisiólogos admitan que los órganos sexuales solo recogen los elementos generativos.

La edición se publicará en noviembre, y entonces verá todo lo que he recopilado, pero creo que usted dio todos los casos más importantes. El caso de la vid en el "Gardeners' Chronicle", que le envié, creo que podría ser solo una variación de yema no debida al injerto. He oído indirectamente de su espléndido éxito con los nervios de las medusas. Hemos estado en Abinger Hall durante un mes para descansar, lo cual necesitaba mucho, y vi allí la vid de hojas recortadas que parece espléndida para el hibridismo de injerto.

CARTA 271. A FRANCIS GALTON. Down, 7 de noviembre de 1875.

He leído su ensayo con mucha curiosidad e interés, pero probablemente no tenga idea de lo excesivamente difícil que es de entender. (271/1. "A Theory of Heredity" ("Journal of the Anthropological Institute", 1875). En este documento, el Sr. Galton admite que la hipótesis de las unidades orgánicas "debe ser el fundamento de la ciencia de la herencia", y procede a mostrar en qué aspecto su concepción difiere de la hipótesis de la pangénesis. La copia del documento del Sr. Galton, que Darwin numeró en correspondencia con las críticas de su carta, no está disponible, y por tanto solo podemos conjeturar algunos de los puntos referidos.) No puedo captar completamente, solo conjeturar aquí y allá, cuáles son los puntos en los que diferimos. Me atrevo a decir que esto se debe principalmente a una confusión mental por mi parte, pero no creo que sea solo eso. Sus muchos términos, no definidos, "gérmenes desarrollados", "gérmenes fértiles" y "estériles" (la palabra "gérmen" en sí misma me resulta engañosa por asociación), "stirp", "sept", "residuo", etc., etc., me desconcertaron por completo. Si me pregunto cómo deriva usted, y dónde coloca, los innumerables gémulos contenidos dentro de los espermatozoides formados por un animal macho durante toda su vida, no puedo responderme. A menos que pueda aclarar varias partes, creo (aunque espero estar completamente equivocado) que solo unos pocos se esforzarán o lograrán comprender su significado. He marcado algunos pasajes con números, y aquí hago algunas observaciones y expreso mi opinión, como usted desea, no porque suponga que será de alguna utilidad para usted.

1. Si esto implica que muchas partes no se modifican por el uso y el desuso durante la vida del individuo, difiero ampliamente de usted, ya que cada año llego a atribuir más y más a tal agencia. (271/2. Esto parece referirse a la página 329 del documento del Sr. Galton. El pasaje debe haber sido leído apresuradamente, y ha sido completamente malinterpretado. El Sr. Galton nunca ha expresado la opinión que se le atribuye.)

2. Esto parece bastante audaz, ya que la sexualidad no se ha detectado en algunas de las formas más bajas, aunque me atrevo a decir que podría serlo en el futuro. (271/3. El Sr. Galton, op. cit., páginas 332-3: "No existen necesariamente dos sexos, porque enjambres de criaturas de las organizaciones más simples se multiplican principalmente mediante algún proceso de autodivisión".)

3. Si los gémulos (por usar mi propio término) a menudo fueran deficientes en las yemas, no puedo dejar de pensar que las variaciones de yema serían más comunes de lo que son en estado natural; ni parece que las variaciones de yema a menudo exhiban deficiencias que podrían explicarse por la ausencia de los gémulos apropiados. Tengo una visión muy diferente del significado o causa de la sexualidad. (271/4. La idea del Sr. Galton es que en una yema u otra parte producida asexualmente, los gérmenes (es decir, los gémulos) pueden no ser completamente representativos de todo el organismo, y si la reproducción continúa asexualmente "en cada etapa sucesiva siempre existe la posibilidad de que una o más de las diversas especies de gérmenes... se extingan" (página 333). El Sr. Galton supone que, en la reproducción sexual, donde dos padres contribuyen con gérmenes al embrión, la posibilidad de deficiencia de cualquiera de los gérmenes necesarios disminuye enormemente. La "visión muy diferente del significado o causa de la sexualidad" de Darwin es, sin duda, la que se da en "La fecundación cruzada y autogamia", es decir, que la sexualidad es equivalente a condiciones cambiadas, que los padres no son representantes de sexos diferentes, sino de condiciones de vida diferentes.)

4. He pedido el "Fraser's Magazine" (271/5. "The History of Twins", por F. Galton, "Fraser's Magazine", noviembre de 1875, republicado con añadidos en el "Journal of the Anthropological Institute", 1875. El Sr. Galton explica la sorprendente disimilitud de los gemelos que a veces se encuentra suponiendo que la descendencia en este caso divide los gémulos disponibles entre ellos de tal manera que cada uno es el complemento del otro. Así, por decirlo de forma exagerada, los gemelos similares tendrían cada uno la mitad de los gémulos A, B, C,...Z, etc., mientras que, en el caso de gemelos disímiles, uno tendría todos los gémulos A, B, C, D,...M, y el otro tendría N...Z.), y tengo curiosidad por saber cómo se distinguen los gemelos provenientes de un solo óvulo de los gemelos provenientes de dos óvulos. Nada me parece más curioso que la similitud y disimilitud de los gemelos.

5. Terriblemente difícil de entender.

6. He dado casi la misma noción.

7. Espero que todo esto cambie. He recibido casos nuevos y adicionales, por lo que ahora no tengo la menor duda.

8. Difícilmente se puede decir que tales casos sean muy raros, como usted diría si hubiera recibido la mitad del número de casos que yo he recibido.

(271/6. No podemos determinar a qué párrafos se refieren 5, 6, 7, 8.)

Siento mucho diferir tanto de usted, pero he pensado que desearía mi opinión abierta. Frank está fuera, de lo contrario habría copiado mi borrador.

Tengo un buen lote de vainas de guisantes de olor, pero el otoño ha sido terriblemente malo; tal vez aún podamos conseguir que maduren algunas más.

CARTA 272. A T.H. HUXLEY. Down, 12 de noviembre [1875].

Muchas gracias por su "Biología", que he leído. (272/1. "A Course of Practical Instruction in Elementary Biology", por T.H. Huxley y H.N. Martin, 1875. Para un relato del libro, véase "Life and Letters of T.H. Huxley", Volumen I, página 380.) Fue un verdadero golpe de genio pensar en tal plan. Dios, ¡cómo desearía haber seguido un curso así!

CARTA 273. A FRANCIS GALTON. 18 de diciembre [1875].

George ha estado explicando nuestras diferencias. He admitido en la nueva edición (273/1. En la segunda edición (1875) de "La variación de los animales y las plantas", Volumen II, página 350, se hace referencia a los experimentos de transfusión del Sr. Galton, "Proc. R. Soc." XIX, página 393; también a la carta del Sr. Galton a "Nature", 27 de abril de 1871, página 502. Este es un error curioso; la carta en "Nature", 27 de abril de 1871, es del propio Darwin, y se refiere principalmente a la cuestión de si se puede suponer que los gémulos están en la sangre. La carta del Sr. Galton está en "Nature", 4 de mayo de 1871, Volumen IV, página 5. Véase la Carta 235.) (antes de ver su ensayo) que quizás los gémulos se multiplican en gran medida en los órganos reproductivos; pero esto no me hace dudar de que cada unidad de todo el sistema también envía sus gémulos. Sin duda habrá pensado en la siguiente objeción a sus puntos de vista, y me gustaría saber cuál es su respuesta. Si dos plantas se cruzan, a menudo, o mejor dicho generalmente, sucede que cada parte del tallo, la hoja, incluso los pelos, y las flores del híbrido son de carácter intermedio; y este híbrido producirá mediante yemas millones y millones de otras yemas que reproducen exactamente el carácter intermedio. No puedo dudar de que cada unidad del híbrido está hibridada y envía gémulos hibridados. Aquí no tenemos nada que ver con los órganos reproductivos. Difícilmente puede haber duda por lo que sabemos de que lo mismo ocurriría con todos aquellos animales que son capaces de brotar, y algunos de estos (como los ascidios compuestos) son suficientemente complejos y altamente organizados.

CARTA 274. A LAWSON TAIT. 25 de marzo de 1876.

(274/1. La referencia es a la teoría presentada en la primera edición de "La variación de los animales y las plantas", II, página 15, de que la supuesta tendencia a la regeneración después de la amputación de dígitos supernumerarios en el hombre es un retorno a los poderes recuperativos característicos de un "progenitor de organización inferior provisto de más de cinco dígitos". La retractación de Darwin está en el Volumen I, página 459 de la segunda edición.)

Desde que leí su primer artículo (274/2. Lawson Tait escribió dos notas sobre "La variación de los animales y las plantas bajo domesticación" en el "Spectator" del 4 de marzo de 1876, página 312, y del 25 de marzo, página 406.), el Dr. Rudinger me ha escrito y enviado un ensayo, en el que da los resultados de las consultas MÁS EXTENSAS de todos los cirujanos eminentes de Alemania, y todos son unánimes sobre el no crecimiento de dígitos extra después de la amputación. Explican algunos casos aparentes, como hizo Paget conmigo. Por cierto, eliminé de mi segunda edición una cita de Sir J. Simpson sobre el recrecimiento en el útero, ya que Paget objetó, y como no podía decir cómo un rudimento de una extremidad debido a cualquier causa podría distinguirse de un recrecimiento imperfecto. Hace dos o tres días tuve otra carta de Alemania de un buen naturalista, el Dr. Kollmann (274/3. El Dr. Kollmann era secretario de la Anthropologische Gesellschaft de Múnich, sociedad en la que tuvo lugar la discusión referida en "La variación de los animales y las plantas", I, 459, como origen de las dudas de Darwin sobre toda la cuestión. La nueva evidencia presentada por Kollmann en cuanto a la ocurrencia normal de un sexto dígito rudimentario en los batracios es el artículo de Borus, "Die sechste Zehe der Anuren" en "Morpholog. Jahrbuch", Bd. I, página 435. Sobre este tema, véase la Carta 178.), diciendo que lamentaba que hubiera renunciado al atavismo y a los dígitos extra, y hablándome de nuevas y buenas evidencias de rudimentos de un sexto dígito rudimentario en los batracios (que yo mismo había visto, pero descartado debido a los puntos de vista de Gegenbaur); pero, al fallarme el recrecimiento, no pude sostener mi vieja noción.

CARTA 275. A G.J. ROMANES.

(275/1. La respuesta del Sr. Romanes a esta carta está impresa en su "Life and Letters", página 93, donde por descuido está fechada en 1880-81.)

H. Wedgwood, Esq., Hopedene, Dorking, 29 de mayo [1876].

Como usted está interesado en la pangénesis, y algún día, espero, convertirá una "nada aireada" en una teoría sustancial, envío por este correo un ensayo de Hackel (275/2. "Die Perigenesis der Plastidule oder die Wellenzeugung der Lebenstheilchen", 79 páginas. Berlín, 1876.) atacando la pangénesis y sustituyéndola por una hipótesis molecular. Si entiendo sus puntos de vista correctamente, diría que con un ave que fortaleció sus alas mediante el uso, el protoplasma formativo de las partes fortalecidas cambió, y sus vibraciones moleculares cambiaron en consecuencia, y que estas vibraciones se transmiten a lo largo de toda la estructura del ave, y afectan a los elementos sexuales de tal manera que las alas de la descendencia se desarrollan de manera igualmente fortalecida. Imagino que diría, en casos como los de la yegua de Lord Morton (275/3. Una yegua castaña árabe de raza casi pura tuvo un híbrido con un quagga, y posteriormente produjo dos potros rayados por un caballo árabe negro: véase "Animals and Plants", I, página 403. El caso fue descrito originalmente en las "Philosophical Transactions", 1821, página 20. Para un relato del trabajo reciente relacionado con esta cuestión, véase el artículo sobre "Zebras, Horses, and Hybrids" en la "Quarterly Review", octubre de 1899. Véase la Carta 235.), que las vibraciones del protoplasma, o "plasson", del fluido seminal de la cebra hicieron vibrar el plasson en la yegua; y que estas vibraciones continuaron hasta que se formó el pelo del segundo potro, que en consecuencia se volvió rayado como el de una cebra. Cómo explica la reversión a un ancestro remoto, no lo sé. Quizás lo haya malinterpretado, aunque he hojeado todo con cierto cuidado. Pone mucho énfasis en que la herencia es una forma de memoria inconsciente, pero hasta qué punto esto es parte de su vibración molecular, no lo entiendo. Sus puntos de vista no me aclaran nada; pero esto puede ser culpa mía. Nadie, supongo, dudaría sobre movimientos moleculares de algún tipo. Su ensayo es inteligente y sorprendente. Si lo lee (pero no debe hacerlo por mi cuenta), me gustaría mucho escuchar su juicio, y puede devolverlo en cualquier momento. Las líneas azules son de Hackel para llamar mi atención.

Hemos venido aquí para descansar, lo cual necesitaba mucho; y permaneceremos aquí unos diez días más, y luego a casa a trabajar, que es mi único placer en la vida. Espero que su espléndido trabajo sobre las medusas y sus experimentos sobre pangénesis vayan bien. Escuché de mi hijo Frank ayer que estaba febril con un resfriado, y no pudo cenar con los fisiólogos, lo cual siento mucho, ya que habría escuchado lo que piensan sobre el nuevo Proyecto de Ley. Veo que usted es uno de los secretarios de esta joven Sociedad.

CARTA 276. A H.N. MOSELEY. Down, 22 de noviembre [1876].

Es muy amable de su parte enviarme los libros japoneses, que son extremadamente curiosos y divertidos. Mi hijo Frank está fuera, pero estoy seguro de que le quedará muy agradecido por los dos artículos que le ha enviado.

Gracias, también, por su interesante nota. Es una lástima que Peripatus (276/1. Moseley "On the Structure and Development of Peripatus capensis" ("Phil. Trans. R. Soc." Volumen 164, página 757, 1874). "Cuando son manipulados repentinamente o irritados, ellos (es decir, Peripatus) disparan hilos finos de un fluido lechoso notablemente viscoso y tenaz... proyectado desde las puntas de las papilas orales" (página 759).) sea tan estúpido como para escupir la materia viscosa por el extremo equivocado de su cuerpo; habría sido hermoso explicar así el origen de la tela de araña.

CARTA 277. NAPHTALI LEWY A CHARLES DARWIN.

(277/1. La siguiente carta se refiere a un libro, "Toledoth Adam", escrito por un judío culto con el objetivo de convencer a sus correligionarios de la verdad de la teoría de la evolución. La traducción se la debemos al difunto Henry Bradshaw, bibliotecario universitario en Cambridge. Lamentablemente, el libro ya no se encuentra en la biblioteca del Sr. Darwin.)

[1876].

Al Señor, al Príncipe, que "se alza por estandarte de los pueblos" (Isa. xi. 10), el Investigador de la generación, el "hijo brillante de la mañana" (Isa. xiv. 12), Charles Darwin, ¡que viva mucho tiempo!

"Desde el nacimiento del sol y desde el occidente" (Isa. xlv. 6) todas las naciones conocen la Torá (Teoría) (277/2. Lit., instrucción. La Torá es el Pentateuco, estrictamente hablando, la fuente de todo conocimiento.) que ha "procedido de ti como una luz para los pueblos" (Isa. li. 4), y las naciones "oyen y dicen: Es verdad" (Isa. xliii. 9). Pero con "la porción de mi pueblo" (Jer. x. 16), Jacob, "la parte de mi heredad" (Deut. xxxii. 9), no es así. Esta nación, "el pueblo antiguo" (Isa. xliv. 7), que "se acuerda de las cosas pasadas y considera las cosas antiguas" (Isa. xliii. 18), "no sabe, ni entiende" (Sal. lxxxii. 5), que mediante tu Torá (instrucción o teoría) has arrojado luz sobre su Torá (la Ley), y que los ojos de los hebreos (277/3. Una letra cambiada en esta palabra formaría la palabra "ciegos", que es lo que Isaías usa en el pasaje aludido.) "ahora pueden ver desde la oscuridad y desde las tinieblas" (Isa. xxix. 18). Por tanto, "yo me levanté" (Jueces v. 7) y escribí este libro, "Toledoth Adam" ("las generaciones del hombre", Gén. v. 1), para enseñar a los hijos de mi pueblo, la simiente de Jacob, la Torá (instrucción) que has dado como herencia a todas las naciones de la tierra.

Y he "procedido a hacer una obra maravillosa entre este pueblo, incluso una obra maravillosa y un prodigio" (Isa. xxix. 14), capacitándolos ahora para leer en la Torá de Moisés, nuestro maestro, "claramente y declarando el sentido" (Neh. viii. 8), lo que tú has dado en tus Torás (obras de instrucción). Y cuando mi pueblo perciba que tu visión no se ha "descarriado" (Núm. v. 12, 19, etc.) de la Torá de Dios, mantendrá tu nombre en la más alta reverencia, y "al mismo tiempo glorificará al Dios de Israel" (Isa. xxix. 23).

"La visión de todo esto" (Isa. xxix. 11) verás, oh Príncipe de la Sabiduría, en este libro, "que va delante de mí" (Gén. xxxii. 21); y cualquier cosa que tu gran entendimiento encuentre para criticar en él, ven, "escríbelo en una tabla y anótalo en un libro" (Isa. xxx. 8); y permíteme nombrar mi obra con tu nombre, que es glorificado y muy reverenciado por

Tu siervo, Naphtali Hallevi [es decir, el levita].

Fechado aquí en la ciudad de Radom, en la provincia de Polonia, en el mes de Nisán del año 636, según el cómputo menor (es decir, A.M. [5]636 = 1876 d.C.).

CARTA 278. A OTTO ZACHARIAS. 1877.

Cuando estaba a bordo del "Beagle" creía en la permanencia de las especies, pero, hasta donde puedo recordar, dudas vagas cruzaban ocasionalmente por mi mente. A mi regreso a casa en el otoño de 1836, comencé inmediatamente a preparar mi diario para su publicación, y entonces vi cuántos hechos indicaban el descenso común de las especies (278/1. "Los hechos a los que se hace referencia aquí estaban, sin duda, eminentemente preparados para atraer la atención de un pensador filosófico; pero hasta que se determinaron con cierta exactitud las relaciones de las especies existentes con las extintas y de las especies de las diferentes áreas geográficas entre sí, ofrecían un fundamento inseguro para la especulación. No era posible que esta determinación se hubiera efectuado antes del regreso del "Beagle" a Inglaterra; y así se hace inteligible la fecha que Darwin (escribiendo en 1837) asigna al amanecer de la nueva luz que surgía en su mente." --De "Darwiniana", Ensayos de Thomas H. Huxley, Londres, 1893; páginas 274-5.), de modo que en julio de 1837 abrí un cuaderno para registrar cualquier hecho que pudiera tener relación con la cuestión; pero no me convencí de que las especies fueran mutables hasta que, creo, habían transcurrido dos o tres años. (278/2. Sobre este último punto véase la página 38.)

CARTA 279. A G.J. ROMANES.

(279/1. La siguiente carta se refiere a notas manuscritas de Romanes, que no hemos visto. Las observaciones de Darwin sobre ellas son, sin embargo, suficientemente claras.)

Mi dirección será "Bassett, Southampton", 11 de junio [1877].

He recibido el documento sobre el cruzamiento que tuvo la amabilidad de enviarme. Es muy claro y estoy totalmente de acuerdo con él; pero el punto en cuestión no ha supuesto una dificultad para mí, ya que nunca he creído en que una nueva forma se origine a partir de una única variación. Lo que he llamado selección inconsciente por parte del hombre ilustra, a mi modo de ver, el mismo principio que el suyo, dentro del mismo ámbito. El hombre adquiere los animales o plantas individuales que le parecen mejores en cualquier aspecto —algunos más y otros menos— y, sin ningún emparejamiento o unión, la raza, con el paso del tiempo, se altera sin duda alguna. La ausencia en numerosos casos de formas intermedias o de transición, en la zona fronteriza entre dos razas geográficas estrechamente aliadas o especies cercanas, me pareció una mayor dificultad cuando traté el tema en el "Origen".

Con respecto a su ilustración, antiguamente me volvía medio loco intentar explicar el aumento o la disminución de la productividad de un organismo; pero no puedo recordar dónde residía mi dificultad. (279/2. Véanse las Cartas 209-16.) La Selección Natural siempre se aplica, según creo, a cada individuo y a su descendencia, tal como sus semillas, huevos, que son formados por la madre y que están protegidos de diversas maneras. (279/3. Fue con respecto a este punto que Romanes envió el manuscrito a Darwin. En una carta del 16 de junio escribe: "Fue en referencia a la posibilidad de que la Selección Natural actuara sobre los tipos orgánicos a diferencia de los individuos, una posibilidad que usted una vez me dijo que no parecía en absoluto clara".) No parece haber dificultad en comprender cómo podría aumentarse la productividad de un organismo; pero fue, hasta donde puedo recordar, al reducir la productividad donde más me sentí perplejo. Pero por qué garabateo sobre esto, no lo sé.

He leído su reseña del libro del Sr. Allen (279/4. Véase "Nature" (7 de junio de 1877, página 98), una reseña de "Physiological Aesthetics" de Grant Allen.), y me hace dudar aún más que antes de si realmente ha arrojado mucha luz sobre el asunto.

Me alegra saber que algunos fisiólogos comparten mi opinión sobre que usted le da demasiado crédito a H. Spencer, aunque, Dios sabe, este es un defecto poco común. (279/5. La referencia es a la conferencia de Romanes sobre Medusa, impartida en la Royal Institution, el 25 de mayo. (Véase "Nature", XVI, páginas 231, 269, 289.) Se desprende de una carta de Romanes (6 de junio) que fue el resumen en el "Times" lo que dio la impresión mencionada. Las referencias a las teorías del Sr. Spencer sobre la génesis nerviosa aparecen en "Nature", páginas 232, 271, 289.)

Cuanto más pienso en su trabajo sobre los nervios de las medusas, más espléndido me parece.

CARTA 280. A A. DE CANDOLLE. Down, 3 de agosto de 1877.

Debo tener el placer de agradecerle su larga e interesante carta. La causa y los medios de la transición de una condición hermafrodita a una unisexual me parecen un problema muy desconcertante, y estaré extremadamente complacido de leer sus observaciones sobre Smilax, siempre que reciba el ensayo que amablemente dice que me enviará. (280/1. "Monographiae Phanerogamarum", Volumen I. En su tratamiento de las Smilaceae, De Candolle distingue: Heterosmilax que tiene flores dioicas sin rastro de estambres o pistilos abortados, Smilax con estambres estériles en las flores femeninas, y Rhipogonum con flores hermafroditas.) Hay mucha justicia en sus críticas (280/2. El pasaje criticado por De Candolle se encuentra en "Forms of Flowers" (página 7): "Es una inferencia natural que sus corolas hayan sido aumentadas de tamaño para este propósito especial". De Candolle continúa dando cuenta de la "recherche linguistique", que, con característica equidad, emprendió para determinar si la palabra "purpose" difiere en significado de la palabra francesa correspondiente "but".) sobre mi uso de los términos objeto, fin, propósito; pero aquellos que creen que los órganos han sido gradualmente modificados por la Selección Natural para un propósito especial pueden, creo, utilizar los términos anteriores correctamente, aunque ningún ser consciente haya intervenido. He encontrado mucha dificultad en mis intentos ocasionales de evitar estos términos, pero quizás podría haber hablado siempre de un efecto beneficioso o útil. Mi hijo Francis estará interesado en conocer lo referente a Smilax. Le ha enviado una copia de su artículo sobre las glándulas de Dipsacus (280/3. "Quart. Journ. Mic. Sci." 1877.), y espero que encuentre tiempo para leerlo, pues el caso me parece nuevo y altamente notable. Estamos ahora trabajando arduamente en un intento de descubrir la función o uso de la pruina o secreción cerosa en las hojas y frutos de muchas plantas; pero dudo mucho que nuestros experimentos nos digan gran cosa. (280/4. "Tal como están las cosas, hemos descubierto claramente que en algunas plantas (principalmente suculentas) la pruina frena la evaporación; en algunas ciertamente previene ataques de insectos; en algunas plantas de litoral previene el daño del agua salada, y creo que, en unas pocas, previene el daño del agua pura al descansar sobre las hojas". (Véase la carta a Sir W. Thiselton-Dyer, "Life and Letters", III, página 341. Un artículo sobre el mismo tema de Francis Darwin fue publicado en el "Journ. Linn. Soc." XXII.)) Si tiene alguna opinión decidida sobre si las plantas con hojas conspicuamente glaucas son más frecuentes en países cálidos que en templados o fríos, en los secos que en los húmedos, le estaría agradecido si añadiera a sus muchas bondades el informarme. Por favor, dé mis recuerdos afectuosos a su hijo, y dígale que mi hijo ha estado probando a gran escala los efectos de alimentar a Drosera con carne, y los resultados son muy llamativos y mucho más favorables de lo que anticipé.

CARTA 281. A G.J. ROMANES.

(281/1. Publicada en la "Life and Letters" de Romanes, página 66.)

Down, sábado por la noche [1877].

Acabo de terminar su conferencia (281/2. "The Scientific Evidence of Organic Evolution: a Discourse" (pronunciada ante la Philosophical Society de Ross-shire), Inverness, 1877. Fue reimpresa en la "Fortnightly Review" y posteriormente convertida en un libro bajo el título mencionado.); es un argumento científico admirable, y poderosísimo. Ojalá pudiera ser difundido por todo el país. Su valentía es maravillosa, y me pregunto que no fuera apedreado en el acto, ¡y en Escocia! Por favor, dígame cómo fue recibida en la sala de conferencias. Lo de que el hombre está hecho como un mono (página 37 (281/3. "Y si rechaza la explicación natural de la descendencia hereditaria, solo puede suponer que la Deidad, al crear al hombre, se tomó las molestias más escrupulosas para hacerlo a imagen del simio" ("Discourse", página 37).)) es completamente nuevo para mí, y el argumento en un pasaje anterior (página 8 (281/4. En la página 8 del "Discourse", el orador se refirió a la ley "que Sir William Hamilton llamó la Ley de Parsimonia, o la ley que nos prohíbe asumir la operación de causas superiores cuando las inferiores son suficientes para explicar los efectos deseados", como constituyendo la "única barrera lógica entre la Ciencia y la Superstición".)), sobre la ley de la parsimonia, está admirablemente expuesto. Sí, la página 21 (281/5. "Discourse", página 21. Si aceptamos las doctrinas de las creaciones individuales y los tipos ideales, debemos creer que la Deidad actuó "sin otro motivo aparente que el de sugerirnos, mediante cada uno de los hechos observables, que los tipos ideales no son otra cosa que los vínculos de una descendencia lineal".) es nueva para mí. Todo me parece muy claro y, considerando el poco espacio, ha elegido sus líneas de razonamiento excelentemente.

Las pocas páginas finales son tremendamente poderosas, en mi opinión.

Domingo por la mañana. Lo anterior fue escrito anoche en el entusiasmo del momento, y ahora, esta oscura y lúgubre mañana de domingo, coincido plenamente con lo que dije.

Siento mucho escuchar acerca de los fracasos en los experimentos de injertos, y no por su propia culpa o mala suerte. Trollope, en una de sus novelas, da como máxima de uso constante de un fabricante de ladrillos: "It is dogged as does it" (281/6. "Dígale qué, Maestro Crawley; y su reverencia no debe pensar que intento predicar; no hay nada que un hombre no pueda soportar si solo es tenaz. Vaya a casa, Maestro Crawley, y piense en eso, y tal vez le haga bien aún. Es la tenacidad lo que lo logra. No es pensar en ello". (Giles Hoggett, el viejo fabricante de ladrillos, en "The Last Chronicle of Barset", Volumen II, 1867, página 188.)) y he pensado a menudo que este es el lema para todo trabajador científico. Estoy seguro de que es el suyo, si es que no abandona la pangénesis con malvadas imprecaciones.

Por cierto, G. Jager ha sacado en "Kosmos" una especie de pangénesis química que se refiere principalmente a la herencia. (281/7. Varios artículos de Jager sobre "Herencia" fueron publicados en el primer volumen de "Kosmos", 1877.)

No concibo por qué no he ofrecido mi jardín para sus experimentos. Cuidaría de las plantas, en lo que respecta al mero cuidado, con placer; pero Down es un lugar difícil de alcanzar.

¿Valdría la pena intentar que la "Fortnightly" lo volviera a publicar [es decir, la conferencia]?

CARTA 282. A T.H. HUXLEY.

(282/1. En 1877, la Universidad de Cambridge confirió al Sr. Darwin el título honorífico de LL.D. En la cena celebrada con motivo por la Philosophical Society, el Sr. Huxley respondió al brindis de la velada con el discurso del cual una versión autorizada es dada por el Sr. L. Huxley en la "Life and Letters" de su padre (Volumen I, página 479). El Sr. Huxley dijo: "Pero tanto si esa doctrina [de la evolución] es verdadera como si es falsa, deseo expresar la opinión deliberada de que, desde el gran resumen de Aristóteles sobre el conocimiento biológico de su tiempo hasta el día de hoy, no hay nada comparable al "Origen de las Especies" como una visión conectada de los fenómenos de la vida, impregnada y vivificada por una idea central".

En la primera parte del discurso hubo una frase brillante que él describió como un toque de látigo "atado con cintas", y esto fue quizás un poco duro para los partidarios de la evolución en la Universidad. El Sr. Huxley dijo: "En lugar de ofrecer sus honores cuando corrían el riesgo de ser aplastados bajo las acumuladas muestras de aprobación de todo el mundo civilizado, la Universidad ha esperado hasta que el trofeo estuvo terminado, y ha coronado el edificio con la delicada corona de la apreciación académica".)

Down, lunes por la noche, 19 de noviembre [1877].

No puedo descansar tranquilo sin decirle, más seriamente de lo que lo hice cuando nos encontramos durante cinco minutos cerca del Museo, cuán profundamente he sentido las muchas cosas generosas (tal como Frank pudo recordarlas) que dijo sobre mí en la cena. Frank llegó temprano a la mañana siguiente rebosante de entusiasmo por su discurso. Usted siempre ha sido para mí un amigo muy generoso, pero sé, ay, demasiado bien cuánto me sobreestima. Perdóneme por molestarle con estas pocas líneas.

(282/2. El siguiente extracto de una carta (10 de febrero de 1878) a su antiguo compañero de escuela, el Sr. J. Price, da una observación característica sobre el título honorífico.)

"Estoy muy agradecido por sus amables felicitaciones sobre el LL.D. Por qué el Senado me lo confirió, no lo sé en absoluto. Me asombró escuchar que el Profesor Real de Teología y otros grandes eruditos asistieron, y varios hombres de ese calibre han suscrito, según estoy informado, para el cuadro para la Universidad, para conmemorar el honor que se me confirió".

CARTA 283. A W. BOWMAN.

(283/1. No hemos descubierto a qué premio se refiere la siguiente carta al difunto Sir W. Bowman (el conocido cirujano).)

Down, 22 de febrero de 1878.

Recibí su carta esta mañana, y era del todo imposible que usted recibiera una respuesta hoy a las 4 p.m. Pero esto no significa en absoluto, pues su propuesta me parece muy buena, y estoy enteramente de acuerdo con usted en que es mucho mejor sugerir alguna cuestión especial en lugar de tener una discusión general compilada de libros. La regla de que el Ensayo debe ser "ilustrativo de la sabiduría y benevolencia del Todopoderoso" limitaría los temas a proponer. Con respecto al Reino Vegetal, podría sugerir dos o tres temas sobre los cuales, a mi parecer, se requiere mucha información; pero estos temas requerirían un largo curso de experimentos, y desafortunadamente apenas hay nadie en este país que parezca inclinado a dedicarse a experimentos.

CARTA 284. A J. TORBITT.

(284/1. El Sr. Torbitt estaba dedicado a tratar de producir mediante selección metódica y fertilización cruzada una raza de patata resistente a los hongos. El plan se describe completamente en la "Life and Letters", III, página 348. La siguiente carta se da como ilustración adicional del gran interés que el Sr. Darwin tomó en el proyecto.)

Down, lunes, 4 de marzo de 1878.

No tengo nada bueno que informar. El Sr. Caird me visitó ayer; tanto él como el Sr. Farrer (284/2. El difunto Lord Farrer.) han sido muy enérgicos y complacientes. No tiene sentido pensar en la Sociedad Agrícola. El Sr. Caird ha visto a varias personas sobre el tema, especialmente al Sr. Carruthers, Botánico de la Sociedad. Él (el Sr. Carruthers) piensa que el intento es desesperado, pero adelanta, en un largo memorando enviado al Sr. Caird, razones que estoy convencido de que no son sólidas. Especifica dos puntos, sin embargo, que son muy dignos de su consideración: a saber, que una variedad debe ser probada tres años antes de que su solidez pueda ser confiada; y especialmente que debe cultivarse bajo un clima húmedo. La opinión del Sr. Carruthers en este sentido es valiosa porque fue empleado por la Sociedad para juzgar las variedades enviadas para el premio ofrecido hace un año o dos. Si tuviera fuerzas para preparar un memorial al Gobierno, creo que podría tener éxito; pues Sir J. Hooker escribe que cree que usted está en el camino correcto; pero no sé a quién más recurrir cuyo juicio tendría peso ante el Gobierno, y realmente no tengo fuerzas para discutir el asunto y convencer a las personas.

A petición del Sr. Farrer, cuando esperábamos que la Sociedad Agrícola pudiera emprenderlo, le escribí una larga carta dándole mi opinión sobre el tema; y esta carta el Sr. Caird se la llevó ayer, y considerará con el Sr. Farrer si se puede hacer alguna solicitud al Gobierno.

Sin embargo, estoy lejos de ser optimista. Veré al Sr. Farrer esta tarde y haré lo que pueda. Cuando reciba de vuelta mi carta, se la enviaré para su lectura.

Después de mucha reflexión, me parece que su mejor plan será, si fallamos en obtener ayuda del Gobierno, continuar durante el presente año, a menor escala, en la obtención de nuevas variedades de fertilización cruzada, y el próximo año, si usted es capaz, probar el poder de resistencia solo del tipo más prometedor. Si fuera posible, sería muy recomendable para usted conseguir que algunas se cultivaran en el húmedo lado occidental de Irlanda. Si tiene éxito en obtener una variedad resistente a los hongos, puede confiar en que sus méritos pronto se conocerían localmente y luego se extenderían rápidamente por todas partes. El Sr. Caird me dio un ejemplo llamativo de tal caso en Escocia. Regreso a casa mañana por la mañana.

Tengo el placer de adjuntar un cheque por 100 libras. Si recibe una subvención del Gobierno, debería ser reembolsado.

P.D. Si yo estuviera en su lugar, no gastaría ningún trabajo o dinero en publicar lo que ya ha hecho, o en enviar semillas o tubérculos a nadie. Trabajaría tranquilamente hasta obtener resultados seguros. Y estos serían tan valiosos que su trabajo en este caso pronto se conocería. También trataría de juzgar lo más severamente posible el estado de los tubérculos y las plantas.

CARTA 285. A E. VON MOJSISOVICS. Down, 1 de junio de 1878.

Por fin he encontrado tiempo para leer el primer capítulo de su "Dolomit Riffe" (285/1. "Dolomitriffe Sudtirols und Venetiens". Viena, 1878.), y me ha interesado excesivamente. ¡Qué cambio maravilloso en el futuro de la cronología geológica indica usted, al asumir la teoría de la descendencia como establecida, y luego tomar los cambios graduales del mismo grupo de organismos como el verdadero estándar! Nunca esperé vivir para ver tal paso siquiera propuesto por alguien. (285/2. Publicado en "Life and Letters", III, páginas 234, 235.)

Sin embargo, vi vagamente que cada estrato en una formación podría contener solo los organismos propios de una cierta profundidad, y de otras condiciones allí existentes, y que todas las formas intermedias entre una especie marina y otra rara vez podrían preservarse en el mismo lugar y estrato. Oppel, Neumayr y usted mismo conferirán un servicio duradero y admirable a la noble ciencia de la Geología, si pueden difundir sus puntos de vista de modo que sean generalmente conocidos y aceptados.

Con respecto a los períodos continentales y oceánicos comunes a todo el hemisferio norte, a los que se refiere, a veces he especulado que la distribución actual de la tierra y el mar sobre el mundo puede haber sido anteriormente muy diferente a lo que ahora es; y que nuevos géneros y familias pueden haberse desarrollado en las costas de tractos aislados en el sur, y posteriormente haberse extendido al norte.

CARTA 286. A J.W. JUDD. Down, 27 de junio de 1878.

Me alegra sinceramente escuchar de su matrimonio proyectado. Una buena esposa es la bendición suprema en esta vida, y espero y creo, por lo que dice, que será tan feliz como yo lo he sido en este aspecto. Que su futuro trabajo geológico sea tan valioso como el que ya ha realizado; y más que esto no hace falta desear para ningún hombre. La enseñanza práctica de la Geología parece una idea excelente.

Muchas gracias por Neumayr, (286/1. Probablemente un artículo sobre "Die Congerien und Paludinenschichten Slavoniens und deren Fauna. Ein Beitrag zur Descendenz-Theorie", "Wien. Geol. Abhandl." VII. (Heft 3), 1874-82.), pero ya he recibido y leído una copia del mismo, o al menos de un ensayo muy similar, y me pareció admirablemente bueno.

Este ensayo, y uno de Mojsisovics (286/2. Véase la nota a la Carta 285.), que he leído últimamente, muestran lo que la Paleontología en el futuro hará por la clasificación y secuencia de las formaciones. Me encantó ver un orden de proceder tan invertido; es decir, asumir la descendencia de las especies como cierta, y luego tomar los cambios de formas estrechamente aliadas como el estándar del tiempo geológico. Mi salud es mejor de lo que era hace unos años, pero nunca paso un día sin mucha incomodidad y la sensación de fatiga extrema.

(286/3. Debemos al Profesor Judd las siguientes interesantes reminiscencias del Sr. Darwin, escritas alrededor de 1883:

"En esta última ocasión, cuando le felicité por su aparente mejor estado de salud, me contó la causa de ansiedad que tenía por el estado de su corazón. De hecho, no puedo evitar sentir que tenía una especie de presentimiento de que su final se acercaba. Cuando le dejé, insistió en acompañarme a la puerta, y hubo algo en su tono y manera que pareció transmitirme la triste noticia de que no era solo una despedida temporal, aunque él mismo estaba perfectamente alegre y feliz.

"Es imposible para mí expresar adecuadamente la impresión causada en mi mente por mis diversas conversaciones con el Sr. Darwin. Su extrema modestia le llevaba a formar la estimación más baja de sus propios trabajos, y una idea correspondientemente extravagante del valor del trabajo realizado por otros. Su deferencia a los argumentos y sugerencias de hombres mucho más jóvenes que él, y su simpatía no afectada por sus actividades, era muy marcada y característica; de hecho, él, el gran maestro de la ciencia, solía hablar, y estoy seguro de que sentía, como si estuviera apelando a una autoridad superior para obtener información en todas sus conversaciones. Solo cuando una pregunta era discutida plenamente con él, uno se volvía consciente del fondo de información que podía traer a su aclaración, y la amplitud de pensamiento con la que la había captado. De su naturaleza gentil y amorosa, de la que tuve tantas pruebas, no necesito escribir; nadie podía estar con él, incluso durante unos pocos minutos, sin quedar profundamente impresionado por su agradecida amabilidad y bondad".)

CARTA 287. AL CONDE SAPORTA. Down, 15 de agosto de 1878.

Le agradezco muy sinceramente su amable e interesante carta. Sería falso por mi parte pretender que me importa mucho mi elección para el Instituto, pero la simpatía de algunos pocos de mis amigos me ha gratificado profundamente.

Me alegra enormemente saber que va a publicar una obra sobre las plantas fósiles más antiguas; y le agradezco de antemano el volumen que amablemente dice que me enviará. Espero fervientemente que dé, al menos incidentalmente, los resultados a los que ha llegado respecto a las plantas del Terciario más reciente; pues la estrecha gradación de tales formas me parece un hecho de primordial importancia para el principio de la evolución. Sus casos son como los de la gradación en el género Equus, descubiertos recientemente por Marsh en Norteamérica.

CARTA 288. AL DUQUE DE ARGYLL.

(288/1. La siguiente carta fue publicada en "Nature", el 5 de marzo de 1891, Volumen XLIII, página 415, junto con una nota del difunto Duque de Argyll, en la cual declaraba que la carta había sido escrita para él por el Sr. Darwin en respuesta a la pregunta: "por qué asumía la unidad de la humanidad como descendiente de una sola pareja". El Duque añadió que en la respuesta el Sr. Darwin "no repudia esta interpretación de su teoría, sino que simplemente procede a explicar y defender la doctrina". En una ocasión anterior, el Duque de Argyll había "aludido como un hecho a la circunstancia de que Charles Darwin asumía que la humanidad había surgido en un solo lugar, y por lo tanto en una sola pareja". La carta de Darwin fue publicada en respuesta a algunos amigos científicos, quienes dudaban del hecho y pidieron la referencia en la que se basaba la afirmación).

Down, 23 de septiembre de 1878.

El problema que usted plantea tan claramente es muy interesante, y sobre él he especulado a menudo. Hasta donde puedo juzgar, la improbabilidad de que la misma especie bien caracterizada sea producida en dos países distintos, o en dos tiempos distintos, es extrema. Es cierto que la misma variación puede surgir en dos lugares distintos, como sucede con el albinismo o con la nectarina en los melocotoneros. Pero la evidencia me parece abrumadora de que una especie bien marcada es el producto, no de una sola o de unas pocas variaciones, sino de una larga serie de modificaciones, resultando cada modificación principalmente de la adaptación a condiciones infinitamente complejas (incluyendo los habitantes del mismo país), con más o menos herencia de todas las modificaciones precedentes. Además, como la variabilidad depende más de la naturaleza del organismo que de la del medio ambiente, las variaciones tenderán a diferir en cada etapa sucesiva de la descendencia. Ahora bien, me parece improbable en el grado más alto que una especie haya estado expuesta alguna vez en dos lugares a relaciones infinitamente complejas de exactamente la misma naturaleza durante una larga serie de modificaciones. Una ilustración hará quizás más claro lo que he dicho, aunque solo se aplica a los factores menos importantes de la herencia y la variabilidad, y no a la adaptación, es decir, la improbabilidad de que dos hombres nazcan en dos países siendo idénticos en cuerpo y mente. Si, sin embargo, se asume que una especie en cada etapa sucesiva de su modificación estuvo rodeada en dos países o tiempos distintos por exactamente el mismo conjunto de plantas y animales, y por las mismas condiciones físicas, entonces no veo ninguna dificultad teórica en que tal especie dé a luz a la nueva forma en los dos países. Si busca en la sexta edición de mi "Origen", en la página 100, encontrará una discusión algo análoga, quizás más inteligible que esta carta.

CARTA 289. W.T. THISELTON-DYER AL EDITOR DE "NATURE".

(289/1. La siguiente carta ("Nature", Volumen XLIII, página 535) critica la interpretación dada por el Duque a la carta del Sr. Darwin).

Royal Gardens, Kew, 27 de marzo [1891].

En "Nature" del 5 de marzo (página 415), el Duque de Argyll ha impreso una carta muy interesante del Sr. Darwin, de la cual extrajo la inferencia de que el autor "asumía que la humanidad había surgido... en una sola pareja". No creo, por mi parte, que la carta admita esta interpretación. Pero el punto en su aspecto más general es muy importante, y a menudo presenta alguna dificultad a los estudiantes de los escritos del Sr. Darwin.

Hace muy poco tiempo he encontrado por accidente, entre los documentos del difunto Sr. Bentham en Kew, una carta de crítica amistosa del Sr. Darwin sobre el discurso presidencial que el Sr. Bentham pronunció ante la Sociedad Linneana el 24 de mayo de 1869. Esta carta, creo, ha sido pasada por alto y no ha sido publicada anteriormente. En ella, el Sr. Darwin se expresa con respecto al origen múltiple de las razas y otros puntos en un lenguaje muy explícito. El Prof. Meldola, a quien mencioné en conversación la existencia de la carta, me instó encarecidamente a imprimirla. Esto, por tanto, lo hago ahora, con la adición de unas pocas notas explicativas.

CARTA 290. A G. BENTHAM. Down, 25 de noviembre de 1869.

(290/1. Las notas a esta carta son de Sir W. Thiselton-Dyer, y aparecieron en "Nature", loc. cit.)

Me interesó enormemente su discurso, que ya he leído tres veces, y que creo tendrá mucha influencia en todos los que lo lean. Pero usted se equivoca al pensar que alguna vez dije que usted estaba equivocado en algún punto. Todo lo que quise decir fue que en ciertos puntos, y en puntos muy dudosos, estaba inclinado a diferir de usted. Y ahora, considerando más a fondo el punto en el que hace unos dos o tres meses me sentía más inclinado a diferir —es decir, sobre el aislamiento—, encuentro que difiero muy poco. Lo que tengo que decir realmente no merece ser dicho, pero como lamentaría mucho no hacer lo que usted pidió, garabatearé los pensamientos ligeramente disidentes que se me han ocurrido. Sería una tarea interminable especificar los puntos en los que usted me ha interesado; pero solo puedo mencionar la relación de la flora del extremo occidental de Europa (algunos pensamientos muy vagos al respecto han cruzado mi mente, relacionados con el periodo Glacial) con el sur de África, y sus observaciones sobre el contraste entre la distribución pasiva y la activa.

Página lxx.—Creo que la contingencia de una isla emergente, no provista aún totalmente de plantas, debería tenerse siempre en mente cuando se habla de colonización.

Página lxxiv.—No he encontrado nada que me haga dudar en lo más mínimo de que los grandes géneros presenten un mayor número de variedades en relación con su tamaño que los géneros pequeños. (290/2. Bentham pensaba que el "grado de variabilidad... al igual que otros caracteres constitucionales, es en primer lugar un carácter individual, que... puede llegar a ser más o menos hereditario, y por tanto específico; y de ahí, aunque en grado muy tenue, genérico". Parece querer argumentar en contra de la conclusión que Sir Joseph Hooker había citado del Sr. Darwin de que "las especies de los grandes géneros son más variables que las de los pequeños". [Sobre la variación de los grandes géneros, véase la Carta 53]). Hooker quedó convencido por mis datos, nunca publicados todavía en su totalidad, solo resumidos en el "Origen".

Página lxxviii.—Disputo que una nueva raza o especie sea necesariamente, o incluso generalmente, descendiente de un solo progenitor o de una pareja de progenitores. Todo el cuerpo de individuos, creo, se altera junto —como nuestros caballos de carreras, y como todas las razas domésticas que son cambiadas a través de la "selección inconsciente" por el hombre. (290/3. Bentham había dicho: "Debemos admitir también que toda raza ha sido probablemente la descendencia de un progenitor o de una pareja de progenitores, y consecuentemente se originó en un solo punto". El Duque de Argyll invierte la proposición).

Cuando se consideran lapsos de tiempo tan grandes como los necesarios para cambiar una forma específica, dudo mucho que unos poderes de multiplicación más o menos rápidos tengan más que el peso más insignificante. Estos poderes, creo, están relacionados con una mayor o menor destrucción en los primeros años de vida.

Página lxxix.—Todavía creo que usted subestima bastante la importancia del aislamiento. He llegado a pensar que es muy importante por diversas razones; las formas anómalas y casi extintas en islas, etc., etc., etc.

Con respecto a las áreas con numerosas formas "individualmente duraderas", ¿se puede decir que generalmente presentan una superficie "quebrada" con "barreras infranqueables"? Esto, sin duda, es cierto en ciertos casos, como Tenerife. ¿Pero se cumple esto con el suroeste de Australia o el Cabo? Lo dudo mucho. He estado acostumbrado a considerar la causa de tantas formas como resultado en parte de un clima árido o seco (como insiste De Candolle), lo que indirectamente conduce a condiciones diversificadas [?]; y, en segundo lugar, al aislamiento del resto del mundo durante un periodo muy largo, de modo que otras formas más dominantes no han entrado, y ha habido tiempo suficiente para mucha especificación y adaptación de carácter.

Página lxxx.—Supongo que usted piensa que las Restiaceae, Proteaceae (290/4. Es dudoso si Bentham pensaba eso. En su discurso de 1870 dice: "No puedo resistirme a la opinión de que toda la evidencia presuntiva está en contra de las Proteaceae europeas, y que toda la evidencia directa a su favor se ha derrumbado tras un examen exhaustivo"), etc., etc., se extendieron una vez por todo el mundo, dejando fragmentos en el sur.

Usted habla en varios lugares de la distribución de las plantas como si estuviera regida exclusivamente por el suelo y el clima. Sé que usted no quiere decir esto, pero lamento cada vez que se omite una oportunidad de señalar que la lucha con otras plantas (y animales hostiles) es mucho más importante.

Le dije que no tenía nada que mereciera la pena decir, pero le he dado mis PENSAMIENTOS.

¡Qué detestables son los números romanos! ¿Por qué no habrían de ser paginados con cifras cristianas los discursos de los Presidentes, que a menudo, y estoy seguro de que en este caso, valen más que todo el resto del número?

CARTA 291. A R. MELDOLA.

(291/1. "Esta carta fue en respuesta a una sugerencia de que, en su prefacio, el Sr. Darwin debería señalar, mediante referencias a 'El origen de las especies' y a sus otros escritos, hasta qué punto ya había trazado el camino que Weismann recorrió. La sugerencia se hizo porque en muchos de los escritos continentales sobre la teoría de la descendencia, muchos de los puntos que habían sido claramente presentidos, y en algunos casos incluso explícitamente declarados por Darwin, habían sido redescubiertos y publicados como si fueran originales. En las notas de mi edición de Weismann he intentado hacer plena justicia a Darwin.—R.M." Véase la Carta 310).

4, Bryanston Street, 26 de noviembre de 1878.

Lamento mucho decir que no puedo estar de acuerdo con su sugerencia. Un autor nunca es un juez apto de su propia obra, y me desagradaría extremadamente señalar cuándo y cómo las conclusiones y el trabajo de Weismann coincidían con los míos. Estoy seguro de que no debo hacer esto, y sería para mí una tarea intolerable. Tampoco me parece la función propia del prefacio, que es mostrar lo que contiene el libro, y que el contenido me parece valioso. Pero no veo ningún inconveniente en que usted, si lo considera oportuno, escriba una introducción con observaciones o críticas de cualquier tipo. Por supuesto, estaría encantado de aconsejarle sobre cualquier punto en la medida de mis posibilidades, pero, en conjunto, no podría tener nada que ver con ello, por las razones arriba especificadas, de que un autor no puede ni debe intentar juzgar sus propias obras, ni compararlas con otras. Siento negarme a hacer cualquier cosa que usted desee.

CARTA 292. A T.H. HUXLEY. Down, 18 de enero de 1879.

Acabo de terminar su regalo, la Vida de Hume (292/1. "Hume" en la serie "English Men of Letters" del Sr. Morley. Sobre la parte biográfica de este libro, el Sr. Huxley escribió, en una carta al Sr. Skelton, enero de 1879 ("Vida de T.H. Huxley", II, página 7): "Es lo más cercano a una obra de ficción de lo que he sido culpable hasta ahora"), y debo agradecerle el gran placer que me ha proporcionado. Sus discusiones son, tal como me parece, claras hasta un grado verdaderamente maravilloso, y muchos de los pequeños destellos de ingenio intercalados son deliciosos. Disfruté particularmente del juicio conciso en unas cinco palabras sobre Comte. (292/2. Posiblemente el pasaje al que se refiere esté en la página 52). A pesar de la claridad de cada frase, los temas son en parte tan difíciles que me resultaron una lectura ardua. Temo, por tanto, que sea demasiado ardua para el público en general; pero espero de corazón que esto resulte ser un error, y en tal caso, la inteligencia del público quedará enormemente exaltada a mis ojos. Escribir este libro debe haber sido un trabajo terriblemente duro, diría yo.

CARTA 293. A F. MULLER. Down, 4 de marzo [1879].

Le agradezco cordialmente su carta. Sus hechos y su discusión sobre la pérdida de los pelos en las patas de las frigáneas me parecen la cosa más importante e interesante que he leído en mucho tiempo. Espero que no le desapruebe, pero he enviado su carta a "Nature" (293/1. Fritz Muller, "Sobre una rana que tiene huevos en su espalda—Sobre la atrofia de los pelos en las patas de ciertas frigáneas, etc.": la carta de Muller y una de Charles Darwin fueron publicadas en "Nature", Volumen XIX, página 462, 1879), con unas pocas observaciones introductorias, señalando al lector general la importancia de su punto de vista, y declarando que yo mismo he estado perplejo durante muchos años sobre este mismo punto. Si, como me inclino a creer, su punto de vista puede extenderse ampliamente, será una ganancia capital para la doctrina de la evolución. Veo por sus diversos artículos que está trabajando con energía, y, dondequiera que mire, parece descubrir algo completamente nuevo y extremadamente interesante. Su hermano también continúa haciendo un buen trabajo sobre la fertilización de las flores y temas relacionados.

Tengo poco o nada que decirle sobre mí mismo. Sigo avanzando lentamente con mi tema actual: los diversos y complicados movimientos de las plantas. No he estado muy bien últimamente, y hoy estoy cansado, así que no escribiré más. Con la más cordial simpatía en todo su trabajo, etc.

CARTA 294. A T.H. HUXLEY. Down, 19 de abril de 1879.

Muchas gracias por el libro. (294/1. "Libertad en la ciencia y la enseñanza" de Ernst Haeckel, con una nota preliminar de T.H. Huxley, 1879. El profesor Haeckel ha publicado recientemente (sin permiso) una carta en la que el Sr. Darwin comenta severamente sobre Virchow. Es difícil decir qué le habría dolido más al Sr. Darwin: la afrenta a un colega o la violación de la confianza de un amigo). He leído solo el prefacio... Es excelente, y disfruté el tremendo tirón de orejas que le dio a Virchow al final. ¡Qué placer debe ser escribir como usted puede hacerlo!

CARTA 295. A E.S. MORSE. Down, 21 de octubre de 1879.

Aunque usted es tan amable de decirme que no escriba, debo agradecerle las pruebas de su artículo, que me ha interesado enormemente. (295/1. Véase "Los montículos de conchas de Omori" en las "Memorias del Departamento de Ciencia de la Univ. de Tokio", Volumen I, Parte I, 1879. Las crestas en Arca se mencionan en la página 25. En "Nature", 15 de abril de 1880, el Sr. Darwin publicó una carta del Sr. Morse relativa a la reseña del artículo anterior, que apareció en "Nature", XXI, página 350. El Sr. Darwin introduce la carta del Sr. Morse con algunas observaciones preliminares. La correspondencia se vuelve a publicar en el "American Naturalist", septiembre de 1880). El aumento en el número de crestas en las tres especies de Arca parece ser un hecho muy notable, como lo es el aumento de tamaño en tantas, aunque no todas, las especies. ¡Qué estado constante de fluctuación parece ser el de todo el mundo orgánico! Es interesante saber que en todas partes el primer cambio aparentemente es en los números proporcionales de las especies. Me llamó mucho la atención el hecho en las conchas elevadas de Coquimbo, en Chile, tal como se menciona en mis "Observaciones geológicas sobre América del Sur".

De todas las maravillas del mundo, el progreso de Japón, en el cual usted ha estado ayudando, me parece la más maravillosa.

CARTA 296. A A.R. WALLACE. Down, 5 de enero de 1880.

Como esta nota no requiere ningún tipo de respuesta, debe permitirme expresar mi viva admiración por su artículo en el "Nineteenth Century". (296/1. "Nineteenth Century", enero de 1880, página 93, "Sobre el origen de las especies y géneros"). Usted es sin duda un maestro en el difícil arte de la exposición clara. Es imposible insistir demasiado a menudo en que la selección a partir de un solo individuo que varía o de un solo órgano que varía no será suficiente. Usted ha incorporado de forma excelente las admirables investigaciones de Allen. (296/2. J.A. Allen, "Sobre los mamíferos y aves de invierno del este de Florida, etc." ("Bull. Mus. Comp. Zoolog. Harvard", Volumen II)). Como de costumbre, usted se deleita en honrarme más de lo que merezco. Cuando he escrito sobre la extrema lentitud de la Selección Natural (296/3. El Sr. Wallace hace un cálculo basado en los resultados de Allen sobre el periodo muy corto en el que la formación de una raza de aves que difiere del 10 al 20 por ciento del promedio en longitud de ala y fuerza de pico podría concebiblemente efectuarse. Él piensa que la lentitud de la acción de la Selección Natural depende realmente de la lentitud de los cambios que ocurren naturalmente en las condiciones físicas, etc.) (en lo cual espero estar equivocado), he tenido principalmente en mente los efectos del entrecruzamiento. Suscribo casi todo lo que dice, excepto la última frase corta. (296/4. El pasaje en cuestión es el siguiente: "También he intentado mostrar que las causas que han producido las especies separadas de un género, de una familia, o quizás de un orden, a partir de un ancestro común, no son necesariamente las mismas que las que han producido los órdenes, clases y subreinos separados a partir de ancestros comunes más remotos. Que todos han sido producidos de igual modo por 'descendencia con modificación' a partir de unos pocos tipos primitivos, todo el cuerpo de evidencia lo indica claramente; pero aunque la variación individual con la Selección Natural se demuestra adecuada para la producción de los primeros, no tenemos prueba y apenas ninguna evidencia de que sea adecuada para iniciar esas divergencias importantes de tipo que caracterizan a los segundos". En este pasaje se debe poner énfasis (como el Sr. Wallace nos señala) en la palabra PRUEBA. Él no afirma de ninguna manera que las causas que han producido las especies de un género sean inadecuadas para producir mayores diferencias. Su objetivo es más bien insistir en la diferencia entre prueba y probabilidad).

CARTA 297. A J.H. FABRE.

(297/1. En "Vida y Cartas", III, página 220, se da una carta al Sr. Fabre, en la que se hace la sugerencia de rotar al insecto antes de que ocurra un experimento de "regreso al hogar").

Down, 20 de febrero de 1880.

Le agradezco su amable carta, y estoy encantado de que vaya a probar el experimento de la rotación. Es muy curioso que tal creencia exista sobre los gatos en su país (297/2. El Sr. Fabre había escrito desde Serignan, Vaucluse: "Entre la población de campesinos de mi pueblo, es costumbre hacer girar en un saco al gato que uno se propone llevar a otra parte, y del cual uno quiere impedir el regreso. Ignoro si esta práctica tiene éxito"); nunca oí nada parecido en Inglaterra. Me vi llevado, creo, a pensar en el experimento tras haber leído en los "Viajes en Siberia" de Wrangel (297/3. Almirante Ferdinand Petrovich von Wrangell, "El norte de Siberia, viaje entre los pueblos de la Rusia asiática, etc." París, 1843) sobre el maravilloso poder que poseen los samoiedos para mantener su dirección en una niebla mientras viajan en una línea tortuosa a través de hielo roto. Con respecto a los gatos, he visto un informe de que en Bélgica hay una sociedad que da premios al gato que puede encontrar antes su camino a casa, y para este propósito son llevados a partes distantes de la ciudad.

Aquí habría una oportunidad excelente para probar la rotación.

Me alegra enormemente saber que su libro probablemente será traducido al inglés.

P.D.—Me complacerá mucho conocer el resultado de sus experimentos.

CARTA 298. A J.H. FABRE. Down, 21 de enero de 1881.

Le estoy muy agradecido por su carta tan interesante. Sus resultados me parecen altamente importantes, ya que eliminan un medio por el cual los animales podrían quizás reconocer la dirección; y esto, por lo que se ha dicho sobre los salvajes, y por nuestra propia conciencia, parecía el medio más probable. Si usted cree que vale la pena, puede por supuesto mencionar mi nombre en relación con este tema.

Si usted lograra eliminar la percepción de las corrientes magnéticas de la tierra, dejaría el campo de investigación completamente abierto. Supongo que incluso aquellos que todavía creen que cada especie fue creada por separado admitirían que ciertos animales poseen algún sentido mediante el cual perciben la dirección, y que utilizan instintivamente. Al mencionar el tema a mi hijo George, quien es matemático y sabe algo sobre magnetismo, sugirió convertir una aguja muy fina en un imán; luego romperla en pedazos muy cortos, los cuales seguirían siendo magnéticos, y fijar uno de estos trozos con algún cemento en el tórax del insecto que se va a someter al experimento.

Él cree que un imán tan pequeño, debido a su estrecha proximidad al sistema nervioso del insecto, le afectaría más que las corrientes terrestres.

He recibido su ensayo sobre Halictus (298/1. "Sur les Moeurs et la Parthenogese des Halictes" ("Ann. Sc. Nat." IX., 1879-80).), el cual estoy seguro de que leeré con mucho interés.

CARTA 299. A T.H. HUXLEY.

(299/1. El 9 de abril de 1880, el Sr. Huxley dio una conferencia en la Royal Institution sobre "La mayoría de edad del Origen de las especies". La conferencia fue publicada en "Nature" y en los "Collected Essays" de Huxley, volumen II, página 227. La carta de Darwin a Huxley sobre el tema aparece en "Life and Letters", III, página 240; en la respuesta de Huxley del 10 de mayo ("Life and Letters of T.H. Huxley", II, página 12) escribe: "Espero que no imagine, por el hecho de que no tuve nada que decir sobre la 'Selección Natural', que mi fe en ese artículo sea débil en absoluto... Pero lo primero me parece que es introducir el hecho de la evolución en la cabeza de la gente; una vez que eso esté asegurado, el resto vendrá fácilmente").

Down, 11 de mayo de 1880.

No tenía la intención de hacer que usted me escribiera, ni la expectativa de que lo hiciera; pero su nota ha sido mucho más "alentadora" (299/2. "Usted es el escritor de cartas más alegre que conozco": Huxley a Darwin. Véase "Life" de Huxley, II, página 12.) para mí de lo que la mía pudo haber sido para usted, por lo que debo y escribiré de nuevo. Vi su motivo para no aludir a la Selección Natural, y estuve totalmente de acuerdo en mi mente con su prudencia. Pero, al mismo tiempo, se me ocurrió que podría estar renunciando a ella, y que, de cualquier modo, no podría aludir a ella de forma segura sin diversas "salvedades" demasiado largas para exponer en una conferencia. Si pienso continuamente en media docena de estructuras de las cuales actualmente no podemos ver uso alguno, puedo persuadirme de que la Selección Natural es de importancia bastante subordinada. Por otro lado, cuando reflexiono sobre las innumerables estructuras, especialmente en las plantas, que hace veinte años se habrían llamado simplemente "morfológicas" e inútiles, y que ahora se sabe que son altamente importantes, puedo persuadirme de que toda estructura pudo haber sido desarrollada a través de la Selección Natural. Es realmente curioso cuántas de una lista de estructuras que Bronn enumeró, como posiblemente no debidas a la Selección Natural por no tener importancia funcional, pueden ahora demostrarse como altamente importantes. Las hojas lobuladas eran, creo, un caso, y hace solo dos o tres días Frank me mostró cómo actúan de una manera suficientemente importante como para explicar el lobulado de cualquier hoja grande. Estoy particularmente encantado con lo que dice sobre los perros domésticos, los chacales y los lobos, porque a partir de una mera evidencia indirecta llegué en "Varieties of Domestic Animals" exactamente a la misma conclusión (299/3. La opinión del Sr. Darwin era que los perros domésticos descienden de más de una especie salvaje.) con respecto a los perros domésticos de Europa y América del Norte. Vea cuán importante es esta conclusión desde otro punto de vista; pues nadie puede dudar de que los perros grandes y pequeños son perfectamente fértiles entre sí y producen mestizos fértiles; y cuánto apoya esto la doctrina pallasiana (299/4. Véase la carta 80.) de que la domesticación elimina la esterilidad, casi universal entre formas desarrolladas lentamente en un estado natural.

Le pido humildemente perdón por molestarle con una nota tan larga; pero es su propia culpa.

Las plantas son magníficas para hacer que uno crea en la Selección Natural, ya que la voluntad y la conciencia están excluidas. Últimamente he estado experimentando con una estructura tan curiosa para abrir las cubiertas de las semillas: declaro que uno podría decir que un par de tijeras o un cascanueces habían sido desarrollados a través de condiciones externas como la estructura en cuestión. (299/5. El espolón o talón en Cucurbita: véase "Power of Movement in Plants", página 102.)

CARTA 300. A T.H. HUXLEY. Down, 5 de noviembre de 1880.

Al leer su excelente reseña (300/1. Véase "Nature", 4 de noviembre de 1880, página 1, una reseña del Volumen I de las publicaciones del "Challenger", al cual Sir Wyville Thomson contribuyó con una Introducción General.) con la frase citada de Sir Wyville Thomson, me pareció aconsejable, considerando la naturaleza de la publicación, notar la "variación extrema" y otro punto. Ahora, ¿querría leer lo adjunto y, si lo aprueba, enviarlo pronto? Si lo desaprueba, arrójelo al fuego y añada así una más a las mil bondades que ha tenido conmigo. No escriba: veré el resultado en el "Nature" de la próxima semana. Por favor, observe que en el borrador había añadido una frase final que no copio al principio, ya que me pareció inferencialmente demasiado despreciativa; pero ahora la he prendido en la parte posterior, y usted puede enviarla o no, según crea mejor... es decir, si cree que alguna parte merece ser enviada. Mi petición no le costará mucho trabajo, es decir, leer dos páginas, pues sé que puede decidir al instante. Disfruté sinceramente mi conversación con usted el domingo por la mañana.

P.D. Si mi manuscrito parece demasiado plano, demasiado despreciativo, demasiado rencoroso, o demasiado cualquier cosa, le ruego encarecidamente que lo arroje al fuego.

CARTA 301. CHARLES DARWIN AL EDITOR DE "NATURE".

(301/1. "Nature", 11 de noviembre de 1880, página 32.)

Down, 5 de noviembre de 1880.

Sir Wyville Thomson y la Selección Natural.

Lamento descubrir que Sir Wyville Thomson no entiende el principio de la Selección Natural, tal como lo explicamos el Sr. Wallace y yo. Si lo hubiera hecho, no podría haber escrito la siguiente frase en la Introducción al Viaje del "Challenger": "El carácter de la fauna abisal se niega a dar el menor apoyo a la teoría que refiere la evolución de las especies a una variación extrema guiada solo por la Selección Natural". Este es un estándar de crítica no comúnmente alcanzado por teólogos y metafísicos cuando escriben sobre temas científicos, pero es algo nuevo viniendo de un naturalista. El profesor Huxley se opone a ello en el último número de "Nature"; pero no toca la expresión de variación extrema, ni la de que la evolución sea guiada solo por la Selección Natural. ¿Puede Sir Wyville Thomson nombrar a alguien que haya dicho que la evolución de las especies depende solo de la Selección Natural? En lo que a mí respecta, creo que nadie ha presentado tantas observaciones sobre los efectos del uso y desuso de las partes como he hecho yo en mi "Variation of Animals and Plants under Domestication"; y estas observaciones se hicieron con este objetivo especial. Asimismo, he aducido allí un cuerpo considerable de hechos que muestran la acción directa de las condiciones externas sobre los organismos; aunque, sin duda, desde que se publicaron mis libros se ha aprendido mucho sobre este respecto. Si Sir Wyville Thomson visitara el patio de un criador y viera a todo su ganado o sus ovejas casi absolutamente iguales —es decir, estrechamente similares—, exclamaría: "Señor, no veo aquí ninguna variación extrema; ni puedo encontrar apoyo alguno a la creencia de que usted haya seguido el principio de selección en la cría de sus animales". Por lo que vi anteriormente de los criadores, no tengo duda de que el hombre así reprendido habría sonreído y no habría dicho ni una palabra. Si hubiera contado después la historia a otros criadores, mucho me temo que habrían usado un lenguaje enfático pero irreverente sobre los naturalistas.

(301/2. El siguiente es el pasaje omitido por consejo de Huxley: véase su "Life and Letters", II, página 14:--

"Quizás habría sido más sabio por mi parte haber permanecido completamente en silencio, como el criador; pues, como observó el Prof. Sedgwick hace muchos años, en referencia al pobre y viejo Deán de York, que nunca se cansaba de invectivas contra los geólogos, un hombre que habla de lo que no entiende en absoluto es invulnerable".)

CARTA 302. A G.J. ROMANES.

(302/1. Parte de esta carta ha sido publicada en la nota del Sr. C. Barber sobre "Graft-Hybrids of the Sugar-Cane", en "The Sugar-Cane", noviembre de 1896.)

Down, 1 de enero de 1881.

Envío el manuscrito, pero por lo que puedo juzgar al hojearlo, no le será de utilidad. Parece referirse a formas de transición. Estoy seguro de que tengo otros casos mejores, pero no recuerdo dónde buscar.

Le habría escrito en unos días sobre el siguiente caso. El Barón de Villa Franca me escribió desde Brasil hace unos dos años, describiendo nuevas variedades de caña de azúcar que había cultivado plantando dos variedades antiguas en aposición. Creo (pero mi memoria es muy defectuosa) que escribí que no podía creer en tal resultado, y atribuí las nuevas variedades al suelo, etc. Creo que no entendí lo que quería decir con aposición. Ayer llegó un paquete de manuscritos de la Legación Brasileña, con una carta en francés del Dr. Glass, Director de los Jardines Botánicos, describiendo detalladamente cómo intentó por primera vez injertar variedades de caña de azúcar de varias maneras y siempre fracasó, y luego dividió tallos de dos variedades, los ató juntos y los plantó, y luego obtuvo algunas variedades nuevas y muy valiosas, las cuales, al igual que las plantas cruzadas, parecen crecer con un vigor extra, son constantes y aparentemente participan del carácter de las dos variedades. El Barón también me envía una copia certificada de varios cultivadores brasileños sobre el éxito del plan de criar nuevas variedades. No estoy seguro de si la Legación Brasileña desea que devuelva el documento, pero si no tengo noticias en tres o cuatro días de que deben ser devueltos, se los enviaré, pues me parecen muy dignos de su consideración.

Quizás si me hubiera conformado con que mis bulbos de jacinto estuvieran simplemente atados juntos sin ninguna adhesión verdadera o más bien crecimiento conjunto, habría tenido éxito como el viejo holandés.

Hay una gran cantidad de verbosidad superflua en los documentos, pero he marcado con lápiz dónde comienza la parte importante. Las certificaciones están por duplicado. Ahora, después de leerlas, ¿me dará su opinión sobre si las partes principales son dignas de publicación en "Nature"? Me inclino a pensar que sí, y es bueno fomentar la ciencia en partes apartadas del mundo.

Guarde esta nota hasta que reciba los documentos o tenga noticias mías. Me pregunto si dos variedades de trigo podrían ser tratadas de manera similar. No, supongo que no, por la falta de yemas laterales. Me interesó mucho su resumen sobre el suicidio.

CARTA 303. A K. SEMPER. Down, 6 de febrero de 1881.

Debido a todo tipo de trabajo, apenas acabo de terminar de leer sus "Natural Conditions of Existence". (303/1. "Natural Conditions of Existence as they affect Animal Life" de Semper (International Science Series), 1881.) Aunque es un libro de pequeño tamaño, contiene una cantidad asombrosa de materia, y me ha impresionado particularmente la originalidad con la que trata tantos temas, y su escrupulosa exactitud. En la gran mayoría de los puntos le sigo completamente en sus conclusiones, pero difiero en algunos, y supongo que no habría dos hombres en el mundo que estuvieran plenamente de acuerdo en tantos temas diferentes. Me he interesado por tantos puntos que difícilmente podría decir por cuál más. Quizás tanto por la Distribución Geográfica como por cualquier otro, especialmente en relación con M. Wagner. (¡No! ¡no! lo referente a los parásitos me interesó aún más.) Qué extraño que Wagner pensara que me refería, con la lucha por la existencia, a la lucha por el alimento. Es curioso que no haya pensado en las interminables adaptaciones para la dispersión de semillas y la fertilización de las flores.

De nuevo, me interesó mucho lo referente a Branchipus y Artemia. (303/2. La referencia es a los experimentos de Schmankewitsch, página 158: mantuvo Artemia salina en agua salada, diluida gradualmente con agua dulce hasta que estuvo prácticamente libre de sal; los crustáceos cambiaron gradualmente en el transcurso de las generaciones, hasta que adquirieron los caracteres del género Branchipus.) Cuando leí imperfectamente hace algunos años el artículo original, no pude evitar pensar que en el futuro se encontraría alguna explicación especial para un caso tan curioso. Especulé sobre si una especie muy expuesta a cambios repetidos y grandes de condiciones no podría adquirir una condición fluctuante lista para ser adaptada a cualquiera de las dos condiciones. Con respecto a que los animales árticos sean blancos (página 116 de su libro), tal vez valdría la pena que mire lo que digo basándome en las observaciones de Pallas y las mías en "The Descent of Man" (ediciones posteriores), Capítulo VIII, página 229, y Capítulo XVIII, página 542.

Estoy completamente de acuerdo con lo que deduzco que es su juicio, a saber, que la acción directa de las condiciones de vida sobre los organismos, o la causa de su variabilidad, es el más importante de todos los temas para el futuro. Durante algunos años he estado pensando en comenzar una serie de experimentos con plantas, pues casi invariablemente varían cuando se cultivan. Imagino que veo mi camino con la ayuda de la autofecundación continuada. Pero soy demasiado viejo y no tengo suficiente fuerza. Sin embargo, la esperanza revive ocasionalmente.

Finalmente, permítame agradecerle por la forma tan amable en la que a menudo se refiere a mis obras, y por la forma aún más amable en la que está en desacuerdo conmigo.

Con cordiales agradecimientos por el placer y la instrucción que he derivado de su libro, etc.

CARTA 304. AL CONDE SAPORTA. Down, 13 de febrero de 1881.

Recibí hace una o dos semanas la obra que usted y el Prof. Marion han tenido la bondad de enviarme. (304/1. Probablemente "L'Evolution du Regne vegetal", I. "Cryptogames", Saporta & Marion, París, 1881.) Cuando llegó, estaba muy ocupado, y esta debe ser mi excusa por no haberle agradecido antes por ella, y también explicará por qué hasta ahora solo he leído el prefacio.

Pero ahora espero con gran placer leer el resto de inmediato. Si entonces tengo algún comentario que valga la pena enviar, lo cual no es muy probable, le escribiré de nuevo. Me complace enormemente ver cuán audazmente expresa su creencia en la evolución en el prefacio. A veces he pensado que algunos de sus compatriotas han sido un poco tímidos al publicar su creencia al respecto, y por lo tanto han fallado en ayudar a una buena causa.

CARTA 305. A R.G. WHITEMAN. Down, 5 de mayo de 1881.

En la primera edición del "Origin", después de la frase que termina con las palabras "...insectos en el agua", añadí la siguiente frase:--

"Incluso en un caso tan extremo como este, si el suministro de insectos fuera constante y si no existieran ya en el país competidores mejor adaptados, no veo dificultad en que una raza de osos fuera convertida por la Selección Natural en estructuras y hábitos cada vez más acuáticos, con bocas cada vez más grandes, hasta que se produjera una criatura tan monstruosa como una ballena". (305/1. Véanse las cartas 110 y 120.)

Esta frase fue omitida en las ediciones posteriores, por consejo del Prof. Owen, ya que era susceptible de ser malinterpretada; pero siempre me he arrepentido de haber seguido este consejo, pues todavía pienso que la opinión es bastante razonable.

CARTA 306. A A. HYATT. Down, 8 de mayo de 1881.

Le estoy muy agradecido por su amable regalo de "The Genesis, etc." (306/1. "The Genesis of the Tertiary Species of Planorbis", en el "Boston Soc. Nat. Hist. Anniversary Mem." 1880.), el cual estaré encantado de leer, ya que el caso siempre me ha parecido muy curioso. Es aún más amable de su parte enviarme este libro, ya que soy consciente de que usted piensa que no he hecho nada para promover la buena causa de la teoría del Descendimiento. (306/2. Lo anterior me llevó a escribir una carta expresando un sentimiento de arrepentimiento y humillación, que espero que aún se conserve, pues ciertamente tal sentimiento, causado indudablemente por mis escritos, que trataban demasiado exclusivamente sobre desacuerdos en puntos especiales, necesitaba una fuerte negación. He usado la teoría darwiniana en muchos casos, especialmente para explicar la preservación de las diferencias; y he negado su aplicación solo en la preservación de características fijas y hereditarias, que se han convertido en similitudes esencialmente homólogas. (Nota del Prof. Hyatt.))

(306/3. Nos hemos aventurado a citar el pasaje de la respuesta del Prof. Hyatt, fechada el 23 de mayo de 1881:--

"Usted pensaría que soy poco sincero si le escribiera lo que realmente sentí con respecto a lo que usted ha hecho por la teoría del Descendimiento. Quizás este ensayo le lleve a una visión más correcta de la que ahora tiene de mi estimación, si es que se puede decir que tengo derecho a hacer una estimación de su trabajo en esta dirección. No se ofenderá, sin embargo, si le digo que sus más firmes partidarios difícilmente pueden tenerle mayor estima y honor. Me he esforzado por obtener una idea justa de su teoría, pero sin duda he fallado en transmitir esto en mis publicaciones como debería haberse hecho".

Encontramos otras expresiones de respeto igualmente fuertes y genuinas en las cartas del Prof. Hyatt.)

CARTA 307. A LORD FARRER.

(307/1. El libro del Sr. Graham, el "Creed of Science", es mencionado en "Life and Letters", I, página 315, donde se imprime una carta interesante al autor. Con respecto al azar, Darwin escribió: "Usted ha expresado mi convicción íntima, aunque mucho más clara y vívidamente de lo que yo podría haberlo hecho, de que el universo no es el resultado del azar".)

Down, 28 de agosto de 1881.

Me ha interesado mucho su carta, y me alegra que le guste el libro del Sr. Graham...(307/2. En la carta de Lord Farrer del 27 de agosto se refiere a la vieja dificultad, en relación con el diseño, de la existencia del mal.)

Todo lo que leo ahora pronto se me sale de la cabeza, y había olvidado que él implica que mis puntos de vista explican el universo; pero es una exageración monstruosa. Cuanto más piensa uno, más siente la inmensidad desesperanzadora de la ignorancia humana. Aunque sí enorgullece ver lo que la ciencia ha logrado durante el último medio siglo. Esto ha sido traído vívidamente a mi mente por haber leído hace poco la mayoría de las pruebas del Discurso de Lubbock para York (307/3. Lord Avebury fue Presidente de la Asociación Británica en 1881.), en el cual intentará revisar el progreso de todas las ramas de la ciencia durante los últimos cincuenta años.

Estoy completamente de acuerdo con lo que dice sobre el "azar", excepto en relación con que las variaciones de los seres orgánicos hayan sido diseñadas; e imagino que el Sr. Graham debe haber usado "azar" en relación solo con el propósito en el origen de las especies. Esta es la única forma en que he usado la palabra azar, como he intentado explicar en las dos últimas páginas de mi "Variation under Domestication".

Por otro lado, si consideramos todo el universo, la mente se niega a verlo como el resultado del azar; es decir, sin diseño o propósito. Toda la cuestión me parece insoluble, pues no puedo poner mucha o ninguna fe en las llamadas intuiciones de la mente humana, que han sido desarrolladas, como no puedo dudar, a partir de una mente como la que poseen los animales; ¿y qué valdrían sus convicciones o intuiciones? Hay bastantes puntos en los que no puedo seguir completamente al Sr. Graham.

Con respecto a su última discusión, me atrevo a decir que contiene mucha verdad; pero no puedo ver, en lo que respecta a la felicidad, que pueda aplicarse a los sufrimientos infinitos de los animales, no solo los del cuerpo, sino los de la mente, como cuando una madre pierde a su descendencia o un macho a su hembra. Si el punto de vista no se aplica a los animales, ¿será suficiente para el hombre? Pero usted bien puede quejarse de esta nota larga y mal expresada en mi letra terriblemente mala.

La muerte de mi hermano Erasmus es una pérdida muy pesada para todos nosotros en esta familia. Era tan bondadoso y cariñoso. Ni he conocido a nadie más agradable. Siempre fue un placer muy grande hablar con él sobre cualquier tema, y esto ya nunca volveré a hacerlo. La claridad de su mente siempre me pareció admirable. No creo que fuera un hombre feliz, y durante muchos años no valoró la vida, aunque nunca se quejó. Me alegra tanto que escapara a sufrimientos muy graves durante sus últimos días. Nunca volveré a ver a un hombre así.

Perdóneme por garabatear de esta manera, mi querido Farrer.

CARTA 308. A G.J. ROMANES.

(308/1. Romanes había reseñado «La lucha de las partes en el organismo», de Roux, en «Nature», el 20 de septiembre de 1881, página 505. Esto condujo a un ataque del duque de Argyll (20 de octubre, página 581), seguido de una réplica de Romanes (27 de octubre, página 604), una contestación del duque (3 de noviembre, página 6) y, finalmente, por la carta de Romanes (10 de noviembre, página 29) a la que se refiere Darwin. El «floreo» del duque está en la página 7: «Deseo que los discípulos del Sr. Darwin imitaran un poco de la digna reticencia de su maestro. Él camina con paso paciente y majestuoso a lo largo de los senderos de la observación concienzuda, etc., etc.»)

Down, 12 de noviembre de 1881.

Debo escribir para decir cuánto admiro su carta en la última «Nature». Suscribo cada palabra que dice, y no podría haberse expresado con mayor claridad o vigor. Después de la última carta del duque y su floreo sobre mí, pensé que era mezquino no decir que estaba de acuerdo con lo que usted había expuesto. Pero después de escribir dos páginas de folio descubrí que no podía decir lo que deseaba sin ocupar demasiado espacio; y lo que había escrito no me complacía en absoluto, así que lo rompí, y ahora, por todos los dioses, me alegro de haberlo hecho, pues usted ha planteado el caso incomparablemente mejor de lo que yo lo había hecho o podría haberlo hecho.

Además, odio la controversia, y consume mucho tiempo, al menos con un hombre que, como yo, solo puede trabajar durante un corto tiempo al día. Cómo demonios logra terminar todo su trabajo me asombra.

Ahora no me haga sentir culpable respondiendo a esta carta y perdiendo parte de su tiempo.

No debería maldecir el libro de Roux, que le ha llevado a esta controversia, pues estoy seguro de que su última carta valía mucho la pena escribirla; no es que vaya a producir efecto alguno en el duque.

CARTA 309. A J. JENNER WEIR.

(309/1. El 27 de diciembre de 1881, el Sr. Jenner Weir escribió al Sr. Darwin: «Tras algunas dudas, en lugar de una tarjeta de Navidad, me aventuro a enviarle el retorno de algunas observaciones sobre mulas hechas en España durante los dos últimos años... Es un hecho que el padre tiene la prepotencia en la descendencia, como ha sido observado por la mayoría de los escritores sobre ese tema, incluido usted mismo. La mula es más parecida al asno, y el burdégano más parecido al caballo, tanto en las respectivas longitudes de las orejas como en la forma de la cola; pero he observado un punto que no recuerdo haber encontrado, y es que el pelaje de la mula se parece al de su madre la yegua, y el del burdégano al de su madre la asna, de modo que, a este respecto, la prepotencia de los sexos está invertida». El hermafroditismo en los lepidópteros, al que se hace referencia más abajo, es citado por el Sr. Weir como algo que ocurre notablemente en el caso de los híbridos de Smerinthus populi-ocellatus.)

Down, 29 de diciembre de 1881.

Le agradezco su «tarjeta de Navidad» y le devuelvo cordialmente sus buenos deseos. Lo que dice sobre el pelaje de las mulas es nuevo para mí, al igual que la afirmación sobre el hermafroditismo en las polillas híbridas. Este último hecho me parece particularmente curioso; y, para hacer una hipótesis muy descabellada, me inclinaría a explicarlo por reversión a la condición primordial de que los dos sexos estuvieran unidos, pues creo que es cierto que el hibridismo sí conduce a la reversión.

Me mantengo bastante bien, pero no tengo mucha fuerza y me siento muy viejo.

CARTA 310. A R. MELDOLA. Down, 2 de febrero de 1882.

Siento mucho no poder añadir nada a mi muy breve nota sin leer de nuevo la obra de Weismann y prepararme todo el tema leyendo mis propios libros y los de otros, y para tanto trabajo no tengo fuerzas. Llevo ya algunos años trabajando en otros temas, y cuando un hombre llega a ser tan viejo como yo, es un gran desgarro para su cerebro volver a temas antiguos y medio olvidados. Usted no creería fácilmente cuán a menudo me hacen preguntas de todo tipo, y hace muy poco he tenido que dedicar mucho tiempo a hacer un trabajo que no me concierne en absoluto, pero que no quería rechazar. Debo, sin embargo, trazar una línea en alguna parte, o mi vida será una miseria para mí.

He leído su prefacio y me parece excelente. (310/1. «Estudios sobre la teoría de la descendencia». Por A. Weismann. Traducido y editado por Raphael Meldola; con una nota prefatoria de C. Darwin y un prefacio del traductor. Ver Carta 291.) Lamento de muchas maneras, incluido el honor de Inglaterra como país científico, que su traducción se haya vendido mal hasta ahora. ¿Pierde dinero el editor o usted mismo? Si el editor, aunque lo sentiré por él, entra dentro de los negocios; pero si usted mismo pierde dinero con ello, le ruego encarecidamente que me permita suscribir una pequeñez, a saber, diez guineas, para los gastos de esta obra que usted ha emprendido por razones de interés público.

CARTA 311. A W. HORSFALL. Down, 8 de febrero de 1882.

En la sucesión de las formaciones más antiguas, las especies y géneros de trilobites cambian, y luego todos se extinguen. Para cualquiera que crea que los geólogos conocen el amanecer de la vida (es decir, formaciones contemporáneas con la primera aparición de criaturas vivas en la tierra), sin duda la aparición repentina de trilobites perfectos y otros organismos en los estratos portadores de vida más antiguos conocidos sería fatal para la evolución. Pero yo, por mi parte, y muchos otros, rechazamos por completo tal creencia. Ya se conocen tres o cuatro grupos de estratos discordantes debajo del Cámbrico; y estos generalmente están en una condición cristalina, y pueden haber estado cargados alguna vez de restos orgánicos.

Con respecto a los animales y plantas, las esporas locomotoras de algunas algas, provistas de cilios, habrían sido clasificadas con los animales si no se hubiera sabido que se desarrollaban hasta convertirse en algas.

CARTA 312. A JOHN COLLIER. Down, 16 de febrero de 1882.

Debo agradecerle el regalo de su «Art Primer», que he leído con mucho placer. Algunas partes fueron demasiado técnicas para mí, que nunca pude dibujar una línea, pero me interesó enormemente toda la primera parte. Desearía que pudiera explicar por qué ciertas líneas curvas y figuras simétricas producen placer. Pero ¿no se burlarán de usted sus colegas artistas por mostrarse tan buen evolucionista? Quizás digan que se debe tener consideración con él, ya que se ha aliado con un hombre tan terrible como Huxley. Esto me recuerda que acabo de leer el último volumen de ensayos. Por suerte, no había leído el dedicado a Priestley (312/1. «Ciencia y cultura, y otros ensayos»: Londres, 1881. El quinto ensayo es sobre Joseph Priestley (página 94).), y me parece el ensayo más espléndido que jamás haya leído. El dedicado al automatismo (312/2. El ensayo IX (página 199) se titula «Sobre la hipótesis de que los animales son autómatas, y su historia») es maravillosamente interesante: lástima, digo yo, pues si estuviera tan bien armado como Huxley, le desafiaría a un duelo sobre este tema. Pero soy demasiado sabio para hacer nada por el estilo, pues me atravesaría el cuerpo media docena de veces con su estoque afilado y pulido antes de que supiera dónde estaba. No pretendía haber garabateado todas estas tonterías, sino solo haberle agradecido su presente.

Todo el mundo a quien he visto y que ha visto su cuadro mío está encantado con él. Estaré orgulloso algún día de verme suspendido en la Linnean Society. (312/3. El retrato pintado por el Sr. Collier cuelga en la sala de reuniones de la Linnean Society.)

CAPÍTULO 1.VI.—DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA, 1843-1867.

CARTA 313. A J.D. HOOKER. Down, martes [12 de diciembre de 1843].

Le estoy muy agradecido por su interesante carta. Durante mucho tiempo he estado muy ansioso, incluso por un esbozo tan breve como el que amablemente me ha enviado, sobre la geografía botánica del hemisferio sur. Tendré mucha curiosidad por ver sus resultados en detalle. Debido a mi total ignorancia de la botánica, lamento decir que no puedo responder a ninguna de las preguntas que me hace. Creo que menciono en mi «Diario» que encontré a mi vieja amiga la haya austral (no puedo decir positivamente qué especie), en la cima de la montaña, en las partes meridionales de Chiloé y al nivel del mar en la latitud 45 grados, en el archipiélago de los Chonos. ¿No haría el extremo sur de Chiloé una buena división para usted? Supongo, por la colección de Brydges y Anderson, que Chiloé es bastante bien conocido, y hacia el sur comienza una terra incognita. Recolecté algunas plantas entre las islas Chonos. El hecho de que la haya se encuentre aquí, que se encuentre turba aquí y la apariencia general del paisaje, conecta las islas Chonos y Tierra del Fuego. Vi el Alerce (313/1. «Alerse» es el nombre local de una madera sudamericana, descrita en los «Viajes del Adventure y Beagle» del capitán King, página 281, e identificada con bastante duda como Thuja tetragona, Hook. («Flora Antarctica», página 350)) en las montañas de Chiloé (en el continente crece hasta un tamaño enorme, y siempre creí que el Alerce y la Araucaria imbricata eran idénticos), pero me avergüenza decir que olvidé absolutamente todo sobre su apariencia. Vi algún arbusto parecido al enebro en Tierra del Fuego, pero no puedo decirle nada más al respecto, ya que supongo que usted ha visto la colección del capitán King en posesión del Sr. Brown, provisionalmente para el Museo Británico. Me temo que quedará muy decepcionado con mis pocas plantas: una persona ignorante no puede recolectar; y, además, perdí uno, el primero y mejor conjunto de las plantas alpinas. Por otra parte, espero que las plantas de las Galápagos (313/2. Ver «Vida y cartas», II, páginas 20, 21, para las notas de Sir J.D. Hooker sobre el comienzo de su amistad con el Sr. Darwin, y para la carta de este último sobre las plantas de las Galápagos puestas en manos de Hooker) (a juzgar por los comentarios de Henslow) resulten más interesantes de lo que espera. Por favor, tenga cuidado de observar si alguna vez marco las islas individuales de las islas Galápagos, por las razones que verá en mi «Diario». Menzies y Cumming estuvieron allí, y hay algunas plantas (creo que el Sr. Bentham me dijo) en la Horticultural Society y en el Museo Británico. Creo que no recolecté ninguna planta en Ascensión, pensando que era bien conocida.

¿No es muy curiosa la similitud de las plantas de la Tierra de Kerguelen y el sur de Sudamérica? ¿Existe algún caso en el hemisferio norte de plantas similares a distancias tan grandes? Con agradecimiento por su carta y por haberse hecho cargo de mi pequeña colección de plantas,

Créame, mi querido señor, suyo muy sinceramente, C. DARWIN.

Recuerde mi ruego y escriba tanto para los ignorantes en botánica como para los grandes botánicos. Hay un artículo de Carmichael (313/3. «Algunas consideraciones sobre la isla de Tristán da Cunha y sus producciones naturales». «Linn. Soc. Trans.» XII, 1818, página 483) sobre Tristán da Cunha, que por la falta de observaciones generales y comparaciones, encontré [arrancado] para mí una letra muerta.— Supongo que incluirá esta isla en sus perspectivas del hemisferio sur.

P.D.— He estado mirando mi pobre y miserable intento de observaciones botánico-paisajísticas, y veo que afirmo que la especie de haya que es menos común en Tierra del Fuego es común en el bosque del centro de Chiloé. Pero le incluiré esta única página de mi diario borrador.

CARTA 314. A J.D. HOOKER. Down, 31 de marzo (1844).

He tardado vergonzosamente en devolverle sus documentos, pero he estado muy ocupado científicamente, y no científicamente en plantar. Me he interesado extraordinariamente por los detalles sobre las islas Galápagos. No hace falta decir que recolecté a ciegas, y no intenté hacer series completas, sino que simplemente tomé todo lo que estaba en flor a ciegas. La flora de las cumbres y de las bases de las islas parece totalmente diferente; puede ayudarle a observar si las diferentes islas tienen especies representativas que ocupen los mismos lugares en la economía de la naturaleza, saber que recolecté plantas de la región baja y seca en todas las islas, es decir, en Chatham, Charles, James y Albemarle (la menor en esta última); y que solo pude ascender a la región alta y húmeda en las islas James y Charles; y en la primera creo que obtuve cada planta que estaba entonces en flor. Por favor, tenga esto en cuenta al comparar las especies representativas. (Usted sabe que Henslow ha descrito una nueva Opuntia de las Galápagos.) Sus observaciones sobre la distribución de grandes géneros mundanos me han interesado mucho; pero ese no era el punto preciso que tenía curiosidad por averiguar; no tiene relación necesaria con el tamaño del género (aunque quizás sus declaraciones mostrarán que la tiene). Era simplemente esto: suponga un género con diez o más especies, que habita en las diez regiones botánicas principales, ¿esperaría que todas o la mayoría de estas diez especies tuvieran rangos amplios (es decir, que se encontraran en la mayoría de las partes) en sus respectivos países? (314/1. Este punto se discute en una carta en «Vida y cartas», Volumen II, página 25, pero no, creemos, en el «Origen»; para cartas sobre grandes géneros que contienen muchas variedades ver «Vida y cartas», Volumen II, páginas 102-7, también en el «Origen», Edición I, página 53, Edición VI, página 44. En una carta del 5 de abril de 1844, Sir J.D. Hooker dio su opinión: «En general, creo que muchas especies representativas individuales de grandes géneros tienen rangos amplios, pero no considero el hecho como uno de gran valor, porque la proporción de tales especies que tienen un rango amplio no es grande en comparación con otras especies representativas del mismo género cuyos límites son confinados».)

Se puede notar que en los grandes géneros las especies a menudo tienen rangos pequeños («Origen», Edición VI, página 45), y los grandes géneros son más comúnmente de amplio rango que lo contrario. Para dar un ejemplo, el género Felis se encuentra en todos los países excepto en Australia, y las especies individuales generalmente se extienden a lo largo de miles de millas en sus respectivos países; por otro lado, ningún género de mono se extiende sobre una parte tan grande del mundo, y las especies individuales en sus respectivos países rara vez se extienden sobre espacios amplios. Sospecho (pero no estoy seguro) que en el género Mus (el género más mundano de todos los mamíferos) las especies individuales no tienen rangos amplios, lo cual se opone a mi consulta.

Me imagino, por un artículo de Don, que algunos géneros de gramíneas (es decir, Juncus o Juncaceae) están ampliamente difundidos por todo el mundo, y ciertamente muchas de sus especies tienen rangos muy amplios; en resumen, parece que mi pregunta es si existe alguna relación entre los rangos de los géneros y los de las especies individuales, sin ninguna relación con el tamaño de los géneros. Es evidente que un género podría estar ampliamente difundido de dos maneras: 1.º, por muchas especies diferentes, cada una con rangos restringidos; y 2.º, por muchas o pocas especies con rangos amplios. Cualquier luz que pudiera arrojar sobre esto se lo agradecería mucho. Le agradezco también muy amablemente su ofrecimiento en una carta anterior para considerar cualquier otro punto; y en algún día futuro le estaré muy agradecido por un poco de ayuda, pero no seré despiadado.

Swainson ha señalado (y Westwood contradijo) que los géneros típicos tienen rangos amplios: Waterhouse (sin conocer a estos comentadores anteriores) me hizo la misma observación: siento una loable duda y renuencia a creer cualquier declaración de Swainson; pero ahora que Waterhouse lo señala, tengo curiosidad sobre el punto. Sin embargo, hay tanto vago en el significado de «formas típicas», y no poca ambigüedad en la mera afirmación de «rangos amplios» (pues los zoólogos rara vez entran en una aritmética estricta y desagradable, como ustedes, los botánicos, tan sabiamente hacen) que me siento muy dudoso, aunque algunas consideraciones me tientan a creer en esta observación. Aquí también, si puede arrojar algo de luz, se lo agradeceré mucho. Después de sus amables comentarios, no me disculparé por aburrirle con mis vagas consultas y comentarios.

CARTA 315. A J.D. HOOKER. Down, 25 de diciembre [1844]. Feliz Navidad para usted.

(315/1. La siguiente carta se refiere a notas de Sir J.D. Hooker que no hemos visto. Aunque, por lo tanto, no podemos aclarar muchos puntos a los que se hace referencia, la carta nos parece en general tan interesante que se publica omitiendo solo una frase sin importancia.

Los temas tratados en la carta son aquellos que ocupaban la atención de Hooker en relación con su «Flora Antarctica» (1844).)

Debo agradecerle una vez más todos sus documentos, que me han interesado enormemente y me han sorprendido. Me resultó muy difícil cargar mi cabeza con todos sus resultados tabulados, pero esto sé perfectamente bien que se debe en gran parte a que mi cabeza no es botánica, ayudado por el hecho de que las tablas estaban en manuscrito; creo, sin embargo, que para un ignorante podrían hacerse más claras; pero por favor tenga en cuenta que esto es muy diferente a decir que creo que los botánicos deben organizar sus resultados más elevados para que los no botánicos los entiendan fácilmente. Le diré cómo, para mi propio caso individual, me gustaría ver los resultados elaborados, y luego usted puede juzgar si esto es aconsejable para el mundo botánico.

Mirando el globo, las islas Auckland y Campbell, Nueva Zelanda y la Tierra de Van Diemen están tan evidentemente relacionadas geográficamente, que desearía, antes de hacer ninguna comparación con países mucho más distantes, entender sus floras en relación unas con otras; y las del sur con el hemisferio templado del norte, que supongo que es para todo el mundo un estándar de comparación casi involuntario. Para entender la relación de las floras de estas islas, me gustaría ver el grupo dividido en una mitad norte y una mitad sur, y saber cuántas especies existen en esta última:

1. Pertenecientes a géneros confinados a Australia, Tierra de Van Diemen y el norte de Nueva Zelanda.

2. Pertenecientes a géneros encontrados solo en las montañas de Australia, Tierra de Van Diemen y el norte de Nueva Zelanda.

3. Pertenecientes a géneros de distribución en muchas partes del mundo (es decir, que no cuentan una historia en particular).

4. Pertenecientes a géneros encontrados en el hemisferio norte y no en los trópicos; o solo en las montañas de los trópicos.

Me atrevo a decir que todo esto (en la medida en que los materiales actuales sirven) podría extraerse de sus tablas, tal como están; pero para cualquiera que no esté familiarizado con los nombres de las plantas, esto sería difícil. Sentí particularmente la falta de no saber cuáles de los géneros se encuentran en los trópicos de tierras bajas, al entender la relación de las floras antárticas con las árticas.

Si la flora fueguina fuera tratada de manera análoga (y esto mostraría incidentalmente hasta qué punto las Cordilleras son una carretera de géneros), estaría entonces preparado mucho más fácil y satisfactoriamente para entender las relaciones de Fuegia con las islas Auckland, y consecuentemente con las montañas de la Tierra de Van Diemen. Además, los hechos maravillosos de su íntima relación botánica (entre Fuegia y las islas Auckland, etc.) destacarían más prominentemente, después de que las islas Auckland hubieran sido tratadas primero bajo la relación puramente geográfica de posición. Una triple división como la suya me llevaría a suponer que los tres lugares estaban algo igualmente distantes, y no tan enormemente diferentes en tamaño: la relación de la Tierra de Van Diemen parece comparativamente tan pequeña, y esa relación estando en sus plantas alpinas, me hace sentir que solo debería ser tratada como una subdivisión del grupo grande, incluyendo Auckland, Campbell, Nueva Zelanda...

Creo que una lista de los géneros, comunes a Fuegia por un lado y por otro a Campbell, etc., y a las montañas de la Tierra de Van Diemen o Nueva Zelanda (pero no encontrados en las partes bajas templadas, y las partes tropicales del sur de América del Sur y Australia, o Nueva Zelanda), pondría de relieve, al mismo tiempo, la relación entre estos puntos antárticos entre sí, y con las regiones del norte o árticas.

En el Artículo III, ¿se pretende expresar, o podría no entenderse mediante este artículo, que la similitud de los puntos distantes en las regiones antárticas era tan estrecha como entre puntos distantes en las regiones árticas? Deduzco que no es así. Usted habla de que los puntos meridionales de América y Australia, etc., están "materialmente aproximados", y que esta mayor proximidad es correlativa con una mayor similitud de sus plantas: encuentro en el globo que la Tierra de Van Diemen y Fuegia están solo alrededor de una quinta parte más cerca que la distancia total entre Port Jackson y Concepción en Chile; y, de nuevo, que la isla Campbell y Fuegia están solo una quinta parte más cerca que el punto este del norte de Nueva Zelanda y Concepción. Ahora bien, ¿cree usted que en distancias tan inmensas, ambas sobre océanos abiertos, una distancia una quinta parte menor, digamos 4.000 millas en lugar de 5.000, puede explicar o arrojar mucha luz sobre una diferencia material en el grado de similitud en las floras de las dos regiones?

Confío en que usted elaborará la flora de Nueva Zelanda, tal como ha comenzado al final de la carta: ¿no es un plan bastante original? ¿y no es muy sorprendente que Nueva Zelanda, mucho más cerca de Australia que de América del Sur, deba tener una flora intermedia? Yo me había imaginado que casi todas las especies allí le eran peculiares. No puedo dejar de pensar que usted crea una dificultad gratuita al determinar si Nueva Zelanda debe ser clasificada por sí misma, o con Australia o América del Sur; a saber, cuando parece (parte inferior de la página 7 de su carta) decir que los géneros en común indican solo que las circunstancias externas para su vida son adecuadas y similares. (315/2. El 30 de diciembre de 1844, Sir J.D. Hooker respondió: "Nada estaba más lejos de mi intención que haber escrito algo que llevara a suponer que los géneros comunes a dos lugares indican una similitud en las circunstancias externas bajo las cuales se desarrollan, aunque veo que le he dado excelentes motivos para suponer que tales eran mis opiniones"). Sin duda, ¿no se puede presentar una masa abrumadora de hechos contra tal proposición? Partes distantes de Australia poseen especies de marsupiales bastante distintas, pero seguramente este hecho de tener los mismos géneros de marsupiales es el vínculo más fuerte y la marca más clara de una afinidad creativa (así llamada) original sobre toda Australia; nadie, ahora, dirá (o debería decir) que las diferentes partes de Australia tienen algo en común en sus condiciones externas, haciendo que sean eminentemente adecuadas para los marsupiales; y así en mil casos. Aunque cada especie, y por consiguiente cada género, debe estar adaptada a su país, seguramente la adaptación no es manifiestamente la ley rectora en la distribución geográfica. ¿No es así? y si le entiendo bien, usted disminuye sus propios medios de comparación, atribuyendo la presencia de los mismos géneros a la similitud de condiciones.

Usted gemirá ante mi cumplimiento tan completo de su solicitud de escribir todo lo que pudiera sobre sus tablas, y lo he hecho con creces: apenas puedo decir cuánto creo que valdrán sus resultados, cuando sean elaborados, hasta donde el conocimiento y las colecciones presentes sirvan.

Ahora, para algunas observaciones misceláneas sobre su carta: gracias por el ofrecimiento de dejarme ver especímenes de rocas de la isla Cockburn; pero solo me interesan las rocas como una indicación de un clima anterior: tal vez Ross proporcione alguna información...

El artículo de Watson sobre las Azores (315/3. H.C. Watson, "London Journal of Botany", 1843-44) me ha sorprendido mucho; ¿no le parece extraño la escasez de especies peculiares y su rareza en las alturas alpinas? Desearía que hubiera tabulado sus resultados; ¿no podría sugerirle que redacte un artículo con tales resultados, comparando estas islas con Madeira? Seguramente, ¿no abunda Madeira en formas peculiares?

Una discusión sobre las relaciones de las floras, especialmente las alpinas, de las Azores, Madeira y las Islas Canarias, sería, creo yo, de interés general. Qué curioso, las diversas especies dudosas a las que hace referencia Watson al final de su artículo; tal como sucede con las aves en las Galápagos... En cualquier momento en que pueda ponerme en el camino de leer sobre floras alpinas, lo sentiré como la mayor bondad. Me entristece que no haya mejor autoridad para Borbón que ese estúpido Bory: supongo que su observación de que las plantas en islas volcánicas aisladas son polimorfas (es decir, supongo, ¿variables?) es completamente gratuita. Adiós, mi querido Hooker. Esta carta es infamemente poco clara, y me temo que no puede ser de utilidad, excepto para darle la impresión de un ignorante botánico.

CARTA 316. A J.D. HOOKER. Down, 19 de marzo [1845].

...Me alegré mucho de escuchar las opiniones de Humboldt sobre las migraciones y las creaciones dobles. Es muy presuntuoso, pero estoy seguro de que, aunque uno no pueda probar una migración extensa, se omiten las consideraciones principales, propias del tema, y me atreveré a decir que incluso por Humboldt. Me gustaría en algún momento exponer el caso, como un abogado, para su consideración, desde el punto de vista bajo el cual, creo, debería ser visto. La conclusión a la que llego es que no podemos pretender, con nuestro conocimiento actual, poner ningún límite a la posible, e incluso probable, migración de las plantas. Si usted puede mostrar que muchas de las plantas fueguinas, comunes a Europa, se encuentran en puntos intermedios, será un gran argumento a favor de la realidad de la migración; pero no encontrarlas no disminuirá, a mis ojos, mucho la probabilidad de que hayan migrado así. Mi pluma siempre se escapa al escribirle; y a un ritmo muy inestable y vilmente malo avanza. Qué no daría por escribir un inglés sencillo, sin tener que reescribir y reescribir cada oración.

CARTA 317. A J.D. HOOKER. Viernes [29 de junio de 1845].

He sido un perro ingrato por no haber respondido a su carta antes, pero he estado trabajando tan duro corrigiendo pruebas (317/1. La segunda edición del "Diario"), junto con algo de indisposición, que no he tenido ni un cuarto de hora libre. Finalmente corregí el primer tercio del viejo volumen, que aparecerá el 1 de julio. Espero y creo que lo he mejorado algo. Muchísimas gracias por sus comentarios; algunos de ellos llegaron demasiado tarde para hacerme poner algunos de mis comentarios con más cautela. Me siento, sin embargo, todavía inclinado a mantenerme en mi noción de la evaporación para explicar las nubes de vapor que se elevan de los valles boscosos después de la lluvia. De nuevo, soy tan obstinado que requeriría muy buena evidencia para hacerme creer que hay dos especies de Polyborus (317/2. Polyborus Novae Zelandiae, un halcón carroñero mencionado como muy común en las Malvinas) en las islas Malvinas. ¿Lo admiten los gauchos de allí? Por mucho que hablé con ellos, nunca aludieron a tal hecho. En la Zoología he discutido el plumaje sexual y el inmaduro, que difieren mucho.

Devuelvo la carta agradable adjunta con muchas gracias. Estoy extremadamente contento con las plantas recolectadas en San Pablo, y tendré mucha curiosidad, cuando lleguen, por saber qué son. Cené el otro día en casa de Sir J. Lubbock y conocí a R. Brown, y tuvimos mucha charla elogiosa sobre usted. Habló muy amablemente sobre sus motivos para ir ahora a Edimburgo. No parecía saber, y se sorprendió mucho de lo que afirmé (creo que correctamente) sobre la estrecha relación entre las floras de Kerguelen y Tierra del Fuego. Forbes está haciendo al parecer un muy buen trabajo sobre la introducción y distribución de las plantas. Se me ha adelantado en lo que yo esperaba que hubiera sido una discusión interesante: a saber, sobre la relación entre las floras alpinas y árticas actuales, con conexión al último cambio de clima de ártico a templado, cuando las plantas de tierras bajas entonces árticas debieron ser empujadas hacia las montañas. (317/3. El ensayo de Forbes "Sobre la conexión entre la distribución de la fauna y flora existentes de las Islas Británicas y los cambios geológicos que han afectado a su área", fue publicado en 1846. Véase nota, Carta 20).

Me complace mucho saber de la agradable recepción que recibió en Edimburgo. (317/4. Sir J.D. Hooker fue candidato a la Cátedra de Botánica en Edimburgo. Véase "Life and Letters", I., páginas 335, 342). Espero que sus impresiones sigan siendo agradables; mis asociaciones con auld Reekie son muy amistosas. ¿Ve alguna vez al Dr. Coldstream? Si lo hace, ¿le daría mis recuerdos afectuosos? Usted pregunta sobre el ámbar. Creo que todas las especies están extintas (es decir, a menos que el ámbar haya sido alterado), y ciertamente la mayoría lo están. (317/5. Para un relato de plantas en ámbar véase Goeppert y Berendt, "Der Bernstein und die in ihm befindlichen Pflanzenreste der Vorwelt", Berlín, 1845; Goeppert, "Coniferen des Bernstein", Danzig, 1883; Conwentz, "Monographie der Baltischen Bernsteinbaume", Danzig, 1890).

Si tiene otras correcciones listas, ¿las enviará pronto? Porque iré a imprenta con la segunda parte en menos de una semana. ¡He estado tan ocupado que todavía no he comenzado con d'Urville, y solo he leído el primer capítulo de las Islas Canarias! Estoy particularmente agradecido de que me haya prestado este último, porque no sé dónde más podría haberlo pedido prestado. Está el "Kosmos" para leer, y los "Viajes en América del Norte" de Lyell. Es terrible pensar cuánto hay que leer. ¿Qué hace a H. Watson un renegado? Tuve una charla con el capitán Beaufort el otro día, y me encargó que llevara un libro y anotara cualquier cosa que se me ocurriera, que mereciera examen o recolección en cualquier parte del mundo, y tarde o temprano lo incluiría en las instrucciones para algún barco. Si se le ocurre algo, hágamelo saber, porque en el transcurso de un mes o dos debo escribir algo. Tengo la intención de instar a realizar colecciones de todo tipo en cualquier isla aislada. Sospecho que hay varias en la mitad norte del Pacífico, que nunca han sido visitadas por un recolector. Esta es una carta aburrida y desordenada. Adiós.

Como a usted le importan tanto las floras insulares, ¿sabe que recolecté todas las que estaban en flor en las islas Abrolhos? pero están muy cerca de la costa de Brasil. Sin embargo, creo que deberían ser observadas, desde un punto de vista geográfico.

CARTA 318. A J.D. HOOKER. Down, noviembre [1845].

Acabo de llegar hasta Lycopodium en su Flora, y, en verdad, no puedo decir lo suficiente cuánto me han interesado todas sus observaciones dispersas. Estoy encantado de tener impresas muchas de las declaraciones que usted hizo en sus cartas para mí, cuando estábamos discutiendo algunos de los puntos geográficos. Nunca puedo dejar de maravillarme ante la similitud de las floras antárticas: es maravilloso. Espero que tabule todos sus resultados, y ponga de relieve lo que usted alude (y lo que es eminentemente necesario para los no botánicos como yo), cuáles de los géneros se encuentran, y cuáles no, en los trópicos de tierras bajas o de tierras altas, hasta donde se sabe. De entre las muchas observaciones nuevas para mí, nada me ha sorprendido más que la ausencia de floras alpinas en las islas del Sur. (318/1. Véase "Flora Antarctica", I., página 79, donde el autor dice que "en el Sur... al ascender las montañas, ocurren pocas o ninguna forma nueva". Con respecto a las islas Sandwich, Sir Joseph escribió (página 75) que "aunque las islas volcánicas del grupo Sandwich alcanzan una elevación mayor que esta [10.000 pies], no hay tal desarrollo de nuevas especies en el nivel superior". Declaraciones más recientes en el mismo sentido ocurren en Grisebach, "Vegetation der Erde", Volumen II., página 530. Véase también Wallace, "Island Life", página 307). Me parece de lo más inexplicable. ¿Se siente seguro sobre la ausencia similar en el grupo Sandwich? ¿No se opone esto completamente al caso de Tenerife y Madeira, y las islas del Mediterráneo? ¡Me había imaginado que Tierra del Fuego poseía una gran flora alpina! Me gustaría mucho saber si el clima del norte de Nueva Zelanda es mucho más insular que el de Tasmania. Lo dudaría por la apariencia general de los lugares, y sin embargo supongo que la flora del primero es mucho más escasa que la de Tasmania. Dígame qué piensa sobre este punto. También me han interesado particularmente todas sus observaciones sobre la variación, afinidades, etc.: en resumen, su libro ha sido para mí uno de lo más valioso, y debo haberlo comprado si usted no lo hubiera dado tan amablemente, y así lo hubiera hecho aún más valioso para mí. Cuando compara una especie con otra, a veces no menciona la estación de esta última (siendo, supongo, bien conocida), pero para los no botánicos tales palabras de explicación añadirían mucho al interés; no es que los no botánicos tengan ningún derecho a tales explicaciones en obras declaradamente botánicas. Hay una expresión que ustedes, los botánicos, usan a menudo (aunque, creo, no usted individualmente a menudo), que me pone furioso; a saber, llamar a las flores poleníferas "estériles", como si no produjeran semillas. (318/2. Véase Carta 16). ¿Las láminas son de sus propios dibujos? Me parecen excelentes. Así que ahora ha tenido mis presuntuosas recomendaciones sobre su gran obra.

CARTA 319. A J.D. HOOKER. Down, viernes [1845-6].

Es bastante curioso cómo nuestras opiniones coinciden sobre las opiniones de Forbes. (319/1. Véase Carta 20). Me alegré mucho de tener su última carta, que fue incluso más valiosa para mí que la mayoría de las suyas, y eso es decir, le aseguro, mucho. Yo le había escrito a Forbes para objetar sobre las Azores (319/2. Edward Forbes supuso que las Azores, las Madeiras y las Canarias "son los últimos fragmentos restantes" de un continente que una vez los conectó con Europa Occidental y el norte de España. "Principios" de Lyell, Edición XI., Volumen II., página 410. Véase Forbes, op. cit.) sobre las mismas bases que usted, y él dio alguna respuesta, que parcialmente me satisfizo, pero realmente soy tan estúpido que no puedo recordarla. Insistió fuertemente en la escasez de especies absolutamente peculiares en las Azores; la mayoría de las especies no europeas son comunes a Madeira. Yo había pensado que una buena cantidad eran absolutamente peculiares. Hasta que le vi el miércoles pasado, pensé que no tenía base en su geología sobre su tierra post-Mioceno; y sus razones, al reflexionar, parecen bastante débiles: la principal es que no hay depósitos (más recientes que la edad Mioceno) en los estratos miocenos de Malta, etc., pero estoy bastante seguro de que esto no puede ser confiado como evidencia de que Malta debió haber estado sobre el agua durante todo el período post-Mioceno. Tenía otra razón, en mi opinión aún menos confiable. También le había escrito a Forbes, antes de su carta, objetando sobre el Sargassum (319/3. Edward Forbes supuso que el Sargassum o sargazo representa las algas litorales de un continente ahora sumergido. "Mem. Geol. Survey Great Britain", Volumen I., 1846, página 349. Véase "Principios" de Lyell, II., página 396, Edición XI.), pero aparentemente sobre bases erróneas, porque no pude ver ninguna razón, en la visión común de creaciones absolutas, por la cual un Fucus no debería haber sido creado para el océano, así como varias Confervae para el mismo fin. Es realmente una lástima que Forbes sea tan especulativo: dañará su reputación, de cualquier modo, en el Continente; y así hará menos bien. Encuentro que esta es la opinión de Falconer, quien estuvo con nosotros el domingo, y fue extremadamente agradable. Es maravilloso cuánta información heterogénea tiene sobre todo tipo de cosas. Lamento más que Forbes no pueda probar más satisfactoriamente sus puntos de vista, ya que deseo sinceramente que estuvieran establecidos, y hasta un grado limitado creo plenamente que son verdaderos; pero su audacia es asombrosa. ¿Entiendo bien su carta, que África Occidental (319/4. Esto es por supuesto un malentendido) y Java pertenecen a la misma región botánica; es decir, que tienen muchas especies no litorales en común? Si es así, es un hecho enfermizo: ¡piense en la distancia con el Océano Índico interpuesto! Responda esto en algún momento. Con respecto al polimorfismo, sobre el cual usted ha sido tan amable de darme tanta información, estoy completamente convencido de que debe abandonarse en el sentido en que usted lo ha discutido; pero a partir de casos como las aves de las Galápagos y de nociones hipotéticas sobre la variación, estaría muy contento de saber si debe abandonarse desde un punto de vista ligeramente diferente; es decir, si las especies insulares peculiares son generalmente bien y fuertemente distinguibles de las especies en el continente más cercano (cuando hay un continente cerca); las Galápagos, las Islas Canarias y Madeira deberían responder a esto. Hipotéticamente, habría esperado que bastantes especies fueran especies finas, como algunas de las aves de las Galápagos, y aún más en las diferentes islas de tales grupos.

Voy a hacerle algunas preguntas, pero en verdad a veces casi me alegraría si no me respondiera durante mucho tiempo, o en absoluto, porque, honestamente, a menudo me avergüenzo de, y me maravillo de, su amabilidad al escribirme cartas tan largas. Así que le ruego que tenga en cuenta que nunca debe escribirme cuando le aburra. ¿Conoce "Elements de Teratologie (sobre monstruos, creo) Vegetale", por A. Moquin Tandon"? (319/5. París, 1841). ¿Es un buen libro, y tratará sobre malformaciones hereditarias o variedades? Casi he terminado la tremenda tarea de 850 páginas de las Lecciones de A. St. Hilaire (319/6. "Lecons de Botanique", 1841), que usted me encargó, y estoy muy contento de que me dijera que lo leyera, porque me he interesado mucho con partes. Ciertas expresiones que recorren toda la obra me ponen furioso: así tomo, al azar, "la plante n'était pas tout à fait ASSEZ AFFAIBLIE pour produire de véritables carpelles". Cada órgano o parte involucrada en la reproducción (ese fin más alto de todos los organismos inferiores) es, según este hombre, producido por un menor o mayor grado de "affaiblissement"; y si eso no es un AFFAIBLISSEMENT del lenguaje, no sé qué lo es. He usado una expresión aquí, que me lleva a hacer otra pregunta: ¿sobre qué tipo de bases los botánicos hacen que una familia de plantas sea más alta que otra? Puedo ver que las criptogámicas más simples son las más bajas, y supongo, por sus relaciones, que las monocotiledóneas vienen después; ¿pero cómo en las diferentes familias de las dicotiledóneas? El punto me parece igualmente oscuro en muchas razas de animales, y no sé cómo decir si una abeja o una cicindela es más alta. (319/7. Sobre el uso de los términos "alto" y "bajo" véase Cartas 36 y 70). Veo que Aug. Hilaire usa una multiplicidad de partes (varios círculos de estambres, etc.) como evidencia de la altura de las Ranunculaceae; ahora bien, Owen ha usado verdaderamente, como creo, el mismo argumento para mostrar la bajeza de algunos animales, y ha establecido la proposición de que cuanto menor sea el número de cualquier órgano, como patas o alas o dientes, mediante el cual se logra el mismo fin, más alto es el animal. Una pregunta más. Hilaire dice (página 572) que "chez une foule de plantes c'est dans le bouton", que ocurre la impregnación. Menciona solo a Goodenia (319/8. Para cartas sobre este punto, véase el índice s.v. Goodenia), y Falconer no puede recordar ningún caso. ¿Conoce alguna de esta "foule" de plantas? Por razones, poco mejores que hipotéticas, dudo mucho de la exactitud de esto, por presuntuoso que sea; que las plantas suelten su polen en el capullo es, por supuesto, una historia completamente diferente. ¿Puede iluminarme? Henslow le enviará los restos de las Galápagos. Dirijo esto a Kew, ya que supongo que, después de la boda de su hermana (sobre la cual le ruego que le envíe mis felicitaciones), usted regresará a casa.

Hay grandes temores de que Falconer tenga que irse a la India; esta será una pérdida grave para la Paleontología.

CARTA 320. A J.D. HOOKER. Down, 10 de abril [1846].

Me complació mucho ver y firmar su certificado para la Sociedad Geológica; así, ocasionalmente, espero que nos encontremos. (320/1. Sir Joseph fue elegido miembro de la Sociedad Geológica en 1846).

He sido un perro ingrato por no haberle agradecido antes el pastel y los libros. Los niños y sus superiores declararon que el primero era excelente, y Annie quiso saber si era el caballero «que jugó con nosotros así». Desearía que estuviéramos a una distancia más razonable, para que Emma y yo hubiéramos podido visitar a Lady Hooker con nuestras felicitaciones en esta ocasión. Fue muy amable de su parte incluir ambos números del «Hort. Journal». Creo que el artículo del Dean Herbert bien merece la lectura. He sido tan extravagante como para pedir el M[oquin] Tandon (320/2. Probablemente "Elements de Teratologie Vegetale": París, 1841.), pues aunque no he encontrado, hasta ahora, nada particularmente novedoso o sorprendente, sí descubrí que deseaba marcar bastantes pasajes para volver a leerlos en algún futuro, y de ahí que haya pedido el libro. En consecuencia, espero enviarle pronto sus libros de vuelta. He enviado las plantas de Ascension a través de Bunsen a Ehrenberg.

Había mucho en su última carta larga que me interesó sobremanera; y me alegra particularmente que vaya a prestar atención al polimorfismo en nuestro último e incorrecto sentido en sus trabajos; veo que debe ser muy difícil tomar cualquier tipo de límite constante para la cantidad de variación posible. ¡Cuánto deseo de corazón que todas sus obras estuvieran terminadas y completas, para poder reflexionar sobre ellas tranquilamente! Temo que las Islas del Pacífico deban estar muy distantes en el futuro. Temo, de hecho, que Forbes esté avanzando un poco demasiado rápido; pero pronto veremos todos sus fundamentos, ya que oigo que ahora está corrigiendo las pruebas sobre este tema; tiene mucha gente que lo ataca; veo que Falconer nunca pierde una oportunidad, y es maravilloso lo bien que Forbes lo soporta. Qué hecho tan llamativo es la relación botánica entre África y Java; tal como usted lo plantea ahora, me siento complacido en lugar de disgustado, pues concuerda magníficamente con la distribución de los mamíferos (320/3. Véase Wallace, "Geogr. Distribution", Volumen I, página 263, sobre el "elemento especial oriental o incluso malayo" en los mamíferos y aves de África Occidental.): solo que juzgo por sus cartas que el Cabo difiere aún más marcadamente de lo que yo había pensado del resto de África, y mucho más que los mamíferos. Me sorprende encontrar lo bien que parecen concordar los mamíferos y las plantas en su distribución general. Con respecto a mi fuerte objeción al lenguaje de Aug. St. Hilaire sobre AFFAIBLISSEMENT (320/4. Esto se refiere a sus "Lecons de Botanique (Morphologie Vegetale)", 1841. Saint-Hilaire a menudo explica las diferencias morfológicas como debidas a diferencias en el vigor. Véase la Carta 319.), es quizás apenas racional, y sin embargo él confiesa que algunas de las plantas más vigorosas de la naturaleza tienen algunos de sus órganos golpeados con esta debilidad—él no pretende, por supuesto, que fueran alguna vez de otra manera en generaciones anteriores—o que una planta que crece más vigorosamente produzca órganos menos debilitados, y así falle en producir su estructura típica. En una planta en estado natural, ¿el cortar la savia tiende a producir botones florales? Sé que lo hace en los árboles en los huertos. Owen ha estado haciendo un gran trabajo en la morfología de los vertebrados: ¡su brazo y su mano son partes de su cabeza, o más bien los procesos (es decir, costillas modificadas) de la vértebra occipital! Me dio una gran lección sobre la cabeza de un bacalao. A propósito, ¿no le parecería monstruoso si, al hablar de las mandíbulas, palpos, etc., diminutos y decrecientes de un insecto o crustáceo, alguien dijera que fueron producidos por el affaiblissement de los órganos de locomoción menos importantes pero más grandes? Veo por su carta (aunque no supongo que valga la pena referirse al tema) que no podría haber expresado lo que quería decir cuando le permití inferir que la regla de Owen de que los órganos únicos son de un orden superior a los órganos múltiples se aplicaba solo a los locomotores, etc.; se aplica a todos, hasta al órgano más importante. No dudo que él diría que el hecho de que los placentados tengan úteros únicos, mientras que los marsupiales tienen dobles, es un ejemplo de esta ley. Creo, sin embargo, que en la mayoría de los casos donde un órgano, como un centro nervioso o el corazón, ocupa el lugar de varios, aumenta en complejidad; pero me parece realmente extraño ver en este caso a eminentes botánicos y zoólogos partiendo de fundamentos opuestos. Por favor, tenga presente lo de la impregnación en el capullo: nunca (habiendo estado atento durante algunos años) he oído de un ejemplo: hace tiempo que deseo saber cómo era en la Subularia, o algún nombre parecido, que crece en el fondo de los lagos escoceses, y asimismo en una planta herbácea, que vive en aguas salobres, olvido completamente el nombre, cerca del Támesis; los botánicos mayores dudaban de si era una Fanerógama. Cuando nos encontremos le diré por qué dudo de esta impregnación en el capullo.

Estamos actualmente en un estado de suma confusión, ya que hemos derribado todas nuestras dependencias y vamos a reconstruirlas y alterarlas. Yo personalmente también estoy en un estado de suma confusión, pues mi cruel esposa me ha convencido de dejar el rapé por un mes; y estoy muy letárgico, estúpido y melancólico como consecuencia.

Adiós, mi querido Hooker. Siempre suyo.

CARTA 321. A J.D. HOOKER. Down, 19 de abril [1855].

Gracias por su lista de candidatos a la R.S., que me será muy útil.

He pensado mucho en mis experimentos de salazón (321/1. Para un relato de los experimentos de Darwin sobre el efecto del agua salada en la germinación de semillas, véase "Life and Letters", II, página 54. En abril escribió al "Gardeners' Chronicle" pidiendo información, y sus resultados fueron publicados en la misma revista, el 26 de mayo y el 24 de noviembre de 1855; también en el "Linn. Soc. Journal", 1857.), y realmente creo que vale la pena llevarlos a cabo hasta cierto punto; pero apenas veo la utilidad (al menos, la utilidad equivalente al enorme trabajo) de probar el experimento en la escala inmensa sugerida por usted. Pensaría que unas pocas semillas de los órdenes principales, o unas pocas semillas de cada una de las clases mencionadas por usted, con albúmina de diferentes tipos, bastarían para mostrar la posibilidad de un transporte marítimo considerable. Saber si alguna flora insular particular había sido transportada así requeriría que cada especie fuera examinada. ¿Echará un vistazo a estas listas impresas y, si puede, marcará con una cruz roja aquellas que sugeriría? En verdad, temo imponer mucho más a su gran bondad, mi querido Hooker, de lo que tengo derecho; pero usted ofreció esto, pues nunca pensé en pedirle más que una sugerencia. No creo que pudiera manejar más de cuarenta o cincuenta clases a la vez, pues el agua, encuentro, debe ser renovada cada dos días, ya que empieza a oler horriblemente: y no creo que su plan de paquetitos de cambray sea bueno, pues esto enreda mucho aire. Mantendré el gran receptáculo con agua salada con los cuarenta o cincuenta botellines, parcialmente abiertos, sumergidos en él, en el sótano para una temperatura uniforme. Debo plantar al aire libre, pues no tengo invernadero.

Le dije que había insertado un aviso en el "Gardeners' Chronicle", y hoy he tenido noticias de Berkeley de que ya ha enviado un surtido de semillas a Margate para que algún amigo las ponga en agua salada; así que supongo que piensa que vale la pena intentar el experimento, ya que así lo ha tomado tan prontamente en sus propias manos. (321/2. El reverendo M.J. Berkeley publicó sobre el tema en el "Gardeners' Chronicle", 1 de septiembre de 1855.)

¡¡¡Al releer esto, suena como si estuviera ofendido!!! lo cual no hace falta decir que no es así. (321/3. Añadido después entre líneas.)

Solo puedo mencionar que las semillas mencionadas en mi nota anterior han germinado todas después de catorce días de inmersión, excepto las coles, todas muertas, y los rábanos han tenido su germinación retrasada y varios creo que muertos; el berro sigue siendo todo de lo más vigoroso. La espinaca francesa, la avena, la cebada, la alpiste, la borraja y la remolacha han germinado después de siete días de inmersión.

Es bastante sorprendente que los rábanos hayan crecido, pues el agua salada estaba podrida hasta un punto que no habría creído creíble de no haberlo olido yo mismo, al igual que el agua con la semilla de col.

CARTA 322. A J.D. HOOKER. Down, 10 de junio [1855].

Si estar completamente interesado en sus cartas me hace digno de ellas, soy muy digno.

He cultivado algunas plántulas de plantas sensibles, pero si puede facilitarme FÁCILMENTE una planta de tamaño moderado, estaré encantado de recibirla.

Usted me anima tanto, que seguiré lentamente salando semillas. No me he explicado, veo, para dejarle suponer que me oponía a casos como la antigua unión de Inglaterra y el Continente; considero este caso como probado por animales, etc., etc.; y, de hecho, sería un hecho asombroso si la tierra se hubiera mantenido tan estable como para que no se hubieran unido, con Snowdon elevado 1.300 pies en tiempos recientes, etc., etc.

Solo contra la antigua unión con las islas volcánicas oceánicas soy vehemente. (322/1. Véase "Life and Letters", Volumen II, páginas 72, 74, 80, 109.) Qué caso tan desconcertante parece ser Nueva Zelanda: ¿no es la ausencia de Leguminosae, etc., etc., TANTO o más opuesta a la conexión continental que a cualquier otra teoría? Qué hecho curioso menciona usted sobre la distribución y la pequeñez yendo juntas.

La presencia de una rana en Nueva Zelanda me parece un hecho bastante fuerte a favor de la conexión continental, pues asumo que el agua de mar mataría el desove, pero lo intentaré. El desove, encuentro, vivirá unos diez días fuera del agua, pero no creo que pudiera pegarse posiblemente a un pájaro.

Lo que usted dice sobre que nadie comprende la creación me parece muy cierto; pero pienso y espero que hay casi tanta diferencia entre intentar averiguar si las especies de un género han tenido un ancestro común y preocuparse por el primer origen de la vida, como entre establecer las leyes de la atracción química y el primer origen de la materia.

Pensé que la carta de Gray había llegado abierta a usted, y que la había leído: verá lo que pedí, a saber, los hábitats de las plantas alpinas, pero supongo que no habrá nada nuevo para usted. Por favor, devuelva ambas. Qué agradablemente toma Gray mi petición, y creo que habré hecho un buen favor si le hago escribir un artículo sobre la distribución geográfica de las plantas de los Estados Unidos.

Le he escrito una carta muy larga, contándole algunos de los puntos sobre los que tendría curiosidad. Pero por mi vida, es sublimemente ridículo que yo haga sugerencias a semejante hombre.

No puedo evitar pensar que lo que usted dice sobre que las plantas bajas están ampliamente distribuidas y soportan mejor las condiciones perjudiciales que las superiores (¿pero no es esto muy difícil de demostrar?) es igualmente favorable al transporte marítimo, a las conexiones continentales y a todos los demás medios. Por favor, no suponga que imagino que si pudiera mostrar que casi todas las semillas podrían soportar un período casi indefinido de inmersión en agua de mar, he hecho más que un paso EXTREMADAMENTE PEQUEÑO en la resolución del problema de la distribución, ¡¡pues puedo apreciar perfectamente la importancia del hecho que usted señala; y luego hay que considerar las direcciones de las corrientes en tiempos pasados y presentes!!

Tendré mucha curiosidad por escuchar los resultados de Berkeley en el campo de la salazón.

Con respecto a los cambios geológicos, debería ser uno de los últimos hombres en subestimarlos después de mi mapa de islas de coral, y después de lo que he visto de elevación en la costa de América. Adiós. Espero que mis cartas no le molesten. De nuevo, y por última vez, digo que me sentiría extremadamente molesto si alguna vez me escribe a contrapelo o cuando esté cansado.

CARTA 323. A J.S. HENSLOW. Down, 2 de julio [1855].

Muchísimas gracias por todo lo que ha hecho, y tan amablemente promete hacer por mí.

¿Hará un regalo a cada una de las niñas (si no es demasiado grande y grandioso) de seis peniques (por los cuales envío sellos), que van a recolectar semillas para mí: a saber, Lychnis, blanca, roja y color carne (si las hay)?

...¿Sería tan amable de mirarlas antes de enviarlas, solo para ver positivamente que son correctas, pues recuerde cuán ignorante botánicamente soy.

¿Ve el "Gardeners' Chronicle", y notó algunos pequeños experimentos míos sobre la salazón de semillas? Las semillas de apio y cebolla han brotado después de ochenta y cinco días de inmersión en el agua salada, lo cual me parece sorprendente, y creo que arroja algo de luz sobre la amplia dispersión de ciertas plantas. Ahora, se me ha ocurrido que sería una forma interesante de probar la probabilidad del transporte marítimo de semillas, hacer una lista de todas las plantas europeas encontradas en las Azores, un archipiélago muy oceánico, recolectar las semillas e intentar si soportarían una inmersión bastante larga. ¿Cree que a la más capaz de sus niñas le gustaría recolectar para mí un paquete de semillas de tales plantas de las Azores que crecen cerca de Hitcham, yo pagando, digamos, 3 peniques por cada paquete? Pondría unos pocos chelines en sus bolsillos, y sería una enorme ventaja para mí, ¡pues me duele el tiempo para recolectar las semillas, más especialmente porque tengo que aprender las plantas! El experimento me parece que vale la pena intentarlo: ¿qué piensa usted? ¿Se opondría a ofrecer por mí esta recompensa o pago a sus niñas? Tendría que seleccionar a las más concienzudas, para que no obtuviera semillas equivocadas. Acabo de comparar las listas, y sospecho que usted no tendría muchas de las plantas de las Azores. Usted tiene, sin embargo,

Ranunculus repens, Ranunculus parviflorus, Papaver rhoeas,? Papaver dubium,? Chelidonium majus,? Fumaria officinalis.?

Todas estas son plantas de las Azores.

Con respecto al cultivo de plantas, pretendo empezar con muy pocas, pues puedo encontrarlo demasiado problemático. Ya he tenido durante algunos meses primaveras y prímulas, fuertemente abonadas con guano, y con flores arrancadas, y una prímula hecha para crecer a la sombra; y la próxima primavera recolectaré semillas.

Creo que me ha entendido completamente mal con respecto a mi objetivo al conseguir que usted marcara en la lista adjunta con (x) todas las "especies cercanas" (323/1. Véase Carta 279.), es decir, tales como las que usted no cree que sean variedades, pero que sin embargo están muy estrechamente aliadas; no tiene absolutamente nada que ver con su cultivo, pero no puedo decirle [mi] objetivo, ya que podría influir inconscientemente en usted al marcarlas. ¿Pasará su lápiz directamente a través de todos los nombres de aquellas (pocas) especies de las cuales pueda no saber nada? Después, cuando esté hecho, le diré mi objetivo, no es que valga la pena contarlo, aunque yo mismo tengo mucha curiosidad sobre el tema. Sé y puedo percibir que la definición de "especie cercana" es muy vaga, y por lo tanto no me importaría que la lista fuera marcada por nadie, excepto por alguien como usted.

Perdone esta larga carta. Le agradezco de corazón toda su asistencia.

Mi querido viejo Maestro, Suyo afectuosamente, C. Darwin.

Quizás 3 peniques no serían suficientes, y si el número de tipos no resulta muy grande serán 6 peniques por paquete.

CARTA 324. ASA GRAY A CHARLES DARWIN.

(324/1. En respuesta a la carta de Darwin, 8 de junio de 1855, dada en "Life and Letters", II, página 61.)

Universidad de Harvard, Cambridge, EE. UU., 30 de junio de 1855.

Su larga carta del día 8 es de gran interés para mí, y seguiré sus sugerencias tanto como pueda. Me regocijo en proporcionar hechos a otros para que los elaboren en su relación con las cuestiones generales, y siento que es aún más mi deber hacerlo, en la medida en que, por la preocupación de la mente y el tiempo y la falta de experiencia, soy incapaz de contribuir con investigaciones originales directas de este tipo al avance de la ciencia.

Su petición al final de su carta, que usted tiene tanta innecesaria vacilación en hacer, es justo el tipo de petición que me es fácil responder, ya que cae directamente en mi camino. Probablemente, sin embargo, saldría de mi mente en el momento que usted propone, así que la atenderé de inmediato, para llenar los intervalos de tiempo que me quedan mientras atiendo a uno o dos alumnos. Así que tomo unas hojas sueltas de una copia del "Manual" y marco las "especies cercanas" conectándolas con un paréntesis.

Aquellas así conectadas, algunas de ellas, las uniría en la revisión bajo una sola; el Dr. Hooker uniría muchas más, y por el resto no sería extraordinario si, en cualquier caso, el descubrimiento de formas intermedias forzara su unión.

Como he anotado en la página en blanco de las hojas que le envío (a través de Sir William Hooker), supongo que si extendiéramos el área, digamos a la de nuestra flora de América del Norte, encontraríamos que la proporción de "especies cercanas" con respecto a toda la flora aumentaría considerablemente. Pero aquí hablo al azar. Algún día lo probaré para algunas familias.

Si usted toma para comparar con lo que le envío, la "British Flora", o la "Flora Germanica" de Koch, o la "Flora de Francia" de Godron, y marca las "especies cercanas" con el mismo principio, encontrará sin duda un número mucho mayor. Por supuesto, usted no inferirá de esto que las dos floras difieren en este aspecto; ya que la diferencia se debe probablemente al hecho de que (1) no ha habido tantos observadores aquí dedicados a detectar diferencias; y (2) nuestras especies, gracias sobre todo al Dr. Torrey y a mí mismo, han sido más minuciosamente castigadas. Lo que representa una especie en el "Manual" figuraría en casi cualquier flora europea como dos, tres o más, en un número muy considerable de casos.

Al reducir audazmente las especies nominales, J. Hooker está haciendo un buen trabajo; pero su vocación, como la de cualquier otro reformador, lo expone a tentaciones y peligros.

Debido a que usted ha demostrado que a y b están tan conectados por formas intermedias que no podemos hacer otra cosa que considerarlas como variaciones de una sola especie, no podemos concluir que c y d, que difieren mucho de la misma manera y en el mismo grado, sean de una sola especie, antes de que se obtenga realmente una cantidad igual de evidencia. Es decir, cuando dos conjuntos de individuos exhiben diferencias graves, la carga de la prueba de su origen común recae en la persona que sostiene esa opinión; y cada caso debe decidirse por su propia evidencia, y no por analogía, si nuestras conclusiones en este sentido han de tener un valor real. Por supuesto, a menudo debemos saltar a conclusiones a partir de evidencia imperfecta. Me gustaría escribir un ensayo sobre especies algún día; pero antes de que tenga tiempo de hacerlo, a mi manera lenta, espero que usted o Hooker lo hagan, y mucho mejor con creces. Estoy muy contento de estar en contacto con Hooker y con usted en estos asuntos, y creo que podemos, o más bien usted puede, en unos pocos años, resolver la cuestión de si las opiniones de Agassiz o las de Hooker son correctas; son ciertamente muy diferentes.

A propósito de esto, muchas gracias por el documento que contiene sus experimentos sobre semillas expuestas al agua de mar. ¿Por qué nadie ha pensado en intentar el experimento antes, en lugar de dar por sentado que el agua salada mata las semillas? Haré que se reimprima casi todo en el "Silliman's Journal" como una nuez para que Agassiz la parta.

CARTA 325. A ASA GRAY. Down, 2 de mayo [1856?]

He recibido su muy amable nota del 8 de abril. En verdad es absurdo por mi parte darle sugerencias; pero me dará un placer real escribirle tal como hablo con Hooker, quien dice que mis preguntas son a veces sugestivas debido a que comparo las áreas de distribución, etc., en diferentes reinos de la Naturaleza. No me disculparé más por mi presunción; sino que simplemente le diré (aunque estoy seguro de que habrá MUY poco de nuevo en lo que sugiero y pregunto) los puntos sobre los cuales estoy muy ansioso por conocer su opinión. Olvido si usted incluye la América Ártica, pero de ser así, para la comparación con otras partes del mundo, yo excluiría el Ártico y el Alpino-Ártico, por pertenecer a una categoría completamente distinta. Al excluir las naturalizadas, creo que De Candolle debe tener razón al aconsejar la exclusión (dando una lista) de las plantas que se encuentran exclusivamente en tierras cultivadas, incluso cuando no se sabe que hayan sido introducidas por el hombre. Yo daría una lista de plantas templadas (si las hay) encontradas en el Este de Asia, China y Japón, y no en otra parte. Nada me daría una mejor idea de la flora de los Estados Unidos que la proporción de sus géneros con respecto a todos los géneros que están confinados a América; y la proporción de géneros confinados a América y al Este de Asia con Japón; los géneros restantes serían comunes a América y Europa y al resto del mundo; supongo que sería imposible mostrar ninguna afinidad especial en los géneros, por escasa que fuera, entre América y Europa Occidental. América podría estar relacionada con el Este de Asia (excluyendo siempre las formas árticas) por un género que tuviera las mismas especies confinadas a estas dos regiones; o podría estar relacionada por el género que tuviera especies diferentes, no encontrándose el género mismo en ninguna otra parte. La relación de los géneros (excluyendo las especies idénticas) me parece un elemento importantísimo en la distribución geográfica, a menudo ignorado, y supongo que de aplicación más difícil en las plantas que en los animales, debido a los rangos más amplios de las plantas; pero encuentro en Nueva Zelanda (por Hooker) que la consideración de los géneros con especies representativas cuenta la historia de la relación aún más claramente que la identidad de las especies con las diferentes partes del mundo. Me gustaría ver los géneros de los Estados Unidos, digamos 500 (excluyendo el Ártico y el Alpino), divididos en tres clases, con las proporciones dadas así:--

100/500 géneros americanos;

200/500 géneros del Viejo Mundo, pero que no tienen ninguna especie idéntica en común;

200/500 géneros del Viejo Mundo, pero que tienen algunas especies idénticas en común;

Suponiendo que estos 200 géneros incluyeran 600 plantas de EE. UU., entonces las 600 serían el denominador de la fracción de las especies comunes al Viejo Mundo. Pero estoy divagando con una longitud absurda.

Hay una discusión interesante en De Candolle (alrededor de las páginas 503-514) sobre la relación del tamaño de las familias con el rango promedio de las especies individuales; no puedo dejar de pensar, a partir de algunos hechos que recopilé mucho antes de que apareciera De Candolle, que él está equivocado al haber tomado las familias (debido a que incluyen demasiada diversidad en la constitución de las especies), sino que si hubiera tomado los géneros, habría encontrado que las especies individuales en los géneros grandes abarcan un área mayor que las especies en los géneros pequeños: creo que, si usted tiene materiales, valdría la pena resolver esto, pues es una relación muy singular.

Con respecto a las plantas naturalizadas: ¿hay alguna que sea gregaria con usted, que no lo sea en su país de origen? Me sorprende que la importancia de esto no haya llamado más la atención de De Candolle. De estas plantas naturalizadas, ¿son algunas o muchas más variables, en su opinión, que el promedio de sus plantas de los Estados Unidos? Soy consciente de lo vago que debe ser esto; pero De Candolle ha declarado que las plantas naturalizadas no presentan variedades; pero ser muy variable y presentar variedades distintas me parece un caso bastante diferente: si tuviera la amabilidad de tomarse la molestia de responder a esta pregunta, le estaría muy agradecido, independientemente de si usted tratará o no estos puntos en su ensayo.

Con respecto a tales plantas que tienen sus límites meridionales dentro de su área, ¿están los individuos a veces o a menudo atrofiados en su crecimiento o enfermos? He intentado en vano encontrar a algún botánico que haya observado este punto; pero he visto algunas observaciones de Barton sobre los árboles en los Estados Unidos. Los árboles parecen comportarse a este respecto de forma bastante diferente a otras plantas.

Sería un punto muy curioso, pero temo que usted pensaría que está fuera de su ensayo, comparar la lista de plantas europeas en Tierra del Fuego (en Hooker) con las de América del Norte; pues, sin creación múltiple, creo que debemos admitir que todas las que hay ahora en T. del Fuego deben haber viajado a través de América del Norte, y por tanto, sí le conciernen.

La discusión sobre las plantas gregarias (por vagos que sean los términos y los hechos) en De Candolle me parece la mejor que he visto nunca: dos puntos me parecen eminentemente notables en ellas; que deban ser gregarias cerca de sus límites extremos; y en segundo lugar, que especies que tienen un rango extremadamente confinado, sin embargo, deban ser gregarias dondequiera que aparezcan: estaría infinitamente agradecido por cualquier caso, ya sea por carta o públicamente, sobre estos temas, especialmente con respecto a una especie que sigue siendo o deja de ser gregaria en los confines de su rango.

Hay otro punto sobre el cual yo, individualmente, estaría extremadamente agradecido si pudiera dedicar el tiempo a pensar un poco e informarme: a saber, si existen casos de una misma especie que sea más variable en los Estados Unidos que en otros países en los que se encuentra, o en diferentes partes de los Estados Unidos. Wahlenberg dice por lo general que las mismas especies, al ir hacia el sur, se vuelven más variables que en el extremo norte. Aún más ansioso estoy por saber si alguno de los géneros que tienen la mayoría de sus especies horriblemente variables (como el Rubus o el Hieracium) en Europa, u otras partes del mundo, son menos variables en los Estados Unidos; o, el caso inverso, ¿tiene usted algún género odioso con usted que sea menos odioso en otros países? Cualquier información sobre este particular sería una verdadera amabilidad para mí.

Supongo que su flora es demasiado grande; pero una lista simple en columnas apretadas en tipo pequeño de todas las especies, géneros y familias, cada uno numerado consecutivamente, siempre me ha parecido lo más útil; y Hooker lamenta no haber dado tal lista en la introducción a Nueva Zelanda y otra Flora. Estoy seguro de que le he dado una dosis mayor de preguntas de las que usted esperaba, y he cumplido mi palabra y le he tratado tal como hago con Hooker. No obstante, si se me ocurre algo durante los próximos dos meses, escribiré libremente, creyendo que usted me perdonará y no me considerará muy presuntuoso.

¡Qué bien muestra De Candolle la necesidad de comparar áreas casi iguales para la proporción de familias!

He vuelto a leer esta carta y realmente no vale la pena enviarla, excepto por mi propio bien. Veo que olvidé, al principio, declarar que me parecía que los seis temas de su Ensayo incluían casi todo punto que pudiera desearse, y por lo tanto que tenía poco que decir.

CARTA 326. A J.D. HOOKER.

(326/1. El 5 de julio de 1856, Darwin escribió a Sir J.D. Hooker:--

"Me estoy volviendo loco y estoy desesperado por su maldita flora de las islas antárticas. ¿Quiere leer la lista de Tristan y ver si mis observaciones sobre ella son algo precisas? No puedo entender por qué considera la vegetación tan fueguina.")

Down, 8 [de julio de 1856].

Espero que esta nota llegue a tiempo para ahorrarle molestias en un aspecto. Me siento totalmente avergonzado de mí mismo, pues encuentro en la introducción a la Flora de Fuegia (326/2. "Flora Antarctica," página 216. "Aunque solo a 1.000 millas de distancia del Cabo de Buena Esperanza, y a 3.000 del Estrecho de Magallanes, la botánica de esta isla [Tristan da Cunha] está mucho más íntimamente aliada a la de Fuegia que a la de África." Hooker continúa diciendo que solo Phylica y Pelargonium son formas del Cabo, mientras que siete especies, o una cuarta parte de la flora, "son o nativas de Fuegia o típicas de la botánica sudamericana, y los helechos y Lycopodia exhiben una afinidad aún más fuerte.") una breve discusión sobre las plantas de Tristan, la cual, aunque marcada [es decir, señalada con lápiz], había olvidado completamente en ese momento, y solo había pensado en mirar la introducción a la Flora de Nueva Zelanda. Fue muy estúpido por mi parte. En mi bosquejo me veo obligado a elegir los casos más llamativos de especies que favorecen la doctrina de la creación múltiple, a menos que, en efecto, se admitan grandes extensiones continentales. De los muchos casos maravillosos en sus libros, el que más me impresiona es esa lista de especies, que usted hizo para mí, comunes a Nueva Zelanda y América, y confinadas al hemisferio sur; y en esta lista, aquellas comunes a Chile y Nueva Zelanda me parecen las más asombrosas. Las he copiado y las he adjuntado. Ahora le prometo no hacer más preguntas, si me cuenta un poco sobre estas. Lo que quiero saber es si alguna o muchas de ellas son plantas de montaña de Chile, ¿de modo que las incluya en cierto grado (como las plantas de Chonos) en la misma categoría que las plantas fueguinas? Veo que todos los géneros (incluso Edwardsia teniendo especies de las Islas Sandwich e indias) son géneros de amplio rango, excepto Myosurus, que parece extra maravilloso. ¿Alguno de estos géneros se aferra a la orilla del mar? ¿Son las otras especies de estos géneros de amplio rango? Sea un buen cristiano y no me odie.

Anoche comencé a releer su artículo sobre las Galápagos, y para mi gusto es absolutamente admirable: ¡veo en él algunos de los puntos que pensé que eran mejores en A. De Candolle! Tal es mi memoria.

Lyell no expresará ninguna opinión sobre las extensiones continentales. (326/3. Ver Cartas 47, 48.)

CARTA 327. A C. LYELL. Down, 8 de julio [1856].

Muchísimas gracias por sus dos notas, y especialmente por el mapa de Maury: también por los libros que va a prestarme.

Lamento que no pueda dar ningún veredicto sobre las extensiones continentales; e infiero que usted piensa que mi argumento no tiene mucho peso contra tales extensiones; sé que desearía poder creer. (327/1. Este párrafo está publicado en "Life and Letters," II., página 78; se refiere a una carta (25 de junio de 1856, "Life and Letters," II., página 74) exponiendo los argumentos de Darwin contra la doctrina de la "Extensión Continental." Ver Cartas 47, 48.)

He estado echando un vistazo a Maury (que ya miré una vez antes), y con respecto a Madeira y compañía debo decir que la carta me parece en contra de que la extensión terrestre explique la introducción de seres orgánicos. Madeira, las Canarias y las Azores están tan unidas, que habría pensado que deberían haber estado conectadas por algún banco si los cambios de nivel hubieran estado relacionados con su relación orgánica. Las Azores deberían, también, haber mostrado más conexión con América. A veces había especulado si los icebergs podrían explicar el mayor número de plantas europeas y su carácter más septentrional en las Azores, en comparación con Madeira; pero parece peligroso hasta que se encuentren cantos rodados allí. (327/2. Ver "Life and Letters," II., página 112, para una carta (26 de abril de 1858) en la que Darwin se regocija por el descubrimiento de cantos rodados en las Azores y el cumplimiento de la profecía, que él, característicamente, estaba medio inclinado a atribuir a Lyell.)

Uno de los puntos más curiosos en Maury es, según me parece, el poco cambio que unos 9.000 pies de elevación repentina producirían en el continente visible, ¡y qué cambio prodigioso producirían 9.000 pies de subsidencia! ¿Se debe la diferencia a la denudación durante la elevación? Ciertamente, 12.000 pies de elevación producirían un cambio prodigioso. Acabo de citarle en mi ensayo sobre el hielo transportando semillas en el hemisferio sur, pero esto no servirá en todos los casos. He tenido una semana de trabajo tan duro recopilando las relaciones de toda la flora antártica de las admirables obras de Hooker. Curiosamente, acabo de terminar con gran detalle, dando evidencia de la frialdad en las regiones tropicales durante la época Glacial, y la consiguiente migración de organismos a través de los trópicos. Hay bastantes dificultades, pero, en conjunto, explica mucho. Esta ha sido una noción favorita para mí, casi desde que escribí sobre los cantos rodados erráticos del sur. Armoniza con la modificación de las especies; y sin admitir este terrible postulado, la época Glacial en el sur y los trópicos no encaja bien. Sobre la Atlántida, dudo que las Islas Canarias estén mucho más relacionadas con el continente de lo que deberían estar si anteriormente estuvieran conectadas por tierra continua.

Hooker, con quien he discutido anteriormente la noción de que el mundo o grandes cinturones de él hayan sido más fríos, aunque al principio vio grandes dificultades (y las dificultades son lo suficientemente grandes), creo que está muy inclinado a adoptar la idea. Con la modificación de las formas específicas, explica algunos hechos maravillosamente extraños en la distribución.

Pero nunca terminaré si sigo con este tema, en el que he estado trabajando, a veces triunfante, a veces desesperado, durante el último mes.

CARTA 328. ASA GRAY A CHARLES DARWIN. Recibida el 20 de agosto de 1856.

Le adjunto una prueba de la última página, para que pueda ver a cuánto asciende nuestra flora. Los géneros de las Criptógamas (desde Helechos hasta Hepáticas) están ilustrados en catorce láminas abarrotadas. De modo que el volumen se ha vuelto bastante formidable como libro de texto, para lo cual está destinado.

He revisado las últimas pruebas hoy. Los editores lo sacarán en algún momento de agosto. Mientras tanto, voy a tener unas pequeñas vacaciones, que me he ganado, por poco que pueda permitirme el tiempo para ello. Y mi esposa y yo salimos el viernes para visitar a mi madre y amigos en el Oeste de Nueva York, y en nuestro camino de regreso pasaré por la reunión científica en Albany el día 20, o más tarde, solo para conocer a algunos viejos amigos allí.

¿Por qué no podría venir usted, ante la invitación urgente dada a los sabios europeos, y con pasaje gratuito de ida y vuelta en los vapores? Sin embargo, creo que nadie viene. ¿No vendrá el próximo año, si se le envía una invitación especial en los mismos términos?

Boott me envió últimamente su fotografía, que (aunque no es una muy perfecta) estoy muy complacido de tener...

Pero hay otra pregunta en su última carta, una sobre la cual una persona solo puede dar una impresión, y mi impresión es que, hablando de plantas de una flora bien conocida, lo que llamamos variedades intermedias son generalmente menos numerosas en individuos que los dos estados que conectan. Que este sería el caso en una flora donde las cosas se ponen como deberían estar naturalmente, no lo dudo mucho; y cuanto más amplias sean sus visiones sobre las especies (digamos, por ejemplo, con las nociones muy latitudinarias del Dr. Hooker), más claramente aparecería esto. Pero, prácticamente, dos cosas se interponen enormemente en el camino de cualquier aplicación del hecho o principio, si tal es. 1. Nuestra elección de qué tomar como formas típicas muy a menudo no es libre. Tomamos, por ejemplo, para una de ellas la forma particular de la cual Linneo, digamos, tuvo la suerte de que le enviaran un espécimen, y sobre la cual [él] estableció la especie; y conozco más de un caso en el que esa es una forma rara de una especie común; la otra variedad será quizás el extremo opuesto, sea el más común o no, o será lo que L. o [ilegible] describió como una 2ª especie. Aquí varias formas intermedias pueden ser las más abundantes. 2. Es exactamente la misma cosa ahora, con respecto a los especímenes que llegan de nuestro nuevo país occidental. La forma que llega primero, y es descrita y nombrada, determina el carácter específico, y esto persiste mucho como el tipo, aunque de hecho puede estar lejos de ser la forma más común. Sin embargo, de plantas muy bien conocidas en todos sus aspectos, puedo pensar en varias de las cuales reconocemos dos formas principales, y raramente vemos algo realmente intermedio, como nuestra Mentha borealis, sus variedades peluda y lisa.

Su consulta anterior sobre la variabilidad de las plantas naturalizadas en comparación con otras de los mismos géneros, no la había olvidado, pero no he tomado medidas para responder. Iba a tomar más adelante nuestra lista de plantas naturalizadas y considerarlas; no entraba en mi plan hacerlo todavía. Sin pensarlo mucho, solo puedo decir que no me parece que nuestras plantas introducidas sean generalmente más variables, ni tan variables, quizás, como las indígenas. Pero esto es una mera suposición. Cuando reciba mis hojas de la primera parte del artículo en el "Silliman's Journal", recuerde que estaré muy contento de recibir comentarios críticos libres; y cuanto antes los reciba, mayor utilidad me serán...

Un favor más. No le ruego que hable de que sus cartas me molestan. Lamentaría mucho que usted dejara de escribir, o escribiera con menos frecuencia, aunque me mortificaría descubrir que tan raramente puedo darle la información que usted podría esperar razonablemente.

CARTA 329. A ASA GRAY. Down, 24 de agosto [1856].

Estoy muy agradecido por su carta, que me ha sido muy interesante. Sus respuestas "indefinidas" son quizás la parte no menos valiosa; pues la Botánica se ha seguido con un espíritu mucho más filosófico que la Zoología, que casi nunca me gusta confiar en ninguna observación general en Zoología sin encontrar que los botánicos coincidan. Así, con respecto a que las variedades intermedias sean raras, encontré que fue puesto, como sospechaba, demasiado fuertemente (sin las limitaciones y dudas que usted señala) por un muy buen naturalista, el Sr. Wollaston, con respecto a los insectos; y si pudiera establecerse como cierto, sería, creo, un punto curioso. Su respuesta con respecto a que las plantas introducidas no son particularmente variables, coincide con una respuesta que el Sr. H.C. Watson me ha enviado con respecto a las plantas agrarias británicas, o tales (estén o no naturalizadas) [que] se encuentran ahora solo en tierras cultivadas. Me parece muy extraño, sin nociones teóricas de ningún tipo, que tales plantas no deban ser variables; pero la evidencia parece estar en contra.

Muchísimas gracias por su amable invitación a los Estados Unidos: en verdad no hay nada que disfrutaría más; pero mi salud no es, y supongo que nunca será, lo suficientemente fuerte, excepto para la vida de rutina más tranquila en el campo. Estaré particularmente contento de recibir las hojas de su artículo sobre distribución geográfica; pero es realmente altamente improbable que yo pueda hacer alguna sugerencia.

Con respecto a mi observación de que suponía que había pocas plantas comunes a Europa y los Estados Unidos que no llegaran a las regiones árticas; se basaba en fundamentos vagos, y en parte en el rango de los animales. Pero tomé las observaciones de H.C. Watson (1835) y en la tabla al final encontré que de 499 plantas que se cree son comunes al Viejo y Nuevo Mundo, solo 110 no llegaban a ambos lados del Atlántico hasta la región Ártica. Y al escribir al Sr. Watson para preguntar si conocía alguna planta que no llegara al norte de Gran Bretaña (digamos 55 grados) que fuera común, me escribe que imagina que hay muy pocas; con la asistencia del Sr. Syme encontró unas 20 a 25 especies en tales circunstancias, pero muchas de ellas, por una causa u otra, las consideró dudosas. Como ejemplos, me especifica, con dudas, Chrysosplenium oppositifolium; Isnardia palustris; Astragalus hypoglottis; Thlaspi alpestre; Arenaria verna; Lythrum hyssopifolium.

Espero que esté inclinado a resolver para su próximo artículo qué número de sus 321 en común no llegan a las regiones Árticas. Tales plantas parecen expuestas a dificultades mucho mayores en la difusión. Muchísimas gracias por toda su amabilidad y respuestas a mis preguntas.

P.D.--Si se le ocurre algo sobre la variabilidad de las plantas naturalizadas o agrarias, espero que sea tan amable de hacérmelo saber, ya que es un punto que me interesa enormemente.

CARTA 330. ASA GRAY A CHARLES DARWIN. Cambridge, Mass., 23 de septiembre de 1856.

El Dr. Engelmann, de St. Louis, Missouri, quien conocía bien la botánica europea antes de venir aquí y ha sido un observador agudo, en términos generales, durante veinte años o más en este país, en respuesta a la pregunta que le hice, dijo prontamente que las plantas introducidas no son particularmente variables; quizás no sean tan variables como las plantas indígenas en general.

La dificultad de responder a sus preguntas, acerca de si existen aquí plantas sociales que no lo sean en el Viejo Mundo, radica en que sé muy poco sobre las plantas europeas en la naturaleza. Lo siguiente es todo lo que tengo para contribuir. Hace poco, llevé a Engelmann y a Agassiz a una excursión botánica a lo largo de media docena de millas de uno de nuestros condados costeros; ambos comentaron que nunca habían visto en toda Europa ni la mitad de agracejo que en aquel viaje. A través de todo este distrito puede decirse que el B. vulgaris se ha convertido en una planta verdaderamente social en campos abandonados y matorrales, e incluso penetrando en bosques viejos bastante cerrados. Siempre supuse que las aves dispersaban las semillas. Pero no me queda claro que muchas de ellas toquen las bayas. Al menos, estas permanecen en los arbustos durante el invierno en la mayor abundancia. Quizás el agracejo pertenezca a un país más cálido que el norte de Europa y se encuentre más a gusto en nuestros veranos soleados. Sin embargo, fuera de Nueva Inglaterra parece no extenderse en absoluto.

La Maruta Cotula, fide Engelmann, es una planta dispersa y bastante escasa en Alemania. Aquí, desde Boston hasta St. Louis, cubre las orillas de los caminos y es una de nuestras plantas más sociales. Pero esta planta es, sin duda, nativa de un país más cálido que el norte de Alemania.

El hipérico (Hypericum perforatum) es una maleza invasora en todos los pastizales montañosos, etc., y bien puede llamársele una planta social. En Alemania no se encuentra así, fide Engelmann.

El Verbascum Thapsus está difundido por todo el país, es muchísimo más común aquí que en Alemania, fide Engelmann.

Supongo que el Erodium cicutarium fue traído a América con el ganado desde España: parece estar ampliamente extendido por América del Sur fuera de los trópicos. En los Estados Unidos atlánticos es muy escaso y local. Pero llena California y el interior de Oregón hasta la vertiente occidental de las Montañas Rocosas. Fremont lo menciona como el primer alimento primaveral para su ganado cuando llegó al lado occidental de las Montañas Rocosas. Y casi nadie me creerá cuando declare que es una planta introducida. Me atrevo a decir que es igualmente abundante en España. Dudo que lo sea más.

Engelmann y yo hemos estado observando las especies verdaderamente indígenas de aquí que, al volverse ruderales o campestres, están aumentando en número de individuos en lugar de disminuir a medida que el país se establece más y se eliminan los bosques. La lista de nuestras plantas silvestres que se han convertido en verdaderas malezas es mayor de lo que había supuesto, y probablemente todas ellas han aumentado su rango geográfico; al menos, se han multiplicado en número en los Estados del Norte desde que se establecieron los asentamientos.

Hace algún tiempo envié una copia de la primera parte de mi pequeño ensayo sobre las estadísticas (330/1. "Estadísticas de la flora del norte de los EE. UU." ("Silliman's Journal", XXII y XXIII)) de nuestras plantas de los Estados del Norte a Trubner & Co., 12, Paternoster Row, para que desde allí se le enviara a usted. Puede haberse retrasado o haberse perdido, así que envío otra desde aquí.

Esto es solo un comienzo. A continuación, debe tabularse el rango de las especies en latitud; catalogarse las especies separadas (es decir, aquellas que aparecen en áreas remotas y totalmente aisladas; por ejemplo, Phryma, Monotropa uniflora, etc.); luego algunas de las curiosas preguntas que ha sugerido: el grado de consanguinidad entre las especies relacionadas de nuestro país y otros países, y el rango comparativo de las especies en géneros grandes y pequeños, etc., etc. Ahora bien, ¿vale la pena continuar con este nivel de detalle? No hay forma de saber cuánto espacio puede ocupar. Sin embargo, después de todo, lo que se busca son hechos en toda su plenitud, y que no estén recopilados para respaldar (o incluso probar) ninguna conclusión preconcebida. Será prosaico, pero puede ser útil.

Además, no tengo tiempo para revisar adecuadamente los manuscritos y corregir los descuidos. Para mi disgusto, en mi breve lista de nuestras especies alpinas he omitido, de alguna manera inexplicable, dos de las más características, a saber: Cassiope hypnoides y Loiseleuria procumbens. Por favor, añádalas en la página 28.

Hay mucho que decir sobre nuestras plantas introducidas. Pero ahora, y durante algún tiempo, debo pensar en asuntos muy diferentes. Tengo la intención de continuar este ensayo en el número de enero, para el cual mi manuscrito debe estar listo alrededor del 1 de noviembre.

Todavía no he intentado contarlas; pero, por supuesto, estoy preparado para creer que se encontrará que tres cuartas partes de nuestras especies comunes con Europa se extienden hacia el norte hasta las regiones árticas. Simplemente quería decir que tenía en mente un número que no lo hace; creo que el número no será muy pequeño; y pensaba que usted tenía la impresión de que muy pocas no se extendían absolutamente hacia el norte de esa manera. El caso más llamativo que conozco es el de Convallaria majalis, en las montañas de Virginia y Carolina del Norte, y no hacia el norte. Creo que ya le mencioné esto antes.

CARTA 331. A ASA GRAY. Down, 12 de octubre [1856].

Recibí ayer su amabilísima carta del día 23 y sus "Estadísticas", y dos días antes otra copia. Le agradezco cordialmente por ellas. Los botánicos escriben, por supuesto, para los botánicos; pero, en lo que respecta a la opinión de un "observador externo", creo que su artículo es admirable. He leído cuidadosamente una buena cantidad de artículos y obras sobre distribución geográfica, y solo conozco un ensayo (a saber, el "Nueva Zelanda" de Hooker) que se acerque a la claridad con la que su artículo hace que un no botánico aprecie el carácter de la flora de un país. Está maravillosamente condensado (¡qué trabajo debe haber requerido!). Usted pregunta si vale la pena dar tales detalles: en mi opinión, literalmente no sobra ni una palabra.

Le agradezco sinceramente la información sobre las "plantas sociales" y las "plantas variables", y asimismo por darme una idea sobre la proporción (es decir, 1/4) de las plantas europeas que usted cree que no llegan al extremo Norte. Esta proporción es mucho mayor de lo que había anticipado, por lo que recogí en conversaciones, etc.

Volviendo a sus "Estadísticas". Me atrevo a decir que indicará a cuántos géneros (y órdenes) pertenecen sus 260 plantas introducidas. Veo que incluyen 113 géneros no indígenas. Como probablemente tenga una lista de las plantas introducidas, ¿sería pedir un favor demasiado grande que me enviara, por medio de Hooker o de otra manera, solo el número total de géneros y órdenes a los que pertenecen las plantas introducidas? Estoy muy interesado en esto, y he encontrado los comentarios de De Candolle sobre este tema muy instructivos.

Nada me ha sorprendido más que la mayor afinidad genérica y específica con el este de Asia que con el oeste de América. ¿Puede decirme (y prometo no infligirle ninguna otra pregunta) si el clima explica esta mayor afinidad? ¿O es uno de los muchos problemas absolutamente inexplicables de la geografía botánica? ¿Es el este de Asia tan conocido como el oeste de América? ¿De modo que el estado del conocimiento permite una comparación bastante justa? Supongo que sería imposible, pero creo que aclararía en un punto sus tablas de rangos genéricos (increíblemente claras tal como me parecen) si pudiera mostrar, aunque fuera aproximadamente, qué proporción de los géneros comunes a Europa (es decir, casi la mitad) son de distribución muy general o mundana. Tal como están sus resultados ahora, a primera vista la afinidad parece muy fuerte con Europa, debido, supongo, a que casi la mitad de los géneros incluyen muchos géneros comunes al mundo o a grandes porciones de él. Europa queda así injustamente exaltada. ¿No es así? Si tuviéramos el número de géneros estricta, o casi estrictamente europeos, se podría comparar mejor con Asia y América del Sur, etc. Pero me atrevo a decir que es un deseo utópico, debido a la dificultad de decir qué géneros llamar mundanos; ni tengo mis ideas nada claras sobre el tema, y las he expresado aún menos claramente de lo que las tengo.

Me alegra mucho que tenga la intención de estudiar el rango norte de las 321 especies europeas; pues me parece el elemento, con mucho, más importante en su distribución.

Y estoy igualmente contento de que pretenda estudiar el rango de las especies con respecto al tamaño de los géneros, es decir, el número de especies en el género. He estado intentando hacerlo en muy pocos casos, pero es una locura que alguien que no sea botánico lo intente. Debo pensar que De Candolle ha caído en un error al intentar hacer esto para órdenes en lugar de para géneros, por razones con las que no le molestaré.

CARTA 332. A J.D. HOOKER.

Down, 4 de noviembre [1856].

Le agradezco más cordialmente de lo que pensará probable por su nota. Su veredicto ha sido un gran alivio. Por mi honor, no tenía idea de si diría usted que era (y sabía que lo diría muy amablemente) tan malo que me habría rogado que quemara todo. Para mi propia mente, mi manuscrito me liberó de algunas dificultades, y las dificultades me parecieron expuestas con bastante justicia; pero me había quedado tan desconcertado por hechos contradictorios (evidencias, razonamientos y opiniones) que sentí que había perdido todo juicio. Su veredicto general es incomparablemente más favorable de lo que había anticipado.

Muchísimas gracias por su invitación. Había tomado la decisión, por el bien de mi pobre esposa, de no asistir al próximo Phil. Club; pero estoy tan tentado por su invitación, y mi pobre y querida esposa es tan bondadosa al respecto, que creo que no me resistiré, es decir, si no empeora. Iría a cenar aproximadamente a la misma hora que antes, si le viniera bien y no tengo noticias de lo contrario; y me iría en el tren temprano, es decir, alrededor de las 9 en punto. Encuentro que mi trabajo actual me esfuerza mucho y hace que mi corazón palpite, así que debo tener cuidado. Pero me gustaría mucho ver a Henslow, y también conocer a Lindley si el destino lo permite. Verá si habrá tiempo para alguna crítica en detalle sobre mi manuscrito antes de la cena: no es que tenga la menor prisa, pues pasarán meses antes de que vuelva a la Distribución Geográfica; solo que temo que olvide algún comentario.

No sé si mis insignificantes observaciones sobre los medios de distribución merecen su lectura, pero me divierte contarlas.

Las semillas que el águila tenía en el estómago durante dieciocho horas parecían tan frescas que habría apostado cinco a uno a que todas habrían crecido; pero algunos tipos fueron TODOS destruidos, ¡y solo crecieron dos avenas, una semilla de alpiste, un trébol y una remolacha! Ahora, no me habría atrevido a jurar que la remolacha no se habría destruido, y habría esperado plenamente que el trébol sí lo hiciera. Estas semillas, sin embargo, se mantuvieron durante tres días en perdigones húmedos, húmedos con jugo gástrico, después de ser expulsadas, lo que habría ayudado a dañarlas.

Últimamente he estado observando, durante unos pocos paseos, el excremento de aves pequeñas. He encontrado seis tipos de semillas, lo cual es más de lo que esperaba. Por último, he tenido una perdiz con veintidós granos de tierra seca en una pata, y para mi sorpresa un guijarro del tamaño de una semilla de arveja; y ahora entiendo cómo es esto posible, porque el ave se rasca, [y las] pequeñas plumas plumosas forman una especie de yeso muy tenaz. Piense en los millones de codornices migratorias, y sería extraño si algunas plantas no hubieran sido transportadas a través de buenos brazos de mar.

Hablando de esto, acabo de leer su curioso artículo sobre la isla Raoul. Esto parece más un caso de tierra continua, o quizás de varias islas intermedias ahora perdidas, que cualquiera (según mis nociones heterodoxas) que haya visto hasta ahora. La concordancia de la vegetación parece tan completa con Nueva Zelanda, y solo con esa tierra.

He leído el artículo de Salter y apenas puedo digerirlo. Me pregunto si las barcazas se utilizaron alguna vez para transportar grano y heno a los barcos.

Adiós, mi querido Hooker. Le agradezco más honestamente por su ayuda, ayuda, por cierto, ahora extendida a lo largo de una docena de años.

P.D.—Miércoles. Veo por la expresión de mi esposa que realmente no le gusta mucho que vaya, y por lo tanto, por supuesto, debo renunciar a este placer.

Si tuviera algo que discutir sobre mi manuscrito, veo que podría llegar a donde usted alrededor de las 12, y luego podría regresar en el tren de las 2.19, y estar en casa a las 5.30, y así tendría dos horas de charla. Pero sería un esfuerzo considerable para mí, y no lo emprendería por mero placer, pero lo haría con mucho gusto por el bien de mi libro.

CARTA 333. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. 9 de noviembre de 1856.

He terminado la lectura de su manuscrito y me he sentido muy encantado e instruido. Su caso es muy sólido y me da una idea mucho más elevada del cambio de la que tenía anteriormente; y aunque, como sabe, nunca fui muy obstinado acerca de la inalterabilidad del tipo específico, nunca me sentí tan inseguro acerca de las especies como ahora.

La primera mitad podrá exponerla más claramente cuando la pula. He realizado en varios casos alteraciones a lápiz en detalles en cuanto a palabras, etc., para poder seguirlo mejor; parte de ella es una lectura un tanto pesada. Tengo una página o dos de notas para discutir, muchas de las cuales fueron respondidas, a medida que avanzaba en el manuscrito, de manera más o menos completa. Su doctrina del enfriamiento de los trópicos es sorprendente cuando se lleva al extremo de sostener plantas de regiones templadas frías; y debo confesar que, por mucho que me gustaría, apenas puedo digerir mantener los géneros tropicales vivos en un invernadero tan fresco [nota a lápiz de C.D., "No tan fresco, pero las del norte podrían extenderse más al sur si no se oponen"]. Aun así, debo confesar que todos sus argumentos a favor pueden exponerse de manera mucho más sólida de lo que usted lo ha hecho. Estoy más reconciliado con el transporte por icebergs de lo que estaba, especialmente porque le daré el tiempo que quiera para mantener la vitalidad en el hielo, y más que eso, le permitiré transportar raíces de esa manera también.

En respuesta a esto, muestre por la similitud de las plantas americanas, europeas y alpino-árticas, que han viajado enormemente sin ningún cambio.

A medida que las subárticas, templadas y tropicales marchan lentamente hacia el ecuador, las tropicales serán las primeras en ser controladas y angustiadas, de manera similar las templadas invadirán...; después de que las templadas [no] puedan avanzar o no deseen avanzar más, las árticas serán controladas e invadirán. Las templadas habrán estado mucho más tiempo en los trópicos que las subárticas. Las subárticas primero tendrán que cruzar la [zona] templada y luego los trópicos. Penetrarían entre extraños, al igual que las muchas plantas naturalizadas traídas por el hombre, por alguna ventaja desconocida. Pero más, porque casi todas tienen la oportunidad de hacerlo.

CARTA 334. A J.D. HOOKER. Down, 15 de noviembre [1856].

No consideraré todas sus notas sobre mi manuscrito durante algunas semanas, hasta que haya terminado con el cruce; pero no he podido dejar de meditar sobre su poderosa objeción al período frío mundano, a saber, que muchas más especies templadas cálidas deberían haber cruzado los trópicos que las formas subárticas. Realmente creo que, para aquellos que niegan la modificación de las especies, esto refutaría absolutamente mi teoría. Pero de acuerdo con las nociones que estoy probando, a saber, que las especies cambian y que el tiempo es un elemento muy importante (lo que creo que podré demostrar muy claramente en este caso), en tal cambio, creo que el resultado sería el siguiente. Algunas de las formas templadas cálidas penetrarían en los trópicos mucho antes que las subárticas, y algunas podrían cruzar el ecuador mucho antes de que las formas subárticas pudieran hacerlo (es decir, siempre suponiendo que el frío llegara lentamente), y por lo tanto estas debieron haber estado expuestas a nuevos asociados y nuevas condiciones mucho más tiempo que las subárticas. Por lo tanto, deduciría que deberíamos tener en el hemisferio sur templado-cálido más formas representativas o modificadas, y menos especies idénticas que al comparar las regiones más frías del norte y del sur. He expresado esto de manera muy oscura, pero usted entenderá, creo, lo que quiero decir. Es un caso paralelo (pero con una mayor diferencia) a las especies de las montañas del sur de Europa en comparación con las plantas árticas, ya que las especies alpinas del sur de Europa han estado aisladas por un período más largo que en las islas árticas. Si hay muchas especies tolerablemente cercanas en las tierras templadas cálidas del sur y del norte, no lo sé; como en La Plata, el Cabo de Buena Esperanza y el sur de Australia en comparación con el norte, no lo sé. Supongo que sería muy difícil probar esto, pero quizás lo mantenga un poco presente en su mente, pues su argumento me parece, con mucho, la dificultad más grave que se me ha ocurrido. Todas sus críticas y aprobaciones son, en verdad, invaluables para mí. Imagino que tengo razón al hablar en esta nota de las especies comunes al norte y al sur como si fueran más subárticas que árticas.

Esta carta no requiere ninguna respuesta. La he escrito para desahogarme y para que usted simplemente tenga en cuenta su argumento, desde el punto de vista de la modificación. He tenido esta mañana una puñalada muy cruel en el costado sobre mi noción de la distribución de los mamíferos en relación con los sondeos.

CARTA 335. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, domingo [noviembre de 1856].

Escribo solo para decir que comprendo completamente su respuesta a mi objeción sobre la relativa escasez de formas templadas cálidas del Norte en el hemisferio Sur. Ciertamente se ha escabullido dándoles más tiempo para cambiar, pero como debe admitir que la distancia recorrida no es tan grande como la que tienen que recorrer las árticas, y los extremos de la causa modificadora no son tan grandes como los que sufren las árticas, el resultado debería estar considerablemente modificado por ello. Así: las subárticas tienen (1) que viajar el doble de lejos, (2) tomando el doble de tiempo, (3) sufriendo muchas más influencias perturbadoras.

Todo esto tiene que enfrentarlo dándole a las formas templadas del Norte simplemente más tiempo. Creo que esto difícilmente se sostendrá.

Muchas gracias por su nota recibida esta mañana; y ahora, otro "retruécano". Según mis nociones, las especies subárticas avanzarían en grupo, avanzando de tal modo que mantendrían el clima casi igual; y mientras hicieran esto, no creo que hubiera ninguna tendencia al cambio, sino solo cuando unos pocos se mezclaran entre asociados foráneos. Cuando las especies tropicales se retiraran tanto como pudieran hacia el ecuador, se detendrían, y entonces la confusión se propagaría hacia atrás en la línea de marcha desde el extremo norte, y los más fuertes lucharían por avanzar, etcétera, etcétera. (Pero me estoy volviendo bastante poético en mis retruécanos). En resumen, PIENSO que las especies de climas templados cálidos estarían expuestas durante mucho más tiempo a aquellas causas que creo que son las únicas eficaces para producir el cambio que las subárticas; pero debo pensar más sobre esto y darle una buena vuelta. No puedo estar del todo de acuerdo con su proposición de que, debido a que las subárticas tienen que viajar el doble de lejos, serían más propensas al cambio. Mire los dos viajes que han hecho las árticas de N. a S. y de S. a N., sin cambios, como puede deducirse, si mi doctrina es correcta, por la similitud de las especies árticas en América y Europa y en los Alpes. Pero no le cansaré; realmente y de verdad creo que su última objeción no es tan fuerte como parece al principio. Usted nunca hace una objeción sin hacerme mucho bien. ¡Hurra! una semilla acaba de germinar tras 21 horas y media en el estómago de un búho. Esto, según el cálculo de los ornitólogos, la llevaría, Dios sabe cuántas millas; pero creo que un búho realmente podría recorrer en una tormenta, en este tiempo, 400 o 500 millas. Adiós.

Los búhos y los halcones han sido vistos a menudo en medio del Atlántico.

(336/1. Una carta interesante, fechada el 23 de noviembre de 1856, aparece en la "Life and Letters", II, página 86, que forma parte de esta discusión. En la página 87 aparece el siguiente pasaje: "Tendré que discutir y pensar más sobre su dificultad de las formas templadas y subárticas en el hemisferio sur de lo que he hecho hasta ahora. Pero me inclino a pensar que tengo razón (si mis principios generales son correctos), en que habría poca tendencia a la formación de una nueva especie durante el período de migración, ya sea más corto o más largo, aunque pueda haber sobrevenido una variabilidad considerable").

CARTA 337. A J.D. HOOKER. Down, 10 de diciembre [1856].

Es un inconveniente de lo más fastidioso para mi satisfacción al escribir que, aunque omito gran parte y trato de condensar, cada capítulo alcanza una extensión desmesurada. Mi capítulo actual sobre las causas de la fertilidad y la esterilidad y sobre el cruce natural ha llegado realmente a las 100 páginas en manuscrito, y sin embargo, no creo haber incluido nada superfluo...

Durante los últimos quince meses he estado atormentado y obsesionado por los moluscos terrestres, que se encuentran en todas las islas oceánicas; y pensé que los creacionistas dobles o los extensionistas continentales tenían aquí una victoria completa. Los pocos huevos que he probado se hunden y mueren. Nadie duda de que el agua salada sería eminentemente destructiva para ellos; y estaba realmente desesperado, cuando pensé en probarlos cuando estuvieran torpes; y este día he sacado un montón del agua de mar, tras exactamente siete días de inmersión. (337/1. Este método de dispersión no aparece en el "Origen"; parece, por tanto, probable que experimentos posteriores echaran por tierra la conclusión alcanzada en 1856. Esto explicaría la satisfacción expresada al año siguiente por el descubrimiento de otro método, sobre el cual Darwin escribió a Sir J.D. Hooker: "La distribución de los moluscos de agua dulce ha sido un horrible incubo para mí, pero creo que ahora conozco el camino. Cuando recién nacen son muy activos, y he tenido treinta o cuarenta arrastrándose en la pata de un pato muerto; y no pueden ser sacudidos, y vivirán quince o incluso veinticuatro horas fuera del agua" ("Life and Letters", II, página 93). El relato publicado de estos experimentos está en el "Origen", Edición I, página 385). Algunos se hunden y otros nadan; y en ambos casos he tenido (hasta ahora) uno que ha vuelto a la vida, lo cual me ha asombrado y deleitado mucho. Siento como si me hubieran quitado un peso de mil libras de encima. Adiós, mi querido y amable amigo.

¡Debo contarle otro de mis profundos experimentos! [Frank] me dijo: "¿Por qué no podría un pájaro morir (por halcón, rayo, apoplejía, granizo, etc.) con semillas en su buche, y flotar?". Dicho y hecho: una paloma ha flotado durante treinta días en agua salada con semillas en su buche, y han crecido espléndidamente; y para mi gran sorpresa, incluso las vezas (Leguminosae, tan generalmente muertas por el agua de mar), que el pájaro había comido naturalmente, han crecido bien. Usted dirá que las gaviotas y los peces perro, etc., se comerían el cadáver, y así lo harían 999 veces de cada mil, pero uno podría escapar: he visto pájaros terrestres muertos en restos arrastrados por el mar.

CARTA 338. ASA GRAY A CHARLES DARWIN.

(338/1. En respuesta a la carta de Darwin recogida en "Life and Letters", II, página 88).

Cambridge, Mass., 16 de febrero de 1857.

Tenía la intención de haber respondido a su interesante carta del 1 de enero mucho antes de este momento, y también a la del 24 de noviembre, que dudo haber reconocido alguna vez. Pero después de terminar con mi libro escolar, "Lessons in Botany" —que ocupó mucho más tiempo del que su tamaño parecería justificar—, tuve que ponerme a trabajar arduamente en una colección de pequeño tamaño procedente de Japón, principalmente del norte de Japón, con la que apenas he terminado. Como esperaba, el número de especies comunes a América del Norte ha aumentado considerablemente en esta colección, al igual que el número de especies estrechamente representativas en ambas, y un número bastante considerable de especies europeas también. He enviado mis manuscritos (aunque apenas sé qué será de ellos), o le remitiría a algunas ilustraciones. La mayor parte de las especies idénticas (de Japón y América del Norte) son de aquellas que se extienden a o pertenecen a la costa noroeste de América, pero hay varias peculiares de Japón y del este de los Estados Unidos: por ejemplo, nuestro *Viburnum lantanoides* es una de las especies de Thunberg. El notable caso de *Phryma* de De Candolle, en el que tanto se detiene, resulta ser, como dijo el Dr. Hooker que sería, solo uno de muchos otros casos del mismo tipo. (Hooker trajo *Monotropa uniflora*, ya sabe, del Himalaya; y ahora, dicho sea de paso, la tengo de casi tan al sur, es decir, de Santa Fe, Nueva Granada)...

Bien, nunca tuve la intención de sacar ninguna conclusión en absoluto, y siento mucho que la única en la que me dejé seducir le "irrite" (338/2. "Una de sus conclusiones me hace gemir, a saber, que la línea de conexión de las plantas estrictamente alpinas es a través de Groenlandia. Me gustaría extremadamente ver sus razones publicadas en detalle, porque me 'irrita' (esta es una expresión apropiada, ¿no?) terriblemente" (Darwin a Gray, 1 de enero de 1857, "Life and Letters", II, página 89)) a usted, como dice que hace —la de la página 73 de mi segundo artículo—: porque si le molesta, no es probable que sea sólida. Por supuesto, no tuve la idea de dar gran importancia al hecho (a primera vista tan inesperado para mí) de que un tercio de nuestras especies alpinas comunes a Europa no alcanzan el círculo ártico; pero la observación que anoté fue una inferencia improvisada de lo que ustedes, los geólogos, parecen haber establecido, a saber, que las regiones del norte deben haber sido mucho más frescas de lo que son ahora —el límite norte de la vegetación, por tanto, mucho más bajo que ahora— alrededor de la época en que parecería probable que se crearan las especies existentes de nuestras plantas. En cualquier caso, durante el período Glacial no podría haber habido plantas fanerógamas en nuestro continente en ningún lugar cercano a las regiones polares; y parece una buena regla buscar en primer lugar la causa o razón de lo que ahora es, en lo que inmediatamente precedió. No veo que Groenlandia pueda ayudarnos mucho, pero si hubo algún intercambio de especies entre América del Norte y Europa del Norte en aquellos tiempos, ¿no era la comunicación más probable en latitudes más bajas que sobre el polo?

Sin embargo, si usted dice —como puede tener muy buenas razones para decir— que las especies existentes obtuvieron su difusión actual antes de la época Glacial, no tendría respuesta. Supongo que tiene que asumir una gran antigüedad para las especies de plantas a fin de explicar su dispersión actual, siempre que nos aferremos —como uno no puede sino hacer— a la idea del lugar de nacimiento único de las especies.

Siento curiosidad por ver si, como usted sugiere, se encontraría una armonía o estrecha similitud entre el rango geográfico en este país de las especies comunes a Europa y aquellas estrictamente representativas o estrictamente congéneres con las especies europeas. Si dispongo de un poco de tiempo, buscaré los hechos: aunque, como el Dr. Hooker me dice acertadamente, no tengo por qué estar corriendo tras juegos secundarios de ningún tipo, mientras hay tanto que tengo que hacer —mucho más de lo que probablemente haré jamás— para terminar empresas que comencé hace mucho tiempo.

...En cuanto a su P.D. Si tiene tiempo para enviarme una lista más larga de sus géneros proteicos, diré si parecen ser proteicos aquí. De los que menciona:

*Salix*, realmente no sé nada al respecto.

*Rubus*, las especies norteamericanas, con una excepción, están muy claramente marcadas, de hecho.

*Mentha*, solo tenemos una especie silvestre; tiene dos formas bastante bien marcadas, que han sido tomadas por especies; una lisa, la otra vellosa.

*Saxifraga*, no da ningún problema aquí.

*Myosotis*, solo una o dos especies aquí, y esas muy bien marcadas.

*Hieracium*, pocas especies, pero bastante bien marcadas.

*Rosa*, al anotar un conjunto de especies nominales, nos quedan cuatro; dos de ellas polimorfas, pero fáciles de distinguir...

CARTA 339. A J.D. HOOKER. Down, [¿1857?]

Uno debe juzgar según su propia luz, por imperfecta que sea, y como no he encontrado ningún otro libro (339/1. "Geographie Botanique" de A. De Candolle, 1855) tan útil para mí, estoy obligado a sentirme agradecido: sin duda se debe en gran parte a la luz concentrada del noble arte de la compilación. (339/2. Ver Carta 49). Yo era consciente de que él no fue el primero que había insistido en el rango de las monocotiledóneas. (¿No fue R. Brown [con] Flinders?) (339/3. "Voyage to Terra Australis in 1801-3, in H.M.S. 'Investigator'", de M. Flinders; con "Botanical Appendix", por Robert Brown, Londres, 1814), y me imagino que solo usé la expresión "insistió fuertemente en" —pero es totalmente irrelevante.

Si usted y yo tuviéramos tiempo que perder, me gustaría repasar su libro [de De Candolle] y señalar los diversos temas en los que me imagino que es original. Sus observaciones sobre las relaciones de las plantas naturalizadas me serán muy útiles; sobre los rangos de las grandes familias me parecieron buenas, aunque creo que ha cometido un gran error al tomar familias en lugar de grupos más pequeños, como me ha encantado descubrir en el último artículo de A. Gray. Pero no sirve de nada seguir.

Deseo tanto poder entender claramente por qué usted no cree en absoluto en los medios accidentales de dispersión de las plantas. El argumento más fuerte que puedo recordar en este instante es el de A. de C., que las plantas de rango muy amplio se encuentran tan comúnmente en las islas como en los continentes. Me resulta realmente irritante que el inmenso contraste en la proporción de plantas en Nueva Zelanda y Australia me parezca un argumento fuerte a favor de la tierra no continua; y esto no parece pesar en lo más mínimo para usted. Ojalá pudiera ponerme en su estado mental. En Madeira encuentro en los libros de Wollaston un caso paralelo al suyo de Nueva Zelanda: a saber, la notable ausencia de géneros y órdenes enteros ahora comunes en Europa, y (como acabo de estar investigando) comunes en Europa en los períodos del Mioceno. Por supuesto, no puedo ofrecer ninguna explicación de por qué este o aquel grupo está ausente; pero si los medios de introducción han sido accidentales, entonces uno podría esperar proporciones y ausencias extrañas. Cuando nos reunamos, intente hacerme ver con más claridad de lo que lo hago sus razones.

CARTA 340. A J.D. HOOKER. Down, 14 de noviembre [1858].

Me alegra sinceramente saber que mis notas sobre Lyell le han sido de la más mínima utilidad. (340/1. La Medalla Copley fue entregada a Sir Charles Lyell en 1858. El Sr. Darwin proporcionó a Sir J.D. Hooker, quien estaba en el Consejo de la Royal Society, notas sobre las razones del premio. Ver Carta 69). No creo que la opinión sea exagerada...

Su carta y sus listas me han interesado PROFUNDAMENTE. Primero, por el punto menos importante, sobre los árboles hermafroditas. (340/2. Ver "Life and Letters", II, página 89. En el "Origen", Edición I, página 100, el autor cita al Dr. Hooker en el sentido de que "la regla no se cumple en Australia", es decir, que los árboles no son más generalmente unisexuales que otras plantas. En la sexta edición, página 79, Darwin añade: "pero si la mayoría de los árboles australianos son dicógamos, el mismo resultado seguiría como si tuvieran flores con sexos separados"). Es suficiente para dejarme abatido, sin embargo, difícilmente puedo pensar que la América del Norte británica y Nueva Zelanda deberían haber sido todas teóricamente correctas por casualidad. ¿Tiene en Kew algún eucalipto o mimosa australiana que produzca sus semillas? si es así, ¿sería muy problemático observar cuándo está maduro el polen, y si los tubos polínicos entran en el estigma fácilmente inmediatamente después de que el polen esté maduro o algún tiempo después? aunque si el polen no está maduro hasta algún tiempo después de que la flor se abre, el estigma podría estar listo antes, aunque según C.C. Sprengel este es un caso más raro. Escribí a Müller por si acaso pudiera y quisiera observar esto.

Su hecho del mayor número de plantas europeas (N.B. — ¿Pero quiere decir mayor porcentaje?) en Australia que en América del Sur es asombroso y muy desagradable para mí; pues desde el noroeste de América (¿donde existe casi la misma flora que en Canadá?) hasta Tierra del Fuego, hay mucha más tierra alta continua que desde Europa hasta Tasmania. Debe haber existido, creo, alguna barrera curiosa en el camino alto americano: la sequedad de Perú, la humedad excesiva de Panamá, o alguna otra causa condenada, que o bien impidió la inmigración o bien las ha destruido desde entonces. Usted dice que puedo hacer preguntas, y así lo he hecho en el papel adjunto; pero, por supuesto, será muy diferente si usted piensa que valen la pena el esfuerzo de responderlas.

¿Puedo quedarme con las listas devueltas ahora? de lo contrario, las haré copiar.

Usted dijo que me daría algunos casos de formas australianas y especies idénticas que van hacia el norte por las montañas del archipiélago malayo hasta Filipinas y Japón; pero si estos se dan en su "Introducción", esto será suficiente para mí. (340/3. Ver el "Introductory Essay" de Hooker, página l).

Sus listas me parecen maravillosamente interesantes.

Según mis nociones teóricas, no estoy satisfecho con lo que dice sobre las plantas locales en el rincón suroeste de Australia (340/4. Sir Joseph respondió en una carta sin fecha: "Gracias por su pista. Seré muy cauteloso sobre cómo menciono cualquier conexión entre la flora variada y el suelo pobre del suroeste de Australia... No es solo por cierto que las especies son tan numerosas, sino que estas y los géneros están tan condenadamente bien marcados. Usted tiene, en resumen, un número increíble de géneros y especies MUY LOCALES Y BIEN MARCADOS amontonados en ese rincón de Australia". Ver "Introductory Essay to the Flora of Tasmania", 1859, página li), y las semillas que no germinan fácilmente: sea cauteloso con esto; considere el lapso de tiempo. No me sienta nada bien. Es como los caracoles terrestres confinados de Wollaston en Porto Santo, y confinados a los mismos puntos desde un período Terciario, debido a sus poderes de arrastre lento; y, sin embargo, sabemos que otros caracoles han poblado todo un país en muy pocos años con los mismos poderes de reproducción, y los mismos poderes de arrastre, cuando las condiciones han sido favorables para la vida de la especie introducida. Hipotéticamente preferiría considerar el caso como debido a... pero como mis nociones no son muy simples o claras, y solo hipotéticas, no vale la pena infligírselas.

Había jurado no volver a mencionar mi eterno Abstracto (340/5. El "Origen de las Especies" fue abreviado del manuscrito de un libro inédito) a usted, pues estoy seguro de que le he molestado mucho más de lo suficiente al respecto; pero como usted alude a su publicación previa, puedo decir que tengo capítulos sobre el Instinto y el Hibridismo para resumir, que pueden llevarme quince días cada uno; y mis materiales para la Paleontología, la Distribución Geográfica y las Afinidades, estando menos trabajados, me atrevo a decir que cada uno de ellos me llevará tres semanas, de modo que no habré terminado como muy pronto hasta abril, y entonces mi Abstracto en volumen formará un pequeño libro. Nunca doy más de uno o dos ejemplos, y paso brevemente por todas las dificultades, y aun así no puedo hacer mi Abstracto más corto, para que sea satisfactorio, de lo que ahora estoy haciendo, y todavía se expandirá a un pequeño volumen.

CARTA 341. A J.D. HOOKER. Down, [¿noviembre?] 27 [1858].

Lo que usted dice sobre la relación directa de la flora del Cabo con Australia es un gran problema para mí. ¿No conectan las tierras altas de Abisinia (341/1. En una carta a Darwin, 21 de diciembre (?), 1858, Sir J.D. Hooker escribió: "Las tierras altas de Abisinia no le ayudarán a conectar las floras templadas del Cabo y australiana: les faltan todos los tipos comunes a ambas, y, peor que eso, a la India notablemente le faltan. Proteáceas, Timeláceas, Haemodoráceas, Acacia, Rutáceas, de géneros estrechamente aliados (y en algunos casos especies), están metidas en el suroeste de Australia y C.B.S. [Cabo de Buena Esperanza]: añada a esto las Epacridáceas (que son meras (símbolo de párrafo) de Ericáceas) y la ausencia o rareza de Rosáceas, etc., etc., y usted tiene una cantidad [de] similitud en las floras y disimilitud con la de Abisinia e India en los mismos rasgos que exige una explicación en cualquier historia teórica de la vegetación del Sur"), y las montañas de la costa oeste en algún grado las floras extratropicales del Cabo y Australia? Para mi mente, la enorme importancia del período Glacial aumenta día a día más y más. Me alegra mucho saber sobre el sureste y suroeste de Australia: sospeché después de que mi carta se hubiera ido que el caso debía ser como es. Usted sabe por supuesto que casi la misma regla se cumple con las aves y los mamíferos. Hace varios años revisé en los "Annals of Natural History" (341/2. "Annals and Mag. of Nat. Hist." Volumen XIX, 1847, páginas 53-56, una reseña sin firmar de "A Natural History of the Mammalia", por G.R. Waterhouse, Volumen I. El pasaje al que se hace referencia está en la página 55: "El hecho de que Australia del Sur posea solo unas pocas especies peculiares, habiendo sido aparentemente colonizada desde las costas este y oeste, es muy interesante; pues creemos que el Sr. Robert Brown ha demostrado que casi la misma observación es aplicable a las plantas; y el Sr. Gould encuentra que la mayoría de las aves de estas costas opuestas, aunque estrechamente aliadas, son distintas. Considerando estos hechos, junto con la presencia en Australia del Sur de depósitos terciarios modernos elevados y de volcanes extintos, parece probable que las costas este y oeste formaron una vez dos islas, separadas entre sí por un mar poco profundo, con sus habitantes genéricamente, aunque no específicamente, relacionados, exactamente como lo son los de Nueva Guinea y el norte de Australia, y que dentro de un período geológicamente reciente una serie de levantamientos convirtió el mar intermedio en esas llanuras desérticas que hoy se sabe que se extienden desde la costa sur muy hacia el norte, y que entonces fueron colonizadas desde las regiones al este y al oeste") los "Mammalia" de Waterhouse, y especulé que estos dos rincones, ahora separados por el golfo y la tierra baja, deben haber existido como dos grandes islas; pero es extraño que las producciones no se hayan mezclado más; pero concuerda con, creo, una regla muy general en la propagación de los seres orgánicos. Estoy de acuerdo con lo que dice sobre Lyell; él aprende más de palabra que leyendo.

Henslow acaba de irse, y me ha dejado en un ataque de entusiasmo admiración por su carácter. Es un hombre verdaderamente noble y bueno.

CARTA 342. A G. BENTHAM. Down, 1 de diciembre [¿1858?].

Le agradezco que se haya tomado la molestia de escribirme tan amablemente sobre las plantas naturalizadas. No conocía el caso del trébol, o lo había olvidado. ¡Cómo desearía saber qué plantas desplazó el trébol!; pero eso requeriría un conocimiento más preciso de cualquier terreno del que supongo que alguien disponga. En el caso de los árboles, al ser tan longevos, creo que sería extremadamente difícil distinguir entre la propagación real y nueva de una especie y una rotación de cultivos. Con respecto a su idea de las plantas que viajan hacia el oeste, me llamó mucho la atención una observación suya en el penúltimo "Linnean Journal" sobre la dispersión de plantas desde América cerca del estrecho de Bering. ¿No considera que el hecho de que se lleven muchas más semillas y plantas de Europa a América, que en dirección contraria, contribuiría en cierta medida a explicar la relativa escasez de plantas americanas naturalizadas aquí? Aunque creo que uno podría especular desenfrenadamente sobre el hecho de que las malas hierbas europeas se hayan adaptado bien a las tierras cultivadas durante miles de años de cultivo, mientras que la tierra cultivada sería un hogar nuevo para las malas hierbas nativas de América, y por consiguiente no serían capaces de vencer a sus rivales europeas cuando se las pone a competir con ellas en tierras cultivadas. ¡Aquí hay un poco de teoría descabellada! (342/1. Véase Asa Gray, "Scientific Papers", 1889, volumen II, página 235, sobre "La pertinacia y predominancia de las malas hierbas", donde se adopta el punto de vista aquí expuesto. En una carta a Asa Gray (6 de noviembre de 1862), publicada en "Life and Letters", II, página 390, Darwin escribió: "¿No hiere su orgullo yanqui que les demos una paliza tan contundente? Estoy seguro de que la señora Gray defenderá sus propias malas hierbas. Pregúntele si no son un tipo de malas hierbas más honestas y sencillamente buenas").

Pero no me senté con la intención de garabatear esto, sino de pedirle un favor. Le di a Hooker una lista de especies de Silene, sobre las cuales Gärtner ha experimentado en cruces: ahora deseo EXTREMADAMENTE que se me permita decir que tales y cuales son consideradas por el Sr. Bentham como especies verdaderas, y tales y cuales como meras variedades. Desafortunadamente y estúpidamente, Gärtner no añade el nombre del autor a las especies.

Gracias de todo corazón por lo que dice sobre mi libro; pero quedará muy decepcionado; será lamentablemente demasiado hipotético. Es muy probable que no sirva para otra cosa que no sea agrupar algunos hechos; aunque yo mismo creo ver mi camino aproximadamente en el origen de las especies. Pero, ¡ay!, qué frecuente, qué casi universal es en un autor convencerse a sí mismo de la verdad de sus propios dogmas. Mi única esperanza es que sin duda veo muchísimas dificultades de estatura gigantesca.

Si puede recordar algún caso de una especie introducida que venza o prevalezca sobre otra, le estaría muy agradecido si me lo contara. Creo que la amapola común del maíz ha sido vista como indígena en Sicilia. Me gustaría saber si supone que las plántulas de esta planta silvestre resistirían una competencia con nuestra propia amapola; casi esperaría que nuestras amapolas estuvieran en cierto grado aclimatadas y acostumbradas a nuestros campos de maíz. Si esto pudiera demostrarse así en este y otros casos, creo que podríamos entender por qué muchas plantas americanas no entrenadas no tendrían éxito en nuestros hábitats agrarios.

CARTA 343. A J.D. HOOKER.

(343/1. El Sr. Darwin utilizó el conocimiento de la propagación de plantas introducidas en Norteamérica y Australia para arrojar luz sobre la migración cósmica de las plantas. Sir J.D. Hooker aparentemente objetó que no era justo argumentar a partir de plantas agrarias a otras plantas; también adoptó un punto de vista ligeramente diferente al de Darwin en cuanto a las condiciones climáticas y otras condiciones naturales que favorecen a las plantas introducidas en Australia.)

Down, 28 de enero de 1859.

Gracias por lo de los glaciares. Es un placer y un provecho para mí escribirle, y como en su última misiva ha tocado el tema de las plantas naturalizadas de Australia, supongo que no le disgustaría escuchar lo que puedo decir en respuesta. Al menos sé que no desearía que me sometiera a su autoridad mientras no esté convencido.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice sobre que nuestras plantas agrarias están acostumbradas a la tierra cultivada, y por tanto no son una prueba justa. Buckman, creo, ha publicado esta idea con respecto a Norteamérica. Con respecto a las plantas de borde de camino, no puedo estar tan seguro de que estas deban excluirse, ya que los animales hacen caminos en muchos países salvajes. (343/2. En el relato de las plantas naturalizadas en Australia en el "Ensayo introductorio a la flora de Tasmania" de Sir J.D. Hooker, 1859, página cvi, muchas de las plantas están marcadas como "Gran Bretaña - lugares baldíos", "Europa - campos de maíz", etc. En la misma lista se dan las especies que también han invadido Norteamérica (un gran número). En el margen de la copia de Darwin está garabateado a lápiz: "Muy bueno, muestra cuántas de las mismas especies están naturalizadas en Australia y Estados Unidos, con climas muy diferentes; opuesto a su conclusión". Sir Joseph supuso que una de las causas principales de la intrusión de plantas inglesas en Australia, y no al revés, era la gran importación de semillas europeas a Australia y el escaso retorno de semillas australianas).

He buscado ahora y he encontrado el pasaje en la carta de F. Müller (343/3. Ferdinand Müller) para mí, en la que dice: "En los DESIERTOS de Australia algunas perennes europeas están "avanzando en progreso seguro", "sin poder ser detenidas", etc. Da como ejemplos (así que supongo que hay otros casos) once especies, a saber: 3 Rumex, Poterium sanguisorba, Potentilla anserina, Medicago sativa, Taraxacum officinale, Marrubium vulgare, Plantago lanceolata, P. major, Lolium perenne. Todas ellas están sembrando libremente. Ahora recuerdo, hace años y años, que usted discutía conmigo lo curiosamente fácil que es que las plantas se naturalicen en islas deshabitadas, si los barcos incluso tocan allí. Recuerdo que discutimos sobre paquetes que se abrían con heno viejo o paja, etc. Ahora piense en las pieles y la lana (y la lana exportada ampliamente por Europa), y las plantas introducidas, y las muestras de grano; y debo pensar que si Australia hubiera sido el viejo país, y Europa hubiera sido Botany Bay, muy pocas, muchísimas menos plantas australianas se habrían vuelto salvajes en Europa de las que ahora hay en Australia.

El caso me parece mucho más fuerte entre el Río de la Plata y España.

No obstante, incluiré mi única frase sobre este asunto, ilustrando la mayor migración durante el período glacial de norte a sur que a la inversa, muy humilde y cautelosamente. (343/4. "Origen de las Especies", Edición I, página 379. Darwin se refiere a los hechos presentados por Hooker y De Candolle que muestran un flujo migratorio más fuerte de norte a sur que en la dirección opuesta. Darwin explica esto por el hecho de que las plantas del norte han estado sujetas durante mucho tiempo a una severa competencia en sus hogares del norte, y han adquirido un mayor "poder dominante" que las formas del sur. "Exactamente de la misma manera que vemos hoy en día que muchísimas producciones europeas cubren el suelo en el Río de la Plata, y en menor grado en Australia, y han vencido hasta cierto punto a las nativas; mientras que extremadamente pocas formas del sur se han naturalizado en ninguna parte de Europa, aunque pieles, lana y otros objetos propensos a transportar semillas han sido importados ampliamente durante los últimos dos o tres siglos desde el Río de la Plata, y durante los últimos treinta o cuarenta años desde Australia").

Me alegra mucho saber que está haciendo buenos progresos con su Introducción a Australia. Estoy, gracias a Dios, a más de la mitad de mi capítulo sobre distribución geográfica, y he terminado el resumen de la parte Glacial...

CARTA 344. A J.D. HOOKER. Down, 30 de marzo de 1859.

Muchas gracias por su agradable nota. Por favor, guarde el manuscrito geográfico hasta que tenga noticias mías, pues quizás tenga que rogarle que se lo envíe a Murray; ya que, a través de la intervención de Lyell, espero que él lo publique, pero primero requiere ver el manuscrito. (344/1. "El Origen de las Especies"; véase una carta a Lyell en "Life and Letters", II, página 151).

Me opongo a lo que usted dice de que cambiamos el clima del mundo para explicar la "migración de bichos, moscas, etc.". NOSOTROS no hacemos nada de eso; porque NOSOTROS nos basamos en rocas rayadas, morrenas antiguas, conchas árticas y mamíferos. No tengo teoría alguna sobre la causa del frío, igual que no la tengo sobre la causa de la elevación y la subsidencia; y no veo ninguna razón por la que no deba utilizar el frío, o la elevación, o la subsidencia para explicar cualquier otro fenómeno, como la distribución. Creo que si tuviera espacio y tiempo podría presentar un argumento bastante bueno contra cualquier gran cambio continental desde la época glacial, y esto me ha llevado principalmente a abandonar la doctrina de Lyell por considerarla insuficiente para explicar todas las mutaciones del clima.

Me divirtió el testimonio del Museo Británico. (344/2. Esto se refiere a la carta a Murchison (Carta 65), publicada con el testimonio de la investigación de 1858 por los fideicomisarios del Museo Británico). ¡Se me hace dar mi opinión tan autoritariamente sobre asuntos botánicos!...

En cuanto a que nuestra creencia en el origen de las especies marque alguna diferencia en el trabajo descriptivo, estoy seguro de que es incorrecto, porque hice todo mi trabajo con los percebes bajo este punto de vista. Solo que a menudo me lamentaba de que no se me permitiera simplemente decidir si una diferencia era suficiente para merecer un nombre.

Me alegra saber lo de Huxley, un hombre maravilloso.

CARTA 345. A J.D. HOOKER. Wells Terrace, Ilkley, Otley, Yorkshire, jueves [antes del 9 de diciembre de 1859].

He leído su discusión (345/1. Véase "Ensayo introductorio", página c. Darwin no recibió este trabajo hasta el 23 de diciembre, por lo que la referencia es a las pruebas de imprenta), como de costumbre, con gran interés. Los puntos son terriblemente intrincados, casi en este momento más allá de los confines del conocimiento. El punto de vista que quizás hubiera considerado más probable (aunque apenas difiere del suyo) es que el mundo entero durante las edades secundarias estaba habitado por marsupiales, araucarias (nota: madera fósil tan común de esta naturaleza en Sudamérica (345/2. Véase Carta 6, Nota)), Banksia, etc.; y que estos fueron suplantados y exterminados en el área mayor del norte, pero quedaron vivos en el sur. De dónde procedían originalmente estas formas tan antiguas parece una investigación desesperada.

Sus observaciones sobre el paso de las formas del norte hacia el sur, y de que las formas del sur de ningún tipo pasen hacia el norte, me parecen grandiosas. Admirables, también, son sus observaciones sobre la lucha de la vegetación: encuentro que le he entendido mal, pues temía diferir de usted, lo cual veo que apenas es el caso en absoluto. No puedo evitar sospechar que usted le da demasiado peso al clima en el caso de Australia. El Río de la Plata parece presentar hechos tan análogos, aunque supongo que la naturalización de plantas europeas ha tenido lugar allí a una escala aún mayor que en Australia...

Recibirá cuatro copias de mi libro —una para usted y tres para los botánicos extranjeros— en unos diez días, o antes; es decir, tan pronto como se puedan encuadernar las hojas en tela. Espero que esto no llegue demasiado tarde para sus paquetes.

Cuando lea mi volumen, use su lápiz y marque, para que en algún momento pueda hablar con usted sobre cualquier crítica.

CARTA 346. A HUGH FALCONER. Down, 17 de diciembre [1859].

Mientras lo pienso, permítame decirle que hace años recuerdo haber visto en el Museo de la Sociedad Geológica un diente de hipopótamo de Madagascar: esto, por razones geográficas y de todo tipo, debería ser examinado. Le ruego que tome nota de este hecho. (346/1. En una reunión de la Sociedad Geológica, el 1 de mayo de 1833, se leyó una carta del Sr. Telfair a Sir Alex. Johnstone, acompañando un espécimen de roca conglomerada reciente, de la isla de Madagascar, que contenía fragmentos de un colmillo y parte de un diente molar de un hipopótamo ("Proc. Geol. Soc." 1833, página 479). Hay una referencia a estos restos de hipopótamo en un artículo del Sr. R.B. Newton en el "Geol. Mag." Volumen X, 1893; y en la memoria del Dr. Forsyth Major sobre Megaladapis Madagascariensis ("Phil. Trans. R. Soc." Volumen 185, página 30, 1894).

Desde que se escribió esta carta, se han encontrado varios huesos pertenecientes a dos o posiblemente tres especies de hipopótamo en Madagascar. Véase Forsyth Major, "Sobre los resultados generales de una expedición zoológica a Madagascar en 1894-96" ("Proc. Zool. Soc." 1896, página 971)).

Regresamos hace una semana de Ilkley, y me ha hecho algo de bien indudable. En Londres vi a Lyell (el pobre hombre que se ha "arrojado al seno de dos herejías" —por cierto, vi sus hachas, y qué intensamente interesantes son—), y me dijo que usted era muy antagónico a mis puntos de vista sobre las especies. Sabía bien que este sería el caso. Debo confesar libremente que las dificultades y objeciones son terribles; pero no puedo creer que una teoría falsa explicaría, como me parece que explica, tantas clases de hechos. ¿Ve alguna vez a Wollaston? Él y usted estarían muy de acuerdo sobre mi libro (346/2. "Origen de las Especies", 1859)—mala suerte para ambos. Si tiene algo agradable para que yo escuche, escríbame; y si todo lo que puede decir es muy desagradable, le hará bien desahogarse. Y es bien sabido que a usted le gusta mucho escribir cartas. Adiós, mi buen viejo amigo y enemigo.

Tome nota sobre el hipopótamo. Si es usted un caballero capaz de escribir, le ruego que me diga qué tal le sienta Torquay a su salud.

(LÁMINA: DR. ASA GRAY, 1867.)

CARTA 347. A ASA GRAY. Down, 24 de diciembre [1859].

He estado diez semanas en el tratamiento de hidroterapia, y a mi regreso hace quince días a través de Londres encontré una copia de su Memoria, y le agradezco de todo corazón. (347/1. "Caracteres diagnósticos de nuevas especies de plantas fanerógamas recolectadas en Japón por Charles Wright... con observaciones sobre las relaciones de la flora japonesa con la de Norteamérica y otras partes de la Zona Templada del Norte" ("Mem. American Acad. Arts and Sci." Volumen VI, página 377, 1857)). No la he leído, y no podré hacerlo muy pronto, porque estoy muy sobrecargado de trabajo, y mi estómago se ha puesto casi tan mal como siempre.

Con respecto a la discusión sobre el clima, le ruego que crea que nunca me puse ni por un momento en competencia con Dana; pero cuando uno ha pensado sobre un tema, no puede evitar formarse alguna opinión. Lo que escribí a Hooker lo olvido, después de leer solo unas pocas hojas de su Memoria, que vi que estaría llena de interés para mí. Hooker me pidió que le escribiera, pero, como le dije, no me atrevería a expresarle una opinión sin una cuidadosa deliberación. Lo que él escribió, no lo sé: anteriormente, hace varios años, había visto (por quién, lo olvido) alguna especulación sobre un período más cálido en los Estados Unidos posterior al período glacial; y había consultado a Lyell, quien parecía dudar mucho, y el juicio de Lyell es realmente admirablemente cauteloso. Los argumentos presentados en su artículo y en su carta me parecen apenas suficientes; no es que me arrepintiera en absoluto de admitir este período más cálido posterior e intercalado—cuantos más cambios, más divertido, creo yo. Por otro lado, no creo que la introducción de formas del Viejo Mundo en el Nuevo Mundo posterior al período glacial sirva para las formas modificadas o representativas en los dos Mundos. Ha habido demasiado cambio en comparación con el poco cambio de las formas alpinas aisladas; pero usted verá esto en mi libro. (347/2. "Origen de las Especies" (1859), Capítulo XI, páginas 365 y ss.). Quizás solo haga unas pocas observaciones de por qué a primera vista no doy mucho peso al argumento de su carta sobre el clima más cálido. Primero, sobre el nivel de la tierra habiendo sido más bajo posteriormente al período glacial, como lo demuestra el todo, etc., dudo que el conocimiento meteorológico sea suficiente para esta deducción: volviendo al hemisferio sur, podría argumentarse que una mayor extensión de agua hizo que la temperatura fuera más baja; y cuando gran parte de la tierra del norte era más baja, habría estado cubierta por el mar y la intermigración entre el Viejo y el Nuevo Mundo habría sido frenada. Segundo, dudo si se puede deducir alguna inferencia sobre la naturaleza del clima a partir de especies extintas de mamíferos. Si el buey almizclero y el ciervo de gran tamaño de sus tierras baldías hubieran sido conocidos solo por huesos fósiles, ¿quién se habría aventurado a conjeturar el clima excesivamente frío bajo el cual vivieron? Con respecto a la alimentación de los grandes animales, si le interesa el tema, ¿recurrirá a mi discusión sobre este tema en parte respecto al Elephas primigenius en mi "Diario de Investigaciones" (Biblioteca Colonial y Nacional de Murray), Capítulo V, página 85. (347/3. "La firme convicción de la necesidad de una vegetación que posea un carácter de exuberancia tropical para mantener a animales tan grandes, y la imposibilidad de reconciliar esto con la proximidad de la congelación perpetua, fue una causa principal de las diversas teorías de revoluciones repentinas del clima... Estoy lejos de suponer que el clima no haya cambiado desde el período en que vivieron estos animales, que ahora yacen enterrados en el hielo. Por el momento solo deseo mostrar que en lo que respecta únicamente a la cantidad de alimento, los antiguos rinocerontes podrían haber vagado por las estepas de Siberia central incluso en sus condiciones actuales, así como los rinocerontes y elefantes vivientes sobre los karoos del sur de África" ("Diario de Investigaciones", página 89, 1888)). En este país inferimos de los restos de Elephas primigenius que el clima en el período de su enterramiento era muy severo, como parece confirmado por su cubierta lanuda, por la naturaleza de los depósitos con fragmentos angulares, la naturaleza de las conchas co-incrustadas y la coexistencia del buey almizclero. Anteriormente había deducido de Lyell que la posición relativa del Megatherium y el Mylodon con respecto a los depósitos glaciares no se había determinado bien; pero tal vez se haya hecho recientemente. Tales son mis razones para no admitir todavía el período más cálido posterior al período glacial; pero me atrevo a decir que puedo estar completamente equivocado, y no me arrepentiré en absoluto de que se me demuestre lo contrario.

Sin duda leeré su ensayo con atención, pues hasta ahora solo he visto un fragmento, y es muy probable que algunas partes, que anteriormente no podía entender claramente, quedarán lo suficientemente claras.

CARTA 348. A J.D. HOOKER. Down, [diciembre] 26, [1859].

Acabo de leer con intenso interés hasta la página xxvi (348/1. Para la impresión de Darwin sobre el "Ensayo introductorio a la flora de Tasmania" en su conjunto, véase "Life and Letters", II, página 257), es decir, hasta donde usted trata de la Flora australiana misma; y la última parte recuerdo haber pensado más en ella en las pruebas de imprenta. O usted ha alterado mucho, o yo no vi todo o estaba medio ciego, pues me he interesado mucho más con toda la primera parte de lo que estaba antes, no es que no me gustara al principio. Todo me parece muy claramente escrito, y solo me he atascado en una oración. Creo, en general, que me gusta más la discusión geológica, o más bien paleontológica: me parece excelente, y admirablemente cautelosa. Estoy de acuerdo con todo lo que dice hasta donde mi falta de conocimiento especial me permite juzgar.

No tengo críticas de importancia, pero me hubiera gustado más hechos en uno o dos lugares, sobre los cuales no preguntaré. Me opongo un poco a la imparcialidad de su comparación de áreas que se elevan y se hunden (348/2. Hooker, op. cit., página xv, párrafo 24. El punto de vista de Hooker era que las islas que se hunden "contienen comparativamente menos especies y menos tipos genéricos peculiares que aquellas que se están elevando". En la copia del Ensayo de Darwin está escrito en el margen de la página xvi: "Dudo de todo el caso"), ya que en el Océano Índico usted compara tierra volcánica con islas exclusivamente de coral, y estas últimas son muy pequeñas en área y tienen un suelo muy peculiar, y durante su formación es probable que hayan estado totalmente sumergidas, quizás muchas veces, y repobladas con plantas existentes. En el Pacífico, la ignorancia de las Marianas y las Carolinas y otras islas principales casi impide la comparación (348/3. La isla Gambier sería un caso interesante. [Nota en el original.]); ¿y es correcto incluir islas americanas como Juan Fernández y Galápagos? En islas tan elevadas y probablemente antiguas como Sandwich y Tahití no puede haber mucha diferencia en la flora si se han hundido o elevado unos pocos miles de pies en los últimos tiempos.

Ojalá pudieras desarrollar tu idea de que ciertas partes de los trópicos se mantuvieron cálidas, mientras otras se enfriaron; intenté este esquema en mi mente y pareció fallar. En general, me gusta mucho todo lo que he leído de tu Introducción, y no me cabe duda de que tendrá gran peso para convertir a otros botánicos de la doctrina de la creación inmutable. ¡Qué cantidad de materia hay en una de tus páginas!

Hay muchos puntos que deseo mucho discutir contigo.

Cómo desearía que pudieras estudiar las floras del Pacífico: recuerdo hace siglos haber leído parte de tu manuscrito. En París debe haber, supongo, materiales de los viajes franceses. Pero de todos los lugares del mundo, me gustaría ver una buena flora de las islas Sandwich. (348/4. Ver Hillebrand, "Flora of the Hawaiian Islands", 1888.) Suscribiría 50 libras para cualquier recolector que fuera allí a trabajar en las islas. ¿No le resultaría rentable a un recolector ir allí, especialmente si cuenta con ayuda de alguna suscripción? Sería una buena ocasión para pedir ayuda de la subvención gubernamental de la Royal Society. Creo que es el grupo más aislado del mundo, y las islas mismas bien aisladas entre sí.

CARTA 349. A ASA GRAY. Down, 7 de enero [1860].

Acabo de terminar tu memoria sobre Japón (349/1. "Diagnostic Characters of New Species of Phaenogamous Plants collected in Japan by Charles Wright. With observations upon the Relations of the Japanese Flora to that of North America, etc.: 1857-59."--"Memoirs of Amer. Acad." VI.), y debo agradecerte el extremo interés con el que la he leído. Me parece un caso de distribución de lo más curioso; y qué bien argumentas y planteas el caso, por analogía, sobre la gran probabilidad de centros únicos de creación. Ese gran hombre, Agassiz, cuando llega a razonar, me parece tan grande al adoptar un punto de vista erróneo como lo es observando y clasificando. Uno de los puntos que me ha parecido más notable e inexplicable en tu memoria es el número de géneros monotípicos (o casi) entre las formas representativas de Japón y Norteamérica. Y qué singular es la preponderancia de especies idénticas y representativas en el este, en comparación con el oeste de América. No tengo un buen mapa que muestre cuán ancha es la zona moderadamente baja en el lado oeste de las Montañas Rocosas; ni, por supuesto, sé si todo el territorio bajo occidental ha sido botánicamente explorado; pero se me ha ocurrido, mirando los mapas que tengo, que el área oriental debe ser mayor que la occidental, lo cual explicaría en cierta pequeña medida la preponderancia en el lado oriental de las especies representativas. ¿Hay algo de cierto en esta sospecha? Tu memoria me hace maravillarme y reflexionar. Confieso que no soy capaz de entender del todo tu geología en las páginas 447, 448; pero probablemente no te interesaría escuchar mis dificultades, y por tanto no te molestaré con ellas.

Me apenó mucho recibir una carta de Dana desde Florencia, dándome un informe muy pobre (aunque mejorado) sobre su salud.

CARTA 350. A T.H. HUXLEY. 15, Marine Parade, Eastbourne, 1 de noviembre [1860].

Tu nota ha sido maravillosamente interesante. Tu término, "hombre pitecoide", es todo un artículo y una teoría en sí mismo. Cómo espero que haya llegado el cráneo de la nueva Macrauchenia. Es magnífico. Devuelvo la carta de Hooker, con muchísimas gracias. La acción glacial en el Líbano es particularmente interesante, considerando su posición entre Europa y el Himalaya. Cada vez estoy más convencido de que mi doctrina de un periodo Glacial mundano es correcta (350/1. En la 1ª edición del "Origen", página 373, Darwin argumenta a favor de un periodo Glacial prácticamente simultáneo en todo el globo. En la 5ª edición, 1869, página 451, adoptó las opiniones del Sr. Croll sobre la alternancia de periodos fríos en los hemisferios norte y sur. Una interesante modificación de la teoría del periodo Glacial mundano se da en "The Naturalist in Nicaragua", de Belt, 1874, página 265. Las opiniones del Sr. Belt se discuten en "Geogr. Distribution", de Wallace, 1876, Volumen I., página 151.), y de que es el más importante de todos los fenómenos recientes con respecto a la distribución de plantas y animales. Espero que tu Revista (350/2. La historia de la fundación de la "Natural History Review" se da en "Life and Letters" de Huxley, Volumen I., página 209. Ver Carta 107.) progrese favorablemente. Estoy agotado y no me siento bien, así que escribo brevemente; pues hemos tenido nueve días de tanta miseria como un hombre puede soportar. Mi pobre hija ha sufrido lastimosamente, y noche y día requirió de tres personas para sostenerla. La crisis de peligro extremo ha pasado, y se está recuperando sorprendentemente, pero los médicos aún dudan del resultado final. Pero el sufrimiento era tan lastimoso que casi llegué a desear verla morir. Ahora está tranquila. Cuándo estará en condiciones de viajar a casa, no lo sé. Espero sinceramente que la Sra. Huxley se mantenga bastante bien. El trabajo que la mayoría de los hombres tiene que hacer es una bendición para ellos en casos como el tuyo. Dios te bendiga.

Sir H. Holland vino aquí a verla, y fue maravillosamente amable.

CARTA 351. A C. LYELL. Down, 20 de noviembre [1860].

Estoy totalmente de acuerdo en mi admiración por el Ensayo de Forbes (351/1. "Memoir of the Geolog. Survey of the United Kingdom", Volumen I., 1846.), sin embargo, por mi vida, creo que ha hecho, en ciertos aspectos, tanto daño como bien. Aquellos que creen en vastas extensiones continentales nunca investigarán los medios de distribución. ¡Cielos, mira el mapa de la Atlántida de Heer! Pensé que su división y líneas de viaje de las plantas británicas eran muy descabelladas, y sin apenas fundamento. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices sobre la casi certeza de que la época Glacial destruyó las saxífragas españolas, etc., en Irlanda. (351/2. Ver Carta 20.) Recuerdo bien discutir esto con Hooker; y sugerí que un clima ligeramente diferente o más equable y húmedo podría haber permitido (quizás con alguna extensión de tierra) que las plantas en cuestión crecieran a lo largo de todas las costas occidentales entre España e Irlanda, y que posteriormente se extinguieran, excepto en los puntos actuales bajo un clima oceánico. El punto de Devonshire ahora tiene un toque del mismo carácter.

Me opongo en este caso particular al transporte de Forbes por hielo. El tema ha salido un poco de mi mente, y no vale la pena mirar mi discusión en manuscrito sobre la migración durante el periodo Glacial; pero recuerdo que la distribución de los mamíferos, y la relación muy regular de las plantas alpinas con puntos directamente al norte (aludida en el "Origen"), parecían indicar tierra continua al final del periodo Glacial.

CARTA 352. A J.D. HOOKER. Down, 18 de marzo [1861].

He estado recordando mis pensamientos sobre la cuestión de si el periodo Glacial afectó al mundo entero contemporáneamente, o solo a un cinturón longitudinal tras otro. Para mi pesar, mis viejas razones para rechazar esta última alternativa me parecen suficientes, y me gustaría mucho saber qué piensas tú. Supongamos que el frío afectó a las dos Américas antes o después que al Viejo Mundo. Dejemos que avance primero desde el norte o el sur hasta que los trópicos se enfriaran ligeramente, y algunas formas templadas llegaran a la Silla de Caracas y a las montañas de Brasil. Dirías, supongo, que casi todas las producciones tropicales morirían; y que posteriormente, después de que el frío se hubiera moderado, las plantas tropicales inmigraron desde las otras partes no enfriadas del mundo. Pero esto es imposible a menos que se cree un puente sobre las partes tropicales del Atlántico, una doctrina que sabes que no puedo admitir, aunque en algunos aspectos desearía poder hacerlo. Oswald Heer no sacaría nada de un puente así. Cuando el periodo Glacial afectó al Viejo Mundo, ¿no sería un poco temerario suponer que el meridiano de la India, el archipiélago malayo y Australia fueron refrigerados, y África no? Pero concedamos que fue así; puenteemos el mar Rojo (aunque un tanto opuesto a la comunicación casi segura anterior entre el mar Rojo y el Mediterráneo); concedamos que Arabia y Persia estaban húmedas y aptas para el paso de plantas tropicales: sin embargo, mira el globo e imagina el frío llegando lentamente, y las plantas bajo los trópicos viajando hacia el ecuador, y me parece altamente improbable que pudieran escapar de la India a las regiones aún calientes de África, pues tendrían que ir hacia el oeste con un poco de dirección norte bordeando las costas septentrionales del océano Índico. Así que si África fuera refrigerada primero, habría una dificultad considerable en que las producciones tropicales de África escaparan a las regiones aún calientes de la India. Aquí, de nuevo, tendrías que puentear el océano Índico dentro de un periodo muy reciente, y no en la línea del archipiélago de las Laquedivas. Si supones que el frío viaja desde el polo sur hacia el norte, no nos ayudará, a menos que supongamos que los países inmediatamente al norte del trópico septentrional eran al mismo tiempo más cálidos, para permitir el libre paso de la India a África, lo que me parece una hipótesis demasiado compleja y sin fundamento para admitirla. Por lo tanto, no veo que la suposición de diferentes cinturones longitudinales del mundo enfriándose en diferentes periodos nos ayude mucho. La suposición de que el mundo entero se enfrió contemporáneamente (pero quizás no del todo igual, siendo América del Sur menos enfriada que el Viejo Mundo) me parece la hipótesis más simple, y no añade a la gran dificultad de que no todas las producciones tropicales fueran exterminadas. Sigo pensando que algunas especies de cada género tropical aún existente deben haber sobrevivido en los puntos más calientes o favorables, ya sean secos o húmedos. Las producciones tropicales, aunque muy angustiadas por la caída de temperatura, seguirían bajo las mismas condiciones de duración del día, etc., y seguirían expuestas a casi los mismos enemigos, como insectos y otros animales; mientras que las producciones templadas invasoras, aunque encontrarían una temperatura favorable, tendrían algunas de sus condiciones de vida nuevas, y estarían expuestas a muchos enemigos nuevos. Pero admito plenamente que la dificultad es muy grande. No puedo ver toda la fuerza de tu dificultad de que no hay causa conocida de un cambio de temperatura mundano. No conocemos la causa de las elevaciones y depresiones continentales, y sin embargo las admitimos. ¿Puedes creer, mirando solo a Europa, que el frío intenso que debió prevalecer cuando glaciares tan gigantescos se extendían en las llanuras del norte de Italia se debió meramente a las posiciones cambiadas de la tierra dentro de un periodo tan reciente? Yo no. Sería una historia demasiado larga, pero creo que se podría demostrar claramente que todos nuestros continentes existieron aproximadamente en sus posiciones actuales mucho antes del periodo Glacial; lo cual parece opuesto a tales cambios geográficos gigantescos necesarios para causar una caída de temperatura tan vasta. El periodo Glacial perduró en Europa y América del Norte mientras el nivel de la tierra oscilaba en altura hasta 3.000 pies, y esto no parece indicar que el cambio de nivel fuera la causa del periodo Glacial. Pero he escrito una discusión irrazonablemente larga. No me respondas extensamente, pero envíame unas palabras en algún momento sobre el tema.

He hecho copiar esto para que no te resulte demasiado aburrido leerlo.

Unas palabras más. Cuando las producciones ecuatoriales estaban terriblemente angustiadas por la caída de temperatura, y probablemente por la humedad cambiada y los números proporcionales cambiados de otras plantas y enemigos (aunque esto podría favorecer a algunas de las especies), debo admitir que todas serían exterminadas si existieran producciones exactamente adaptadas no solo al clima, sino a todas las condiciones de las regiones ecuatoriales durante el periodo Glacial, y pudieran haber inmigrado a todas partes. Pero las producciones de las regiones templadas habrían encontrado probablemente, bajo el ecuador, en sus nuevos hogares y suelos, condiciones considerablemente diferentes de humedad y periodicidad, y habrían encontrado un nuevo conjunto de enemigos (una consideración muy importante); pues parece haber buenas razones para creer que los animales no fueron capaces de migrar ni de lejos en la medida en que lo hicieron las plantas durante el periodo Glacial. Por lo tanto, puedo persuadirme a mí mismo de que las producciones templadas no reemplazarían ni exterminarían por completo las producciones de los trópicos enfriados, sino que se mezclarían parcialmente con ellas.

Estoy lejos de estar satisfecho con lo que he garabateado. Concluyo que debe haber habido un periodo Glacial mundano, y que las dificultades son casi las mismas tanto si suponemos que fue contemporáneo en todo el mundo como si los cinturones longitudinales fueron afectados uno tras otro. ¡Por el amor de Dios, perdóname!

CARTA 353. A H.W. BATES. 26 de marzo [1861].

Me han impresionado particularmente tus observaciones sobre el periodo Glacial. (353/1. En sus "Contributions to the Insect Fauna of the Amazon Valley", "Trans. Entom. Soc." Volumen V., página 335 (leído el 24 de noviembre de 1860), el Sr. Bates discute la migración de especies desde las regiones ecuatoriales después del periodo Glacial. Llega a un resultado que, señala, "es altamente interesante por su relación con la cuestión de hasta qué punto la extinción es probable que haya ocurrido en las regiones ecuatoriales durante la época del periodo Glacial"... "El resultado es claro, que siempre ha habido (al menos a través de inmensas épocas geológicas) una fauna ecuatorial rica en especies endémicas, y que la extinción no puede haber prevalecido en ninguna medida dentro de un periodo de tiempo tan comparativamente moderno como la época Glacial en geología". Esta conclusión no apoya la opinión expresada en el "Origen de las Especies" (Edición I., capítulo XI., página 378) de que la refrigeración de la tierra se extendió a las regiones ecuatoriales. (Bates, loc. cit., páginas 352, 353.)) Me parece que has planteado el caso con una claridad admirable y con una fuerza aplastante. Estoy completamente desconcertado por el golpe, y no sé qué pensar. Últimamente han surgido varios hechos que me llevan a creer con más firmeza que el periodo Glacial sí afectó a las regiones ecuatoriales; pero no puedo dar respuesta a tu argumento, y estoy completamente en un callejón sin salida. Por azar, hace solo unos días he estado discutiendo este tema, en relación con las plantas, con el Dr. Hooker, quien lo cree hasta cierto punto, pero insistió fuertemente en la poca extinción aparente en las regiones ecuatoriales. Declaré en una carta hace algunos días que los trópicos de América del Sur parecen haber sufrido menos que el Viejo Mundo. Hay muchos puntos desconcertantes; las plantas templadas parecen haber migrado mucho más que los animales. Posiblemente las especies se hayan formado más rápidamente dentro de los trópicos de lo que uno habría esperado. Confieso libremente que me has confundido; pero aún no puedo abandonar mi creencia de que el periodo Glacial afectó en cierta medida a los trópicos.

CARTA 354. A J.D. HOOKER. Down, 25 de febrero [1862].

Casi he terminado tu artículo sobre el Ártico, y debo decirte cuánto lo admiro. (354/1. "Outlines of the Distribution of Arctic Plants" [Leído el 21 de junio de 1860], "Linn. Soc. Trans." XXIII., 1862, página 251. Las observaciones del autor sobre las teorías del Sr. Darwin de Distribución Geográfica se dan en la página 255: están escritas con un espíritu característicamente generoso.) El tema, tratado como lo has tratado tú, es realmente magnífico. ¡Cielos, qué labor debe haberte costado! Y qué gran perspectiva hay para el futuro. No hace falta decir cuánto me complace tu mención de mi trabajo; pues sabes que valoro tu opinión más que la de todos los demás. Tales artículos son el verdadero motor para obligar a la gente a reflexionar sobre la modificación de las especies; cualquiera con una mente inquisitiva difícilmente dejaría de querer considerar todo el tema después de leer tu artículo. ¡Por Júpiter! serás llevado, nolens volens, a un globo enfriado. Piensa en tu propio caso de Abisinia y Fernando Poo, y Sudáfrica, y en tu caso del Líbano (354/2. Ver "Origen", Edición VI., página 337.); concede que hay tierras altas para favorecer la migración, pero seguramente las tierras bajas deben haber estado algo enfriadas. Qué espléndida evidencia nueva y original es la de Groenlandia: no puedo ver cómo, incluso concediendo puentes de tierra continua, uno puede entender la flora existente. Pensaría, por el estado de Escocia y América, y por las isotermas, que durante la parte más fría del periodo Glacial, Groenlandia debió quedar completamente despoblada. Como un perro a su vómito, no puedo evitar volver atrás e inclinarme hacia medios accidentales de transporte por hielo y corrientes. Qué curioso es también el caso de Islandia. Qué artículo espléndido has hecho del tema. Cuando nos reunamos, debo preguntarte cuánto atribuyes la riqueza de la flora de Laponia al simple clima; me parece muy maravilloso que este punto haya sido una especie de foco de radiación; si, sin embargo, es artificialmente rica, es decir, contiene más especies de las que debería para su latitud, en comparación con las otras regiones árticas, ¿no parecería así falsamente un foco de radiación? Pero tendré que volver a leer una y otra vez tu artículo; en este momento estoy bastante confundido sobre el tema. Qué extraño, bajo cualquier punto de vista, la relación de Groenlandia con las montañas del este de Norteamérica; esto parece como si hubiera habido una extinción masiva en el este de Norteamérica. Pero no debo seguir. Por cierto, encuentro que Link en 1820 especuló sobre que la relación de las plantas alpinas y árticas se debía a un clima más frío anterior, lo que atribuyó a que las montañas más altas cortaban los vientos cálidos del sur.

CARTA 355. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 2 de noviembre de 1862.

¿Te dije cuán profundamente complacido estaba con la nota de Gray sobre mi ensayo ártico? (355/1. "American Journal of Science and Arts", XXXIV., y en "Scientific Papers" de Gray, Volumen I., página 122.) Fue increíblemente bueno de su parte, pues estoy seguro de que debe haber visto varios errores. Me dice que el Dr. Dawson (355/2. Una carta (No. 144) de Sir J.D. Hooker, fechada el 7 de noviembre de 1862, sobre este tema ocurre en la sección Evolutiva.) está en mi contra, y tengo una conferencia muy agradable sobre plantas árticas y alpinas del Dr. D., con una crítica sobre el ensayo ártico, que él no vio hasta después. Ha encontrado algunas estupideces en mi ensayo, y un error muy venial en las tablas; parece que ODIA el darwinismo; me acusa de pasar por alto los hechos geológicos, y se detiene mucho en mi olvido de la subsidencia de la América templada durante el periodo Glacial, y en mi afirmación de una subsidencia de la América Ártica, que nunca pasó por mi cabeza. Desearía, sin embargo, si no te causara demasiado dolor de cabeza, que echaras un vistazo a mis tres primeras páginas, y me dijeras si he ultrajado algún hecho geológico o cometido algún descuido. Expuse todo el asunto dos veces a Lyell antes de imprimirlo, con mapa y tablas, intentando obtener (y pensé que lo había hecho) su imprimátur para todo lo que hice y dije; pero cuando estuvo aquí hace tres noches, ¡descubrí que era tan ignorante de que yo hubiera escrito un ensayo ártico como cualquiera! Así que supongo que o no lo entendió, o pensó que era de poca importancia. Hector lo aprobó in toto. ¡Casi no hace falta decir que partí de bases biológicas, y me mantengo tan independiente de las teorías de subsidencia como tú de las opiniones de los físicos sobre el calor del globo! He escrito una larga [carta] a Dawson.

Por cierto, ¿viste la nota del "Athenaeum" sobre el idioma vasco y finés de L. Bonaparte? ¿No es posible que los vascos sean fineses que quedaron atrás después del periodo Glacial, como las plantas árticas? A menudo he pensado que esta teoría explicaría las afinidades nacionales mexicanas y chinas. Estoy trabajando arduamente en la Welwitschia por la noche y en Genera Plantarum durante el día. Tuvimos una cena muy alegre en el Club el jueves. Todos estamos bien.

CARTA 356. A J.D. HOOKER. Down, 4 de noviembre [1862].

He leído atentamente (con incluso mucha más admiración que la primera vez) las páginas (356/1. El artículo sobre plantas árticas en el volumen XXIII de las "Transactions" de la Sociedad Linneana, 1860-62) y no puedo imaginar qué es lo que lleva al Dr. D. a acusarle a usted de afirmar una subsidencia de la América ártica. (356/2. El difunto Sir J.W. Dawson escribió una reseña (firmada J.W.D.) del artículo de Hooker sobre el Ártico que apareció en el "Canadian Naturalist", 1862, volumen VII, página 334. La parte principal del artículo se compone de citas del artículo de Asa Gray mencionado más adelante. El resto es un resumen de los argumentos geológicos contra las opiniones de Hooker. No encontramos la acusación mencionada anteriormente, que parece haber aparecido en una conferencia). Sin duda, hubo una subsidencia de Norteamérica durante el periodo glacial, y sobre una gran parte, pero sostener que la subsidencia se extendió sobre casi toda la anchura del continente, o que duró durante todo el periodo glacial, no creo que pueda sostenerlo. Sospecho que gran parte de la evidencia de subsidencia durante el periodo glacial allí resultará falsa, ya que se basa en gran medida en la acción del hielo, que, como sabe, se considera cada vez más como subaérea. Si Dawson ha publicado críticas, me gustaría verlas. He oído que está rabioso contra mí y, sin duda, en parte como consecuencia, contra cualquier cosa que usted escriba a mi favor (y nunca se publicó nada más favorable que el artículo sobre el Ártico). Lyell tuvo dificultades para evitar que Dawson reseñara el "Origen" (356/3. Dawson reseñó el "Origen" en el "Canadian Naturalist", 1860) de oídas, sin haberlo mirado. No se puede esperar ningún espíritu de equidad de un juez tan parcial.

Todo lo que puedo decir es que sus primeras páginas me han impresionado mucho más en esta lectura que la primera vez. ¿Puede la porción escandinava de la flora ser tan potente (356/4. El Dr. Hooker escribió: "Considerada en su conjunto, la flora ártica es decididamente escandinava; pues la Escandinavia ártica, o Laponia, aunque es una extensión de tierra muy pequeña, contiene con mucho la flora ártica más rica, ascendiendo a tres cuartas partes del total"; señaló "que la flora escandinava está presente en todas las latitudes del globo, y es la única que lo está" (citado por Gray, loc. cit. infra)) por haber sido preservada en ese rincón, calentada por la Corriente del Golfo, y por representar ahora sola la totalidad de la flora circumpolar, durante el periodo preglacial más cálido? Desde el principio no he podido resistirme a la impresión (compartida por Asa Gray, cuya reseña (356/5. "Scientific Papers" de Asa Gray, volumen I, página 122) sobre usted me agradó mucho) de que durante el periodo glacial debió haber una extinción casi total en Groenlandia; pues la profundidad del mar no favorece la antigua extensión hacia el sur de la tierra allí. (356/6. En el desplazamiento hacia el sur de la vegetación por la época glacial, la flora de Groenlandia sería "empujada al mar, es decir, exterminada". (Hooker citado por Gray, loc. cit. página 124)). Debo sospechar que las plantas han sido introducidas en gran medida por las corrientes marinas, que traen tanta madera del norte de Europa. Pero aquí nos dividiremos tan lejos como los polos. Todo el mundo no podría convencerme, aunque lo intentara, de que el suyo no es un ensayo grandioso. No entiendo del todo si es este ensayo el que Dawson ha estado "atacando". ¡Qué noción tan curiosa sobre el clima glacial, y los vascos y finlandeses! ¿Son los vascos montañeses? Espero que sí. Siento no haber visto el "Athenaeum", pero ahora tomo el "Parthenon". Por cierto, acabo de leer con mucho interés a Max Muller (356/7. Probablemente sus "Lectures on the Science of Language", 1861-64); la última parte, sobre el origen primero del lenguaje, parece la parte menos satisfactoria.

Por favor, agradezca de corazón a Oliver su montón de referencias sobre venenos. (356/8. Sin duda en relación con el trabajo de Darwin sobre Drosera: estaba trabajando en este tema durante su estancia en Bournemouth en el otoño de 1862). ¿Cómo demonios los encuentra?

No debo permitirme [el lujo de] hablar de Cypripedium. Asa Gray ha dejado claro, al menos en algunos casos, que el acto de fertilización se efectúa mediante pequeños insectos que se ven obligados a entrar y salir de la flor en una dirección particular; y tal vez estoy muy equivocado al pensar que se efectúa mediante la probóscide.

Me retracto en la medida en que, si usted tiene el raro C. hirsutissimum, me gustaría mucho examinar una flor cortada; pues vi una en una exposición floral y, hasta donde pude ver, parecía muy diferente de otras formas.

P.D. Responda a esto, si por casualidad puede. Recuerdo distintamente haber leído en algún libro de viajes, estoy casi seguro de que en Australia, un relato de los nativos, durante las hambrunas, probando y cocinando de todas las maneras posibles diversas producciones vegetales, y a veces siendo perjudicados por ellas. ¿Puede recordar algún relato así? Quiero encontrarlo. Pensé que estaba en Sir G. Grey, pero no es así. ¿Podría haber estado en el libro de Eyre?

CARTA 357. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. [Noviembre de 1862].

...He especulado sobre la probabilidad de que haya existido una conexión postglacial Ártico-Noruega-Groenlandia, lo que explicaría el hecho contundente de que la Groenlandia templada es tan ártica como lo es la Groenlandia ártica; un hecho, para mí, de una fuerza asombrosa. Confieso que una migración septentrional llenaría así Groenlandia tal como está llena, en la medida en que toda la flora (templada y ártica) sería ártica... pero entonces las mismas plantas deberían haber ido a las otras islas polares, y sobre todo, tantas plantas árticas escandinavas no deberían estar ausentes en Groenlandia, mucho menos deberían estar ausentes órdenes naturales enteros, y sobre todo las leguminosas árticas. Es difícil (como le he dicho a Dawson) concebir la fuerza con la que los argumentos extraídos de la ausencia de ciertas plantas ubicuas familiares impactan a los botánicos. No desecharía del todo el transporte por hielo y el transporte por agua, pero no puedo concebir que den lugar a tales anomalías en la distribución, como presenta Groenlandia. También he sentido siempre la fuerza de su objeción de que Groenlandia debería haber sido despoblada en el periodo glacial, pero luego reflexioné que la vegetación ahora asciende, olvido cuánto (unos 1.000 pies), en Disco, a 70 grados, y que incluso en un océano glacial siempre puede haber habido lugares escondidos para los pocos cientos de plantas que posee ahora Groenlandia. Suponiendo que Groenlandia fuera repoblada desde Escandinavia por vía oceánica, ¿por qué los Carices habrían de ser las cosas principales traídas? ¿Por qué no se habrían traído leguminosas, ni plantas que no fueran alto árticas? ¿Por qué no Caltha palustris, que dora las marismas de Noruega y pinta los tejados de Islandia? En resumen, a mis ojos, la migración transoceánica no formaría tal conjunto más de lo que las creaciones especiales explicarían las especies representativas... y ningún "retorcimiento ingenioso" me convenció nunca de que lo haría. ¡Ahí está, pues!

Cené con Henry Christy anoche, quien acababa de regresar de cazar hachas con Lartet, entre los vascos; son pirenaicos. Lubbock estaba allí, y me dijo que mi preciosa especulación era una de las de Von Baer, y que se supone que los finlandeses hicieron los Kjokken moddings. Leí a Max Muller hace un año, y estoy totalmente de acuerdo: la primera parte es excelente; la última, sobre el origen del lenguaje, fatua y débil como argumento científico.

CARTA 358. A J.D. HOOKER. Down, 12 de noviembre [1862].

Devuelvo por este correo la conferencia de Dawson, que me parece interesante, pero sin nada nuevo. Creo que debe ser bastante presumido, con su "Si el Dr. Hooker hubiera sabido esto y aquello, habría dicho tal y tal". Me parece absurdo que Dawson asuma que Norteamérica estuvo bajo el mar durante todo el periodo glacial. Ciertamente, Groenlandia es un problema muy curioso y difícil. Pero en cuanto a las leguminosas, el caso, mi querido amigo, es tan claro como el agua, ya que las semillas son eliminadas muy rápidamente por el agua del mar. En serio, sería un experimento curioso probar la vitalidad en agua salada de las plantas que deberían estar en Groenlandia. Olvido, sin embargo, que sería imposible, supongo, conseguir casi ninguna excepto la Caltha, y si alguna vez tropiezo con esa planta en semilla, lo intentaré.

Deseo al cielo que alguien examine las rocas cerca del nivel del mar en el punto sur de Groenlandia, y vea si están bien marcadas; eso diría algo. Pero entonces la subsidencia podría haber bajado rocas más altas al nivel del mar actual. Estoy mucho más dispuesto a admitir su tierra de conexión Noruega-Groenlandia que la mayoría de los otros casos, por la naturaleza de las rocas en Spitzbergen y la Isla de los Osos. Usted ha planteado y arrojado mucha luz sobre un problema espléndido, que algún día será resuelto. Me alegra pensar que, cuando era niño, me mostraron una roca errática en Shrewsbury, y un viejo caballero inteligente me dijo que hasta el fin del mundo nadie adivinaría jamás cómo llegó allí.

Me hace reír pensar en la indignación del Dr. Dawson por su frase sobre la "oblicuidad de visión". (358/1. Véase la carta 144). Por Júpiter, intentará arremeter contra usted algún día. Buenas noches por ahora.

Para volver un momento al periodo glacial. Podría haberle preguntado a Dawson si el íbice, la marmota, etc., etc., fueron llevados de montaña en montaña en Europa sobre hielo flotante; ¿y si el buey almizclero llegó a Inglaterra sobre icebergs? Sin embargo, Inglaterra se ha hundido, si confiamos en la buena evidencia de las conchas solamente, más durante el periodo glacial de lo que se sabe que lo ha hecho América.

Por el amor de Dios, insúnele una palabra de precaución a los oídos de Tyndall. Vi un extracto de que los valles de Suiza se debían totalmente a los glaciares. No puede haber reflexionado sobre los valles en países tropicales. Los valles más grandiosos que he visto estaban en Tahití. De nuevo, si entiendo bien, supone que los glaciares desgastan cadenas montañosas enteras; así disminuyen su altura, disminuyen la temperatura y disminuyen los propios glaciares. ¿Supone que toda Escocia se desgastó así? Seguramente debe olvidar que la oscilación del nivel sería más potente de una forma u otra durante lapsos de tiempo tan enormes. Sería difícil creer que alguna cadena montañosa haya estado tanto tiempo estacionaria.

Supongo que el libro de Lyell pronto saldrá. (358/2. "The Antiquity of Man", 1863). Me alegré mucho al ver en un periódico que Murray vendió 4.000. ¡Qué venta!

Ahora estoy trabajando en plantas cultivadas, y me gusta bastante mi trabajo; pero tengo un miedo horrible de hacer las observaciones más temerarias sobre el valor de las diferencias. Confío en una especie de instinto y, Dios sabe, rara vez puedo dar alguna razón para mis comentarios. Señor, en qué mezcolanza está el origen de las plantas cultivadas. He estado leyendo sobre fresas, y apenas puedo encontrar dos botánicos que estén de acuerdo en cuáles son las formas silvestres; pero recojo de libros de horticultura aquí y allá casos curiosos de variación, herencia, etc., etc.

Qué larga carta he garabateado; pero debe perdonarme, pues es un gran placer hablar así con usted.

¿Ha oído hablar alguna vez del "Agua Ozonizada de Condy"? He estado probándola con, creo, una ventaja extraordinaria, al menos para el confort. Una cucharadita, en agua, tres o cuatro veces al día. Si se encuentra con algún pobre diablo dispéptico como yo, sugiéraselo.

CARTA 359. A J.D. HOOKER. Down, 26 [de marzo de 1863].

Espero y creo que usted es demasiado severo con los primeros capítulos de Lyell. Aunque tan condensados, y no bien ordenados, me parecieron transmitir con una fuerza poco común la antigüedad del hombre, y ese era su objetivo. (359/1. "The Geological Evidences of the Antiquity of Man": Londres, 1863). No se me ocurrió, pero me temo que hay algo de verdad en su crítica, de que nada es de fiar hasta que él [Lyell] lo ha observado.

Me alegra ver que usted está entusiasmado con las plantas tropicales durante el periodo glacial.

Recuerde que muchas veces le he jurado que coexistieron; así que, mi querido amigo, debe hacer que coexistan. No creo que se requiriera mayor frescura en una condición perturbada de las cosas que la zona del Himalaya, en la que usted describe que algunas formas tropicales y templadas se mezclan (359/2. "Durante este [el periodo glacial], el punto más frío, las tierras bajas bajo el ecuador, debieron estar vestidas con una vegetación mezclada tropical y templada, como la descrita por Hooker como creciendo lujuriantemente a una altura de cuatro a cinco mil pies en las laderas inferiores del Himalaya, pero con quizás una preponderancia aún mayor de formas templadas" ("Origin of Species", Edición VI, página 338)); y como en la parte inferior de los Camerún, y como Seemann describe, en las montañas bajas de Panamá. Es, como usted dice, absurdo suponer que un género como Dipterocarpus (359/3. Dipterocarpus, un género de las Dipterocarpaceae, una familia de plantas dicotiledóneas restringidas a los trópicos del Viejo Mundo) podría haberse desarrollado desde la era glacial; pero, ¿se siente tan seguro como para oponer (359/4. El significado parece ser: "¿Se siente tan seguro como para traer en oposición un gran cuerpo de consideraciones para mostrar, etc.") un gran cuerpo de consideraciones por el otro lado, de que este género no podría haberse acostumbrado lentamente a un clima más fresco? Veo que Lindley dice que no ha sido traído a Inglaterra, y por lo tanto no podría haber sido probado en el invernadero. ¿Tiene materiales para mostrar a qué poca altura asciende alguna vez las montañas de Java o Sumatra? Marca una gran diferencia, el hecho de que toda el área se enfríe; y que el área tal vez no sea en todos los aspectos, como la humedad, etc., etc., adecuada para tales plantas templadas que podrían entrar. Pero, de todos modos, estoy listo para jurar de nuevo que Dipterocarpus y cualquier otro género que quiera nombrar sobrevivió durante un periodo más fresco.

Sobre la reversión expresa justo lo que quiero decir. De alguna manera me equivoqué, y mentalmente tomé literalmente que el niño heredaba de su abuelo. Esta visión de la latencia coteja un montón de hechos: caracteres sexuales secundarios en cada individuo; tendencia del carácter latente a aparecer temporalmente en la juventud; efecto del cruce en la educación del talento, carácter, etc. Cuando uno piensa en un carácter latente siendo transmitido, escondido durante mil o diez mil generaciones, y luego apareciendo repentinamente, uno queda totalmente desconcertado ante la multitud de caracteres escritos en tinta invisible en el germen. No tengo evidencia de la reversión de todos los caracteres en una variedad. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice sobre el genio. Le dije a Lyell que ese pasaje me hizo gemir.

¡Qué lástima lo de Falconer! (359/5. Esto se refiere a la reclamación de prioridad de Falconer contra Lyell. Véase "Life and Letters", III, página 14; también las cartas 166 y 168). ¡Qué singular y qué lamentable!

Recuerde las vainas de las orquídeas. Tengo pasión por cultivar las semillas (y otros motivos). ¡No tengo un hecho en el que basarme, pero tengo una noción (no, tengo una convicción firme!) de que son parásitas en la juventud temprana sobre criptógamas! (359/6. En un artículo sobre orquídeas epífitas británicas ("Gard. Chron." 1884, página 144) Malaxis paludosa es descrita por F.W. Burbidge como una verdadera epífita en los tallos de Sphagnum. Stahl afirma que la dificultad de cultivar orquídeas depende en gran medida de su dependencia de un hongo micorrícico, aunque no aplica su visión a la germinación. Véase "Jahrbucher" de Pringsheim, XXXIV, página 581. Estamos en deuda con Sir Joseph Hooker por la referencia al artículo de Burbidge). Aquí hay una idea de loco. Tengo algunas plantadas en Sphagnum. ¿Algún liquen o musgo tropical, o europeo, resiste el calor, o crece en algún árbol en el invernadero de Kew? Si es así, por amor del Cielo, favorezca mi locura, y haga que raspen algunos y me los envíen.

Soy como un jugador, y amo un experimento salvaje. Me da un gran placer imaginar que veo radículas de semilla de orquídea penetrando en el Sphagnum. Sé que no lo haré, y por lo tanto no me decepcionaré.

CARTA 360. A J.D. HOOKER. Down [26 de septiembre de 1863].

...Sobre Nueva Zelanda, al fin estoy cambiando de opinión, y admito que debe haber estado conectada con alguna tierra firme, pero moriré antes que admitir a Australia. ¡Cómo desearía que las montañas de Nueva Caledonia fueran bien trabajadas!...

CARTA 361. A J.D. HOOKER.

(361/1. En la parte anterior de esta carta el Sr. Darwin se refiere a una reseña sobre Planchon en el "Nat. History Review", abril de 1865. No puede haber duda, por lo tanto, de que el "artículo de Thomson" debe ser la reseña de "Diagnoses d'especes nouvelles ou meconnues", etc., de Jordan, en el mismo número, página 226. Trata sobre "lumpers" y "splitters", y una posible nomenclatura trinominal).

17 de abril [1865].

Me ha impresionado mucho el artículo de Thomson; me parece bastante notable por su juicio, fuerza y claridad. Me ha interesado grandemente. A veces he especulado vagamente sobre a qué llegaría la nomenclatura, y concluí que sería trinominal. ¡Qué nombre llevará formalmente una planta con el nombre del autor después del género (como algunos recomiendan), y después de la especie y subespecie! Realmente parece una de las mayores preguntas que pueden discutirse para la Historia Natural sistemática. ¡Qué imparcialmente ajusta Thomson las pretensiones de los "divisores de pelo" y los "lumpers"! Sinceramente espero que escriba bastante a menudo reseñas o ensayos. Es un viejo tema de pena para mí, anteriormente en Geología y últimamente en Zoología y Botánica, que los mejores hombres (exceptuando aquellos que tienen que escribir principios y elementos, etc.) lean tan poco, y dediquen casi todo su tiempo al trabajo original. A menudo he pensado que la ciencia progresaría más si hubiera más lectura. ¡Qué pocos leen artículos largos y laboriosos! El único uso de publicar tales parece ser como prueba de que el autor ha dedicado tiempo y trabajo a su obra.

CARTA 362. A J.D. HOOKER. Down, 22 y 28 de octubre de 1865.

En cuanto a que los antropólogos sean una bete noire para los hombres de ciencia, no me sorprende, pues acabo de hojear el último "Anthrop. Journal", y muestra, especialmente el largo ataque a la Asociación Británica, un curioso espíritu de insolencia, presunción, torpeza y vulgaridad. He leído con un interés poco común el corto artículo de Travers sobre las islas Chatham. (362/1. Véase Travers, H.H., "Notes on the Chatham Islands", "Linn. Soc. Journ." IX, octubre de 1865. El Sr. Travers dice que recogió una semilla de Edwardsia, evidentemente arrastrada por el mar. Los troncos varados indicaban una corriente desde Nueva Zelanda). Recuerdo que usted arremetió contra mí con terrible ferocidad porque dije que pensaba que la semilla de Edwardsia podría haber sido arrastrada desde Chile a Nueva Zelanda: ahora, ¿qué dice usted, joven, a los tres árboles jóvenes del mismo tamaño en un solo lugar de la isla, y con la vaina arrojada en la orilla? Si no fuera por esas desafortunadas aves no voladoras, podría creer que el grupo había sido colonizado por medios accidentales; pero, tal como es, me parece, con mucho, la mejor evidencia de extensión continental jamás observada. La distancia, veo, es de 360 millas. Desearía saber si el mar era más profundo que entre Nueva Zelanda y Australia. Me temo que usted no admitirá un accidente tan pequeño como que las aves no voladoras hayan sido transportadas en icebergs. Sugiera, si tiene oportunidad, a cualquiera que visite las islas de nuevo, que busque rocas erráticas allí. ¡Qué curiosa es su declaración sobre los árboles frutales y las abejas! (362/2. "Desde la importación de las abejas, los árboles frutales y arbustos europeos han producido libremente". Travers, "Linn. Soc. Journal", IX, página 144). Desearía saber si el trébol se había extendido antes de que se introdujeran las abejas...

Vi en el "Gardeners' Chronicle" la frase sobre que el "Origen" moría en Alemania, pero no sabía que era de Seemann.

CARTA 363. A C. LYELL. Down, 7 de febrero [1866].

Le estoy muy agradecido por su nota y el extracto, que me han interesado sobremanera. No puedo dudar ni por un momento de Agassiz en cuanto a la acción glacial tras toda su experiencia, como usted dice, y después de ese excelente libro con láminas que publicó al principio (363/1. "Etudes sur les Glaciers"; Neuchâtel, 1840.); en cuanto a sus inferencias y razonamientos sobre el valle del Amazonas, esa es otra cuestión muy distinta, ni puede haber visto todas las regiones a las que alude la Sra. A. (363/2. Una carta de la Sra. Agassiz a Lady Lyell, que había sido enviada al Sr. Darwin. La misma carta fue enviada también a Sir Charles Bunbury, quien, al escribir a Lyell el 3 de febrero de 1866, critica algunas de las afirmaciones. Habla de las observaciones de Agassiz sobre los fenómenos glaciales en Brasil como "verdaderamente muy asombrosas; tan asombrosas que tengo muchísimas dificultades para creerlas. Sacuden mi fe en el sistema glacial por completo; o quizás deberían sacudir más bien la fe en Agassiz... Si Brasil estuvo alguna vez cubierto de glaciares, no veo razón para que todo el globo terrestre no lo haya estado. Quizás el globo terráqueo entero fue una vez 'un carámbano completo y perfecto'". (De la "Vida" impresa privadamente de Sir Charles Bunbury, editada por Lady Bunbury, volumen ii, página 334)). Su carta no me resulta muy clara, y no entiendo qué quiere decir con "a una altura de más de tres mil pies". No hay cantos erráticos (a los que presté especial atención) en el territorio bajo alrededor de Río. Es posible o incluso probable que esta zona se haya hundido, pues no pude detectar ninguna evidencia de elevación, ni formaciones terciarias, ni actividad volcánica. Los Organ Mountains tienen entre seis y siete mil pies de altura; y solo me sorprende un poco que presenten marcas de acción glacial. Pues algunos géneros de plantas templadas, a saber, Vaccinium, Andromeda, Gaultheria, Hypericum, Drosera, Habenaria, habitan estas montañas, y considero esto una evidencia casi tan buena de un periodo frío como la acción glacial. Que no haya más plantas templadas puede explicarse por la posición aislada de estas montañas. No hay cantos erráticos en la costa del Pacífico al norte de Chiloé, y apenas unos pocos glaciares en la Cordillera, pero no se sigue de ello, creo, que no haya podido haber antaño glaciares gigantescos en el lado oriental y más húmedo.

En la tercera edición del "Origen", página 403 (363/3. "Origen", edición VI, página 335, 1882. "El Sr. D. Forbes me informa que encontró en varias partes de la Cordillera, desde los 13 grados lat. N. hasta los 30 grados lat. S., a unos doce mil pies de altura, rocas profundamente surcadas... y asimismo grandes masas de detritos, incluyendo guijarros estriados. A lo largo de todo este espacio de la Cordillera, los glaciares verdaderos no existen hoy, ni siquiera a una altura mucho más considerable"), encontrará una breve alusión, bajo la autoridad del Sr. D. Forbes, sobre la extensión mucho menor de los glaciares en la Cordillera ecuatorial en tiempos pasados. Le ruego también que mire la página 407 sobre lo que digo acerca de la naturaleza de la vegetación tropical (que ahora podría mejorar mucho) durante el periodo glacial. (363/4. "Durante este, el periodo más frío, las tierras bajas bajo el Ecuador deben haber estado cubiertas por una vegetación mezclada, tropical y templada..." ("Origen", edición VI, 1882, página 338)).

Siento la firme convicción de que pronto todo el mundo creerá que el mundo entero estuvo más frío durante el periodo glacial. Recuerde el maravilloso caso de Hooker descubierto recientemente sobre la identidad de tantas plantas templadas en la cumbre de Fernando Po y en las montañas de Abisinia. (363/5. "El Dr. Hooker también ha mostrado últimamente que varias de las plantas que viven en las partes altas de la elevada isla de Fernando Po, y en los vecinos montes Camerún, en el Golfo de Guinea, están estrechamente relacionadas con las de las montañas de Abisinia, y asimismo con las de la Europa templada" (loc. cit., página 337)). Considero como un hecho que estas plantas cruzaron toda África de este a oeste durante el mismo periodo. Ojalá hubiera publicado un capítulo largo, escrito completamente y casi listo para la imprenta, sobre este tema, que escribí hace diez años. Fue imposible en el "Origen" hacer un resumen justo.

Mi salud ha mejorado considerablemente, de modo que soy capaz de trabajar casi dos horas al día, y así hacer algún pequeño progreso con mi eterno libro sobre variedades domésticas. Se habrá enterado de la fácil muerte de mi hermana Catherine el pasado viernes por la mañana. (363/6. Catherine Darwin murió en febrero de 1866). Sufrió mucho, y todos vemos su muerte como una bendición, pues existía gran temor a un sufrimiento prolongado y mayor. Estamos inquietos por Susan, pero hasta ahora lo ha llevado mejor de lo que hubiéramos esperado. (363/7. Susan Darwin murió en octubre de 1866).

Recuerde la acción glacial del Líbano cuando hable de que no hay acción glacial en el Himalaya, y en el sureste de Australia.

P.D. Me ha alegrado mucho ver la carta de Sir C. Bunbury. (363/8. La carta de Bunbury a Lyell, ya citada sobre este tema. Bunbury escribe: "No hay nada en absoluto SEPTENTRIONAL, nada que no sea característicamente brasileño, en la flora de los Organ Mountains"). Si los géneros que menciono de Gardner (363/9. "Travels in the Interior of Brazil", por G. Gardner: Londres, 1846.) no son considerados por él como formas generalmente templadas, estoy, por supuesto, silenciado; pero Hooker revisó el capítulo del manuscrito hace unos diez años y no tachó mis observaciones sobre ellos, y suele estar bastante dispuesto a arremeter contra mi ignorancia y despreciarme, como a menudo merezco. Mi asombro era cómo alguna, aunque fuera mínima cantidad, de formas templadas llegaron a las montañas de Brasil; y supuse que viajaron por la tierra bastante alta y las cordilleras (nombre olvidado) que se extienden desde la Cordillera hacia Brasil. Los géneros de plantas de la Cordillera también han llegado, de alguna manera, a la Silla de Caracas. Cuando pienso en la vegetación de Nueva Zelanda y la costa oeste de Sudamérica, donde los glaciares descienden actualmente hasta el mar o muy cerca de él, me parece temerario concluir que todas las formas tropicales serían destruidas por un periodo considerablemente más frío bajo el Ecuador.

CARTA 364. A C. LYELL. Down, jueves, 15 de febrero [1866].

Muchas gracias por la carta de Hooker; es un verdadero placer para mí leer sus cartas; siempre están escritas con tanto espíritu. Estoy muy de acuerdo en que Agassiz nunca podría confundir bloques meteorizados con la acción glacial; aunque el error ha sido cometido, lo sé, en dos o tres partes del mundo. A menudo he discutido con Hooker sobre los físicos que vetan el que el mundo haya estado más frío; me parece tan irracional como si, cuando los geólogos presentaron por primera vez alguna evidencia de elevación y hundimiento, un antiguo Hooker hubiera declarado que esto no podía admitirse de ninguna manera hasta que los geólogos pudieran explicar qué hacía que la tierra subiera y bajara. Parece que me equivoqué mucho acerca de algunas de las plantas de los Organ Mountains. (364/1. "En los Organ Mountains de Brasil, Gardner encontró algunos pocos géneros templados europeos, algunos antárticos y algunos andinos, que no existían en las tierras bajas cálidas intermedias" ("Origen", edición VI, página 336)). Pero me alegra mucho saber lo de la Fuchsia, etc. No puedo entender en qué cree Hooker; parece admitir el antiguo clima más frío y casi al mismo tiempo rechazar la idea. Para devolverle las palabras a Hooker, "es inexplicable para mí" cómo puede comparar el transporte de semillas de los Andes a los Organ Mountains con el de un continente a una isla. Por no mencionar la distancia mucho mayor, no hay corrientes de agua de una a otra; ¿y qué demonios haría que un pájaro volara esa distancia sin descansar muchas veces? No supongo en absoluto que casi todas las formas tropicales fueran exterminadas durante el periodo frío; pero en áreas algo despobladas, en las que no pudo haber migración, probablemente se habrán formado muchas especies estrechamente aliadas desde este periodo. El artículo de Hooker en la "Natural History Review" (364/2. Posiblemente un artículo sin firma, titulado "New Colonial Floras" (una reseña de la "Flora of the British West Indian Islands" de Grisebach y la "Enumeratio Plantarum Zeylaniae" de Thwaites).--"Nat. Hist. Review", enero de 1865, página 46. Véase Carta 184.) merece la pena estudiarlo; pero no puedo recordar que dé buenos argumentos para su convicción de que ciertos órdenes de plantas no podrían soportar un clima algo más frío, incluso si este ocurriera muy gradualmente. Apenas acabamos de aprender bajo qué temperatura tan fresca pueden florecer varias orquídeas tropicales. Vi claramente la dificultad de Hooker sobre la preservación de las formas tropicales durante el periodo frío, e hice lo mejor que pude para retener un lugar tras otro como un invernadero para su preservación; pero no se sostuvo, y fue una mera pieza de claudicación por mi parte cuando sugerí que las franjas longitudinales del mundo se enfriaron una tras otra. Me gustaría mucho ver la carta de Agassiz, cuando usted reciba alguna. He escrito una carta larga; pero una disputa con o sobre Hooker siempre me hace mucho bien, y llevamos muchos años en ello. No puedo entender si me ataca como a un escurridizo o como a un martillador, pero estoy muy seguro de que hay que escurrirse mucho.

CARTA 365. A J.D. HOOKER. Down, 30 de julio [1866].

Muchas gracias por lo del lupino. Su carta me ha interesado extremadamente, y me recuerda a los viejos tiempos. Supongo que, por su forma de escribir, le gustaría conocer mis nociones. No puedo admitir la Atlántida conectando Madeira y las Islas Canarias sin la evidencia más fuerte, y todo en ese sentido (365/1. Sir J.D. Hooker dio una conferencia sobre "Floras insulares" en la reunión de la Asociación Británica en Nottingham el 27 de agosto de 1866. Su conferencia figura en el "Gardeners' Chronicle", 1867, página 6. Sin duda estaba en ese momento preparando sus observaciones sobre la extensión continental, que adoptan la forma de una declaración judicial, exponiendo los argumentos y las dificultades en ambos lados. Resume en contra de la extensión continental, que, dice, explica todo y no explica nada; "mientras que la hipótesis de la migración transoceánica, aunque deja una multitud de hechos sin explicar, ofrece una solución racional a muchos de los fenómenos más desconcertantes". En su conferencia, Sir Joseph escribió que al ascender las montañas en Madeira hay poco reemplazo de especies de tierras bajas por las de una latitud septentrional más alta. "Las plantas se vuelven cada vez menos numerosas a medida que ascendemos, y sus lugares no son ocupados por las boreales, o solo por muy pocas"): la profundidad es tan grande; no hay nada geológicamente en las islas que favorezca la creencia; no hay mamíferos ni batracios endémicos. ¿No mostró Bunbury que algunos órdenes de plantas eran singularmente deficientes? Pero me baso principalmente en la gran cantidad de distinción específica en los insectos y caracoles terrestres de Porto Santo y Madeira: ciertamente Canarias y Madeira no podrían haber estado conectadas, si Madeira y Porto Santo hubieran estado separadas durante mucho tiempo. Si admite la Atlántida, creo que está obligado a admitir o explicar las dificultades.

Respecto a las plantas templadas frías en Madeira, por supuesto, no sé lo suficiente para formarme una opinión; pero, admitiendo la Atlántida, puedo ver que su rareza es una gran dificultad; de lo contrario, viendo que la latitud está solo un poco al norte del Golfo Pérsico, y viendo el largo transporte marítimo para las semillas, la rareza de las plantas del norte no me parece difícil. La inmigración puede haber sido desde una dirección hacia el sur, y parece que algunas pocas plantas africanas así como templadas son comunes a las montañas hacia el sur.

Creyendo en el transporte ocasional, no puedo sentir tanta sorpresa de que haya mucho en común entre Madeira y Canarias, siendo estos los puntos de tierra más cercanos entre sí. Es bastante nuevo y muy interesante para mí lo que dice sobre que las plantas endémicas se encuentran en una proporción tan grande de especies raras. Por el mayor tamaño del taller (es decir, mayor competencia y mayor número de individuos, etc.), esperaría que las formas continentales, a medida que se introducen ocasionalmente, siempre tendieran a vencer a las formas insulares; y, como en cualquier área, siempre habrá muchas formas más o menos raras que tienden a la extinción, ciertamente habría esperado que en las islas una gran proporción de las formas más raras fueran insulares en su origen. Cuanto más tiempo haya existido una forma en una isla en la que se introducen ocasionalmente formas continentales, tanto más las oportunidades estarán a favor de que sea peculiar o anormal en su naturaleza, y al mismo tiempo escasa en número. La duración de su existencia también le habrá dado anteriormente la mejor oportunidad, cuando no era tan rara, de estar ampliamente distribuida a los archipiélagos adyacentes. Aquí hay un escurrimiento: ¡cuanto más antigua es una forma, mejor será la oportunidad de que se haya desarrollado hasta convertirse en un árbol! Una isla, al estar rodeada por el mar, impedirá la libre inmigración y competencia, por lo tanto, un mayor número de formas antiguas sobrevivirá en una isla que en el continente más cercano desde el que se abasteció la isla; y siempre he considerado a Clethra (365/2. Clethra es un género arbustivo americano de las Ericáceas, que no se encuentra en ningún lugar más cerca de Madeira que Norteamérica. De esta planta y de Persea, Sir Charles Lyell ("Principles", 1872, volumen II, página 422) dice: "Consideradas como reliquias de una flora miocena, son precisamente las formas que naturalmente esperaríamos que hubieran venido del continente mioceno adyacente". Véase también "Origen de las Especies", edición VI, página 83, donde se cita una visión similar de Heer.) y las otras formas extraeuropeas como restos de la flora terciaria que habitó anteriormente Europa. Esta preservación de formas antiguas en las islas me parece como la preservación de los peces ganoideos en nuestras aguas dulces actuales. Usted habla de que no hay plantas del norte en las montañas al sur de los Pirineos: ¿mi memoria me engaña completamente al recordar que Boissier publicó una larga lista de las montañas del sur de España? No he visto el "Catalogue" de Wollaston (365/4. Probablemente el "Catalogue of the Coleopterous Insects of the Canaries in the British Museum", 1864.), pero debo comprarlo si da los hechos sobre las plantas raras que usted menciona.

Y ahora he dado más que suficientes nociones mías, que bien sé que estarán en abierta contradicción con todas las suyas.

Wollaston, en su "Insecta Maderensia" (365/5. "Insecta Maderensia", Londres, 1854.), 4to, página 12, y en su "Variation of Species", páginas 82-7, presenta el caso de los insectos ápteros, pero recuerdo que elaboré algunos detalles adicionales.

Creo que da en estas mismas obras la proporción de insectos europeos.

CARTA 366. A J.D. HOOKER.

(366/1. Sir Joseph había preguntado (31 de julio de 1866): "¿Hay evidencia de que el sur de Inglaterra y de Irlanda no estuvieran sumergidos durante la época glacial, cuando el oeste y el norte de Inglaterra eran islas en un mar glacial? Y suponiendo que estuvieran sobre el agua, ¿podrían las floras del Atlántico actual y del noroeste de Francia que encontramos allí haber estado allí durante la época glacial?--Sin embargo, esto es lo que Forbes exige, página 346. En la página 347 ve esta objeción, y se escurre de su dificultad situando la fecha del Canal 'hacia el final de la época glacial'. ¿Qué fecha le da Austen al Canal? ¿pre o post glacial?". Los cambios de nivel y otras cuestiones se tratan en un artículo de R.A.C. Austen (posteriormente Godwin-Austen), "On the Superficial Accumulations of the Coasts of the English Channel and the Changes they indicate". "Quart. Journ. Geol. Soc." VII, 1851, página 118. Nota obituaria del Prof. Bonney en el "Proc. Geol. Soc." XLI, página 37, 1885.)

Down, 3 de agosto [1866].

Tomaré su carta punto por punto. Hay buena evidencia de que el sureste de Inglaterra era tierra firme durante el periodo glacial. Olvidé lo que dice Austen, pero los mamíferos prueban, creo, que Inglaterra ha estado unida al continente desde el periodo glacial. No veo su dificultad sobre lo que digo respecto a la ruptura de un istmo: si Panamá se rompiera, ¿no fluiría la fauna del Pacífico hacia las Indias Occidentales, o viceversa, y destruiría una multitud de criaturas? Por supuesto, no soy juez, pero pensé que De Candolle había probado su caso sobre las pequeñas áreas de árboles. Encontrará en la página 112, 3ª edición del "Origen", una alusión demasiado concisa a que la flora de Madeira es un resto de la flora europea terciaria. Me sentiré profundamente interesado al leer sus dificultades botánicas contra la inmigración ocasional. Los hechos que da sobre ciertas plantas, como los brezos, son ciertamente muy curiosos. (366/2. En la conferencia de Hooker, menciona a St. Dabeoc's Heath y Calluna vulgaris como las más llamativas de las pocas plantas boreales en las Azores. Darwin parece haber quedado impresionado por el carácter boreal de las Azores, tomando así la visión opuesta a la de Sir Joseph. Véase Carta 370, nota.) Pensé que la flora de las Azores era más boreal, pero ¿qué puede querer decir al decir que las Azores están más cerca de Gran Bretaña y Terranova que de Madeira? En el globo están casi al doble de distancia. (366/3. Véase Carta 368.) Con respecto a las corrientes marinas, hice averiguaciones en Madeira, pero ahora no puedo darle los resultados; pero recuerdo que los hechos eran diferentes de lo que generalmente se afirma: creo que un barco naufragado en las Islas Canarias fue arrojado a la costa de Madeira.

Habla como si solo los caracoles terrestres difirieran en Madeira y Porto Santo: ¿me engaña la memoria al recordar que hay una multitud de insectos representativos?

Cuando exorcice en Nottingham los medios ocasionales de transporte, sea honesto y admita lo poco que se sabe sobre el tema. Recuerde lo recientemente que usted y otros pensaron que el agua salada mataría pronto las semillas. Reflexione que no hay islote de coral en el océano que no esté bastante bien cubierto de plantas, y la escasez de especies difícilmente puede atribuirse con justicia a la llegada de pocas semillas, pues los islotes de coral cercanos a otras tierras soportan solo la misma vegetación limitada. Recuerde que nadie sabía que las semillas permanecerían durante muchas horas en los buches de las aves y conservarían su vitalidad; que los peces comen semillas, y que cuando los peces son devorados por las aves las semillas pueden germinar, etc. Recuerde que cada año muchas aves son arrastradas por el viento a Madeira y a las Bermudas. Recuerde que el polvo es arrastrado 1.000 millas sobre el Atlántico. Ahora, teniendo todo esto en cuenta, ¿no sería un prodigio si una isla sin poblar no recibiera con el paso de las eras colonos de las costas de donde fluyen las corrientes, a la deriva los árboles y arrastradas las aves por los vendavales? Las objeciones a que las islas sean pobladas así son, hasta donde entiendo, que ciertas especies y géneros han sido introducidos más libremente, y otros menos libremente de lo que cabría esperar. Pero entonces el mar mata algunos tipos de semillas, otros son muertos por la digestión de las aves, y algunos serían más propensos que otros a adherirse a las patas de las aves. Pero sabemos muy poco sobre estos puntos que me parece que no podemos decir en absoluto qué formas probablemente serían introducidas y cuáles no. No pretendo ni por un momento que estos medios de introducción puedan probarse que han actuado; pero me parecen suficientes, sin objeciones válidas o fuertes, mientras que hay, a mi parecer, las más fuertes objeciones por razones geológicas y de distribución geográfica (páginas 387, 388, "Origen" (366/4. Edición III, o edición VI, página 323.)) a las enormes extensiones continentales de Forbes. Pero temo que le aburriré y le he aburrido.

CARTA 367. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN.

(367/1. En una carta del 31 de julio, Sir J.D. Hooker escribió: "No debe usted suponerme un defensor de la conexión continental, porque no estoy de acuerdo con la migración transoceánica... ambas hipótesis me parecen cubrir bien los hechos de las floras oceánicas, pero hay graves objeciones para ambas, botánicas para la suya, geológicas para la de Forbes".)

Las siguientes cartas interesantes dan algunas de las dificultades de Sir Joseph.)

Kew, 4 de agosto de 1866.

Menciona ("Diario") la ausencia de aves terrestres, salvo las introducidas, en Santa Elena. Beatson (Introducción xvii) menciona una (367/2. Aegialitis sanctae-helenae, un pequeño chorlitejo "muy estrechamente emparentado con una especie encontrada en Sudáfrica, pero que presenta ciertas diferencias que le otorgan el rango de especie peculiar" (Wallace, "Island Life", página 294). En las primeras ediciones del "Origen" (p. ej., Edición III, página 422) Darwin escribió que "Madeira no posee ni un solo pájaro peculiar". En la Edición IV, 1866, página 465, se corrigió el error.) "en números considerables", se parece a la alondra de mar; se le llama "ave de alambre", tiene patas largas y verdosas como alambres, corre rápido, ojos grandes, pico moderadamente largo, es bastante tímida, no posee gran capacidad de vuelo. ¿Qué era? He escrito para preguntarle a Sclater, también sobre las aves de Madeira y las Azores. Es algo muy curioso que las Azores no contengan el género americano (no europeo) Clethra, que se encuentra en Madeira y Canarias, y que las Azores no contengan rastro del elemento americano (más allá de lo que es común con Madeira), excepto una especie de Sanicula, un género con cerdas ganchudas en las pequeñas cápsulas de las semillas. La Sanicula europea vaga desde Noruega hasta Madeira, Canarias, Cabo Verde, Camerún, el Cabo de Buena Esperanza, y desde Gran Bretaña hasta Japón, y también está, creo, en Norteamérica; pero no aparece en las Azores, donde es reemplazada por una que es de un tipo decididamente americano.

Esto pesa mucho en contra de la doctrina que une la Atlántida con América, y está muy en contra de su migración transoceánica; pues considerando lo cerca que están las Azores de América, y bajo la influencia de la Corriente del Golfo y los vientos predominantes, ciertamente parece maravilloso. ¡Las Azores no solo están en una corriente que barre la costa de los Estados Unidos, sino que están en los vientos del suroeste y en el ojo de los huracanes del suroeste!

Supongo que usted responderá que las formas europeas son prepotentes, pero esto es llevar la prepotencia al extremo.

R.T. Lowe me ha escrito una carta excelente sobre las floras de Madeira, Canarias y Cabo Verde.

Le induje a error si le di a entender que el Catálogo de Wollaston decía algo sobre plantas raras. Estoy trabajado y preocupado hasta la muerte con esta conferencia: y me maldigo a mí mismo por imbécil de cabeza y corazón blandos por haberla aceptado.

CARTA 368. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, lunes [6 de agosto de 1866].

Nuevamente gracias por su carta. ¡No necesita temer que no haga justicia a sus objeciones a la hipótesis continental!

Refiriéndome de nuevo a la página 344 (368/1. "Origen de las especies", Edición III, páginas 343-4: "En algunos casos, sin embargo, como por la ruptura de un istmo y la consiguiente irrupción de una multitud de nuevos habitantes, o por el hundimiento final de una isla, la extinción puede haber sido comparativamente rápida."), nunca se me ocurrió que usted aludiera a la extinción de la vida marina: un istmo es un pedazo de tierra, y usted continúa en la misma frase hablando de "una isla", lo que me descolocó por completo, ¡pues la destrucción de un istmo crea una isla!

Seguramente no dije que las Azores están más cerca de Gran Bretaña y Terranova "que de Madeira", sino "que lo que Madeira está de dichos lugares".

Con respecto a los coleópteros de Madeira, confío muy poco en la distribución local de los insectos; ellos mismos son muy locales. Una mariposa es una gran rareza en Kew, incluso una blanca, aunque estemos rodeados de huertos comerciales. Todos los insectos son muy raros con nosotros, incluso los tipos que abundan en el lado opuesto del Támesis.

Lo mismo ocurre con las conchas, literalmente no tenemos ninguna; ni siquiera una Helix, aunque abundan en los caminos a 200 yardas de los Jardines. De los 89 insectos de las Desertas, [¿solo?] 11 son peculiares. De los 162 de Porto Santo, 113 son de Madeira y 51 de las Desertas.

No se moleste en importunar a Murray por la nueva edición del "Origen" para mí. Usted me dirá cualquier cosa que guarde relación con mi tema.

CARTA 369. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 7 de agosto de 1866.

Querido y viejo Darwin,

No debe dejar que le preocupe. Soy un cerdo obstinado, pero usted no debe sentirse miserable porque yo vea lo mismo bajo una luz diferente a la suya. Debo llegar al fondo de esta cuestión, y eso es todo lo que puedo hacer. Algún tipo más inteligente un día le quitará el fondo y verá la manera de explicar lo que, para un botánico sin una teoría que apoyar, debe ser una dificultad muy grande. Muy cierto, todo puede explicarse, como usted razona que será; concedo esto por completo, pero mientras tanto no todo está explicado, y no puedo aceptar una hipótesis que deja tantos hechos sin explicar. Usted dice que las partes templadas de Norteamérica [están] casi dos veces y media más lejos de las Azores que Europa. Según un cálculo aproximado sobre la carta del Coronel James, estimo del este de las Azores a Portugal 850, del oeste de las mismas a Terranova 1500, pero estoy escribiendo a un amigo en el Almirantazgo para que se calcule la distancia (¡lo cual parece como cascar nueces con el martillo de Nasmyth!).

¿Son las aves europeas arrastradas por el viento a América? ¿Son los erráticos de las Azores un hecho establecido? Los necesito mucho, aunque no sean de gran importancia, ya que un ligero hundimiento ocultaría toda evidencia de ese tipo.

Quiero resumir imparcialmente, dejando el veredicto al jurado. No puedo hacer esto sin exponer todas las dificultades muy claramente. ¡Cómo sabe usted cómo le iría conmigo si fuera usted un continentalista! Luego también debemos recordar que tengo que enfrentarme a una hueste que está toda del lado continental; de hecho, casi todos los pensadores, Forbes, Hartung, Heer, Unger, Wollaston, Lowe (Wallace, supongo), y ahora Andrew Murray. No presto atención a todos ellos, y chasqueo los dedos ante todos menos ante usted; en mi alma más profunda digo conscientemente que me inclino por su teoría, pero no puedo aceptarla como una verdad establecida o una hipótesis irreprochable.

El "ave de alambre" al ser un zancudo es un hecho curioso favorable para usted... Cómo ansío volver a Santa Elena.

Por supuesto, acepto la evidencia ornitológica como tremendamente fuerte, aunque por qué deberían ser arrastradas hacia el oeste, y no cambiar específicamente, como han hecho los insectos, las conchas y las plantas, es un misterio.

CARTA 370. A J.D. HOOKER. Down, 8 de agosto [1866].

Sería un gran placer para mí si pudiera pensar que mis cartas le son de la menor utilidad. Debo haberme expresado mal para que usted suponga que considero que el poblamiento de las islas por transporte ocasional es una hipótesis bien establecida. Ambos renunciamos a la creación, y por tanto tenemos que explicar los habitantes de las islas ya sea mediante extensiones continentales o mediante transporte ocasional. Ahora bien, todo lo que sostengo es que, de estas dos alternativas, una de las cuales debe admitirse, a pesar de muchas dificultades, el transporte ocasional es, con mucho, la más probable. Voy aún más lejos: sostengo que, sabiendo lo que sabemos, sería inexplicable si las islas despobladas no estuvieran pobladas al menos hasta cierto punto por estos medios ocasionales. Las aves europeas son arrastradas ocasionalmente a América, pero mucho más raramente que en la dirección inversa: llegan vía Groenlandia (Baird); sin embargo, una alondra europea ha sido capturada en las Bermudas.

Por cierto, le alegrará saber que las aves europeas migran regularmente vía las islas del norte a Groenlandia.

Sobre los erráticos en las Azores vea el "Origen", página 393. (370/1. "Origen", Edición VI, página 328. La importancia de los bloques erráticos en las Azores radica en mostrar la probabilidad de que las semillas transportadas por el hielo hayan poblado las islas, explicando así el número de especies europeas y su carácter inesperadamente nórdico. El deleite de Darwin por la verificación de su teoría se describe en una carta a Sir Joseph del 26 de abril de 1858, en la "Vida y cartas", II, página 112.) Hartung difícilmente podría estar equivocado sobre los bloques de granito en una isla volcánica.

No creo que sea un misterio que las aves no hayan sido modificadas en Madeira. (370/2. "Origen", Edición VI, página 328. Madeira solo tiene un ave endémica. Darwin explica el hecho por haber sido la isla poblada con aves que habían luchado juntas y se habían coadaptado mutuamente en los continentes vecinos. "Por tanto, cuando se establecieron en sus nuevos hogares, cada tipo habrá sido mantenido por los demás en su lugar y hábitos adecuados, y en consecuencia habrá estado poco sujeto a modificación". El cruce con inmigrantes que llegan frecuentemente también tenderá a limitar la modificación.) Por favor, mire la página 422 del "Origen" [Edición III]. Usted no pensaría que es un misterio si hubiera visto las largas listas que tengo (en algún lugar) de las aves que son arrastradas anualmente, incluso en bandadas, a Madeira. El stock cruzado sería el más vigoroso.

Recuerde, si no viene aquí antes de Nottingham, si no viene después, pensaré que he sido diabólicamente maltratado.

CARTA 371. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 9 de agosto de 1866.

¡Si mis cartas no le molestaran, es imposible que suponga que las suyas no me fueron de ninguna utilidad! Abandonaría todo el asunto si no fuera por la correspondencia con usted, que es el único trozo de plata en el asunto. Me resulta repugnante tener que defender un punto de una especialidad en la que no puedo ver mi camino ni un poco más allá de lo que podía antes de empezar. Sin duda, tengo una noción mucho más clara de los pros y los contras en ambos lados (aunque estos eran hechos olvidados más que redescubrimientos). Veo los lados del pozo más abajo con más claridad, pero el fondo sigue siendo tan oscuro como siempre.

Creo que conozco el "Origen" de memoria en relación con el tema, y fue su lectura la que sugirió las preguntas sobre las rocas de las Azores y las aves de Madeira. Las primeras las hemos discutido usted y yo, y pensé recordar que usted quería que se confirmara. Lo segundo me choca así: ¿por qué las plantas y los insectos han cambiado tan extensamente y las aves no? Entiendo perfectamente y siento la fuerza de su argumento en referencia a las aves per se, pero ¿por qué no se aplica esto a los insectos y las plantas? ¿No puede ver que esto sugiere la conclusión de que las plantas se derivan de una manera y las aves de otra?

Ciertamente, di por sentado que usted suponía que el poblamiento [por] transporte ocasional era algo incluso más que una "hipótesis bien establecida", pero los disputantes rara vez se detienen a medir la fuerza de la opinión de su antagonista.

Estaré con usted el sábado de la próxima semana, espero. Debería haber venido antes, pero he progresado tan poco que no pude. Ahora estoy en Santa Elena, y luego iré a Kerguelen, y terminaré allí.

(371/1. Tras dar las distancias de las Azores, etc., desde América, Sir Joseph continúa:--)

Pero para mi mente [esto] no arregla el asunto; pues no pregunto por qué las Azores tienen incluso proporcionalmente (a la distancia) un número menor de plantas americanas, sino por qué no tienen ninguna, viendo que los vientos y las corrientes se dirigen hacia allá. Las Bermudas son todas americanas en su flora, pero por lo que me informa el Coronel Munro, diría que no tienen nada más que malas hierbas americanas comunes y el enebro (cedro). No hay formas cambiadas, aunque están tan lejos de América como las Azores de Europa. Supongo que son modernas y están fuera del límite.

...Existe esta, para mí, asombrosa diferencia entre ciertas islas oceánicas que fueron pobladas por extensión continental y aquellas pobladas por inmigración (siguiendo en ambas definiciones su opinión), que las primeras [continentales] sí contienen muchos tipos del continente más lejano, ¡las segundas no tienen ninguno! Tome Madagascar, con sus muchos géneros asiáticos desconocidos en África; Ceilán, con muchos tipos malayos no peninsulares; Japón, con muchos tipos americanos no asiáticos. Estaba al tanto del hecho de la migración a Groenlandia de Baird desde que escribí mi artículo sobre el Ártico. ¡Ojalá estuviera tan satisfecho de las [extensiones] continentales o de los medios de transporte como lo estoy de mi hipótesis de Groenlandia!

Oh, Dios mío, qué alivio es tener una creencia (búrlense).

CARTA 372. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 4 de diciembre de 1866.

Acabo de terminar el "Manual" de Nueva Zelanda (372/1. "Manual de la Flora de Nueva Zelanda"), y estoy pensando en una discusión sobre la distribución geográfica, etc., de las plantas. Apenas hay una sola planta anual indígena en el grupo. Ojalá supiera más sobre la condición pasada de las islas, y si han estado subiendo o hundiéndose. Hay mucho que sugiere la idea de que las islas estuvieron una vez conectadas durante una época más cálida, fueron posteriormente separadas y reducidas mucho en área a lo que son ahora, y finalmente han asumido su tamaño actual. La notable uniformidad general de la flora, incluso de la flora arbórea, a través de tantos grados de latitud, es una característica muy notable, al igual que la representación de un buen número de la mitad sur de ciertas especies del norte, por variedades o especies estrechamente emparentadas; y, por último, existe la inmensa preponderancia de ciertos géneros cuyas especies se funden todas unas con otras y varían horriblemente, y que sugieren un área en ascenso. He oído que se ha encontrado una ballena a algunas millas tierra adentro.

CARTA 373. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 14 de diciembre de 1866.

No veo cómo las montañas de Nueva Zelanda, el sur de Australia y Tasmania podrían haber sido pobladas, y [con] una extensión tan grande de formas antárticas (373/1. "Ensayo introductorio a la Flora de Nueva Zelanda", página xx. "Las plantas de las islas antárticas, que son igualmente nativas de Nueva Zelanda, Tasmania y Australia, casi invariablemente se encuentran solo en las altas montañas de estos países") comunes a Fuegia, sin alguna intercomunicación. Y siempre he supuesto que esto fue antes de la inmigración de plantas asiáticas a Australia, y de cuyas plantas las plantas templadas y tropicales de ese país pueden considerarse formas alteradas. La presencia de tantos de estos géneros templados y fríos de Australia y Nueva Zelanda en la cima de Kini Balu en Borneo (bajo el ecuador) es un factor muy desconcertante, y exige una distribución norteña muy extendida de las formas templadas australianas. Es una suposición espantosa que las llanuras de Borneo estuvieran cubiertas con una vegetación fría y templada que fue empujada a Kini Balu por el frío que regresaba. Luego está la distribución muy distante de unos pocos tipos australianos hacia el norte hasta las Filipinas, China y Japón: ese es un hecho temible y maravilloso, aunque, como estas plantas también son de Nueva Zelanda en su mayor parte, la migración hacia el norte puede haber sido al este de Australia.

CARTA 374. A J.D. HOOKER. 24 de diciembre [1866].

...Una palabra más sobre la flora derivada de la supuesta tierra antártica del Pleistoceno que requiere intercomunicación terrestre. Esto dependerá mucho, como me parece, de hasta qué punto usted decida finalmente si las Azores, Cabo Verde, Tristán da Cunha, Galápagos, Juan Fernández, etc., etc., etc., han tenido todas intercomunicación terrestre. Si usted no cree que esto sea necesario, ¿no podrían Nueva Zelanda, etc., haber sido pobladas durante el comienzo del periodo Glacial por medios ocasionales desde la tierra antártica? En cuanto a que las tierras bajas de Borneo estuvieran habitadas por un número moderado de formas templadas durante el periodo Glacial, ¡tan lejos está de parecer una "suposición espantosa" que he llegado a tal grado de intolerancia que lo veo como algo probado!

CARTA 375. J.D. HOOKER A CHARLES DARWIN. Kew, 25 de diciembre de 1866.

Estaba a punto de escribir hoy, cuando su alegre carta llegó esta mañana, para decirle que después de revisar cuidadosamente la Flora de N.Z., encuentro que solo hay unas treinta anuales dicotiledóneas supuestamente indígenas, de las cuales casi la mitad, al no ser encontradas por Banks y Solander, probablemente no sean indígenas. Esto es solo 1/20 de las dicotiledóneas, o, excluyendo las dudosas, alrededor de 1/40, mientras que la proporción británica de anuales es 1/4.6 entre las dicotiledóneas!!! ¡De las plantas naturalizadas de Nueva Zelanda, la mitad son anuales! Supongo que no puede haber duda de que una vegetación de hojas caducas ofrece más condiciones para la vida vegetal que una de hoja perenne, y que es por eso que encontramos que los países caracterizados por climas uniformes son pobres en especies, y que estas son de hoja perenne. Ahora puedo trabajar este punto para Nueva Zelanda y Gran Bretaña. Japón puede ser una excepción: es un país extraordinario de hoja perenne, y tiene muchas especies aparentemente, pero tiene tanta novedad que puede que no sea tan rico en especies realmente como parece, y creo que es muy pobre. Tiene muy pocas anuales. Luego, de nuevo, creo que el número de plantas con flores irregulares, y especialmente aquellas que requieren la agencia de insectos, disminuye mucho con la perennidad. Por tanto, en todas las regiones templadas húmedas tenemos, por regla general, pocas especies, muchas de hoja perenne, pocas anuales, pocas leguminosas y orquídeas, pocos lepidópteros y otros insectos voladores, muchas coníferas, amentáceas, gramíneas, ciperáceas y otros árboles y plantas fertilizados por el viento, etc. Las orquídeas y leguminosas son escasas en los islotes, porque los insectos fertilizantes necesarios no han migrado con las plantas. Quizás usted haya publicado esto.

CARTA 376. A J.D. HOOKER. Down, 9 de enero [1867].

Me gusta la primera parte de su artículo en el "Gard. Chronicle" (376/1. La conferencia sobre Floras Insulares ("Gard. Chron." enero 1867).) hasta un grado extraordinario: en mi opinión, nunca escribió nada mejor. Pide todas las críticas, incluso las minuciosas. En la primera columna habla de que no hay plantas alpinas ni reemplazo por zonas, lo cual asombrará a cualquiera que haya leído a Humboldt y Webb sobre las zonas en Tenerife. ¿No se refiere a plantas boreales o árticas? (376/2. El pasaje al que parece referirse sí menciona la ausencia de plantas BOREALES.) En la tercera columna habla como si los salvajes (376/3. "Tales plantas en las islas oceánicas son, como los salvajes que en algunas islas han sido durante tanto tiempo los únicos testigos de su existencia, los últimos representantes de sus respectivas razas.") hubieran visto generalmente las plantas endémicas de las islas atlánticas. Ahora, como usted bien sabe, las Canarias fueron el único archipiélago habitado. En la tercera columna, ¿tiene realmente materiales para hablar de confirmar la proporción de insectos alados y sin alas en las islas?

Su comparación de las plantas de Madeira con los islotes de Gran Bretaña es admirable. (376/4. "¡Qué diríamos, por ejemplo, si una planta tan totalmente distinta a cualquier cosa británica como la Monizia edulis... se encontrara en un islote rocoso de las Scilly, u otra planta umbelífera, Melanoselinum... en una montaña de Gales; o si la Isla de Wight y las islas Scilly tuvieran variedades, especies y géneros también, diferentes de cualquier cosa en Gran Bretaña, y que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo!")

Debo aludir a una de sus últimas notas con el caso muy curioso de la proporción de anuales en Nueva Zelanda. (376/5. Sobre este tema vea el interesante artículo de Hildebrand "Die Lebensdauer der Pflanzen" (Engler's "Botanische Jahrbucher", Volumen II, 1882, página 51). Muestra que las anuales son raras en tierras desérticas muy secas, en regiones nórdicas y alpinas.) ¿Están las anuales adaptadas para temporadas cortas, como en las regiones árticas, o países tropicales con temporada seca, o para terrenos periódicamente perturbados y cultivados? Usted habla de la vegetación de hoja perenne como algo que conduce a pocas o limitadas condiciones; pero, ¿no está la vegetación de hoja perenne conectada con un clima húmedo y equable? ¿No implica casi un clima muy húmedo (Tyndall) uno equable?

Nunca he impreso una palabra que pueda recordar sobre que las orquídeas y las plantas papilionáceas son pocas en las islas debido a la rareza de los insectos; y recuerdo que usted me gritó cuando sugerí esto a propósito de las Papilionáceas en Nueva Zelanda, y de la declaración sobre el trébol que no sembraba allí hasta que se introdujo la abeja melífera, como declaré en mi artículo en el "Gard. Chronicle". (376/6. "En un número antiguo del "Gardeners' Chronicle" se da un extracto de un periódico de Nueva Zelanda en el que se expresa mucha sorpresa por el hecho de que el trébol introducido nunca sembrara libremente hasta que se introdujo la abeja melífera".) He estado estos últimos días molesto y fastidiado hasta un grado tonto al escuchar que mi manuscrito sobre animales domésticos, etc., formará dos volúmenes, ambos más grandes que el "Origen". Los volúmenes tendrán que ser en octavo de tamaño completo, así que he escrito a Murray para sugerir que los detalles se impriman en letra pequeña. Pero siento que el tamaño es bastante ridículo en relación con el tema. Estoy listo para maldecirme a mí mismo y a todo tonto que escriba un libro.

CARTA 377. A J.D. HOOKER. Down, 15 de enero [1867].

Gracias por tu alegre carta. He leído tu segundo artículo (377/1. La conferencia sobre floras insulares se publicó por entregas en el "Gardeners' Chronicle", los días 5, 12, 19 y 26 de enero de 1867), y me gusta incluso más que el primero, y más que esto no puedo decir. Por pura casualidad di ayer con un pasaje en Humboldt donde dice que una violeta crece en el Pico de Tenerife, común a los Pirineos. Si Humboldt tiene razón en que las islas Canarias que yacen más cerca del continente tienen un carácter africano mucho más marcado que las otras, ¿no deberías al menos aludir a esto? No sé si admites, y si es así si aludes a ello, la opinión que a mí me parece probable, a saber, que la mayoría de los géneros confinados a las islas atlánticas (no digo las especies) existieron originalmente en Europa y fueron derivados de ella, [y se han] extinguido en este continente. Así explicaría yo la comunidad de géneros peculiares en las diversas islas atlánticas. Lo de las Salvajes es magnífico. (377/2. Las Salvajes son islotes rocosos a mitad de camino entre Madeira y las Canarias; y tienen una flora atlántica, en lugar de, como cabría haber esperado, una compuesta por inmigrantes africanos. ("Insular Floras", página 5 de la copia separada)). Me alegra que hables de ENLACE, aunque esto suena un poco demasiado estrecho, en lugar de ser continuo. Todo lo referente a Santa Elena es grandioso. Tú no tienes fe, pero si conociera a alguien que viviera en Santa Elena le suplicaría que me enviara a casa un barril o dos de tierra de unos pocos centímetros bajo la superficie de la parte alta de la isla, y de cualquier estanque seco, y así, tan seguro como que soy un retorcido, recibiría una multitud de plantas perdidas.

Te sugerí que calcularas la proporción de plantas con flores irregulares en las islas; hice esto después de dar una discusión muy breve sobre las flores irregulares en mi artículo sobre el Lythrum. (377/3. "Linn. Soc. Journ." VIII., 1865, página 169). Pero, ¿qué demonios tiene que ver una mera sugerencia como esta con el meum y tuum? Me has reconfortado mucho respecto a la magnitud de mi libro, que todavía me pone enfermo cuando pienso en ello.

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